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Archivar como 6/03/12

Ladridos en la
Torre de Babel*

Agustín Escobar Ledesma

“¡A ver, a ver, ésas que ladran como perros váyanse hasta atrás, a la última banca!” Las dos niñas no entendían lo que les decía la docente porque ignoraban el castellano. Tampoco la maestra sabía lo que ellas hablaban porque desconocía el otomí, sólo interpretaban gritos y señas. Con la barrera del idioma de por medio, en el mismo salón de clases estaban la maestra y los alumnos en su mundo, mientras las niñas se refugiaban en el propio.

María Luisa Trejo González nació en Sabino de San Ambrosio, Tolimán. Estudió en una escuela de monjas hasta tercero de primaria, donde las profesoras se comportaban con ella como persona de verdad. Esa escuela desapareció, por lo que tuvo que ir a una primaria federal en la que la regresaron a primer año. Ahí fue donde una profesora le gritaba cuando hablaba otomí, al igual que a una de sus compañeritas.

Por supuesto que la niña María Luisa no se dejó vencer por la adversidad, jamás bajó los brazos y, justamente, para no ser como su maestra, se convirtió en profesora bilingüe español-otomí, para luchar en contra de la exclusión y el etnocidio de su cultura. Fue así que cursó la licenciatura en Español en la Escuela Normal del Estado de Querétaro y, en 1977, se incorporó al Departamento de Educación Indígena, desempeñándose como profesora desde entonces. También es autora de varios libros de texto para primaria bilingüe: Mi libro de otomí de Tolimán (Ma he’mi dega ñhohño) (DEGEI-SEP, México 1984); Lecto-escritura en lengua otomí. Mi libro de otomí de Tolimán. Ñhó dega ñhóñhó de Maxei. Lengua Hñahñu de Tolimán (SEP-Conaliteg, México, 1995).

“Si estudiábamos o no, a la maestra no le preocupaba. Desde entonces me propuse ser maestra y, después de clases, estudiaba dos o tres horas diarias más para entender el idioma español; había palabras y oraciones que no comprendía y las marcaba con una equis para cuando la maestra las explicara, corregirlas. También tuve otra maestra que se llamaba María Guadalupe Madera Tax, ella era yucateca y recuerdo que le daba por fumar dentro del salón; nosotras de todos modos siempre estábamos en nuestro mundo otomí, hasta la última banca, porque ella tampoco nos quería porque hablábamos un idioma diferente.”

Ahora la profesora María Luisa Trejo González está al frente de un grupo de niños en la escuela primaria bicultural de Los González, Casa Blanca, Tolimán, Querétaro, una comunidad de tierra dura y árida, sembrada de piedras, cactáceas, pobreza y alcoholismo. Los inquietos niños de piel morena y ojos de obsidiana, de tercer grado de primaria, escriben indistintamente en español y en ñhäñho, también hablan y cantan en ambos idiomas, o bien, primero cantan en su lengua materna y después, por cortesía, ante la ignorancia del visitante monolingüe, también en español.

Los pequeños niños de ojos rasgados como sus prendas de vestir, llegan por las mañanas al aula con el estómago vacío; por eso, cuando suena la chicharra a las once de la mañana, la hora del recreo, salen disparados a la cocina-comedor de la escuelita, en donde les preparan un menú consistente en atole de sabores, tortillas, y como platillo fuerte puede haber arroz, frijoles o garbanzos. Los infantes comen con fruición sus raciones, único alimento en todo el día y, como también tienen hambre de juego, dedican cinco minutos a corretear por los patios de la tierra tepetatosa de la que el aire, en ocasiones, levanta una buena polvareda a manera de obsequio.

La profesora bilingüe hñäñho-español María Luisa Trejo González nunca se ha callado las injusticias en cualquier lugar en el que se encuentre, lo que le ha valido ser marginada constantemente, o por lo menos ser enviada a las escuelas más alejadas de la comunidad a la que pertenece.

Cuando María Luisa solicitó trabajo en Educación Indígena, en 1977, el entonces director regional, Rufino Maqueda Rangel, le dijo: núnge gi ‘ralki ri poho, que literalmente significa: “Sólo que me des tu cola.” La maestra, angustiada y conteniendo el llanto, dice: “Yo ni lo conocía, nunca lo había visto. Me sentí humillada. La necesidad me hizo fingir ser su amiga, me hice la loca, sólo así me contrataron y enseguida me mandaron a un propedéutico a Ixmiquilpan, Hidalgo.” A lo largo del tiempo el profesor Rufino, un hombre alto, gordo y de ojos borrados, continuó acosando sexualmente a María Luisa y a otras profesoras. María Luisa lleva un registro pormenorizado.

Después de tres décadas en el subsistema de Educación Indígena, María Luisa Trejo se ha caracterizado por investigar las manifestaciones de su cultura y, principalmente, de su idioma; también es una férrea defensora de las variantes dialectales de la región del semidesierto queretano que se contraponen o complementan, según el caso, con las variantes de Amealco y las de los estados de Hidalgo y México.

Testigos protegidos

Según la profesora María Luisa, la mayoría de maestros bilingües han sido cooptados por el Instituto Lingüístico de Verano (ILV) para que profesen la religión de los Testigos de Jehová; el ILV, además de investigar la lengua, influye en el comportamiento de los profesores que, a su vez, inciden entre los niños de las comunidades. A los profesores que se pasan a ese grupo les publican trabajos, les dan apoyo, los llevan a Estados Unidos a traducir.

Hay niños de las escuelas que por un dulce se aprenden citas de la religión de los Testigos de Jehová. Esto ha provocado la división de las comunidades, puesto que a los niños católicos les dicen “los santos” y a los Testigos de Jehová, “los diablos”. La situación ha llegado a extremos de violencia, cuando un hombre mató a su mujer por asistir a una reunión promovida por los maestros para acudir con los Testigos de Jehová.

* Texto del proyecto de investigación “Extranjeros en su tierra.
Escritores en lenguas indígenas”, apoyado por el Programa de Estímulos
a la Creación y Desarrollo Artístico de Querétaro 2011,

http://www.jornada.unam.mx/2012/03/04/sem-agustin.html

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Candidatos del narco

Por: Sanjuana Martínez – marzo 5 de 2012 – 0:03
COLUMNAS, Daños colaterales

¿Cuántos candidatos del narco habrá en las próximas elecciones? ¿Cuántos alcaldes, gobernadores, senadores, diputados, regidores? ¿A cuántos candidatos asesinará el narco para colocar a los suyos?… ¿Llegará el narco a tener un candidato a la Presidencia?

Nuestros próximos comicios se presentan complejos. Felipe Calderón ha decidido que sean elecciones bajo guerra. No sabemos si en algunas regiones del país, será necesario llevar casco y chaleco antibalas para votar, pero está claro que difícilmente habrá elecciones sin interferencia de los dos bandos en combate: el Estado y el crimen organizado.

La Organización de Estados Americanos (OEA) lo acaba de advertir: el narcotráfico “no sólo amenaza, sino incluso impone y asesina a candidatos en los procesos electorales. La participación de estas bandas criminales en procesos electorales, amenazando o asesinando candidatos, e incluso imponiendo a sus propios candidatos, es un ejemplo más del riesgo que impone la delincuencia organizada sobre la preservación de nuestras instituciones democráticas”, alertó Adam Blackwell, secretario de Seguridad Multidimensional.

México sufre ese fenómeno en los últimos años, la delincuencia nos ha demostrado que puede liquidar políticos a su antojo. Durante el sexenio, han asesinado a 28 alcaldes y la suma de candidatos, diputados o jefes policíacos, asciende a 174. Los crímenes tienen el objetivo claro de eliminar adversarios para colocar cómplices o auténticos títeres.

Entre los políticos asesinados está el priísta Rodolfo Torre Cantú, candidato a la gubernatura de Tamaulipas, un crimen ocurrido el 28 de junio de 2010 aún sin resolver. Paradójicamente su sustituto no fue alguien ajeno, sino su hermano. En un estado fallido como Tamaulipas lo único que funciona de manera organizada es el crimen organizado.

En el 2009 fue asesinado Armando Chavarría, diputado local de Guerrero y candidato a la gubernatura de ese estado. Ese mismo año también fue asesinado Gustavo Bucio Rodríguez, candidato a diputado federal suplente por el Partido de la Revolución Democrática. En el 2010 fue asesinado José Mario Guajardo, candidato a la alcaldía de Valle Hermoso, Tamaulipas; también Romero Núñez Montiel candidato a la alcaldía de Jololalpan, Puebla y a Gonzalo Amador Ortega, candidato a la alcaldía de Huauchinango, Puebla.

La incidencia del crimen organizado en las elecciones es una realidad. Bien lo sabe el propio Calderón quien acaba de reconocer que los criminales no sólo buscan “enquistarse” en la sociedad a través del control de los cuerpos policiacos o dependencias del gobierno, sino también incidir en las elecciones.

Y aunque los gobiernos federal y estatales firmen uno o diez convenios para garantizar la seguridad en los comicios electorales, eso no proporciona un blindaje a los ciudadanos, ni mucho menos asegura condiciones óptimas para votar en toda la República. Ya lo reconoció Leonardo Valdez, presidente del IFE, que hay zonas del país cuyas condiciones de inseguridad podrían “inhibir” el proceso electoral. Lo que no se explica es por qué el IFE luego anunció que pedirá a la OEA que defina como el crimen organizado podría imponer candidatos. Es obvio que la manera más común es a través del famoso binomio: ¿plata o plomo?

La penetración del narcotráfico en las elecciones no es nueva, pero Valdez ha resultado ser un experto simulador. Ignorar el problema o intentar ocultarlo no ayudará a que desaparezca. Hay que tomar las prevenciones necesarias para contrarrestar la fuerza bruta del narco en las urnas; en lugar de utilizar la demagogia para defender la democracia.

Tampoco es nada nuevo que el dinero del narco “nutre” las campañas electorales. Es otra forma de incidir. En Nuevo León, lo acaban de recordar en una manta difundida gracias a que no todos los medios firmaron el pacto de censura de Iniciativa México: “Nuevo León es territorio de los Zetas. Y el poder lo demostramos con hechos y aunque no les guste Rodrigo Medina me obedece porque lo apoyamos para que llegara a la gobernatura (sic). O qué pensaban, que los 20 millones de dólares que entregó el Lic. Manuel Quiñones (a) Lic. Many cuñado o concuño de Aldo Fasci Zuazua para la campaña de Medina era gratis?.. O todo lo que pagamos para los gastos de Rodrigo a través de Agustín Serna de la CROC no lo íbamos a cobrar?”.

Seguramente Rodrigo Medina no es el único gobernador acusado de recibir dinero del narco. Habrá muchos más. La impunidad del poder político en México ha permitido que los niveles de penetración del narco lleguen a lugares insospechados.

Lo cierto es que el narco está logrando inhibir las candidaturas. En Nuevo León el Partido de la Revolución Democrática acaba de anunciar que sólo ha conseguido colocar 25 de las 51 candidaturas a puestos de elección popular debido al miedo. No quieren correr el riesgo de perder la vida. A la vista del martirologio político, el Estado ha demostrado ser incapaz de garantizarles su seguridad.

Es más fácil para los que pactan llegar a contender, algunos incluso lo han utilizado como una forma de ganar votos. Recordemos el caso de Mauricio Fernández, alcalde del próspero municipio de San Pedro Garza García y su supuesto pacto con los Beltrán Leyva durante la campaña para “blindar” el municipio considerado actualmente como el más seguro de México. O bien , las declaraciones de Sócrates Rizzo con respecto a los pactos del PRI mientras gobernó, para establecer acuerdos de rutas por las que cada cártel podía traficar en el país.

No será fácil emitir un voto bajo el ruido de las cuernos de chivo, las amenazas y las extorsiones. ¿Quiénes serán los candidatos que quedaran fuera de los pactos con el narco? ¿O los electores preferirán los pactos? Ya lo veremos.

http://www.sinembargo.mx/opinion/05-03-2012/5380

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El peor gobierno

Lunes, 05 de Marzo de 2012 07:26 |

Escrito por Hermann Bellinghausen

Hay algo mocho en México. Dispense el lector, no quiero jugar con las palabras. Por supuesto que los gobernantes ahora son mochos, en el sentido religioso-católico, y los medios masivos lo promueven ferviente y rentablemente; más ahora que tenemos encima al siniestro papa alemán de los colmillos afilados. La acepción aquí de mocho se refiere a lo roto, arrancado de un cacho, incompleto. Tal vez sea demasiado presidencialista (esa tendencia tan mexicana) atribuir lo mochado de México al gobierno, pero, sinceramente, ¿habíamos padecido uno más inepto, con el más dañino –por donde se le mire– de los presidentes modernos?

Desde que tengo conciencia política siempre he estado contra los presidentes, nunca me han gustado. Corrupción, manipulación, fraude electoral, represión. Si bien todos cargan con muertes y hechos tipificables como criminales, algunos ganaron a pulso el título de asesinos: Díaz Ordaz, Echeverría y Zedillo, cuando menos. Y no que uno quiera amortiguarles la responsabilidad, pero de algún modo aún podían invocar “razones de Estado” en términos comprensibles para nuestra razón histórica, y pasaban la prueba del ácido de la opinión pública unos cuántos años, antes de caer en el merecido descrédito.

Hubo un tiempo en que aún se podía creer que la Revolución Mexicana estaba “interrumpida”, como memorablemente reflexionó Adolfo Gilly desde la cárcel hacia 1970. Era todo un argumento del nacionalismo revolucionario la idea de que había por dónde rescatarla y continuarla. Vaya ilusión. Así que nos podíamos tragar lo de Echeverría-o-el-fascismo para que éste fuera a gritonearles a los gringos en la ONU mientras reverenciaba al compañero Salvador Allende y al camarada Mao. O López Portillo, siempre medio ido, de pronto le soltaba un puñetazo al franquismo agonizante o de un plumazo nacionalizaba la banca.

Candil de la calle, los presidentes priístas apapachaban oficialmente a las revoluciones de Cuba y Nicaragua, negociaban por las de El Salvador y Guatemala, abrían los brazos a los exilados del sur dictatorial en la estela del viejo cardenismo. Los últimos presidentes “de la Revolución” respetaban en un sentido general lo que es México, con la dosis mínima de nacionalismo soberano para no volver esto un caos sin dueño, abierto a las “leyes” del mercado. El neoliberalismo implementado por De la Madrid y acelerado por sus sucesores dio origen a un nuevo ciclo histórico, aunque siguiera en pie una cierta idea de Nación.

Pero cuando uno ve en acción a Felipe Calderón Hinojosa, pela lo que dice, checa los espots que protagoniza y sufre las consecuencias de sus decisiones, cabe preguntarse razonablemente: ¿qué le pasa a este cuate?

En el presente suceden cosas que no se pueden entender en términos de Estado soberano y mínimo consenso popular, como la guerra sin fondo ni bordes que deliberada y personalísimamente desencadenó Calderón. No bastan su “¿qué querían que hiciera?” contra el crimen, ni la interpretación de su presunta búsqueda de legitimidad tras su robo de urnas. El fraude electoral ya venía en el paquete de la Revolución interrumpida y traicionada. Mas admitamos que nunca antes vimos tanta “víctima colateral” de una decisión presidencial, ni los millares de asesinatos nunca aclarados, ni escuadrones de la muerte que, como los paramilitares en el sur indígena, nunca “existen”. Pero no sólo está su “guerra sucia”, que deja chiquitas a sus predecesoras; también y sobre todo la cadena de determinaciones que enajenan el suelo a los mexicanos y los arroja al vacío de la migración o la degradación in situ. Nunca antes un gobierno nacional ha sido más pernicioso. Ahí, el servil regalo al FMI.

A los gobernantes panistas, y Calderón les gana a todos, les falta una noción dinámica y multidimensional de lo que es México (algo más que pueblitos mágicos). Sabemos que estos blanquiazules salieron charros, tequileros y patrioteros, pero nunca han tenido completa la película. Están mochos. Crecieron entre progenitores que admiraban los cojones de los nazis y frecuentaban curas conspiradores (y el tiempo probaría, a veces pederastas), que respiraban por la herida de los “bandidos” de Zapata, los rosarios clandestinos en tiempos de Calles, las razones de León Toral, la saga de los cristeros, el hipnotismo reaccionario del Cerro del Cubilete. Nunca entendieron por qué México no reconocía al Vaticano como Estado moderno y no tuviera embajador allí. Vendría Salinas a darles la razón en los años 90.

A partir de Fox se pierden improntas claves: la tradición agrarista, la educación popular, la seguridad social, el exilio español. Los nuevos presidentes crecieron entre curas en universidades privadas y se internacionalizaron a través de las empresas y las financieras. Ni sospechan lo que la gente siente. El pueblo no les importa y nuestra historia les estorba. Con tales mocheces tienen para ignorar los signos del abismo. Si no fueran tan peligrosos, serían un chiste.

http://www.diariolibertad.org.mx/dlib/index.php?option=com_content&view=article&id=8851:el-peor-gobierno&catid=3:juicios-y-opiniones&Itemid=2

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