Con la expedita puesta en marcha de la vacunación contra la influenza H1N1 en algunos países, tras el desarrollo y ensayos igualmente veloces de la misma, se ha despertado alguna ansiedad con respecto a la eficacia e inocuidad de la misma, ansiedad que en algunos casos ha llegado a alarma y que se encuentra salpicada muchas veces de irresponsabilidad y desconocimiento.
Habrá que decir que no es esta la primera vez que se orquesta una especie de campaña contra la vacunación en general, existen grupos e individuos que se resisten al procedimiento y que hacen proselitismo de su punto de vista. Los argumentos principales que esgrimen tienen que ver con la libertad de elección en lo que a intervenciones médicas se refiere, posición que contradictoriamente no sostienen cuando se trata del aborto, por ejemplo.
Se envían correos electrónicos, se dedican páginas en la red o se abren blogs y foros, en los que se asegura –incluso con datos, generalmente anecdóticos- de los perniciosos efectos de todo tipo de vacunas y en el caso de la que nos ocupa, con la convicción que detrás de ella existe una conspiración planetaria en la que están involucrados los organismos internacionales de salud, los gobiernos de todos colores y sabores, las farmacéuticas, los médicos e investigadores, con el avieso fin de … ni idea.
No creemos que haya necesidad de justificar el empleo de las vacunas como el principal medio de prevención de un gran número de enfermedades que durante años diezmaron a la población mundial y que fueron terror de generaciones enteras, ahora ya nadie se acuerda de la viruela o de la poliomielitis.
No obstante, podría ser útil mencionar que la vacuna contra la nueva influenza se ha desarrollado y probado siguiendo similar metodología a la de las vacunas de influenza estacional, mismas que se han aplicado ya durante varios años y cuyos efectos colaterales son generalmente leves –cuando los hay- y no pasan de enrojecimiento, dolor pasajero o inflamación en el sitio de aplicación, o dolor de cabeza, mareo, nausea, que generalmente duran poco tiempo. Manifestaciones como fiebre alta, dificultad para respirar, palidez o taquicardia, podrían ser indicativos de una reacción alérgica, en estos casos –que son ciertamente raros- hay que consultar al médico de inmediato.
Evidentemente, a diferencia de la vacunación obligatoria para otras enfermedades –que tiene su razón de ser-, en el caso de la influenza H1N1, así como en la estacional, cada quien es libre de decidir si se la aplica, por lo pronto será la población en riesgo la primera en recibirla, para los demás quien sabe si alcance.
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