“El manicomio es una inmensa caja de resonancia
donde el delirio deviene eco,
el anonimato medida,
el manicomio es el Monte Sinaí,
maldito, en el cual recibes
las tablas de una ley
por los hombres ignorada”.
(Alda Merini)
Claude Lévi-Strauss acaba de fallecer, a los 101 años de edad. Hombre que dio un aporte fundamental al movimiento feminista.
Recorrer con la mirada los caminos serpenteantes hechos con pétalos de cempasúchil y que tienden los habitantes de los pueblos del estado de Morelos a la entrada de sus casas, para señalar la ruta y dar la bienvenida al retorno de sus querencias, alienta la nostalgia. Es una costumbre que, colgados de una hebrita, nos lleva colmados de emociones contradictorias, que van de la vida a la muerte.
Claude Lévi-Strauss acaba de fallecer, a los 101 años de edad. Hombre brillante que, sin proponérselo, dio un aporte fundamental al movimiento feminista. Con su obra pero, en especial, con su meticuloso estudio sobre cómo se piensan las relaciones de parentesco, señaló el lugar que las mujeres han ocupado en las sociedades por él estudiadas. Y llegó a una conclusión que, de tan evidente, no la veíamos: los hombres intercambian mujeres para fortalecer alianzas entre sus respectivos clanes. Las mujeres son “la mercancía” más importante para organizarse entre ellos.
Y no sólo cuando hay guerras, sino cotidianamente, las mujeres son el hilo conductor de las relaciones sociales en tiempos de paz o en tiempos violentos. Los hombres, en sociedades desiguales, tienen derecho sobre la vida de las mujeres y, para sostenerlo, han establecido múltiples mecanismos, entre ellos, una férrea división sexual del trabajo en la que, por supuesto, no vale lo mismo el realizado por los hombres y lo que hacen las mujeres.
También acaba de morir Alda Merini, a los 78 años, considerada una de las más grandes poetas italianas del siglo XX. De su biografía, estremece saber que, en una riña conyugal, por defenderse, golpeó a su marido con una silla y fue encerrada en un manicomio. Coincido con Jorge Flores Durán en que el mundo de la intolerancia la encerró en la locura y, con Marguerite Duras, en que “para estar en la locura hay que ser muy inteligente”.
J. L. Clariond, apasionada, expresa: “Hay personas que son caminos. Nos alumbran desde la raíz. Ellas resplandecen, aun en lo diverso. Ahí se inscribe Alda Merini, ahí su talento, su creación”.
Seguir las bellas sugerencias de Alda siempre es complicado, pero muy inspirador: “Escribe una carta de amor solamente/ que tenga la semilla de un gran suspiro/ y después olvídala en la memoria/ para que yo la pueda escuchar”.
Uno de sus libros, La otra verdad. Diario de una mujer diversa, desde el título nos anuncia lo que, en palabras de Loretta Emiri, otra brillante maestra del idioma, afirma de sí misma: “Soy una disidente aquí y allí. Soy una predestinada al exilio, al que no escapo porque es interior, no determinado por la geografía, sino por mis ideales, por mi modo de ser obstinado. Seguiré viajando hasta alcanzar, si existe, el lugar en el que nadie me pedirá que sea diferente de lo que soy”.
Los caminos naranja-amarillos del cempasúchil, abiertos en las calles polvorientas, son como una carta de amor, escrita con pequeñísimas semillas de grandes suspiros, como, según Clariond, era Alda: alumbran desde la raíz y resplandecen desde lo diverso.
http://www.exonline.com.mx/diario/editorial/771856

Como escribe el buen Kyuuketsuki “Aquí es donde se me ponen los ojos acuáticos”.
Aurore…si es para llorar.
Saludos