Las estatuas son una forma de inmortalizar a un personaje, un momento o un concepto. Todos los políticos en el fondo de su corazón quisieran, o develar una escultura suya aunque sea en el kiosco de la plaza de su pueblo o tener una calle con su nombre aunque sea callejón.
Pero no todos pueden conseguirlo. Una manera es hacer algo realmente trascendental para el país y eso requiere mucho esfuerzo y ellos lo que quieren es evitar la fatiga; otra forma es morirse siendo amigo del Presidente en turno y, obviamente, esto no sucede todos los días.
Un tercer camino es conseguir a un par de paleros o un escultor que quiera aprovechar la fama momentánea y fugaz de un político para llevar agua a su molino.
Esta semana la develación de dos efigies irrumpió en el panorama político nacional. Por el lado izquierdo está la de Rafael Acosta, el ya célebre Juanito, quien recibió su estatua de mano del escultor Bernardo Luis y por el otro lado, el derecho, está el busto de Juan Camilo Mouriño que falleció hace un año en un avionazo.
En la estatua de Acosta, éste aparece de pie con un libro en la mano derecha y el puño izquierdo cerrado en lo alto. Si uno observa atentamente podrá leer que en la carátula del libro dice: “El sensacional Libro Vaquero”. En la cinta que lleva en la cabeza aparecen las iniciales de INRI que significa “Izapalapense Necio Renegado e Incómodo”. El artista que retrató perfectamente la mirada pérdida del político donará la obra al pueblo de Iztapalapa, donde se sabe que Clara Brugada la espera impaciente para hacer con ella lo que los iraquíes hicieron a la de Sadam Hussein. En el caso del ex secretario de Gobernación se decidió ahorrar recursos por aquello de la crisis y en lugar de hacer una estatua de cuerpo completo, se hicieron dos bustos para ubicarlos en el estado de Campeche y en la sede nacional del PAN.
Pero los expertos inmaculados descubrieron que esto de las obras escultóricas está de moda, y que son varios los que ya se encuentran haciendo su pedido para tener su figura a su imagen y semejanza. Mauricio Fernández, Alcalde de San Pedro Garza García en Nuevo León, quiere que se fundan los casquillos de las últimas balaceras de Nuevo León para que de ahí salga el material de su estatua llamada “El no-pensador de Garza García”.
Lo que no sabe es que hay varios grupos interesados en hacerle una estatua. Entre los proyectos más avanzados está la llamada “El vidente” porque es capaz de saber que murió un narcotraficante antes que todos los demás; “El Rambo” porque quiere hacer cumplir la ley con la fuerza bruta. Debajo de la figura se tiene planeado poner las frases: ¡Esto es un infierno! ¡No siento las piernas!
Otra estatua que ya se está elaborando es la que honra a los funcionarios caídos en el sobreejercicio de sus funciones verbales. En ella se observa a un grupo de políticos encabezados por Jeffrey Jones, el ex subsecretario de Agricultura, que pidió a los campesinos mexicanos tener la visión de negocio del narcotráfico, con la boca sellada y una gran mano dándoles un coscorrón.
Una escultura que se develará próximamente tiene un doble significado: homenajea el albur y celebra la amistad México-Países Bajos. En ella se encuentra el príncipe de los Países Bajos, Guillermo Alejandro; Polo-Polo, Jo Jo Jorge Falcón y “La Chupitos”. Al pie de esta obra maestra se encuentran frases célebres como: “Camarón que se duerme se lo lleva la chingada”; “Puto el que lo lea”; “Los de Yucatán son cabezones, pero los belgas más”; “El recto es insobornable”.
Ya estaba a punto de terminarse una efigie conmemorativa de los derechos humanos con la figura de Emilio Álvarez Icaza, pero como los senadores se dieron cuenta de que en su curriculum no venía ni siquiera un curso rápido de enfermedades gastrointestinales y Raúl Plascencia tenía hasta maestría, no pudo llegar al frente de la Comisión Nacional, así que de última hora, el PRI y el PAN decidieron pagar una nueva obra para celebrar la continuidad y la gastritis.
Una última estatua conmemorativa del día de los inocentes inmortaliza la frase: “Lo que implica el fin de la recesión económica en el país”.
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En el trabajo, convivo con varios egresados de la UNAM que recuerdan una estatua de Miguel Aleman en alguna parte de CU que yo no ubico entre los 50s y los 70s.
El caso es que tambien recuerdan que la estatua sufrio repetidas agreciones por parte de la comunidad estudiantil hasta que fue removida.
Alguna vez, estos buenos compañeros (y orgullosos pumas) llegaron a elavorar la hiopotesis de que era el escultor quien organizaba a los estudiantes para que agredieran la estatua.
Si eso fuera cierto, el negocio era redondo. Como solo el autor podia respaurar la obra, tendria trabajo garantizado durante muuuchos años.
Hluot, no es mala la hipótesis del negocio redondo, a mi en lo particular eso de las estatuas…solo las de marfil.
Hacer un estatua a un ser humano vivo que poco hace por su comunidad o su país me suena siempre a negocio o a que el ego de las personas es mucho…
Se dan por contratos, se hacen para llenar espacios y muchas veces, la mayoría de las veces para dejar bien parado a un político….¿Qué diría Rodin?
Saludos