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Archivar como 5/12/11

TRIBUNA: MARIO VARGAS LLOSA

Libros y cadáveres

PIEDRA DE TOQUE. Dos días antes de la inauguración de la Feria del Libro de Guadalajara, aparecían 26 jóvenes asesinados por el ‘narco’. Aun así, México está muy lejos de la barbarie, es un país libre y civilizado

MARIO VARGAS LLOSA 04/12/2011

Entre el 21 y el 23 de noviembre hubo en los barrios pobres de Guadalajara (Jalisco) lo que los mexicanos llaman levantones, es decir, secuestros. Las víctimas eran, casi todas, jóvenes de humildes oficios -repartidores, electricistas, mecánicos, vendedores de chatarra, panaderos- y algunos de ellos estaban fichados por la policía por delitos menores como atracos callejeros y robo de autos.

Un día después, el 24, todos ellos aparecieron -eran 26- muertos, con las manos y pies atados, huellas de balas en la cabeza y algunos con señales de tortura. Los asesinos embutieron los 26 cadáveres en tres camionetas robadas que dejaron cerca de los Arcos del Milenio, en pleno centro de la ciudad y a pocas cuadras del local donde dos días más tarde se inauguraría la 25ª edición de la Feria Internacional del Libro, sin duda la más importante de las muchas que se celebran en el mundo de lengua española.

¿Quién y por qué perpetró ese horrendo crimen? Según un reportaje estremecedor aparecido en el semanario Proceso, del 27 de noviembre, los asesinos fueron sicarios de uno de los cárteles más poderosos de la droga, el de Zeta-Milenio, que con esta matanza se proponía simplemente advertir a un cártel rival, el del Pacífico, lo que le esperaba si seguía empeñado en tender sus redes en tierras de Jalisco, que los zetas consideran exclusivamente suyas. Lo que pone los pelos de punta al leer esta crónica no son solo los horripilantes excesos de crueldad cometidos por los forajidos en esta ocasión, sino que salvajismos de esta índole son frecuentes en distintos lugares de México, donde cerca de 50.000 personas han perecido ya desde que el Gobierno del presidente Felipe Calderón decidió enfrentar militarmente los cárteles de la droga que habían comenzado a infiltrarse como una hidra por todos los vericuetos del Estado, empezando por los cuerpos policiales.

Declarar esta guerra fue un acto de coraje, sin duda, que ha servido para sacar a la luz del día y mostrar el enorme poder económico y bélico del monstruo que anidaba en las entrañas de la sociedad mexicana, pero, también, para comprobar lo quimérico que es ya en nuestros días creer que se podrá acabar con el tráfico de drogas y la delincuencia y crímenes que genera mediante la simple represión. La bestia ha crecido demasiado y cuenta con demasiados recursos para poder derrotarla por las armas de modo definitivo. Ella se reproduce como las serpientes en la cabeza de la Medusa y la violencia que desata puede llegar a desarticular el funcionamiento de todas las instituciones y a convertir la democracia en una caricatura de sí misma.

Proceso reproduce el mensaje que los autores del asesinato dejaron garabateado en una de las camionetas. Basta tratar de leerlo para darse cuenta de la indescriptible mescolanza de ignominia, crueldad y estupidez que guía a los forajidos. Comienzan advirtiendo que “el pleito no es con la población civil. Es con el Chapo y Mayo Zambada que andan queriendo pelear y no defienden ni su tierra”. Acusan a sus enemigos de ser “informantes de los gringos” y piden a las gentes de Jalisco que “se quiten la venda de los ojos”. Añaden: “Aquí les dejamos estos muertitos. Sí, los levantamos nosotros para que miren que sin la ayuda de ningún cabrón estamos metidos hasta la cocina”. Se despiden de este modo jactancioso: “Atentamente. Grupo Z, el cártel fuerte a nivel nacional. El único cártel no informante de los gringos. Lealtad, honor, Grupo Z, siempre leales”. (He puesto la puntuación para hacer algo más comprensible ese mazacote sintético). Lo que parecen querer decir es muy simple: “Asesinamos a esos 26 solo para demostrar que podemos hacerlo”. No tenían inquina alguna contra sus víctimas. Los aniquilaron solamente para que el enemigo supiera que estaban en condiciones de acabar con cualquiera que pretendiera disputarles el monopolio que se habían ganado a punta de dinero y balazos.

¿Significa esto que México seguirá hundiéndose en la barbarie de manera irreversible?

Nada de eso. Yo llegué a la ciudad de Guadalajara dos días después de aquella matanza, permanecí cuatro días en la ciudad y no vi ni un solo muerto ni una sola escena de violencia. Más bien, mañana, tarde y noche estuve rodeado de libros y de gentes cultas, apasionadas por el arte, las ideas, la música, la poesía, las novelas, hombres y mujeres que acudían en masa a escuchar presentaciones de novedades literarias, diálogos y debates de escritores, filósofos, politólogos, críticos y masas de personas que salían de los interminables pabellones de la Feria con enormes bolsas llenas de los libros que acaban de comprar. Tuve un diálogo público con Herta Muller sobre la vocación literaria y creo que ninguno de los dos vio jamás un público tan atento y numeroso, unos 1.800 espectadores. Cualquiera que hubiera vivido solo esa experiencia hubiera concluido que México está muy lejos de la barbarie y es uno de los países más civilizados, libres y cultos del planeta.

En verdad, México, como el resto de América Latina y buena parte del mundo, es ahora las dos cosas a la vez. Si, antaño, parecía que la civilización y la barbarie tenían bien definidas sus demarcaciones y eran antagónicas, hoy descubrimos que aquella era una más de las muchas ilusiones que fabricamos para no sentirnos demasiado inseguros en el mundo en que vivimos. Gracias al fanatismo religioso y político y su símbolo -el terrorista suicida- y a la criminalidad que la industria de la droga genera por doquier, además de factores como las enormes desigualdades económicas, el desplome de los valores espirituales y religiosos y el generalizado desapego a la ley, la barbarie es hoy un ingrediente esencial de la civilización, una de sus expresiones. No es una casualidad que en Noruega, que parecía un pequeño paraíso, el salvador de la humanidad Anders Behring Breivik se cargara el 22 de julio pasado a 77 inocentes, solo para mandar un mensaje al adversario, como hacen los zetas mexicanos.

Cuando recuerda que el Holocausto fue obra de un país que era el mismo de Goethe, Beethoven, Rilke y Thomas Mann, George Steiner saca la siguiente lección: “Las humanidades no humanizan”. Tal vez tenga razón, tal vez sea cierto que la cultura no nos defiende contra el instinto tanático de destrucción y muerte que se disputa en nuestro ser con el Eros constructivo, solidario y vital.

Pero, acaso, la cercanía del peligro y del horror sea un poderoso aliciente para el quehacer cultural, lo impregne de una atracción hechicera y de una fuerza mágica a la que inconscientemente acudimos en pos de consuelo, ayuda, seguridad, cuando el suelo parece estar cediendo bajo nuestros pies. ¿Es esa la explicación de la extraordinaria concurrencia de jóvenes que, procedentes de todas las provincias de México, acuden a la Feria del Libro de Guadalajara? Las tres o cuatro veces que he estado allí siempre me llamó la atención esa presencia sobresaliente de chicos y chicas. Y este año ella ha sido infinitamente más numerosa que las anteriores, añadida de un gran número de niños que poblaban los pabellones de literatura infantil. Esos millares de muchachos y muchachas circulando por todos los rincones de la Feria, haciendo largas colas para asistir a los actos programados, hojeando los libros de las estanterías o leyendo tumbados por los suelos o apretujados en los cafés y salas de descanso, parecían inmunizados contra los peligros que erizan las calles de México, fuera del alcance de esos pistoleros semianalfabetos, armados de las armas más modernas de la industria bélica, que levantan a los indefensos transeúntes y los matan solo para que sus competidores sepan lo feroces y mortíferos que son.

La Feria del Libro de Guadalajara comenzó hace un cuarto de siglo sin muchas ínfulas pero ha ido creciendo de manera sistemática, sin pausa, y es ahora un encuentro internacional al que acuden editores, agentes, libreros, escritores y lectores de todos los países del globo. Su notable éxito se debe a que ha sabido combinar el aspecto industrial y comercial con el cultural, de mercado que es al mismo tiempo un semillero de actividades creativas en la que participan intelectuales y escritores de todas las culturas del globo. Ahora no solo existe en el Estado de Jalisco. Desde el año pasado se celebra también en Los Ángeles y esta es, creo, la única feria en Estados Unidos dedicada exclusivamente al libro en español.

Se trata de un espectáculo hermoso y gratificante, sin duda. Y, también, de un homenaje a esos 26 pobres diablos sacrificados de manera inmisericorde por las guerras cainitas del narcotráfico. Porque no hay nada más lejano de la muerte, la crueldad y la brutalidad que el amor por los libros.

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.

http://www.vanguardia.com.mx/librosycadaveres-1162156-columna.html

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¿Caballo de Troya?

Denise Dresser

02 Diciembre 2011

Enrique Peña Nieto propone ser el caballo de Troya del PRI. El que obligue a su partido a aceptar las reformas estructurales que hasta ahora ha rechazado. El que ingrese al bastion de cotos construidos y privilegios protegidos con el objetivo de desmantelarlos. El que intenta presentarse como artifice de la modernidad ante una organización que es su antítesis. Así se vende Peña Nieto en estos días, en entrevista tras entrevista, en página tras página de su nuevo libro “México, la gran esperanza”. El problema es que resulta difícil —si no imposible— creerle ante lo que ha significado y como sigue actuando el PRI hoy.
Peña Nieto comienza diagnosticando el por qué de la parálisis; las razones detrás del rezago; los motivos detrás del letargo de México. Y argumenta que eso se debe a “algunas estructuras económicas y sociales que no se transformaron, lo que permitió que algunas de ellas mantuvieran una gran concentración de poder frente a un sistema político desconcentrado, alcanzando la capacidad para bloquear reformas que consideran contrarias a sus intereses”. No nombra esos intereses pero tienen nombre y apellido: Elba Esther Gordillo y el SNTE, Joaquin Gamboa Pascoe y la CTM, Carlos Romero Deschamaps y el STPRM, Carlos Slim y Telmex-Telcel, Emilio Azcárraga Jean y Televisa. Todos esos intereses son “criaturas del Estado” concebidas a lo largo de 71 años de priísmo. Cómo va Peña Nieto a confrontar esos intereses que lo concibieron e intentan ahora propulsarlo a Los Pinos?
Reconoce que “durante los multiples gobiernos del PRI también se cometieron errores y abusos inadmisibles que tuvieron serias consecuencias para el país, como las injustificables represiones a los movimientos estudiantiles, las crisis económicas e inaceptables actos de corrupción”. Admite que el PRI está consciente de sus errores y abusos. Argumenta que ha aprendido de ellos para no repetirlos. Pero cómo darle el beneficio de la duda, si en el evento en el cual registra su candidatura están presentes aquellos asociados con la corrupción que Peña Nieto denuncia. Arturo Montiel, Humberto Moreira, Emilio Gamboa. Y tantos íconos de la impunidad que el PRI continua albergando en lugar de distanciarse de ellos.
Peña Nieto propone lograr una “democracia de resultados” mediante la construcción de mayorías estables en el Congreso, una mejor relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, y vínculos más estrechos con la ciudadanía. Pero eso lleva a la pregunta indispensable: ¿qué le pasó al país en la época en la cual el PRI controlaba la Presidencia y el Congreso? “Así fué y así nos fué” sentencia Gabriel Zaid. Años de una economía politizada y por ello sujeta a los usos y abusos del poder presidencial. Años de inestablidad macroeconómica y malos manejos de las finanzas públicas. Años de crisis y devaluaciones y postergaciones. Años en los cuales la ausencia de pesos y contrapesos derivó en políticas económicas fallidas e irresponsables.
Y en cuanto a estrechar la relación entre el poder y la ciudadanía, Peña Nieto propone “escuchar a la gente” pero elude hablar del incentivo que llevaría a la clase política a hacerlo o pagar las consecuencias: la reelección legislativa. Pero el mexiquense se opone a ella por “razones históricas” sin comprender que el lema “Sufragio Efectivo, No Reelección” se refería a la no reelección de Porfirio Díaz. De hecho, la Constitución de 1917 contenía el principio de reelección, pero el PRI después lo eliminó porque quería el sistema que tenemos ahora. Una democracia disfuncional basada en la rotación de élites impunes. Una democracia descompuesta que el PRI pretende arreglar en aras de que funcione mejor para las intenciones del PRI, no para que rinda cuentas o represente mejor a los ciudadanos.
Peña Nieto lamenta la falta de competencia de México y señala que de acuerdo con cifras del Foro Económico Mundial, México ocupa el lugar 120 de 140 economías. Frente a ello sugiere fortalecer la Ley Federal de Competencia, lo cual es loable. Pero habría que preguntarle si piensa poner a competir a Televisa mediante una tercera cadena de televisión? Si piensa obligar al señor Slim a cumplir con las obligaciones de su concesión antes de darle acceso a la televisión? Si piensa obligar a todos los maestros del país a competir por una plaza? Si piensa obligar a los sindicalizados dentro del SNTE, la CFE y el STPRM a cambiar sus estatutos para que no puedan simplemente vender, heredar, o intercambiar una plaza por favores sexuales? Si el Estado “intrusivo y regulador” que propone querrá y será capaz de confrontar a los “centros de veto” que el PRI corporativo creó y sigue manteniendo? Si la reactivación del campo entrañará desmantelar la red de clientelas que Procampo tejió y el priísmo vinculado a la Confederación Nacional Campesina exige?
Peña Nieto lamenta la situación educativa del país y que México ocupe el lugar 34 de 34 países de la OCDE en las evaluaciones PISA de educación. Y por ello argumenta que se debe “acelerar la transformación del sistema educativo” mediante la profesionalización de los maestros y el sueldo vinculado a desempeño. Pero cómo hacerlo con Elba Esther Gordillo como cómplice política y electoral? La recién anunciada alianza del PRI y el Panal sugiere otro sexenio en el que la educación pública será concebida como una estrategia de pacificación, más que como un vehículo de empoderamiento. Otro sexenio caracterizado por las añejas maneras de relación y las viejas formas de complicidad. Otro sexenio que usa a los maestros para ganar elecciones en vez de educar niños.
Ante esas preguntas, Peña Nieto responde que precisamente porque es del PRI puede reformar al PRI. La lógica parecería ser que se necesita un ladrón para atrapar a otro, o que él será el Nixon mexicano que va a China. Pero hay pocos motivos para creerle —a pesar de sus buenas intenciones— porque hoy el PRI es, por definición, “El Partido del No”. El que se opone a las reformas necesarias por los intereses rentistas que protege; el que rechaza la reelección legislativa por la rotación de élites que defiende; el que rehuye la modernización sindical por los “derechos adquiridos” que consagró; el que no quiere tocar a los monopolios porque fue responsable de su construcción.
El PRI y sus bases son los “No’s” porque constituyen la principal oposición a cualquier cambio que entrañaría abrir, privatizar, sacudir, confrontar, airear o remodelar el sistema que los priístas concibieron y del cual viven.
Y quizá Peña Nieto logre convencer a algunos ingenuos o ilusos del estratagema mediante el cual busca entrar al alcázar de privilegios que el PRI ha erigido y desmantelarlo desde adentro. Pero los intereses económicos que el PRI protege son tan poderosos, que el caballo de Troya mexiquense acabará siendo poco más que un producto de su imaginación. El PRI —tal y como lo hicieron los troyanos— dejará que el caballo entre a la ciudad y lo erigirá como un trofeo. Pero no permitirá que de su vientre salga una sola reforma que atente arrebatarle el botín.

http://www.vanguardia.com.mx/%C2%BFcaballodetroya?-1161210-columna.html

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Exterminio de la disidencia

Jorge Zepeda Patterson

  • 4 de diciembre

Norma y Nepomuceno constituían un dolor de cabeza para las autoridades por exigir el esclarecimiento de la muerte de sus hijos: Ambos han sido suprimidos.
Puede representar apenas una gota en el mar de sangre que ha dejado la guerra, pero la cada vez más frecuente desaparición de luchadores sociales y periodistas incómodos a los poderes (legales e ilegales), tiene un muy infortunado efecto para el resto de la sociedad.
Más de 70 periodistas asesinados o desaparecidos y varias docenas de activistas abatidos en 10 años representa una tímida estadística frente a los 50 mil muertos. Pero son justamente los periodistas y los activistas los pocos que siguen denunciando las masacres y pidiendo justicia para las víctimas.
Da la impresión de que los poderes salvajes no cejarán en mantener esa guerra civil en la que están enfrascados, pero ahora parecerían resueltos a eliminar a los que la denuncian.
El viernes pasado balearon a Norma Andrade en Ciudad Juárez y  hace una semana asesinaron a Nepomuceno Moreno en Ciudad Obregón. Una madre y un padre que al igual que Isabel Wallace o Alejandro Martí se negaron a aceptar la versión oficial de la desaparición de un hijo. Por desgracia sin la visibilidad y relaciones del empresario y la ahora conferencista. Nepomuceno se había integrado al movimiento de Javier Sicilia, y recorría el país exigiendo castigo para los asesinos de su hijo. Norma había fundado la organización “Nuestras Hijas de Regreso a Casa” y vivía entre amenazas para obligarle a abandonar su lucha.
Imposible conocer en este momento quien está detrás de los sicarios de cada uno de estos dos ataques, pero es preocupante la manera irresponsable, si no es que criminal, en que las autoridades reaccionaron en los dos casos. Pese a que Norma alcanzó a declarar que entregó bolso y llave del auto al ser encañonada, el sicario disparó en cinco ocasiones sin siquiera molestarse en tomar alguna pertenencia de la activista. Eso no impidió que antes aún de cualquier investigación la autoridad local ya hubiese declarado que se había tratado de un simple intento de robo de auto (un carcacha modelo 90). Norma se debate entre la vida y la muerte al cierre de este artículo.
El caso de Nepomuceno es aún más preocupante. La procuraduría de Sonora intentó convencer a la opinión pública de que el asesinato obedecía a presuntas relaciones que padre e hijo fallecidos sostenían con el crimen organizado. Un burdo intento para de alguna forma “justificar” la ejecución del luchador social.
En el mejor de los casos se trata de actitudes cobardes de la autoridad en su intento de despolitizar el asesinato de activistas y presentarlos como meros  incidentes atribuibles a la delincuencia común. Y en el peor de los casos, este apresuramiento en descalificar los atentados y satanizar a las víctimas puede ser interpretado como una acción cómplice para encubrir a los verdaderos responsables.
En cualquier caso, no se vale. Asesinar a un padre que pide esclarecer la desaparición de su hijo representa una doble muerte. Acusarlo de pertenecer al crimen organizado para justificar su asesinato, equivale a una triple muerte.
Por desgracia no se trata de hechos aislados. Sólo en Chihuahua en los dos últimos años cinco dirigentes de organizaciones en favor de víctimas de feminicidio han sido abatidos. Hay un claro propósito de descabezar y desmantelar las redes de participación civil que incomodan a los poderes. No muy distinto de lo que sucede en contra de radios comunitarias en zonas indígenas, asesinatos incluidos.
En materia de periodistas, otro gremio que incomoda a los poderosos, los últimos dos años han sido los peores. Las amenazas a medios de comunicación y a reporteros se han generalizado en gran parte del territorio.
Muchas de estas agresiones ya no proceden del crimen organizado sino de la clase política y los aparatos de seguridad. En su último informe la organización internacional Artículo 19 revela que la mayor parte tienen un origen político.
Todo indica que amparados por la impunidad y el éxito que tienen los cárteles de la droga para amedrentar a los medios de comunicación, los políticos y jefes policiacos no ha resistido la tentación. Ellos saben que toda agresión vinculada al crimen organizado simple y sencillamente no será investigada. Basta correr la versión de que el activista social o el periodista tenían alguna relación con el narco para que el delito quede impune. Eso asegura que entrara en el inmenso e irresponsable hoyo negro de los 50 mil muertos que el gobierno de Calderón ha decidido que no tienen que ser investigados porque se trata de ejecuciones entre delincuentes.
Todos aquellos que no aceptan la versión oficial, que exigen el esclarecimiento de algunas de estas muertes están en peligro. Como Norma y Nepomuceno.
http://www.jorgezepeda.net
@jorgezepedap

http://www.vanguardia.com.mx/exterminiodeladisidencia-1162154-columna.html

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