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Archivar como 31 diciembre 2010

Carmen Boullosa

Náufragos del Año Viejo

30 de diciembre de 2010

Se termina 2010. Salimos de éste como náufragos. Estuvo fuerte la tormenta. El peso de los más de 30 mil muertos de la guerra en curso deja estragos en la vida civil. México es terreno minado por la violencia. Así se explica (pero no se justifica) el caso de Marisela Escobedo, que le dispararan a quemarropa frente al Palacio de Gobierno de Ciudad Juárez cuando exigía justicia, que su hija Rubí fuera asesinada a los 16 años por Sergio Barraza, desmembrada, quemada y tirada a la basura, que él haya confesado el crimen pero fuera absuelto por los jueces, que tras la muerte (videograbada) de Marisela secuestraran y asesinaran a su cuñado, que el resto de su familia se viera obligada al exilio.

O el caso de la joven Jimena Marín Fouché, esposa de otro golpeador -hijo del Jefe Diego-, recién divorciada y con custodia temporal de sus hijos. Cito a Lydia Cacho, de estas páginas el primero de noviembre: “Este jueves, David Fernández de Cevallos, acompañado de un primo y su hermano Rodrigo, llegaron a la casa de la familia Marín Foucher en Cozumel, en una zona residencial cuyos testigos creyeron inicialmente que se trataba de un ataque de narcotraficantes por el despliegue de violencia. Protegidos por agentes encapuchados de la AFI, los hombres armados entraron en la casa a llevarse a los niños; cuando los vecinos llamaron a la policía local, ante la confusión, se vivieron momentos de gran tensión. Todos cortaron cartucho al ver que los supuestos federales no se identificaban. Ante cámara de video, frente al asombro de los vecinos, los Fernández de Cevallos se llevaron a los niños por la fuerza, aparentemente escoltados por un camión militar. El Ejército niega haberles protegido; asegura que sólo atestiguó la diligencia”. Hasta aquí Lydia. No sobra recordar que mientras la escena de violencia ocurría y golpeaban a la joven madre y a los abuelos maternos, el abuelo paterno era un cautivo, y que las autoridades se habían retirado de las negociaciones. El enredo parece guión de un churro estridente, el contubernio de autoridades, la indefensión de la mujer y los niños, la venganza, la impotencia, y los perpetradores victimizados por pretendidos justicieros.

Ahí queda el hecho de que fuerzas policíacas asesinaran en Colima a un oftalmólogo (el doctor Mario Eduardo Robles Gil Bernal) en su propio domicilio, cuando perseguían al asesino del ex gobernador Cavazos. El oftalmólogo cayó, según comunicado oficial, por error en “los protocolos a seguir en situaciones que involucran una persecución”.

No tienen temor de dios (o de la opinión pública) las fuerzas del orden que actúan como criminales, los jóvenes Fernández de Cevallos, ni el menos célebre asesino de Rubí (ni, dicho sea de paso -ya que salió dios a cuento- el obispo Onésimo Cepeda, envuelto en un escándalo que también da para filmar churro o buena película). Los criminales saben que los protege la situación de violencia ambiente.

Y los periodistas conocen la situación. Según el CPJ (Comité de Protección a Periodistas), México está listado entre los países más peligrosos para los del gremio. En 2010, en Pakistán asesinaron ocho, en Irak cinco, y en México tres, el mismo número que en Indonesia y Honduras. Estos tres periodistas murieron “por motivo confirmado”, pero en el mismo reporte, el número de periodistas asesinados en México, sumando los por “motivo no confirmado”, sube a 10 (Pakistán y Honduras ascienden también a 10, e Irak a seis). Estamos en la cumbre del infierno.

Salimos de 2010 como náufragos. Llegamos a la costa del Año Nuevo no del todo desvalijados. Valga una corta enumeración de buenos tragos mexicanos del Año Viejo para entrar con pie derecho al 2011: Fuego, la película de Guillermo Arriaga. De teatro, El filófoso declara, de Juan Villoro, pugilismo verbal peso pluma. Lunas, la novela de Bárbara Jacobs. Las impresiones del maestro Juan Pascoe. Tumbona Ediciones y Sexto Piso Editorial, por sus libros y por importar a Phillip Lopate. Revista Los Suicidas. El homenaje a José Balza. Y hay más.

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/51165.html

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Colapso moral

Denise Dresser
27 Dic. 10

El asesinato de la activista Marisela Escobedo. La desaparición y muerte de migrantes. El robo a los oleoductos de Pemex que provoca una explosión en Puebla. Las marchas en favor del grupo criminal La Familia en Michoacán. La inseguridad que crece día con día a pesar de los esfuerzos del gobierno de Felipe Calderón. Síntomas de lo que el escritor Michael Lewis llama un “colapso moral”. Ese punto al cual llega una sociedad que ha perdido la cohesión, el sentido colectivo, los valores compartidos, el mapa mental que permite funcionar como país. Difícil reconocer que es así. Más difícil aun terminar el 2010 sabiéndolo.

Pero todo indica que, a pesar de los avances democráticos que ocurrieron en la década pasada, llevamos un buen tiempo sistemáticamente saqueando y maltratando a México. Y la culpa no es sólo de la clase política rapaz; la responsabilidad también reside en ciudadanos que emulan las peores prácticas que ocurren en los pasillos del poder: evaden impuestos, pagan mordidas, se vuelven cómplices de la corrupción que denuncian. Peor aún, no confían en sus compatriotas. La ausencia de ese valor fundamental para la consolidación democrática y la prosperidad económica, como lo escribiera Francis Fukuyama en su libro Trust, lleva al surgimiento de una sociedad atomizada, corroída, descompuesta.

Nos hemos acostumbrado al saqueo colectivo; hemos aprendido que el país funciona así. Allí están los estratosféricos salarios y bonos y pensiones y beneficios de los que arriban al sector público. Allí está un sistema educativo que ni siquiera sabe cuántos maestros y burócratas tiene, mientras los mantiene de forma vitalicia. Allí está un sistema de seguridad social que genera incentivos para la informalidad, mientras desparrama recursos. Allí está el gasto público repartido entre los gobernadores, un hoyo negro que evade la fiscalización. Allí está el país paralelo, resistente al cambio y atorado en las costumbres extralegales, antiinstitucionales, informales.

Casi no importa donde termina el desperdicio y comienza el robo; lo primero enmascara y propicia lo segundo. Se asume que cualquiera que trabaja en el gobierno puede ser sujeto de la corrupción, de la complicidad, del encubrimiento. Quienes tienen tratos con miembros del sector público asumen que siempre se puede llegar a un acuerdo personal tras bambalinas. Quienes pasan su vida en el “servicio público” emergen con mansiones multimillonarias y casas de fin de semana en los destinos más codiciados. Quienes no encuentran un Estado capaz de ofrecer seguridad personal buscan la protección ofrecida por capos en lugar de policías.

El rasgo cultural -tanto causa como síntoma del colapso moral- es la resistencia de tantos mexicanos a pagar impuestos. La vasta mayoría de los trabajadores autoempleados hace trampa, evade, soborna, promueve la contabilidad creativa. Los mexicanos nunca han aprendido a pagar impuestos, y no lo han hecho porque pocos son penalizados. Es una ofensa social menor, como cuando un hombre no le abre la puerta a una mujer, o habla con la boca llena. En México el nivel de evasión es extraordinariamente alto y el nivel de recolección es deprimentemente bajo. Como la mayoría de los mexicanos, a excepción de los contribuyentes cautivos, no paga, la sanción a personas que no lo hacen parecería arbitraria. Y quienes son detectados practicando la evasión o la elusión llevan sus casos a las cortes, donde languidecen durante años. Mientras tanto, millones de mexicanos insisten en pagos en efectivo, ocultan o lavan dinero, logran la condonación. El sistema tributario facilita que la sociedad entera haga trampa.

La cantidad de energía social que se dedica a doblar la ley en México es monumental. Y lo peor es que hemos perdido la capacidad para la sorpresa ante lo que debería ser visto como comportamiento anormal. El Estado mexicano no sólo es corrupto; también corrompe. Eso lleva a que los mexicanos tengan pocas cosas amables que decir sobre sí mismos o sus compatriotas. En lo individual, los mexicanos son generosos, leales, amables. Pero en lo colectivo demuestran lo peor de sí mismos: evaden impuestos, sobornan a políticos, mienten para obtener un beneficio personal. La total ausencia de fe social se convierte así en un círculo vicioso. La epidemia de la mentira, la trampa, el robo y la corrupción hacen imposible la vida cívica y el colapso de la vida cívica simplemente instiga patrones cada vez peores.

La única esperanza ante este diagnóstico desalentador se encuentra en esos mexicanos -empeñosos, valerosos, combativos- que se niegan a participar en el colapso moral de su país. Los que insisten en la transparencia en lugar de la opacidad. Los que optan por la construcción en vez de la destrucción. Los que se niegan a ser parte del desmantelamiento. Y que ante lo que contemplan rehúsan esquivar la mirada o perder la fe. Como escribiera famosamente Margaret Mead: Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos puede cambiar al mundo. Es la única cosa que lo ha hecho.

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/589/1177804/default.shtm

 

 

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Coldplay-Christmas lights‏

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Los que hacen puré

Juan Villoro
24 Dic. 10

La Navidad es la temporada providente en que se sufre para ser feliz. En el inconmensurable Distrito Federal, el primer signo del delirio llega cuando avistas un coche adornado con cuernos de reno. Esta variante automotriz del trineo anuncia que la época nos autoriza a ser raros.

A miles de kilómetros de la nieve, anhelamos bosques blancos. Los niños mandan cartas a Finlandia, el Polo Norte y otros fríos domicilios de Santa Claus. Aunque algunas mansiones tienen techo de dos aguas, en estos lares la nieve sólo aparece en los copos de poliuretano que decoran los escaparates.

Con gozosa irrealidad, celebramos en el trópico una fiesta católica al estilo nórdico. Aunque algunos regionalistas colocan esferas en el cactus de su preferencia, la mayoría prefiere los pinos, así sean de plástico o de papel cromado.

Las mezclas de símbolos se naturalizan a través de un barroco principio de acumulación. Ya es costumbre que el menú de temporada incluya bacalao a la vizcaína, romeritos, huauzontles con mole, pavo, peladillas, gorditas de camarón, turrones, tejocotes y demás citas multiculturales.

La Navidad combina los opuestos. En la noche de paz, los niños reciben ametralladoras de plástico y el pavo de los colonos ingleses es mejorado con chile jalapeño.

Aunque no todos recuerdan que la fecha conmemora el nacimiento de Jesús, una religiosidad indefinida pero certera se adueña de estos días. El principal componente religioso de la fiesta es el sacrificio, no de un buey ni de un cordero, sino de nosotros mismos. La Navidad sólo tiene sentido si viene precedida de molestias. Las horas de desquiciamiento en el tráfico, las colas para que te envuelvan un regalo, las tarjetas de crédito a punto de estallar son pruebas materiales de que mereces algo grandioso. Las pruebas espirituales son más complejas. La penitencia que antecede al gozo comienza con la discusión de la santa sede. De muy poco sirve decir: “¡Pero si el año pasado ya fuimos con tus papás!”. No es fácil que los suegros que viven en Nepantla renuncien a su argumento de que una Navidad de cara a los volcanes es tan fenomenal que no se necesitan cobijas ni camas suficientes para estar ahí.

Una vez resuelto el sitio del festejo, sobreviene la controversia del menú. Hay guisos que se inventaron para separar a los seres humanos. Estoy convencido de que el puré es la forma insulsa (es decir, perfecta) de la cizaña. Esto exime al de papa, que siempre es útil. Por desgracia, resulta demasiado común para un banquete. En Navidad surge la fantasía de hacer gran puré de castañas. Mi modesta experiencia al respecto me ha dejado la sensación de que nunca se usan castañas suficientes. Y es que todo puré diluye el sabor (el de papa es bueno porque no se espera mucho de ella, pero ¿qué decir del de camote, el nabo o el boniato, que pertenecen al género de lo que se aplasta sin mejoría?).

La Navidad sería menos tensa, es decir, menos sufrida y religiosa, si no hubiera gente como la tía Herminia que de golpe ofrece: “Puedo hacer un puré de camote genial”.

Hacer puré parece un acto solidario; se prepara como acompañamiento. Por desgracia, esto ha dado lugar a una peculiar psicología. Como el puré resulta sociable en sí mismo, la gente que lo prepara se olvida de que debe combinar con algo y no toma en cuenta lo que hacen los demás. Así, el menos impositivo de los guisos se convierte en un aerolito. ¿Pero quién se atreve a decirle a la tía Herminia que el camote no es genial y menos preparado por ella? Los pleitos y la falta de comunicación previos a la noche grande han provocado circunstancias como aquel menú en que no hubo pavo y sobraron tres purés. Mi plato parecía la cena de un astronauta.

Hay accidentes como el bacalao al que tu prima olvidó quitarle las espinas o las peladillas que le rompieron el puente dental a la abuela. El puré es asunto distinto: se trata de un malestar que debemos agradecer como apoyo. Obviamente, esto realza el papel de quien sí hizo algo sabroso.

Pero no podemos desperdiciar a quienes crean problemas en una noche que vive de problemas. La reunión de Navidad es un ejercicio moral: los mecanismos sacrificiales, entre ellos el puré, dan sentido al festejo.

Terminada la cena sobreviene el intercambio de regalos. Otro momento para que la dicha provenga del calvario. Todo comenzó con una rifa unos días antes, y la suerte decidió que hicieras feliz a tu primo Boby. En ese momento descubres que la verdadera cercanía consiste en conocer las cosas baratas que le gustan a alguien. Sabes muy poco de Boby. Pasas cuatro horas en Liverpool, dudando entre un complicado sacacorchos y un libro con fotos de glaciares. La dificultad para decidir y la pérdida de tiempo te hacen odiar al primo que no manifiesta bien sus pasiones.

A fin de cuentas, esa molestia contribuye al disfrute final. Hemos perdido religiosidad, pero no el sentido de la penitencia. Aunque no siempre tenemos motivos para ser felicites, hemos perfeccionado las molestias que nos permiten saber que, cuando todo eso se termine, seremos felices.

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/589/1177532/default.shtm

 

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Detectan niños alcoholizados

Alerta secretario de Salud local por el consumo de “aguas locas” entre los jóvenes de la ciudad

Miércoles 22 de diciembre de 2010 Sara Pantoja | El Universalsara.pantoja@eluniversal.com.mx

De enero a noviembre de este año la Secretaría de Salud del gobierno capitalino atendió de emergencia por lo menos a seis niños menores de 10 años por consumo de alcohol, informó el titular de la dependencia, Armando Ahued.

En entrevista, el funcionario añadió que también se tiene registro de 279 casos más de consumo de alcohol de menores de entre, 10 y 19 años, además de que en los primeros 11 meses del año generó la atención médica de 11 mil 548 personas, ya sea por congestión y hasta por atropellamientos y demás accidentes ocasionados por personas que han ingerido alcohol en exceso.

Ahued hizo un llamado a los padres de familia para estar atentos de los lugares y las personas que frecuentan sus hijos, particularmente los menores de edad pues, dijo que se han detectado lugares donde les venden las llamadas “aguas locas” de horchata, jamaica y otros sabores a las que les vierten “alcohol del más corriente, con lo que los muchachos se emborrachan muy rápido”.

Alertó que el consumo de alcohol puede derivar en los adolescentes en relaciones sexuales sin protección y, a su vez, en embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual, o bien en peleas callejeras y accidentes viales.

El funcionario dijo agregó entre 2002 y 2008 el consumo de mariguana aumentó de 3.5% a 4.2%. En tanto, el de cocaína se duplicó al pasar del 1.2% a 2.4% según estadísticas oficiales.

Con esta panorámica el secretario de Salud destacó la importancia de la próxima entrada en vigor del Instituto contra las Adicciones del Distrito Federal, para lo que el cual se aprobó un presupuesto de 400 millones de pesos.

Recordó que el lunes se publicó la ley que permite la creación de esteste organismo el cual no estará incorporado administrativamente a la Secretaría de Salud local, sino directamente de la jefatura de gobierno representada por Marcelo Ebrard, a quien ya se le envió la propuesta de integrantes para conformarlo.

 

http://www.eluniversal.com.mx/primera/36062.html

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