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Archivar como 31 mayo 2011

REPORTAJE: PSICOLOGÍA

Cómo hacer frente a la hipocondría

XAVIER GUIX 29/05/2011

Muchas personas sufren la sensación de padecer enfermedades graves al mínimo síntoma real o imaginario. La solución pasa por atajar los temores y aprender a pensar diferente.

Muchas personas han padecido, o padecerán en algún momento de su vida, los efectos de la hipocondría o la sensación de padecer patologías graves, cuando en realidad no son más que nervios o ansiedad. Es sufrir la enfermedad sin tenerla.

El 10 de febrero de 1673, en el teatro del Palacio Real de París se representaba por primera vez la que se convertiría en la última obra de teatro escrita por el afamado Jean-Baptiste Poquelin, conocido como Molière. El comediógrafo francés dio vida e interpretó el personaje de Argan, conocido desde entonces como el “enfermo imaginario”. Se trata de un burgués que cree estar siempre enfermo, con lo que logra los cuidados permanentes y tiernos de su esposa, Béline, aunque en realidad tanto ella como sus hijos y los médicos que le atienden esconden propósitos más mundanos, en una hilarante comedia de enredos en la que nació uno de los arquetipos más temidos en cualquier centro de urgencias: el hipocondriaco.

Suele nombrarse así a aquellas personas aquejadas de un pánico irracional a enfermar. Es una actitud que puede derivar en trastorno, al centrar la atención continuamente en los diferentes síntomas que todo cuerpo humano percibe sobre su propio funcionamiento. Por poco que nos prestemos a ello, captamos latidos del corazón, ruido intestinal, movimientos reflejos, sudoración, calor, frío, tensión, eccemas, protuberancias y un largo etcétera. Para el hipocondriaco son síntomas que interpreta como el desarrollo de una patología grave, seguramente la que le llevará a la tumba. Por eso son enfermos imaginarios.

Una manera de estar

El hombre que tiene miedo sin peligro inventa el peligro para justificar su miedo (Alain)

Ocuparse de la salud es hoy día casi un mandato. Para los hipocondriacos es una obsesión. Pasan de la ocupación a la preocupación porque están todo el día pendientes de “eso” que está ahí, el síntoma. Suelen ser personalidades ansiosas, conocidas en la terminología clínica como “clúster C”, o sea, ansioso-temerosos, caracterizados por conductas perfeccionistas, pensamiento rígido en general e inflexibilidad a la hora de producir cambios en su comportamiento. Me apresto a aclarar que no todo el mundo que padece ansiedad hace de ello una personalidad, ya que todos somos proclives a un periodo de ansiedad o de depresión temporal.

Sin embargo, algunas personas desarrollan una manera de estar en la vida que gira alrededor de sus estados de inquietud. Puede que correspondan a temperamentos y personalidades ansiosas; no obstante, también las hay retraídas, inhibidas, aparentemente apacibles o temerosas. La clave no está solo en la personalidad, sino en la forma en la que han aprendido a resolver las dificultades de la existencia. Hay quien sabe expulsar sus temores arrojándolos hacia los demás, con las consecuencias que ello conlleva. Hay quien carga sobre sí mismo el miedo ante los obstáculos de la vida. Lo hace con pensamientos obsesivos.

La solución es el problema

A cada día le bastan sus temores, y no hay por qué anticipar los de mañana (Charles Péguy)

Vivir nos va planteando problemas que debemos afrontar. El temor ante la incertidumbre, enfermar de gravedad en el caso del hipocondriaco, acaba resolviéndose a menudo anticipando los escenarios posibles. Anticipar se convierte en un juego mental, una incesante racionalización, que pretende básicamente mantener una cierta ilusión de control. No obstante, ocurre todo lo contrario, ya que la incertidumbre se basa justamente en ignorar el resultado final de toda circunstancia, con lo cual aquello que se pretende una solución acaba deviniendo un obsesivo problema.

Confundiendo probabilidades con posibilidades, el enfermo imaginario se deslizará por cada síntoma de su cuerpo descubriendo en él la sospecha de la futura perturbación por la que debe acudir lo antes posible a un médico que confirme su autodiagnóstico. El facultativo le quitará hierro al asunto y le despachará con un “solo son nervios”. Sin darse cuenta, nuestro paciente impaciente ha aprendido una lección: acudir a la consulta le permite disminuir la ansiedad. Entonces, cuando vuelva a sentirse ansioso volverá a repetir la única conducta que le sirve para evitar su sufrimiento. Cada situación repetida anticipa la siguiente, se refuerza, con lo cual la solución (ir al médico) se convierte de nuevo en el problema.

Lo complejo del caso es que a pesar de la evidencia de no tener ninguna enfermedad, el pensamiento le impedirá gozar de su súbita salud recobrada. Tardará poco en volver a rumiar sobre la posibilidad de que el médico esté equivocado, que no haya tenido en cuenta otros síntomas y sobre todo la terrible certeza de que el síntoma vuelve a aparecer. Y entonces empieza de nuevo esa noria imparable.

El poder de la mente

El que teme sufrir ya sufre el temor (proverbio chino)

El enredo de la hipocondría pone en evidencia algunas claves que tienen que ver con nuestra estructura mental. Tal vez la más reveladora es su capacidad de materializar y somatizar aquello que pensamos. ¡Cuántos niños han logrado un estado febril o provocarse mareos para no ir al colegio! El enfermo imaginario vive traspuesto por la duda de los síntomas, si los exagera o incluso los genera. Y aun sabiéndolo, ignora cómo parar ese vendaval de miedos que suben y bajan a su antojo.

La obsesión es un plano superior de la ansiedad. Sabemos que miedo y ansiedad son como uña y carne. Las conductas obsesivas y compulsivas obedecen al intento de resolver una ansiedad, a veces difusa, producto de miedos irracionales. El problema es que ahora la obsesión hipocondriaca tiene vida propia. Lo que entró por la puerta del miedo ha construido un pensamiento circular que crea sus propios síntomas. Para solucionarlo hay que aprender a pensar de forma diferente y hay que atajar esos miedos que seguramente vienen de lejos. Al igual que ocurría con Argon, cabe descubrir qué beneficios secundarios o función cumple la enfermedad imaginaria. Cierto que da mala vida; sin embargo, en nuestra complejidad somos capaces de rellenar nuestros sufrimientos y vacíos aunque sea a base de obsesiones.

Molière, cuando representó la obra por cuarta vez, sintió que moría de veras. Sus compañeros echaron el telón al verlo desmayarse y lo llevaran a su casa, donde murió al cabo de poco. Vestía un traje amarillo, razón por la cual los actores temen salir a escena con ese color. ¿Superstición? ¿Obsesión? ¿Manías? La mente es muy poderosa a la hora de relacionar datos y hechos, aunque sean irracionales.

10 REGLAS PARA AFRONTAR EL PÁNICO

Los investigadores Mathews, Gelder y Johnston proponen este ideario:

1. Las sensaciones no son más que una exageración de las reacciones corporales normales al estrés.

2. No son, en absoluto, perjudiciales ni peligrosas; solamente desagradables. No sucederá nada peor.

3. Deje de aumentar el pánico con pensamientos atemorizadores.

4. Observe lo que está sucediendo realmente en su cuerpo, no lo que tema que pudiera pasar.

5. Espere y deje tiempo al miedo para que se pase. No luche en contra ni huya de él. Simplemente acéptelo.

6. Cuando deja de aumentarlo, el miedo comienza a desaparecer.

7. Objetivo es aprender a afrontar el miedo sin evitarlo. Una oportunidad de progresar.

8. Piense en el avance que ha conseguido y lo satisfecho que estará cuando lo consiga.

9. Cuando se sienta mejor, mire a su alrededor y planee qué va a hacer a ontinuación.

10. Comience de forma tranquila, relajada. No hay necesidad de esfuerzo ni prisas.

PARA SABER MÁS

1. Libros

- ‘El enfermo imaginario’, de Molière. Octaedro, 1999.

- ‘No hay noche que no vea el día’, de Giorgio Nardone. Herder, 2004.

- ‘Hipocondría’, de María Dolores Avia. Martínez Roca, 1993.

2. Películas

- ‘Todo en un día’, de John Hughes. Paramount, 1986.

- ‘La extraña pareja’, de Gene Saks. Paramount, 1968.

- ‘Hannah y sus hermanas’, de Woody Allen. Orion Pictures, 1986.

 

http://www.elpais.com/articulo/portada/hacer/frente/hipocondria/elpepusoceps/20110529elpepspor_7/Tes

 

 

 

 

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Alternativas de paz

Lydia Cacho

30-mayo-2011

Una mujer es golpeada por su pareja, una no. Una es torturada psicológicamente hasta que la depresión la mantiene en un limbo inaccesible, otra es feliz. Una mujer tiene sexo amoroso y voluntario con su esposo, otra es forzada a tener sexo por su pareja dos días después de haber parido. Una sí, una no. Las cifras no mienten.

Corría 1997 cuando al COESPO reveló en su estudio la situación de las mujeres de Nuevo León, luego el Instituto Estatal de las Mujeres reveló que “los estudios muestran que una de cada dos mujeres sufre maltrato en el ámbito familiar”. Sí,  una de cada dos mujeres de esa sociedad que durante décadas se ha considerado más avanzada que cualquier estado del país. Allí donde las élites del poder empresarial se saben intocables (o se creían hasta que llegó la guerra contra el narco y les recordó que son parte de esta República) En ese entonces la revelación sobre la violencia que se gesta y reproduce en los hogares, no sorprendió a casi nadie.

Sin embargo era 1 de dos empleadas domésticas, una de dos damas de la alta sociedad, una de dos esposas de hombres vinculados con la política, una de dos adolescentes abusadas por sus novios, un de dos modelos sometidas psicológicamente por sus parejas. Y de entre esas millones de mujeres, en 1999 salieron tres amigas que encabezadas por la Pedagoga Alicia Leal decidieron decir : esto es inaceptable. Entendieron que el ciclo del maltrato se reproduce en la familia. Allí donde las madres se quedan con su golpeador por “el bien de los hijos”, donde las esposas humilladas toman Tafil para soportar la convivencia con connotados empresarios de la ciudad. Donde miles tienen que pedir permiso para salir a trabajar y aunque aporten el 50 por ciento de la manutención del hogar son “las que ayudan”.

Ellas señalaron que los niños aprenden a odiar a su padre a la vez que a amarlo y sentirse identificados con la masculinidad violenta. Que las niñas repudian la debilidad de mamá pero entienden que ser mujer es obedecer y  soportar para que te amen; que debes saber que los hombres mandan y las mujeres se ponen lindas para ellos. Hace 15 años un Procurador les dijo a estas activistas en ciernes que la violencia en la familia era un asunto privado, había sí, que proteger a los niños pero las mujeres estaban allí por puro gusto.

Y estas mujeres decidieron rebatir a la autoridad y fundaron Alternativas Pacíficas A.C. Abrieron un centro de atención a víctimas, consiguieron una casa para dar refugio a las mujeres que sabían que si intentaban separarse de su agresor podrían perder la vida. Espacios vitales de seguridad para las que habían sido amenazadas por sus agresores de arrebatarles a sus hijos si se atrevían a denunciar.

Muchos las miraron de reojo, otros criticaron que se abrieran refugios para mujeres maltratadas, era mejor decían, sacar de casa a los agresores. Los que decían eso ignoraban que la violencia contra las mujeres es puro ejercicio de poder, que se basa en jerarquías normalizadas por la sociedad y que las leyes y los jueces no admitían la violencia intrafamiliar como un delito grave. Nadie tiene aun el poder para sacar a un agresor del hogar, excepto si se le puede encarcelar con suficiente evidencia, generalmente esto sucede cuando ya las asesinaron, no antes.

Pero Alicia y las dos empresarias siguieron adelante hasta tener dos refugios de alta seguridad. Contra el viento de la corrupción y la marea del machismo, a lo largo de 15 años han enfrentado de todo. Amenazas de muerte, expresiones de solidaridad, fundaron la Red Nacional de Refugios para mujeres maltratadas, alertaron a miles de mujeres, crearon vínculos sociales en la Sultana del Norte y fortalecieron las políticas públicas para atraer leyes que mejoraran la vida de las mujeres, sus hijos e hijas. Hoy tienen un equipo de 33 expertas, psicólogas, abogadas, trabajadoras sociales, maestras, pedagogas y capacitadoras para el trabajo. A su lado 20 voluntarias se aseguran de la fortaleza de la organización.

Cuando todos decían que no había nada que hacer contra este flagelo, este equipo demostró que sí se podía. Entre 1996 a 2011 atendieron a 73 mil personas que vivían violencia. Alternativas Pacíficas cambió la vida de miles, creó cultura de equidad, fomentó solidaridad, demostró que los vínculos interinstitucionales sí funcionan. Pero sobre todo, ahora que celebran 15 años de trabajo profesional, nos recuerdan que no importa lo grave que una situación sea, la voluntad con estrategia, además de mover montañas, salva vidas y lo transforma todo.

http://www.vanguardia.com.mx/alternativasdepaz-735142-columna.html

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El maguey y la tuza

Esteban Garaiz

  • 2011-05-31•Acentos

Los habitantes de los diez municipios jaliscienses de la zona norte del estado se sienten desatendidos y no tomados en cuenta por la capital. No les faltan motivos de objetividad. Al parecer, por ahora, no pretenden parapetarse en el peñol.


De las tierras cazcanas viene retumbando de nuevo el tlatol: el grito de rebeldía, 470 años después del alzamiento de los despojados y oprimidos contra los encomenderos, que empezó en el ánimo y en la boca de las mujeres iluminadas y corrió después de boca en boca, convocando a todos los valientes a empeñolarse en el Miztón contra los invasores.

Así murió Alvarado, el Tonatiuh: el arrogante conquistador rubio como el sol, aplastado por su propio caballo. El Virrey Mendoza tuvo que entrar al rescate de los voraces colonos y conquistadores, acompañado de sus tropas aliadas tlaxcaltecas y tlatelolcas.

El reclamo de hoy, como el de 1541, va dirigido contra Guadalajara. No sería prudente desatenderlo y menos hacer mofa de “la manita”. Los habitantes de los diez municipios jaliscienses de la zona norte del estado se sienten desatendidos y no tomados en cuenta por la capital. No les faltan motivos de objetividad. Al parecer, por ahora, no pretenden parapetarse en el peñol.

Pero tienen agravios, y muchos. Como la mayoría de los mexicanos, están hasta la coronilla, pero sus molestias son, además, de carácter regional. En las giras ciudadanas se ha recogido una muy concreta: la atención a la salud es muy deficiente y reducida a las cabeceras. Las cifras de INEGI sobre mortalidad infantil (anticuadas, por cierto), son en cuatro de esos municipios (Mezquitic, Chimaltitán, Bolaños, Villa Guerrero) del doble del promedio nacional. En Villa Guerrero, según su testimonio, el agua doméstica es deficiente y sigue faltando la represita prometida. Algo ha de tener que ver una cosa con la otra. Eso mientras en Guadalajara se lanzan proclamas vengativas en pro de la vida.

Pero el reclamo norteño tiene una presentación jurídico–constitucional. Con los documentos a la vista (y con las reservas del caso), ahora resulta que la Zona Norte de Jalisco no es península, sino que es isla: la “manita” no tiene muñeca. Dicho de otro modo, no hay contigüidad territorial de los diez municipios norteños con el resto del territorio de Jalisco.

Se menciona incluso que los propietarios de terrenos en ese tramo vinculador pagan sus impuestos prediales al Ayuntamiento de la Yesca, Nayarit (al oeste) o al de Florencia de Benito Juárez, Zacatecas, (al este). Hay igualmente documentación oficial que constata que la demarcación municipal de la Yesca colinda con Florencia. O sea, no hay territorio jalisciense entre ellas; y, por tanto, no lo hay entre la Zona Norte y el resto de Jalisco. Resulta disturbador y al mismo tiempo hasta divertido.

Existen documentos del gobernador Marcelino García Barragán, y también de Agustín Yáñez, haciendo gestiones ante el Senado de la República, la instancia definitoria. Pero, al parecer, hasta ahora, no se registra respuesta sobre el tema. Por tanto, en estricta y literal aplicación del texto constitucional, la Zona Norte debe ser territorio federal, como en su tiempo lo fueron Baja California Sur y Quinta Roo.

Por más descabellado que pudiera parecer a algunos este planteamiento, debe ser atendido, analizado jurídicamente y respondido con la seriedad que merece. Pero igualmente resulta inaplazable un tratamiento serio de los agravios sentidos por una población que, según atestigua, percibe mejor trato y más pronta y respetuosa atención de parte de las instituciones públicas zacatecanas que de las jaliscienses.

En la portada del espléndido librito de don Miguel León Portilla titulado La Flecha en el Blanco, en el que narra las hazañas y desventuras del héroe rebelde Francisco Tenamaztle en 1541 y la defensa que de su caso hizo en la corte de Valladolid Fray Bartolomé de las Casas, aparece el Virrey de Mendoza atacando el peñol y sorteando las flechas de los defensores de su tierra.

Un dato curioso: está escrito en el códice el apellido del Virrey. Como no había jeroglificos para el nombre vascuence de Mendoza (aunque sí lo había para el Sol Tonatiuh de Alvarado, muriendo, y para el fraile bautizador) el códice recurre a un doble ícono onomatopéyico: met–toza, el maguey y la tuza.

Ahora, casi cinco siglos después, un grupo de ciudadanos participativos de la región nos declaran que no intentan separarse de Jalisco, porque geográficamente ya lo están. En efecto, quien de Guadalajara quiera viajar por carretera a dichos municipios, deben atravesar una buena parte del territorio zacatecano.

Por cierto, entre las demandas concretas que plantean está la carretera de San Martín de Bolaños a Florencia (Benito Juárez). Argumentan atinadamente que San Martín no es un municipio lejano de Guadalajara; es un municipio incomunicado.

En todo caso, nunca resultará superfluo repetir que los mandatarios reciben del pueblo soberano un mandato acotado en tiempo y también en atribuciones; y que están para servir. El artículo 4° de la Constitución de Apatzingán decía algo que hoy no dice el actual 39 (que calcó el de 1814): el pueblo tiene en todo momento el inalterable derecho de alterar y de abolir su gobierno. Algún día ejerceremos la revocación de mandato.

www.estebangaraiz.org

egaraiz@gmail.com

 

http://impreso.milenio.com/node/8967439

 

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“México vacila para invertir en ciencia”

El mexicano Arturo Álvarez-Buylla ha ganado el Premio Príncipe de Asturias por sus investigaciones sobre regeneración neuronal. Lo recibirá en otoño, en España

Jueves 26 de mayo de 2011 Thelma Gómez Durán | El Universal

 

claudia.gomezd@eluniversal.com.mx

El neurocientífico Arturo Álvarez-Buylla trae en sus genes esa curiosidad que no deja en paz a los investigadores y los hace buscar respuestas. Gracias a esa curiosidad, ahora el mundo entiende un poco más sobre ese “complejísimo enjambre que es el cerebro”, como él le llama. Esa inquietud por conocer le permitió obtener el Premio Príncipe de Asturias en Investigación Científica y Técnica 2011.

Arturo Álvarez-Buylla, junto con el estadounidense Joseph Altman y el italiano Giacomo Rizzolatti, obtuvieron el galardón “por haber proporcionado pruebas sólidas para la regeneración de neuronas en cerebros adultos, y por el descubrimiento de las llamadas neuronas espejo”. Sus investigaciones “han abierto esperanzadoras vías a una nueva generación de tratamientos para combatir enfermedades neurodegenerativas o asociadas al cerebro, como el Alzheimer, el Parkinson o el autismo”, informó el jurado.

Recibir este reconocimiento “es un gran honor, sobre todo porque se reconoce un trabajo que apenas considero empieza a desenredar los secretos de cómo se forman las nuevas células nerviosas en el cerebro adulto. Es un reconocimiento para mis estudiantes y mis maestros”, expresa en entrevista telefónica Arturo Álvarez-Buylla, investigador de la Universidad de California, San Francisco.

Sobre todo, señala, es un reconocimiento a sus primeros maestros: su abuelo, el historiador, jurista y filósofo Wenceslao Roces, y a su padre, el neurobiólogo Ramón Álvarez-Buylla de Aldana, ambos asturianos, y quienes crearon en él “esta pasión por la ciencia y la cultura. Me dieron el entusiasmo por el descubrimiento”.

Arturo Álvarez-Buylla alcanza la fama mundial fuera de México. Este investigador formó parte de las primeras generaciones de egresados de la licenciatura en Investigación Biomédica de la UNAM, a principios de los 80. Incluso, en 1983 recibió la Medalla Gabino Barreda de la UNAM.

“Me entrené en la UNAM, en un programa muy novedoso que hicieron en el Instituto de Biomédicas y había mucho entusiasmo por impulsar un crecimiento científico en México. El programa era pionero. Estaba dedicado a entrenar a gente para que fueran investigadores. Se nos decía que toda esa gente iba a encontrar trabajos en México, porque se pensaba que iba a ver un crecimiento en el número de institutos de investigación, pero muchos de esos ideales se perdieron”, recuerda.

Luego fue invitado a continuar sus estudios en la Universidad Rockefeller, donde encontró apoyo para desarrollar su trabajo científico.

En los años 90 intentó regresar a México. Le propuso al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) crear el Centro de Investigación en Neurociencias. “Un grupo de investigadores teníamos la ilusión de regresar a México e impulsar la investigación científica y la academia. Pero los problemas económicos hicieron el proyecto muy difícil”.

Ahora sigue sin entender que “en México no se vea la importancia que tiene el quehacer académico y científico para el progreso del país. México siempre ha vacilado en cuanto a su inversión a la ciencia. Por un lado, tiene grandes científicos, grandes instituciones, pero no ha dado ese empuje decidido para decir que la ciencia es una prioridad para el país”.

Linaje científico

Arturo Álvarez-Buylla nació en una familia de científicos y pensadores. Su abuelo materno, Wenceslao Roces, fue militante intelectual comunista, jurista, traductor y filósofo que se exilió en México tras la Guerra Civil Española. Su padre, el neurofisiólogo Ramón Álvarez-Buylla, impulsó la creación del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) del IPN. Trabajó en el Instituto Nacional de Cardiología y fundó el Centro de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de Colima.

La madre de Arturo, Elena Roces, es investigadora en la Universidad de Colima, mientras que sus tres hermanas menores también se dedican a la ciencia y a la medicina. Pero fue Arturo quien siguió los pasos de su padre y tratar de entender un poco más sobre cómo funciona el cerebro, cómo es que trabajan las neuronas.

En el laboratorio que él dirige en la Universidad de California están enfocados a entender cómo es posible que el cerebro de un adulto pueda generar una nueva neurona, área en la que han tenido varios avances.

Por ejemplo, en su laboratorio se identificó a las neuronas que funcionan como “progenitoras”, es decir, dan lugar a la formación de nuevas neuronas. Además, se explicó el mecanismo que permite a las nuevas neuronas moverse “a través del complicadísimo enjambre que es el cerebro”, explica el mexicano.

“Recientemente -continúa- encontramos la forma de introducir nuevas neuronas en circuitos donde normalmente no hay nuevas células, y ver cómo éstas pueden contribuir a la plasticidad funcional de estos circuitos”. Una de las incógnitas que ahora busca resolver en su laboratorio es cómo se producen los distintos tipos de células nerviosas.

“Hablamos en general de neuronas, como si fueran un solo tipo de célula, pero el cerebro está compuesto de muchos tipos de neuronas; la combinación de ellas hace que el sistema nervioso funcione como funcione”. La ciencia, dice, aún tiene mucho que hacer para entender realmente cómo funciona el cerebro.

“Lo que nosotros hemos hecho -y que ahora es reconocido con el Príncipe de Asturias-, es sólo un paso de los muchos que debemos dar para entender esa maravilla: el cerebro”.

Los otros galardonados

Joseph Altman y Giacomo Rizzolatti también destacan porque sus investigaciones han permitido conocer más sobre las funciones del cerebro.

Joseph Altman, profesor de fisiología en la Universidad de Parma, descubrió la regeneración de neuronas en los años 60, cuando era investigador en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, pero hasta los 90 se demostró la veracidad de su teoría.

El italiano Giacomo Rizzolatti, profesor de fisiología en la Universidad de Parma, descubrió a principios de los 90 las llamadas “neuronas espejo”, un hallazgo que inició una revolución en la comprensión del modo en que se interactúa con los demás.

El premio, dotado con 50 mil euros y una escultura de Miró y una insifnia, se dará en otoño en Oviedo (con información de Ana Anabitarte).

 

http://www.eluniversal.com.mx/cultura/65516.html

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Otilio Cantú Gonzalez afirma no entender la impunidad de los asesinos confesos de su hijo

Al final, los militares arguyeron que el homicidio de un joven fue accidente, y ninguno pisó la cárcel

La investigación judicial del suceso ha tenido una bola de aberraciones e inconsistencias, señala

Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 29 de mayo de 2011, p. 8

Hace un mes, los militares mataron a mansalva a su hijo Jorge Otilio Cantú Cantú; le destrozaron la cara con cuatro tiros de gracia, le sembraron una pistola; robaron el dinero de su cartera, lo desacreditaron diciendo que era un sicario, cambiaron los dictámenes periciales de la escena del crimen… al final, aceptaron que el homicidio fue un accidente, pero ninguno de sus siete asesinos confesos pisó la cárcel.

Otilio Cantú González sigue sin entender la impunidad que protege a los militares criminales; tampoco comprende la falta de honor, decencia y vocación de servicio de quienes se supone están para aplicar la ley y la violan de manera flagrante, arropados en esa patente de corso llamada fuero militar.

Se trata de uno de los tantos crímenes cometidos por error de procedimiento por la policía militarizada; una nueva modalidad de seguridad que consiste en integrar militares a las policías estatales cambiando el uniforme pero conservando sus privilegios: Si estos señores se camuflan en otro uniforme para no parecer soldados, debe existir la posibilidad de juzgarlos como civiles. ¿Quién les da derecho de asesinar gente? Cuando les conviene son policías; cuando no, son militares. Y siempre quedan impunes, dice Cantú González indignado.

La vida de este médico naturista dio un vuelco el día que mataron a uno de sus cinco hijos y no ha podido hacer el duelo porque sigue esperando justicia. En su consultorio, al sur de Monterrey, está sentado frente al escritorio y toma un sobre blanco. Su llanto es desgarrador. Quiere mostrar algo: extrae seis credenciales manchadas de sangre que Jorge Otilio traía al cuello cuando recibió los 12 impactos: Este es mi hijo. Podría estar aquí. Ahora sólo lo tengo en fotos.

Solloza, gime, implora. No tiene alivio, no encuentra descanso, no hay sosiego posible. Quiere respuestas, que nadie responde. Sólo tiene preguntas, muchas preguntas: ¿Por qué lo asesinaron? ¿Por qué los militares vestidos de policía se comportaron como cualquier sicario? ¿Por qué cambiaron la escena del crimen? ¿Por qué modificaron los documentos de la autopsia?…

El montaje

Jorge Otilio acababa de volver de su luna de miel a la casa de sus padres mientras encontraba un nuevo domicilio. Era estudioso y trabajador, muy alegre. Cantaba siempre y le gustaba la música grupera. Usaba sombrero norteño. Era lunes 18 de abril cuando salió de su casa a las 5 y media de la mañana para dirigirse al trabajo en la empresa Teleperformance.

Había comprado a plazos una camioneta Dodge Ram pick-up doble cabina color rojo. Le encantaban las trocas desde niño, lo que no sabía es que ese podía ser un motivo para ser asesinado. A la luz de los hechos, y según las indagatorias del padre de la víctima, a los militares vestidos con uniformes de la policía del estado les pareció sospechoso el vehículo y sin mediar palabra empezaron a disparar a su paso por la avenida Lázaro Cárdenas. Le hicieron más de 40 disparos.

A las 7 y media tocaron la puerta de Otilio Cantú para avisarle que había pasado un accidente, que su hijo había sido alcanzado por el fuego cruzado: “Cuál sería mi sorpresa que a las pocas horas publican y dicen en la prensa: ‘cae un sicario más en un fuego cruzado’, ‘iba acompañado con otras gentes’, ‘repelieron la agresión’… ¿Cómo? En ese momento yo tuve que salir gritando que era una calumnia, que mi hijo era inocente. No descansé hasta que limpiaron su nombre. No lo quería enterrar así. Espere tres días, hasta que salió el procurador diciendo la verdad. Luego lo sepulté”.

Inmediatamente después del asesinato se dio cuenta de la manipulación en la escena del crimen. Los militares sembraron una arma y cuatro cartuchos para aparentar que el muchacho les había disparado primero y que los 45 cartuchos tirados fuera del vehículo se justificaban al repeler la supuesta agresión: Al principio manejaron muchísimas versiones. Primero dijeron que iban persiguiendo un Mazda y una camioneta Tacoma, que nunca aparecieron; luego que Jorge Otilio quedo en medio de un fuego cruzado, luego que él traía una arma y había disparado. Hicieron una cochinada. No contentos con eso, cuando se dan cuenta que cometieron una barbarie, declaran que uno de los heridos toma una arma y se le hizo fácil ponerla en la camioneta de mi hijo, a otro se le hizo fácil recoger cartuchos y meterlos dentro de la camioneta para hacer ver que mi hijo había disparado. No sólo eso, movieron el cuerpo, hicieron todo lo que quisieron para aparentar un fuego cruzado, el cual nunca existió. Hay una bola de aberraciones e inconsistencias en el expediente. Está lleno de barbaridades.

A las 10 horas del suceso, Otilio Cantú fue a la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León para ver el expediente con los hechos alterados: Hacen un montaje terrible. Las primeras declaraciones del capitán segundo de infantería Reynaldo Camacho son de que repelieron un ataque, pero ellos mismos dicen que mi hijo iba a baja velocidad.

Ante su exigencia, los peritos de Nuevo León aceptan hacer un peritaje y el procurador convoca a conferencia de prensa para admitir la verdad: El peritaje decía que todos los balazos fueron de afuera hacia adentro de la camioneta. Allí se desmintió la posibilidad de que mi hijo los hubiera agredido.

Los militares alteraron la reconstrucción de los hechos para proteger al capitán que les dio la orden de disparar: “Ellos dicen que son siete los asesinos, yo digo que son 12 o 15 porque eran cuatro patrullas; pero dicen que sólo intervienen dos, las otras dos se perdieron y agarraron otra ruta donde iba el capitán que dio la orden. Fíjate nomás. Tan criminales son los militares que le dispararon, como el autor intelectual. El capitán dicen que se perdió, y ahora dicen que llegó después. Y luego desaparece su nombre del expediente, pero él fue el que dio la orden y ni siquiera fue señalado como culpable. Su nombre lo vi en el primer dictamen que me mostraron en la PGR a las 10 o 12 horas del crimen. Yo no saqué eso de mi mente. Allí decía: ‘El capitán Reynaldo Camacho refiere que sus tropas repelieron la agresión de un sujeto que iba en una camioneta Ram roja y lo ejecutaron’”.

Otilio Cantú tenía bien definida la ruta que su hijo seguía para ir al trabajo. El joven era metódico y muy disciplinado: “A él lo ejecutan en la calle San Blas por la lateral. Él no tenía por qué ir por la lateral, sino por la avenida como siempre. Eso quiere decir que le dan la orden de orillarse. Él siempre nos avisaba cuando llegaba al trabajo y como ese día no llamaba le piqué al Nextel y contestó alguien, seguramente era uno de sus asesinos. El Ejército nunca me regresó el Nextel, ni el celular, se quedaron con todo. Incluso le robaron el dinero que traía en la cartera…. son unos delincuentes”.

La manipulación de la escena del crimen intentaba proteger a los elementos castrenses: Mi hijo siempre usaba el cinturón de seguridad. Le dieron 12 balazos, le destruyeron parte de la columna. Pero como médico sé que sus piernas quedaron inmóviles, perdió toda movilidad. Y ahora resulta que movieron el cuerpo y lo pusieron con una pierna arriba para aparentar que les había disparado. ¿Cómo, si no podía moverse?

Son cientos los familiares de víctimas asesinadas por el Ejército que se preguntan por qué los militares aplican la máxima: Primero disparo, luego averiguo. Si mi hijo no hizo ningún disparo, la ley les obliga a pararlo e interrogarlo, no les da derecho a iniciar un ataque si no hay agresión. Si se les hizo sospechoso porque trajera una camioneta, pues párenlo. Traer una camioneta no está penado por la ley.

Impunidad castrense

La manipulación de los hechos y las pruebas para exonerar a los militares se han dado durante todo el proceso judicial. Las autoridades forenses intentaron ocultar el cadáver del joven asesinado. “No me lo querían mostrar más que en fotografías. Yo les dije: ‘no, señores, yo lo quiero ver. Yo necesito verlo. Es mi hijo’… Cuando lo vi, no podía creer tanta saña. Terrible, terrible… Tenía cuatro disparos en la cara: uno en el pómulo, otro que le destruyó la nariz, otro que le entró por el maxilar y otro más que le salió por atrás. ¿Cómo es posible? Los militares se comportaron como cualquier criminal. Dice el Presidente que eso lo hace la delincuencia organizada, pero estos señores, que son los que supuestamente nos protegen, se portaron como cualquier sicario: le dieron no un tiro de gracia, le dieron cuatro”, dice llorando.

Un rato antes había estado checando los papeles de la autopsia. En ningún lado decía que el cadáver presentaba cuatro balazos en la cara: Pero como yo soy médico y pasé por la Facultad de Medicina y por el área forense, lo primero que observé es el exterior del cuerpo. Me dije: ¿cómo es posible que los médicos forenses no hubieran descrito lo que tenía en la cara mi hijo? En ese momento me di cuenta que los cuatro balazos no estaban en los papeles de defunción, ni en la autopsia. Solamente describieron que murió por balazos en el tórax y el abdomen, no dijeron nada de la cara.

Cantú, inició entonces una nueva lucha para sacar a relucir la verdad. Acudió a la procuraduría y exigió que los documentos reflejaran la realidad: “Aquí falta un dictamen –les dije–. Falta lo que los militares le hicieron en la cara. Y tuvieron que añadirlo”.

Lo peor del caso, dice, es que las leyes civiles y castrenses protegen a los militares: “Es grotesco. Resulta que los que sembraron el arma y los cartuchos se les juzgó como: ‘actos cometidos en la administración de justicia’. Esos que modificaron todo, resultó que tenían derecho a fianza. Esos son los más culpables porque trataron de ocultar un asesinato por la espalda con todas las agravantes de la ley”.

De cualquier forma, ninguno de los siete culpables pisó la cárcel. Nunca les pudo ver la cara.Y cuando finalmente la juez Rosa Linda Zapata dictó auto de formal prisión contra los siete soldados, por “homicidio calificado y delitos contra la administración de la justicia”, el gobierno de Nuevo León anunció que serían juzgados por la justicia militar. Y la juez se declaró incompetente.

Fue algo que desanimó completamente a Otilio Cantú, ya que la experiencia demuestra que los casos del fuero militar quedan en la impunidad. Por eso piensa continuar su lucha en instancias internacionales: Si estamos en una guerra, ¿por qué aventaron al Ejército a la calle sin capacitarlo? Ellos no están educados para andar entre la sociedad. No saben distinguir. Tienen otros códigos. Mi hijo sufrió un acto de barbarie que tiene que ser castigado con la máxima pena por la ley. Asesinaron a un indefenso por la espalda con alevosía y ventaja. Y tal vez andan por allí buscando a quién más matar.

Del cajón de su escritorio saca unas fotografías de Jorge Otilio Cantú Cantú donde aparece sentado en las escaleras de su casa con sombrero norteño. Ahora forma parte de la lista de los inocentes asesinados por error de procedimiento. Su padre vuelve a llorar: “Mi hijo no debería haber ingresado a ninguna lista. Él debería estar vivo. Le truncaron su vida de una manera vil, cobarde. Una horda de sinvergüenzas lo asesinó. Y aquí no ha habido ni siquiera ‘usted perdone’”.

http://www.jornada.unam.mx/2011/05/29/index.php?section=politica&article=008n1pol

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No, no es ‘normal’

Denise Dresser
30 May. 11

Según el PRI, la entrega de autos y puestos públicos a promotores del voto es “normal”. “Es legítimo”. “Es legal”. Sin la menor vergüenza, Eruviel Ávila incluso reconoce que él mismo es producto de esa práctica tradicional de su partido: “Si otras opciones políticas no lo hacen aquí, nosotros sí lo hacemos. De hecho yo soy producto de que en su momento fui apoyado, fui estimulado”. Estimulado por regalos, favores, prebendas y puestos públicos como los que ahora ofrece. Estimulado por lo que el PRI considera legal y aceptable, pero no lo es ni debería serlo. Lo que él y sus subalternos defienden con tanto entusiasmo se llama clientelismo. Se llama patrimonialismo. Se llama patronazgo. Se llama corrupción.

Se nutre de una red compleja de lazos personales entre “patrones” y sus “clientes”. Entre Arturo Montiel y quienes lo llevaron a la gubernatura. Entre Enrique Peña Nieto y las mujeres a las cuales les regala despensas. Entre Eruviel Ávila y los promotores del voto a los cuales les ofrece participar en las planillas de los municipios y en el gobierno del estado. Lazos fundados sobre las ventajas materiales mutuas: el patrón provee recursos -dinero y empleos- a los cómplices que dependen de él. Y ellos, a cambio, le dan apoyo, cooperación, asistencia a mítines y votos. El patrón posee un poder desproporcionado y una amplia latitud sobre la forma en la cual distribuye los recursos bajo su control. Y los pobres y los marginalizados y los manipulados aceptan esta relación transaccional porque resuelve los problemas inmediatos de su vida económicamente precaria. El voto a cambio del saco de cemento. El voto a cambio de la oferta de trabajo. El voto a cambio del premio prometido.

Eso que al PRI le parece tan “normal” es absolutamente antitético a las reglas, a las instituciones, a los procedimientos de la democracia. El clientelismo no está construido sobre la “transparencia” -de la que se jacta Eruviel Ávila- sino sobre fuentes veladas de poder e influencia. Sobre la lealtad comprada. Sobre formas de comportamiento que inhiben la participación popular autónoma, subvierten la legalidad, fomentan la corrupción y distorsionan la entrega de servicios públicos. Sobre dinero en efectivo, cachuchas, camisetas, lápices, desayunos, lavadoras, machetes, fertilizantes, pollos, vacas y borregos. Y como el clientelismo corre en contra de los incentivos para el buen gobierno, el Estado de México no puede presumir que lo tiene. Allí está, entre los primeros lugares de feminicidios y entre los últimos en transparencia.

Aún así, no deja de sorprender el desparpajo priista. La ausencia de recato. El cinismo explícito. La defensa de prácticas criticables que presenta como apropiadas. La frescura con la cual Eruviel Ávila responde cuando se le pregunta cuál es la base jurídica sobre la que va a regalar puestos: “los estatutos y normatividades del partido”. O las declaraciones de Luis Videgaray: “Nos parece absolutamente legítimo y normal ofrecer premios a quienes logren las mejores metas de promoción del voto”. El PRI no entiende o no le importa que el clientelismo se encuentre en el polo opuesto del espectro democrático. Que es antitético a procedimientos legales e institucionales. Que la toma de decisiones en una democracia se centra en la producción y transferencia abierta de bienes públicos. Que el poder político lo ocupan quienes rinden cuentas y no quienes regalan autos. El clientelismo no se basa en la transparencia sino en la opacidad; no funciona con reglas legales sino a base de decisiones discrecionales; no se aplica de manera neutral y equitativa sino de forma parcial y preferencial; no recompensa la honestidad o la competencia sino la disciplina y el sometimiento.

Y es por ello que el Estado de México cuenta con un gobernante popular pero con un mal gobierno. Con un superávit de segundos pisos pero un déficit de democracia. Con políticos que dan regalos pero no rinden cuentas. Con funcionarios que se aprovechan de sus puestos para promover intereses particulares. Una entidad repleta de abusos como sobornos y extorsión y nepotismo y favoritismo y criminalidad a la alza. Realidades que el PRI tolera. Realidades que el PRI acepta. Realidades que el PRI justifica. Realidades que el PRI fomenta al prometer 3 autos y 27 cargos públicos, estatales y municipales, repartidos entre 6 mil 634 presidentes de comités seccionales y 4 mil comisionados de ruta. Basándose en argumentos como el de Eruviel Ávila que constituyen una racionalización del crimen y la explotación. Fomentando el “dilema del prisionero” entre votantes que preferirían una alternativa distinta al clientelismo pero votan por el PRI ante el temor de ser excluidos de sus beneficios. La “normalidad” priista que es la anormalidad condenable en países verdaderamente democráticos o países que aspiran a serlo. La normalidad de “una comunidad de pillos que se decían personas comunes y corrientes”, en palabras de Kafka. O sea, la normalidad kafkiana en la que prometer puestos a cambio de votos es conocido como un “estímulo”.

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/609/1217660/default.shtm

 

 

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