Regina Kuri
Círculo virtuoso
Cortar y partir |
| Debo decir que me gusta hablar de los enamoramientos, de las conexiones entre personas, el rush inicial de cuando dos se conocen y se gustan, es decir, prefiero hablar de los inicios que de los finales.Además creo que es más emocionante hablar de eso, es cómo cuando sales de viaje que se siente esa emoción en la boca del estómago por vivir algo diferente y nuevo. La mayoría de las veces, para mí es mejor la ida que el regreso, pero es cosa de cada quien.
En fin. Los truenes siempre son cosa difícil, tanto para el que deja como para el dejado, aunque debo confesar que en mi experiencia el trago es menos amargo cuando me han dejado. Determinar que la cosa no está jalando es una decisión espinosa, el qué hacer y qué no hacer, qué pensar y principalmente la evaluación del daño a causar. Claro también sucede que a veces pensamos que el dejar a una persona le va a provocar un infarto, y la verdad es que en muchos casos no es para tanto. Ciertamente vivimos un mundo o una realidad dentro de nuestra mente y otro muy distinto afuera. Al menos con lo que respecta cuando queremos o pretendemos saber lo que piensa o quiere el otro, es decir cuando empezamos a asumir situaciones que quizá existan o quizá no. ¿Qué lleva a una persona que querer terminar su relación? Infinidad de cosas desde luego. Lo que sí podría a mi juicio ser un común denominador es que quien quiere irse de una relación, es porque está viendo una ventana medio abierta. Esa ventana puede representar un bienestar emocional, otra persona, una salida a algo que hace daño, libertad, etcétera. Entre que uno decide que estará mejor en otro lado la muerte chiquita no se hace esperar. Muchas veces uno quiere salir huyendo de la relación, pero está enganchado emocionalmente a la persona. Sé que he hablado de las dependencias, pero en esta ocasión el sentido de la calle va para el otro lado, es decir, que ya te quieres ir pero no sabes cómo decirlo. De igual manera es un tipo de dependencia, puesto que veladamente la intención es controlar los sentimientos de la otra persona. Como mencioné anteriormente, “pobre, qué va a hacer sin mí”. La dependencia viene a la inversa, como quien dice, dependemos de lo que la otra persona nos hace sentir ante esta “falsa” idea de ser necesitados. Por eso tardamos tanto en irnos, provocando daño sin querer queriendo como dice el Chavo del Ocho. Entonces, lo que sucede es que uno se empieza a comportar ajeno, ausente, agresivo-pasivo, hace daño, pero no se va. Qué nos hace pensar que si nos vamos la persona que está o ha estado a nuestro lado se va a derrumbar. Es una concepción por demás soberbia y arrogante, y sin temor a equivocarme, muy poco honesta. Me atrevo a decirlo de esa manera algo categórica, puesto que ya me ha pasado. Con decir poco honesto, me refiero a que le estoy echando toda la responsabilidad de mis sentimientos a la otra persona. Ahora también no podemos dejar a un lado la consideración, a veces se tienen varios compromisos con la otra persona más allá de la relación, a los que uno tiene que responder. Tampoco está bien irse así nada más. Sin embargo por cobardía no resolvemos esos asuntos para no quedarnos sin pretextos y no enfrentar la salida. Es algo muy complejo, pero sucede. Al final llegamos a la conclusión común, en la medida en que yo me haga responsable por lo que quiero y lo que siento, más fácil me será llevar a cabo las acciones y mis decisiones. Uno debe exponer con honestidad y claridad, y si la otra persona lo acepta o no, es cosa de ella. http://www.eluniversal.com.mx/columnas/82580.html |
un epígrafe que me gustó un chingo -de autoría de una amiga real y cibernética-, y que resume un poco este proceso de duelo amoroso:
Despedirse.
Dejarse ir
como las pieles de las víboras en los campos.
Malbicho….ojala fuéramos víboras, y cambiáramos de piel.
Por cierto no sabía que hablarás tan bien el francés…a no, perdón chingo es español, me da un chingo de gusto leerte en las tres…