El rapto del arrecife
Por: Homero Aridjis, Escritor
La Bahía de Cabo Pulmo —donde se localiza uno de los tres arrecifes coralinos vivos de América del Norte— enfrenta esta amenaza. Cabo Pulmo se encuentra a 65 km al norte de San José del Cabo, en la vertiente oriental de la península de Baja California. Jacques Cousteau bautizó el mar de Cortés como “el acuario del mundo” por su biodiversidad extraordinaria. En 1995, cuando décadas de sobrepesca pusieron en peligro la supervivencia del arrecife, la comunidad local logró convencer al gobierno de México de proteger a Cabo Pulmo decretándolo Parque Nacional Marino de 7.111 hectáreas. En 2005, la UNESCO convirtió el arrecife en Patrimonio Natural de la Humanidad, como parte de “Las islas y áreas protegidas del golfo de California”.
La pesca está prohibida dentro del parque, y hoy la recuperación del arrecife de Cabo Pulmo se considera uno de los mayores éxitos de la conservación marina en las Américas. Lo frecuentan 225 de las 875 especies de peces que habitan el mar de Cortés, entre ellas marlín, mantarraya, calamar gigante, y tiburones tigre, toro y ballena. A menudo se ven delfines y lobos marinos, ballenas migratorias como la jorobada, la gris y la azul, y cinco de las siete especies amenazadas de tortuga marina. Este arrecife coralino alberga la mayor concentración de vida marina en los mil 130 km de la cuenca marina que separa Baja California del macizo continental mexicano. El ecoturismo (el avistamiento de ballenas y el buceo) de empleo a los 150 habitantes del pueblo costero que colinda con este espectacular parque marino.
Pero ahora Hansa Baja Investments, subsidiaria mexicana de la empresa de desarrollo inmobiliario Hansa Urbana, con sede en Alicante, España, tiene planes para construir un complejo turístico masivo al norte del Parque Nacional Marino.
Han propuesto una nueva ciudad a la escala de Cancún, que ocupará 3 mil 815 hectáreas, con unos 30 mil cuartos de hotel y unidades residenciales, dos campos de golf, 185 mil metros cuadrados de oficinas y espacios comerciales, una marina con 490 amarres, y un jetport privado.
Para construir Cabo Cortés (así se pretende llamar esta ciudad) vendrán unos 40 mil obreros con sus familias. De realizarse el megadesarrollo, esta región desértica de gran fragilidad, caminos de terracería y pequeñas comunidades tradicionales se vería rápidamente agobiada. Cabo Pulmo moriría devastado por el vertido de salmueras de la planta desalinizadora, por los fertilizantes químicos que propician la eutrofización y por la contaminación de la ciudad llevada por las corrientes costeras hacia el arrecife.
A principios de marzo la Semarnat aprobó casi todo el proyecto de Hansa Urbana: no sólo las construcciones marinas y terrestres, sino también ambos campos de golf, un acueducto de 17 kilómetros y 133 hectáreas de vialidades. Están pendientes las autorizaciones para la planta desalinizadora, la cual requiere un gasto enorme de energía que descargaría 500 litros de salmuera por segundo en el mar, y para la planta tratadora de aguas negras que recibiría 39 mil toneladas de desechos sólidos diarios una vez que se termine Cabo Cortés. Pero se estima que no tardarán en llegar dichas autorizaciones igual que los permisos que faltan para los rompeolas y los espigones.
La autorización de la Semarnat fue otorgada a pesar de un Manifiesto de Impacto Ambiental inadecuado, donde se aseveró falsamente que la contaminación de la ciudad no afectaría el arrecife porque las corrientes marinas sólo corren de sur a norte, alejándose del parque marino. Estudios recientes demuestran que las corrientes se mueven en direcciones múltiples —incluso hacia el arrecife—, según la época del año.
En una región de severa escasez de agua, la Conagua ha otorgado a Hansa una concesión de 4.5 millones de metros cúbicos al año, por lo que se va a chupar el acuífero Santiago entero, despojando a la población local de los recursos imprescindibles con los que ha contado durante siglos. Al autorizar este negocio el gobierno mexicano está violando sus propias leyes, desatendiendo las normas que rigen los Manifiestos de Impacto Ambiental en el país y haciendo caso omiso del ordenamiento ecológico territorial de toda la región de Los Cabos, aseverando que la conformidad no es obligatoria.
No se entiende cómo México puede establecer un área protegida ejemplar para luego dar luz verde a un proyecto depredador que va a devastarla. Para colmo, la empresa Hansa Urbana tiene problemas financieros en España.
Ahora toca al gobierno mexicano atenerse a su declaratoria de 1995 de proteger este vivero marino irreemplazable, cancelando la autorización para el desarrollo turístico Cabo Cortés. Sólo así el arrecife coralino de Cabo Pulmo puede seguir siendo un ejemplo estelar de la conservación marina y de ecoturismo sustentable.
Para Cabo Pulmo, y para quienes viven en sus alrededores, se trata de la rectificación o la ruina. ¿Cómo quiere ser recordado el presidente Felipe Calderón respecto al arrecife coralino?
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donde votar a favor de salvar a pulmo..