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Archivar como 4/10/08

Hace un par de años, durante la venta de uniformes en un colegio de San Pedro, un grupo de madres de familia cuestionó a las señoras que hacían fila sobre el precio de las nuevas vestimentas escolares.

Mientras la gran mayoría de las señoras coincidía en el alto costo de las prendas, una mamá dijo: “A mí no me importa lo que pague por los nuevos uniformes, pues soy ‘estúpidamente rica’”.

Esta anécdota sale a colación por la época en que vivimos, una época tan llena de competitividad y materialismo, que en muchas ocasiones nos lleva, incluso con los amigos, a transformarnos en vanidosos y a decir una bola de disparates.

Y no sólo eso, el materialismo se ha convertido hoy por hoy en una de las principales causas de infelicidad en las personas, porque hemos vinculado equivocadamente la felicidad al dinero, sin advertir el alto costo que estamos pagando al buscarlo a toda costa.

El aumento desorbitado de divorcios y separaciones, la necesidad desmedida de éxito personal y la persecución de los valores individualistas -en medio de esta competitividad desenfrenada- nos está llevando a sembrar en nuestros hijos prioridades equivocadas.

Y es que buena parte de nuestros jóvenes ya piensa que la mayor aspiración en la vida es el bienestar personal, pues los hemos preparado más para que aprendan a lograr la mayor cantidad de placer y comodidad con el mínimo esfuerzo y sacrificio.

Esta semana recibí por internet un artículo que se publicó en la sección Vida de EL NORTE el 26 de agosto que no sólo fundamenta esto, sino que pone en evidencia a Monterrey como una de las principales sociedades en donde se exalta en los hijos el hedonismo, la competitividad y la poca vigilancia de los padres.

La nota, titulada “Es una dura ‘materia’ la presión social”, firmada por Karla Torres, es una radiografía de lo que tristemente vemos todos los días a nuestro alrededor sin que nos preocupe gran cosa.

La reportera entrevistó a sociólogos y psicólogos, quienes coincidieron que en Monterrey la presión social comienza en casa, pues se inculca a los hijos más que nada el culto a la imagen.

“Las familias de Monterrey apuestan mucho a la imagen”, señaló el sociólogo Salvador Hernández.

El psicólogo Jesús Amaya explicó que este fenómeno, aunque es más intenso en las familias de mayor poder adquisitivo, se da en todos los niveles sociales.

“Al muchacho de la Universidad privada le dan un BMW y en la pública su Tsuru”, señaló Amaya.

Uno de los ejemplos increíbles del artículo se dio en una tienda exclusiva, en San Pedro. La asistente administrativa narró el caso de una mamá que fue a la tienda a comprarle a su hija una bolsa de 12 mil 500 pesos. La mujer llegó y se fue en camión urbano.

“Le enseñaron varias bolsas a la señora y ella dijo que su hija siempre había querido una bolsa de esa marca. Dijo que ella había ahorrado y hecho un esfuerzo para comprársela. A la hora de empacar la bolsa pidió que no se la envolvieran para regalo ni le dieran la bolsa de la marca, porque iba en camión y tenía miedo de que la asaltaran”, recordó la empleada.

El caso es que el fenómeno del materialismo y culto a la imagen, al menos a los regiomontanos, nos ha pegado con todo. Y ha ocasionado, además, que hoy incontables personas no se valoren ni se sientan aceptadas o reconocidas por los demás si no tienen o aparentan tener mucho dinero.

De ahí la necesidad de la gente de andar exhibiendo o hablando de sus “riquezas”.

Como la señora de San Pedro que no le importó el alto precio de los uniformes escolares, porque dijo ser “estúpidamente rica”.

Qué daño causan a los hijos los adultos que piensan que la persona vale por lo que tiene y no por lo que es. Como dijo Don Quijote: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.

Por el futuro de Monterrey y de todo el País, ojalá que cada día haya más papás que se den cuenta de la necesidad de transmitir a los hijos que en ese esfuerzo y en esa lucha diaria es donde se encuentra la felicidad. Y que la otra felicidad, la vinculada a los bienes materiales, es “estúpidamente efímera” porque así como llega se va, y de pasada nos deja huecos y vacíos.

http://www.elnorte.com/editoriales/nacional/452/902344/?grcidorigen=1

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Historias reales, de familias afectadas

Desde hace más de 15 años el feminicidio sexual se ha recrudecido en Ciudad Juárez. Son más de 432 muertes con tintes de tortura, mutilación y violación en contra de niñas y jóvenes que su única debilidad fue vivir en esta frontera de paso mexicano, donde la cadena de impunidad prevalece sin esclarecer realmente los asesinatos y desapariciones de estas personas por parte del gobierno estatal.

Esto es lo que expone el documental fílmico “Bajo Juárez. La ciudad devorando a sus hijas” de los cineastas Alejandra Sánchez Orozco y José Antonio Cordero Chávez, en el que es la primera incursión como productora asociada de la actriz Vanessa Bauche en coordinación con IMCINE, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, FOPROCINE y PEPA Films.

A 2 años de haber realizado esta historia, documentada con datos verídicos recabados por los familiares y madres dolientes de sus hijas asesinadas y de-saparecidas entre los años 1993 a 2005 en Ciudad Juárez, esta película, con una duración de 96 minutos, tiene su estreno este 3 de octubre del año en curso.

En 5 capítulos está dividida la historia “Bajo Juárez. La ciudad devorando a sus hijas”, enfocada en los casos de las muertes de la joven Alejandra Érika, hija de una maestra, y Neyra Azucena Cervantes, de quien le achacan su fallecimiento a su primo David Cervantes, un inculpado inocente a todas luces dado que él estaba en la sierra de Chiapas y al enterarse de la desaparición de su prima viaja a Juárez y por presionar a las autoridades lo agarran de “chivo expiatorio” y en espera, su madre, de un milagro para que su primogénito deje el CERESO de esta ciudad fronteriza.

En las entrevistas y las escenas de los cuerpos arrojados sin vida de las mujeres en baldíos o terrenos privados de dicha ciudad del país, están enmarcados con la música norteña de “Juaritos”, “Cumbia a la maquilera”, “Santa Rita de Chihuahua”, “Te vas ángel mío” y “Dueño hasta de los sueños”.

La promoción de “Bajo Juárez”… está apoyada por la imagen y voz de los artistas como Eugenio Derbez, Ana de la Reguera, Vanessa Bauche, Roberto Sosa, Eugenia León, Héctor Bonilla, Sasha, así como por la comunicadora Carmen Aristegui, quien asegura: “Con estas muertes no sólo están las familias afectadas, sino debería estar afectada la nación. Y se ve la incapacidad del Estado de proteger a los ciudadanos, como se ve también que en el ámbito judicial hay un fracaso absoluto para esclarecer estos asesinatos”.

http://www.oem.com.mx/esto/notas/n866322.htm

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Cuando esto se escribe, todavía no es suficientemente claro si se realizará esta noche en Mississippi el primero de los tres debates programados entre los candidatos Obama y McCain por la Casa Blanca.

De último momento, y en plena coincidencia con el desplome en las encuestas -que lo colocan ya casi 10 puntos abajo de Obama-, el republicano anunció la suspensión de su campaña y, de paso, le propuso a su rival que el primer debate sea pospuesto para que los dos, con sus respectivos partidos, se concentren en Washington y sorteen conjuntamente la quiebra de los mercados.

La maniobra resulta de tal forma convenenciera, políticamente hablando, que Obama, por supuesto, no cayó en el garlito y se ha negado a cancelar el encuentro. La Comisión de Debates Presidenciales tampoco encuentra razones para esto se haga. En cualquier circunstancia, ya se sabe, el debate político es una herramienta fundamental en el juego democrático. En tiempos de excepción como los que corren, resulta ineludible.

Lo que ha tratado de hacer McCain en las últimas horas, lo hace proyectarse como la viva imagen de la desesperación. La maniobra fallida no sólo lo deja mal parado con los electores de su país, sino con el resto del mundo que observa -como nunca- esta elección presidencial.

McCain, además de suspender la campaña y tratar de eludir el debate, se permitió cancelar su presencia en el popular programa del humorista David Letterman. Bajo la salida de que tenía que estar en Washington para enfrentar la crisis, canceló la cita. Se permitió, sin embargo, otorgar otra entrevista. Al enterarse de esto, Letterman descargó toda la ironía de la que es capaz -y vaya que es capaz- para cebarse en el candidato republicano. El asunto podría parecer menor, pero no tanto. Letterman es visto por millones de personas y la sensibilidad de los votantes está a tope. El candidato está, pues, mal y de malas.

En el debate, resulta obvio que McCain enfrentará los reclamos y críticas por el desastre financiero que envuelve a Wall Street y al resto de los mercados del mundo. Aunque prácticamente hay ya un acuerdo bipartidista para instrumentar el monumental rescate y acordar las condiciones del mismo, con la urgencia que el caso requiere, eso no implica, de ninguna manera, que en el terreno político -y a mes y medio de la jornada electoral- Obama vaya a tener contemplación alguna. Uno puede imaginar que cuando el debate entre en ese terreno, podríamos estar frente a auténtica carnicería.

Las cuentas que entregan los republicanos no podían ser peores. Si hay debate, según lo programado, abordarán el tema de la política internacional. Quiero suponer que por las afectaciones múltiples y globales de la crisis financiera provocada por Estados Unidos y el sentido de urgencia que imprime la situación, el tema de la crisis financiera deberá estar en el centro de la discusión.

Claro que no es lo único a debatir. Tendrán que abordar, entre otros asuntos, el otro gran desastre de la era bushiana: la derrota en todos los ordenes posibles -político, militar y moral- de la guerra en Iraq. En esos 90 minutos disponibles deberíamos oír lo que ambos ofrecen para enfrentar el terrible galimatías de la ocupación.

Obama tendrá todas las de ganar también en este tema. No hay quien, a estas alturas, pueda armar un discurso convincente sobre las razones de la ofensiva militar que ha derivado en infierno para todos. Obama no dudará en recordar que esa invasión fue hecha por encima de un acuerdo multilateral y montada, fundamentalmente, en informaciones falsas. Ni Hussein tuvo que ver con los atentados terroristas del 11 de septiembre, ni su gobierno tuvo armas de destrucción masiva. La guerra preventiva resultó una aberración.

Al final de todo, Bush pasará a la historia como autor intelectual y material de una catástrofe humanitaria. A McCain, por supuesto, no le queda más camino que el deslinde, ahora sí tajante, de su figura y su campaña, de los actos de ocho años de gobierno del inefable George W. Bush.

Por muchas razones, pues, resulta deseable que esta noche podamos ver a quienes aspiran ocupar la Presidencia del, todavía, país más poderoso de la tierra. Aquí, se da por hecho que la nueva circunstancia en Estados Unidos coloca a Barack Obama con una ventaja política de tal magnitud que parece imposible la derrota. En democracia, claro, todo puede pasar.

Esta noche deberíamos presenciar un debate con las preguntas obligadas que el mundo entero se formula: ¿Por qué pasó lo que pasó? ¿Cómo se construyó este castillo de naipes? ¿Quiénes son los responsables? ¿Cómo evitar un contagio mayor? y ¿quién va a pagar? Pero no sólo eso.

Para saber realmente el quién es quién por la Presidencia de los Estados Unidos deberíamos verlos con una explicación en la mano y una visión de futuro. Estamos ante el fin de una era. Lo imperativo es el cambio de paradigmas. Estados Unidos y sus candidatos están obligados a decirle hoy al mundo, ¿en dónde quedó el “Fin de la Historia” y cuál es el camino que sigue?

http://www.elnorte.com/editoriales/nacional/450/899630/

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Son notorias las mentiras que la Casa Blanca fabricó para justificar la invasión y ocupación de Irak. Los periodistas/investigadores Charles Lewis y Mark Reading-Smith descubrieron que W. Bush y siete otros jerarcas de la Casa Blanca propalaron al menos 935 afirmaciones espurias en los dos años que siguieron al 11/S y precedieron a la invasión de Irak. Cabe reconocer que el más prolífico en la cuestión fue el presidente W. Bush: 232 declaraciones falsas sobre el presunto arsenal de armas de destrucción masiva en poder de Sadam Husein y 28 acerca de la supuesta relación del autócrata con Al Qaeda y con los atentados. Le siguió el entonces secretario de Estado Colin Powell: 244 y diez, respectivamente. El vice Dick Cheney, Condoleezza Rice, Donald Rumfeld, Paul Wolfowitz, Ari Fleisher y Scott McClellan también aportaron a este arsenal masivo de falacias (www.pulicintegrity.org, 23 de enero). Al parecer, no otra cosa sucedió con la versión oficial de los atentados mismos.

El Comité de Justicia del Senado estadunidense ha concluido un nuevo informe en torno a las fallas que impidieron frenarlos: echa la culpa al FBI, señala que había amplias evidencias de que se preparaba un ataque en suelo de EU y que jefes del organismo de espionaje las bloquearon (The New York Times, 28 de agosto). Pero hete aquí que casi 800 personalidades —catedráticos, arquitectos, ingenieros, altos funcionarios, políticos, ex espías, pilotos y sobrevivientes de las Torres Gemelas— echan por tierra las dos cosas: la versión oficial y el informe del Senado (www.reopen911.info) .Véanse algunos testimonios.

Los sobrevivientes, en primer lugar. Personal de las Torres que se encontraba en el subsuelo B1, ubicado a 330 metros debajo de los pisos 93 a 98 donde impactó uno de los aviones, sintieron que “vibraba el suelo, las paredes comenzaron a resquebrajarse y todo temblaba” declaró William Rodríguez, empleado de mantenimiento: era una explosión que venía de subsuelos inferiores. Segundos después, Rodríguez escuchó el estallido de arriba y supo luego que se trataba de la embestida del Boeing 757 contra el edificio. Anthony Saltalamacchia, supervisor del servicio, escuchó al menos diez explosiones procedentes de abajo antes de salir de la trampa. Otros testimonios coinciden, pero ninguno fue tomado en cuenta en el informe del Senado.

Los pilotos consideraron imposible que un avión se haya estrellado contra el Pentágono. Señalaron que el agujero en el muro es más grande que el que podría causar un 757 y estimaron inverosímil que éste se deslizara luego durante diez segundos en el césped del interior, como muestra una filmación oficial. El comandante (R) de la Marina Ralph Koistad , piloto de combate con más de 23 mil horas de vuelo, reflexionó: “¿Dónde están los daños provocados por las alas del avión en el muro del Pentágono? ¿Dónde las 100 toneladas del Boeing, los grandes fragmentos del aparato que siempre se proyectan lejos del lugar del accidente?” (www.vigli.org/PDF911) . En efecto, no estaban. Ni un solo desecho se encontró dentro o fuera del Pentágono.

Las declaraciones de unos 500 ingenieros civiles y arquitectos confirmaron desde sus especialidades que la versión oficial de los atentados “es un cuento de hadas” (John Lear,piloto comercial, 19 mil horas de vuelo). El arquitecto Frank De Martini afirmó que la solidez de las Torres tornaba inimaginable que se derribaran sólo por el choque de un avión. “Fue claramente el resultado de una demolición controlada y programada para que se produjera en medio de la confusión imperante”, manifestó el ingeniero Jack Heller. Esa clase de demolición no se improvisa. Sus autores, ¿sabían previamente con exactitud el día y la hora de los atentados? Pareciera que sí.

Diferentes organismos de profesionales exigen que se investigue a fondo la tragedia que mató a casi tres mil trabajadores y empleados. Para el piloto de línea Glen Stanish (15 mil horas de vuelo), se trató de “una operación interna, concebida, organizada, cometida y controlada por un grupo muy vasto de criminales en el seno de nuestro gobierno federal de EU. Utilizada como una razón falsa, un pretexto, una mentira, para invadir dos países extranjeros ricos en recursos naturales, para extender un imperio, para modificar las fronteras de los países del Medio Oriente y como elemento de la ‘guerra antiterrorista’ o, mejor dicho, de la guerra contra la libertad”. Más de cien periodistas y actores manifestaron públicamente que piensan lo mismo. “Nunca creí la historia de la destrucción de las Torres Gemelas el 11/S”, selló Sharon Stone (pdf.lahamag.com, 2 de agosto). Pero quién devolverá la vida a las víctimas del atentado terrorista y a los centenares de miles de civiles iraquíes víctimas del terrorismo de Estado.

http://www.milenio.com/node/90314

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Como dijera en una ocasión Benjamín Franklin, “un centavo ahorrado es un centavo ganado” y ese es, en realidad, el gran secreto para comenzar el camino de la prosperidad económica. Ahorrar es la base de la riqueza, pues si no acumulas dinero al principio, nunca tendrás capital para invertir. Y en cada momento de la vida tenemos la oportunidad de ahorrar, casi sin darnos cuenta. Estos consejos te ayudarán a cortar gastos.

En el mercado

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¡Cuidado cuando visites tiendas de comidas de descuento, como Costco, y compres un paquete de seis botellas de ketchup que no vas a usar ni en dos años… y al final se echarán a perder!

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Compra sólo lo que tengas en tu lista; evita los pasillos de dulces, al igual que el de artículos gourmet muy bellos, pero carísimos.

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Jamás compres cuando tengas hambre, pues acabarás comprando comidas que no necesitas.

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En tu farmacia o supermercado habitual, pide una tarjetita plástica de miembro, llévala en tu llavero y muéstrala antes de pagar, pues conseguirás ahorros considerables.

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Utiliza los cupones de ahorro. Aunque parezca tedioso recortarlos, cada vez que vas al mercado podrías ahorrarte de 12 a 15 dólares.

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Fíjate que en la registradora no se equivoquen, que te den los precios anunciados.

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Aprende a comprar en las tiendas de $1 (dollar stores) y ahorrarás muchísimo en ciertos productos. En las tiendas

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Cuidado cuando vas a las tiendas que ofrecen rebajas y compras una prenda de vestir rebajadísima, pero que nunca te vas a poner.

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¿Cuántos pares de zapatos necesitas? Las estadísticas dicen que tenemos tres pares básicos.

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Si quieres algo específico y no puedes vivir sin ello, antes de comprarlo espera a que lo pongan en rebaja y ahorrarás más del 50%.

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Recicla tus telas: saca unos shorts de esos jeans que ya están medio viejos. Entretenimiento y comida

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Escoge ver un video o DVD en familia en vez de gastar el triple yendo al cine.

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Considera hacerte socio de un sitio como Netflix, que incluso te permite ver infinidad de filmes y videos instantáneos en tu computadora sin pagar una cuota adicional.

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No compres refrescos y palomitas de maíz en el cine, sino llévalas hechas en la casa en una bolsa de nilón.

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Si pagas en efectivo cada vez que puedas, eso te permitirá comprar sólo cuando tengas dinero disponible.

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Lleva tu propio almuerzo al trabajo y al final de mes verás cuánto has ahorrado.

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En los restaurantes, si son dos personas, pidan dos aperitivos y compartan un plato principal. Eviten los refrescos, pidan agua de la pila y olviden los carísimos postres o cafés.

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Revisa los recibos de tiendas y restaurantes, pues a veces vienen con errores en tu contra o añaden la propina automáticamente, especialmente cuando son más de seis personas, y no te lo hacen saber.

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Ve a la biblioteca pública donde puedes sacar los últimos libros, DVD, videos y CD sin gastar un centavo. Ahorros en general

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Hay cosas que salen más baratas si se adquieren por internet, como la comida para animales, los libros y ciertas medicinas y ropa, ¡además de los viajes!

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Si haces pagos por internet, te ahorrarás varios dólares al mes en sellos de correos.

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Usa un banco que te ofrezca cuenta corriente y cheques gratis. Igualmente, debes asegurarte que te dé una tarjeta de crédito sin pago anual de membresía.

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Evita costos de ATM o cajeros automáticos que te cobren por extraer dinero.

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Revisa el interés que estás pagando en el préstamo de tu vivienda. Tal vez el interés actual es mucho más bajo que el que tienes y podrías ahorrarte una buena cantidad al mes.

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Trata de usar la misma compañía de seguro para todas tus necesidades (casa, auto, vida).

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Cuando puedas, compra cosas usadas (libros, muebles, CD) que incluso se encuentran en la internet, en swap meets o en tiendas de caridad estilo thrift shops.

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Apaga las luces, mantén el termostato controlado y ahorrarás en electricidad.

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Conduce sólo lo necesario.

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Ahorra en tu plan telefónico: quizás tu teléfono móvil es suficiente. Escoge el mejor plan de larga distancia.

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Ahorra en tintorería aprendiendo a lavar a mano y planchar en la casa blusas, camisas de hombre, piezas que puedes secar en tendederos (drip dry), etc.

El ahorro es lo primero que aprendemos de matemáticas, pero lo olvidamos de adultos: uno y uno es dos… Un ahorrito por aquí y uno por allá se acumulan a fin de mes para sumar una buena cantidad.

http://www.impre.com/hoynyc/finanzas/2008/10/5/lo-necesitas-o-solo-lo-quieres-84869-1.html

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Los problemas en la economía y el sistema financiero norteamericanos han sido evidentes durante años. Pero eso no impidió que los líderes de Estados Unidos recurrieran a las mismas personas que ayudaron a generar el caos, que no vieron los problemas hasta que estos nos llevaron al borde de otra Gran Depresión y que han estado saltando de un rescate a otro, para rescatarnos.

En el Congreso pueden rescatar a Wall Street, ¿pero qué pasa con la economía? ¿Qué pasa con los contribuyentes, ya hostigados por déficits sin precedentes, y con facturas todavía pendientes de pago por una infraestructura en decadencia y dos guerras? En estas circunstancias, ¿algún plan de rescate puede funcionar?

Sin duda, el plan de rescate rechazado el lunes era mucho mejor de lo que propuso originalmente la administración Bush. Pero su enfoque básico siguió estando plagado de errores fundamentales. Primero, se basaba -una vez más- en una economía por goteo: de alguna manera, si se arrojaba suficiente dinero a Wall Street, éste gotearía hasta Main Street, beneficiando a los trabajadores y a los propietarios de viviendas. La economía por goteo casi nunca funciona y no es más factible que funcione esta vez.

Es más, el plan suponía que el problema esencial era un problema de confianza. Esa es sin duda parte; pero el problema subyacente es que los mercados financieros otorgaron préstamos incobrables. Había una burbuja inmobiliaria y se dieron créditos sobre precios inflados.

Esa burbuja estalló. Los precios de la vivienda probablemente sigan cayendo, de manera que habrá más ejecuciones hipotecarias, y por más que se ensalce el mercado, nada va a cambiar esa realidad. Los préstamos incobrables, a su vez, crearon agujeros masivos en los balances de los bancos, que tienen que repararse. Cualquier rescate gubernamental que pague un valor justo por estos activos no hará nada para reparar ese agujero. Por el contrario, sería como ofrecer transfusiones masivas de sangre a un paciente que sufre de una vasta hemorragia interna.

Incluso si se implementara rápidamente un plan de rescate habría cierta contracción del crédito. La economía de EU ha estado respaldada por un boom del consumo alimentado por un endeudamiento excesivo, y eso se reducirá. Los estados y las localidades están recortando los gastos. Los balances de los hogares son más débiles. Una desaceleración económica exacerbará todos nuestros problemas financieros.

Podríamos hacer más con menos dinero. Los agujeros en los balances de las instituciones financieras deberían taparse de una manera transparente. Los países escandinavos demostraron la manera de hacerlo hace dos décadas. Warren Buffett mostró otra manera, al ofrecer capital accionario a Goldman Sachs. Al emitir acciones preferenciales con garantías (opciones), se reduce el riesgo de pérdida del público y se asegura que la gente participe en parte del potencial de ganancia.

Esta estrategia ofrece los incentivos y los medios necesarios para que se reanude el préstamo. Evita la tarea desahuciada de intentar valuar millones de hipotecas complejas y los productos financieros aún más complejos en los que están encajadas, y se ocupa del problema de los “limones” -el gobierno no puede deshacerse de los peores activos o los más sobrevaluados. Finalmente, se puede hacer mucho más rápidamente.

Al mismo tiempo, se pueden tomar medidas para reducir las ejecuciones hipotecarias: 1. Se puede lograr que la vivienda sea más accesible para los norteamericanos pobres y de medianos ingresos al convertir la deducción hipotecaria en un crédito tributario posible de transformarse en efectivo. El gobierno paga el 50 por ciento del interés hipotecario y los impuestos inmobiliarios en el caso de los de ingresos altos, y no hace nada por los pobres. 2. Se necesita una reforma de la ley de quiebras para permitirles a los propietarios amortizar el valor de sus hogares y quedarse en sus casas. 3. El gobierno podría asumir parte de una hipoteca, aprovechando sus costos de endeudamiento más bajos.

Por el contrario, la estrategia del secretario del Tesoro, Henry Paulson, es otro ejemplo del tipo de juego de triles que llevó a Estados Unidos a este caos. Los bancos de inversión y las agencias de calificación de crédito creían en la alquimia financiera -la noción de que se puede crear un valor significativo reorganizando los títulos valores. La nueva visión es que el valor real se puede crear desorganizando los títulos valores -sacando estos activos del sistema financiero y entregándoselos al gobierno. Pero eso requiere pagar de más por los activos, cosa que beneficia sólo a los bancos.

En economía ambiental, existe un principio básico: “quien contamina paga”. Es una cuestión de equidad y eficiencia. Wall Street contaminó a la economía con hipotecas tóxicas. Ahora debería pagar por la limpieza.

Existe un creciente consenso entre los economistas de que cualquier rescate basado en el plan de Paulson no funcionará. Si fuera así, el gigantesco incremento en la deuda nacional y la comprensión de que ni siquiera 700 mil millones de dólares alcanzan para rescatar a la economía norteamericana erosionarán aún más la confianza y agravarán su debilidad.

Pero resulta imposible que los políticos no hagan nada en una crisis de esta naturaleza. De modo que tal vez tengamos que rezar para que un acuerdo redactado con la mezcla tóxica de intereses especiales, mal manejo económico e ideologías de derecha que produjeron la crisis de alguna manera produzca un plan de rescate que funcione -o cuyo fracaso no cause demasiado daño.

Poner las cosas en orden -lo que incluye un nuevo sistema regulatorio que reduzca la posibilidad de que vuelva a producirse una crisis semejante- es una de las muchas tareas que le quedarán a la próxima administración.

Joseph E. Stiglitz, profesor de Economía en la Universidad de Columbia, y ganador del Premio Nobel de Economía en 2001, es autor, junto con Linda Bilmes, del libro The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict. Copyright: Project Syndicate, 2008. http://www.project-syndicate.org Traducción de Claudia Martínez

http://www.reforma.com/editoriales/negocios/464/927829/

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