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En estos días en la Ciudad de México se presenta Cirque du Soleil, espectáculo que las personas que han tenido la oportunidad de ver regresan cada vez que se presenta.

En esta ocasión queremos hablar de una serie que Cirque du Soleil realizo para la televisión hace algunos años, Solstrom, dirigida por Cal McCrystal

Este es un sencillo homenaje a una gran actriz mexicana que colaboro en el proyecto Solstrom, nuestra querida y esperada Milyunamascaras, para recordar sus éxitos en el mundo de artístico. Si tienes la oportunidad de adquirir la serie completa te aseguramos que no te arrepentirás. También puedes ver algunos fragmentos en Youtube.

Si erés fan de Cirque du Soleil te aseguramos que será de tu agrado. Y sí no lo has visto aún te recomendamos este serie que se puede conseguir en DVD (Toda la serie en 5 DVD).

Para nuestra querida Luminaria, Milyunamascaras con nuestra admiración y muchos Claps, Claps, Claps.

albita en maquillaje

(No es la señora que peina, no es la señora que esta sentada al frente ¿Donde se encuentra Milyunamascaras?)

Intenciones ecologistas de los hoteles de lujo

Robert Fisk

Los periodistas somos coleccionistas. De hechos (verdaderos, de preferencia), de chismes (falsos, las más de las veces), predicciones (siempre acertadas, desde luego), recortes de periódicos viejos, fotos, boletines y, en mi caso, volantes de propaganda (escritos en árabe, con horrible gramática) que han sido lanzados desde aviones israelíes sobre Líbano.

Aún conservo mis libretas llenas de manchas de aceite de cuando Saddam Hussein incendió los pozos petroleros de Kuwait en 1991. También tengo, en un pequeño paquete que los visitantes de la Biblioteca en Memoria de Fisk encontrarán algún día, la fajilla de un habano con la inscripción Del primer puro que me regaló Mohamed Heikal, tras 29 años de amistad. Sé que Mohamed, el más valioso escritor y periodista egipcio lee esta columna y apreciará lo que estoy diciendo. Larga vida para él.

Recientemente, me veo recolectando las más irritantes cantidades de cosas absurdas con que me he topado a lo largo del tiempo, con cada vez más frecuencia y, ¡ay!, condenadas a ser parte de nuestras vidas en estos tiempos hipócritas. Acaba uno por coleccionar los anuncios que los fabricantes de armas imprimen en papel satinado. Todos para uno y uno para todos es el lema del misil aire tierra Hellfire de la empresa Boeing, sin siquiera disculparse con Dumas; también tengo anuncios de los conglomerados petroleros que proclaman la idiotez de que están salvando al planeta.

Pero la última sandez con que me he topado y que mis lectores viajeros también pueden encontrar es la pequeña tarjeta que está sobre la almohada de la cama en una habitación de hotel que me solicitaba ahorrarle al spa, al aseo del hotel y a la toda la jerarquía de trabajadores de la industria de la hospitalidad el costo y la molestia de lavar mis sábanas, fundas para cojín y toallas. Esta epidemia de preocupación viene en todos colores y existe en todos los continentes. Me he encontrado el mismo mensaje en Los Angeles, El Cairo, Estambul, Ottawa, Limerick y en todo lugar en donde la administración de los hoteles empieza a tornarse verdes… como los dólares, quiero decir.

Empecemos fustigando al viejo y amistoso Hyatt. La palabra conservar está literalmente impresa en su tarjetita cuyo contenido transcribo: Como parte del compromiso del Hyatt de conservar el medio ambiente, cambiaremos las sábanas y toallas cuando sea necesario y a petición del huésped. Si desea que sus sábanas y toallas se cambien diariamente, solicítelo a la recepción del hotel.

Nótese el genial uso de la palabra compromiso. Al igual que el término reporte de la misión, rezuma la profundidad y seriedad en un propósito. ¿Y qué significa cuando sea necesario? ¿Cuándo las sábanas han alcanzado una condición tan deplorable y pestilente que la camarista no pueda tolerarlas? Nótese también como es uno quien tiene que mantener la limpieza diaria del Hyatt, pues se le dice al huésped que él tiene que llamar a recepción si declina aceptar su encantadora y verde idea.

Al otro lado del canal, en el pináculo del lujo en el sexto arrondissement de París, en el hotel Lutetia USTED DECIDE, anuncia la tarjetita en inglés que está en la almohada. Por favor sírvase a tomar nota de que sólo las toallas dejadas en la bañera o en el suelo serán cambiadas por su camarista. Gracias por ayudarnos a actuar en favor del medio ambiente.

Esto es precioso. En primer lugar está la sintaxis legalista: sírvase a tomar nota. En la versión en francés de la tarjeta se omite la payasada de USTED DECIDE. Luego está la guarra sugerencia de que si uno quiere toallas limpias, debe dejar las usadas regadas por el baño y el suelo como en una pocilga. Es así como el Lutetia puede actuar por el medio ambiente. Como si algún amo o ama de la moralidad le hubiera conferido al hotel un mandato especial para actuar en favor del mundo.

En El Cairo, donde nos encontramos, en un país en que tres palabras son siempre mejores que una, o en el caso del Marriot en la isla de Gezira, donde 108 palabras son mejores que ninguna, está la cantaleta ya conocida del compromiso hacia prácticas que preserven nuestros recursos naturales, a lo que sigue una sugerencia extraña según la cual si bien es nuestra costumbre (sic) cambiar a diario nuestras sábanas (sic) apoyamos el deseo de nuestros huéspedes de ayudar a proteger el medio ambiente, y por lo tanto, cambiaremos su cama cada tercera noche de su estancia.

Esto es insuperable. El Marriot quiere lavar a diario nuestras sábanas, sin embargo saben que la los huéspedes somos unos puercos y nos permitirán serlo, a menos que solicitemos lo contrario. Recordemos que El Cairo es una de las ciudades más sucias, contaminadas y repletas de basura del mundo antes de descubrir el fantástico remate del aviso del hotel: Trabajando juntos podemos conservar millones de litros de agua y reducir el detergente que contamina el medio ambiente.

Bueno, hasta en Los Ángeles, que vive envuelto en smog, el Hilton me agradece por ayudar a conservar los recursos naturales de la tierra.

Vayamos a Turquía, un país con menos pelos en la lengua, donde el mejor hotel de aeropuerto de Estambul me informa: Seguramente usted sabe que toneladas de detergente y agua se consumen todos los días para lavar las toallas que han sido usadas por sólo un corto tiempo. Como en el Marriot de El Cairo, debo dejar lleno de trapos húmedos el suelo de mi habitación si quiero toallas limpias. Gracias por su contribución (sic) a la naturaleza (sic), concluye la tarjeta turca, con todos sus sics.

Pero qué calidez envuelve el corazón de lord Fisk cuando se le acompaña a su suite en el hotel Castlertoy Park, en Limerick. Futuras generaciones le agradecerán por ayudarles a tener un ambiente más verde. Juro que no miento a vosotros, oh, lectores. ¡Dioses!, ¡futuras generaciones! ¡Y en verdad van a estar un poco agradecidas conmigo si dejo las toallas en el perchero del baño para volver a usarlas!

Pero crucen conmigo el Atlántico para ir al Fairmont Chateau Laurier de Ottawa que está, desde luego, comprometido con la conservación de nuestros recursos naturales, etcétera, etcétera. En esta ocasión debía yo colgar afuera de la puerta su tarjetita en caso de querer que me cambiaran la ropa de cama. ¿Habrá hecho esto Churchill cuando se hospedó aquí? ¡Gracias por ayudarnos a ser conscientes del medio ambiente!

Ustedes entienden que nada de esto tiene nada que ver con reducir los costos de la limpieza y los detergentes. Oh, no, desde luego. Somos nosotros quienes pagamos la cuenta y ayudamos a estos hoteles de cinco estrellas a cuidar el ambiente. Por supuesto, si en verdad les importara lo verde, colgarían letreros en el baño que nos dijeran ¡Usa menos maldita agua! Sin embargo, me imagino que el agua tiene un precio fijo y así el medio ambiente puede desecharse junto con el agua con que nos bañamos.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

La Jornada


Los mexicanos solemos quejarnos de que hemos perdido presencia en el mundo. Vemos que en América Latina no somos el gran país que antes sentíamos ser, con embajadores de lujo como El Chapulín Colorado y Verónica Castro, que hacían un eficaz tándem con una política exterior consecuente. Nos hiere al orgullo el ver cómo son otros los que ocupan nuestro lugar, y lejos de poder echar en cara que tenemos abiertas las puertas del paraíso en Norteamérica, nuestros socios comerciales también nos magullan. Los estadounidenses nos maltratan, a veces hasta la humillación, en sus fronteras, y los canadienses nos impusieron un sistema de visas con exigencias tan vastas, que lo único que no piden es acta de defunción.

No hemos llegado a ser una especie de paria en el mundo, pero desde hace un buen tiempo nuestros hermanos latinoamericanos nos ven como la oveja descarriada. En el mundo tampoco gustó que les diéramos la espalda y prefiriéramos casarnos con Estados Unidos. Hace tiempo que los candidatos mexicanos a dirigir organismos internacionales se quedan en el camino, y los últimos que han llegado se lo deben a sus viejas relaciones personales y profesionales, donde ser mexicano es un accidente geográfico y no un determinante político.

Cuando nos preguntamos por qué pasa esto, siempre nos respondemos que es culpa del Gobierno. Aunque uno siempre se resiste a análisis reduccionistas, la sabiduría popular no está muy equivocada en esta ocasión, aunque sí quedó limitada. Y si uno es autocrítico, podría decir que es una bendición divina que el prestigio mexicano en el mundo no haya llegado aún a la categoría de inexistente, pues nuestra clase políticamente realmente se ha esmerado en hundirse, y hundirnos.

El ejemplo más claro en estos días se llama Juanito, que nació como Rafael Acosta, y que en cuestión de semanas fue inventado -literalmente hablando- como un candidato subrogado. La idea era que ganara una elección que a la candidata original, por hacer trampa durante el proceso electoral, la eliminó el tribunal electoral. Su misma maquinaria política trabajó para Juanito y ganó, pero una vez electo, decidió que ya no quería renunciar, colocando a toda la izquierda en el Distrito Federal, su principal granero de votos en el país, en una vergonzosa encrucijada, y a su creador, el líder de la izquierda social, Andrés Manuel López Obrador, como sujeto de sorna nacional.

En México hay políticos profesionales y no profesionales que toman todos los días decisiones que afectan a los mexicanos. Tenemos a un diputado local, Christian Vargas, que el otro día, como su nueva oficina no tenía vista a la calle, rompió una puerta de coraje, y más adelante, en protesta porque una funcionaria del medio ambiente llegó en bicicleta al Congreso local, se fue a la calle, golpeó a dos personas, les robó su bicicleta y la cargó hasta la tribuna parlamentaria para decir que todo era un “fraude”. También hay quienes no toman decisiones, como María Rojo, presidenta de la Comisión de Cultura del Senado, que jamás convocó a una reunión de su comisión durante todo el periodo de sesiones porque los tiempos coincidían con los que le dedicaba a grabar una telenovela de gran rating.

Un secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, que ha llegado a atender a empresarios que van a plantearle problemas sentado sobre su escritorio en posición de flor de loto, y un consejero electoral, Marco Gómez, miembro de un organismo del Instituto Federal Electoral, declaró deberse a los partidos políticos no a los ciudadanos, que es la bandera que presume la institución. En el Instituto Federal de Acceso a la Información, se nombró como consejera a Sigrid Arzt, quien era asesora de seguridad nacional en la Presidencia, donde la secrecía es el nombre del juego. También tenemos un gobernador en Campeche, Fernando Ortega, que manipuló una fotografía donde en lugar de una persona que aparecía en medio de los presidentes Calderón y Álvaro Colom de Guatemala, se insertó él, por medio del photoshop, para dar la impresión de cercanía e influencia.

Vivimos también en medio de declaraciones esquizofrénicas. Un día, el presidente Calderón propone la reelección de alcaldes en México, como un paso hacia la consolidación democrática, y 72 horas después advierte que la penetración del narcotráfico en la política se da por la vía de los alcaldes. Durante semanas, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, guardó silencio ante la crítica de la que era objeto luego de que 17 congresos locales controlados por los priistas habían aprobado la penalización del aborto, contra una política institucional del partido a lo largo de años por la despenalización. Cuando finalmente Paredes dijo que ella era de izquierda, pro aborto, pero sobretodo una demócrata que no podía cambiar conciencias, le dijeron mentirosa y le documentaron que presionó a gobernadores y diputados priistas para decirles que si no penalizaban el aborto, habría consecuencias presupuestales.

Cómo nos pueden tomar en serio si nosotros mismos no nos tomamos en serio. Estamos a punto de entrar en un año paradigmático, 2010, para celebrar el bicentenario de nuestra independencia y el centenario de nuestra revolución. Lo visible de la celebración son señalizaciones en todas las carreteras que dicen “Ruta 2010″, que no llevan a ningún lado, y el rebautizo de vías rápidas en algunas ciudades como “Circuito Bicentenario”. También se conmemoran los 150 años de la promulgación de las Leyes de Reforma, que son las que le dieron sustento y contenido al México de hoy en día, pero como eran liberales quienes las promulgaron, el gobierno conservador de Calderón decidió omitir esa celebración.

Estamos mal y vamos para peor. Nuestra política se ha vuelto un carnaval en el cual los ciudadanos no somos parte más allá de espectadores. Pero nos lamentamos, gemimos, somos nostálgicos en nuestros reclamos, al tiempo que pasivos, apáticos y desarticulados como sociedad, como si efectivamente no hubiera nada qué hacer. Estamos frustrados y parecemos castrados. Nos sentimos impotentes, pero cómo gritamos. Cuando menos hagamos eso como un primer paso, y decirle a nuestra clase gobernante: ¡Basta!, ya me cansé. Es el principio orwelliano para que no digan que todos los mexicanos somos iguales.

El País

Representantes de todos los países del mundo se reúnen en Copenhague (Dinamarca) del 7 al 18 de diciembre en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con el objetivo de evitar que, de aquí a 2050, la temperatura media del planeta aumente en más de dos grados. Si la Tierra fuese un balón de fútbol, el espesor de la atmósfera sería de apenas dos milímetros… Nos hemos olvidado de la increíble estrechez de la capa atmosférica y consideramos que ésta puede absorber sin límites cualquier cantidad de gases nocivos. Resultado: se ha creado, en torno al planeta, un sucio envoltorio gaseoso que captura el calor del sol y funciona como un auténtico invernadero.

El calentamiento del sistema climático es una realidad inequívoca. Unos 2.500 científicos internacionales, miembros del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima (GIEEC) (1), lo han confirmado de modo indiscutible. Su causa principal es la actividad humana que produce un aumento descontrolado de emisiones de gases, sobre todo dióxido de carbono, CO2, producto del consumo de combustibles fósiles: carbón, petróleo, gas natural. La deforestación acrecienta el problema (2).

Desde la Convención del Clima y la Cumbre de Río de Janeiro en 1992, y la firma del Protocolo de Kioto en 1997, las emisiones de CO2 han progresado más que durante los decenios precedentes. Si no se toman medidas urgentes, la temperatura media del planeta aumentará por lo menos en cuatro grados. Lo cual transformará la faz de la Tierra. Los polos y los glaciares se derretirán, el nivel de los océanos se elevará, las aguas inundarán los deltas y las ciudades costeras, archipiélagos enteros serán borrados del mapa, las sequías se intensificarán, la desertificación se extenderá, los huracanes y los tifones se multiplicarán, centenares de especies animales desaparecerán…

Las principales víctimas de esa tragedia climática serán las poblaciones ya vulnerables de África subsahariana, de Asia del sur y del sureste, de América Latina y de los países insulares ecuatoriales. En algunas regiones, las cosechas podrían reducirse en más de la mitad y el déficit de agua potable agravarse, lo que empujará a cientos de millones de “refugiados climáticos” a buscar a toda costa asilo en las zonas menos afectadas… Las “guerras climáticas” proliferarán (3).

Para evitar esa nefasta cascada de calamidades, la colectividad científica internacional recomienda una reducción urgente del 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Único modo de evitar que la situación se vuelva incontrolable.

En esa perspectiva, tres son los temas centrales que se abordan en Copenhague: 1) determinar la responsabilidad histórica de cada Estado en la actual degradación climática, sabiendo que el 80% de las emisiones de CO2 son producidas por los países más desarrollados (que sólo reúnen el 20% de la población mundial), y que los países pobres, los menos responsables del desastre climático, padecen las consecuencias más graves. 2) fijar, en nombre de la justicia climática, una compensación financiera para que aquellos Estados que más han degradado el clima aporten una ayuda significativa a los países del Sur que permita a éstos luchar contra los efectos de la catástrofe climática. Aquí se sitúa uno de los principales desacuerdos: los Estados ricos proponen una suma insuficiente, cuando los países pobres reclaman una justa compensación más elevada. 3) definir con vistas al futuro un calendario vinculante que obligue política y legalmente a los actores planetarios -tanto a los países desarrollados como a las otras potencias (China, Rusia, la India, Indonesia, México, Brasil)- a reducir progresivamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. Ni Estados Unidos ni China (los dos principales contaminadores) aceptan esta perspectiva.

Además de esta agenda, un fantasma recorrerá las mesas de discusión de Copenhague: el del necesario cambio de modelo económico. Existe en efecto una grave contradicción entre la lógica del capitalismo (crecimiento ininterrumpido, avidez de ganancias, explotación sin fronteras) y la nueva austeridad indispensable para evitar el cataclismo climático ( léase, p. 32, el artículo de Riccardo Petrella ).

Si el sistema soviético implosionó fue, entre otras razones, porque descansaba sobre un método de producción que valoraba principalmente el beneficio político de las empresas (creaban obreros) y no su coste económico. De igual modo, el sistema capitalista actual únicamente valora el beneficio económico de la producción, y no su coste ecológico. Con tal de obtener un beneficio, no le importa que un producto tenga que recorrer miles de kilómetros, con la emisión de toneladas de CO2 que eso supone, antes de llegar a las manos del consumidor. Aunque ello ponga en peligro, a fin de cuentas, a toda la humanidad.

Por otra parte, es un sistema despilfarrador que agota los recursos del planeta. Actualmente la Tierra ya es incapaz de regenerar un 30% de lo que cada año consumen sus habitantes. Y demográficamente éstos no cesan de crecer. Somos ya 6.800 millones, y en 2050 seremos 9.150 millones… Lo que complica el problema. Porque no hay recursos para todos. Si cada habitante consumiese como un estadounidense se necesitarían los recursos de tres planetas. Si consumiese como un europeo, los de dos planetas… Cuando no disponemos más que de una Tierra. Una diminuta isla en la inmensidad de las galaxias.

De ahí la urgencia en adoptar medidas que detengan la huida hacia el abismo. De ahí también, ante el cinismo de muchos líderes mundiales, la rabia de los miles de militantes ecologistas que convergen de todo el planeta hacia la capital danesa gritando dos consignas: “¡Cambiad el sistema, no el clima!” y “Si el clima fuese un banco ¡ya lo habrían salvado!”.

Se cumplen diez años de las grandes manifestaciones de la “batalla de Seattle” que vieron nacer el movimiento altermundialista. En Copenhague, una nueva generación de contestatarios y activistas, en nombre de la justicia climática, se dispone a abrir un nuevo ciclo de luchas sociales. La movilización es enorme. La pelea va a ser grandiosa. Está en juego la supervivencia de la humanidad.

Notas: (1) Recompensado colectivamente, en 2007, con el Premio Nobel de la Paz por sus informes sobre los cambios climáticos.

(2) Los árboles, las plantas y las algas de los océanos absorben y neutralizan el CO2, y producen oxígeno; de ese modo ayudan a combatir el efecto invernadero.

(3) Léase Harald Welzer, Les Guerres du climat. Pourquoi on tue au XXIe siècle , traducido del alemán por Bernard Lortholary, Gallimard, París, 2009.

http://www.monde-diplomatique.es/

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=96686

Irak ve grave aumento bebés con cáncer y malformaciones

En la ciudad de Falluja, al oeste de Irak, escenario de dos de las más feroces batallas entre las tropas estadunidenses y los insurgentes después de la invasión de Estados Unidos en el 2003, una cifra récord de casos de bebés nacidos muertos, deformes y paralizados ha alarmado a los doctores.

Las armas están quedando en silencio en Irak mientras la frágil estabilidad se va afirmando, una situación que traslada el foco de atención sobre un asesino más sigiloso que probablemente aceche a los iraquíes en los próximos años.

La incidencia del cáncer, los bebés con malformaciones y otros problemas de salud han aumentado pronunciadamente, según funcionarios iraquíes, y muchos sospechan que la contaminación producto de las armas usadas en años de guerra es una de las causas.

“Hemos visto nuevos tipos de cáncer de los que no se tenía registro en Irak antes de la guerra del 2003, tipos de cáncer fibroso (del tejido blando) y cáncer óseo. Estos se originan claramente en la radiación”, dijo Jawad al-Ali, un oncólogo en la segunda mayor ciudad iraquí, Basora.

En la ciudad de Falluja, al oeste de Irak, escenario de dos de las más feroces batallas entre las tropas estadunidenses y los insurgentes después de la invasión de Estados Unidos en el 2003, una cifra récord de casos de bebés nacidos muertos, deformes y paralizados ha alarmado a los doctores.

El uso de uranio en el armamento de Estados Unidos y la coalición en la guerra de 1991 para liberar a Kuwait y en la invasión de Irak en el 2003 está bien documentado, pero establecer un nexo entre el metal radioactivo y los problemas de salud entre los iraquíes es difícil, según funcionarios.

Las instalaciones médicas iraquíes son limitadas, y el mantenimiento de estadísticas precisas en materia de seguridad durante los años de matanzas sectarias desatadas por la invasión fue imposible.

En Basora en particular, golpeada por años de guerra y anegada por años de contaminación industrial y agrícola, a los doctores les resulta difícil aislar las causas específicas del cáncer.

Su gente ha vivido por años entre montañas de chatarra que contiene restos de guerra, con el óxido marrón que se descascara con el viento que llega hasta las casas de las personas, sus alimentos y sus pulmones.

“Nuestra información indica que hay más de 200 Kilómetros cuadrados de tierra al sur de Basora que contienen restos de guerra, algunos de los cuales están contaminados con uranio”, dijo Bushra Ali, del departamento de prevención de radiación del Ministerio de Medio Ambiente.

Un informe del 2007 de la publicación médica de la Universidad de Basora halló que no había “un significativo aumento” en los índices de muertes por cáncer, pero que la proporción de niños muertos por la enfermedad en Basora había saltado en un 65 por ciento en 1997 y un 60 por ciento en el 2005, comparado con 1989.

¿LOS NIÑOS SUFREN MAS?

El uranio empobrecido, un metal denso, es usado en armamento para perforar duros blindajes como los tanques. Su conexión con los problemas de salud es polémica: el Ministerio de Defensa Británico dice que no hay evidencia “científica o médica confiable”.

En la primera guerra del Golfo se usaron grandes cantidades de uranio empobrecido, buena parte cerca de Basora.

No queda claro cuánto fue usado en Falluja por las tropas estadounidenses que mayormente libraban batallas puerta a puerta en dos ataques contra la ciudad en el 2004.

El Ejército estadunidense, no obstante, sí uso fósforo blanco, que puede causar graves quemaduras al entrar en contacto con la piel, a fin de marcar blancos o sacar a sus enemigos armados de sus escondites.

Cinco años más tarde, los doctores en Falluja están registrando un inusual número de bebés con afecciones cardíacas congénitas y defectos en el tubo neural, lo que implica en el último caso un desarrollo anormal de la médula espinal y del cerebro, condiciones que pueden causar parálisis y la muerte.

“El marcado aumento de malformaciones congénitas en recién nacidos en este hospital llevó a la junta directiva del hospital a conformar un comité especial para investigar y registrar estos casos”, dijo Abdulsatar Kadim, gerente del principal hospital de Falluja.

Los doctores dicen que no han podido aislar una causa específica. Varios factores pueden provocar la condición, incluyendo una falta de ácido fólico durante el embarazo.

Un especialista en neurología pediátrica, quien se negó a ser nombrado, dijo estar viendo en promedio de tres a cuatro recién nacidos con defectos en el tubo neural por semana en Falluja y sus zonas circundantes, una región con una población de unas 675 mil personas.

En Gran Bretaña, la incidencia de la condición es menor a un nacimiento por cada mil. La mayoría de los nacimientos dentro y alrededor de Falluja ocurren en su hospital principal, donde se registran hasta 30 por día, comparado aproximadamente con el índice de defectos en el tubo neural de 14 por cada mil.

“Algunas familias deciden terminar con el tema desde el principio. Ellos optan por terminar la vida de niño, negándose a someterlo a una intervención quirúrgica. Un 90 por ciento de los niños a quienes no tratamos muere en su primer año de vida”, dijo un doctor de Falluja, que se negó a ser nombrado.

http://www.milenio.com/node/336224

¿Estudias o trabajas? Es la clásica pregunta que se hacen los jóvenes mexicanos al momento de conocerse y presentarse.

Bien, pues hoy en México hay por lo menos 7 millones de jóvenes que tienen que contestar a esa pregunta diciendo que no hacen ninguna de las dos cosas. Estamos ante el fenómeno de los “ni nis”. ¿Qué son los “ni nis”? Son un segmento de la población de jóvenes que ronda los 18 años y que sencillamente, ni estudia, ni trabaja.

Es un problema muy grave que recientemente se puso de manifiesto con el debate del presupuesto de las universidades públicas en México. Se trata de jóvenes que no hacen nada. No estudian y no trabajan, pero no porque no quieran, sino porque no pueden. Porque no encuentran donde hacerlo. Los “ni nis” son una condición social de verdadera marginación y exclusión social. Son un problema grave de segregación y discriminación.

Son chicos que se ven obligados a mantener una situación forzada de ocio. Un ocio frustrante, obligatorio, impuesto, incómodo, improductivo y, por supuesto, angustiante y doloroso.

Son jóvenes desocupados que buscan acomodo. Que tratan de encontrar un lugar en la sociedad. Que luchan, pero que sencillamente no lo logran. Son jóvenes que aplican a trabajos y a universidades. Que hacen filas, que llenan formularios, que acuden a entrevistas, a exámenes, a oposiciones, a concursos, pero que sólo reciben negativas.

Los “ni nis” están en una etapa muy delicada de la vida. Es el inicio del desarrollo profesional, es la etapa de formación para el trabajo, es la fase de los primeros proyectos, de los sueños y en esos años, los “ni nis” están a la deriva. Están atorados. No están en nada. No están en ruta hacia ningún lugar cierto.

Son chicos que esperan una oportunidad. Son angustia de padres y familias, que los apoyan y que no se explican qué pasa. Es un fenómeno que sin duda toca la autoestima de los chicos, que por supuesto, se sienten deprimidos y desorientados.

La semana pasada, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, el doctor José Narro Robles, alertó de manera enfática el riesgo que significa para México que haya 7 millones de “ni nis.” Señaló el rector: “Necesitamos que nuestros jóvenes estén estudiando o estén trabajando y no que se encuentren en esa situación en lo que algunos han llamado las generaciones o los grupos ‘Ni-Ni’, ni estudian ni trabajan”.

Los “ni nis” son un tema que merece atención y reflexión. El fenómeno tiene por supuesto dos vertientes. Una por cada ni. Una es la educación, la otra es el mercado laboral. Echemos un vistazo a ambas.

El problema educativo, en el que todos sabemos que vivimos un embudo. Tenemos exceso de oferta en los niveles más bajos de la pirámide poblacional y una gran carencia de recursos, profesores e infraestructura educativa en los niveles más altos.

No preparamos demográficamente el sistema educativo para el crecimiento de la población. No tenemos la oferta en donde está la demanda y no tenemos la agilidad para reaccionar ante este problema.

Nuestros nudos sindicales, la falta de acuerdos, la falta de preparación de profesores y la falta de planeación educativa por décadas, nos llevaron a un escenario en el que hoy no es posible ofrecer el servicio de educación superior a todos los jóvenes que lo demandan.

Según un estudio muy polémico presentado el mes pasado por la asociación “Mexicanos Primero”, sólo el 13% de los estudiantes que ingresan a primaria en México concluyen una licenciatura.

Para dar un ejemplo, en el proceso de selección de este año 2009, la Universidad Nacional Autónoma de México, la universidad pública más grande e importante del país, recibió poco más de 105 mil solicitudes e ingresaron solamente 9,360 jóvenes, menos del 10% del universo de jóvenes que lo solicitaron.

En el tema laboral, el problema no es más fácil. El empleo es resultado del crecimiento económico y este año México apunta un crecimiento negativo del PIB que será de -7% anual.

Desde hace años se habla en México de la necesidad de crear un millón de empleos al año. Es un verdadero lugar común, porque claramente se requieren muchos más para satisfacer la demanda de los jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral.

Pero concediendo con el mítico millón anual. El contraste es terrible. Este año de 2009 el saldo neto de empleos creados en México, según cifras estimadas del Seguro Social llegará, si hay suerte, a un saldo positivo de apenas 95,000 a 110,000 empleos. Otra vez menos del 10% de los empleos necesarios para la incorporación de los jóvenes que se necesitaban este año.

La crisis económica de este año, le ha pegado muy fuerte al empleo juvenil. Son precisamente los jóvenes los primeros sacrificados en los recortes de personal y los últimos considerados en los procesos de reclutamiento. La tasa general de desocupación del país para el tercer trimestre de 2009 subió en México a 6.2%. La desocupación entre los jóvenes de 14 a 24 años, es casi del doble.

Como vemos, tanto en el plano educativo, como en el laboral, con dificultades se logra satisfacer el 10% de la demanda de jóvenes.

Es por supuesto un problema serio y tener a tal cantidad de jóvenes atorados en ese punto de su desarrollo, ociosos, sin hacer nada, promete necesariamente problemas sociales muy graves en el presente o en el futuro.

Al analizar esta situación nos preguntamos: ¿Cómo no ha pasado algo más grave en México? ¿A qué le apuestan las autoridades? ¿Piensan que el problema lo resolverá de manera natural la mano invisible del mercado? ¿Cuál es el efecto de tener a 7 millones de jóvenes en esa condición? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Qué hacen esos jóvenes? ¿Qué pasa con ellos? ¿Cómo se comportan? ¿A qué se dedican? ¿Qué piensan hacer? ¿Por qué no protestan? ¿Por qué no toman las calles?

El prestigiado antropólogo Roger Bartra señala que México vive una verdadera implosión social. Es decir, la población mexicana se encuentra ensimismada y sumergida en sus problemas personales y está claramente despolitizada y desarticulada. Me pregunto: ¿Cuánto tiempo durará esta situación?

Realmente conocemos muy poco el fenómeno de los “ni nis”. Se trata de un segmento muy especial y sensible de la sociedad, a penas conocidos y atendido por las encuestas de ocupación y valores. No tenemos estudios serios que nos permitan saber realmente lo que está pasando con ellos y como procesan el conflicto.

Intuimos o suponemos estadísticamente algunas rutas o soluciones provisionales que están asumiendo los jóvenes. Muchos siguen viviendo de la solidaridad familiar, retardan la salida de casa y postergan planes de matrimonio e independencia económica. Algunos claramente migran o tratan de migrar hacia los Estados Unidos.

Otros, no pocos, tratan de encontrar espacio educativo en formas de educación de muy baja calidad. Optan por estudiar idiomas o computación en academias de muy bajo costo, que dan algunas facilidades, y que han crecido sin control haciendo muy buen negocio, aprovechando la desesperación y la necesidad de estos jóvenes y sus familias. Algunos optan por incorporarse al inmenso mundo de la economía informal y el trabajo precario.

Existe también el riesgo de que esos jóvenes sean fácilmente presas de la delincuencia organizada y el narcotráfico. El propio rector Narro señaló que esta franja de la población “constituye la bolsa de trabajo del narcotráfico.”

Por último, en algunas ciudades, empiezan a presentarse nuevas formas de asociación juvenil, más estables que las pandillas, que crean “comunidades” o “familias” con sus propias reglas y códigos de conducta, ante la necesidad de los jóvenes de salir de casa. Hace algunos meses un gobernador me confiaba que, en su entidad, están surgiendo efectivamente esas comunidades. Son como “pandillas estables”, que llegan a rentar un cuarto, que se establecen y que viven de lo que pueden, generalmente de trabajos eventuales y de la delincuencia. Son grupos urbanos marginados, con alguna preparación, que tienen familia muy pronto, y que están creando nuevos problemas.

Sin duda hay mucho trabajo pendiente para antropólogos, sociólogos, economistas y politólogos. Trabajo para universidades y empresas. Pero sobre todo, mucho trabajo para todos los niveles de gobierno.

Estamos ante uno de los problemas más graves y numerosos de exclusión social que vive nuestro país. Un problema que toca directamente nuestros valores y pone en entredicho el futuro de nuestra organización social. Porque sencillamente esos “ni nis” son nuestros jóvenes y son nuestro futuro.

El País

Las polémicas declaraciones del cardenal Javier Lozano Barragán, a pesar de haber sido desmentidas, han dado la vuelta al mundo y desatado las más agrias protestas de actores que reconocen la diversidad y la pluralidad como condiciones de existencia de un mundo culturalmente cada vez más globalizado, por ello la suerte básica de esta multiculturalidad es la tolerancia.

Recordemos las discutidas declaraciones de Lozano al sentenciar que tanto los gays como los transexuales no entran en el reino de los cielos porque todo lo que va contra la naturaleza y la dignidad del cuerpo, ofende a Dios; y no lo digo yo, sino San Pablo. Enseguida Federico Lombardi, vocero del Vaticano, descalificó al cardenal mexicano. Refirió las bondades con que el nuevo catecismo aborda la condición homosexual e invocó las acciones del Vaticano en el plano internacional tendientes a dignificar los derechos de los homosexuales.

Por su parte, el vaticanista italiano Andrea Tornielli, defensor de oficio del Papa, explicó que la Iglesia hace bien en condenar una cierta ideología homosexual, pero no puede cerrar las puertas del paraíso a los homosexuales y transexuales, porque el juicio, gracias a Dios, espera a Dios, y la teología católica siempre ha enseñado que hasta el final siempre está la posibilidad de arrepentirse de los propios pecados, invocando la misericordia divina.

Tornielli, fingiendo no conocer el pensamiento de Lozano, remató disculpándolo: no puedo creer que (el cardenal), siendo teólogo, haya hecho esas afirmaciones, que con toda probabilidad son una indebida síntesis de su entrevistador, el periodista italiano Bruno Volpe, quien publicó la nota en el ortodoxo portal católico www.pontifex.roma.it. Empero, la postura de Lozano Barragán no está del todo lejana del actual pensamiento conservador de Roma en los tópicos de la sexualidad.

Tan sólo hace un año, ahí están los registros, Benedicto XVI criticó crudamente a los homosexuales en su discurso de fin de año, en el cual calificó de grave amenaza para la humanidad la confusión de los sexos, porque es la negación de las leyes de la naturaleza. Dicha posición recibió fuertes críticas de asociaciones y personalidades homosexuales tanto en Italia como en el resto de Europa. Este severo pronunciamiento ocurrió pocos días después de que el Vaticano rechazó aprobar la propuesta de despenalización universal de la homosexualidad, presentada el 18 de diciembre de 2008 en las Naciones Unidos por 66 países.

Históricamente la Iglesia ha venido condenando no nada más la homosexualidad, sino toda expresión de la sexualidad que no tiene su fundamento y ejercicio en el matrimonio heterosexual, cuyo principio esencial es la procreación. El placer es relegado, se asume con vergüenza y entra en una pantanosa zona oscura.

Así, por ejemplo, la masturbación, las relaciones pre y extramatrimoniales, el sexo entre personas del mismo sexo, el sexo intergeneracional o en grupo, el fetichismo, la prostitución, el voyeurismo, etcétera son considerados perturbaciones, desórdenes morales inadmisibles ética y religiosamente. Lo cual desencadena, según expertos en sicología, comportamientos patológicos en sectores católicos que llevan a vivir culpígenamente la sexualidad.

Por supuesto, las uniones homosexuales son tajantemente repudiadas. Joseph Ratzinger, siendo prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, en un breve documento intitulado Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales (3/6/03), de manera tajante pide a los políticos: Desenmascarar el uso instrumental o ideológico que se puede hacer de esa tolerancia; afirmar claramente el carácter inmoral de este tipo de uniones; recordar al Estado la necesidad de contener el fenómeno dentro de límites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad pública y, sobre todo, que no expongan a las nuevas generaciones a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio… A quienes, a partir de esta tolerancia, quieren proceder a la legitimación de derechos específicos para las personas homosexuales conviventes, es necesario recordar que la tolerancia del mal es muy diferente a su aprobación o legalización.

Los homosexuales son seres cargados de pecados de los que deben arrepentirse; la Iglesia podría aceptarlos siempre y cuando renuncien a ejercer sus preferencias y prácticas sexuales; una especie de homosexualidad casta. Son referidos como enfermos que deben sujetarse a tratamientos de terapeutas y sacerdotes que permitan revertir el mal.

A raíz de los escándalos de pederastia, la Iglesia expresó su preocupación extrema por la propagación de la imagen del sacerdote homosexual que abusa de menores varones. En 2005, Benedicto XVI firma una instrucción que prohíbe la entrada a los seminarios y la ordenación de personas homosexuales o de aquellos que presenten rasgos o apariencias homosexuales.

Marco Politi, vaticanista y biógrafo de Juan Pablo II, deploró entonces que en la Iglesia católica el sacerdote gay sea visto como un triple traidor: rompe el compromiso sagrado del celibato, traiciona la masculinidad de la institución y atenta contra el ícono de Cristo, representado por el sacerdote.

Si bien los pontífices y el Vaticano se han pronunciado por respetar la dignidad de homosexuales en la práctica, su actitud es contradictoria y excluyente, aun más severa con los miembros de su clero que se atreven a reconocerse en tanto tales.

Lamentablemente, las declaraciones de Javier Lozano Barragán no fueron el accidente de un cardenal senil semirretirado: expresan una postura muy viva en los pasillos vaticanos. Sin embargo, retomando íntegramente la cita de San Pablo en la que fundamentó la exclusión de los homosexuales, ahí mismo también excluye del reino de Dios a borrachos, maldicientes, robadores y mentirosos. Por tanto, quedan fuera del paraíso también los muchísimos diputados, senadores, dirigentes políticos, altos funcionarios, miembros del alto clero y conductores de noticieros.

http://www.jornada.unam.mx/2009/12/09/index.php?section=opinion&article=022a1pol

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