Vuela como pato, camina como pato, nada como pato, grita como pato, aunque la autoridad diga que es gorrión y que es imaginación calenturienta de la gente ver un pato donde sólo hay un gorrión. Lo mismo dijeron en 1988 cuando el asesinato de Ovando y Gil, que eran los responsables de llevar el cómputo paralelo por parte del Frente Democrático Nacional para la elección federal en la que oficialmente ganó Carlos Salinas: había sido, según la autoridad, un asalto callejero de los muchos, que, por casualidad, ocurrió en la víspera de la elección.
También en Colombia un asesino solitario mató en 1949 a Jorge Eliézer Gaitán, el popular candidato presidencial que había prometido la reforma agraria y que pocos días después iba a arrasar en la elección: 60 años de guerra civil.
Ahora resulta que el Gabinete de Comunicación Estratégica lleva a cabo una encuesta y, gran sorpresa, resulta que de los jóvenes de menos de 30 años: 8 de cada 10 recuerdan bien al Luis Donaldo Colosio, asesinado hace 15 años en plena campaña por la presidencia de la República; y del total de los encuestados, sólo el 0.7 por ciento cree la verdad oficial de que fue un asesino solitario, sin autores intelectuales, quien lo mató.
No puedo evitar mencionar de nuevo lo que Miguel de la Madrid le contestó a Martha Anaya: “Mire, a mí me parece que el PRD está mal, que no hay que dejarlo llegar; y lo sigo pensando. Vea usted la lata que da López Obrador”. Democracia acotada.
Porque no se trata de partidos políticos o de líderes personales. Los partidos políticos son sólo vehículos de los proyectos de los ciudadanos. Ya hemos visto en la historia reciente cómo el PRI, el PAN y el PRD han sido asaltados por dentro, los tres y cada uno de los tres, y han cambiado radicalmente de los propósitos originales de sus fundadores y de sus bases.
Y claro se ve que han destruido uno tras otro para que no haya un solo partido que hoy pueda ser vehículo respetable para el arribo al poder ejecutivo del proyecto nacional de la mayoría real de los ciudadanos, que es el proyecto de nación de los constituyentes.
Tampoco es un asunto de líderes personales. Lo voy a decir con todo respeto: Cuauhtémoc Cárdenas, Luis Donaldo Colosio y Andrés Manuel López Obrador podrían muy bien nunca haber nacido, que en nada se reduciría la aspiración nacionalista y revolucionaria de una mayoría nacional, que aspiró, y sigue aspirando, a una sociedad sin castas, una sociedad donde haya realmente educación gratuita, de verdad gratuita, para acercarse a la igualdad de oportunidades.
Mayoría nacional que quiere una sociedad donde todo el mundo cuente con un trabajo dignamente remunerado y con seguridad social; y no un salario mínimo de 54.80 y el 56 por ciento de los empleados fijos excluidos del seguro social (y sólo 14 millones de trabajadores en el IMSS); más 2 millones 400 mil desempleados.
Mayoría que aspira a una sociedad donde los hidrocarburos y demás recursos naturales sean propiedad de la nación y en su beneficio; donde los campesinos no sólo estén liberados, sino incentivados para garantizar la seguridad alimentaria, sin tener que exiliarse; donde se respete el estado laico para garantizar la libertad religiosa y la libertad de expresión; donde los niños marginados no se tengan que morir a razón de 19 por cada mil nacidos (en promedio nacional) por falta de centros de salud y de médicos; donde el estado cobre, para ello, los impuestos a quienes más tienen y no al revés: imponiendo IVA a alimentos y medicinas y devolviendo a los grandes consorcios privados 680 mil millones de pesos y desangrando a Pemex.
Ese es el programa que la gente quiere y que un poder, más arriba de Carlos Salinas, de Diego Fernández de Cevallos y de Felipe Calderón, está decidido a no permitir que llegue al gobierno electo democráticamente. A como dé lugar. Nos quieren entorilar a un bipartidismo de alternancia sin verdadera democracia, donde la opción popular no tenga cabida.
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