‘¿Cómo nos vemos?’
Guadalupe Loaeza
27 Oct. 11
Me permito compartir con los lectores el texto que leí, hace unas semanas, en el Foro Biarritz, el cual se llevó a cabo en República Dominicana. En la tercera sección de trabajo, el tema de la reflexión cultural era: “¿Cómo nos ven, cómo nos vemos? ¿El debilitamiento del interés de Europa por América Latina y de los latinoamericanos por el viejo continente corresponde a una realidad de distanciamiento entre las dos regiones o es una cuestión de simples percepciones?”.
“Antes, hace apenas unos años, los turistas europeos que solían visitar mi país nos veían con una gran simpatía; entonces, México era visto con curiosidad, pero sobre todo, con una enorme admiración. De nuestra idiosincrasia se sentían atraídos por una variedad de aspectos, de los cuales carecen, especialmente, los franceses; me refiero a nuestra espontaneidad y hospitalidad a toda prueba. Pero lo que más apreciaban una vez que habían convivido entre los mexicanos era nuestro amor a la vida, es decir, nuestro don por vivir el presente, el ahora. Durante muchos años atendí personalmente a grupos de franceses. Nada les gustaba más a los galos que recorrer la ruta de las pirámides, las playas, los mercados de artesanías, los centros históricos, las iglesias coloniales, los viejos cascos de haciendas, los restaurantes de comida mexicana, los museos, los conventos, sin olvidar naturalmente la maravillosa plaza Garibaldi. Muchos de ellos eran tan amantes de la música ranchera que no faltaba aquel que junto con los mariachis cantara a todo pulmón y pronunciando mucho la ‘r’, Cucurrucucú Paloma.
“Con ese mismo entusiasmo y admiración, nos veían, seguramente, no nada más los franceses, sino muchos europeos. Bastaba con preguntarles a muchos de ellos, los que habían radicado en el país, cuál había sido su experiencia después de vivir en México para que contestaran, que había sido la mejor época de su vida, la más divertida y la más intensa. Algunos llegaron a decirme: ‘Mis hijos fueron muy felices en México, extrañan las quesadillas, las nanas mexicanas, las piñatas; extrañan la época de las posadas navideñas; extrañan sus paseos a caballo por los cerros de Tepoztlán y los programas de televisión de Chespirito…’. Para los europeos, México era como un verdadero paraíso terrenal, en el cual, aunque no funcionaban bien a bien las leyes ni las instituciones y muchos menos las autoridades, era un país con mucho futuro; un país joven y un país, con enoooooooooormes posibilidades de crecimiento en todos los órdenes. Para ellos, nuestra larga frontera con Estados Unidos, más que una desventaja, representaba una espléndida oportunidad con la que no contaban los demás países latinoamericanos.
“Así nos veían antes. Sí, antes de que el mal se soltara a todo lo largo y ancho del país. Porque no hay duda que en mi país el mal anda suelto. Se diría que ya nadie lo puede detener, peor aún, se diría que viene todavía con más fuerza. No me quiero imaginar lo que piensan, hoy por hoy, aquellos turistas franceses que solía pasear hace menos de una década. ¿Qué dirán en relación a las noticias que leen sobre México? Deben lamentarlo, deben pensar que no lo merecemos. Deben preguntarse, sin embargo, ¿por qué los mexicanos somos tan malos con nuestros compatriotas, por qué los matamos, decapitamos, secuestramos y terminamos siempre por corromperlos? Deben pensar que México no está siendo gobernado por nadie, que todo el mundo hace lo que se le da la gana, y que está sumamente enfermo de un cáncer mortal. Seguramente muchos de ellos ya no querrán regresar a México, por temor de morir por un fuego cruzado, como ésos que se dan en las calles de Boca de Río en Veracruz, ya no querrán poner un solo pie en ningún casino para no morir calcinados, como murieron más de 50 en el Casino Royale de Monterrey, tampoco querrán regresar a Garibaldi por temor de ser confundidos por los enemigos de La Barbie o de El Chapo, no querrán que sus hijos vean por la televisión, en lugar de Chespirito, los videos de los Matazetas, este grupo de paramilitares que actúa públicamente, no obstante, el gobierno jura y perjura que no existen paramilitares en nuestro país; seguramente muchos de ellos no querrán regresar a nuestro país por pavor a que puedan ser ‘levantados’ por algunos capos al encontrarse en cualquier autobús de alguna ciudad del norte.
“¿Que cómo nos ven ahora los europeos y cómo nos vemos? De la patada por no decir de la… Así como nos ven, así nos vemos ahora a nosotros mismos. Los mexicanos nos vemos como nunca nos habíamos visto antes: feos, corruptos, matones, ladrones, tramposos, mentirosos, gordos, nada democráticos, desprestigiados y muy, pero muy indignados. Nos vemos cada día más de capa caída, enfermos, desmoralizados y sumamente enojados. Pero más que nada, más que cualquier otra cosa, hoy, las y los mexicanos nos vemos aterrados y rebasados por todo lo que está sucediendo en nuestro país. Un país ya sin turismo, sin esperanzas, sin expectativas, sin inversiones, sin empleos, sin credibilidad en nuestras instituciones y partidos y, sin que nadie nos gobierne…”.
¿Será todo lo anterior una simple percepción?
http://www.reforma.com/editoriales/nacional/631/1260873/default.shtm
