En la tragedia griega la catástrofe llega a los personajes de fuera, no de su naturaleza moral. Pero en Macbeth, Las Brujas pueden engañarlo con la verdad, porque él ya está turbiamente ávido de poder. Lo perdió la ambición, enseña la obra del gran Shakespeare, que asoma a cada paso de todo hombre en toda civilización y en todo tiempo, en toda expresión humana. Como la tragedia política que se cierne sobre el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, con su cabeza bajo la cuchilla, víctima de su propio ardid, quien encaminó entre grilla y grilla sus pasos de forma directa al desastre, como actor del dramaturgo inglés, mientras alguien que puede o no ser la bella Purificación Carpinteyro (nombre shakesperiano) preparaba el cesto para su ahora ex jefe debajo de la guillotina.
En la literatura los personajes viven o mueren de forma permanente. Emilie perece desnucada, así sea por un destino injusto, porque Moravia escribió ese desenlace para su novela El desprecio. En la banal tragedia política de estos días, Téllez tiene las horas contadas en el gabinetazo versión recargada. Quizá sobreviva el mismo tiempo que su compañero Gerardo Ruiz Mateos, secretario de Economía que no quiso dejar pasar la oportunidad de brillar en sociedad y decidió, en París, convertirse en un seudopersonaje de Molière.
Porque si los parlamentos de El médico a la fuerza serán hilarantes de por vida, los de Ruiz Mateos sólo deben haber desatado risas de quien le carga el portafolios. Su desplante sobre el desempleo y, peor, sobre el riesgo de un narcopresidente, lo puso en las primeras planas de los periódicos por vez primera… y al parecer última. Su efímera celebridad es a la vez su condena.
¡Qué cercanos parecen los días de Fox y su gabinetazo! Porque hace apenas un mes Calderón presumía en Davos (donde no iba a desperdiciar el foro y compartió escenario con Zedillo en el sketch “No traigo cash”) que tiene uno de los mejores equipos económicos del mundo, pero sucede que el titular del ramo hace su numerito en Francia, el de Comunicaciones y Transportes está en el cadalso por el entramado que generó sin antes checar micrófonos y el de Hacienda sale regañado por Carlos Slim debido a sus enfrentamientos con el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, a propósito del porcentaje que perderá el valor de la economía este año.
En el gabinetazo reloaded no se quedan fuera los secretarios de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, y Turismo, Rodolfo Elizondo, ambos con discurso propio de egresados del Centro Fox, quienes no entendieron que su jefe criticó el catastrofismo, pero en relación con la crisis, no con la narcoemergencia en curso. Cuando les avisaron a qué se refería el Presidente, ya el consenso es que ni quién extrañe a Pedro Cerisola y sus encuestas a patos, a Sari Bermúdez y Guido Belsasso, a Martita y sus hiperactivos hijos, a Rubén Aguilar y sus puntuales aclaraciones.
Esa ceguera macbethiana que parece conducir a los políticos en desgracia, quizá ahora más a Téllez que a cualquiera, la explica mejor Schopenhauer, para quien somos a un tiempo el títere y quien mueve los hilos. Todo acaba reduciéndose, dice su traductor Roberto Rodríguez Aramayo, a un complejo reparto de papeles escénicos, sea tragedia, sea comedia, y nos limitamos a interpretar al personaje que nosotros mismos hayamos escrito en cuanto dramaturgos. Pero el secretario no contó conque alguien grababa los diálogos de su puesta en escena personal. Y como último acto, en homenaje a Kamel Nacif y su “góber precioso” Mario Marín, Javier Lozano, secretario del Trabajo, abanderilla con un “Querubis” al vapuleado Téllez. Cae el telón.
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