Guillermo Fadanelli
Juego sucio
12 de abril de 2010
“La obstinación y ardor de opinión es la prueba más segura de la testarudez”, escribió Montaigne, quien a su manera fue un santo. Recordé esta frase cuando conversaba hace unos días con el artista Renato Ornelas acerca de la costumbre que tienen algunos lectores de enviar comentarios o párrafos sobre las notas o columnas que publica EL UNIVERSAL. Es decir, alguien escribe un artículo en el periódico y en seguida aparecen (en la versión on-line) unos cuantos comentarios que provienen de lectores que se mantienen en el anonimato. Mi amigo hizo énfasis en el exceso de juego sucio por parte de los que opinan. Y tiene razón, aunque yo creo que la idea de publicar esas voces es conveniente porque permite que las personas participen dando opiniones acerca de asuntos que les son relevantes. En términos utópicos puede decirse que al comentarla amplían la nota, la critican y de algún modo la completan. Un sueño guajiro.
Una anotación: el sencillo acto de leer un texto implica ya en sí la participación del lector, pues en el momento en el que éste entra en contacto con el lenguaje, su pensamiento, su moral y en suma su capacidad de relacionarse con el mundo se ponen también en marcha. La simple lectura ya es un asunto común. De manera que añadir un comentario al texto no agrega mucho al acto esencial de la lectura, aunque en lo social haga un poco más de ruido. En apariencia es la democracia y la libertad civil las que se fortalecen cuando un medio abre su espacio para las opiniones de los lectores. Y como no todo el público puede o desea opinar sólo algunas cuantas personas ocupan ese espacio. De este reducido número de gente que opina pueden obtenerse algunas conclusiones. La mía es la siguiente.
Por los comentarios que he leído en casi todas las secciones del periódico, el panorama es aterrador. No se opina sino que en general se insulta, se lanzan juicios lapidarios, los comentaristas aprovechan el espacio para atacarse entre sí y desahogar su odio ocultos en el anonimato, proliferan los anatemas, las maldiciones, la xenofobia (sobre todo cuando el tema es el futbol). Las burlas ocupan el lugar de la opinión razonada y sobre todo se hace uso de la impunidad. De vez en cuando aparece un comentario que agrega, critica o en realidad se opone al artículo comentado, pero esto sucede en raras ocasiones. Se tiene más prisa en ofender que en comprender. ¿Es posible obtener alguna clase de conclusión a partir de esta constante exhibición de atrocidades, además del desconcierto y de la desolación que producen? Yo, desde mi butaca, me digo: “¿Y qué esperaban?”
No quiero decir que un denuesto o incluso un insulto no sean una muestra de lo real ni que uno deba ignorarlos. Al contrario, suponen una imagen parcial de la realidad en la que se vive. Eso es justamente lo que produce desazón pues en gran medida tanto dislate es consecuencia de una educación básica inexistente. Tomando en cuenta el lamentable estado de cosas en la política y en las cuestiones del bien común ¿cómo se puede formar una buena comunidad o una oposición a la mala vida con esta clase de personas? Hay demasiado odio en el aire (podría decirse que con justa razón) y la calidad de los comentarios a los que aludo son una muestra de que pese a tener acceso a la tecnología, una buena parte de los comentaristas que se exhiben mantienen un nivel ético o humano que linda con la barbarie. El mayor mal de nuestro tiempo es la enorme diferencia entre el progreso tecnológico y la calidad humana que lo acompaña. Tal diferencia es un abismo que dudo mucho sea salvado en las próximas décadas.
En verdad agradezco el hecho de que alguien lea mis artículos o ponga cierto interés en mis palabras, pero no leo los comentarios que suscitan porque en lo personal prefiero conocer someramente a las personas con quienes discuto (además creo que opinar desde el anonimato es nocivo para las democracias reales). Me pregunto si es posible hacer a un lado a las personas y poner sólo atención en sus argumentos. Creo que sí, aunque el argumento siempre quedará incompleto sin un conocimiento más amplio de quien lo expresa. Aún así me parece bien que se publiquen las opiniones anónimas, por algún lado se tiene que comenzar.
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/47966.html