José Alejandro Solalinde Guerra
Insensibles ante la migración
22 de mayo 2011
México, como país de tránsito migratorio, ha estado bajo el escrutinio nacional e internacional en los últimos años. Tanto activistas como organizaciones civiles y religiosas han señalado, incesantemente, la situación de oprobio en la que se encuentran las personas migrantes que cruzan el territorio mexicano. Tanto en estaciones migratorias, localidades de Chiapas como en amplios estados del país como Tamaulipas, existen fosas desconocidas, cementerios ocultos, muertos olvidados y enterrados por la indiferencia de las autoridades, la corrupción de las instituciones y sus escandalosos vínculos con el crimen organizado que han mantenido a la justicia, por muchos años, en un profundo calabozo. Los secuestros, las violaciones sexuales, las agresiones físicas y los asaltos, por mencionar algunos, son producto de un sinnúmero de acciones y omisiones que ha permitido un Estado laxo y cada vez más debilitado.
Existen diversos informes que denuncian los abusos de autoridad, los nexos entre instituciones gubernamentales y delincuencia organizada y la amplia discrecionalidad con la que actúan los aparatos encargados de la procuración de justicia, la seguridad pública y la gestión del flujo migratorio. Todos éstos, órganos medulares de la Secretaría de Gobernación.
Hasta el momento, existe la disposición; incipiente a nivel estatal y municipal, intermitente a nivel federal, para dar solución a estos problemas estructurales, pero nunca la firme convicción de realizar los cambios necesarios para que la justicia sea una realidad. Nuestro propósito es que las autoridades presentes tomen conciencia de la realidad que se vive al cruzar nuestro país.
México es un país riquísimo, generador de grandes ganancias, pero que sólo se distribuye hacia arriba y para unos cuantos, constituyendo una gran maquinaria de empobrecimiento de las grandes mayorías. Muchos son los males que aquejan a nuestra nación; destacan como los más terribles la opacidad y la impunidad.
Los tres poderes del Estado mexicano carecen de la debida articulación con la sociedad civil. Éstos han sido incapaces de crear mecanismos democráticos de diálogo y consulta, insensibles para cambiar lo que necesita la sociedad. A ésta se le han ofrecido medias verdades, verdades a medias y también mentiras. Se ha maquillado la realidad, especialmente, tratándose del mundo de la migración, fortaleciendo así la impunidad. Al mismo tiempo, se han intensificado los gritos de hartazgo de nuestra gente. De cada 100 delitos cometidos en México, 98% quedan en la impunidad. Las instituciones civiles y a veces las eclesiásticas no han sentido a la gente, no han escuchado sus voces ni han empatizado con ella, han sido omisas en muchas formas. México se encuentra debilitado en la misma medida que la impunidad se ha fortalecido. Casi todos estamos sufriendo la imparable violencia nacional, pero los que se han llevado la peor parte son nuestros hermanos y hermanas migrantes, principalmente, procedentes de Centroamérica. Hemos tratado muy mal a nuestros hermanos del sur. De cara a miles de familias enlutadas y con la incertidumbre de no saber nada sobre sus seres queridos, México es ya una vergüenza y un cementerio. En 11 años, México ha hecho pedazos la relación fraterna con otros países de la región, principalmente, con los de Centroamérica. Ni ante tantas fosas se acepta que esta tragedia humanitaria es provocada por delincuentes nacionales. México está perdiendo su oportunidad para ser el hermano mayor con liderazgo moral, a causa de estar asumiendo el lamentable papel de policía en retaguardia para Estados Unidos. Estamos desaprovechando nuestro liderazgo para consolidar una región económica fuerte. En lugar de facilitar la comunicación en esta región, la obstaculizamos, impidiendo el paso a nuestros hermanos queridos más próximos. El Estado mexicano ha sido omiso e insensible ante los secuestros de personas migrantes, sobre todo en los estados de Veracruz y Tabasco. Asimismo, ha sido pobre e insuficiente la respuesta de la Iglesia en los lugares más golpeados por el secuestro.
Hoy, la palabra de Dios nos está diciendo: somos los pastores que habríamos de servir a nuestro pueblo, ¿o tenemos que esperar a otros pastores para que lo sirvan? Antes que cualquier investidura, somos personas consagradas y convocadas para una misión. Si no lo hacemos, otros lo harán. Este sexenio está prácticamente concluyendo y es tarde para intentar hacer lo que no se hizo en cinco años. Sin embargo, la única petición que hacemos a las autoridades competentes, es que se investiguen las desapariciones y secuestros en el estado de Veracruz y Tabasco. No queremos más impunidad ni tibieza ante la suerte que están corriendo nuestras hermanas y hermanos transmigrantes. Los migrantes no merecen más impunidad.
Director del albergue promigranteHermanos en el Camino
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/52916.html
