Hasta atrás la última y nos vamos
O los celos
Dos fores que guardas junto al colchón y dices que te regalé, y no lo recuerdo a pesar de que me gustan esos gestos. La risa de los de al lado, que no molesta a nadie sino a mí porque las cosas que nos decimos son demasiado serias. La vez que nos vimos y pensamos, al mismo tiempo, que éramos las paredes de un castillo (dos castillos) desplomándose. La furia de estar uno y otro encima y debajo y de lado y buscando más, como ratones perseguidos por gatos. El sillón, la cama, mi auto. Una ambulancia que nos despierta, una patrulla que viene directo a nosotros y soy yo el que debe salir a dar explicaciones.
O nada. O imaginamos.
La idea que tienes de mí, que no saco ni con pinzas perras y afojatuercas. La noche en que salimos a mendigar amor, uno del otro, con un tesoro como sombrero. La madrugada en que me dices que debes irte y traes el cabello como una estopa después de pulir la pintura de un auto de 1940. Cuando me quedo dormido. Cuando te quedas dormida. Cuando nos dormimos o cuando no queremos dormir porque el que se duerma atrapará al otro roncando. Los amigos comunes, y los tuyos, y los míos, que juntos no valen más de dos cacahuates si estamos los dos.
O la lluvia dentro del cuarto.
El olor que desprendes antes de irte, el amor que cultivamos cautelosos como si fueran orquídeas. La plaga que azota a uno y se la pega al otro y entonces los dos parecemos olmos pintados de amarillo y negro por los gusanos quemadores. Mi piel que no resiste más que el papel de China. Tu piel, en la que reposo como si fuera una hamaca. Los años que nunca pasamos juntos.
Los días en los que no sucede algo y estoy en silencio con los ojos fjos al celular. Tus tres mensajes por la mañana, mis cinco de la tarde. El perdón que me obsequias y los perdones que no te doy, y viceversa. Las ganas de correr a encontrarte en una esquina del barrio. La urgencia de voltear a otra parte si te encuentro caminando.
O el clima, o las alergias.
Orino en el retrete y dejo la tapa arriba. Orinas y todo queda pulcro. Los mensajes de celular que te llegan no son para mí. Las llamadas que no contesto no eran las tuyas. La canción que repetimos cinco veces. La canción que repito dos veces y sospechas que no es para ti. La canción que no voy a soportar que pongas porque pienso que es otro el boxeador que te noquea, aunque no sea cierto. Si llamas porque llamas, si no llamas también. Los tragos que me bebo sin ti, por ti, y cuando hago como que no te recuerdo. El sabor que me dejas, el miedo a que se percudan las ganas, el cielo gris que me invento porque me invento que te vas. Dos charcos, tres charcos, un lodazal que no controlo en la cabeza. Decirse adiós a tiempo, o no decirlo en absoluto. Perder cuando se va ganando.
O los celos.
Alejandro Páez Varela
Ciudad Juárez, 1968. Periodista. subdirector Editorial de El Universal y de Día Siete. su primera novela es Corazón de Kaláshnikov (Planeta, 2009) y su libro más reciente es La guerra por Juárez (Planeta, 2010). http://www.alejandropaez.net.