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Archivar como 26/04/09

¿Qué es una zoonosis?

Es toda enfermedad transmitida por insectos y animales (vectores) al ser humano, como es el caso del paludismo, dengue, influenza aviar o porcina, entre otras.

¿Qué es la influenza?

Es una enfermedad respiratoria aguda que resulta de una infección por el virus de la influenza, porcina en este caso. Es altamente infecciosa-contagiosa. Puede diseminarse de persona a persona y algunas cepas afectan con mayor severidad que otras.

¿Por qué se presenta la epidemia?

Ocurre en forma impredecible no siempre en invierno. Presenta una gran variación en severidad y mortalidad, patrón de presentación o edad.

El surgimiento rápido de casos es en un periodo breve, semanas; ocurre en brotes, las presentaciones subsecuentes suelen ser menos severas.

¿Cuánto dura?

Es impredecible; es claro que no se resuelve en horas, son semanas -no menos de siete días que es el periodo de incubación del H1N1 porcino.

¿Se puede vacunar a la población?

Es muy poco probable que esté disponible en esta etapa temprana una vacuna útil.

¿La vacuna de la influenza estacional provee protección ante esta epidemia?

No; sin embargo, puede atenuar el cuadro clínico de otros tipos de influenza.

¿Sirven los medicamentos antivirales?

Sí, previenen la reproducción del virus, acortan la evolución y disminuyen la hospitalización; para que sean efectivos deben tomarse en las primeras 48 horas de iniciados los síntomas.

El uso del oseltamivir 75 mg/12 horas en forma preventiva -quimoprofilaxis- está plenamente justificado. Debe usarse en población de riesgo en forma preventiva. La autoridad está obligada a hacer estudios de resistencia-sensibilidad del virus al fármaco.

¿La lección?, es impredecible.

¿Por qué?

Aún no es tiempo de evaluar lo sucedido, es tiempo de solidaridad, de acción y participación con las autoridades de salud del País.

¿Qué se está haciendo?

Ya se han dicho las medidas elementales; sin embargo, hay que entender a fondo el problema y no prestarse a la especulación.

El virus que en la actualidad nos está atacando no es un nuevo tipo de influenza “A” en humanos, es una nueva cepa del virus H1N1 del cerdo que en teoría era el vector hacia el ser humano. Hoy la grave evidencia demuestra la forma de contagio humano-humano; y esto debe decirse así, es una epidemia de influenza cuyo origen es el cerdo y se rompió la cadena tradicional de transmisión para afectar a la población mexicana en una proporción aún no medible.

Si bien en otros países se han presentado casos, como en Estados Unidos, en Centro y Sudamérica existe la sospecha de algunos casos fatales en niños. Esto no es hasta el momento una pandemia (miles de casos). Sin embargo, los estudios genéticos sugieren que el material proteico de este virus es de origen euroasiático, lo cual traduce que el problema de salud no es de este país solamente.

De acuerdo a las autoridades sanitarias de México, se ha formulado un plan de acción ante al epidemia de influenza, el cual debe darse a conocer, la población debe ser educada al respecto; la sociedad mexicana ha mostrado gran madurez ante otros infortunios. La historia nos ha enseñado que las epidemias se pueden presentar rápidamente con efectos devastadores, desabasto de insumos, ausentismo laboral, cierre de escuelas, y lo verdaderamente grave ver los servicios de salud insuficientes por la demanda desbordada en todos los niveles de atención. El manejo responsable de la información a la población en general y la capacidad de organización interinstitucional harán la diferencia entre la contención y erradicación de la epidemia con el menor daño posible.

Recordemos que en 2003 el SARS (Síndrome Agudo Respiratorio Severo) afectó a Toronto, Canadá, ciudad que permaneció aislada, con graves repercusiones sociales y económicas para ese país, la respuesta al control de la epidemia fue ejemplar, las decisiones tomadas en ese caso fueron las adecuadas. Es sabido que Canadá cuenta con un sistema de salud universal eficiente.

Tenemos excelentes instituciones e investigadores en México, es necesario en cada caso el diagnóstico confirmado por técnicas especiales, esto reducirá el uso de antibióticos, a su vez, acortará las admisiones hospitalarias, los tratamientos serán efectivos, más que el uso empírico de antivirales lo cual puede representar un costo de 5 a 15 veces más si no se realizan las pruebas ya validadas.

Recordemos que el H1N1 es el actor principal, sin embargo, hay comensales indeseables que están o pueden participar en forma inoportuna.

Por último, ¿qué debo hacer?

Reposo en domicilio.

Ingerir 50 por ciento más de líquidos que lo habitual.

No suspender el tratamiento si es portador de una enfermedad crónica.

Evite el uso de aspirina.

Redoble su higiene personal, lo cual requerirá el uso racional de agua y una política sobre el uso de ésta en el Distrito Federal y el Estado de México.

Busque el plan de acción que deberá publicarse, inscríbase en él.

Debe prestarse especial atención a los trabajadores de los rastros, empacadores y granjas porcinas.

La mayoría de las personas en buen estado de salud se recupera de la influenza sin complicaciones.

Fernando Cano Valle es especialista en enfermedades respiratorias y coordinador de la Cátedra UNESCO “Bioética y Medicina Clínica”. cavaf@servidor.unam.mx

http://www.mural.com/editoriales/nacional/478/955760/default.shtm

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En los meses de marzo y abril de 2009 se ha observado en México un aumento en el número de casos de influenza estacional (sobre todo en el DF, Estado de México y San Luis Potosí). Esta situación es inusual, ya que en años previos el pico de casos se ha presentado en diciembre.De acuerdo con los resultados de laboratorio, el virus circulante en México no es de influenza aviar; se trata del tipo de virus de influenza porcina que no se había presentado en México.  Además, se han presentado algunos casos de neumonía grave de rápida evolución en adultos en edad productiva.

Ante esta situación, el Sistema Nacional de Salud ha iniciado un operativo de vigilancia epidemiológica, prevención, promoción de la salud y control para mitigar la intensificación de la transmisión de influenza estacional.

Por esta misma razón, la recomendación es que no ingresen a zonas de alto riesgo, particularmente hospitales y centros de salud salvo en caso necesario, ni acudan a lugares muy concurridos.

Preguntas frecuentes:

¿Es lo mismo el resfriado o catarro común que la influenza?

No; aunque ambas son enfermedades respiratorias agudas y tienen síntomas comunes, el microorganismo que causa la Influenza es diferente al que causa el resfriado o gripe común.

¿Cuáles son los signos y síntomas de la influenza estacional?

El cuadro clínico de la influenza estacional presenta:

Fiebre alta de inicio súbito (generalmente más de 38° C)

Tos

Dolor de cabeza

Dolor muscular y articulaciones

Cansancio intenso

Ardor y/o dolor de garganta

Congestión nasal

En los niños se puede presentar nausea, vómito o diarrea más frecuentemente que en los adultos.

Es frecuente que se confunda al catarro común con la influenza. La siguiente tabla muestra las diferencias en cuanto a síntomas y signos, que existen entre ambas enfermedades.

¿Cómo se transmite?

Los virus de la influenza se diseminan al aire cuando un enfermo tose, estornuda o habla; en ocasiones cuando saluda y muy recientemente tuvo contacto con saliva o gotitas de fluido nasal; otras personas se infectan al inhalar ese aire contaminado con los virus. Al entrar los virus en la nariz, garganta y pulmones de una persona sana, comienzan a multiplicarse y posteriormente ocasionan los síntomas de la influenza estacional. Los virus también pueden diseminarse cuando una persona toca con los dedos un objeto contaminado con dichos gérmenes y luego se toca los ojos, boca o nariz.

Las personas enfermas pueden transmitir los virus durante varios días; los adultos pueden contagiar a otras personas después del primer día de haber comenzado con los síntomas y hasta durante siete días. Los niños pueden transmitir los virus incluso durante más días.

¿Cuál es el periodo de incubación?

Usualmente es de dos días, pero puede variar de 1 a 5 días.

¿Quiénes tienen más riesgo de enfermar de influenza estacional?

La influenza puede ser adquirida por cualquier persona, pero los niños menores de 5 años y los adultos mayores de 65 años tienen mayor riesgo de enfermarse y sufrir complicaciones. Las personas que trabajan en el área de salud, de turismo y escuelas también se encuentran en mayor riesgo.

¿Cómo se hace el diagnóstico de influenza?

El diagnóstico de influenza se sospecha con base en los hallazgos clínicos. El diagnóstico específico se basa en el cultivo viral de secreciones nasofaringeas obtenido dentro de los 3 días de iniciada la enfermedad, o por detección de anticuerpos séricos específicos.

¿Cómo se puede prevenir la influenza?

La vacuna de la Influenza es el mejor método preventivo. Sin embargo, recomendamos seguir las siguientes medidas generales:

1) Evitar cambios bruscos de temperatura.

2) Lavarse las manos con frecuencia en especial después de tener contacto con personas enfermas.

3) Evitar exposición a contaminantes ambientales y no fumar en lugares cerrados

y cerca de niños, ancianos y personas enfermas.

No debe modificarse el cuadro clínico ni enmascarar las pruebas virales con automedicación a base de antibióticos o antivirales autoprescritos. Es muy importante acudir al médico a tiempo, es decir, apenas inicien los primeros síntomas.

Esta forma de influenza tiene tratamiento con medicamentos a base de antirretrovirales.

Diferencias entre catarro común e influenza estacional:

Fiebre

Catarro común: Es poco frecuente en adolescentes y adultos; en los niños puede llegar hasta 39°C

Influenza: Generalmente mayor a 39 °C, pero puede elevarse hasta los 40° C, dura de tres a cuatro días

Dolor de cabeza

Catarro común: Raro

Influenza: Se presenta en forma brusca y es muy intenso

Dolores musculares

Catarro común: Leves a moderados

Influenza: Generalmente son muy intensos

Cansancio y debilidad

Catarro común: Leves a moderados

Influenza: A menudo son intensos y pueden durar dos o tres semanas

Postración

Catarro común: Nunca

Influenza: Es de inicio brusco y muy intensa

Congestión nasal

Catarro común: Es frecuente

Influenza: Algunas veces aparece

Estornudos

Catarro común: Frecuentes

Influenza: Algunas veces aparece

Ardor y/o dolor de garganta

Catarro común: A menudo

Influenza: Algunas veces

Tos

Catarro común: Tos leve a moderada

Influenza: Se presenta casi siempre y puede ser muy intensa

Complicaciones

Catarro común: Congestión nasal, dolor de oído

Influenza: Neumonía, que puede representar un riesgo para la persona

http://www.cnnexpansion.com/actualidad/2009/04/26/preguntas-frecuentes-sobre-la-influenza

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Una, dos, tres veces se escuchó: “¡aaatchuuú!”.

Había estornudado, como millones de personas, millones de millones de veces.

Pero, en este caso, ojos de expresiones desconfiadas, temerosas, acusadoras, se clavaron en ella, la chica que con el rostro enrojecido, turbada, intentaba sonreír, no lo logró. Era una mueca lo que se dibujaba en su rostro. Un hombre que caminaba en sentido contrario al de la chica, se apartó varios metros, la rodeó, la evadió.

Y es que ayer, quien estornudaba, o tosía, o se sonaba la nariz, como millones de personas lo hacen normalmente, millones de millones de veces, era considerado o podía sentirse sospechoso, sospechosa, de portar el virus, de ser un peligro, una amenaza andante..

Una escena en la urbe más grande del mundo.

No, no era una ciudad fantasma.

Pero en ella, por sus calles, caminaban a pasos apresurados, con cubrebocas, serios, demudados, los fantasmas del miedo o hasta del pánico, de la incertidumbre, de los más variados, desatados y contradictorios rumores.

Un día absolutamente distinto a todos.

Poca, muy poca gente, unos cuantos atrevidos en los restaurantes, en los centros comerciales, en los templos, en los parques, en los clubes deportivos.

Casi se agotaron los DVD’s en los Block- buster. Enorme la venta de películas o series en los comercios piratas. Ni una sola vacuna en una sola farmacia. Desde luego, casi imposible encontrar los pequeños y codiciadísimos pedazos de tela o algodón para cubrir narices y bocas , para —era el pensamiento general— proteger las vidas.

Temprano, en uno de los hospitales de lujo, en el sur de la ciudad, la actividad continuaba. Médicos, enfermeras, personal de limpieza y administrativo, todos con los rostros semitapados. Una sola persona acudía en esos momentos a que le sacaran sangre para que le hicieran estudios relacionados con otro padecimiento. “Tuvimos muchas cancelaciones, nunca había pasado. Ayer hablaron para cancelar, quienes lo hicieron, otros ni llamaron, no vienen, no vendrán. Los sábados tenemos lleno esto por la gente que viene a análisis para lo del colesterol por ejemplo, biometrías hemáticas”, explicaba una mujer tras el mostrador.

“Sí, hay aquí un par de casos, en terapia intermedia, aislados están, que podrían ser…podrían ser. Pero vino mucha, muchísima gente desde la tarde del viernes, en la noche y sobre todo en la madrugada de hoy al servicio de urgencias que decía tener los síntomas. En realidad, se trataba de la gripas convencionales, resfriados, o bronquitis, inflamación de vías respiratorias”, se animaba a platicar un internado, luego se retiraba sin despedirse de mano de quien le preguntó, tampoco hubo el habitual beso para su amiga, la joven que sí acudió a la cita.

Un día, en la ciudad de México, nunca imaginado ni por las mentes más fantasiosas, o pesimistas. Porque los besos, las risas, las bromas, la alegría, el relajamiento de los fines de semana se quedaron guardados, o fueron encerrados por la alarma, la precaución, el miedo.

Y flotaban en el viento caliente las preguntas sin respuesta. Las versiones sin fundamento conocido, de origen tan incierto como el mutante virus de la nueva y amenazadora clase de influenza.

“Dicen que no hay nada, que es lo mismo que cuando lo del chupacabras, que es para distraer a la gente de los problemas económicos y de la inseguridad”, sentenciaba con tono categórico el taxista.

“Es más grave de lo que dice el gobierno. pero ocultan cosas para no asustarnos”, aseguraba un asustado vendedor de frutas.

“Me contaba una vecina que su hijo le dijo que un amigo que está bien conectado le platicó que lo que pasó fue que los narcos soltaron una bomba de microbios, o de bacterias, o de virus y que por eso no quieren que salgamos de nuestras casas”, platicaba convencida una mujer madura afuera de una iglesia que estaba a punto de cerrar sus puertas.

Sábado Distrito Federal en el que, poco a poco, al lento, pesado, mórbido paso de las horas, desaparecía la poca gente que se atrevió a salir de sus casas, o tuvo que hacerlo.

Desoladas La Condesa, Polanco, la Zona Rosa, el Centro Histórico. Pero también Chapultepec, Xochimilco, la plazoleta de Tlalpan. Unos cuantos vehículos por Insurgentes, Paseo de la Reforma, el Eje Central.

Sin embargo, también hubo quienes salieron de la ciudad. En autobuses, en carros, por avión. No eran paseos, se trataba de huídas.

La ciudad sin conciertos, la de los museos y estadios cerrados, la de los pasos apresurados y las voces sin eco.

Y almas audaces, suicidas, inconscientes, aventureras, cada quien su circunstancia, unas cuantas, acompañaban sus soledades, veían en las pantallas fantasías más reales que lo que se vivía, se sentía afuera.

Era una ciudad con cubrebocas.

Y sus manos, sudorosas, iban angustiadas a la frente, rogando que fuera el calor del clima lo que se sentía en la piel y no la fiebre de la enfermedad.

Y una mirada que manifestaba todo y nada. Y un silencio que crecía, que gritaba su miedo. Y si tosía o estornudaba se volvía sospechosa, peligrosa, amenaza.

Sábado Distrito Federal como nunca antes se había vivido, como no se había pensado, como nadie lo habría deseado.

Una ciudad por la que, con la llegada de la noche, seguían caminando los fantasmas de la incertidumbre, los rumores, el miedo y hasta la psicosis.

http://www.eluniversal.com.mx/nacion/167522.html

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No estoy asustado, estoy furioso con este asunto de la influenza porcina. Los habitantes del Distrito Federal no podemos tener peor suerte en el universo.

Una semana nos dicen que la ciudad se va a colapsar por la falta de agua y, a la siguiente, que se suspenden las clases porque por ahí anda un virus raro que está matando gente.

¡Bueno, pues de qué se trata! No sé usted, pero yo me sentí personaje de Exterminio.

Dije: ¿qué hago? ¿Escribo una carta de despedida para ver si la encuentran al lado de mi cadáver, me corto las venas para no morir como el personaje de Ofelia Medina en Toda una vida (que murió de influenza), o agarro un rifle y me siento frente a la puerta a esperar a que lleguen los sobrevivientes del holocausto para impedir que me vacíen la alacena?

¿Sabe qué ha sido lo más dramático de todo? La prudencia de los medios de comunicación.

Tal vez el impacto de esta nota no sería tan espantoso si estos señores, que se la pasan en la polémica, el chacoteo y la víscera, la estuvieran tratando como normalmente tratan la información.

Ya para que ellos estén luchando por escucharse responsables y hasta por cuestionar las llamadas del público que dudan de la veracidad de esta epidemia, es porque, de plano, falta poco para el fin del mundo.

Hasta la televisión pública, que es lenta cuando hablamos de noticias, rompió sus esquemas e improvisó mesas de análisis con científicos para explicarle a la población lo que está pasando.

¿Cómo recibió usted la noticia? ¿Dónde? ¿Qué pensó?

Yo no lo podía creer. La primero que hizo mi mente macabra fue analizar la comunicación no verbal del secretario de Salud y la primera conclusión a la que llegó fue: tiene miedo.

La manera como sus ojos evadían a las cámaras, el ángulo de su cabeza, sus gestos y la composición de la toma no eran las de un mensaje de salud, eran como las de los videos de los terroristas cuando van a cortarle la cabeza a un rehén pero, antes, lo obligan a leer una carta en contra de su voluntad.

Luego el contexto: once de la noche, cuando la mayoría de los maestros y de los padres de familia están dormidos precisamente porque al día siguiente se tienen que levantar temprano para ir a trabajar y llevar a sus niños a las escuelas.

¿Una epidemia en el Distrito Federal? ¿En la capital de México? ¿Por qué en el Distrito Federal y no en la selva? ¿Por qué en México y no en Angola?

Los mexicanos tenemos muy mala fama, pero ocupamos el tercer lugar mundial en el consumo de jabón. Nuestro hábito de bañarnos a diario, funciona.

¿Qué tan de verdad es esto de la epidemia? ¿Dónde están los cadáveres? ¿Cuáles han sido las declaraciones de los familiares de las víctimas? ¿Cuál es el factor común entre ellas?

¿Cómo fue que comenzó esta historia? ¿Algún día lo sabremos? ¿Hay culpables?

Debo ser un idiota, pero cuando vi el primer anuncio imaginé cualquier cantidad de truculencias, desde un poder superior que había amenazado a nuestras autoridades hasta un exceso de casualidades vinculadas al valle de México pasando por un imperdonable acto de ineptitud en el manejo de ciertos materiales, por corrupción, elecciones, el antecedente del Chupacabras y por cosas todavía más estúpidas.

Lo siento, ¿pero quién le manda a nuestras autoridades tener tan buena fama?

Como habitante del Distrito Federal había pensado vivir toda clase de situaciones: terremotos, erupciones, sequías, inundaciones, atentados, sitios, matanzas, pero nunca una alerta sanitaria.

¿Qué se hace en estos casos? ¿Escondes a tus hijos? ¿Cierras las ventanas? ¿A poco un triste tapabocas es suficiente para protegerte de un virus?

¿Cuánto tiempo va a pasar para que todo regrese a la normalidad? ¿Cuál va a ser nuestra normalidad a partir de ese instante? ¿Cuál va a ser el costo político de esta situación? ¡Cuál!

Independientemente de decenas de trastornos que todos estamos padeciendo, aquí va a pasar algo.

¿Cuál va a ser la respuesta de la sociedad en caso de que esta nota resulte ser un vil montaje, una mentira? ¿Cuál, si en verdad esto iba a ser una catástrofe que el equipo de Felipe Calderón supo detener a tiempo?

Los terremotos de 1985 generaron un movimiento social que rompió esquemas. ¿Qué va a generar el virus de la influenza porcina? ¿Nada? ¿Y qué va a romper? ¿Tampoco nada?

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

http://impreso.milenio.com/node/8565788

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En las redes sociales se comenzaron a leer creativas frases como: “Lo siento, no te puedo besar
ni abrazar, porque te puedo influenzar”.

La forma de reaccionar del mexicano ante la tragedia siempre es la misma: solidaria y con sentido del humor. A unas horas de ocurrido el terremoto de 1985, ya comenzaban a correr los chistes en medio de la catástrofe: “¿Por qué al Distrito Federal le dicen la dona? Porque se quedó sin centro”. “Los chilangos son unos envidiosos, apenas se enteraron del reventón de los de San Juanico, ellos quisieron organizar su movida”. Lo mismo sucede con la crisis epidemiológica que está atravesando el país. El jueves por la noche el secretario de Salud, José Córdova Villalobos, anunció la existencia de un nuevo virus que escalaba la situación a brote, lo que cumplía con el vaticinio del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, con respecto a que a México le daría un catarrito. Para el viernes, esta noticia se había convertido en motivo de gran alarma y consternación, pero también en un nuevo elemento de risas y entretenimiento.

La influenza ha traído consigo conductas atípicas. Ahora a las mujeres, a las personas de color y a los indígenas se les ha sumado un nuevo sector de la población que, en las últimas horas, es constantemente discriminado: los estornudadores. Son los nuevos relegados sociales, no importa si es por alergia, por una corriente de aire o una sencilla gripe: el estornudo se ha convertido en una práctica políticamente incorrecta y señalada.

También ha provocado que el ingenio mexicano se despierte. En las redes sociales se comenzaron a leer creativas frases como: “Lo siento, no te puedo besar ni abrazar, porque te puedo influenzar”; “alejado de las malas influenzas…”; “con la influenzasón, ¡qué cosas suceden!, ¡qué cosas suceden!, con la influenzasón”; “solos contra la influenza”; “ya salió M Force contra la influenza… no es para el que no puede vivir, sino para el que quiere vivir más”. Hasta la Agrupación Cariño ya sacó la cumbia de la influenza, cuyos primeros párrafos son: “La noticia del día: la influenza ya llegó, compren todos medicina pa’ enfrentar al batallón. Ya mejor que te de un sida, un cáncer o comezón. Hoy más vale ser suicida con taquitos de pastor”.

¿Por qué los mexicanos toman con humor la tragedia? Mauro Rodríguez Estrada y Patricia Ramírez Buendía en su libro Psicología del mexicano en el trabajo, explican una posible razón: ¿Será descabellada la conclusión de que somos, como pueblo, un caso psiquiátrico? Histéricos que simulamos para ser aceptados; narcisitas que nos autoidealizamos en la fantasía; esquizoides que no acabamos de saber quiénes somos: paranoides que desconfiamos de todo y de todos; fanáticos religiosos que persistimos en creernos “el pueblo escogido” cerrando los ojos a nuestras evidentes miserias”.

Pero mientras son peras o manzanas, investigadores, académicos y científicos integrantes de la ACHU (Asociación de Científicos y Humanistas Unidos), en coordinación con el Immaculate Center of Weird Diseases, no quisieron quedarse con los brazos cruzados y comenzaron a trabajar en propuestas sobre cómo vivir con la influenza haciéndola parte de la vida cotidiana.

En las bodas se sustituirá la frase oficial por: “Juntos, hasta que la influenza nos separe”. Ahora las mamás dirán a sus hijos irresponsables: “¿Dónde estabas? ¿No ves que me tenías con el Jesús en el tapabocas?”. Los suicidas pueden dejar a un lado la ruidosa pistola y el escandaloso corte de venas; ahora pueden quitarse la vida por sólo dos pesos: subiéndose al metro sin tapabocas para contagiarse. Los asaltantes también podrán innovar su forma de delinquir: “Esto es un asalto, tengo influenza y si no me da todo lo que trae, le estornudo encima”.

Pero siempre propositivos, los estudiosos también realizaron un manual de prevención: No salir a lugares públicos… con la crisis, si usted tiene dinero, mejor pague sus deudas de tarjetas de crédito. No estornudar en público, en serio, no lo haga, so pena de recibir abucheos y vivir señalado el resto de sus días. No se salude de beso ni vaya a espectáculos en espacios abiertos, excepto en el futbol, donde hay de todo, menos espectáculo. Prohibir las asambleas del PRD, porque ahí siempre alguien la hace de tos.

Por supuesto, los partidos políticos y los legisladores que siempre quieren sacar raja política de todo ya se pusieron a trabajar. En el Congreso se creó una comisión especial para investigar si Porky es el culpable de la mutación del nuevo virus y una fiscalía especial para delitos influenzables; también están elaborando iniciativas para incrementar las penas contra las personas que se enfermen de influenza. El Partido Verde está por subir su campaña: “Porque nos interesa tu vida, pena de muerte a los influenzadores”. El PAN —que siempre está buscando pelea— comenzó a culpar al PRI del “tráfico de influenzas”.

Se sabe también que los partidos Nueva Alianza, Alternativa y Convergencia se están peleando por encontrar a Doña Influenza, que se ha hecho famosa en los últimos días y a la que quieren lanzar como candidata. El ex presidente Vicente Fox, quien declaró: “La influenza es un peligro para México” y tomó estrictas medidas en su rancho, colocó un cartel que dice: “Queda estrictamente prohibida la entrada a la influenza y sus acompañantes”.

Algo es un hecho: si México ha soportado 70 años de un régimen priista, terremotos, explosiones, corrupción y otros males endémicos, también librará el brote de influenza que incluso amenaza en convertirse en epidemia. Se requiere prevención, información, seguir recomendaciones de las autoridades de salud y no entrar en pánico.

http://www.exonline.com.mx/diario/columna/581173

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