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Archivar como 15/09/11

El sobreviviente

Toda ausencia es atroz

y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los muertos,

de las blancas raíces del pasado.

¿Hacia dónde volverse?;

¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?;

¿hacia ellos, que lo han interpretado hasta vaciarlo?

¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco,

el vacío insondable de la ausencia?

Hacia ellos, los muertos, que guardan la memoria

y saben que no estamos contentos en un mundo interpretado.

Mas las sombras, las sombras que la interpretación provoca

y nos separa de ellos,

las sombras con su viento todo lleno de la abierta ventana hacia el espacio,

las sombras donde no hay anunciación

trabajan nuestro hueco.

¿Será que ya no hay nada atrás de ellas,

o el oscuro dolor por nuestros muertos

–como el amanecer que empieza a medianoche,

a la hora más oscura de la noche–

anuncia su retorno en el sigilo?

¿No es tiempo de encontrarlos nuevamente

donde nada parece retenerlos,

así el roshi descubre el todo en el vacío que no contiene nada?

Tal vez sí, porque sus voces vienen de lo oscuro,

de su vacío vienen

como un rumor de río en un riachuelo,

como un dulce reclamo imperceptible,

como una tenue estrella entre las sombras

vienen sus voces, vienen desde lejos.

Óyelas, corazón, como sólo los mojes sabían escucharlas

atendiendo en el rezo su incesante llamado

con los pies en la tierra.

Así los escuchaban,

escuchando el arriba y el abajo,

preservando en sus tumbas el suelo que habitaron con nosotros.

No es así que tú puedes escucharlos en el espacio en sombras de un mundo interpretado.

Pero escucha la queja de lo Abierto,

el mensaje incesante, esa advertencia que viene desde lejos,

ese rumor tan suave que casi nadie escucha

y llega a ti de todas las iglesias,

como si en esas piedras, que guardan la memoria de los muertos,

habitara la llama de su estar con nosotros,

de su sola presencia en la resurrección

y descorriera un poco nuestras sombras.

Porque es difícil vivir en un mundo sin ellos,

difícil no sentir a nuestros muertos alimentando las obras de los hombres;

difícil no seguir sus costumbres, que apenas conocimos;

difícil habitar en las sombras

como un alucinado que repentinamente recobra la memoria

para luego volver a su intemperie;

difícil ver aquello que los hacía nuestros flotar en el espacio y diluirse.

Estar vivo es penoso,

y nosotros, nosotros, que los necesitamos con sus graves secretos,

nosotros, que sabemos que no podrán volver a un mundo interpretado,

a veces escuchamos, como un ligero viento, ascender de las sombras

la música primera

que forzando la nada trajo a Eurídice al mundo;

una nota tan tenue, tan pura como el Cirio

que promete su vuelta en medio de las sobras

y nos trae el consuelo.

Javier Sicilia

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¿Fríos, tibios o calientes?

Ángeles González Gamio

Este es uno de los múltiples dilemas que rodean a los chiles en nogada. Así como cada quien tiene su receta, también la forma de servirlos. Hay quienes los prefieren fríos, y quienes calientes, y muchos sostienen que lo auténtico es que vayan tibios. Lo mismo sucede con el capeado con huevo, para algunos indispensable y para otros un sacrilegio.

La carne también es tema de discusión. Los que la utilizan picada o deshebrada afirman que en la época en que nació la receta no existían los molinos que muelen finamente la carne, por lo que no debe ir molida. De ahí se puede seguir la polémica con varios de los ingredientes.

El hecho indiscutible es que es una de las joyas de la gastronomía nacional, y que es una muy buena muestra del mestizaje que conformó la comida mexicana, que ha sido reconocida por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Veamos el origen de algunos de los principales ingredientes: la granada, símbolo del amor y de la fecundidad en países de Medio Oriente, llegó a España con los árabes y con ellos, a la Nueva España. Cómo imaginar el chile en nogada sin su alba cobertura salpicada de los granos color rubí, con su sabor ligeramente ácido, que compensa el dulzor de la tersa nogada.

La Nao de China nos trajo del continente asiático el clavo, almendras, el durazno, la canela y la pimienta. No olvidemos que estas últimas fueron en gran parte las responsables del viaje de Cristóbal Colón, que sin saberlo llegó a un nuevo continente.

Los esclavos que fueron traídos de África, que se disolvieron en la población mexicana por el fructífero mestizaje, pero que fueron muchos miles, también dieron su aporte culinario con el tomillo y la cebolla, de la que ya se habla en recetas del antiguo Egipto y el orégano, también mediterráneo. Europa nos regaló la nuez de Castilla, la manzana, la pera, las pasas, el perejil, los piñones, los aceites y las carnes de res y puerco. Por nuestra parte dimos dos ingredientes esenciales: los chiles y el jitomate. Este último ha transformado la gastronomía de países enteros. Resulta increíble conocer que, no obstante que fue llevado a España desde el siglo XVI, tardó casi una centuria en ser aceptado en la cocina peninsular. En Francia se comenzó a usar hasta el siglo XVIII y con restricciones, pues se le consideraba afrodisiaco.

Sobre la creación de los chiles en nogada también hay varias versiones. Ya hemos hablado de la de don Artemio del Valle Arizpe, quien se la atribuye a tres hermosas doncellas poblanas que eran novias de tres apuestos jóvenes que acompañaban a Agustín de Iturbide. Al conocer que se acercaba la fecha en que arribarían a Puebla, deseosas de halagarlos, acordaron crear una receta que, además de suculenta, mostrase los tres colores –verde, blanco y rojo–, de la bandera del Ejército Trigarante. Tras días de discusiones decidieron aprovechar productos de la temporada: nueces de Castilla y los granos rojos de la granada e idearon el suculento platillo.

Otras versiones atribuyen la preparación a las monjas agustinas del convento de Santa Mónica, en la mencionada Puebla. Se dice que lo elaboraron para celebrar el santo de Agustín de Iturbide, que coincidía con su llegada a la ciudad al frente de las tropas realistas, el 28 de agosto de 1821.

Resulta sorprendente cómo se ha popularizado la preparación de los chiles en nogada para festejar el mes patrio, que felizmente coincide con la temporada de la nuez y la granada. Ahora se encuentra en restaurantes de cadenas comerciales como Vips o Sanborns, pasando por restaurantes de todo tipo: modestos o elegantes, italianos, argentinos, de comida internacional y hasta algún japonés. Por supuesto que la diferencia en la calidad de los que ofrecen en la mayoría de estos sitios y los lugares como la Casa Merlos o El Cardenal, es como tomar un café en Punta del Cielo o en Seven Eleven.

gonzalezgamio@gmail.com

http://www.jornada.unam.mx/2011/09/11/opinion/035a1cap

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TRIBUNA: MARÍA DE LAS HERAS

El miedo empaña ‘el grito’ en México

MARÍA DE LAS HERAS 12/09/2011

En medio de tremendo debate porque el monumento conmemorativo del bicentenario de la Independencia sigue siendo un hoyo de 50 metros de profundidad que nadie sabe bien en qué va a acabar, ni cuánto terminará costando, y esperando el resultado de no sé cuántas auditorías por las irregularidades encontradas en el gasto de los festejos conmemorativos de hace un año, llegamos al 201º aniversario del inicio del movimiento de independencia, efeméride que, sin duda, es una de las que más nos gusta festejar a los mexicanos.

Tradicionalmente, las principales plazas del país se engalanan con luces y adornos conmemorativos y las familias se reunían la noche del 15 de septiembre para escuchar el grito, esa arenga que ocurre en cada plaza central de toda población mexicana y con la que se recuerda y emula el llamado del cura Miguel Hidalgo a levantarse en contra del dominio español sobre la entonces Nueva España. Después, los fuegos pirotécnicos rompían iluminando el cielo de verde, blanco y rojo, mientras los asistentes disfrutaban de tamales, buñuelos, pozole, tostadas, quesadillas y cuanta chuchería vendían los ambulantes instalados en las plazas.

Este año el ánimo es diferente. La inseguridad en la que vivimos ha llenado de temor a gran parte de la población, de tal forma que hoy, y según los resultados de la encuesta de esta semana, el 64% confiesa que tiene miedo de estar en una plaza pública durante los festejos y siete de cada diez festejarán en casas particulares con amigos y familiares.

Los problemas cotidianos han hecho que haya decaído el ánimo para los festejos, por lo menos así lo percibe el 56% de las personas que entrevistamos, y no es menor la preocupación del 59% que piensa que hay alguna probabilidad de que se repitan los lamentables hechos de hace tres años en la ciudad de Morelia, donde un grupo de delincuentes hizo estallar unos artefactos justo en el momento en el que estaba reunida la población celebrando el grito de la Independencia.

Lo único que no nos podemos permitir los mexicanos es dejar que los delincuentes nos roben el orgullo de ser un país independiente. Que sirva el grito de este año para decirles a quienes tienen la responsabilidad de protegernos que lo hagan, y lo hagan ya; y a quienes son responsables de juzgar y castigar a los delincuentes que cumplan con su deber y se dejen de actitudes que no dejan más que sospechas sobre la rectitud de su comportamiento.

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Transparencia

José Woldenberg
15 Sep. 11

El acceso a la información pública es un derecho fundamental. Se trata del insumo básico para que los ciudadanos puedan conocer lo que se hace en su nombre y es un mecanismo de control difuso del poder público. Y según las cifras que el IFAI nos proporciona en su 8º Informe de labores correspondiente a 2010, la espiral desatada parece venturosa.

Si en el año 2004 se presentaron 37,732 solicitudes de información, en el 2010 fueron 122,138. Es decir, la rutina se expande con cierta velocidad y puede observarse un incremento año con año. Además, el 91.1 por ciento fueron atendidas y el tiempo promedio de respuesta fue de 12 días. Eso sí, las solicitudes se encuentran muy concentradas geográficamente. El 44.4 por ciento se hicieron desde el DF y 14.4 desde el Estado de México. Los hombres utilizan más el recurso que las mujeres (61.7 por ciento contra 38.3). Y quienes cuentan con estudios explotan más la posibilidad de allegarse información pública. De los solicitantes el 73.8 por ciento contaban con estudios de licenciatura y posgrado.

Los recursos interpuestos ante el IFAI también crecen. En el 2004 fueron 1431 y en el 2010, 8160; el 6.7 por ciento del total de las solicitudes. En todo el periodo -de 2003 a 2010- el porcentaje de recursos presentados en relación al total de solicitudes ha sido de 5.5.

Esas cifras nos informan que cada vez más personas ejercen su derecho a contar con información pública, y esa es la mejor fórmula para hacer de un derecho enunciado un derecho apropiado. Porque los derechos no dejan de ser nominales hasta que los ciudadanos los hacen suyos.

Ahora bien, para que el derecho a la información funcione, se requieren, diría Perogrullo, algunas condiciones, más allá de las disposiciones constitucionales y legales.

1. La existencia de archivos bien organizados. Se trata de la condición número uno, del requisito primordial para que la pirámide de la información tenga sentido. Y en ese terreno, no son pocas las respuestas que reciben los solicitantes de información en el sentido de que la misma no se encuentra, que el documento no se generó, que el acta es inexistente. De ahí se deriva la necesidad de que todas y cada una de las dependencias públicas cuenten con archivos completos, bien organizados, accesibles y al día.

2. Responsabilidad de los funcionarios. La tarea de catalogar y poner a disposición del público la información de las distintas unidades no debe ser entendida como una labor secundaria ni residual, sino como una obligación que de no cumplirse puede acarrear sanciones. La no atención de un derecho de los ciudadanos debería generar efectos claros y precisos sobre los encargados.

3. La fuerza de los institutos de acceso a la información. Buenos registros documentales y adecuada gestión deberían bastar para poder ejercer el derecho a contar con información pública. Pero ya sabemos que inercias de todo tipo, consideraciones contrarias a la transparencia, intereses creados, suelen erigir obstáculos para el ejercicio de tan estratégico derecho. Por ello, reforzar a los institutos encargados de velar por su cumplimiento no es una tarea menor. Subrayar su autonomía y robustecer sus facultades debería ser prioritario. En esa dimensión sería conveniente contar con un cuadro compa- rativo de lo que sucede en las 32 entidades del país.

Me sumo a algunas de las propuestas que Jacqueline Peschard realizó hace aproximadamente un mes para robustecer a las instituciones encargadas de garantizar el derecho a la información y la transparencia. Solo las enumero: 1) abrir la posibilidad de que “los organismos garantes cuenten con la facultad de interponer acciones de inconstitucionalidad en contra de leyes que violen los principios y bases contemplados en el artículo 6 constitucional”; 2) otorgar, desde la Constitución, a todos los organismos garantes, la autonomía, tal y como en 1980 se hizo con las universidades públicas (los comisionados del IFAI -digo yo- deberían ser nombrados por el Senado a través de votaciones calificadas); 3) “Homologar en los distintos órdenes de gobierno los esquemas de generación de información presupuestaria” y por supuesto de su ejercicio; 4) incorporar las nuevas tecnologías para lograr un acceso más sencillo y expedito, y, 5) “incentivar la demanda de información y de rendición de cuentas”. Son medidas y reformas pertinentes que coadyuvarían a fortalecer el derecho, a robustecer a las instituciones y a vigorizar la acción de los ciudadanos.

Si dirigimos nuestra mirada hacia el pasado, podemos afirmar que en materia de transparencia y rendición de cuentas, mucho hemos avanzado. Aquellas largas décadas en que la información pública se manejó como si fuera privada y discrecional empiezan a ser parte de la prehistoria. No obstante, si tratamos de otear las tareas del futuro, descubriremos que falta aún mucho por hacer para que un derecho consagrado por la Constitución sea ejercido, de manera recurrente y a fondo, por cada vez más ciudadanos.

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/625/1248218/default.shtm

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