
AMLO: El derecho a impugnar
Por: Jorge Zepeda Patterson – julio 4 de 2012 – 0:01
COLUMNAS, Zepeda en Sinembargo
Pues sí, habría sido una estampa muy democrática que todos los candidatos de oposición hubieran salido el domingo en la noche a reconocer la derrota… Si estuviéramos en Suiza. Se ha cuestionado duramente a López Obrador por su decisión de impugnar las elecciones presidenciales.
Se aducen rasgos de intolerancia, se habla de necedad, de su inclinación al martirologio o de plano ausencia de espíritu democrático. No coincido. Se asume que la impugnación por parte del derrotado es un rasgo pre democrático, una muestra de inmadurez personal y una falta de lealtad a los compromisos bajo los cuales se compite.
A mi me parece que es más inmaduro y dañino pretender que nada pasa y que en aras de una supuesta paz pública simulemos que las elecciones son prístinas y puras, o que las irregularidades representan meros negritos en el arroz. Incluso, si así fuera, ¿por qué conformarnos con una democracia electoral de segunda? ¿Por qué aceptar como natural los negritos en el arroz?
No sólo creo que López Obrador está en su derecho al impugnar, me parece que es necesario. ¿Por qué? Porque nuestras elecciones siguen siendo imperfectas. Desde luego hemos ganado mucho en materia de libertades electorales.
Hay algo mágico en el hecho de que los ciudadanos puedan “tumbar” a un partido en el gobierno sin necesidad de balazos, gritos y sombrerazos. En Jalisco, Morelos o en Los Pinos, los ciudadanos le dijeron a las autoridades panistas “ya no las queremos” y estas tendrán que hacer sus maletas y ceder el poder. O de igual forma, los ciudadanos decidieron continuar con el mismo partido en el poder en el Distrito Federal (PRD), Guanajuato (PAN) o Yucatán (PRI) simplemente ejerciendo sus atribuciones electorales. No es poca cosa.
Hemos avanzado mucho, pero, ¿por qué conformarnos con esta democracia electoral aún plagada de parches? Estamos muy lejos aún de gozar de comicios verdaderamente limpios y equitativos.
Si vamos a tener elecciones con la calidad de país del primer mundo, no será por la imitación de los rituales (como la aceptación de la derrota por parte de los contendientes), sino por el apego al cumplimiento de las reglas del juego por parte de autoridades, actores políticos y factores de poder.
Deben ser las reglas del juego las que expliquen el beneplácito de los derrotados; y no al revés, como ahora se quiere, la aceptación de la derrota para justificar las reglas del juego bajo las que se compitió.
Muchos estarán convencidos de que las irregularidades electorales no alcanzan a neutralizar una ventaja de más de 3 millones de votos de Peña Nieto sobre López Obrador. Quizás, aunque sigue siendo una apreciación sujeta a interpretación. Pero incluso si así fuera, y el PRI hubiera ganado sin necesidad de triquiñuelas, no hay razón para aceptarlas como algo inevitable.
La única manera de impedir que las argucias ilegales o inmorales se repitan elección tras elección es justamente esa: exhibirlas ante las autoridades, obligar a los tribunales a dictaminarlas y propiciar que los legisladores modifiquen normas y procedimientos para mejorar nuestros comicios.
¿De veras alguien cree que la campaña presidencial de Peña Nieto respetó el tope de 336 millones de pesos? (probablemente ninguno de los candidatos lo hizo, pero la desproporción de la maquinaria publicitaria priísta es evidente).
¿Qué va a hacer el PAN frente a su propia denuncia de la utilización por el PRI de tarjetas de Monex con dineros de procedencia oscura? ¿Qué decir de las fotos en Soriana de electores que el lunes estaban reclamando su despensa a cambio del voto? ¿O los miles de incidentes reportados en la jornada? ¿O la ahora evidente utilización de encuestas infladas para instalar en la opinión pública la noción de un triunfo inevitable de Peña Nieto? ¿Qué haremos al respecto en el futuro? Estoy convencido que eso dependerá de lo que hagamos ahora.
Se dice que López Obrador no tiene vocación democrática porque no es capaz de reconocer su derrota. Los mismos medios y columnistas que dieron cuenta de las denuncias del diario The Guardian (sobre los arreglos entre Televisa y Peña Nieto para perjudicar a AMLO) o exhibieron las estrategias de compra de votos, se muestran indignados por “el radicalismo” del tabasqueño.
Los analistas y actores políticos “demócratas” que critican a López Obrador no conceden el derecho absolutamente democrático que tiene un candidato derrotado a impugnar frente a las autoridades unos comicios que, a todas luces, todavía son imperfectos. La impugnación del resultado es un recurso que han utilizado el PRI, el PAN y el PRD en distintas elecciones estatales.
Yo creo que a diferencia del 2006, no hay ahora la intención de mandar al diablo a las instituciones. “Seré responsable”, dijo el líder de la izquierda. Lo sabremos cabalmente hasta septiembre cuando el Trife dictamine el recurso de apelación y la elección en su conjunto. Ciertamente, López Obrador tuvo un par de exabruptos el domingo, que remiten al estado de ánimo del 2006: “nosotros tenemos otra información” (sobre los resultados).
Pero no convocó a actos de resistencia y sí en cambio expresó su deseo de recurrir a los procedimientos institucionales para mostrar su desacuerdo. Mi hipótesis es que al final no habrá desestabilización alguna ni riesgos de ingobernabilidad. No pasó nada hace seis años cuando la diferencia fue medio punto y Calderón se mofaba diciendo “haiga sido como haiga sido”.
Lejos de linchar a López Obrador habría que agradecer que por lo menos está elevando la factura política de los delitos electorales y las imperfecciones de nuestros comicios. En el fondo, no es más que la exigencia de una rendición de cuentas a un proceso electoral cargado de claroscuros.
Me preocupa mucho más indagar que papel jugará la izquierda ahora que es la principal fuerza de oposición. ¿Seguirá metida en sus guerras tribales e intereses facciosos de corto plazo? ¿O se convertirá en un interlocutor del poder, crítico pero responsable, democrático y moderno? Eso al tiempo.
Por lo pronto, impugnar porque “es imprescindible que no quede ninguna duda acerca de los resultados por el bien de México”, como dijo López Obrador, me parece una actitud responsable, democrática y moderna.
Lo demás es satanización.
@jorgezepedap
Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/04-07-2012/7954. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
Columna Política “Sin Voz y Sin Voto”.
Por Roberto Campos Roca.
Elecciones 2012. Su Moral y la Nuestra…
“El fin solo justifica los medios, si los medios se justifican con el fin. El fin Moral de cambiar, regenerar o reformar la sociedad y el Estado solo se justifica con el uso de medios morales que busquen el beneficio social de las mayorías y no el peculio egoísta de las minorías”. RoCa.
Qué extraña moral social y ética individual la de aquellos que afirman, sin ruborizarse un poquito siquiera, la prianista cantaleta del: ¡Todos son unos marranos! o ¡La corrupción somos todos!, y que se usa para intentar justificar el criminal acto de simulación y perversión de la democracia no tan solo cometido por los cuatro Partidos que indiscutiblemente se alinean hoy por la DERECHA (PRIAN, PVEM Y PANAL) sino hasta de los propios organismos del Estado que se supone están conformados por CIUDADANOS neutrales y arbitrales de las contiendas cívicas, como deberían ser el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), todos auspiciados y patrocinados por los grandes y crecientes monopolios de los Medios de Comunicación.
Si no adoptamos la moral como Valor y corregimos los errores de nuestros instintos y los actos cotidianos, ni el amor más grande permitirá corregir las imperfecciones del ser humano, porque un hombre amoral y sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo, y es de tal importancia que, cuando esta desaparece o se minimiza en una nación, toda la estructura social se va hacia el derrumbe.
La moral no solo es lo que hace a uno sentirse bien en su actuar, sino que esto no sea a costa del la humillación o envilecimiento de los demás, y por ello hay que ser morales no solo para los demás, sino también para estar en autentica paz con nosotros mismos. Por eso, aquellos que no usan su moralidad como si fuera su mejor ropaje, estarían mejor que anduvieran desnudos.
El gran Capital histórico de la Izquierda no es solo su fiel oposición y su crítica social contestataria congruente, sino que además, y entre los diversos actores de la lucha de clases sociales, es la única que tiene calidad Moral y fuerza Ética para luchar y buscar siempre la conquista de la igualdad social.
Los Líderes de la Izquierda no son perfectos, y mucho menos los que ahora comandan el movimiento progresista mexicano reformista, pero comparados en medida y peso netos y brutos, ninguno de sus opositores políticos les llegan a los talones, sobre todo porque, en lo general, los primeros siempre buscan el beneficio colectivo social, mientras que los segundos solo pretenden el bien egoísta e individual.
Y no hablamos de Utopías ni de Ideologías mal llamadas trasnochadas: Basta con ver la opulencia e inacabable riqueza que produce el trabajo de millones de personas y que es apropiadas y acumulada por unos cientos de familias privilegiadas, mientras que el resto del conglomerado social se debate en la extrema pobreza y abandono, abusando siempre de su ignorancia transgeneracional, de su hambruna prehistórica y de insalubridad de las enfermedades previsibles y curables jamás atendidas, y donde solo priva el estado de infelicidad, desesperanza y sufrimiento de millones de compatriotas, situación que los hace totalmente vulnerables al chantaje y a la extorsión privada o gubernamental, traducidos en acarreos masivos y sumisiones mudadas en la compra venta de preferencias y Votos, y no solo para las elecciones políticas como las recientes, sino en los sindicatos, en los propios Partidos, en las Escuelas, en los Ejidos y comunidades agrarias, en los Comités de vecinos, en las corporaciones patronales, y hasta en los organismos nacionales e internacionales que comandan los países poderosos del capital mundial.
Esto es el fondo y la forma de lo que se está debatiendo y definiendo en estos momentos para la Patria y los ciudadanos, quienes en su mayoría nos sentimos manipulados, humillados , atropellados, vejados y violentados, impunemente, en el ejercicio libre y consciente de nuestro pleno derecho de elegir y poner el tipo de gobierno que nos convenga, derecho que no fue respetado nunca en los setenta años de la dictadura perfecta del PRI-Gobierno, ni en 1988 con la irrupción del “Frente Democrático Nacional” que lideró Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, tampoco en el 2006 con la “Coalición por el Bien de Todos” que por vez primera encabezó Andrés Manuel López Obrador, y mucho menos ahora que el Movimiento Progresista con AMLO de nuevo al frente ha encabezado la lucha contra los malos gobiernos del PRIAN y que son los mismos “viejos y nuevos” depredadores insaciables y ambiciosos políticos de la partidocracia que mantienen la pobreza creciente, el desempleo galopante, la violencia criminal y la inseguridad total a través de la ingobernabilidad y el Estado fallido que priva en nuestro país, y que además, gustosa y convenientemente, comparten con el crimen organizado y el no tan desorganizado.
Nuestra lucha por la limpieza de la elección, por el deslinde y castigo merecido de los abusos y violaciones constitucionales que se perpetraron contra la ciudadanía, sus Partidos y sus candidatos, está más que justificada, y no se vale quedarse ni callados ni paralizados ante el agobio tendenciosos de los falsos periodistas de la Tele, de la Radio y de la Prensa que solo están al servicio del Poder, y que pretenden legitimar los actos de corrupción e inequidad cometidos por el gobierno federal y las instituciones electorales a su servicio, mas la vorágine de los caciquiles gobiernos de los estados que “tiraron la casa por la ventana” para mantener vigentes sus privilegios y alargar aun más la impunidad de que han gozado desde que traicionaron los principios y objetivos socio políticos de de la revolución mexicana.
¡Verdad que sí!
¡Tenemos razones y tenemos razón: Por eso se debe anular la elección!
PD.- En lo personal, trato de no hacer parejas con tipos que se cargan este tipo de mentalidades ni de convivir en el entorno cercano de los que así piensan y actúan, porque sé que esa “ideología” es un grave contaminante del espíritu cívico sano que ha impedido que los pueblos salgan del atraso y de la pobreza espiritual y mundanal en que los han mantenido los acólitos y profetas de esta filosofía chabacana resumida en los Partidos de la Derecha y que ha estado, está y seguirá plena de inmoralidad social e hipocresía política.