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Archivar como 1/08/08

Hoy, un adolescente puede ver trescientos muertos en la televisión sin conmoverse, pero llora amargamente si pierde Fernando Alonso o su equipo de fútbol. Entonces la pregunta surge inmediatamente: ¿Por qué esa relación «antinatural» con la violencia? Con esa reflexión inició ayer su charla Francisco Javier Herrero Díaz, profesor de Psicología de la Universidad de Oviedo, en el curso de verano «Conflictos entre adolescentes y violencia juvenil», que pretendía indagar en el fenómeno de la violencia en el ámbito escolar.

Aunque está claro, explicó, que la cultura y la educación son los mayores contenedores de las conductas violentas, «en ciertas situaciones afloran reacciones instintivas relacionadas directamente con la supervivencia y la reproducción». Y es que «queda en nosotros mucho de hombres de las cavernas, más de lo que pensamos», recordó Herrero, quien, bajo la aparente broma, quiso hacer entender que en el siglo XXI, «querer ligar con una chica sigue siendo intentar tomar posición para reproducirse» y «esas pulsiones latentes de reproducción operan con fuerza y pueden generar conductas agresivas en la escuela».

Y si las hormonas han revolucionado a los adolescentes desde siempre, Herrero quiso introducir otra reflexión más actual: «¿qué diferencia hay entre un romano que a los 16 años podía dirigir legiones y un chico de 14 del que aún se duda si dejarle ir solo al cine?» El cerebro no ha cambiado desde hace 2.000 años, han cambiado las reglas: hoy la adolescencia cada vez se prolonga más: «hay adolescentes de 30 años», señaló. Y es que el relevo generacional de la responsabilidad se produce cada vez más tarde «porque los que tienen que ceder el lugar tardan más en morirse gracias a los adelantos médicos y gravan los comportamientos de los adolescentes produciéndoles frustraciones que generan conflicto».

¿Pero qué hacer con los adolescentes violentos en las aulas?, preguntaban insistentes los alumnos de Psicología que en un futuro quieren dedicarse al abordaje de tales problemas. Herrero les dio respuestas: lo primero, algo complejo: diferenciar si se trata de «agresiones reactivas», sin excesiva importancia, en las que puede funcionar la reeducación, o «instrumentales», actos violentos fríamente planificados, ya que ambas situaciones tienen «mecanismos neurológicos distintos» y, por tanto, abordajes distintos.

Herrero subrayó también que «el sexo es determinante en los comportamientos adolescentes violentos». Para modificar un comportamiento conflictivo, hay que abordar a la familia en el caso de las chicas y al grupo de compañeros de clase en el caso de ellos. Estas conclusiones, fruto de un reciente estudio británico, tienen de nuevo una explicación que vuelve a enlazar con «lo mucho» que queda en nosotros de hombres primitivos: «Al varón le influyen los iguales, los compañeros de grupo, con los que originariamente generaba reglas de conducta para la caza o la reproducción».

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008072400_46_659363__SociedadyCultura-violenta-revolucion-hormonal-escuela

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La directora ejecutiva del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), Inés Alberdi, exhortó a las naciones participantes en la 17 Conferencia Internacional sobre VIH/sida a que ayuden a abatir las “pandemias gemelas, violencia contra las mujeres y sida, porque está demostrado que la primera es causa y consecuencia del VIH”. En este contexto sostuvo que mientras no se disminuya la violencia contra las mujeres no se podrá detener el avance que tiene el mal en la población femenina.

Expresó que para miles de mujeres la amenaza de la violencia les impide acceder a la información, a realizarse la prueba del VIH, a revelar su estado serológico, a acceder a servicios de prevención de la transmisión del virus a lactantes y a recibir tratamiento y asesoramiento, incluso cuando se saben contagiadas.

En conferencia de prensa en la que también participaron Rocío García Gaytán , titular del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Mauricio Hernández Ávila, subsecretario de prevención y promoción de la salud de la Secretaría de Salud (Ssa), y en la que México se sumó a la campaña Di no a la violencia contras las mujeres, Alberdi expresó que la violencia contra el sector femenil es un fenómeno generalizado que incluye agresiones en el hogar, la mutilación genital, la trata de personas y la violación.

Sostuvo que “para enfrentar el sida de forma eficaz debemos abordar también la violencia contra la mujeres, ya que ambas pandemias se incorporan y se entrelazan en un círculo vicioso, porque ellas son fisiológicamente más susceptibles al VIH, ya que la violencia sexual puede causar raspaduras vaginales, especialmente entre las jóvenes, lo que aumenta el riesgo de contagio”.

Apuntó que afortunadamente el “vínculo entre violencia contra las mujeres y VIH/sida recibe cada vez mayor reconocimiento y atención en muchos países en los que se han establecido centros de salud que prestan servicios integrales a las sobrevivientes de la violencia”.

Hernández Ávila destacó que en México la infección crece “con mayor velocidad entre las mujeres, principlamente, por transmisión sexual, pues del 90 por ciento de los casos de sida en mujeres, el contagio se produjo en relaciones heterosexuales no protegidas” y destacó que esta tendencia crece al grado que el año pasado “98.2 por ciento de los casos se atribuyen al contagio sexual”.

El funcionario señaló que el hecho de que la relación entre el número de hombres infectados y de mujeres está cambiando (cada vez hay mayor porcentaje femenino) por las “condiciones estructurales de desigualdad y violencia de género en que viven las mujeres, lo que eleva su vulnerabilidad”, y añadió que las principales vulnerabilidades que afectan a este sector son “biológicas, epidemiológicas, sociales y culturales. En el caso de la biológica se ha comprobado que en las relaciones heterosexuales, la mujer tiene de dos a cuatro veces más posibilidades de infectarse por el VIH que el hombre, entre muchos otros detalles porque la concentración de virus es generalmente más alta en el semen del hombre que en las secreciones sexuales de ellas”.

http://www.jornada.unam.mx/2008/08/01/index.php?section=sociedad&article=050n2soc

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