
Cumplen 80 años los embotellamientos
El ayuntamiento capitalino los mencionó en un boletín publicado el 1 de julio de 1922 como “atolladeros en el avance de transporte de motor”, frase que fue sustituida 20 años después por “cuellos de botella”, en los 50 se los llamó “embotellamientos”
Homero Bazán
EL UNIVERSAL
De acuerdo a los estudios de diversos urbanistas que han dedicado sus tesis doctorales a estudiar el tráfico en la ciudad de México, actualmente existen en el DF más de 390 puntos conflictivos de circulación vehicular y que convierten a la ciudad en una verdadera pesadilla durante las horas pico.
Curiosamente los embotellamientos cumplen 80 años de ser reconocidos de manera oficial por las autoridades de nuestra urbe, después de que el Ayuntamiento capitalino los mencionara en un boletín publicado el 1 de julio de 1922 como “atolladeros en el avance de transporte de motor”, frase que fue sustituida 20 años después por “cuellos de botella” y para finales de los años 50, como “embotellamientos”, después de un artículo publicado por la revista “Presente”.
Para la segunda década del siglo XX, muchos ya se habían percatado del problemita, pero pocos realmente alzaron su voz para exigir a las autoridades una solución. Definitivamente la ciudad ya no era la misma y aunque no todos podían permitirse el lujo de andar sobre cuatro ruedas, en ciertas zonas el número de conductores ya le hacía la competencia a los peatones.
Cuando la ciudad comenzó a crecer y aquellas modestas calles, fueron convertidas en flamantes avenidas revestidas de cemento asfáltico, la circulación del creciente tránsito de vehículos dejó al descubierto la falta de señalización en las principales vías de circulación.
Coches grandes, chicos, anchos, camiones de carga y de pasajeros, se peleaban a todas horas el espacio disponible por la derecha, la izquierda, la diagonal, por aquel huequito o de plano, medio subiéndose a la acera.
No existía control alguno, todos podían conducir por donde querían, detenerse o acelerar cuando querían. El aún incipiente sistema de semáforos instalados en algunas avenidas antes de la primera mitad del siglo XX era insuficiente, las calles y vías de comunicación cercanas a esas colonias que rodeaban al centro de la ciudad y la avenida Reforma, se convertía poco a poco en territorio del caos.
El sonido de las cornetas, los reclamos, los insultos, se convirtieron en una tradición de todos los días, y eso que hablamos de los años 30, cuando se contaba con un registro de menos de 30 mil vehículos, aunque poco después el número de unidades de todas las clasificaciones, desde los automóviles de trabajo hasta los tractocamiones de diferentes tamaños, se fue duplicando cada siete años.
Para acabarla de amolar, muchos de los incisos de aquellos primeros reglamentos de vialidad resultaban francamente anacrónicos e inservibles para la ciudad. Incluso algún folletín reglamentario publicado por el ayuntamiento, contenía aún párrafos para salvaguardar a los animales de granja que pudieran cruzarse en el camino del conductor, en esos casos el manual invitaba a presionar la bombilla conectada al señalizador (llámese corneta) así como a realizar alto total en caso de que nuestra advertencia fuese ignorada por la vaca, chivo, caballo, gallina o perro fantasma.
Sólo el tiempo traería consigo algunas mejoras.
Señales intermitentes, flechas, redes de carril, pasos para peatones en las esquinas, límites de velocidad y baches en zonas escolares, representaron el principio de esa nueva cultura generada por el automóvil, la cual acuñó también frases como “se pone en marcha el proyecto”, “qué curvas y yo sin frenos”, “condujo como experto su campaña política”, “frenó las ruedas de su amor”, y por supuesto “su mujer le aplicó el freno de mano”.
Hoy, urbanistas coinciden en que la ciudad de México tiene un rezago de más de 30 años en lo que se refiere a su circulación vehicular, contrastando la planeación de segundos pisos, ejes viales y tramos del viaducto y periférico con las pequeñas calles por las que se accede a estas vías y que son responsables de 90% de los embotellamientos.
El urbanista Alfonso Montañés nos envío un estudio de crecimiento aplicado a los próximos 30 años, donde se deduce que de no atenderse un nuevo modelo de planeación vehicular el tráfico llegará a niveles incontrolables.
¿Estaremos próximos a prohibir el uso del automóvil tres días a la semana?
http://es-us.noticias.yahoo.com/cronista-guardia-050809197.html

80 años y lo que les falta, después tendremos que caminar entre el semejante tráfico, pero nuestras autoridades siguen haciendo obras, construyendo acá para cerrar allá. Es necesario que las obras públicas pensadas para una ciudad tan grande y poblada como el Df sean mejor planeadas- Ustedes saben cuanto tiempo pasamos en el tráfico y todo lo productivos que podríamos ser échenle un dato a esta información. http://www.alguienteniaquedecirlo.mx/pinches-datos.php