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Archivar como 9/06/12

Cuento de Navidad
[Cuento. Texto completo]

Ray Bradbury

El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando éstos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.

-¿Qué haremos?

-Nada, ¿qué podemos hacer?

-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!

La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.

-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.

-¿Qué…? -preguntó el niño.

El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer “día”. Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:

-Quiero mirar por el ojo de buey.

-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.

-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.

-Espera un poco -dijo el padre.

El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.

-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.

La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.

-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.

-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.

-Pero… -empezó a decir la madre.

-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.

Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.

-Ya es casi la hora.

-¿Puedo tener un reloj? -preguntó el niño.

Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.

-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?

-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.

-No entiendo.

-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.

Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.

-Entra, hijo.

-Está oscuro.

-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.

Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.

-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

FIN

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bradbury/cuento.htm

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AMLO: el debate de tu vida

Arturo Franco

7 junio, 2012

Estimado Andrés Manuel,

Discúlpame que te escriba en primera persona sin conocerte realmente… Es difícil para mi, como debe ser para muchos mexicanos, sentirte alejado, impersonal, remoto. He visto y leído mucho sobre ti en los últimos 7 años, escuchado atentamente tus planteamientos, analizado tus propuestas, visto tus momentos buenos y también tus días malos.

El debate presidencial del próximo domingo debe ser uno de estos momentos cruciales en tu vida. Finalmente se alinearon las estrellas, y con un poco de ayuda de #YoSoy132 y muy a pesar del IFE, tendremos un segundo debate presidencial en televisión nacional. Además, llegas a este escenario con una inercia positiva, que a regañadientes comienzan a reflejar incluso las encuestas que menos te favorecen.

¿Puede un debate cambiar la historia?

La respuesta no es sencilla. Incluso en países con mayor experiencia y tradición democrática, los debates rara vez suelen cambiar el impulso de una campaña. La mayoría de los expertos concuerdan que los debates presidenciales generalmente reafirman las opiniones de la gente, en lugar de cambiarlas. (Al final, cada quien encuentra lo que buscaba encontrar).

Sin embargo, puede haber sorpresas. Los debates son muy útiles para los votantes indecisos, sobre todo para aquellos que nunca han visto a los candidatos sin algún tipo de filtro de los medios de comunicación. En el caso de la Elección Presidencial 2012 en México, este grupo todavía constituye casi el 20% del electorado.

Tal vez el caso más famoso de un debate que cambió la historia es el de Kennedy contra Nixon en 1960. Hasta ese momento, la política en Estados Unidos no se transmitía en la televisión, aunque el 88% de los hogares contaba ya con una. Para los pocos que escucharon ese debate en la radio, ganó Nixon. Para aquellos que los vieron, un joven y carismático Kennedy se lo llevó de calle. Muchos historiadores atribuyen a esta diferencia en imagen física la victoria electoral. Yo pienso que fue una combinación entre carisma, carácter y contenido.

En nuestro caso, y con la gracia divina de Azcarraga y Salinas Pliego para transmitir en los canales 2, 11 y 13 de la televisión abierta, el segundo debate presidencial podrá ser visto en el 92.5% de los hogares del país. ¿Podría ser este tu momento Kennedy, o será tu momento Nixon?

¿Cómo puedes ganar el debate?

Un debate presidencial puede ayudar a los candidatos a explotar la debilidad de sus oponentes, desviar ataques previos, y proporcionar a la audiencia nacional ideas nuevas. Aquí te comparto algunos ejemplos de como lograr esto. Lamentablemente, la mayoría de los ejemplos son debates en Estados Unidos, simplemente por que es más fácil encontrar pequeños segmentos de ellos en Internet…

1) Ataca sí, pero también contesta las preguntas.

Sin duda es importante que nos recuerdes contra que y contra quienes has estado luchando durante todos estos años. Eres uno de muy pocos mexicanos que se atreve a decir las cosas como son, incluyendo a la “mafia del poder” en México con nombres y apellidos. En el primer debate no tuviste tiempo de profundizar en muchos de los temas que se estaban planteando, pues te dedicaste a hablarnos de historia, de política, de nexos familiares y personales.

Sin embargo, también queremos saber que propones. Al final, estamos eligiendo al titular del Poder Ejecutivo, no del Poder Judicial. Una manera de balancear ambos objetivos (los de acusar y proponer) es atacar con contenido, con datos, con razón. Un buen ejemplo de esto (aunque finalmente no ganó la elección presidencial) se dio en este debate entre Bush y Kerry en 2004.

2) Conecta con tu audiencia… sobre todo con tus adversarios.

Tal como lo hizo Obama en este debate televisado contra McCain (en el que deja al candidato republicano como venado lampareado) la mejor manera de ganar un debate es saber quien es tu audiencia. La campaña republicana en 2008 utilizó a un personaje real, un plomero micro-empresario de Ohio, para tratar de demostrar que las propuestas de Reforma en Salud de Obama no le beneficiarían al país. (A esto le podemos llamar la “Guerra Sucia” Región 1).

En este video, Obama le habla directamente a Joe, quien lo había criticado durante esa misma semana. De la misma manera, tu podrías beneficiarte también si dejas de hablarle al mexicano genérico (al ciudadano, como le llamas) y le hablas directamente al empleado, al empresario, al estudiante, al burócrata, al maestro. Si además respondes cordialmente a quien te critica, o si logras darle tranquilidad a quien te teme, creo que puedes ganar muchos puntos.

3) Muéstranos tu lado más humano… (y sonríe)

Para mi, tu mejor momento en el primer debate de 2012 fue la reacción que tuviste al darte cuenta que la foto de @EPN y CSG estaba al revés, pues demostraste dos cosas: primero, que cometes errores, y segundo, que en vez de molestarte te ganó la risa. Eso se llama ser humano.

Como bien debes saber, la mejor y quizás la única manera de empatizar con la gente es mostrando vulnerabilidad. Esto lo sabía muy bien Bill Clinton cuando venció a Bush Sr. en las elecciones de 1992… (y lo demuestra en este pequeño segmento). Cuéntanos anécdotas personales, experiencias de tus años como Jefe de Gobierno, de tus viajes por México. No queremos que nos repitas lo que ya leímos o vimos en los spots. Queremos saber quien eres, como persona.

El debate de mi vida… (y de la de muchos )

Aunque no lo creas, yo soy alguien que viene de “abajo” como dirías de manera coloquial. Con mucho esfuerzo, estudio, becas, créditos que sigo pagando, trabajo y buena suerte, logré salir adelante y ayudar a mi familia. Además, la posibilidad de estudiar en Harvard y trabajar en Suiza me dio una perspectiva global sobre mi propia realidad.

Dicho todo esto, sigo viviendo entre dos mundos. Mi mamá sigue siendo maestra de una escuela primaria pública en Monterrey, mi abuelo paterno se jubiló de la CFE y mi abuelo materno perdió su huerta de naranjas cuando el TLC lo enfrentó a la competencia desleal. Conozco la problemática nacional y entiendo perfectamente el momento histórico que estamos viviendo.

Igual que yo, muchos mexicanos entendemos que se requiere un cambio. Pero también estamos hartos de nuestra clase política, de tener que elegir al menos peor, de la decepción y del engaño. Este domingo, en el debate presidencial, no busco decidir solamente por quien votar. Estoy buscando también un líder en quien confiar, un presidente a quien seguir, una esperanza verdadera, bien fundada, para seguir luchando por nuestro México.

Para poder entregarte toda mi confianza, necesito dos cosas más…

4) No me cuentes lo que has vivido, cuéntame lo que has aprendido…

Conocí brevemente a Luiz Inacio da Silva en 2009, cuando ayude a organizar un Foro Económico Mundial para América Latina en Rio de Janeiro. La diferencia entre Lula en 1989 y el Presidente Lula de 2002 es simple. El primero es un líder sindical, un rebelde. El segundo es un estadista global. Su transformación no fue, tal como muchos la pintan, ideológica. Su transformación fue personal, aprendió que las capacidades que necesitaba desarrollar para ser Presidente eran muy distintas a las de un luchador social.

Anoche, en un doloroso y patético programa de #TercerGrado, volvimos a encontrarnos con AMLO, el dirigente de un movimiento civil (como tu mismo te describiste).  ¿Dónde está AMLO el estadista? Quisiera verlo en el debate…

5) No me hables de tu pasado, cuéntame de mi futuro…

Estás nuevamente en el centro del huracán. En el debate, además de atacarte por todos lados, el PRI y el PAN (y el otro) van a hacer todo lo posible por llevarte de regreso al 2006. Lamentablemente, ese es tu Talón de Aquíles. Debe ser espantoso perder la Presidencia de la República ante un fraude electoral. Debe ser como perder un hijo, una pierna, todos tus ahorros. Pero ya chole.

El domingo, los mexicanos ya no necesitamos que nos expliques lo que te hicieron en 2006. Ya no queremos saber si Ponce o Bejarano. Para votar por ti, para seguirte, para confiar en tu liderazgo, nos tienes que vender una historia sobre nuestro futuro. ¿Cómo ves a México en 2018, después de tu sexenio como Presidente? Esa es la pregunta fundamental y el primero que debería enfocarse en ella eres tu. Si te preguntan del pasado, diles… “con todo respeto, ya lo expliqué muchas veces” y vuelve a tu visión del futuro.

Como debes saber, la lucha de toda tu vida está en juego el domingo, Andrés Manuel. Si quieres salir airoso de esa cita, en realidad, es muy sencillo:  háblame de ti, háblame de mi… y háblame de tu, que ya estamos en confianza.

http://www.animalpolitico.com/blogueros-arrancones-en-neutral/2012/06/07/amlo-el-debate-de-tu-vida/

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Una película como spot

Raymundo Riva Palacio

8 de junio 2012

Guerra sucia. Esta es la frase del momento en la contienda por la Presidencia. La utilizó Enrique Peña Nieto cuando el PAN le armó una campaña negativa sobre compromisos incumplidos de su época de gobernador, y la está usando Andrés Manuel López Obrador para evadir las exigencias para que transparente sus gastos y frente a los mensajes que inyectan miedo de alertan que, como en 2006, tomará las calles y alimentará un conflicto post electoral este año. Guerra sucia es una frase que se anidó en la ley electoral de 2007 para impedir los ataques personales y la polarización que traía como consecuencia. Visto en perspectiva, resultó inútil.

La campaña presidencial no se ha resuelto en los spots por televisión, sino en los spots que se adelantan en internet, que no está regulado. Algunos de ellos han tenido que dejar de transmitirse porque el IFE encuentra que sí violaron la disposición y otros no. El mejor spot de la campaña, por lo persuasivo, brutal y trágico, aparecerá hoy en todo el País en formato de película —destino seguramente involuntario de sus productores y realizadores—, pero que es lo mejor que se podía haber hecho para vestir al PRI y a su candidato de asesinos, con el subtexto de que votar por ellos sería un error.

Se trata de la película “Colosio”, dirigida por Carlos Bolado y producida por Mónica Lozano, que se ha distinguido por inyectar recursos en filmes de corte social, como “Amores Perros”, “Presunto Culpable” y “Voces Inocentes” —de Luis Mandoki, el hombre de la imagen y propaganda de López Obrador—. Totalmente al margen de cualquier restricción de la ley electoral, “Colosio”, recrea el asesinato del candidato del PRI a la Presidencia en 1994, en una coproducción internacional —la parte mexicana tiene financiamiento de Conaculta—, a menos de un mes de la elección presidencial.

La película establece al principio que se trata de una ficción a partir de hechos reales. La obra, en efecto, es totalmente ficción, vinculando momentos que nunca fueron parte de lo mismo —como los asesinatos de Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu en septiembre de 1994—, magnificando la perversidad de José Córdoba, el superasesor del entonces presidente Carlos Salinas, reflejando animosidades inexistentes —como la de Colosio con Raúl Salinas, que eran muy cercanos—, y omitiendo momentos clave, como cuando recrea el encuentro de Diana Laura Colosio y el fiscal para investigar el asesinato de su esposo, Miguel Montes, y soslaya que fue ella quien pidió al Presidente que lo nombrara y fue Montes quien le pidió inútilmente que no cremara el cuerpo del candidato porque era evidencia que se podría necesitar más adelante.

La ficción es la trama, una investigación paralela y secreta encargada a Ruiz Massieu, que descubre que es un crimen de Estado. La verdad jurídica es que el asesino de Colosio fue Mario Aburto, hoy preso en Almoloya. La verdad política es que la bala también atravesó a Carlos Salinas —que tenía en el infortunado candidato la mejor posibilidad de extender su poder—, y le costó a Raúl Salinas 20 años de su vida —pues de no haber muerto, el presidente Ernesto Zedillo no hubiera iniciado una persecución que lleva 20 años—. La verdad duradera, como sucede en los magnicidios, será la que se instale en el imaginario colectivo, particularmente de aquellos que no vivieron ni respiraron la tragedia ni el contexto, los jóvenes y los indecisos en el proceso electoral: Colosio fue asesinado por los suyos, el PRI.

En una entrevista con El Economista, Bolado declaró que la película se trataba de “tener huevos para pararte frente a ellos y decirles: ‘No señores, son unos mentirosos. ¿Lo van a hacer de nuevo? ¿A cuánta gente mataron?’.” En La Jornada, precisó: “Al único al que no ayuda (la película) es al que estuvo en el poder más de 70 años, que cometió gran cantidad de asesinatos, escondió la verdad y controló la prensa. (Puede ser) que mi posición sea radical, pero creo que es grave que pueda regresar al poder ese partido y el Grupo Atlacomulco”. Por impacto y momento de distribución, mejor imposible.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx
twitter: @rivapa

 http://www.vanguardia.com.mx/unapeliculacomospot-1304861-columna.html

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