Un ejército de ninis
Eduardo Portas
March 27, 2011
— 12:00 am
En apariencia descabellada, la propuesta del gobernador de Chihuahua de integrar por tres años al Ejército a los jóvenes que ni estudian ni trabajan es la primera iniciativa diferente que se ha presentado para solucionar el problema.
En términos reales, la propuesta del priista César Duarte no tienen ningún posibilidad de llevarse a cabo, pues implica cambiar diversos leyes—posiblemente hasta la Constitución—para implementarse. Ningún partido, mucho menos el PRI, pensaría en impulsar esa iniciativa a unos cuantos meses de la elección federal 2012. La cobertura mediática sería sumamente polémica y el desgaste para el partido sería demoledor.
La propuesta del gobernador implica cambiar las disposiciones actuales del servicio militar. En lugar de que los jóvenes mexicanos sirvan un año en ese programa, el periodo sería de tres y recibirían algún tipo de remuneración por su trabajo, a diferencia de cómo se hace ahora, en donde no reciben un centavo por trabajar buena parte del sábado en distintas actividades, como enseñar a leer a mexicanos de poblaciones desfavorecidas o pintar escuelas, por ejemplo. Es mucho más un servicio social que “militar”, al menos esa fue mi experiencia cuando lo realicé.
En esencia, lo que Duarte quiere es que los ninis tengan algo que hacer para que no piensen en engrosar las filas del narcotráfico. Como se ha comentado en este espacio, la gran mayoría de todos los muertos por actividades relacionadas a ese rubro del crimen son hombres de 18 a 30 años, un periodo productivo de la vida de cualquier persona. Si los jóvenes están en el Ejército, razona, es mucho menos probable que se acerquen al crimen organizado.
Pero en México las actividades antisociales empiezan desde mucho antes, al menos desde los 14 años. Una tesis ganadora del último concurso del Instituto Mexicano de la Juventud así lo demuestra. En las pandillas, los jóvenes encuentran personas con quien compartir experiencias y adquieren un sentimiento identitario que no les provee la sociedad institucional. ¿Pasaría lo mismo con los jóvenes que entran al Ejército bajo la iniciativa Duarte?
En Chihuahua, unas 7 mil personas han muerto de manera violenta en los últimos dos años y medio a causa de su relación con el narcotráfico. La mayoría de ellos eran hombres “ninis”. El fenómeno se repite en muchas partes del país.
Duarte conoce las estadísticas de Chihuahua, y aunque la opinión pública lo haya llamado hasta “fascista” en una cascada de comentarios de Twitter, sabe que su plan tiene, de manera secundario, otro objetivo: que los hermanos y familiares más pequeños de los jóvenes cumplan con un servicio militar de tres años sean vistos como referentes a imitar, pero ya no por sus actividades delincuenciales, sino por su servicio al país.
Un grupo de investigadores españoles acaba de publicar un estudio titulado Desmontando a ni-ni. Un estereotipo juvenil en tiempos de crisis. En él, concluyen que los verdaderos ninis son un grupo sumamente reducido de la sociedad. La gran mayoría de los jóvenes que no tienen ni empleo ni trabajo no ha echado la toalla; al contrario, piensan que la situación es temporal o se están preparando con estudios o realizando actividades domésticas durante una etapa que consideran transitoria. La indisposición crece cuando los jóvenes rebasan los 25 años, señala el documento, pero está ligada a la imposibilidad de mantener un ritmo de vida ligado al consumo.
Sería interesante saber si los ninis mexicanos comparten algunas características con los españoles antes de enrolarlos al Ejército. Por lo pronto, ante la escasez de planteamientos para resolver el problema, la propuesta Duarte suena diferente.
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