Guillermo Sheridan
Senadores inteligentes
Martes, 26 Abril 2011
Hace unos años los senadores nacionales legislaron que tenían necesidad de una nueva sede puesto que la anterior tenía el defecto de no ser nueva. Tomada la patriótica decisión, legislaron otorgarse a sí mismos los dineros necesarios para su propósito. Y bueno, se habría presumido que contaban con la inteligencia para hacer su edificio con la misma sensatez, eficiencia y sobriedad republicana que invierten en sus labores legislativas. Y por desgracia… así fue.
Lograron gastar 2 mil 600 millones, que excedieron el presupuesto original en un 50%; lograron entregar la responsabilidad de la construcción a unos ineptos; lograron retacarla de un boato que insulta a la vasta pobreza nacional y lograron escribir una de las páginas más ridículas de la reciente historia patria.
Además de nueva, esta sede es un “edificio inteligente” relleno de “tecnología de punta”. Esto consiste en que si antes se izaba la bandera a mano ahora la iza una maquinita que se activa apachurrando un botoncito (siempre y cuando la inteligencia del dedo del senador encargado sepa apachurrarlo). Otra señal de inteligencia es que en el muro del fondo, sobre la mesa directiva, hay una “megapantalla” que registra a los senadores presentes (para pagarles su dieta), a los ausentes (para también pagarles) y además hospeda el “sistema electrónico de votación” que, como su nombre lo indica, es muy inteligente.
El día del estreno, la megapantalla declaraba presentes a senadores que estaban ausentes y viceversa. Luego, el sistema electrónico de votación “sufrió un desperfecto” consistente en que ni fue sistema, ni fue electrónico, ni hubo votación. El sistema de sonido “presentó deficiencias”, es decir, que ni sistematizó ni sonó, por lo que nadie pudo escuchar a los senadores intercambiando insultos u otorgándose aumentos. Otro desastre fue que los escritorios inteligentes –pues incluyen una computadora que se entiende con la megapantalla— “dejaron mucho que desear”, es decir, que no sirvieron para un carajo. Los teléfonos y el internet, por su parte, “no estuvieron en condiciones óptimas” (es decir, que ni telefonearon ni internetearon). El sistema de aire acondicionado –porque los senadores consideran que es menester legislar con frialdad— fue a tal grado inteligente que el líder, senador y licenciado Manlio Fabio Beltrones, ordenó que lo apagaran “porque nos vamos a enfermar”, lo que pondría a la Patria en peligro. Y así todo.
Los elevadores son tan inteligentes que en lugar de ir hacia arriba o (en su defecto) hacia abajo, van hacia los lados. La señalización resultó ser invisible, por lo que hubo senadores que jamás lograron encontrar la sala del pleno (aunque sí encontraron la pagaduría, la agencia de viajes y los restaurantes, todos inteligentes). Y para terminar, los servicios sanitarios no estaban listos para recibir la tecnología de punta de los senadores, que se vieron obligados a depositar sus votos en un solo, solitario megaexcusado que no tardó en manifestar enorme unidad partidista… etcétera.
Todo esto sucedió el miércoles 13.
El jueves 14 los senadores demandaron hacerle una auditoría a su inteligencia.
El viernes 15 se fueron de vacaciones diez días.
Y el lunes 18, la nueva sede se inundó y quedó inservible.
Cientos de trabajadores se pusieron a construir unas barditas inteligentes para impedir que se meta el agua al salón de plenos, y a improvisar alcantarillas. También se pusieron a secar los escaños, pues los daña la humedad, toda vez que están forrados en piel importada de Italia que, como se sabe, es más inteligente que la nacional y mucho más amable con las patricias nalgas de los senadores.
Lo bueno es que hasta ahora no se ha caído el apotegma que preside la sala de plenos y que tanto conmueve a la inteligencia y a la cartera de los senadores: “La Patria es primero”.

