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Archivar como 14/10/09

El decreto que dispuso la extinción del organismo público Luz y Fuerza del Centro fijó el día de hoy como inicio del plazo de un mes para que los trabajadores que así lo deseen reciban la indemnización, ésa sí de privilegio, por la pérdida de su empleo. Pero quien la entregue y quien la obtenga incurrirán en una ilegalidad, porque las relaciones de trabajo subsisten y por ello no ha lugar a prestación alguna. Es que las relaciones laborales sólo pueden terminar después de un procedimiento ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, que no se ha iniciado o apenas está por comenzar. Y es que el decreto que inicia el procedimiento de liquidación no puede generar por sí mismo consecuencias laborales.

El artículo cuatro del decreto del 10 de octubre publicado el 11 en el Diario Oficial dispone que “se respetarán los derechos laborales de los trabajadores” de LyF y estipula, como no podría ser de otra manera, que las indemnizaciones se harán conforme al contrato colectivo y la Ley Federal del Trabajo. Este artículo, por cierto, resultó infringido el domingo por los secretarios de Hacienda y del Trabajo quienes, al margen de esa disposición y sin ningún fundamento legal, gastarán hasta 4 mil millones de pesos en compensaciones adicionales no previstas en el contrato ni en la ley. Ésta, en cambio, fija un procedimiento para la terminación de las relaciones laborales.

Conforme al artículo 434 de dicha norma, son causas de tal terminación, entre otras, la fuerza mayor. El propio organismo, al que muchos se apresuran a calificar de ya extinto, cuando está apenas en curso su extinción, podría encaminar el asunto ante la junta laboral, porque “conserva su personalidad jurídica exclusivamente para el proceso de liquidación, a fin de que se cumplan las obligaciones del organismo frente a terceros”, según lo estipula el decreto mencionado. Pero en una aplicación que no acata ese texto, el secretario del Trabajo, Javier Lozano, dijo que es el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) el que “debe dar aviso, en su carácter de liquidador… a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, quien dará vista a las partes de la existencia de esta causa de fuerza mayor para que en un plazo no mayor de quince días hábiles, pero con una antelación de diez días antes (sic) de que se pueda citar a las partes para esta audiencia, pueda escuchar lo que a su derecho corresponda… y con ello la Junta, después de escuchar a las partes en esta audiencia, resuelva entonces en consecuencia la terminación de las relaciones laborales, tanto individuales como colectivas”.

Ha de esperarse entonces a que una autoridad laboral, la Junta Federal, determine que han concluido las relaciones colectivas, únicas a las que se aplica el caso de fuerza mayor. Un laudo de la Junta no puede afectar a los trabajadores de confianza regidos por contratos individuales, que en este caso sólo podrían terminar por la voluntad de las partes en un convenio sometido también a la autoridad laboral.

Las relaciones laborales, individuales o colectivas, no han terminado, pues. Por lo tanto, no puede comenzar hoy el pago de las indemnizaciones porque éstas sólo procederán cuando la Junta sentencie en tal sentido. Al gobierno, sin embargo, le urge iniciar el debilitamiento del sindicato, restándole miembros en el caso de los trabajadores sujetos al contrato colectivo, y por eso fijó este miércoles como fecha para un procedimiento que no podrá empezar legalmente sino hasta comienzos de noviembre, cerca del fin del plazo engañosamente fijado por las autoridades.

En esa prisa por minar la presión de los trabajadores, el gobierno está llegando al exceso. De creer en la denuncia formulada por Fernando Amezcua, secretario del exterior del comité central, a los domicilios de algunos trabajadores llegaron ayer cheques con el monto de la indemnización correspondiente, sin que ellos la hayan solicitado siquiera y cuando no ha comenzado el plazo estipulado por la propia autoridad. De ese modo arbitrario podrá hacerse un corte de caja ilusorio, este mismo día, cuando el SAE o el propio organismo en liquidación puedan ufanarse de su éxito al pagar las indemnizaciones. Seguramente habrá trabajadores, sindicalizados o de confianza, que acudan a recibirlas desde hoy, no obstante que los miembros del sindicato acordaron no hacerlo, y cuando se informe del número de personas se incluirá en él la cifra de los que recibieron el importe respectivo sin explicar a los familiares del destinatario de qué se trataba.

Otras denuncias formuló Amezcua que, de comprobarse, darán idea de que el gobierno, así como asaltó las instalaciones de LyF antes de emitir siquiera el decreto, no digamos antes de que surtiera efectos por su publicación, no se ha fijado límites para su actuación. De acuerdo con lo dicho por Amezcua, cuya posición oficial no está en entredicho porque fue reelegido el año pasado y no lo compromete la negativa a tomar nota de la elección de este año, un trabajador fue sacado de su casa por la fuerza y conducido por la Policía Federal a su puesto de trabajo a fin de que resolviera una dificultad técnica que los reemplazantes de la CFE no podían enfrentar. En el mismo orden, un funcionario de la propia Comisión Federal de Electricidad está ofreciendo 20 mil pesos a sindicalizados que accedan a sumarse a la fuerza de trabajo de emergencia -a que sean esquiroles, pues-, que no está cubriendo con solvencia su encomienda.

Cajón de Sastre

Murió a los 83 años, según el obituario, el abogado e ingeniero agrónomo Jesús Rodríguez y Rodríguez, que trabajó un prolongado trecho de su vida profesional al lado de Antonio Ortiz Mena, aunque su trayectoria en el servicio público fue mucho más amplia que esa etapa. Fue su secretario particular en la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social y luego lo acompañó como subsecretario en Hacienda, durante los dos sexenios en que fue responsable de las finanzas nacionales, de 1958 a 1970. Ambos marcharon al BID, como presidente Ortiz Mena y como director por México Rodríguez y Rodríguez. A su regreso, en 1979, éste dirigió el Instituto para el Depósito de Valores (Indeval) y Bancrecer, de la banca nacionalizada. Fue también senador por Morelos, si bien nació en Morelia en 1915, según Roderic Ai Camp. Fue también profesor de derecho en la Universidad Nacional.

miguelangel@granadoschapa.com

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/522/1043721/default.shtm

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Los olvidados del Nobel

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Por Javier Sampedro

¿Qué premio Nobel explicó la física cuántica de la radiactividad, postuló la versión moderna del Big Bang, propuso que las estrellas brillan por reacciones termonucleares y descubrió el concepto de código genético? Ninguno. La persona existió -se llamaba George Gamow-, pero no recibió el premio. Ni el de física ni el de medicina.

Tampoco lo recibió Dmitri Mendeleyev, cuya tabla periódica decora las escuelas de todo el mundo; ni Oswald Avery, que demostró que el ADN es la molécula portadora de la información genética; ni Lise Meitner, descubridora de la fisión nuclear; ni Julius Lilienfeld, creador del transistor; ni George Zweig, codescubridor de los quarks. Es sólo el arranque de una larga lista de ilustres no premiados nunca con un Nobel de ciencias.

Y fuera de las ciencias es peor aún. El pacifista más célebre del siglo XX, Mahatma Gandhi, no recibió el Nobel de la paz, a diferencia de Henry Kissinger o Yasser Arafat. Y el de literatura ha tenido que afinar realmente su puntería para no recaer en León Tolstói, Anton Chejov, Franz Kafka, Marcel Proust, James Joyce, Henry James, Vladimir Nabokov, Graham Greene o Jorge Luis Borges, por citar sólo a los muertos.

El Nobel, con todo, sigue siendo el premio más prestigioso que puede recibir un intelectual en este planeta. Y su prestigio no se debe a la tradición -¿por qué tendría el mundo que respetar una tradición sueca?-, sino a su exhaustivo mecanismo de selección. Los premios que hemos conocido esta semana son el resultado de un año de investigación sobre los candidatos.

La Real Academia Sueca de Ciencias (que concede los premios de física, química y economía), el Instituto Karolinska (medicina), la Academia Sueca (literatura) y el Comité Nobel Noruego (paz) invitaron en octubre del año pasado -como hacen cada otoño- a 6.000 expertos de todo el mundo a presentar las nominaciones (nunca de sí mismos).

Eso son unos 1.000 expertos por premio, entre ellos, los anteriores premios Nobel de cada área, y el resultado suelen ser 100 o 200 nominaciones en total. Los seis comités Nobel, uno por premio, empezaron en febrero a seleccionar esas nominaciones, y sólo han acabado hace un par de semanas. Durante este proceso consultan a muchos expertos externos, y de ahí suelen venir los rumores sobre la identidad de los premiados, por lo general escasos y poco fiables.

Una selección de este tipo garantiza que todos los premiados merecen serlo -en ciencia ha habido pocas concesiones controvertidas-, pero no que todos los merecedores sean premiados. Es lógico por lo tanto que la mayoría de las decisiones polémicas de la Academia lo hayan sido sobre todo por ausencia. O por tardanza, que sólo difiere de la ausencia en la longevidad del candidato. Pero lo cierto es que cada caso es un mundo.

Una clase minoritaria de no-premiados son los que el físico británico John Gribbin llama los visionarios. Son “más importantes que los premios Nobel”, según Gribbin. El paradigma es el mismo Gamow citado en el primer párrafo. Su influencia en la ciencia es incalculable, aunque también en el sentido literal: que no puede calcularse. Son ideas, avistamientos, pautas. Su alcance se debe a cómo han influido en otros científicos, y el Nobel suele ser para éstos.

Gamow nació en Odesa cuando era parte del Imperio Ruso, y estudió física en San Petersburgo cuando se llamaba Leningrado, pero trabajó toda su vida en Gotinga, Copenhague, Cambridge y Boulder (Colorado, EE UU). En 1948 propuso con Ralph Alpher la teoría del Big Bang. Otros físicos habían especulado antes con la idea, pero fue el artículo de Alpher y Gamow el que permitió demostrar el Big Bang 15 años después.

Como Alpher y Gamow parece alfa y gama, Gamow no pudo resistirse a buscar una beta para redondear el artículo. La encontró pronto en uno de los grandes físicos teóricos del siglo XX, Hans Bethe, a quien persuadió de firmar el trabajo pese a su nula contribución. El histórico artículo The origin of chemical elements salió así firmado por Alpher, Bethe y Gamow, a satisfacción de este último. Bethe, al menos, sí recibió el Nobel, aunque por otra cosa.

James Watson y Francis Crick descubrieron la doble hélice del ADN en 1953. Poco después de haber publicado el hallazgo en Nature recibieron una carta de Gamow, a quien no conocían de nada. El físico proponía allí el primer modelo de un código genético: un lenguaje que traducía el orden lineal de las letras del ADN -recién descubierto por los receptores de la carta- en otro tipo de secuencia: la hilera de aminoácidos que constituye las proteínas. Su modelo concreto era incorrecto, pero el concepto de código genético resultó capital.

Thomas Edison patentó 1.093 inventos, entre ellos el fonógrafo, el altavoz y el micrófono del teléfono, las piezas clave del cinematógrafo, el primer generador eficaz y un modelo de ferrocarril eléctrico. Y la bombilla, por supuesto. Entretanto, su colega Nikola Tesla ideaba las dinamos de corriente alterna, la transmisión de la energía eléctrica y la bobina de inducción, que le permitió adelantarse a Marconi en la patente de la radio. Edison y Tesla fueron nominados al Nobel en 1915, pero la Academia los descartó por una razón de peso: no se podían ni ver el uno al otro. Marconi había recibido el galardón seis años antes.

Durante la primera mitad del siglo, los experimentos en aceleradores descubrieron tantas partículas subatómicas que los físicos las llamaban “el zoo”: protones, neutrones, rho, delta, sigma, xi, kaones, antikaones, piones, cientos de partículas elementales. En 1964, Murray Gell-Mann y George Zwieg se dieron cuenta de que podían explicarlas como distintas combinaciones de sólo tres partículas aún más elementales: los quarks. Gell-Mann, que fue quien les puso ese nombre, fue el único de los dos que recibió el premio Nobel. Zwieg los había llamado “ases”.

El mayor descubrimiento de la biología del siglo XX, la doble hélice del ADN -la clave de la herencia-, no hubiera sido posible sin un dato previo esencial: que el ADN es el material hereditario. Fue Oswald Avery quien lo demostró en 1944, y contra todo pronóstico, porque casi todos los científicos pensaban lo contrario hasta entonces (y la mayoría siguió pensándolo aún después).

La razón de que Avery no recibiera el galardón ha sido un misterio durante 50 años, el tiempo que tarda la comisión Nobel en hacer públicas sus deliberaciones. Hoy se sabe que el químico sueco Einar Hammarsten bloqueó su candidatura, y que siguió haciéndolo incluso después de que Watson y Crick descubrieran la doble hélice en 1953. Hammarsten creía que la información genética estaba en las proteínas, y su convicción era impermeable a los datos.

Barbara McClintock descubrió los transposones -genes que saltan de un lugar a otro del genoma- en 1948 con una serie impecable de experimentos en el maíz. No sólo demostró su existencia, sino también que suelen alterar la actividad de los genes que tienen al lado, y percibió que debían ser muy importantes en el desarrollo y la evolución. McClintok ya estaba reconocida para entonces como una de las genetistas más brillantes del mundo, pero sus resultados fueron recibidos con escepticismo por muchos científicos, e ignorados por muchos otros.

El resultado fue que McClintock recibió el Nobel, pero 35 años después, cuando ella había cumplido 81. Al menos pudo vengarse en la cena protocolaria de Estocolmo con estas palabras: “Debo admitir que al principio me sentí sorprendida, y después confundida. Nadie me invitaba a dar clases o seminarios, ni a intervenir en comités o tribunales académicos. Pero ese largo intervalo resultó ser una delicia. Me dio una completa libertad para seguir investigando por puro placer y sin interrupciones”.

Einstein ganó el premio Nobel en 1921 por su explicación del efecto fotoeléctrico, uno de los artículos clave que publicó en su annus mirabilis de 1905. Esto implica que su teoría de la relatividad, uno de los dos pilares de la física actual junto a la mecánica cuántica, es otro de los grandes olvidados de la Academia, aunque su autor no lo sea. Y la razón tiene esta vez algo de paradójico.

Einstein formuló la relatividad, también en 1905, para responder a la pregunta: ¿qué ocurriría si una persona corriera tan deprisa que lograra alcanzar a una onda de luz? La persona vería una onda de luz que está quieta, como parece quieto un tren que se mueve en paralelo al nuestro. Pero la velocidad de la luz es una ley fundamental de la naturaleza, y por tanto no puede parecerle quieta a nadie.

La solución de Einstein fue aceptar los hechos y derivar sus consecuencias lógicas, por extrañas que pareciesen. La velocidad no es más que el espacio partido por el tiempo. Si la velocidad de la luz tiene que ser constante aunque corras tanto como ella, es que el tiempo y el espacio no pueden serlo. Esta teoría de 1905 se llama relatividad especial, y una de sus consecuencias directas es la célebre ecuación E=mc2, que reveló que la masa (m) y la energía (E) son dos caras de la misma moneda, y que una ínfima cantidad de masa puede convertirse en una gran cantidad de energía al multiplicarse por el cuadrado de la velocidad de la luz (c), que es un número enorme. Es el fundamento de la energía nuclear y de la bomba atómica. También del brillo de las estrellas.

Einstein fue nominado por esta teoría varias veces desde 1910, pero la Academia prefirió esperar a que los experimentos despejaran las dudas. Eso ocurrió en 1915, pero para entonces Einstein ya había desarrollado la relatividad general, la teoría de la gravitación que corrigió a Newton. Y ésta era más chocante aún que la relatividad especial, por lo que Estocolmo se volvió a echar atrás. De modo que el físico fue, en cierto modo, víctima de su propio éxito. Sin embargo, éste es un asunto sobre el que los científicos sólo albergan una duda: si Einstein mereció otros dos premios Nobel, o si más bien fueron tres.

Alfred Nobel, el inventor de los premios -y de la dinamita-, dejó escrito en su testamento que el galardón de literatura se concediera a escritores de “tendencia idealista”. El comité se tomó la frase a la tremenda en los primeros tiempos, y la adujo para rechazar las candidaturas de Tolstói, Twain, Ibsen y Zola. Cuando se relajó la norma ya estaban todos muertos.

Karel Capek, el gran escritor checo de la primera mitad del siglo XX -e introductor de la palabra robot-, suscitó las dudas del comité Nobel por sus obras antinazis de los años treinta. A los académicos les parecían demasiado insultantes para el Gobierno alemán. De todos modos quisieron dar una oportunidad a Capek, de cuyos méritos literarios no dudaban, y le pidieron que presentara alguna obra menos controvertida. “Gracias por la intención”, respondió Capek, “pero ya escribí mi tesis doctoral”. Se quedó sin premio, como es natural.

El caso de 1974 en literatura es poco representativo, pero aún menos eludible. Vladímir Nabokov, Graham Greene y Saul Bellow fueron rechazados ese año para otorgar el premio a Eyvind Johnson (Retorno a Ítaca) y Harry Martinson (Ortigas en flor), dos escritores bastante conocidos en Suecia, entre otras cosas por ser miembros de la Academia Sueca.

No está claro cuánto podrán resistir los Nobel con su esquema actual. Los matemáticos y los paleontólogos siempre se han quejado de que no haya un Nobel para sus disciplinas, pero la lista de agraviados puede crecer pronto hasta límites insoportables. Porque tampoco hay un Nobel de computación, ni de nuevos materiales, ni de nanotecnología ni de climatología. Ni de cine, que se lo podrían haber dado a Ingmar Bergman sin hacer el ridículo.

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En lo personal, las mudanzas siempre me dan mucha flojera: conseguir cajas, empacar la ropa, desempolvar adornos guardados que por alguna razón (muy obvia desde luego) están en el fondo de algún closet.

Ropa que hace años no se usa, zapatos que nunca nos ponemos porque nos lastiman, pero que seguimos conservando para ver si un día amanecemos con el pie justo para ese zapato.

En fin, los cambios representan una gran lata para algunos de nosotros, mientras que otros afortunados se sienten beneficiados por tener el pretexto para desprenderse de ataduras del pasado; a los menos, les es indiferente, recogen sus chivas y se van a seguir su camino en otro lado.

La opción que a mí me parece mejor es la de sacar TODO lo que ya no se usa y regalarlo a quien sí lo vaya a utilizar. Conozco personas que muchas veces ni siquiera se acuerdan de lo que tienen guardado desde hace añales.

Una mudanza va más allá de traer, llevar y acomodar. El desprendimiento de lo que se va a abandonar: el barrio, los rincones y la gente, llega a ser duro cuando uno está a gusto donde está.

Los cambios pueden provocar temores; acoplarse a otro lugar no es nada fácil y con la edad, menos.

Con los años nos vamos atando poco a poco a las cosas, y eso, de una u otra manera, nos detiene para vivir experiencias nuevas que probablemente pueden resultar muy satisfactorias.

En vez de que la experiencia de los años nos regale flexibilidad y vivamos de manera más liviana, es al contrario, nos volvemos más rígidos y muy hechos a lo que nos acomoda.

Aún cuando hemos comprobado que tanto la comodidad como lo que podamos llegar a tener materialmente, un día lo tenemos y al otro día podemos perderlo sin más.

Sin embargo seguimos queriendo controlar todo sin soltar nada, atados emocionalmente hasta a las piedras.

No lo hacemos de forma consciente, desde luego, son ataduras de las que sólo nos agarramos por miedo.

Si nos preguntáramos por qué no nos desprendemos de lo viejo que tenemos cuando llevamos años de ni siquiera recordar que ahí está, la verdad es que no hay una respuesta válida, y sólo unos pocos tomarían acción en el asunto y se pondrían a sacar todo lo que no usan.

La tarea de escombrar y guardar todo, aunque puede ser pesada y enfadosa, también puede resultar agradable, pues nos trae muchos y diferentes recuerdos de años atrás.

Pensar en lo felices que fuimos con tal o cual cosa nos dibuja una sonrisa en la cara, así como nos puede hacer llorar o sentir nostalgia.

El otro día abrí una caja con escritos míos de la secundaria y por supuesto que se me salieron un par de lagrimitas, sin embargo, también agradecí el darme cuenta de que la gran frustración que sentía en esos años jamás regresará.

Pero a lo que voy es que en muchas ocasiones materializamos los recuerdos sólo con (valga la redundancia) cosas materiales que tenemos.

Sin embargo nos apegamos de más a esos objetos, de tal suerte que si los llegamos a perder o nos tenemos que desprender de ellos, de pronto nos agarra el sufrimiento y no vale la pena.

Es muy bonito recodar, pero sin el sufrimiento y apego hacia lo material que nos puede producir un mal momento.

reginakuri@hotmail.com

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45956.html

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Resultaría muy difícil encontrar entre los mexicanos a usuarios satisfechos del desempeño de su compañía estatal de servicio de electricidad. Además de las deficiencias (fluctuaciones de voltaje) y fallas (apagones constantes) últimamente se han agregado incrementos desmesurados en las tarifas. No es extraño, entonces, que resulte relativamente sencillo enardecer la animosidad de los usuarios por medio de una campaña mediática (propagandística) en contra de sus trabajadores o, más concretamente, en contra de su dirigencia sindical. Algunos comentaristas (incluso independientes) celebran que el gobierno haya decidido, dicen, poner un hasta aquí a uno de los sindicatos más antiguos (95 años), grandes y poderosos del país.

Durante décadas, los gobiernos (primero priistas y después panistas) han tolerado e incluso incentivado la conformación de dirigencias sindicales al servicio de los patrones y del gobierno a cambio de prebendas y nula fiscalización. El corporativismo mexicano se ha caracterizado por el intercambio de favores entre cúpulas sindicales y gubernamentales espurias. Una clase empresarial rapaz y coludida con gobiernos corruptos y a su servicio son apenas dos de las cuatro patas que sostienen el modelo mexicano, las otras dos son el sindicalismo a modo y el poder económico trasnacional.

Sería muy celebrable que uno de los actores en cuestión (en este caso el gobierno de México) decidiera cambiar dramáticamente este estado de cosas. No es así, y el cúmulo de hechos que rodean el conflicto hacen poco creíble la voluntad democratizadora y reformadora del gobierno. Veamos por qué.

El supuesto origen del conflicto

Una de las prácticas de control del gobierno mexicano sobre los sindicatos lo constituye la llamada “toma de nota” de sus dirigencias sindicales. Aún cuando en sus orígenes dicho trámite constituía un simple aviso, al gobierno, de cambio de dirigencia; con el tiempo se transformó en un requisito para la transferencia de poder de una dirigencia saliente a una entrante. Requisito por demás absurdo pues cualquier diferendo en la elección de nuevas dirigencias sindicales debe ser resuelto al interior de los propios sindicatos o por instancias establecidas por ley; en este caso por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCyA). Tan absurda resulta esta “toma de nota” como requisito para el cambio de dirigencia que el propio partido actualmente en el poder (PAN) solicitó su eliminación, como bien nos lo recuerda Arturo Alcalde Justiniani (1):

“El propio Vicente Fox, días antes de su elección, el 7 de junio de 2000, suscribió públicamente un compromiso ante organizaciones y personalidades de la sociedad civil, en su octavo y noveno apartado protestó eliminar el trámite de registro y de la toma de nota ante la autoridad laboral y establecer el registro público de sindicatos y contratos colectivos”.

Ahora, el gobierno del también panista Felipe Calderón utiliza la “toma de nota” para desconocer la nueva dirigencia del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) aún cuando la autoridad respectiva (JFCyA) no ha emitido fallo alguno. Casualmente, y de la misma manera que sucedió hace algunos años con el sindicato del Instituto Mexicano del seguro Social (IMSS), los medios masivos de comunicación han emprendido una campaña de linchamiento para justificar la acción del gobierno y para (de)mostrar la “necesidad” de privatizar los servicios que ofrece esta compañía estatal.

El argumento esgrimido por el actual secretario del trabajo (Javier Lozano) de que hubo “irregularidades en el proceso de elección” de la nueva dirigencia del sindicato no suena muy afortunado en boca de un funcionario de un gobierno cuyas “irregularidades en el proceso de elección” fueron desestimadas por su principal beneficiario (Felipe Calderón, su jefe) con altas dosis de cinismo al responder que él había ganado la elección presidencial “haiga sido como haiga sido”. No es ningún milagro que hasta hoy (tres años después) el gobierno de facto de Felipe Calderón no haya exhibido las boletas electorales que supuestamente le dieron el triunfo. Si las boletas no han sido destruidas todavía es por la tenacidad de algunos mexicanos que han apelado a organismos internacionales para su conservación. A nadie escapa que aún cuando ya no tengan ningún valor jurídico (la elección ya fue convalidada por las instancias legales) el principal beneficiado de su revisión sería Felipe Calderón si, como han querido hacernos creer, él hubiera ganado en los sufragios presidenciales del 2006.

Pero más allá de lo desafortunado del argumento de Lozano o del reconocimiento del propio PAN de lo inapropiado del “requisito” de la “toma de nota” por parte del gobierno federal, existen otros hechos que han sido poco ventilados (o deliberadamente ocultados) y que permiten comprender de manera más objetiva esta embestida por parte del gobierno de Calderón al SME.

El verdadero origen del conflicto

Algo que muy pocos mexicanos saben es que con los mismos cables que reciben el suministro eléctrico podrían recibir servicio telefónico y trasmisión de imágenes y datos (internet). Desde hace ya varios años la compañía Luz y Fuerza del Centro (LyFC la paraestatal que proporciona electricidad a la mayoría del territorio mexicano) ha venido sustituyendo su cableado por la denominada “fibra óptica”. Actualmente LyFC cuenta con una red de aproximadamente 1,100 Km concentrada, sobre todo, en la zona centro (Distrito Federal, Estado de México, Puebla y Morelos); que es con mucho la zona de mayor concentración demográfica y de actividad industrial en el país.

A sabiendas de esto, hace ya algunos meses una empresa privada cuyo origen es español (WL Comunicaciones) pero cuyos accionistas nacionales principales son dos exsecretarios de energía (Fernando Canales Clariond y Ernesto Martens) firmó acuerdos con la paraestatal para hacer uso de dicha red de fibra óptica. Sin embargo, el contrato colectivo de la paraestatal señala que “si a una empresa se le concede el usufructo de alguna infraestructura de Luz y Fuerza del Centro, el sindicato tendría el derecho de tener una concesión espejo para dar el mismo servicio.” Así, el sindicato solicitó ejercer su derecho a brindar servicios de comunicación a través del tendido eléctrico en un mercado creciente cuyo volumen de ventas se estima en decenas de miles de millones de pesos. Este, y no otro, parece ser el motivo de encono de la administración calderonista con el SME.

Uno de los principales reclamos de la sociedad a Felipe Calderón ha sido la eliminación de los virtuales monopolios en telefonía (Telmex, de Carlos Slim) y televisión (Televisa de Azcárraga y TV Aztecas de Salinas). No obstante, nada ha hecho el actual gobierno para estimular la apertura de dichos mercados. Al parecer Calderón ha optado por “arbitrar” entre los poderosos consorcios que patrocinaron su asenso (Telmex y Televisa) no permitiéndoles invadir el terreno de uno u otro pero garantizándoles sus respectivos monopolios. Quizá algunos de sus correligionarios y socios podrían empezar a competir en el jugoso mercado del triple play (voz, imagen, datos) pero por supuesto no una agrupación de trabajadores y menos aún de un sindicato que se orienta a la izquierda y que ha manifestado su simpatía por el líder de oposición más popular del país: Andrés Manuel López Obrador.

Ahora comienzan a esclarecerse las verdaderas razones del gobierno de facto para desconocer a la dirigencia sindical del SME. Causaría risa la pretendida voluntad democratizadora del régimen de Calderón si no fuera por sus excelentes relaciones con las peores mafias sindicales del país como la de Elba Esther Gordillo (secretaria perpetua de los trabajadores de la educación) o la de Carlos Romero Deschamps (líder de los trabajadores petroleros) a quienes les hace los trámites de “toma de nota” a pesar de las airadas protestas de sus propios “representados” (2). De hecho, hace apenas unos días una resolución del Segundo Tribunal Colegiado en Materia del Trabajo ordenó a Lozano retirar la “toma de nota” a Romero Deschamps hasta que se analicen los resultados del proceso en el que se erigió como ganador (3). Ni Lozano ni Deschamps han dicho nada al respecto.

La campaña de linchamiento

Como se comentó al principio es imposible avalar el desempeño de la compañía suministradora de energía eléctrica en México. Sin embargo, resulta sospechoso que se quiera responsabilizar de su mal desempeño exclusivamente a sus trabajadores. No se debe olvidar que en los años recientes el gobierno ha alentado la participación privada en la generación de electricidad (ahora ya abarca 30% del total) y que, debido a los cálculos erróneos de la presente administración (como aquel del crecimiento de 5% anual), se han encarecido los costos y se ha retrasado la recuperación de la inversión (5 mil millones de dólares). Esto explica el aumento en las tarifas de la energía eléctrica y nada tiene que ver con los trabajadores. Pero no solo eso, los recursos del estado hacia la paraestatal han disminuido año con año y en muchos casos se han subejercido. El pretendido subsidio a la energía eléctrica se aplica mayormente a los consumidores industriales y no a las casas habitación.

Como ocurrió con el sindicato de los servicios de salud (IMSS) los medios de comunicación se escandalizan en coro ante los “indignantes privilegios” de los trabajadores del SME. No dicen, por ejemplo, que los altos funcionarios de la empresa paraestatal (no del sindicato) pueden jubilarse con una renta de 131 mil pesos mensuales después de “laborar” un año y ocho meses (véase video en referencia 4) a diferencia de un trabajador que debe “cotizar” 30 años para recibir una pensión irrisoria.

No nos confundamos, no se trata de hacer una defensa a ultranza de las mafias sindicales que tanto han dañado al país y a sus trabajadores. Pero tampoco podemos ignorar hechos que están ahí, a pesar de ser ignorados por los grandes medios de este país. Bien puede ser que en la pasada elección de dirigencia en el SME haya habido irregularidades pero no es al secretario del trabajo a quien compete dirimirlas; menos aún actuando con el doble rasero que hemos evidenciado.

Finalmente, para nadie es un secreto que Calderón tiene como objetivo privatizar los pocos bienes que le quedan al Estado Mexicano con la coartada de la supuesta falta de eficiencia. Como en el caso de la empresa estatal de petróleo (PEMEX) las administraciones neoliberales de las últimas décadas han tratado a toda costa de estrangularlas para poder entregarlas al gran capital nacional y extranjero. En el caso de PEMEX cuentan con el aval de un secretario general (Deschamps) al parecer tan espurio como el jefe del ejecutivo federal (Calderón).

Fuentes:
(1) http://www.jornada.unam.mx/2009/10/08/index.php?section=opinion&article=007a1pol
(2) http://www.jornada.unam.mx/2009/02/23/index.php?section=politica&article=012n1pol
(3) http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2009/10/08/exigen-petroleros-destitucion-de-romero-deschamps
(4) http://experiencia.indigobrainmedia.com/web/reporte/edicion150/#2/1

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93202&titular=lo-que-verdaderamente-est%E1-en-juego-

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Debido a la preocupación mundial por la Influenza, Google decidió aplicar la misma técnica para predecir los brotes de este virus en México, como ya lo ha hecho en otros países.

[ 1 ]

Esta herramienta permite detectar las tendencias de la enfermedad en nuestro país a un cálculo “casi en tiempo real” del número de casos de gripe que hay en otros lugares del mundo y que alertan de forma anticipada nuevos brotes.

¿Cómo Funciona?

Tal y como se explicó en una rueda de prensa, ‘Google Flu’, utiliza una metodología bastante simple pero efectiva: mide los brotes en relación con la cantidad de consultas que realizan los usuarios sobre temas que están directamente relacionados con la enfermedad.

De esta manera es posible estimar el número de casos de la enfermedad en un país determinado.

“Cuando tenemos síntomas de una enfermedad acudimos a Internet, como acudimos cada vez que queremos conseguir información”, explicaron voceros de la compañía. De hecho, los diseñadores de Google comprobaron que las búsquedas que la gente realizaba sobre sus síntomas “estaban relacionadas” con las estadísticas que sobre esta enfermedad publican algunas instituciones sanitarias, finalizaron.

Ventajas

La herramienta (http://www.google.org/flutrends) ofrece un mapa del mundo con la evolución por colores de la gripe en cada país, y otra página en la que se puede ver en un gráfico si la gripe está aumentando o disminuyendo y compararlo con la evolución que siguió en otros años.

Lo que diferencia a esta nueva herramienta, de otras estadísticas, como las encuestas que se realizan cada año a médicos y pacientes durante los meses de más incidencia de la gripe, es la inmediatez, ya que las primeras suelen tardar de una o dos semanas, mientras que ‘Google Flu’ se actualiza cada vez que un usuario realiza una búsqueda.

Antecedentes

A fines del 2008, Google lanzó esta herramienta para poder visualizar en tiempo real la evolución de los brotes de influenza en los Estados Unidos.

Para el caso de los Estados Unidos lograron validar la información con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés), por lo que para el caso Mexicano la herramienta sólo se encuentra en una fase experimental, debido a que estos datos aun no son cotejados con los de las autoridades oficiales, es decir, con los proporcionados por la Secretaría de Salud

Links de interés

http://www.canal-mx.com/noticias/noticiamuestra.asp?Id=464

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