Murió J.D. Salinger, el escritor que decidió esconderse del éxito
Tras lograr fama con su libro “El guardián entre el centeno”, el autor decidió aislarse del mundo
NUEVA YORK.— J.D. Salinger, a quien Ernest Hemingway le reconoció ya en 1944 un “talento endiablado”, el legendario escritor, héroe de los jóvenes y fugitivo de la fama cuyo libro The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno) conmocionó e inspiró a un mundo del cual se apartó, murió a los 91 años.
Salinger falleció de causas naturales en su hogar el miércoles, dijo su hijo en un comunicado difundido por su representante literario. Desde hacía décadas vivía aislado por propia voluntad en su casa ubicada en la localidad de Cornish, Nueva Hampshire.
Su obras más reconocida
The Catcher in the Rye (conocida también en español como El cazador oculto), con su inmortal protagonista adolescente, el rebelde y atormentado Holden Caulfield, apareció en 1951, en plena Guerra Fría, una época de conformismo y angustias. El Club del Libro del Mes, que incluyó The Catcher entre sus selecciones, recomendó a “cualquiera que haya criado un hijo” la novela como “una fuente de asombro y deleite y preocupación”.
Enfurecido por todos los “falsos” que “me deprimen al punto de enloquecerme”, Holden pronto se convirtió en el más famoso antihéroe de la literatura estadounidense desde Huckleberry Finn. Las ventas de la novela son asombrosas (más de 60 millones de ejemplares alrededor del mundo) y su impacto incalculable. Décadas después de su publicación, el libro sigue siendo una expresión que define el sueño más americano: no crecer nunca.
Novela de culto
Salinger escribía para adultos, pero adolescentes en todo el mundo se identificaron con los temas de alienación, inocencia y fantasía de la novela, ni qué hablar de la suerte de tener la última palabra. Catcher presenta el mundo como una lucha muy injusta entre la bondad de la juventud y la corrupción de los mayores, un mensaje que sólo se intensificó con la inminente brecha generacional.
El culto de Catcher se tornó trágico en 1980 cuando el enloquecido fanático de los Beatles, Mark David Chapman, asesinó a John Lennon, citando la novela de Salinger como una inspiración y declarando que “este extraordinario libro posee muchas respuestas”.
Otros libros de Salinger no igualan la influencia ni las ventas de Catcher, pero aún se leen, una y otra vez, con gran afecto e intensidad. Los críticos, al menos por un tiempo, consideraron a Salinger un consumado y atrevido cuentista, con títulos como el clásico A Perfect Day for Bananafish de la colección Nine Stories. La novela Franny and Zooey, al igual que Catcher, es una búsqueda juvenil de redención obsesivamente articulada, que incluye una memorable discusión entre Zooey y su madre mientras el protagonista intenta leer en el baño.
Catcher, narrada desde un hospicio psiquiátrico, comienza con Holden recordando su expulsión de una escuela en Pensilvania por reprobar cuatro clases y por su apatía en general.
Regresa a su casa en Manhattan, donde sus correrías lo llevan a todos lados, desde un hotel en Times Square hasta un carrusel bajo la lluvia con su hermana Phoebe en Central Park. Decide que quiere escapar a una cabaña en el oeste, pero desdeña preguntas sobre su futuro por hipócritas.
Alma de niño
The Catcher in the Rye llegó a ser una lectura tanto obligatoria como limitada, prohibida periódicamente por una junta escolar o por padres preocupados por su lenguaje franco y el irresistible rencor de Holden. “Estoy consciente de que algunos de mis amigos estarán tristes, o conmocionados, o conmocionados y tristes, por algunos de los capítulos de The Catcher in the Rye. Algunos de mis mejores amigos son niños. De hecho, todos mis mejores amigos son niños”, escribió Salinger en 1955, en una breve nota para 20th Century Authors.
“Me resulta casi insoportable darme cuenta de que mi libro se mantendrá en un estante fuera de su alcance”, dijo.
Salinger también escribió las novelas Raise High the Roof Beam, Carpenters y Seymour. An Introduction. Su último cuento publicado, Hapworth 16, 1928, apareció en la revista The New Yorker en 1965. Para entonces era ampliamente considerado un niño precoz cuya actitud se tornó de tierno a insufrible. “Salinger fue la mente más grande que se haya quedado en la escuela secundaria”, comentó alguna vez Norman Mailer.
En 1997, se anunció que Hapworth se reeditaría como libro, lo que incitó una reseña negativa del New York Times. El libro, en el típico estilo de Salinger, no se publicó. En 1999, el vecino de New Hampshire, Jerry Burt, dijo que el escritor le dijo años atrás que tenía por lo menos 15 libros escritos inéditos que guardaba en una caja fuerte en su casa.
“Me encanta escribir y les aseguro que escribo con regularidad”, dijo Salinger en entrevista con Baton Rouge (Luisiana) Advocate en 1980. “Pero escribo para mí mismo, por placer. Y quiero estar solo para hacerlo”.
El ser humano
Jerome David Salinger nació el 1 de enero de 1919 en Nueva York. Su padre era un acaudalado importador de quesos y carnes y la familia vivió por años en Park Avenue. Como Holden, Salinger era un estudiante indiferente con un historial de problemas en varias escuelas. A los 15 años fue enviado a la Academia Militar de Valley Forge, donde escribía por la noche a luz de linterna bajo las sábanas y con el tiempo consiguió su diploma. En 1940, publicó su primer relato de ficción, The Young Folks, en la revista Story.
Después, molesto por el revuelo y la fama, se retiró de la vida pública.
Desde hace casi seis décadas vivía aislado en Cornish, New Hampshire. Al principio siguió en contacto con el exterior mediante relatos breves, pero Salinger, uno de los autores norteamericanos más leídos y respetados de la posguerra, se sumergió en el silencio. Ni una línea suya volvió a salir a la luz en casi 45 años.
El resto de lo que se supo de él provenía de fuentes secundarias. Una ex amante, la periodista Joyce Maynard, contó en 1998 en su libro de memorias Mi verdad, que el autor de culto se sentaba a diario frente a la máquina de escribir para redactar libros enteros y por la noche, guardaba las páginas bajo llave.
Salinger tenía 53 años y Maynard era una estudiante de 19 años cuando compartieron por nueve meses sus vidas.
Más confiable es la imagen de Margaret Salinger de su padre en su libro El guardián los sueños, donde contó que la había tratado con mucho amor en su niñez, aunque también que era egoísta de forma patológica. Confesó que sólo pudo entrar dos veces a su estudio y dijo que su padre sólo escribía para sí porque temía a la crítica. (AP y DPA)
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/62236.html
Rafael Pérez Gay: Salinger |
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