Alfonso Zárate
El solitario de palacio
El presidente Felipe Calderón enfrenta casi en solitario y en un entorno de cuestionamientos severos el momento más difícil de su mandato. Tan sólo el viernes, los encabezados y los contenidos de las colaboraciones de distintos analistas de nuestro diario dan cuenta de esa condición. José Cárdenas refiere una llamada de Calderón al procurador Eduardo Medina Mora, una madrugada de agosto en la que, “alterado”, el Presidente le habría reclamado su deslealtad en vísperas electorales. A la mañana siguiente —escribe Cárdenas— el procurador acudió a presentarle su renuncia irrevocable y cuando el Presidente le pregunta la razón, Medina Mora argumenta la pérdida de confianza. “¿De qué me hablas? Yo no recuerdo haberte llamado anoche”.
En la misma página, Javier Solórzano titula su colaboración: “¿Dónde está el Presidente?”. Las primeras líneas de su texto son contundentes: “El ánimo en el que anda el país no es casual. La clase política parece incompetente y el país va sin rumbo”. En consonancia, Ana María Salazar se pregunta: “¿Dónde está el piloto?”. Apenas este martes, Salvador García Soto advierte que el mal humor se ha instalado en Los Pinos.
Pero más allá del “círculo rojo”, Calderón Hinojosa enfrenta la censura de algunos de los principales empresarios de México y de sus voceros que, desde los organismos empresariales, dicen que nunca habían sentido tal distancia del titular del Poder Ejecutivo. Tal vez es cierto; más allá del discurso, los gobiernos priístas siempre sumaron a los grandes empresarios y no sólo eso: gobernaron con ellos y para ellos, aunque al final algunos, como Echeverría y López Portillo, hayan terminado en ruptura.
Lo que había ganado el Presidente en las élites económicas con la decisión de extinguir Luz y Fuerza del Centro lo perdió al denunciar que los consorcios (unos 400) apenas contribuyen al erario. Lo dicho y reiterado por Felipe Calderón, aunque cierto, resultó una verdad incómoda y políticamente inoportuna (siempre parece inoportuno reprobar, así sea sólo de palabra, a los “dueños de México”). Quienes han aprovechado los resquicios legales para evadir al fisco y multiplicar sus fortunas se ofendieron y mandaron a sus personeros a enmendarle la plana al Presidente.
Pero si esto ocurre al nivel de la élite económica, en el otro extremo hay una base social empobrecida —el desempleo ha crecido de manera alarmante en los últimos años, ni qué decir de la precarización laboral— que constituye una masa resentida y capaz de agregarse a distintos movimientos populares.
En el Congreso, las propuestas del titular del Ejecutivo de desaparecer tres dependencias son desestimadas por los legisladores y un pequeño grupo de diputados pejistas juega el papel de golpeadores sistemáticos a los hombres del Presidente. Y mientras esto ocurre en los extremos de la pirámide social, anchas franjas de las clases medias —ese sector crucial para la estabilidad política y que suele simpatizar con el PAN— muestran altos grados de frustración y desesperanza ante la disminución de sus ingresos y el desbordamiento y la brutalidad de la delincuencia: el secuestro y la extorsión los están lastimando duramente.
Por eso, en momentos en que es imperativo alcanzar acuerdos para salir de la difícil coyuntura y construir las condiciones para un crecimiento sano y sostenido de la economía, que se traduzca en empleos y bienestar social, los apoyos sociales que se requieren para sustentar al Presidente se vuelven cada vez más angostos y volátiles y en su equipo, con raras excepciones, prevalece la indolencia, el ocultamiento y la ineptitud.
El jefe del Ejecutivo dispone y las altas burocracias lo descomponen, sus órdenes no se traducen en acciones porque los responsables no saben cómo hacerlo o no quieren hacerlo. Por años se desmantelaron los equipos técnicos de secretarías como la de Comunicaciones y Transportes y hoy no tienen con quién armar los proyectos ejecutivos para las obras de infraestructura, o le temen a firmar contratos multimillonarios que, más temprano que tarde, los pueden convertir en indiciados.
Hay muchas decisiones pendientes para que el país se prepare para crecer, y de ellas, varias no requieren la aprobación del Congreso, corresponden a las atribuciones constitucionales y legales del titular del Ejecutivo. En los últimos nueve años la economía ha crecido en promedio sólo 1%. Si Calderón se atreve, enfrentará duras resistencias. Pero si no se atreve, será peor. “No hay peor lucha que la que no se hace”.
A cuatro días de iniciar la segunda mitad de su gobierno, es el momento de que el Presidente se pregunte cómo querrá ser recordado una vez que concluya su mandato.
Con su frivolidad e ignorancia, Fox dilapidó el enorme entusiasmo colectivo que generó la alternancia. El bato con botas —le llamó Humberto Musacchio— resultó un mandilón cuya ineptitud le sigue costando mucho al país.
Por ser hijo de Luis Calderón Vega y haberse nutrido en la filosofía democrática del PAN original, Calderón tiene un compromiso mayúsculo. Administrar la inercia no es opción. Todavía está a tiempo de recuperar la iniciativa, pero difícilmente lo hará con colaboradores que no tienen la estatura para enfrentar el complejo escenario.
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
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