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miedo

Cuando todavía no nacían

Esteban Garaiz

2012-12-04 • Acentos

 

A los jóvenes valientes que están
despertando a la Nación

No habían nacido ni Carlos Salinas de Gortari, ni Andrés Manuel López Obrador. Ni Felipe Calderón, ni Enrique Peña Nieto, ni Cuauhtémoc Cárdenas. Esta república ya tenía proyecto de nación. Ya tenía rumbo. Podrían no haber nacido. La Nación tiene un proyecto de porvenir claro y oficial con respaldo mayoritario y vigente, que la oligarquía no ha podido todavía torcer en su definición, aunque le llame “ataduras ideológicas”.

Más allá de la estructura de los poderes públicos, o de los órdenes de gobierno, de las formas de elección, de las atribuciones de cada instancia gubernamental, o del ejercicio de la soberanía popular, que eran las referencias clásicas hasta entonces para todo cuerpo constitucional, en México había que trabajar de otro modo.

Después de aquella sangrienta revolución, cuya misión histórica había sido demoler por la fuerza el viejo orden social heredado de 300 años de régimen colonial, cuya principal característica era la férrea desigualdad vitalicia; y que además se había prolongado por 100 años más de vida oficialmente republicana, por obra de la independencia de las Tres Garantías; entonces aquellos constituyentes de 1917 sabían con toda claridad qué se necesitaba para construir una verdadera república.

Sabían muy bien que no podría haber una verdadera república, ni real democracia, ni siquiera cabal independencia, mientras la sociedad mexicana tuviera, como decía Justo Sierra, ministro del entonces recién derrocado régimen porfirista, “cuatro quintas partes” de los mexicanos “parias”: sin acceso a un médico en toda su vida, analfabetos, desnutridos, sin poder usar dinero, sin libertad para poder abandonar la hacienda y sin poder trabajar tierra propia.

Por supuesto, esos mexicanos, las cuatro quintas partes, no tenían acceso a la ciudadanía. República de farsa. Era necesario, pues incluir en el articulado constitucional las grandes bases que fundamentaran la ciudadanía real. No por decreto. Sino poniendo las bases sociales: educación universal gratuita y laica, rectoría económica del Estado, liberación de los peones y restitución de las tierras a los campesinos (descendientes de los dueños originarios); derechos laborales elementales; vida pública laica.

Tenían como clara referencia los Sentimientos de la Nación del genial insurgente José María y Morelos de 100 años antes: “que moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”.

Treinta años tenemos ahora, en ésta que todavía se llama república en los que los gobiernos en alternancia han estado coordinados en burlar las sabias prevenciones constitucionales y en demoler las bases que sustentaban la república auténtica, e incluso la independencia nacional.

Por eso ha habido necesidad de hablar de un Proyecto Alternativo de Nación y de un cambio verdadero. Nada nuevo bajo el sol. Por eso hay que hablar de regeneración nacional, partiendo de la inspiración del Programa del Partido Liberal, 1906, de los hermanos Flores Magón.

Por eso también el enorme esfuerzo prospectivo de 37 ilustres mexicanos, mujeres y hombres, todos prominentes, que redactaron en 2011 el Nuevo Proyecto de Nación. Por el Renacimiento de México.

Porque nuevamente vemos que quienes hicieron campaña con promesas televisivas fútiles, ahora hacen ya públicas sus verdaderas intenciones entreguistas y abiertamente contrarias a los derechos de la abrumadora mayoría de los mexicanos que se ganan la vida con su esfuerzo personal, fuente de toda riqueza.

No es, pues, un asunto de caudillaje ni de mesianismo. Es la clara aspiración de un pueblo entero, que tiene establecidos por casi un siglo sus acuerdos en lo fundamental.

Distinguidos personajes de la vida nacional plantean hoy, legítimamente, ante las nuevas circunstancias de la sociedad global y de la propia evolución nacional, convocar a un nuevo constituyente que actualice y complete los mecanismos de participación ciudadana (alguno de los cuales, como la revocación de mandato, están planteados desde 1814 por Morelos) y perfeccione los órganos de gobierno republicano.

Como dirían las abuelas, santo y bueno. Pero ello de ninguna manera puede significar el abandono de los grandes principios que sustentan nuestra vida republicana, al menos como aspiración constante hacia la justicia, la equidad, el respeto a los derechos humanos esenciales y a su base material, como fundamentos de la verdadera democracia: (la constitución ecuatoriana les llama “derechos del buen vivir”).

Descalificar a un hombre, o a un grupo humano no permite demoler los grandes valores nacionales. Es vieja práctica del poder oligárquico corromper dirigentes, desacreditarlos, para torcer destinos. Podrían no haber nacido. La Nación debe seguir adelante. Urge un cambio verdadero para construir la verdadera república.

http://www.estebangaraiz.org

http://jalisco.milenio.com/cdb/doc/impreso/9166250

 

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Tomemos al tiempo por los cabellos

  • 28 abril 2012

María Teresa Priego

Escritora

Tengo al tiempo agarrado por los cabellos. No te preocupes papá. Al tiempo lo traigo asustadito, amansado. Todo está en orden. Sólo que han cambiado las definiciones. No podría afirmar que los relojes nos siguen haciendo los mandados como antes. Entonces fuimos eternos. Infinitos.

Ahora lo somos bastante menos. “Antes” ya nos queda un tanto lejos. Un padre y su hija, un amor teñido de absolutos. Kaliman y Solina. Tarzán y la más rendida de sus fans. Nuestro vínculo avanzó por la vida, a golpe de eternidad. “Siempre vamos a contarnos historias”. “Siempre vamos a viajar en barcos y trenes”. “Siempre vamos a inventar personajes y ciudades”, “Siempre habrá un trabalenguas más complicado que el anterior, para pescarnos el uno al otro apalabrazos”. “Siempre San Petesburgo está esperando”.

Ahora la vida nos exige una manera distinta de aprehender el tiempo. No podemos desesperar. O sólo a ratitos. Tu enfermedad es el trabalenguas más complicado de nuestras vidas. Intento separar cada palabra en sílabas. Y entenderla. Es un conjuro. A-or-ta. Todo cambia. Los científicos insisten en que Plutón no existe. Y la Sociedad de Geografía e Historia decretó que el Absoluto es un territorio acotado, abarcable y finito. ¿No lo leíste? ¿Acaso estaré inventando?

La Real Academia sugiere que “Absoluto”, (por lo menos en nuestra casa) ya no se escriba con mayúscula. Eso es lo que tenemos. Frente a nosotros está el futuro completito, en esta condición nueva que es la nuestra. Entonces fuimos eternos. Ahora somos una familia asustada alrededor de una mesa. Somos una familia de suertudos asustados. Sólo tenemos que entender este nuevo orden del mundo en el que tus hijos y tus nietos son —por el momento— más fuertes que tú. Vamos a reinventar los calendarios. A entrar en tratos exactos con la realidad.

Ya sé que aún podrías detener la furia de los volcanes y decirle al mundo: “Mundo, te ordeno que te ordenes”. Pero estás cansado. No abuses de tus poderes mágicos. Déjate llevar. Déjate traer. Déjate cuidar. Para que tu corazón se te vaya acomodando. A-or-ta. Tus nietos caminan a tu lado. Siento esa oleada de paz. Esa felicidad de que seas el abuelo de mis hijos. El abuelo de mis sobrinitos. Algo tienen ellos de ti, algo tienen de tu intensidad y de tu fuerza, de tu facilidad para imaginar mares remotos, frente al laguito mas modesto. Algo tienen de tu capacidad para mirar dragones en una lagartija, para inventar expediciones de Américo Vespucio, en un paseíto al Museo de La Venta. Nada es nada más lo que es, ¿verdad papá? En donde termina la explicación comienza el viaje.

Tú y yo “antes” casi nunca hablamos de la realidad. No te pareció necesario. Rarísima vez nos ocupamos más de media hora de cosas concretas. Por allí me diste dos o tres consejos a lo largo de una vida. Me habrás pegado algunos gritos, a los que seguro respondí. Nos separamos. Nos escribíamos cartas con dibujitos. Nuestras conversaciones han sido siempre de una pasmosa brevedad: “Te pareces a mi mamá”. “Gracias, papá.” Nos distraíamos. “¿Qué dices que estudias?” “Letras, papá”. “¿Y eso tiene que ver con las letras de cambio?”. “Yo creo que no mucho, papá”. Nos distraíamos. “¿Un día regresas a México?” “Todavía no, papá”. “¿Acaso allá el sol brilla más bonito?”. “Yo creo que sí, papá”. Se nos colgaba el teléfono.

“¿Te quieres casar con él?”. “Sí, papá”. “Me va a tener que caer bien”. “Eso espero, papá”. “¿Te vas a descasar?”. “Sí, papá”. “Ya no me cae bien”. “Ni modo, papá”. Nos hicimos expertos en los diálogos a la Monterroso. Nunca ha estado hecho de demasiada realidad nuestro vínculo. Quizá me hubiera gustado. Hablar más. Pero un papá mutista es como es, no es cosa de pedirle que se coloque donde no puede estar. Un hombre solitario. Ya les conté. Por las ventanas de los trenes, se le fueron escapando sus palabras. Se retrajo. Se encerró detrás de sus murallas. Baja su puente levadizo cuando inventamos. Kilómetros imaginarios recorridos en el Expreso de Oriente.

La avenida cuesta abajo. ¿Hace 35 años? Pedalear. Soltar el manubrio de las bicicletas. Levantar los brazos hacia el cielo. Grito selvático: “somos libres y los vientos son nuestros”. Las llantas del carro devoran kilómetros. Vamos hacia ti. Mapa abajo. Geografía íntima: Córdoba, Fortín de las flores. Tehuacán. Veracruz. Tabasco. Estás flaquito. No tienes ganas de inventar. Nos vamos a quedar aquí, el uno junto al otro, en la ciudad de los orígenes. Hablando de esa manera en la que el calor cae en Tabasco. Como si te usurpara la piel. Como si mordiera.

Fuimos eternos. Tú y tus cuatro hijos arrastrando cobijas para dormir en la azotea y tomar el cielo. Tenemos que aprender a acotar tantito. Seguir los dictados de La Realidad. Mudito. Dolido, deschavetadito. ¿Te acuerdas que el Sahara hace esquina con la cabeza olmeca? ¿Te acuerdas que el Nilo desemboca en el Grijalva? Estás a salvo papá. Aún existen nuestras palabras mágicas. Tenemos al tiempo agarrado por los cabellos: Yu-ca-tán.

El Universal
http://www.vanguardia.com.mx/tomemosaltiempoporloscabellos-1276394-columna.html

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México D.F., a 23 de julio de 2011


María Teresa Priego

Un barquito de papel para mis hijos

Querido hijo. Estás lejos. Este es un barquito de papel hecho en las páginas de un periódico. Se llama EL UNIVERSAL. Así que segurito les va a llegar. Te fuiste “del lado de allá”, hacia ti mismo, hacia tus ciudades interiores. Hacia tus mapas y tus ciudades de la realidad. Tus amores de elección. Las promesas de la vida. En otra ciudad. En otro país. En otro continente. Así lo deseas. Así lo deseo. Así lo entiendo. Ahora tus hermanitos hicieron sus mochilas y se fueron contigo. Felices, poéticos, rebeldes, utópicos. Así a como una/o se va en un viaje deseado. Nos despedimos. Es la primera vez que no inundo un aeropuerto, estación de trenes o puerto. ¿Me habrá llegado la madurez, que le dicen? Un silencio extravagante inunda la casa. Cuanta ambivalencia. Anhelo la realización de sus libertades, y las vivo —una vez más— a contrapelo. A contracorriente. A contrabajo.

Ni para qué me hago la mundana. Ando cucha. Les extraño como animalita del monte. Como pantera despojada de sus cachorros por la realidad socializante y civilizatoria. Como gata abandonada en tejado desconocido. Desbrujuladita. Con el alma pelona. Soñamos con el viaje. Sueño con que hablen en lenguas. Sueño que caminen esos barrios de revolvederos étnicos y religiosos que ahora constatan. El panadero ruso. La fondita colombiana. El vecino turco. Que en la diversidad estallen las columnas interiores del Non plus ultra. Y que de ese estallido caiga una lluvia de estrellas. A pepenar en el vasto mundo de los viajes de la realidad y de los viajes interiores. Y, sin embargo, cierta de todos esos anhelos y entendederas, en humildísima verdad os digo: No es que una “deje” partir a sus hijos hacia el viaje. Es que la vida cada vez nos los arranca de entre los brazos.

Dicen que es el síndrome del “Nido vacío”. No me gusta esa expresión. Nuestro hogar no está vacío. Ustedes no están en él. El “Nosotros” es distinto. En esta constatación, a tantas madres nos da por esos bandazos de malabarismo hard: “¿Dormirá bien arropado? desde chiquito patea las cobijas” (sin mí segurito que se van a resfriar) hasta El viaje a Itaca que deseamos para ellos. Desde entonces, cuando el único mar conocido fue nuestro vientre. Desde entonces. Les deseamos los viajes. Alrededor de un país, el mundo o alrededor de la mesa. Imaginarios o reales. Hacia afuera o hacia adentro. Los viajes.

Llamo al teléfono de mi hijo. En una ciudad en la que el boulevard Hannah Arendt termina en el memorial de la Shoa. Queda lejísimos de mí esa ciudad. Suspiro. Como si yo decretara las geografías. Ellos están donde quieren estar. Me responde una voz casi ronca. No es mi hijo mayor con su voz de hombre. Desde hace rato. Es mi hijo de quince años. Ya habla casi como señor. El principio de realidad me agarra por las trenzas, aunque se me da ignorarlo. Me pasa a su hermanito de trece años. Podrá medir dos metros de piernas interminables, es mi bebé. A él sí le puedo decir: “E.T. come home”. También habla con voz casi de señor. No creo que sus voces se hayan enronquecido en quince días. ¿Será que me da por ser sorda?

Lo primitivo permanece. Planeo seguirles recordando que sus camitas se convertían en barco por las noches. O en carromato. Lo que viajamos. Juntos recorrimos las islas más remotas. Los desiertos y las nieves. Sin movernos de nuestro barrio. Y sí les voy a mostrar a sus novias sus fotos de bebés. Sus pinturas del kínder. Les voy a contar lo hermosos que han sido. Aunque mis hijos me miren con ojos de fusil. Y se les caiga la cara de vergüenza. Ser hija/o es una vivencia hondísima y compleja. También ser mamá. En ese contexto de gata de tejados extraviada, reivindico el inalienable derecho materno/paterno a dar bandazos. El derecho a nuestra nostalgia, a nuestra cursilería, a nuestros álbumes. Al enhijamiento, pues

La distancia me agudiza ese síndrome desbrujuloso. ¿Habré olvidado pedirles perdón? Distintos para cada uno, algunos perdones. Otros son dudas existenciales que se aposentan en el alma pelona. ¿Les pedí perdón por cada vez que mi infancia se haya interpuesto de manera oscura en sus infancias? Tengo que preguntarles cuando regresen. ¿Y de cuando mi dolor les infligió dolor? ¿Y de todas las veces que no haya sabido y podido sostenerlos?

Así nos sucede a los adultos. Venimos de historias de amor y desamor. De belleza y de naufragio. Quisiéramos para ellos las imposibles historias de enterita belleza. Y luego también les legamos los pantanos

Les dijimos que son hijos del amor y del deseo? ¿Lo sienten? ¿Les rogué que se cuiden de mis penumbras inconscientes?

Unos dobleces más y la hoja de El UNIVERSAL es un barco. El amor incondicional de una madre trae condiciones. Indispensable: Una es la que es. Pero puedo aprender. Díganme cómo. No hay madre idílica. Pero con las herramientas de a bordo, una podría intentar acercarse hasta donde más pueda, a esa madre que cada hijo necesita. Va el barquito de papel. Hacia el río Spree y el Havel. ¿Son bonitos? Les extraño, queridos niños míos.

Escritora

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/53885.html

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Javier Sicilia y los pelotazos

Esteban Garaiz

  • 2011-07-19•Acentos

A Lupita, deseando que pronto encuentre vivo a su hijo

Javier Sicilia fue bienvenido a Guadalajara. Aquí también, como en el resto de la República, hay muchas víctimas de la incompetencia del Estado nacional débil y torpe, muchos agraviados, muchos “indignaus”, sin posibilidad de estudio público ni trabajo digno; muchos ofendidos y atemorizados por “esta guerra estúpida”, como la llamó Javier; y muchos ciudadanos claros y claridosos que están “hasta la madre”.

En el impresionante Paraninfo de la UdeG, ante multitud de jóvenes de edad y de mentalidad, Javier Sicilia recibió la cortés y protocolaria bienvenida del doctor Miguel Ángel Navarro Navarro, vicerrector de la institución. Después de su emotiva conferencia (titulada, como era de esperarse, “Estamos hasta la madre”), recibió la hermosa presea Corazón de León, del reconocido escultor y pintor Sergio Garval.

Poética e igualmente emotiva la presentación de Marco Antonio Núñez Becerra, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios. Tanto que llegó al ánimo del poeta y ahora reluctante líder ciudadano. En su conferencia, en la que la emoción no impidió la reflexión racional, resulta inevitable destacar su radical repudio a las “instituciones podridas” del México de hoy y su enérgico reclamo para que el gobierno abandone esta “guerra estúpida” que está en manos del ejército y las policías “para proteger sus intereses y no los de la ciudadanía”, con “instituciones que hacen el juego a la criminalidad”.

Reclamo para que se corrija la fijación por garantizar la seguridad de las instituciones, cuando lo necesario es garantizar la seguridad de las personas. Exigió Sicilia que se dedique a la juventud “el mismo dinero que hoy se entrega para la violencia”. A los invitantes, naturalmente, les pareció especialmente digno de subrayarse el llamado que hizo para que el dinero se haga llegar a la UdeG.

Hombre de paz, seguidor directo de Gandhi, es igualmente un convencido de la eficacia de la resistencia pacífica y del derecho a tomar la calle. La calle es el último reducto de la democracia. Los políticos profesionales tiemblan ante plantones y marchas cuando son masivos y expresiones directas de la voluntad popular. Por eso, con la complicidad de los medios aliados, tratan de desprestigiarlos alegando derechos de terceros. Javier Sicilia anuncia en Guadalajara que seguirán las movilizaciones y llama a los jaliscienses a sumarse.

No hay que desdeñar, como algunos superficialmente lo han hecho, el talento político de un poeta y escritor crítico como Javier Sicilia. Tiene muy claro lo que puede esperar de Felipe Calderón y de su fingida sinceridad en la lucha contra el crimen organizado. Quizá porque tiene elementos para haberse dado cuenta que el supuesto comandante supremo de las fuerzas armadas del país está sujeto a muy fuertes presiones.

Como hombre intuitivo, bien puede haber percibido en la cercanía personal lo que como hombre discreto no mencionará en público. Aunque sí alude a la “estúpida guerra que nos ha traído la economía global”. Pero sí tiene muy claro que las movilizaciones masivas son eficaces y acaban triunfando. Menciona esperanzado una nueva y distinta Ley de Seguridad y una Ley de Víctimas.

Seguramente por eso, la última parte del programa en Guadalajara fue reunirse en conocido (para la flota) galerón en el deteriorado centro de la ciudad con jaliscienses críticos. Un encuentro franco (con su algo de rudo) con activistas, comunitarios, “morenos”, temacapulines, itesianos, ambientalistas, oenegeros, anulistas, “surjaliscos” de comunidades eclesiales de base y demás especies de ciudadanos conscientes y cuestionadores.

En el galerón abarrotado, esperando el arribo retrasado del poeta, subyacía la percepción genérica de que, muy al estilo de la casa, el Paraninfo una vez más se había adornado de celebridades mediante el sesgado recurso del homenaje. Empezó el diálogo y empezaron los pelotazos, como con humor los calificó el poeta. No se quebró el respeto; pero el primer reclamo decía: “queremos menos conferencias; y más asambleas”.

El respeto al dolor paterno, a la congruencia y al valor civil no impidió los cuestionamientos, e incluso los cuestionamientos a los cuestionamientos. Uno de los asistentes en esa tormenta de libertad hizo notar lúcidamente que Sicilia no tenía por qué cargar con todos los reclamos y todas las agendas individuales ahí expresadas.

Finalmente, mientras la mentira oficial machaca estilo Goebels que “si el gobierno se mantiene firme, todos vamos a vivir en un México más seguro”, dos puntos quedan como gran consenso: volveremos a las movilizaciones hasta la victoria; y el blanco fundamental, a corto plazo, será el de las corruptas procuradurías.
www.estebangaraiz.org
http://impreso.milenio.com/node/8994666

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Agua inacabable y escasa

Esteban Garaiz

  • 2011-07-05•Acentos

El planeta azul está cubierto por mares en tres cuartas partes de su superficie. Es muy posible que en su origen, hace cientos de millones de años, haya estado totalmente cubierto de agua. Pero surgieron los plegamientos y los continentes; y las islas. El agua no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

El agua se limpia sola. Pero a su ritmo, que no es al nuestro: se evapora, se acumula, llueve, se filtra, escurre, rueda, se asolea, llega al mar y de nuevo se evapora en un círculo interminable. En los inviernos fuertes nieva, se congela, cubre de blancura los montes y las praderas, que en primavera se deshielan fecundando los cereales y los bosques.

Los primeros asentamientos humanos se establecieron junto a cuerpos de agua como lagos y arroyos. El mono desnudo evolucionó a la orilla del mar. Muchas, por no decir todas, las ciudades de hoy nacieron a la ribera de un río o de un lago. Las primeras grandes civilizaciones se organizaron a lo largo de grandes ríos: China, India, Mesopotamia, Egipto, la Civilización Olmeca, surgieron a la vera del Yang–Tse–Kiang, el Mekong, el Ganges, el Indo, Eufrates y Tigris, el Nilo; el Grijalva y el Coatzacoalcos (y curiosamente con un cereal como alimento básico: arroz, trigo, maíz). Las primeras civilizaciones en la costa árida peruana eran en realidad cuidadosos distritos de riego al mismo tiempo que estados.

Son precisamente las grandes aglomeraciones humanas, cada día más desvinculadas del entorno natural, las que han hecho crecer, y de manera acelerada, el problema del agua. Problema para ellas mismas, no para la Madre Natura, que a su ritmo restablece sus propios equilibrios. El agua es fundamental para la vida. Nada, que se sepa, puede vivir sin agua. Socialmente, el agua es una necesidad y, por tanto, un derecho.

El agua en la sociedad humana es, tiene que ser una función social, una función de Estado. No es, no puede ser, una mercancía. Como la preservación de la vida, como la nutrición y la salud, como la escolaridad de los menores, es un derecho social de las personas y, correspondientemente, una obligación del Estado. Ante los crecientes poblamientos, se impone la rectoría del Estado, en el nivel de gobierno que se considere más conveniente en cada caso, para ordenar el uso y disposición y reciclaje de este recurso natural, tan abundante e inacabable y, paradójicamente, tan escaso, cada día más en los conglomerados humanos que lo requieran.

Concebir un recurso natural, indispensable para la vida, como si fuera una mercancía es simplemente una aberración. Por supuesto que el agua en los conglomerados humanos será cada día más escasa y más cara. “Dios manda el agua, pero no la entuba” decían los bravos técnicos de aquella Secretaría de Recursos Humanos, eficaces y patriotas.

Porque, además de entubarla, se requiere limpiarla. El necesario tratamiento de las aguas, en el que andamos tan criminalmente rezagados en México en general y en Jalisco en particular, es un proceso caro. Quien la ensucie la debe pagar. Es la propia autoridad la que debe, con rigor, disuadir a los contaminadores. No se puede aceptar que impunemente sigan soltando sus vertidos en los cauces naturales que son nuestro medio natural, nuestro derecho a una naturaleza limpia. Que en el mejor de los casos, la autoridad aplique multitas ridículas que pagan muertos de risa; y que no los disuade de seguir envenenado la Madre Tierra.

www.estebangaraiz.org
http://impreso.milenio.com/node/8987127 

 

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Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com

El Chúchil y la propaganda que viene

Tiempos aviesos se van a sumar a la realidad que asola el vasto territorio nacional. Es año de elecciones a gobernador en el estado de México, una de las plazas más apetecibles para los carteles de la política, batalla donde el cártel de Los Pinos tendrá una preponderante actuación, y además estamos en vísperas ya –con no pocos personeros del régimen y personajes públicos haciendo la suma de sus políticos capitales y repartición anticipada de las presupuestales rebanadas– de las que posiblemente van a ser las elecciones más encarnizadas y sucias de la historia de México, lo que ya de suyo es hablar de mucho encarnizamiento y sobrada suciedad.

No es de extrañar que las elecciones del estado de México serán colección de máculas. Se trata del bastión priísta de uno de los grupos políticos más ligados a la corrupción institucionalizada, el Atlacomulco, de donde salieron emporios y fortunas de personajes como Carlos Hank González y su prole, el mismo Enrique Peña Nieto y su protector protegido, Arturo Montiel, y falansterio además que dio pertenencia a Carlos Salinas de Gortari, de sobradamente conocida y zafia trayectoria. Es nada menos de donde sale el más probable candidato del priísmo a la candidatura para la batalla por la presidencia de la República que se pone en juego el año que entra.

Las elecciones federales prometen lodazal con profuso ornamento sanguinolento. Se trata de comicios organizados por un régimen que desde su origen viene arrastrando acusaciones de fraude y que, cuando estuvo en campaña, usó todos los recursos del Estado y sus alecuijes, entre ellos en primerísimo sitio los medios electrónicos masivos de comunicación, para aplastar a sus adversarios al costo que fuere.

Ilustración de Juan Puga

Quizá está en los cálculos del calderonismo que, de resultar perdedor el PAN, cosa harto probable, y en caso de que resultara ganadora una ecuación sucesoria no negociada, es decir, que ganara un candidato de izquierda (cosa poco probable aunque muy, muy deseable) o que no se llegara a un acuerdo de protección con un posible presidente priísta, Felipe de Jesús, el Chúchil michoacano podría estar enfrentando acusaciones muy serias y bien fundamentadas al ser causante de la debacle nacional en prácticamente todos los rubros de la vida pública, desde un erario agostado hasta la barbarie y la brutalidad, cuyo saldo ha sido al menos cuarenta mil muertos de bala y quizá unos diez mil desaparecidos, amén de vergonzantes episodios de la estupidez, la perversidad y la complicidad más ruin en un sinnúmero de episodios trágicos, como niños quemados o mineros enterrados en vida. Mucho antes del largo plazo que presume un tartufo que no ha hecho sino evidenciar que sus políticas nacionales obedecen básicamente a lo coyuntural, el máximo responsable de tanta carnicería podría enfrentar, por vez primera, ante un resultado electoral adverso, que la nación se lo demande, como engallado y con las prisas de la trifulca proclamó en cierta accidentada sesión del Congreso de hace cinco años.

Por eso el gobierno apresta su batería propagandística en los medios masivos, básicamente la televisión, donde no será extraño ver mezclados spots que defenestren la imagen de un candidato opositor –volverán la campaña de mierda y odio, las mentiras repetidas, las calumnias de que el otro es “un peligro para México”, los exaltados llamamientos de los poderes fácticos, de industriales, de banqueros, de artistas del duopolio nefasto, de clérigos metidos a proselitistas de la derecha– con otros que canten loas, por mentirosas que resulten, a los quehaceres del régimen: que si escuelas dignas y maestros capaces a pesar del despeñadero de la educación y de la persistencia de vicios de connivencia entre el gobierno e impresentables personajes como la Gordillo o Lujambio; que si hospitales abastecidos y operando a pesar de que el gobierno lleva años tratando de arruinar la seguridad social; que si buenas vías de comunicación a pesar del desmantelamiento paulatino e impepinable de la red ferroviaria nacional o de las paraestatales marítimas y a pesar de que las carreteras del país están salpicadas de baches, porque en su construcción se ha perpetrado una cantidad casi infinita de fraudes y desfalcos. Anuncios por miles, por millones de pesos para crear una realidad virtual, ajena y hasta antagónica a la nacional, vasto territorio cosmético que hará inmensamente felices, otra vez, eso sí, a los mercachifles dueños de las televisoras, sus cuentachiles y sus corifeos lameculos.

http://www.jornada.unam.mx/2011/05/29/sem-moch.html

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