Rebelión adolescente de los “hijos de la democracia”
Hartos de un modelo económico heredado de la dictadura y “retocado” en los últimos años, miles han dicho “basta”
Miércoles 24 de agosto de 2011 TEXTO JOSÉ VALES • ENVIADO | El Universal
SANTIAGO.— “Educación gratis para todos”, es el cartel que cuelga en el salón de ingreso de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, colmado de pancartas y afiches a tono con la proclama. Allí no hay bustos de los principales hombres de leyes del país. Al visitante lo reciben, de carne y hueso, los que para más del 80% de los chilenos son los próceres del momento.
Son jóvenes dispuestos a reclamar lo que aprendieron en estos años de democracia y decididamente hartos de un modelo económico del que son hijos directos. Ninguno pasa los 20 años. Ninguno tiene más de dos años en la universidad, pero articulan un discurso contestatario y están convencidos de que si no “se triunfa difícilmente muchos de nosotros podremos terminar de estudiar”, según la experiencia de Tamara Moya, estudiante de segundo año de Derecho.
Desde hace tres meses, un millón de estudiantes tienen en jaque al gobierno de Sebastián Piñera con masivas marchas y la huelga de hambre de cinco alumnos. Su reclamo no es sólo de ellos, sino de sus familias, que cargan con el peso de un modelo educativo concebido en las usinas neoliberales de la dictadura pinochetista y retocado durante los gobiernos de la Concertación.
Cuatro adolescentes custodian las urnas donde los estudiantes acuden a votar si apoyan o no las siguientes medidas de fuerza, como la huelga general de 48 horas que la Central Única de Trabajadores (CUT) llevará adelante hoy y mañana, como para medir fuerzas con un gobierno debilitado.
A Axel Gottschalk se le enciende su rostro al hablar y manifestar su desacuerdo con la idea de que la de ellos es “una revolución de la clase media. Esto es un lucha para que tanto un alumno de clase media o baja que debemos pagar un promedio de 600 dólares mensuales para estudiar una carrera como esta y en una universidad pública como esta, a la que el Estado le financia sólo 9% de su presupuesto, no quedemos con una deuda por 20 años, lo que está ahogando a muchas de nuestras familias”, advierte. La prueba fue la manifestación del domingo, que reunió a casi un millón de personas, en su mayoría padres y hermanos, apoyando a los estudiantes.
Todos estos jóvenes nacieron en tiempos de democracia. Son hijos de un modelo económico cuyo “éxito” había trascendido las fronteras, representando la experiencia neoliberal más acabada y seria de la región, aun cuando la desigualdad iba horadando los muros del “modelo”. “Esto era una bomba de tiempo que algún día debía explotar y lo hizo ahora. Porque nosotros, a diferencia de nuestros padres, no tenemos miedo al pasado”, dice Moya.
Para ellos no hay dictadura que valga. Pertenecen a una clase media que accedió a la universidad gracias a las mejoras económicas de los últimos 20 años, pero que ahora buscan que Chile deje de ser el país más desigual de la OCDE y el quinto en América Latina, según la ONU.
“Nos dicen que las protestas nuestras se parecen a las que se hacían contra Pinochet, pero nosotros no queremos voltear a nadie. Sólo queremos cambios”, sostiene Cristina Durán, de segundo año de abogacía.
En la puerta de la Universidad de Chile, Manuela Pereda, de 20 años y en tercer año de Veterinaria —carrera que le cuesta al año poco más de 10 mil dólares— asegura que “no puedo trabajar para ayudar a mis padres que, como muchísimos otros, me financian mis estudios con un crédito bancario que nadie sabe cuándo terminaremos de pagarlo”.
Por eso participa de la toma del histórico edificio atravesado por una pancarta gigantesca que reza: “La lucha de la sociedad. Entre todos por la educación” y cientos de afiches reclamando universidad gratuita.
No sólo es educación gratuita, sino “de calidad”, dice Daniel Arenas, de 16 años. Según la OCDE, Chile destina a la educación primaria 2000 dólares per cápita, lo que representa un tercio de lo que destinan el resto de los socios del grupo.
El nuevo ministro de Educación, Felipe Bulnes, ya dijo que “la educación absolutamente gratuita es imposible e inviable”. Para el gobierno, los alumnos más adinerados no deberían beneficiarse a tal punto. Pero los estudiantes exigen que “los que más tienen paguen más”, dice Benjamín Mejía, estudiante de primer año.
Pero, ¿por qué ahora? “Nosotros somos hijos de padres que tenían afinidad con la Concertación. Sabían que habían hecho una política de derecha, pero estaba esa afinidad. Ahora hay un gobierno con el que no tenemos, ni nosotros ni nuestros padres, ninguna empatía”, explica Gottschalk.
A partir de hoy en la calle, donde se dirime la puja y tal vez un punto de inflexión al conflicto mediante una huelga que promete ser histórica, todo Chile entrará de lleno a ser parte de esta rebelión adolescente.
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