A Germán Dehesa, amigo luminoso.
Porque la corrupción política me provoca una náusea incontrolable, he decidido anular mi voto. Es una decisión surgida del convencimiento de que estamos ante una degradación política sistémica.
Los teóricos de la transición difieren sobre el momento en el cual los partidos políticos adquieren protagonismo. Ninguno disputa el hecho de que son instituciones fundamentales para el andamiaje democrático; recogen los deseos y aspiraciones de la sociedad para, en caso de llegar al poder, transformarlos en políticas públicas. En México hay partidos que enarbolan diferentes combinaciones de ideologías e intereses: no me siento representado por ninguno de ellos.
La distancia entre partidos y sociedad tiene una historia vieja. Según Todd Eisenstadt, el régimen fue canalizando los “movimientos de oposición” al “altamente regulado terreno” de los partidos, las campañas y las elecciones. Es un diagnóstico acertado; después de cada protesta social, el régimen negociaba con los partidos y les otorgaba beneficios. El movimiento del 68 y la Guerra Sucia llevaron a la ley electoral de 1977; tres semanas después de iniciada la rebelión zapatista de 1994, Carlos Salinas hizo importantes concesiones a los partidos.
Cuando llegaron al poder, los partidos no transformaron las reglas de un sistema que se resquebrajaba; incorporaron las viejas costumbres, y se transformaron en un oligopolio que monopoliza los accesos a la vida pública. Las prerrogativas públicas (en constante crecimiento) se han utilizado para cortejar a un electorado pobre, adicto a los regalos; para firmar onerosos “convenios de publicidad” con los medios de comunicación y para alimentar una burocracia partidista decidida a reservarse esos cargos públicos con salarios extravagantes y exigencias mínimas.
El 24 de diciembre de 1992, Raúl Salinas le envió una tarjeta a Luis Donaldo Colosio. En ella le decía que “Las puertas de la Presidencia de la República se abren desde adentro, no desde afuera”. Según una información no desmentida, Raúl estaba molesto porque Colosio no “jalaba” en sus negocios. Un indicador era que Colosio iba poco a unas comidas organizadas cada cuatro o seis semanas y a las cuales concurrían empresarios y políticos como Carlos Hank González, Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones. Colosio iba porque el presidente Carlos Salinas se lo había pedido, pero le molestaba hacerlo: “yo no sé a qué chingados voy a esas comidas si lo único que se habla es de puros negocios” (César Romero Jacobo, Reforma, 14 de abril de 1997).
El incidente es una metáfora de lo poco que ha cambiado la política en México. El lugar del Presidente ha sido tomado por los partidos que siguen abriendo la puerta de la vida pública “desde adentro”. En la política sigue habiendo gente decente que, como Colosio, se resiste a entrarle a la corrupción sistémica, pero la inercia es poderosísima y, hasta ahora, los reformadores han sido incapaces de romper la cerrada alianza entre las élites políticas y económicas. La confirmación de la impunidad estaría en que nunca se investigaron los negocios urdidos en aquellas comidas de los jueves, y ningún partido ha renunciado a las prerrogativas públicas ni ha intentado disminuirlas. Tampoco han encabezado, como gobierno, una cruzada creíble contra la corrupción.
Las instituciones que deberían contener los excesos siguen poniendo como prioridad la defensa de sus intereses. El Comité Conciudadano que preside Clara Jusidman, y del cual formo parte, presentó el 21 de mayo un informe sobre el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Con la evidencia en la mano concluyó que el Tribunal Electoral “no aplica criterios homogéneos”, “no contribuye a generar confianza en los ciudadanos” y, en suma, “no protege los intereses de la ciudadanía”. También confirmó el sometimiento del tribunal presidido por María del Carmen Alanís a los intereses de las televisoras. Si recordamos el vasallaje de algunos consejeros del Instituto Federal Electoral a los poderes fácticos, tendremos una idea de la indefensión en que nos encontramos.
Esta lectura de la realidad podrá parecer excesivamente pesimista. Creo, sin embargo, que si deseamos que las instituciones funcionen en beneficio de las mayorías, debemos involucrarnos en la vida pública para apoyar a quienes buscan, desde las entrañas de partidos y gobiernos, poner un freno a la corrupción sistémica.
Ni los partidos ni los árbitros electorales son capaces, como instituciones, de reformarse a sí mismos; iría en contra de sus intereses. Cualquier cambio requerirá de la presión social y una forma concreta de enviarles un mensaje de protesta es con la anulación del voto, lo cual tiene complicaciones e implicaciones que abordaré la próxima semana.
La espléndida crónica de César Romero Jacobo sobre la tarjeta puede leerse en mi página: www.sergioaguayo.org. Colaboró para esta columna Laura Ruiz Castro.
Correo electrónico: saguayo@colmex.mx
http://www.reforma.com/editoriales/nacional/501/1000036/
CÉSAR ROMERO JACOBO, “MENSAJE NAVIDEÑO REVELA DIFERENCIAS RAÚL-COLOSIO”,
R E F OR MA , 14 DE ABRIL DE 1997, DISPONIBLE EN HTTP://REFORMA.COM, CONSULTADO EL
25 DE MAYO DE 2009-
“Luis Donaldo Las puertas de la Presidencia de la República se abren desde adentro, no desde afuera.
Tu amigo.
Raúl S.(Firma).”
El escrito de puño y letra, impreso en tarjetas membretadas del “Ing. Raúl Salinas de Gortari”, difícilmente podía ser calificado como un amistoso “mensaje navideño”.
Aunque estaba fechado el 24 de diciembre del 92, su contenido aparecía como “francamente intimidatorio” o incluso -a posteriori-”sospechosamente premonitorio”, como más tarde lo reconocerían algunos allegados al entonces Secretario de Desarrollo Social.
El mensaje fue recibido por el mismo Luis Donaldo Colosio, quien 11 meses más tarde sería designado candidato del PRI a una Presidencia de la República cuyas puertas jamás pudo abrir al caer abatido por balas asesinas.
El singular “saludo navideño” habría sido escrito en aquellos días difíciles en los que Raúl Salinas de Gortari había sido enviado por su hermano el Presidente de México a un “exilio voluntario” a California, en los Estados Unidos.
Los mismos días en que en Los Pinos se terminaba de planear el relevo de Fernando Gutiérrez Barrios de la Secretaría de Gobernación, porque -a declaración posterior de Carlos Salinas de Gortari- no garantizaba las condiciones políticas para consumar la sucesión presidencial en favor de Colosio.
Colosio, sin embargo, no vivió lo suficiente para comprobar si lo que decía aquella tarjeta de Navidad era sólo una frase o una realidad
“Enemigos no eran, pero Donaldo nunca aceptó el juego de complicidades al que Raúl quiso obligarlo a jugar”, señala otro cercano colaborador del sonorense.
Colosio ya no le contestaba siquiera las llamadas, ni a Raúl ni a su papá, Raúl Salinas Lozano, afirma Luis Felipe Congas, en ese tiempo secretario privado del candidato.
Aunque en una carta enviada al periódico El Financiero antes de ser aprehendido en febrero de 1995 Raúl llamó “amigo entrañable” a Colosio, un cercano colaborador de éste señala que la relación entre los dos políticos estaba bastante deteriorada en los meses previos al asesinato del candidato.
2
3
“El Presidente me pidió que vaya a las comidas de los jueves con los amigos de Raúl; tengo que ir”, le dijo Colosio a uno de sus amigos a principios de 1991.
Esas comidas, convocadas por Raúl con una frecuencia de entre cada cuatro y seis semanas, incluían como comensales de rigor a Carlos Hank González, Emilio Gamboa, Manlio Fabio Beltrones y el presidente del consejo de un importante medio de comunicación de la Ciudad de México.
La mesa no era nada despreciable: el hermano del Presidente, el secretario de Agricultura, el director del IMSS y posterior secretario de Comunicaciones, el subsecretario de Gobernación y luego gobernador de Sonora y un empresario periodístico.
“Por lo regular solían invitar a esas comidas a uno o dos empresarios, con el pretexto de intercambiar puntos de vista sobre la realidad política y económica del País, pero invariablemente se terminaba hablando de posibilidades de negocios”, recuerda uno de los amigos íntimos de Luis Donaldo quien ahora -a condición del anonimato y tras conocer el contenido del “mensaje navideño”- habla sobre las diferencias que existieron entre Raúl y Colosio.
De hecho recuerda un comentario muy directo de Luis Donaldo cuando le dijo: “Yo no sé a qué chin…os voy a esas comidas si lo único que se habla es de puros negocios”.
Esa queja se repetiría más tarde con otro confidente ante quien Colosio se quejaría de que “ya no sé cómo hacerle para dejar de ir a esas comidas sin que parezca que los estoy desairando. Me preocupa que los empresarios a los que invitan crean que yo estoy metido en los negocios que ahí se les proponen”.
Y fue así como el secretario de Desarrollo Social comenzó a espaciar su asistencia de las comidas, hasta que dejó de asistir por completo, ante el reclamo único de Raúl Salinas.
El Caso Acapulco
Los allegados a Raúl supieron del enojo de su jefe en contra de Luis Donaldo, cuando el titular de Sedesol no se prestó para apoyar un negocio inmobiliario.
4
De acuerdo con las revelaciones hechas por allegados al hermano del entonces Presidente, Raúl llegó a exigirle a Colosio que lo apoyara en la desincorporación de unos terrenos en Acapulco.
Usando como intermediario a Jesús Gómez Portugal, Raúl pretendía que la Sedesol devolviera a una familia Blanco, originarios de Guerrero, unos terrenos que les habían sido afectados por adeudos con la Federación.
La intención era que, mediante un pago ridículo, la Sedesol diera por terminada la posesión de los terrenos y los devolviera a sus originales propietarios, con quienes el hermano del Presidente ya tenía listo un plan de negocio.
Colosio, sin embargo, no colaboró.
El incidente se repetiría más tarde cuando la Dirección de Bienes Patrimoniales de Sedesol no aceptaría una propuesta apadrinada por Raúl Salinas, para que algunos de sus amigos empresarios adquirieran un terreno de grandes dimensiones en la Avenida Ejército Nacional, en la Ciudad de México.
Los Trolebuses Japoneses
Frente a sus íntimos, Raúl también hacía patente su molestia porque consideraba que Colosio, siempre subordinado ante su hermano Carlos, era “un ingrato”, pues a pesar de que él le había facilitado la compra de un terreno en Tepoztlán, “no correspondía al favor”.
Abierto opositor a las ambiciones políticas tanto de Manuel Camacho como de Fernando Gutiérrez Barrios -lo cual favorecía a Colosio-, Raúl se quejaba ante sus más allegados de que Luis Donaldo “no jalaba parejo”.
Hasta un reporte de Inteligencia Militar al que REFORMA y El Norte tuvieron acceso, consignó la diferencia:
“Fue conocido y muy citado el pleito entre Raúl Salinas de Gortari y Manuel Camacho porque éste, cuando se enteró de que Raúl y (Abraham) Zabludovsky habían comprado
5
MASA, paró un pedido de 500 trolebuses que por ‘orden superior’ iba a vender MASA al Departamento del Distrito Federal para combatir la contaminación y que MASA ya había acordado comprar a una empresa japonesa”.
En este caso, y considerando que el apoyo de Sedesol como promotor del saneamiento del medio ambiente era decisivo, Raúl también le reclamó a Colosio su “falta de apoyo”.
Donaldo, El Mensajero
Cuando estuvo en la Procuraduría General de la República, Eduardo “El Búho” Valle, cateó la casa de un narcotraficante vecino de la casa particular de Carlos Salinas.
Allí descubrió, el 19 de julio de 1993, la libreta en que José Pérez de la Rosa, alias “El Amable”, registraba los pagos hechos a personajes de la Policía y de la política mexicana.
La libreta incluía el nombre de Raúl Salinas de Gortari y fue a dar a manos del Presidente Carlos Salinas de Gortari.
El mensajero utilizado para hacer llegar esa libreta a Los Pinos: Luis Donaldo Colosio.
“La libreta fue entregada a Colosio el 21 de julio. El conoció su contenido y se la pasó al Presidente dos días después”, advierte Valle, entonces asesor especial del Procurador Jorge Carpizo.
“Amigos formales, Luis Donaldo y Raúl desconfiaban uno del otro”, recuerda otro de los hombres más cercanos a Colosio.
En una reunión con sus más allegados colaboradores, a finales de 1992, Colosio les instruyó: “Vámonos con mucho cuidado con Raúl, pues está haciendo muchos negocios y lo que nosotros tenemos que hacer es no meternos entre las patas de los caballos”.
En una comida con su equipo de colaboradores más cercanos, Colosio se permitía planear lo que harían en caso de llegar al poder. Sobre el futuro de los principales personajes salinistas, la idea era que todos quedarían bien en su Gobierno.
6
“Al único que no podré salvar es a Raúl, por sus escandalosas pillerías”, dijo Colosio al grupo entonces reunido.
En noviembre de 1993, Colosio fue designado candidato del PRI a la Presidencia de la República y hasta la anécdota de su toma de posesión es recordada por aquellos que vigilaban su relación con Raúl.
Al tomar posesión el 8 de diciembre en la explanada del PRI, Raúl quedó fuera de la valla que protegía a Luis Donaldo. Con una lejanía física distante del candidato, el hermano del Presidente terminó por tropezar por la escalera y caer frente al edificio principal de su partido.
Fueron los mismos días en que junto con la salida del ministro de Gobernación se planeaba también el relevo de Ignacio Morales Lechuga de la Procuraduría General de la República.
El documento, que hasta hoy es del conocimiento público y del cual REFORMA y El Norte tienen una copia, podría constituir una nueva evidencia de que las relaciones entre el hermano predilecto de Carlos Salinas y el secretario predilecto del entonces Presidente de México estaban en ruta de colisión.
De la Amistad a la Distancia
“La suya era una relación reiterada en una atmósfera de aparente camaradería”, asegura uno de los hombres más cercanos a la familia Salinas.
De hecho, a finales de 1991, cuando el Presidente designó a Raúl como secretario del Consejo Técnico de Solidaridad, Luis Donaldo lo llevó a las oficinas que tenía en la Colonia del Valle, del Distrito Federal, para enseñarle las instalaciones y presentarlo como su “gran amigo”.
“No se puede decir que eran enemigos. Y, sin embargo, tenían una relación oscilante: Donaldo quería acercarse al poder y Raúl hacer negocios. Estuvieron muy cerca, sí, pero Colosio siempre intentó mantenerse al margen de la complicidad”, confirman por separado fuentes cercanas a los dos personajes.
Sin embargo, testimonios de personas relacionadas con los dos políticos permiten documentar al menos cuatro confrontaciones entre ambos personajes, aparentemente causadas porque Colosio no apoyaba diferentes negocios promovidos por Raúl, e incluso se oponía abiertamente a la lucha del hermano del Presidente por conseguir la senaduría por Nuevo León.
Las Comidas de los Jueves
Una de las primeras grandes confrontaciones entre Raúl y Luis Donaldo se dio cuando Raúl buscó incluir al Secretario de Desarrollo Social en las llamadas “Comidas de los Jueves”.
Quizás las puertas de la Presidencia se abren desde adentro, como escribió Raúl en su mensaje…
http://www.sergioaguayo.com/biblioteca/Romero_Jacobo_%20Reforma_14_abril_1997.pdf