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Archivar como 7/05/12

Lupita, la edecán, y ¿de veras hubo futbol?

Política cero

Jairo Calixto Albarrán

2012-05-07 • Al Frente

Pues como todo mexicano consciente que se une al contingente, me preparé con disciplina para el zapping, con unos dedos suficientemente entrenados para pasar ágilmente del futbol al debate y viceversa con el democrático poder del control remoto. Días de gimnasia digital desde que Ricardo Salinas Pliego anunció que Tv Azteca transmitiría el futbol y no el debate. Se le criticó con maldad y excesos, cuando lo único que quería es que todo México viera cómo le daban en la torre a sus Monarcas. Si no haces eso con tu rating, entonces de qué sirve tener una televisora.

Lo que parecía ser un debate sin gracia, se convirtió en un espectáculo del humor involuntario que te obnubilaba. Sobre todo cuando el melifluo presidente del IFE, Leonardo Valdés, el rey del anticlímax, tuvo la feliz ocurrencia de recurrir al catálogo de Playboy en materia de edecanes electorales. Ese pequeño detalle de distinción planteó un detalle que le devolvió fe a esa parte de la humanidad que decidió no ir a los teibols para comprometerse con el sufragio efectivo, no reelección. Debo decir que el debate era casi hipnótico, y al ser pasado por el Twitter aquello resultó al borde de lo apoteósico. Nada que ver con la pelea del Canelo y el show cómico-histórico-musical del 5 de Mayo en Puebla, donde el góber fue el héroe de esa película de 160 millones de pesos, papá.

Del debate cabe destacar la estudiada sonrisa de la moderadora, Lupita Juárez, a la que le faltó una pasada con Alfredo Palacios; la insistencia obsesiva del ChikiliQuadri en la banda ancha (sobre todo cuando escaneaba a la edecán de vestido blanco) y en una revolución, como diría Fobia, sin manos, además de su sueño de unos carabineros pinochetistas a la mexicana; que El Peje midiera la opulencia en tsurus —que es como el índice Nikei con cuatro ruedas—; al Dorian Gel victimizándose cual objeto de bullying cuando le recordaron su relación con Montiel, Salinas y Paulette; Chepina decidida a copiarle el look a la procuradora Morales, mientras evadía dar explicaciones sobre por qué no iba a trabajar a San Lázaro.

Otros gratos momentos: EPN defendiendo a su Eruviel mientras le salían sus chapitas y trataba a Chepita como si fuera Paulette. Vázquez Mota injertada en Lupita D’Alessio. Quadri exigiendo una venta de garaje de Pemex. El Peje poniendo de cabeza la foto de Salinas y el Gelboy.

Ahí, sí, para la próxima, muchas mujeres exigen que también haya edecanes masculinos de no malos bigotes. Y si no, que el gobierno se los pague.

Mínimo.

 

http://leon.milenio.com/cdb/doc/impreso/9146766

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El antihéroe de goma se acerca a meta

El candidato socialista Hollande se ha ganado el afecto de los franceses a base de escucharles

Su forma de poner a Sarkozy en su sitio revela su ambición

París 5 MAY 2012 – 20:11 CET

Dicen los que le conocen bien que François Hollande casi nunca se altera. Que su amabilidad, su flema normanda y ese extraño caudal de afecto que parece sentir por la humanidad le han ayudado siempre a encajar las críticas y las derrotas sin sentirse demasiado molesto. De rubor fácil y gran simpatía natural, cauteloso en la expresión y provinciano en las costumbres, su afición a los chistes y la buena comida siempre le dieron fama de ser un político simpático y con duende en la calle, aunque corto de ambición y contactos. Ahora, este maratoniano tranquilo de 57 años, padre de cuatro hijos, que nació en Rouen en una familia de burgueses católicos y pasó la juventud, como Nicolas Sarkozy, en Neuilly-sur-Seine, parece más cerca que nunca de cumplir su cita con la historia: ser el segundo socialista que alcanza la presidencia francesa desde que se fundó la Quinta República en 1958.

El camino ha sido largo y estaba sembrado de agujeros. En 1996, Hollande era un cuarentón bonachón sin el menor futuro político. Habían acabado los 14 años de mandato de François Mitterrand, y él, que había llegado al Elíseo como joven consejero económico, había trepado más bien poco en el escalafón del padre fundador. Licenciado en Derecho y diplomado en las tres mejores escuelas del país (el Instituto de Estudios Políticos; con militancia sindical cercana al Partido Comunista;, la Alta Escuela de Comercio y la Escuela Nacional de Administración), era querido por todos, pero seguía siendo perfectamente anónimo: en 1996 pidió el ingreso en el Colegio de Abogados con la idea de abandonar la política.

Unos meses después, una rara conjunción astral hizo que todo cambiara. Lionel Jospin ganó las elecciones anticipadas convocadas por Jacques Chirac, Hollande fue elegido diputado por la Corrèze, la provincia donde nació el líder gaullista, y el patrón socialista le invitó a ser el primer secretario del partido. “Es el mejor, el más brillante y el más político de todos”, dijo el primer ministro de él, y los militantes lo eligieron con el 91% de los votos, cumpliendo así finalmente la profecía de Mitterrand, quien ejerciendo su famoso hechizo de cenáculo, un día le deslizó al oído: “Su turno vendrá, Hollande”.

Durante 11 años, tuteló entre sonrisas, pasillos y platos de foie un partido esquizoide que se iba a convertir en ejemplo del socialismo más caviar y liberal del continente. Al inicio de su mandato, en 1998, Hollande explicó a Miguel Ángel Bastenier en EL PAÍS el nuevo rumbo del socialismo francés: “El enemigo es el liberalismo, nosotros somos antiliberales. Pero vemos en Francia una necesidad de modernización. Aquí no hay tradición de diálogo social y hay que dar voz a la sociedad para que no tenga que hacerlo todo el Estado, porque entonces morirá”.

Su consigna como jefe del aparato era mantener unido el partido. “Ser amable es una virtud, no una debilidad. Ya nos hemos matado bastante entre nosotros mismos”, comentaba. Cuatro años más tarde, en 2002, la división de la izquierda era tan honda que Jospin quedó fuera de la segunda vuelta de las presidenciales ante Jean-Marie Le Pen. Hollande mantuvo el timón del PS en medio del fracaso. Pero no pudo impedir que la violencia partidaria fuera la actividad más practicada entre los camaradas. En 2004, guió al partido hacia la victoria del sí en el referéndum interno sobre la Constitución europea. Pero la felicidad duró un suspiro. En 2005 el pueblo francés dijo no y Hollande entró en talleres.

2007 fue el momento de la transformación final del antihéroe. Su pareja sentimental, Ségolène Royal, ganó las primarias socialistas y perdió las presidenciales contra Sarkozy. La vida de Hollande cambió para siempre. “Se sintió desplazado, humillado por Royal”, recuerda un amigo. Poco después, los dos ponían la palabra fin a una relación de 30 años.

Tras la humillación, Hollande se liberó de miedos y complejos y se dispuso a dar el gran salto. Conoció a la guapa periodista Valerie Trierwelier, que ha contado que no tardó en decirle: “Soy el mejor candidato para suceder a Sarkozy”. Pocos le creyeron entonces, pero ella lo hizo. Con su ayuda, en 2009 creó la asociación Responder desde la Izquierda y Hollande se puso a la tarea: nuevo aspecto físico y toda la ambición política. Adelgazó 11 kilos, reunió a un equipo de comunicación y elaboró un programa destinado a buscar el máximo consenso: justicia, igualdad, juventud, unidad…

Con la normalidad por bandera y la paciencia de un campesino, Hollande fue desplegando su encanto de jefe de negociado entre las bases del partido y en junio de 2010 anunció su candidatura a las primarias.

Las casas de apuestas no daban un euro por él. La sombra de Dominique Strauss-Kahn, todavía respetable director del Fondo Monetario Internacional, cubría el espectro de la gauche. Pero cuando DSK se quedó en fuera de juego perpetuo en Nueva York, Hollande todavía estaba allí. Ganó las primarias socialistas sin despeinarse y tras ser acusado de blando por Martine Aubry —hija de su segundo ídolo político, Jacques Delors— batió a su sucesora en la secretaría del partido con un minimalista mensaje de unidad y una calma pasmosa.

Casi todos los medios internacionales ironizaron entonces con la insípida victoria de Monsieur Normal, y hasta ayer mismo han seguido subestimando al hombre de goma llamándole “favorito por accidente” o, como Sarkozy, haciendo sarcasmos sobre su inexperiencia y su falta de contactos internacionales. Tras ser apodado Flanby (un flan de sobre) por la derecha, y ser ninguneado por Angela Merkel y otros líderes conservadores, Hollande ha ido saltando un charco tras otro sin manchar su atildado traje oscuro. Con la voz muy baja ha ido imponiendo la agenda del crecimiento hasta convertirse en gran esperanza de millones de europeos para dejar atrás esta desagradable y atribulada fase Merkozy.

Minimizado hasta la necedad por gurús y mandarines bastante menos inteligentes y liberales que él, Hollande ha ido metiéndose en el bolsillo cada vez a más gente usando su táctica de siempre: constancia, educación, ironía. Durante dos años, el impasible corredor de fondo ha visitado cada rincón de Francia, estrechado las manos de la gente sin guardarse antes el reloj en el bolsillo, escuchado ruegos y lamentos después de cada mitin hasta que las luces se apagaban.

Pase lo que pase en las urnas, Europa le deberá una, y la historia recordará que François Hollande fue un político tenaz, pragmático y más clarividente de lo que muchos pensaban. Pero quizá recordará sobre todo que, en el debate celebrado la noche del 3 de mayo de 2012, aquel hombre tranquilo al que tantos tildaban de blando demostró tener los nervios de acero y ser capaz de poner en su sitio para siempre al matón más arrogante del barrio. Y todo ello sin mover una ceja. Lento pero seguro, la meta está cada vez más cerca.

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/05/05/actualidad/1336241472_607264.html

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Escenas de la vida cotidiana

Jorge Volpi
6 May. 12

El candidato -debería acostumbrarse a llamarse a sí mismo señorpresidente- hace horas que está despierto, pero no ha escapado de la cama: en la duermevela, lleva horas repasando su vida pública. No ha encontrado demasiados momentos climáticos, como si su carrera hubiese transcurrido entre algodones, pero ello no lo hace sentirse menos orgulloso. De tanto practicarla, la sonrisa no se borra de sus labios ni siquiera entre las sábanas. A su lado, su esposa ronca de manera casi imperceptible. El candidato -perdón, el señorpresidente- la observa de reojo: otra victoria. ¿Cuándo hubo en este país una Primera Dama más hermosa? Procurando no despertarla, se yergue atléticamente, hace una sentadilla y se dirige al baño. En su debut como el hombre más poderoso de México, lo primero que necesita es contemplarse ante el espejo.

-Se los dije, las encuestas no mentían, hemos ganado por más del 50% de los votos -exclama en su despacho.

Frente a él, los artífices de su campaña se muestran exultantes.

-Está claro -continúa el presidente electo- que nuestra estrategia de no admitir ninguna confrontación fue la clave. Teníamos que mostrarnos como el hombre de Estado que seremos a partir de ahora, ¿no les parece? Los otros quedaron como resentidos.

Pero hoy, en mi discurso, les tenderemos la mano. Gracias a todos por ayudarnos en esta tarea.

Escuchando hablar así a su criatura, su principal asesor lanza un tímido suspiro.

En cuanto llega al plató, el candidato -qué insistencia: el señorpresidente- revisa el ángulo de las cámaras, la potencia de los reflectores, la posición de su silla y la de quien va a entrevistarlo, el tamaño de letra en el teleprompter, la tarjetita con las preguntas y respuestas que ha memorizado desde la mañana.

Después de tantas entrevistas, nadie posee más experiencia que él.

-Muy bien, podemos empezar.

-La llamada está lista, Señor Presidente -confirma la secretaria.

-Vamos, campeón -lo anima su principal asesor.

Al otro lado del teléfono, escucha una voz ronca que se apresura a felicitarlo en un español apenas inteligible. A continuación, su colega se embarca en un párrafo en inglés en el que reconoce dos o tres palabras.

-Tankyu, míster Président -lee de una tarjetita-. It güil bi greit to work güit yu.

-El empleo, ése será el eje de mi discurso en la toma de posesión -afirma.

-Pero ése fue el discurso de tu predecesor -lo corrige, en voz baja, su principal asesor.

-Entonces, la seguridad. Eso, la seguridad pública.

-Tu predecesor también se centró en eso. Necesitas algo propio, algo distinto. Algo auténticamente tuyo.

-¿Mío? -pregunta-. ¿Cómo que mío?

-Lo primero que quiero es agradecerte, Emilio. Sin ti… -comienza el presidente electo en su primera audiencia privada.

-Ganó el mejor -ataja el otro-. Ahora lo importante es buscar lo mejor para el país.

-Exacto, Emilio. Y lo mejor para México es contar con empresas sólidas y competitivas.

-Quisieron acusarnos -el presidente electo da un manotazo sobre el escritorio-. Ahora verán quiénes eran los corruptos.

A continuación, revisa la lista que su principal asesor acaba de entregarle.

-¿Cuál de estos panistas te parece el más indicado para pasar unos añitos entre rejas?

-Éste -el asesor señala una fotografía-. Es un cuadro importante del partido, pero no pertenece al círculo cercano a tu predecesor.

-El discurso sobre el combate al narco que has preparado es magnífico -se entusiasma el presidente electo-. ¡Contradice en todo a nuestro predecesor! ¿Y cuándo empezaremos a tomar estas medidas?

-Ya sabes que seguiremos haciendo lo mismo que él -le aclara su principal asesor-, lo importante es que digas lo contrario.

“¡Qué maravilla disponer de esta maquinaria!”, se entusiasma el presidente electo mientras observa el pleno del Congreso casi en calma. “Ni eso sabían hacer los panistas”.

Observa a unos cuantos pasos el gesto severo, siempre tan antipático, de su predecesor, y casi siente pena por él. Será generoso y procurará no incordiarlo: bastante tiene con abandonar el puesto así, en la ignominia.

“Haremos lo que sea necesario, pero nosotros no acabaremos como tú”, se dice mientras su predecesor le coloca la banda en el pecho.

-¿Qué te pareció la casa, mi amor? -le pregunta a su esposa.

-¡Qué mal gusto tenían los inquilinos previos! -le responde ésta con un tono amargo-. Habrá que cambiar toda la decoración.

-Lo que tú digas. Éste es tu reino.

-Más bien el nuestro, ¿no? -ella lo besa y se cubre el pecho con una sábana, un acto reflejo que no consigue evitar-. Debes estar cansado, ha sido un largo día.

El señorpresidente no responde. Ha encendido la televisión panorámica y, después de eludir las telenovelas, se detiene frente a su propia imagen: sonriente, bronceado, con ese corte perfecto del que tanto se burlaron sus adversarios. Al mirarse una y otra vez allí, en ese mundo virtual que para él es el mundo, no duda: “¡Qué buen presidente voy a ser!”.

Twitter: @jvolpi

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/656/1310866/default.shtm

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Quién ganó el debate

Por: Alejandro Páez Varela – mayo 7 de 2012 – 0:07
Historia de unos días
He visto el debate presidencial. Ahora pienso en las preocupaciones que un ciudadano cualquiera debería tener: este México con 50 millones de pobres y desilusionado, cansado, defraudado; este país con 60 mil muertos a causa de una guerra sin sentido y haciendo más ricos a los de por sí ricos, y haciendo más poderosos a los monopolios de por sí todopoderosos.
Escuché apenas propuestas en el debate. Y vi o leí, tanto en Twitter como en Facebook, en blogs o en los comentarios de los sitios de información (incluyendo Sin Embargo MX) una guerra para ver quién es más ingenioso; para ver quién hace la frase más redonda o la crítica más ácida; o quién encuentra el detalle más estúpido para atacar a cualquiera de los ponentes de esta noche de domingo: Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador, Enrique Peña Nieto o Gabriel Quadri.
No sé usted, pero yo, en este momento, me siento más cerca que nunca de Javier Sicilia cuando dice: ¿Votar para qué? ¿Para ser parte de este circo y de esta simulación de sistema democrático? Me sentí más cerca de él cuando dice que los partidos deberían mostrar humildad, todos, y sentarse y firmar un compromiso para atacar de una vez por todas los problemas de fondo, los que realmente significan un cambio.
Podría decir que el debate lo ganaron los poderes fácticos, esos a los que ni el Estado mexicano –sobre todo este gobierno federal– ya no puede controlar. Que lo ganaron las televisoras, el PRI, los empresarios y políticos que no quieren que llegue un cambio sino seis años más de populismo y esperanzas que, sabemos, son inalcanzables sin una verdadera revolución pacifista.
Podría decir que el debate lo ganó la tiricia “a la mexicana”: esa inacción que precede al estado de shock –como el triunfo arrollador de Ernesto Zedillo en 1994–: mejor irnos con los que roban poquito; mejor futbol que ideas; mejor uno que no quiere cambiar las cosas de fondo; mejor el más bonito; mejor el que viste mejor: mejor no le muevo, aunque en el fondo, le estamos moviendo a todo… para mal.
He visto el debate presidencial y me pregunto: ¿Quién ganó, realmente? Yo no.
Quizás fue el formato; quizás fue esa estúpida cámara fija y las interrupciones; quizás fueron los ataques y la falta de propuestas y saber que el único que podía presumir que era ciudadano es Gabriel Quadri, un gato de Elba Esther Gordillo, uno de los grandes cánceres de México. ¿Quién se suponía que ganara con este debate?
Porque he dicho que no votar beneficia –y así lo es– al PRI y a los sindicatos corruptos y deja en manos del voto corporativo la elección, iré a votar. Pero no será por este debate pobre, sin contraste de propuestas, sin elementos suficientes para que yo o cualquier ciudadano tome una decisión, que yo salga a votar. ¿
Quién ganó este debate? No sé. Quizás los mejores spots, los más ingeniosos, los mejores en redes sociales, los que gritaron más o se vieron mejor respondiendo o respingando.
Alguien habrá ganado, seguramente, y no fui yo. Algo realmente no funciona en nuestra democracia. Y es una lástima, porque lo que sí funciona son los que más deberían estar acotados: los Wal-Mart, los líderes corruptos, los políticos sin escrúpulos y las televisoras.
Votaré porque ya dije que es necesario. Pero iré a las urnas arrastrando los pies.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/07-05-2012/6772.

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