—Para Guille
¿Qué ocurre cuando un lugar común de la cultura contemporánea e incluso del más vulgar “ mainstream”, puede convertirse en un objeto de “culto” y hasta en una detonación contracultural que se burla de su tiempo? Desde luego que no estaba planeado que las películas del Santo se hayan convertido en la fascinación del kitch europeo o que ciertas canciones del “Divo de Linares” se escuchen en los radicales antros del underground y nadie podrá negar que varias canciones del primer José José, El Príncipe de la Canción (nada que ver con el decrépi- to abuelito de las telenovelas hoy), siguen tan vivas que pueden hacen llorar al intelectual más exquisito ante la mínima certeza de que “El amor acaba”.
Ya un puñado de nuestras bandas roqueras de innegable intensidad transgresora cerraron filaspara hacer un “Tributo” a ese jovencito que dejó con la boca abierta a todos los presentes en el Teatro de la Ciudad cuando interpretó hace casi 40 años ese himno de los abandonados del amor: “El triste, todos dicen que soy, que siempre estoy hablando de ti, no saben que pensando en tu amor he podido ayudarme a vivir… Hoy quiero saborear mi dolor, no pido compasión ni piedad, la historia de este amor se escribió para la eternidad…”. Así, con lo mejor que escribió Roberto Cantoral, inició una leyenda.
Todo iba muy bien en esa epopeya de fracaso y genialidad de José José, cuando era el borracho perdido que cantaba como un dios (perdón, afortunadamente sólo como un príncipe etilizado), pero su renuncia al exceso se convirtió en grotesca caricatura. Hay canciones imposibles de borrar de ese inconsciente colectivo del vacío amoroso: “Almohada”, “Si me dejas ahora”, “El amor acaba”, “Gavilán o paloma”… En la certeza mínima de la congruencia, en esas rolas quedaría poco que salvar para la seria poesía o para la flosofìa que pretende construir lo mejor del pensamiento, pero nada podremos hacer cuando sólo nos queda la “Almohada” y “quisiera gritarte que vuelvas conmigo y que si vivo sólo es para amarte”, pero a las palabras se las lleva el viento…
Habría que decir que toda teoría del amor como una intensidad para siempre, que llegamos a defender a muerte hasta hace poco tiempo, queda sepultada cuando el Pepe Pepe asegura que “llega a ser rutina la caricia más divina, porque el tiempo tiene grietas, porque grietas tiene el alma, porque hasta la belleza cansa” y, en conclusión: el amor acaba…”. ¿Será?
En cada una de estas rolas se desparraman litros de cursilería y siempre aparecen los extremos del abandono (“Desesperado”), de los que amaron sin esperar nada y fueron aplastados por el más cruel desprecio. Baste recordar aquellas líneas que deben evocarse con lágrimas en los ojos y unos buenos tragos de por medio: “Si me dejas ahora, no seré capaz de sobrevivir, si me dejas ahora, mi espíritu se irá tras de ti, cabalgará día y noche sintiéndose soñador y Quijote, porque ataste mi piel a tu piel y mi boca a tu boca, clavaste tu mente en la mía como una espada en la roca y ahora me dejas como si fuera yo cualquier cosa…”.
El fnal es inmejorable: “Estoy preso entre las redes de un poema, eres tú quien me puede ayudar o me condena, eres lo mejor de mi pasado, eres tú quien aún me tiene enamorado, eres tú, sólo tú…”.
Lo mejor de estas epopeyas del amor idílico o de los desbarrancos más dolorosos es que se pueden cantar, llorar e incluso berrear en público o en privado, pero nunca necesitaremos las interpretaciones tendenciosas y abusivas de terapeutas y psicoanalistas negados para el amor.
Lo mejor es llorar al amor con la frágil emoción que no busca explicaciones complejas de nuestra efímera condición humana. Cantemos a José José, desde luego, y en primer lugar a Guty Cárdenas, Álvaro Carrillo, al gran José Tequilalfredo Jiménez, Cuco Sánchez, Juanga, Joaquín Sabina y también al Pirulí. La lista es interminable, como lo es el vacío del desamor. •
Ca r l o s Ma r t í n e z re n t e r í a
Ciudad de México, 1962. Escritor y editor. Es autor y compilador de Diez años por la Contracultura, Érase una vez en el DF y Cultura contra Cultura.
http://xml.diasiete.com/pdf/474/18HASTAATRAS.pdf