Un Centro de Atención Múltiple menos
La SEP no pagó la renta
Con un par de camionetas Hummer que Elba Esther Gordillo hubiera subastado, los más de 30 alumnos con discapacidad habrían conservado su colegio a nivel primaria, donde recibían talleres y valiosas clases que les ayudan a integrarse a la sociedad.
2010-08-29•El Ángel Exterminador
En el número 164 de la calle Xicoténcatl, colonia Del Carmen, Coyoacán, hubo alguna vez un Centro de Atención Múltiple donde los niños y niñas con discapacidad hacían rondas y hasta cantaban en francés, según cuenta Lilian Verine Peters, propietaria del negocio de comida que colindaba con la extinta escuela de educación especial, una ciudadana francesa que dejaba todos sus quehaceres para escuchar con embelezo las melodías entonadas por alumnos con síndrome de Down, parálisis cerebral, debilidad visual y de lento aprendizaje.
El Centro de Atención Múltiple (CAM 27) dejó de funcionar porque la Secretaría de Educación Pública (SEP), que rentaba la casa 164 de la calle Xicoténcatl, un inmueble de casi 700 metros, no sólo se atrasaba en sus pagos de 15 pesos mensuales, sino además, porque perdió el litigio con el propietario.
Con un par de camionetas Hummer que Elba Esther Gordillo hubiera subastado, los más de 30 alumnos con discapacidad habrían conservado su colegio a nivel primaria, donde recibían talleres y valiosas clases que les ayudan a integrarse a la sociedad.
Aquí, cuatro lecciones de vida, cuatro relatos de habitantes de un universo diferente al nuestro, cuatro seres que se esfuerzan por llevar una vida normal, cuatro historias de estudiantes que formaban parte del CAM 27.
Biani, la niña de la luz
Biani, que en zapoteco significa “luz”, se imagina que corre sobre una pista de tartán a la misma velocidad que su admirada Ana Guevara. Y tal es la fuerza y el empuje de sus firmes deseos, que ya ha ganado 12 medallas en las competencias que organiza la SEP. Conviene decir que esta niña que sueña con ser como la velocista olímpica de Sydney, nació hace 14 años con parálisis cerebral. “Me habían dicho que no iba a ver ni a caminar”, recuerda Nizaguié Chacón Albarrán, la madre que decidió emprender una lucha constante desde el primer día en que se enteró del durísimo diagnóstico. “Yo no me quedé con los brazos cruzados. Desde entonces, todo ha sido buscar y buscar escuelas. Mi hija recibió estimulación temprana y continúa con muchísimas terapias. Nunca me resigné al panorama desolador que me pintaban los doctores…”. Biani, que poco a poco ha ido corrigiendo sus dificultades motrices, sonríe muy derechita y feliz frente al lente de la cámara, con esos grandes ojos negros detrás de sus gafas de aumento. Posa como una medallista, quizás, porque sabe que intentará otra proeza el próximo 5 de septiembre, cuando compita en la Ciudad Deportiva.
Erik el amistoso
En el pasado, Erik Giovanni Caballero era un niño tan tímido e inseguro, que en los lugares públicos solía hacerse chiquito para pasar desapercibido frente a la gente. Pero de un tiempo para acá, a este niño que le diagnosticaron trisomía del cromosoma 21, comúnmente llamado síndrome de Down, cada vez se resiste menos a relacionarse. “En 2009 obtuvo el primer lugar en lanzamiento de pelota”, afirma orgullosa Vanesa Caballero, quien luego de enterarse de la noticia de que su hijo había nacido con un cromosoma más que la mayoría de los chiquillos, aprendió que lo mejor viene cuando se van superando algunos retos. “Erik se siente un chico normal. Ahora es él. Ya había empezado a escribir, a contar, con poco lenguaje se da entender en más cosas, le encanta levantarse en las mañanas para ir al colegio, pero de pronto, nos han avisado que desapareció su escuela…”.

Lesli, la chica de los milagros
Desde que Lesli nació, a Marcela Ramos le faltan dedos de las manos para ir contando los milagros. A unos días del parto, los médicos le dijeron que su niña no alcanzaría a sumar los dos meses de vida. Y es que Lesli, con síndrome de Down y tres soplos en el corazón, anticipaba los peores pronósticos. A lo anterior, Marcela contestó con una contundente frase: “Nunca me verán derrotada”. Y hasta hoy, le ha ido ganando por goleada a todos aquellos que le anunciaron un trágico destino. A los seis meses de que salió del vientre, su hija resucitó de un desvanecimiento que la dejó sin signos vitales, y apenas con un pulmón, volvió en sí cuando estaba más muerta que viva. Un 24 de junio, el día de San Juan Bautista, a Lesli Segundo le realizaron una cirugía a corazón abierto. En la actualidad, no sólo escribe, también conoce los números y es muy sociable. Segundos previos de posar para la foto, ha solicitado a su madre pararse en solitario frente a la cámara, con una seguridad que por supuesto llama la atención para sus trece años.
Willy da un paso más
Georgina Herrera es una de esas madres coraje que por largo tiempo se ha empeñado en luchar contra el retraso sicomotor, la falta de lenguaje y una clase de autismo que le impide a su hijo comunicarse o relacionarse con los demás. Pero en lugar de ponerse a llorar horrores, ella se hizo el propósito de que Guillermo Iván Menéndez, Willy, debía conquistar algunas parcelas de autonomía que le permitieran traducir el mundo que le rodea. “Antes tenía que adivinar cuáles eran sus necesidades, ahora ya se comunica conmigo. Incluso, cuando tiene sed, me lleva de la mano hasta donde está el agua”. Desde luego Willy no es un niño cualquiera, si bien cumplió 12 años de edad, en realidad tiene uno. La madre asegura que el chico empezó a comunicarse y a tener grandes avances gracias a los programas de trabajo del Centro de Atención Múltiple. “Para mí ha sido asombroso verlo convivir con otros niños. Él sólo requiere de afecto y de una educación especial para salir adelante…”.
Óscar Jiménez Manríquez
http://impreso.milenio.com/node/8823410