
Llenar el Zócalo de la ciudad de México con adherentes y simpatizantes no es hazaña ordinaria. Claro: hay que excluir del recuento el espacio aislado por la muralla provisional alrededor del Palacio Nacional. Muralla provisional pero que, aunque trashumante, ya se está volviendo parte de los usos y costumbres del Estado Mayor Presidencial: del tamaño del miedo es la pistola.
Cada día, el que según el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación es el titular del Poder Ejecutivo, tiene crecientemente la prueba material de su aislamiento y alejamiento del pueblo ciudadano; cada día más consciente de que “el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar la forma de su gobierno”.
Los dirigentes del SME están cambiando de giro. Ya se han dado cuenta de que la medida, tomada de la manera más torpe y despótica, de desaparecer la empresa estatal de Luz y Fuerza del Centro, tiene, sin embargo, un fundamento técnico válido, aunque todo el mundo sepa que no fue la motivación real (que se llama concesión de la red entera nacional de fibra óptica) de la abrupta decisión, ejecutada además con toda la brutalidad y alevosía de un estado policíaco.
Técnicamente había, hay, poderosas razones de tipo práctico operativo para integrar ese servicio vital para la vida nacional en una sola entidad pública eficaz. Pero el tema central no es si tarde o temprano había que hacerlo, aprovechando el talento técnico de sus trabajadores calificados. El tema esencial es otro: además de la rudeza despótica del golpe, lo verdaderamente trascendente es la actuación descaradamente antilaboral y abiertamente antisindical de una autoridad, violando de manera frontal la Constitución que protestaron guardar y hacer guardar.
Esta columna no está en capacidad de evaluar las razones jurídicas de la acción tomada por el Ejecutivo, pero sí para atestiguar el malestar y la sospecha de muchos ciudadanos ante la decisión de la Suprema Corte de no dar entrada al reclamo del SME.
Pero las impactantes fotografías del Zócalo capitalino y de las avenidas de la ciudad, y del propio recinto de la UNAM, dejan ver cómo el SME se está volviendo, se ha vuelto ya, el aglutinante del malestar ciudadano por tantos agravios acumulados, en una jornada que duró más de 12 horas; a la que hay que añadir la rechifla que recibió Felipe Calderón en la inauguración del estadio de Santos en Torreón, que naturalmente no aparecerá en el noticiero de Televisa o de TV Azteca.
Mineros, maestros, contribuyentes enfurecidos, electores frustrados, decenas de organizaciones cívicas de más de 22 entidades federativas, estudiantes y maestros universitarios, adherentes de “la otra campaña”, y por supuesto seguidores del movimiento por un Proyecto Alternativo de Nación y otros muchos ciudadanos agraviados, han cerrado filas y se han aglutinado. El SME cambia de giro.
Como dijo Martín Esparza, “esta jornada es para largo”.
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