¡Una sociedad justa! Sueño que, como bien decía Pedro Calderón de la Barca y Barreda González de Henao Ruiz de Blasco y Riaño: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Sí. La justicia parece ser uno más de los sueños que, como muchos otros, cada día se alejan más de nuestro país y, peor aún, de nuestra imaginación.
Pensando en los sucesos que van de Zhenli Ye Gon (2006) a Jacinta Francisco (2009), pasando por los trágicos hechos de la guardería ABC, la justicia mexicana se parece a cualquier cosa menos a “imparcialidad”, “equidad”, “rectitud”. ¿O habría que aceptar que hay tres conceptos, uno correspondiente a cada una de las tres clases socioeconómicas?
Una justicia para ricos, donde todo lo compran con “el poder de su firma”; otra, la de la clase media (que, a pesar de los neoliberales, aún existe) e intenta construir sociedades igualitarias, con menos sufrimiento inútil y con más vidas dignas de ser vividas; y la que les toca a las grandes mayorías, la “justicia” que ofende y humilla, que da miedo, de la que es mejor esconderse, porque no hay modo de hacerle frente, pues siempre sale una perdiendo: la justicia (contra) los pobres.
“Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”. Y, aunque en las épocas de Calderón pocas lo refrendaran, ellas, nosotras, todas, chicas y grandes, también soñamos: “Debe ser la caricia de lo inútil, la tristeza sinfín de ser poeta, de cantar y cantar, sin que se rompa la tragedia sin par de la existencia” (Julia de Burgos).
Zhenli Ye Gon, famoso por su frase: ¡¡¡O Coopelas o Cuello!!! a quien la PGR incautó la, para mí inimaginable, cantidad de 205 millones de dólares, que nos mostraron en televisión escondidos por todos los rincones de su casa en Las Lomas. Extraditado a Estados Unidos, ha sido exonerado por falta de pruebas. En verdad, ¡un caso extrañísimo!
Jacinta, quien, según la acusación, junto con otras dos mujeres secuestró a seis policías de la AFI y, después de tres años, el juez concluye que no hay pruebas y la declaran libre… ¡pero sus “cómplices” siguen presas! ¿Por qué todo se enreda y no podemos más que pedir que, por piedad, el castigo del crimen no sea el crimen del castigo? Parodiando a Calderón, diría: en México, “toda la vida es pesadilla, y las pesadillas, pesadillas son”.
Y de la guardería, sólo queda un dolor profundo, al que quiero alejar del lodo de la injusticia. Con Antonio Machado, desde el fondo de mí, canto: “Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”.
¡Me acuso de “robarle inspiración” a los poetas!
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