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Archivar como 29 noviembre 2008

Traducido por  Traducido por Gorka Larrabeiti

Los estados occidentales enseñan sus músculos cuando se trata de imponer a los ciudadanos las reglas de un orden público cada vez más rígido. Lo hacen bajo el estandarte de la ideología penal de la “Tolerancia cero”, que se ha afirmado en los EE.UU., y que después se ha difundido rápidamente en muchos países occidentales por la deriva de la globalización. Como objeto de un minucioso control del territorio y de una represión inflexible se toman comportamientos marginales, aún los de más leve entidad, de personas que no se adecuan a los modelos del conformismo social. Esta es la tesis que sostiene y documenta Lucia Re en Carcere e globalizzazione. Il boom penitenziario negli Stati Uniti e in Europa [Laterza, p. 212, €18]. Gran Bretaña y sucesivamente otros países europeos están abrazando la ideología de la “tolerancia cero” según una tendencia de rápido aumento de la población carcelaria: en Italia, en pocos años, se ha pasado de una media estable de 40-45.000 detenidos a los 56.000 de principios de 2005; en Gran Bretaña, en 10 años, de 50.000 a 76.000.

EE.UU. goza hoy de una primacía planetaria: desde 1980, la población penitenciaria se ha triplicado con creces, hasta llegar a 2.130.000 detenidos a mediados de 2004. El porcentaje de detenciones es el más alto del mundo: 726 encarcelados por cada 100.000 ciudadanos, 7 veces más que en Italia. Datos aún más relevantes si se considera que en EE.UU. los detenidos son sólo un tercio de la población sujeta a sanciones penales: más de 4 millones están sometidos a medidas cautelares como la libertad condicional y la libertad vigilada, lo que eleva a unos 6 millones y medio el número de personas que sufren alguna forma de tratamiento penal.

Estas cifras muestran como al proceso de globalización le corresponde, en EEUU, así como en la mayoría de países occidentales, una transformación no sólo de la política penal sino de las propias funciones del Estado. El control social se ha convertido en la función principal asignada por los procesos de globalización a las autoridades políticas de los Estados, y dicho control se practica como represión policial hacia quienes pertenecen a categorías sociales consideradas estadísticamente marginales. Cabe subrayar el hecho de que no existe ningún vínculo demostrable entre expansión de la población carcelaria y aumento de la criminalidad. En EE.UU., en concreto, la comparación entre porcentajes de criminalidad y aplicación de medidas penales inspiradas en la “tolerancia cero” no ofrece ningún resultado persuasivo.

En realidad, la administración penitenciaria tiende a ocupar el espacio que ha dejado la desmovilización de amplios sectores políticos y socioeconómicos del Estado del Bienestar. Con un drástico pasaje de una concepción “positiva” de la seguridad –como prevención colectiva de los riesgos y como solidaridad social- a una concepción “negativa” de la seguridad, entendida como tutela policial de la incolumidad individual.

Para Loïc Wacquant, desregulación económica e hiperregulación penal proceden juntas: la desinversión social supone y provoca la super-inversión carcelaria, único instrumento capaz de hacer frente a a los conflictos causados por la demolición del estado social y la inseguridad material que se difunde en los estratos inferiores de la pirámide social.

Añádase a todo ello la tendencia en EE.UU. a la privatización de las cárceles, el así llamado correctional business, cuyo volumen de negocio ha registrado un crecimiento exponencial y cuya estructura ha adoptado las características de una “multinacional de las rejas”, al difundirse por Gran Bretaña, Australia, Israel y Chile. En los institutos penitenciarios privados de EE.UU. -cuyo número crece, muchos de los cuales cotizan en bolsa- hay 300.000 detenidos entre rejas, alrededor de un quinto de la población carcelaria global. La lógica de esta empresa económica es obviamente la ganancia, lo que incide en buena medida en la calidad del tratamiento: se puede considerar prácticamente abandonado el modelo de cárcel en cuanto lugar de “reeducación” y socialización, ya no sólo de segregación y limitación de las libertades. Y es que este modelo está en crisis actualmente en todo el mundo occidental. Las razones principales son la masificación, la congestión, la aglomeración, la escasez de recursos para las actividades de socialización y la parálisis de la actividad laboral. En Italia, por ejemplo, los reclusos, hacinados en celdas ruinosas, sin calefacción y mal iluminadas, disponen de una media de no más de 2 o 3 metros cuadrados por cabeza. Suelen tener que conservar indumentaria y objetos personales dentro de cajas de cartón en el suelo, donde ponen también los colchones. Las actividades colectivas son escasas, las relaciones con el exterior dificultosas, la comunicación entre el personal penitenciario y los detenidos extranjeros resulta impedida por la ausencia de intérpretes o de conocimiento lingüístico. Son especialmente duras las condiciones de vida de los enfermos de SIDA, toxicómanos y extranjeros extracomunitarios. Un componente aflictivo que no se ha de pasar por alto es la abstinencia sexual, fuente de violencia y distorsiones psico-sexuales. Si se añaden la degradación del ambiente, la mala calidad de la comida y lo difícil que es curarse, se entiende por qué en las cárceles italianas (y europeas) crece constantemente el porcentaje de autolesionismo, intentos de suicidio y suicidio.

Tanto en EE.UU. como en Europa se puede imputar a la institución penitenciaria una doble irracionalidad: es irracional no sólo respecto al fin reeducativo, sino también al control de la marginalidad y de la garantía del orden público. La cárcel es simplemente un lugar de aflicción –algunas veces de pura y dura tortura física y psíquica- y de violación de los derechos de los reclusos. Funciona como un lugar de autoidentificación referencial y profesionalización del detenido. Alimenta subculturas marginales, asigna identidades imborrables a quien atraviesa sus umbrales por poco tiempo que sea. A todo ello se le añada su carácter inicuo, pues, hoy como ayer, no ha cambiado y sigue siendo un lugar reservado esencialmente para las capas más débiles y pobres de la sociedad.

El difuso fervor justicialista que hoy exalta las virtudes terapéuticas de la cárcel ( hasta las de la pena de muerte) y aplaude la política represiva de la “tolerancia cero” no corresponde en absoluto a una solicitud de racionalización del tratamiento de la marginalidad. Al contrario, en el fondo, lo que hay es una nueva inseguridad, y una nueva demanda acuciante de protección. Junto a extensos procesos de marginación social, discriminación racial y empobrecimiento colectivo, crecen miedos irracionales que emergen de nuevo en un mundo menos simplificado por las ideologías y por las creencias religiosas, y, al tiempo, más complejo, turbulento y dividido: el mundo de Guantánamo, Abu Ghraib y la globalización carcelaria.

http://www.tlaxcala.es/pp.asp?lg=es&reference=532

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Hoy no compro nada

Una estampida de consumidores ávidos por hincarle el diente a las rebajas en el estado de Nueva York ha causado la muerte este viernes a un dependiente de los grandes almacenes Wal-Mart. El hombre, de 34 años, pereció pisoteado a las cinco de la mañana, después de que un millar de personas arrancara las puertas de un comercio donde hoy, al igual que en todo Estados Unidos, se inauguraba la temporada de rebajas en medio de la peor crisis del último siglo.

Pero son excesos tan escalofriantes como éste los que parecen cargar de razón a los organizadores del Buy Nothing Day (Día de no comprar) que hoy se abstendrán de gastar dinero como llamada simbólica hacia un cambio de actitud vital. El viernes posterior a Acción de Gracias, día en el que arrancan las rebajas en Estados Unidos, es el escogido anualmente desde mediados de los noventa para invitar a ‘la abstinencia’. La convocatoria se traslada a mañana para el resto del planeta.

¿Es posible renunciar durante un día al ir de compras? Se trata de un acto simbólico pero detrás de esta decisión, subyace toda una filosofía que urge a cambiar el mundo. Con las hipotecas y los despidos pisándole los talones a gran parte de la población occidental, este año salir de compras navideñas no será precisamente el deporte más practicado. Pero más allá de la crisis, hay quien piensa que el consumismo desmedido en el que nuestro planeta lleva inmerso desde la mitad del siglo XX no sólo es malo para el bolsillo sino para el planeta y el espíritu. “Este año es particularmente significativo porque la crisis económica es tan grave y afecta directamente a tantos países que la gente está empezando a hacerse preguntas. ¿Es necesario seguir alimentando la cultura del consumo sin límite? ¿Va a poder soportarlo el planeta? Por primera vez parece que el motivo de la crisis ha sido precisamente el exceso de consumo y eso está obligando a la gente a reflexionar” afirma Kalle Lash, director de la revista Adbusters, una publicación canadiense que analiza tendencias desde un punto de vista crítico, obliga a pensar desde perspectivas ecológicas e invita al cambio de actitudes hacia el consumo. Desde Adbusters comenzó a promoverse la convocatoria del Buy Nothing Day en 1994, aunque la iniciativa no partió de la revista sino de un hombre en crisis económica: Ted Dave.

Los orígenes del ‘Buy Nothing Day’

Este diseñador gráfico canadiense, en pleno ataque de frustración por el encarecimiento de la vida, empapeló Vancouver en 1992 con carteles convocando al Día de no comprar nada, una idea que se le ocurrió a modo de broma pero cargada de sentido. Su objetivo era invitar al boicott del comercio durante 24 horas “porque todo a nuestro alrededor está concebido para incitarnos a consumir y ya no podía más”. Era además una forma de enviar una señal a los popes de la economía, advirtiéndoles de que el verdadero poder económico está en manos de la gente. “La idea de votar con tu dinero es una forma apolítica de buscar soluciones a un problema político” explica Dave en su web.

Dave colaboraba con la revista y su redacción recogió el testigo. “Al principio los seguidores de esta convocatoria eran fundamentalmente ecologistas radicales que consideraban que el exceso de consumo era negativo para el planeta. Pero a finales del milenio se empezó a unir gente con una base más filosófica, ciudadanos saturados por el bombardeo de mensajes destinados a estimular el consumo y que se unieron al Buy Nothing Day para decir ‘no puedo más’. Después del 11S adquirió una dimensión más política: los atentados demostraron que las diferencias económicas son demasiado extremas y ya no son sostenibles y eso hizo que más gente se uniera a la convocatoria. Además hay budistas, católicos, cristianos… todas las religiones predican contra la avaricia y la acumulación de bienes materiales así que el mensaje del Buy Nothing Day lo entienden muy bien”.

Actualmente la revista Adbusters tiene ‘alistados’ 80.000 culture jammers (complicadores de cultura) en todo el mundo. “El culture jammer es una persona que entiende que el consumo tiene una parte oscura, que considera que el humor es una parte muy importante para subrayar temas que nos preocupan y que participa activamente en esta convocatoria u otras relacionadas” explica Lash.

La convocatoria

Desde la web de Adbusters se centraliza una convocatoria que extiende sus tentáculos por todo el mundo y que incluye desde flash mobs de gente vestida de zombi ejerciendo de muertos vivientes en supermercados con carritos vacíos a largas colas falsas en cajeros automáticos. En Nueva York uno de los protagonistas de las celebraciones de hoy será el Reverendo Billy, fundador de la Church of Stop Shopping (Iglesia del ‘No compre más’), un veterano grupo teatral que mezcla la comedia, la música y la información con el objetivo de concienciar al mundo de la necesidad de buscar alternativas al consumismo actual. Él crítica la invasión de cadenas multinacionales como Starbucks y predica por una vuelta al consumo directo, a una escala más local como única forma de sostenibilidad del planeta.

Sobre él ya se han hecho varios documentales, incluído What would Jesus buy? que produjo Morgan Spurlock, director del célebre documental anti fast-food Super Size Me. El reverendo Billy ha encabezado algunas de las manifestaciones recientes celebradas en Wall Street contra el rescate gubernamental de los bancos estadounidenses en quiebra y hoy invita a bailar gratis a los neoyorquinos en un parque donde repartirá exorcismos para tener una navidad ‘libre de deudas’. Más allá de la parte lúdica de su campaña, el reverendo, cuyo verdadero nombre es Bill Talen, no habla en broma: “El rescate de los bancos ha sido como ir a comprar a la fuerza. Han utilizado nuestro dinero pero nosotros no hemos tenido alternativa. Los bancos y empresas han convencido al gobierno de que hay que salvar su economía a toda costa. Pero yo quiero una economía diversificada, donde las cuentas saneadas de una economía local no tengan necesariamente que reflejarse en las cuentas de Wall Street. Ir de compras aumenta el conformismo. Y hoy es importante subrayar que no todos los ciudadanos estamos de acuerdo con esta cultura del gasto”. Sin duda, el hombre que pereció hoy bajo la estampida de consumidores de Wal-Mart le daría la razón.

http://www.elpais.com/articulo/economia/Hoy/compro/nada/elpepueco/20081128elpepueco_16/Tes

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Humorismo (involuntario) político

10.- La sirvienta usa una Hummer para ir al mercado.
9.- El triciclo de sus hijos está blindado.
8.- Cuando saca a pasear al perro al parque, cuatro patrullas cierran las calles.
7.- Se espanta las moscas con una AK-47.
6.- Su piyama es de kevlar y tiene bordadas en oro sus iniciales.
5.- Su chef es un sinaloense de 2 metros de alto, 122 kilos de peso, tatuajes en los brazos, corte de cabello militar y cara de pocos amigos.
4.- A la fiesta de su hijo llegaron los payasos… ¡con todo y circo!
3.- Cuando tu perro se comió sus rosas, no lo volviste a ver.
2.- Le encanta escuchar narcocorridos… ¡que hablan de él!
1.- La última vez que lo viste fue en el noticiario de la noche rodeado de AFIS.

http://www.reforma.com/blogs/dant/

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“¿Quieres ver a la familia anglosajona blanca protestante en su hábitat tradicional?”, fue la invitación a una cena tradicional de Thanksgiving Day o Día de Acción de Gracias que se celebra como día festivo nacional cada año el último jueves de noviembre, cuando supuestamente se reúnen familias y amistades y ofrecen gracias por todo.

Es un ejercicio curioso que combina el patriotismo con la religión, algo tan “estadunidense” como el 4 de julio (Día de la Independencia), donde casi todos se sientan a una cena en torno al pavo como platillo central. Y como parte del rito oficial, hoy el presidente George W. Bush perdonó la vida no de uno, sino de dos, guajolotes, Pumpkin y Pecan, “a quienes por este acto les es otorgado un indulto presidencial pleno e incondicional”.

Posteriormente los dos pavos fueron trasladados de la Casa Blanca a Disneylandia, donde Pumpkin fue el Gran Mariscal del Desfile del Día de Acción de Gracias, y las dos aves, informó Bush, vivirán el resto de sus días en “el lugar más feliz del mundo” (el eslogan de Disneylandia). “Más que nada, doy gracias al pueblo estadunidense por el tremendo privilegio de servir como presidente”, declaró Bush en su último acto oficial de gracias.

Ese pueblo ahora está sufriendo la peor crisis desde la Gran Depresión.

Hoy, millones de familias tendrán mucho menos por lo cual dar gracias que el año pasado. Hay 3 millones de desempleados más que hace un año (casi 10 millones en total), y las cifras de pobreza: gente sin seguro médico, millones que han perdido sus viviendas por la crisis hipotecaria y jubilados que han perdido sus pensiones se multiplican cada día.

Hoy, día del gran banquete, más de 36 millones de estadunidenses padecen hambre, un incremento de más de 3 millones desde 2000, reporta el Food Research and Action Center en Washington de acuerdo con los datos oficiales más recientes registrados antes de estallar la crisis actual. Jim Weill, de ese centro dijo que hay 3 millones personas más solicitando asistencia alimenticia federal hoy que hace 15 meses. Y las organizaciones caritativas que ofrecen alimento a los pobres informan de incrementos dramáticos en la gente que busca ayuda.

El menú tradicional de la cena delata sus orígenes: pavo, camotes, pan de maíz, salsa de arándano y pay de calabaza, entre otros, son todos alimento tradicional de los indígenas de América del Norte. Y ahí se revela la historia casi siempre oculta de este día feriado.

Según el cuento oficial, los primeros europeos –los Pilgrims– celebraron en 1621 en Plymouth su primera cosecha exitosa y con ello el inicio de su estadía permanente en el nuevo mundo. Sobrevivieron gracias a la solidaridad de los indígenas y a veces la imagen del primer Día de Gracias incluye una imagen con la presencia de líderes indígenas Wampanoag en la cena.

Día Nacional de Luto

De cierta manera, esta tradición también marca algo así como la “Última cena” de los indígenas. Es un hecho que en 1637 el gobernador de Massachussets John Winthrop proclamaba gracias por la masacre de cientos de hombres, mujeres y niños del pueblo indígena Pequot, en lo que sería el inicio de un genocidio que acabaría con más de 95 por ciento de los indígenas de Estados Unidos durante las siguientes décadas, recuerda Robert Jensen, profesor de periodismo de la Universidad de Texas en un ensayo publicado por Alternet.

“Puesto de manera simple: el Día de Acción de Gracias es el día en donde la cultura blanca dominante (y tristemente la mayoría de la población no blanca, pero no indígena) celebra el inicio de un genocidio que fue, de hecho, bendecido por los hombres que elogiamos como nuestros heroicos padres fundadores”, escribió Jensen.

Es por esto que en cada Día de Acción de Gracias, algunos indígenas y sus aliados han celebrado, desde 1970, un Día Nacional de Luto.

Las familias por todo el país, incluyendo las anglosajonas protestantes blancas, darán gracias al festejar este día. Otros, especialmente los millones que acaban de perder su empleo y los que padecen hambre en el país más rico del mundo, podrán soñar que algún día serán indultados y enviados por el resto de sus días al “lugar más feliz del mundo”.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76699

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Cada Navidad, con anuncios televisivos, nos piden cuidar nuestro aguinaldo, este año espero que la campaña sea mayor.

Como madre de familia me siento en la obligación de cuidar el gasto de mi hogar, a menos de un mes de las fiestas navideñas, mi preocupación va en aumento, por un lado pienso si no gasto “el mercado” (el empleo) se verá disminuido, y por otro lado pienso en el próximo año, si gasto ahora en lugar de ahorrar no podré tener dinero para un imprevisto.

Pues bien lo he pensado mucho, y he decidido hacer los regalos más austeros y mexicanos que pueda ¿Cómo? Bueno lo primero es hacer una lista, a quien le debo de regalar, a mis hijos por supuesto, a mi mamá, a los sobrinos pequeños, uf, por suerte son solo dos a los que veo en esos días.

Pero esto regalos los haré con conciencia, me fijare en las etiquetas, compraré productos mexicanos, de eso se trata de conservar el mercado interno, y los empleos de los mexicanos, más me vale cuidar que mi vecino tenga trabajo. Así que me fijare muy bien que diga Hecho en México.

Seguramente me costará más tiempo el ir a buscar artículos que no sean chinos o de otra parte, pero no importa invertiré mi tiempo y seguramente encontraré artículos mexicanos de buena calidad, espero que a buen precio.

Mi segundo propósito es evitar esas comidas con mis amigas antes de Navidad, el clásico nos vemos en el Restaurante tal, me imagino el precio del desayuno o de la comida, ¿no es mejor juntarnos en una casa y cada una llevar un platillo?

Yo las comprendo, ellas, al igual que yo, están cansadas de cocinar todos los días para la familia y necesitamos salir unas horas a respirar aire, contarnos sobre nuestros planes y que haremos en Navidad, ¿Con tu suegra o con tu mamá? ¿No puedes salir a la playa este año? ¿Cuál es el último juego de Xbox? Y cosas así, que solo implican que nos preocupemos más de cómo haremos para estirar el aguinaldo este año.

Me opongo a esta clase de platicas, le diré que es en una casa o no puedo ir, y claro si asisto les participaré de mi idea de regalar pequeños artículos mexicanos. Debo de aprender a comprar esta navidad, nada de rebajas o ventas nocturnas a 18 meses, eso no me da la garantía que podré pagar mi tarjeta de crédito dentro de unos meses, o en el mejor de los casos en lugar de pagar lo que compre a 18 meses, lo compraré en comida y artículos de uso domestico.

Esta navidad viene muy fría, fría climáticamente, pero también en cuanto a la emoción programada del consumo, seamos consientes de esto, el próximo año pinta peor, preparémonos para no gastar cosas superfluas, y recordemos que ahora podemos regalar una cobija para los niños de los lugares marginales, ellos tendrán más frío que nuestro bolsillo. Y enseñemos a nuestros hijos a consumir con cuidado, dejemos esa semilla en ellos, este mundo se ha dejado llevar por el consumo, yo he sido una consumidora desmedida, lo acepto, pero el día de hoy hago mi propósito de enmienda. “No Al Consumo Desmedido”

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Karen Blixen

Isak Dinesen es el nombre literario de la escritora danesa Karen Blixen, autora del libro autobiográfico África Mía, el hermosísimo relato El Festín de Babette y de otros espléndidos libros de relatos. Como menciona en su autobiografía, la baronesa Blixen se fue a África, donde durante muchos años manejó una granja donde se cultivaba café. Cuando ésta quebró, regresó a Dinamarca y, para ganarse la vida, se dedicó a lo único que sabía hacer bien: escribir. Ya famosa, dejó su país y se fue a vivir a Nueva York, donde se convirtió en una viejita arrugada, brillante y sarcástica.

Carson McCullers, por su parte, publicó en los años cuarenta, cuando tenía apenas veintitantos años, una serie de novelas que mostraban su enorme talento narrativo: El corazón es un cazador solitario, La balada del café triste, Frankie y la boda, Reflejos en un ojo dorado, libros que rápidamente la convirtieron en una enorme promesa literaria.

Sus personajes, adolescentes atormentados por la soledad, con un profundo sentido de la compasión, marcaron a una generación y prefiguraron a Holden Caufield, el personaje principal de El guardián entre el centeno, la extraordinaria novela de J. D. Salinger publicada en la década de los 50.

El libro más querido de Carson McCullers era África Mía, de la baronesa Blixen. Lo leía sin fallar cada año, y encontraba en él aliento y fortaleza moral en momentos difíciles. De ese libro escribió: “Gracias a África Mía, en el que resplandecía toda la humanidad que había en la baronesa Blixen,a través de ese inmenso y trágico continente, su gente fue mi gente, su paisaje mi paisaje”. Cuando se volvió famosa, Carson, al enterarse de que su admirada baronesa vivía en Nueva York, buscó la manera de establecer contacto con ella. Tenían un amigo común: el dramaturgo Arthur Miller, marido por aquel entonces de Marilyn Monroe, que acababa de filmar “Los caballeros las prefieren rubias”.

Como resultado de las gestiones de Miller, un día fueron a comer a la casa de Carson McCullers la baronesa Blixen, Marilyn Monroe y Arthur Miller. Difícil de imaginar tres mujeres tan distintas y, sin embargo, tan fascinantes. La baronesa, siempre fuerte, con un espíritu aventurero que la llevó a adentrarse en el África; Carson McCullers, siempre débil, retratando con maestría la soledad de los seres humanos, y Marilyn Monroe, el símbolo sexual de una época, condenada no obstante, a la búsqueda infructuosa de un amor verdadero.

Judith Thuman, la biógrafa de la baronesa, citada por Josyane Savigneau, la biógrafa de Carson McCullers, señala: “Hacia el atardecer, Carson McCullers parece que puso un disco e inventó a Marilyn y a la baronesa a bailar con ella sobre la mesa de mármol, y las tres dieron unos cuantos pasos cogidas de los brazos”. Así podemos imaginar en esa cena excepcional, a Carson McCullers, la frágil flor sureña, a la baronesa Blixen, una especie de bruja sabia, más allá del bien y del mal, y a Marilyn, el sueño hecho mujer.

http://www.palabra.com/editoriales/nacional/436/870396/default.shtm

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