Alejandro Páez Varela
Ese otro que soy yo
La bofetada del “Vasco” Aguirre
24 de noviembre de 2010
Ya he dicho que aborrezco el futbol porque engaña a la gente; porque usa los colores de las banderas nacionales y el nacionalismo para enriquecer a empresas privadas. Y porque es una religión idiota que siguen millones de mexicanos a pesar de que sabe a fraude y se ve como fraude: a un creyente siempre le quedará la duda si le llegó o no un supuesto milagrito por sus rezos a la virgen o a los santos; pero el Tricolor, al que también le reza, no le hace nunca el milagro y mantiene la devoción. Me da pena y coraje el futbol. De plano no soporto tanto engaño. Antes que creer en ese juego idiota preferiría gastar mis ahorros en el zapato reductor de peso, la pomada que cura almorranas y caída de cejas, etcétera. Preferiría abrirle la cartera a la televisión inmunda que creer en la mentada “liguilla” o en el Mundial o eso.
No todo en el futbol es despreciable. Es un deporte, caray; una fórmula, un potaje para un mundo de gordos y drogadictos. Debo reconocer además que tengo enormes simpatías por personajes como Maradona, Ronaldinho o Chicharito Hernández. En estos tres casos (y otros) me conmueve no su futbol (que, entiendo, fue y es de alto nivel) sino sus vidas: respeto, admiro y aplaudo el empeño y la pasión, y me atrae también el afán de aquellos que se tiran por el tobogán porque así lo desean, cuando lo desean, como es el caso de los primeros dos y más claramente, el de Maradona.
Dentro de lo despreciable tengo a mi favorito: Javier “El Vasco” Aguirre. Qué tipo más caradura; qué va: ¡un coñazo, joder! Yo ni fu ni fa con el hombre. Pero allá por febrero pasado, recordará, cuando ya era director técnico de la Selección Nacional, dio una entrevista a la española Cadena SER en la que declaró que México está jodido y que abandonaría el país en cuanto terminara el Mundial; que cuando no se jodía por inundaciones, era por la inseguridad. ¿Y qué?, preguntará usted que sabe que sí, que México está jodido. Lo extraordinario es que Aguirre era en ese momento el rostro de la esperanza (ja) de los mexicanos; era pagado por los mexicanos y hasta el presidente mexicano Felipe Calderón había intervenido, se dice, para que él se llevara sus millones de dólares por dirigir al Tri.
“[El narco] ha permeado a la sociedad, es indudable. Recuerdo hace 20 ó 25 años cuando, yo todavía jugaba futbol, el narco ya estaba activo pero ajustaban sus cuentas entre ellos. Hoy sí no puedes andar en la calle tranquilamente porque de repente hay líos y te pilla en medio. Yo desde luego soy gente conocida, respetada, pero uno nunca sabe”, dijo. “Yo desde luego tomo mis precauciones: mis hijos mayores viven en Madrid y yo me fui con mi mujer y con el pequeño. Esperaremos hasta el Mundial y luego me vendré para Europa para ver qué hay”, expresó en esa entrevista en la que ya se sentía ciudadano español y habla como español; usa palabras como “vos”, “joder”, “chaval”, “hombre”, “macho”, “pillar”, etc. Entiendo que vivió por aquellas tierras de 2002 a 2009, cuando le rogaron que viniera a dar lecciones de buen futbol. Y ya conocen mejor que yo la tragedia: Dirían mis amigos que saben de esto y me castigan por ser anti futbolero: “México jugó como nunca y perdió como siempre”.
Poco después de ese episodio lo regañaron duramente desde Los Pinos (se dice); cerró la boca y apareció en una serie de promocionales ridículos que decían que México era muy fregón si pensábamos que era fregón, o algo así. Baratijas patrioteras, positivistas, en cara de un Aguirre que por dentro sólo pensaba, seguramente: “Ojalá y se acabe ya este pinche anuncio, el Mundial y todos mis compromisos en este país jodido para mandarlos a todos a la tiznada”. Y tras el Mundial, tal cual, Aguirre dijo adiós a México. Se largó a España dejando detrás a millones de almas deprimidas por la derrota de la Selección Nacional pero con 25.49 millones de pesos en la bolsa que obtuvo por vender ilusiones a desesperanzados durante los 13 meses de contrato. Bien por su familia, pero él qué inmoral: para ganarse sus millones aguantó el regaño, engañó en lo de confiar en México y la hizo de bufón en aquellos anuncios chafísimas. Por unos dólares.
¿Y por qué me revuelvo el estómago escribiendo de estas cosas? Porque fue inevitable. En unos días se cumplen cuatro años de la actual administración federal y, ¿sabe qué?, recordé la bofetada de “El Vasco” Aguirre a los mexicanos. Porque cada día está más cerca la partida de esa camarilla que metió al país en una tragedia. Y mañana, como sucede siempre, esos mismos estarán lejos del país disfrutando de su vida, y -también como casi siempre- con sus millones en la bolsa.
Lo peor no es eso: es que otros políticos vendrán, nos venderán esperanzas y milagritos y los compraremos. Y luego se irán, dejando el país en la deshonra y la desesperación, aunque garantizando, como “El Vasco” Aguirre, un futuro de paz, progreso y tranquilidad sólo para sus hijos, en el extranjero.
Tss, amigos: Veámonos este jueves 2 de diciembre a las 7 de la tarde en la FIL de Guadalajara. Presento No incluye baterías, nuevo libro con Cal y Arena. Todos invitados…
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/50745.html
La pagina de tu Blog se ha actualizado…
[..]Articulo Indexado Correctamente en la Blogosfera de Sysmaya[..]…