Los truenes siempre me han parecido como el paso de la muerte, desde que te cae el veinte que tu pareja ya no te parece tan encantador y maravilloso como antes, hasta la manera en que se va transformando el sentimiento de una gran pasión, amor y ternura, hacia una inminente intolerancia. Lo que antes nos parecía gracioso, poco a poco se torna insoportable. Dentro del periodo en que dos personas están juntas se pueden dar muchas etapas, la cuestión es que llega un punto en el que uno o los dos decidan parar, y seguir adelante con sus vidas por separado.
Sin embargo, razones para tronar hay tantas como parejas, y tipos de éstas en el mundo. No siempre los truenes tienen que ser porque los involucrados ya no se puedan ver la cara, ni tampoco por problemas que no se puedan arreglar, por una infidelidad, o por desamor. A veces los noviazgos se rompen porque quizá desde un principio no se debió entablar una relación, y llega un momento en que, aunque la lleven muy bien y se quieran, la situación para las dos personas empieza a tener un costo emocional que quizá al principio no alcanzaron a ver. Y aunque sí lo hayan visto venir, la emoción por vivir la experiencia era mucho más intensa que lo que se pudiera dar por consecuencia. Asumes lo que se pueda desencadenar y responsable o irresponsablemente, se dejan ir.
Se dan casos en que de la nada, dos personas que nunca debieron conocerse siquiera, se encuentran, y comienzan a experimentar una atracción inusual que no entienden por qué es, pero se da. Poco a poco van conectando a través del diálogo, y más si hay una atracción sexual como tal, el estar juntos saca lo mejor de sí mismos, lo cual provoca que se sientan bien cuando están cerca. Supongo que va más allá de que las personalidades se caigan bien, es algo más profundo como una empatía desde el espíritu. Asimismo, la energía sexual empieza a abarcar espacio en la mente y en el cuerpo, hasta que llega el momento de traspasar la línea y consumar la pasión. Cuando sucede, resulta que no sólo hay una gran conexión en la esencia de estas dos personas, sino que también sus cuerpos se entienden a la perfección.
Por supuesto, que si desde el principio la conexión y la atracción se dieron de manera natural, es bastante lógico que con el paso del tiempo se incremente hasta llegar al punto de no poderse dejar.
Sin embargo, la situación fuera del idilio puede que no sea la más conveniente. Estas dos personas tienen una vida hecha antes de haberse conocido, cuestiones que son mucho más poderosas que el deseo por estar unidos. Los impedimentos son reales y por más que se quiera estar con la persona, la conciencia gana y cada quien tendrá que regresar a su camino.
La separación entonces se da por amor. Si las cosas no favorecen para que estas dos personas estén juntas, y por forzarlo, se genera una inquietud mental por el posible daño que se pueda dar alrededor de sus vidas, pues sí, la solución es separase, ni modo. Dejarse antes de que se arme un zafarrancho que perjudique a más de dos. Porque se quieren se dejan antes de provocarse un daño involuntario.
Lo importante sería parar a tiempo y no permitir que se estire tanto la liga, hasta el punto de romperse, que cuando esto sucede, la consecuencia es que lo que antes era bonito y especial, se convierte en una obsesión, y de una amistad en el futuro, ya ni hablamos. El egoísmo entra en acción contra el sano juicio y el amor que se pueda sentir hacia la otra persona.
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