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Archivar como 4/05/09

Juan Ramón de la Fuente puso experiencia de secretario de Salud y rector de la Universidad Nacional Autónoma de México al juzgar la conducta de la sociedad mexicana ante la actual emergencia sanitaria.

-”¿Hay riesgo de subversión? ¿De vuelta a una suerte de primitivismo, Doctor?”

-”La sociedad quiere un Estado que la proteja. No que le dé buenos consejos”, respondió. “He ahí la mejor garantía para que no ocurra tal posibilidad -que yo comparto; puede ocurrir.

“Los próximos días se antojan muy críticos. Fue por ello que sugerí al presidente Calderón preparar muy bien el regreso de la sociedad a la normalidad.

-”¿Pues qué ocurriría si vivimos un regreso en ‘falso’? ¿Qué tal que intentemos retornar a la normalidad y nos cae encima un ‘rebote’ de esta epidemia?”

-”Yo creo que la sociedad mexicana reaccionaría de manera muy intensa. Estamos -sentenció De la Fuente solemne- en vísperas de vivir decisiones difíciles. Decisiones que competen por entero al Estado.

“Pero que también representan oportunidades para que el Estado reafirme -frente a la sociedad- que está real, verdaderamente preparado para protegerla.

“La sociedad -frente a contingencias como la actual- demanda protección. Y me parece que es una demanda legítima. El Estado está obligado a proveer esa protección.

“Por eso reitero que me parece que fueron adecuadas las medidas que se adoptaron durante la primera etapa de la epidemia. ¡Pero vienen otras que no van a ser menos difíciles!

“Doy ejemplo: ¿Cuándo regresar a la normalidad con suficiente seguridad para la familia? ¿Cuándo para que se envíe a los hijos a la escuela sin temor a sufrir un contagio? ¿Y los sindicatos aseguren que los obreros pueden volver a fábricas sin inquietud?

“¿Cuándo para que, en fin, la vida toda económica y social que hoy se halla transitoriamente paralizada, conozca el retorno a su rutina anterior?

“Eso hay que medirlo muy bien. Con evidencia ci-en-tí-fi-ca. ¡Y ya se nos apareció de nueva cuenta la ciencia! Para ayudarnos a tomar buenas decisiones. No que la ciencia sea infalible; no. Pero sí nos ayuda a movernos con menor margen de error.

“Pues que este no es asunto de ‘a mí me late que ya es tiempo de que regresemos’. ¡NO! A ver cuál es el número de fallecidos por culpa de este virus? De tal jaez son los parámetros que se requieren para tomar la decisión crítica para decir cuándo volveremos a la normalidad.

“Aquí no cabe -hasta donde sea posible- equivocarse. Porque entonces sí, la sociedad no lo va a aceptar” -advirtió sin ánimo apocalíptico De la Fuente.

El Doctor Juan Ramón de la Fuente definió “delicada” la condición de “Prepandemia que nos diagnóstico la Organización Mundial de la Salud”; justificó que la población de la Ciudad de México experimente “inquietud, pues se encuentra en el epicentro del brote del mal y observó cierto caos en la divulgación de cifras por parte de la autoridad sanitaria”; se mostró tolerante con el desorden inicial, mas dijo admonitorio:

-”La autoridad sanitaria debe informar. Con certeza y claridad. Mal haría en ocultar datos. ¡Al final siempre se descubre la Verdad!”

En esta entrevista con El Sol de México, Don Juan Ramón de la Fuente elogió la decisión del presidente Calderón al convocar a exsecretarios de Salud para informarse mejor. Develó su afecto y admiración por quienes le antecedieron en el puesto. -”Siempre que fue necesario los consulté. Y siempre tuve su consejo”. Cruzado del saber, De la Fuente porfió en su tema. -”La ciencia. Gran lección y aprendizaje nos dejaría esta contingencia sanitaria, si ¡Por fin! Nos decidiéramos a dar a la ciencia el peso, valor, importancia que tiene. Esta crisis ha puesto frente a nuestros ojos el terrible rezago científico que padecemos. Escucho por ahí voces que sueltan: ¿Ciencia? ¡Para qué? ¡Pues para prepararnos de avatares como éste!

* Criticó a presidentes del PAN… pero no regateó opinión útil al país

De principio a fin reconoció que las medidas que adoptó la autoridad sanitaria son adecuadas. Calificó de “estimulante” el intercambio de opiniones entre expertos en Salud Pública y contó que “se dio entre “pares”; para que las palabras y el saber fluyan. “En emergencias como la actual crítica y autocrítica son valiosas y necesarias”; estimo que esta “epidemia permanecerá un buen rato entre nosotros; ojalá sea menos agresiva”, deseó.

Estaba -estuvo- relajado, de buen humor. Muy bien vestido. Un fino saco y un espléndido par de zapatos -”los zapatos siempre han de ser muy cómodos”, recomendó- atraían la atención de sus oyentes. Néstor Martínez Cristo -su lealísimo-, Jaime Arroyo -generoso fotógrafo que cedió sus placas a El Sol de México, y este reportero.

-”¿Cómo describiría este momento de la vida nacional, Doctor De la Fuente?”

-”Creo que vivimos una situación delicada. La emergencia sanitaria es real. Quisiera ser muy enfático -hasta machacón- en este aspecto. Escuché a personas que dicen que esto no es real.

“Lo cierto es que vivimos una ¡Epidemia Nueva! La causa un virus que hasta hace pocos días era totalmente desconocido. Lo que conlleva indudables riesgos para la salud personal y colectiva. Esta epidemia nos pone frente a muchísimas preguntas. Algunas tendrán respuesta más o menos pronto. Y habrá las que tomará más tiempo responder.

“En esa situación hubo que tomar medidas ‘drásticas’. Determinaciones que afectan la vida de todos… Por lo menos los que vivimos aquí. En la zona metropolitana. Y es que prácticamente se paralizó nuestra actividad. Y esto acarrea inconvenientes. Costos muy altos. Desde la vida económica de la Ciudad de México. Hasta la vida familiar y personal.

“Aquí debo decir con toda claridad que hubiera sido mucho más costoso no haber adoptado estas medidas. ¡Por lo menos! en la fase inicial del brote que pronto se hizo epidemia. Y hoy se encuentra en ‘prepandemia’.

“Esto significa que se movió -de acuerdo con mediciones de la OMS- en un rango de 1 a 6, al número 4 Y luego al 5. Ese es su rango. Queda en evidencia que no sólo estamos ante una epidemia muy contagiosa. Prueba que el contagio es de persona a persona. Que hay dos países vecinos con muchos casos confirmados. Y que pese a que el número total de casos confirmados en este momento, en el mundo pudiera parecer poco impresionante (Tengo este día que van 230 y tantos).

“El problema no es tanto de números -se apresuró a aclarar Juan Ramón de la Fuente-. Más bien de las características que son técnicamente, las que obligan a las autoridades sanitarias, a considerar que se trata de una epidemia frente a la cual había que tomar medidas que pudieran -al menos- acotar su propagación.

“Y creo que esto, en los primeros días que hemos vivido se logró. Por eso creo que las medidas que adoptó el Gobierno federal y el Gobierno de la Ciudad, fueron correctas. El escenario que tendríamos hoy, si no se hubieran adoptado esas medidas, probablemente sería de dimensiones mucho mayores.”

Don Juan Ramón de la Fuente -”esta fue mi casa paterna”-, convidó tazas de café y vasos de agua. Escuchó:

* Caos en cifras hace desconfianza; autoridad debe decir la verdad

-”¿Cómo pulsa usted a la sociedad mexicana? ¿Cómo reacciona?

-”La sociedad está inquieta, Reyes Razo. Creo que hay buenas razones para que esté inquieta. Primero, por estar inmersos en el epicentro de este brote epidémico. Esto hace preocupación en todos. Es natural.

“También hay inquietud porque las cifras que se han dado a conocer en estos primeros días, pues no son tan consistentes como quisiéramos. Ha habido cierta confusión en la divulgación de las cifras. Esto también genera inquietud.

“Por eso me permití señalar que la autoridad sanitaria se aplique para proporcionar cifras con la mayor claridad que sea capaz. A veces -hay que decirlo- en los primeros días de un brote epidémico, la información fluye de manera un tanto caótica. Quizá es natural. Pero una vez que se captura la información, pues hay que esforzarse en ordenarla, clarificarla.

-”Para que las múltiples preguntas que la sociedad misma genera, puedan hallar en la autoridad sanitaria, las mejores respuestas posibles. Con veracidad. Quiero subrayar: ¡Con veracidad! Con toda la veracidad.

“Pues en este tema, como en otros órdenes de la vida, encubrir datos no lleva a ningún lado. Y al final acaban por descubrirse. Así veo la inquietud de nuestra comunidad.

“Y al mismo tiempo veo que la sociedad mexicana reacciona muy bien. Vea usted qué difícil es cambiar de súbito el estilo de vida de millones de personas. Eso ocurrió, Cambiamos nuestro estilo de vida de la noche al día siguiente. Lo hicimos de manera pacífica, ordenada, solidaria. Creo que estas características de nuestra sociedad se ponen de manifiesto de nuevo. Y en realidad creo que son características que no debemos soslayar.

“Veo a la sociedad mexicana que convive con ciertos temores e inquietudes. Mas con una respuesta muy buena frente a esta contingencia.”

-”En personas y grupos -enterados, estudiados- de la sociedad hay desconfianza hacia la autoridad sanitaria. ¿Qué opina usted de ello, Doctor?”

-”Desconfía -admitió De la Fuente- porque los datos, las cifras no han sido presentados con la claridad que les da total credibilidad. Vemos un proceso de falta de claridad en la presentación de las cifras. Esto explica -desde mi personal óptica- una parte de la desconfianza a la que usted alude.

“Y al mismo tiempo percibo una cierta polaridad. Real. Existe un segmento de nuestra población muy escéptico, indiferente. A ellos les digo dos cosas. Vea: La Organización Mundial de la Salud -OMS- que sanciona este proceso, es una entidad muy seria. De todas las agencias de Naciones Unidas que yo conozco como UNESCO, UNICEF, la que creo que tiene en este momento mejor estructura, mayor credibilidad en el mundo, la mejor y mayor cooperación de todos los países pertenecientes a ONU, es la OMS.

“Tiene un cuerpo técnico de ‘primerísima’. Con científicos reconocidos mundialmente. Tiene centros de colaboración con las principales universidades y centros de investigación del mundo. Es una institución muy seria. Hay que tenerle confianza a la OMS. Cuando la OMS nos dice: ‘Sí, es una epidemia’. Hay muchas razones para creerle.

“La segunda razón que esgrimiría yo frente a este sector escéptico es que con todas las reservas que se quieran tener, la autoridad sanitaria mexicana históricamente ha sido responsable -y creo yo- que razonablemente eficiente en el manejo de circunstancias como la que hoy nos agobian.”

* La epidemia es real, se quedará buen rato aquí; alerta, sí; pánico, no

“Eso hay que reconocerlo. Antecedente que viene de mucho tiempo atrás. autoridades sanitarias de primer orden fueron Don Gustavo Baz, Salvador Zubirán, Jesús Kumate. Hay en el Sistema de Salud Mexicano una tradición de buena, muy buena factura. Y construcción de buenos sistemas -con limitaciones- que han mejorado paulatinamente a lo largo del tiempo.

“Así pues a ese sector le digo: La Epidemia es real. Llegó en serio. Y creo que se va a quedar entre nosotros una temporada.”

Hombre en plenitud. Muy temprano atendió entrevistas radiofónicas. Trianguladas. Argumentaba. Decía sus experiencias. Establecía distancias:

“Jamás oculté mis críticas a este Gobierno y al anterior. Con plena libertad e independencia doy las opiniones que me solicitan. Juzgo interesante y útil el modelo que el presidente Calderón eligió para conocer opiniones de secretarios que tuvieron que lidiar en sus días lo mismo con temblores de tierra, terremotos, brotes de cólera y de dengue hemorrágico. O sarampión . Y poliomielitis. Por lo demás no creo que sea hora de mezquindad. No se puede regatear saber en esta contingencia que afecta al país.”

“Tengo que referirme -anunció De la Fuente- a otro sector de la sociedad. Se trata de uno que es más proclive a asumir una actitud diametralmente opuesta. Es el que cae en pánico. Es dado a sobrerreaccionar.

“Ahí están. A ese segmento me nace decirle -una vez más- que se han tomado las medidas adecuadas. Las que debían tomarse ante tamaña contingencia. Se trata de medidas adecuadas. ¡Hasta el día de hoy!

“Ya podemos ver que tales medidas van teniendo un impacto positivo. Y que un virus -muy contagioso- , no se propagó en la dimensión que se había pensado podía propagarse. En virtud de las medidas que se implementaron.

“En síntesis. Razón para estar alertas, sí. Razón para caer en pánico, no.”

http://www.oem.com.mx/elheraldodetabasco/notas/n1148275.htm

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Carmen Aristegui: Entrevista a Miguel Ángel Granados Chapa y Lorenzo Meyer, sobre la Influenza Humana.

Programa número 1000 de Carmen Aristegui en CNN en español

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Dicen que en Jalisco no hay ni rastro de la influenza, que aquí no se respira el pánico de un país sumido en la emergencia desde hace diez días, que aquí la única cuarentena es la que sale en los informativos. En Jalisco todos están “a guuuusto”, como tanto se les escucha decir. No mienten.

Anacelia Govera vende líquidos de colores en la plaza de la Liberación, detrás de la catedral de torres picudas. Hace mucho calor, más de 30 grados, al caer la tarde del sábado. La gente va y viene sin prisa. Los niños corren. Los bancos lucen atestados. El aire huele a mantequilla rancia, de unas rosquillas tradicionales aquí. Los merolicos (charlatanes callejeros) congregan multitudes que ríen. ¿Qué es lo más notable? Que prácticamente nadie lleva mascarillas.

Enredada en su cuello moreno curtido por el sol y la edad, Anacelia sí lleva una mascarilla. Se queja de que no ha vendido sus líquidos de colores. Son envases con agua enjabonada, a 10 pesos (60 céntimos de euro) cada uno, y un alambre recubierto de estambre, para hacer pompas.

“Nada, nada. Si viera… Es por la cosa esa del virus, pero yo creo que no es cierto nada de eso. Por ejemplo, yo ayer tenía gripa y gripa, toda la noche, hasta sangre me escurría por la nariz. Y mi hijo, aquel que está allá, también tiene gripa. Y anoche estábamos en la casa, y me dice, ‘amá, tengo sed’. Pues ahí hay una coca, tómatela, le dije. ‘Pero sólo es una’. Y nos tomamos una sola coca sin vaso entre los dos. Y aquí estamos”, acaba entre risas su relato Anacelia, que agrega que más que al virus ella le teme a los inspectores, que cada día la extorsionan con 50 pesos (tres euros) para dejarla vender en las calles.

El mapa del virus H1N1 es caprichoso. Jalisco mira al Pacífico, y los seis Estados que lo rodean ya tienen casos confirmados. Pero aquí, cuna del folclore mexicano —los mariachis y el estilo ranchero son de esta tierra—, no tienen un solo enfermo de la influenza que paralizó México. Por eso, apenas aterrizamos —en uno de los 20 vuelos diarios que conectan la capital del país con esta ciudad— nos toman a todos los pasajeros la temperatura. Además, tienen retenes en todas las carreteras.

Y aunque sí fueron suspendidas las sesiones de los cines y los conciertos, muchas actividades de la vida cotidiana transcurren de forma normal en esta ciudad, una de las tres más importantes del país.

Rodrigo tiene algo que le molesta. Se restriega y restriega los ojos, pero la molestia no desaparece. Luego, con alguien que quizá sea su novia, se agarran las manos varias veces, hasta terminar abrazados. La estampa queda interrumpida cuando un parroquiano de La Estación de Lulio, un atestado café en la arbolada calle de la Libertad, le pide una cerveza Indio. Entonces Rodrigo vuelve a su pose de camarero. Lleva la bebida sin antes lavarse las manos. Ha contravenido como tres recomendaciones sanitarias dispuestas para esta gripe (trae mascarilla, pero no la usa). Aquí a nadie parece importarle: todos los que llegan se saludan dándose la mano o un beso en la cara. Eso sí, alguien de repente estornuda y se hace un silencio de un par de segundos, y luego estalla una risa nerviosa.

Cuna del conservadurismo, el cardenal de Guadalajara pidió a sus fieles que no asistieran a los templos, y que atendieran la misa de mediodía que él oficiaría y los medios locales transmitirían en directo. A diferencia de la Ciudad de México, donde el culto religioso desapareció ayer por segundo fin de semana consecutivo, en esta ciudad muchos hicieron lo que les dictó la gana. Como Adriana y Sergio, que la noche del sábado se casaron en la iglesia de San Agustín, a un costado del teatro Degollado, en donde sonríen para los fotógrafos. “Es el día de mi boda, ni modo de cancelarlo”, dice Adriana, radiante. En la misa, explica, lo único diferente es que nadie “se dio la paz”, pero afuera del templo abundan los abrazos entre los 210 invitados al festejo.

Adriana y Sergio están doblemente felices: aseguran que nadie les anuló ninguno de los compromisos. Ellos, como muchos en la Guadalajara atestada en sus plazas comerciales y restaurantes, ni por un momento pensaron en cancelar sus planes. Quizá se deba a que, como dice el analista local Diego Petersen, aquí es “más fácil matar el virus que el tedio”.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/facil/matar/virus/tedio/elpepuintlat/20090503elpepusoc_6/Tes

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Caminamos por la isla de Holbox, Quintana Roo. Entro a la tienda de Elena, en el zócalo montan un templete. ¿Van a hacer concierto?, pregunto. “No”, sonríe Elena, “viene el gobernador quezque a hablar de la influenza esa, como si fuéramos a creerle”. “¿Usted qué piensa que les dirá?”, pregunto. “Todos los años aquí en los pueblos mayas mucha gente muere porque no tiene medicinas, no sé por qué hacen como si les importara ahora”, responde. Por la playa un hombre platicador nos vende helados de pitahaya y coco. Con el sol a plomo cuenta que nació en Solferino, comían pájaro de monte y cerdo salvaje. Sacaban caracol, sólo el que podían comer, y el mar les daba pescado. Hoy viven del turismo. “El Presidente dice que los mexicanos somos peligrosos porque se murieron 16 personas de una epidemia. Ya mató al turismo para todo el año. Que Dios nos proteja”, dice limpiándose el sudor.

Escucho a estas mujeres y hombres que han trabajado desde niños para subsistir; su sabiduría les permite entender más de lo que los políticos creen. Viene a mi mente el rostro de Agustín Carstens, cuando anunció que ante el cierre de negocios por la epidemia, se pensarán incentivos económicos para las empresas que perderían dinero. ¿Y Elena y Manuel? Ni el secretario de Hacienda ni el del Trabajo, sentados en aquella conferencia de prensa, mencionaron el impacto brutal que esta medida tendría para millones de obreros y trabajadoras del turismo, para quienes viven al día y para quienes “disfrutar este aislamiento como unas vacaciones con la familia” es una pesadilla, porque sin sueldo diario no pueden alimentar a su familia.

Manuel asegura que los políticos que deciden esto viven en un mundo donde comer no es bendición, sino entretenimiento o vicio. “Viven en un país y nosotros en otro; si ellos se equivocan mis hijos mueren de hambre, la vida vale más para nosotros que para ellos, a nosotros nos cuesta más cara, aunque ellos gasten más dinero. Si yo digo que vamos a Cozumel pues sabemos a qué hora, cuántos vamos, cuánto va a costar, qué comida llevamos y a qué hora tomar el barco para cruzar. Y estos gobernantes nomás dicen vamos todos pa’llá, pero no se prepararon para cruzar”.

Sólo el tiempo, las y los expertos dirán si las decisiones sobre esta epidemia evitaron algo peor, o si se exacerbó una farsa para afianzar el control político con el miedo. Lo que ya sabemos es que nuestros gobernantes no son estrategas sino apagafuegos, no planean sino improvisan, no gobiernan a personas sino a masas y estratos sociales. Pero también sabemos que México produce mentes brillantes, científicas e intelectuales, que dieron aviso desde 2005 de que teníamos que prever las consecuencias económicas y sociales de una epidemia como ésta.

La evolución del virus puede ser imprevisible, pero la resistencia de mujeres y hombres trabajadores, honestos, solidarios y alegres de este país resulta inconmensurable, es lo que nos sacará a flote. Lo que sí podemos asegurar es que pasará mucho tiempo para rescatar al turismo de sus cenizas y mejorar la imagen de México en el mundo.

http://www.eluniversal.com.mx/columnas/78004.html

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Legisladores al servicio del poder

Ciudadanos acuartelados. Tapabocas omnipresentes. Calles vacías. Escuelas cerradas. País enfermo. México asolado por la influenza, buscando cómo curarla; México varado por un virus letal, intentando contener sus peores efectos. Pero mientras la mayor parte de los mexicanos centra su atención en los estragos producidos por una granja porcina en Veracruz, poco entienden la otra gran enfermedad. La epidemia que recorre el Congreso y afecta a sus miembros. La infección viral que debilita a los diputados, somete a los senadores, y convierte a las clase política en un grupo de hombres y mujeres sin columna vertebral. Seres febriles con síntomas compartidos. Seres inermes que protegen privilegios empresariales en vez de promover derechos ciudadanos. Demostrando cuan contagiados están cuando aprueban con 259 votos a favor, cero en contra, y cero abstenciones, una iniciativa que permitiría las “acciones colectivas” que —en teoría— otorgarían poder a consumidores indefensos ante abusos de compañías públicas y privadas. Pero en México, el virus que produjo la llamada “Ley Televisa” sigue vivo y la reforma mal diseñada es un signo más del mal que no hemos podido erradicar.

Una epidemia enraizada en la incapacidad del Congreso para entender su papel como promotor del interés público.

Otra vez, como ocurrió en el 2006 frente a las televisoras, los diputados cedieron. Otra vez, como en aquella coyuntura la élite empresarial logró su objetivo: evitar que los ciudadanos defiendan sus derechos, promuevan sus intereses, participen como sujetos plenos y no como objetos tutelados. Porque hay muchos otros países — Colombia, Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Ecuador, Costa Rica, España, toda Europa, Canada y Estados Unidos— que reconocen el derecho de sus ciudadanos a defenderse colectivamente. A organizarse a través del llamado “class action” como el que encabezó la famosa Erin Brockovich contra una empresa contaminante. A demandar a una compañía que ofrece malos servicios o impone cobros indebidos o daña el medio ambiente o produce daños a la salud. Pero en México, la clase política le sigue negando ese derecho ciudadano a sus habitantes y acaba de demostrarlo. En México, ser consumidor es ser indefenso. Invisible. Impotente. Ciudadano al que se le exige participar pero se le niegan los caminos para hacerlo.

Frustración cotidiana Es vivir con la frustración cotidiana que entraña recibir un cobro de luz exorbitante, un recibo telefónico estratosférico, un estado de cuenta bancario inintelegible. Es vivir con el enojo compartido ante las gasolineras tramposas, los medidores amañados, las compañías que optan por abusar de consumidores en lugar de generar su lealtad mediante buenos servicios y productos. Es vivir sabiendo que no hay instrumentos con los cuales pelear contra todo eso, porque el gobierno no lo permite, los empresarios no lo toleran, la Profeco (Procuraduría Federal del Consumidor) no cumple con su función y la Condusef (Comisión Nacional de Usuarios de Servicios Financieros) tampoco.

Medida ineficaz En la iniciativa recién aprobada, sólo el gobierno podrá iniciar las acciones colectivas en contra de sí mismo o de empresas cuyo comportamiento considera cuestionable. Y eso equivale a encargarle el gallinero a los zorros. Equivale a colocar la defensa de derechos ciudadanos en manos de quienes quieren cercenarlos.

La conducta de los congresistas no es novedosa pero sí sorprendente; uno pensaría que la experiencia enfermiza de la “Ley Televisa” habría generado anticuerpos. Habría vacunado a los partidos en contra de procesos que los convierten en correa de transmisión de microbios que paralizan a México. Pero parecería que no es así y la razón se encuentra en el foco del contagio. En el lugar de donde surge esa infección mutante que afecta a demasiadas iniciativas legislativas: la cúpula del Consejo Coordinador Empresarial. Las empresas que enviaron cabilderos para diseminar el virus ante el cual tantos sucumbieron. Un sector corporativo de miras cortas y vetos pesados. Una clase empresarial incapaz de comprender que al limitar las “acciones colectivas” condena a México a la mediocridad económica, al proteger a compañías con pocos incentivos para innovar y muchas oportunidades para expoliar. Una clase empresarial incapaz de entender que al colocar tapa-bocas a la participación ciudadana promueve todo aquello que tanto asustó a las élites en la elección del 2006. La polarización. La insatisfacción. El resentimiento.

Más allá de la influenza Sin duda México está enfermo. Pero su padecimiento va más allá de la influenza actual. Tiene que ver con con el control de arriba hacia abajo, con la exclusión de muchos por pocos, con los privilegios económicos que leyes —como la recién aprobada— buscan perpetuar. Y la única vacuna posible es aquella que asegure derechos plenos a una ciudadanía que todavía no los tiene. El único anti-viral contra la impunidad es la acción ciudadana. El único diagnóstico útil es aquel que, como escribió Sigmund Freud, “nos obliga a mirarnos el alma, conocernos, entender por qué la enfermedad estaba destinada a surgir, y quizás entonces curarla”.— México, Distrito Federal.

http://www.yucatan.com.mx/noticia.asp?cx=9$2900000000$4066625&f=20090504

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Algo bueno tenía que salir de la epidemia, como lo es la reducción de la publicidad electoral, y no estaría
mal que los partidos políticos siguieran la propuesta.

Este puente probablemente será conocido, no como el de 5 de mayo —suceso histórico que hoy a nadie importa un comino— sino como el de la “influenza humana”. Un puente que ha resultado mucho más largo que los habituales y que, contrariamente a nuestros usos y costumbres, todos queremos que termine ya, tanto debido al riesgo que lo propició como por las graves pérdidas económicas que está provocando a diversos sectores (y al país en su conjunto). Algunos de los afectados recibirán indemnizaciones gubernamentales, pero no todos. Además, el turismo extranjero ha caído espectacularmente, por razones obvias. Algunas naciones han decretado un aislamiento del país, al suspender vuelos y, otros, nada más lo hacen recomendando a sus ciudadanos no venir. Y, al intentar entrar a Estados Unidos, basta un inoportuno estornudo o una tosida, para ser puestos en cuarentena allá. Y en Hong Kong trasladaron, a mexicanos que no presentaban síntomas, de su hotel al hospital, mediante engaños. Y algunos países nos exigirán visa cuando antes no lo hacían.

Pero no contentos con eso, los capitalinos ya tampoco estamos muy seguros haciendo turismo interno, pues, al vérsenos como portadores probables del virus (según una interpretación estadística que toma en cuenta los números absolutos de contagios y muertes, pero no la proporción relativa con respecto al tamaño de la localidad), podríamos ser recibidos a pedradas por nuestros anfitriones, como ocurrió en Guerrero y en San Luis Potosí. Sólo falta que a la enfermedad se le empiece a llamar, no influenza “porcina” o “humana”, ni siquiera “mexicana”, sino de plano “chilanga”. Y no faltó quien pidiera un cerco sanitario a la capital, en el que los habitantes de aquí quedaríamos en una especie de “arresto domiciliario regional” hasta nuevo aviso. De poco sirve, y en mucho perjudica, pues, que este puente de mayo se haya abierto prematuramente y se prolongue quién sabe hasta cuándo.

Esta nueva epidemia nos recuerda que todos los adelantos tecnológicos e incluso médicos no nos eximen de enfrentar nuevas enfermedades, gracias a la naturaleza mutable de los virus (que, como los narcotraficantes, pueden adaptarse al infinito a la adversidad y los ataques del exterior, con la diferencia de que los virus son más fáciles de controlar que los cárteles de la droga). El carácter mortífero de los virus reside sobre todo en su novedad, pues nos pillan sin los debidos anticuerpos, que sólo las vacunas adecuadas pueden desarrollar —cuando se inventan, que no es al día siguiente— o por haber padecido la enfermedad y sobrevivido a ella. De ahí la enorme capacidad letal de, por ejemplo, la viruela, cuando los españoles la importaron a tierras hoy mexicanas (se cree que a través de un esclavo negro traído por Pánfilo de Narváez) y provocaron que la población nativa fuera diezmada, antes y después de la caída de Tenochtitlán (murieron infectados de viruelas Cuitláhuac, el rey michoacano Zuangua, así como la legendaria Malinche, entre muchísimos otros). La enfermedad casi acabó con los oriundos de La Española (Haití y República Dominicana) y Cuba (ambas islas, hoy casi sin población indígena ni mestiza). Que muy pocos españoles muriesen de esa dolencia (por haber padecido, como pueblo, varias pestes), frente a los miles de indios infectados, reforzó en éstos la creencia de la naturaleza sobrehumana de los teules (semidioses) extranjeros. La epidemia fue considerada por algunos conquistadores como una gracia divina, que reflejaba claramente en qué equipo jugaba Dios: por ejemplo, Bernardino Vázquez de Tapia se congratulaba: “Milagrosamente, Nuestro Señor los mató (a los indios) y nos los quitó de delante”.

Pero algo bueno tenía que salir de la epidemia, como lo es la reducción de la publicidad electoral, y no estaría mal que los partidos políticos siguieran la propuesta del PAN (así sea electorera) de ceder el tiempo publicitario a las autoridades sanitarias, como en buena medida ha hecho ya el IFE. Con todo, el bombardeo mediático sobre la epidemia es más brutal que el correspondiente al electoral, lo que ya es decir, con la enorme diferencia de que la gente sí le pone atención, sea para entender el problema, aclarar dudas, recibir directrices sobre las medidas preventivas o seguir la evolución del fenómeno. La campaña de divulgación ha sido exitosa, según encuestas recientes, pues la gran mayoría del público está enterado de la enfermedad (98%) y, pese a las hablillas de que se trata de un ardid político-electoral, la mayoría cree que es grave (85%). Es extraño, sin embargo, que sólo 56% considere que puede ser contagiado a ellos o sus familiares, pues eso significa que 29% aun cuando consideran grave la enfermedad, se sienten inmunes, lo mismo que sus familiares. En tal sentido, la publicidad gubernamental tendría que decir algo como: “El virus es grave no sólo porque, mal atendido, puede provocar la muerte, sino porque usted y su familia podrían ser contagiados”. Pero 88 % conoce las formas en que la enfermedad puede ser transmitida y un porcentaje semejante puede decir las maneras de prevención. Y la política de comunicación gubernamental es bien valorada por 84% (El Universal, telefónica, 1/V/09). Todo ello, afortunadamente, pese a las disparatadas teorías que circulan por medios informales —y la zona underground de la rumorología— sobre el origen y los aviesos propósitos de una epidemia deliberadamente provocada, desde por las farmacéuticas hasta por extraterrestres, tesis que han encontrado algunos oídos dispuestos a creer lo que sea. Mientras más fantasiosas, mejor (pues de otra forma no tendría chiste). Como sea, parece claro que, por primera vez —y esperemos que última— los mexicanos estamos de acuerdo en… que se acabe ya el puente.

http://www.exonline.com.mx/diario/columna/589287

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