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Gobernantes piadosos atentan contra el Estado laico

Bernardo Barranco V.

El presidente Enrique Peña Nieto está sentando precedentes. Su evidente inclinación católica está contagiando a la clase política mexicana. Están saliendo del clóset los políticos devotos, de manera especial los políticos priístas. El contagio de Peña por visitar el Vaticano alcanzó a Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal, animado por el cardenal Rivera para presenciar la entronización del papa Francisco. Sin embargo, a pesar de gozo religioso, Mancera tuvo que pagar altos costos políticos, pues fue ventaneado por la prensa y la propia Iglesia. De igual manera, poco venturoso fue el paso de Eruviel Ávila por Ciudad del Vaticano, pues tuvo que interrumpir su gira de promoción turística del estado mexiquense por la lamentable tragedia de Xalostoc en la carretera México-Pachuca, por la que han perecido 26 personas. Lo curioso es que el Estado Vaticano, propiamente dicho, tiene apenas una extensión de 0.439 km² y una población de casi 900 habitantes. Mercado como tal es simbólico; en realidad, el gobernador Eruviel Ávila Villegas interrumpió la fila de espera que hacía para sacarse la foto con el nuevo papa Bergoglio.

Sin embargo, la acción más preocupante fue de los gobernadores de Chihuahua y Veracruz, quienes consagraron las respectivas entidades al Sagrado Corazón de Jesús y al Doloroso e Inmaculado Corazón de María. Hay una especie de golpe de pasión religiosa de los gobernadores que aparentemente, ante la crisis de valores de las sociedades y de corrupción de los que no están ellos mismos exentos de señalamientos, apelan a las convicciones religiosas como alternativa.

El caso más sonado ha sido el de Chi­huahua, como reportó la semana pasada es este mismo espacio Carlos Martínez. Se trata de la consagración del pasado 20 de abril, a la que acudieron los seis obispos del estado, 150 sacerdotes, el go­bernador César Duarte Jaquez; su esposa, la presidenta del DIF, doña Bertha Gómez Fong; el presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Javier Ramírez Benítez; el coordinador parlamentario del PRI en el Congreso del estado, diputado César Alejandro Domínguez Domínguez; el rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Enrique Séañez Sáenz; el presidente municipal de Chihuahua, Marco Adán Quezada Martínez, y unos 14 mil asistentes, según cálculos de los organizadores.

En acto similar, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte Ochoa, hizo lo mismo, justificando que las religiones alivian crisis de valores y unen al pueblo y las instituciones. El gobernador, muy cuestionado por su desempeño político en materia de transparencia y corrupción, no tuvo empacho en encomendarse al altísimo para encargar a los veracruzanos un mejor destino. Los dos gobernadores, además de compartir el mismo apellido y partido político, tienen elecciones próximas y de seguro también encargan los resultados a la milagrosa presencia del Sagrado Corazón.

Es evidente la violación al carácter laico del Estado mexicano y una regresión a la separación Iglesia-Estado que ha imperado en México desde el siglo XIX. La Secretaría de Gobernación finge no darse por enterada. Correspondería actuar y aplicar la ley a la Dirección General de Asociaciones Religiosas, la cual parece simpatizar con la nueva línea piadosa de los gobernadores católicos. Roberto Blancarte ha venido advirtiendo la violación de los artículos 40 (laicidad de la República) y 130 (principio de separación entre el Estado y las iglesias) de la Constitución; hay una transgresión a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en los siguientes párrafos: el ar­tículo 1º de dicha ley, además de reiterar el principio histórico de separación, establece que las convicciones religiosas no eximen en ningún caso del cumplimiento de las leyes del país. En ese sentido, con toda justificación el pasado 13 de mayo un conjunto de destacados intelectuales, entre los que se encuentran Ciro Murayama, José Woldenberg, Luis Salazar Carrión, Pedro Salazar Ugarte, Adolfo Sánchez Rebolledo, Raúl Trejo Delarbre y Diego Valadez, firmaron un documento titulado En defensa de la laicidad en México, donde advierten: “Se trata de actos inadmisibles que representan un retroceso histórico, violentan a la Constitución, vulneran la laicidad estatal y, en esa medida, amenazan a la democracia. La laicidad, al garantizar la separación y recíproca autonomía entre la esfera religiosa y la esfera política y al someter a las iglesias a las leyes del Estado, constituye una condición necesaria para que la pluralidad y la diversidad puedan expresarse y recrearse libremente. Sólo en un Estado laico se garantizan la igualdad en derechos –sin importar las creencias o convicciones de las personas– y las libertades de conciencia y de religión. Nuestra Constitución es clara al respecto: prohíbe las discriminaciones por razones religiosas (artículo 1º) y recoge, entre otras, esas libertades (artículo 24). Los actores políticos y en particular quienes ejercen cargos de gobierno están obligados a promover, proteger, respetar y garantizar esos derechos fundamentales”.

En ese mismo tenor, Javier Corral, senador del PAN, presentó ante Gobernación una denuncia contra el gobernador de Chihuahua por quebrantar los artículos 24, 40 y 130 de la Constitución, así como el 1º, 3, 25 y 29 fracción 9 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. La demanda alcanza también al arzobispo Constancio Miranda Weckmann y al obispo de la diócesis de la Tarahumara, Rafael Sandoval Sandoval ( La Jornada, 13/5/13).

Hace más de tres años afirmé que la clase política mexicana, además de la jerarquía católica, son amenazas reales al carácter laico del Estado mexicano ( La Jornada, 28/4/10). Los políticos glorifican el supuesto realismo político, se mueven más en la lógica de los posicionamientos y alianzas ante los resultados electorales en turno. No se trata de defender los purismos ideológicos, pero cada vez resulta más evidente que el pragmatismo tiene un peso mayor en los cálculos, mediciones y actuación de una clase que ha desdibujado su propia tradición e identidad. El pragmatismo político se vuelve mágico mientras el actuar institucional de la Iglesia permanece secular y acechante.

 

http://www.jornada.unam.mx/2013/05/22/politica/023a1pol?partner=rss

 

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Segunda vuelta

José Woldenberg
23 May. 13

Las bancadas del PAN y el PRD en el Senado la han vuelto a poner en la mesa de discusión.

La primera olita a favor de una segunda vuelta para elegir al Presidente apareció -si mal no recuerdo- luego de las cerradas y polarizadas eleccio- nes del 2006. La tensión con que se vivieron las semanas que siguieron a los comicios preocupó a más de uno. Y no era para menos. Los humores públicos estaban caldeados, la animadversión entre los competidores permeó a la sociedad, el ambiente estaba electrizado. ¿Cómo conjurar ese nerviosismo producto de un conflicto real?

Y entonces no faltaron los que sacaron la receta: una segunda vuelta. El problema de la fórmula es que ni lógica ni políticamente resuelve por sí misma lo que se quiere evitar. Nada garantiza que en una segunda vuelta los resultados no sean cerrados. Cierto que hay ejemplos de segundas vueltas donde las cifras finales resultan más abiertas que en la primera ronda, pero nadie en su sano juicio puede asegurar que eso indefectiblemente sucederá. Por el contrario, eventualmente la diferencia entre el primero y el segundo lugar puede ser más apretada.

Tampoco la fórmula garantiza que en el segundo round la polarización sea menor que en el primero. Por el contrario, si solo se enfrentan dos, la temida polarización bien puede agudizarse. Ya sé que los afectos al rational choice dirán que si los candidatos finalistas desean ganar tienen que moverse al centro y que están obligados a ello. No obstante, creo que confunden lo que es una herramienta analítica con un dictado de comportamiento inescapable. Me explico: la fórmula analítica intenta dar respuesta a por qué las personas actúan como actúan, pero nada garantiza que un individuo determinado se salga del canon. Eso es lo que hace difícil -entre muchas otras cosas- la vida en común.

Luego el asunto se sofisticó. Por decirlo de alguna manera. Apareció el tema de la legitimidad. ¿Era legítimo un Presidente con menos del 50 por ciento más uno de los votos? Más allá de que el concepto de “legitimidad” es cada vez más evanescente por su uso excesivo y excedido (cualquier político o comentarista hace alusión a la ilegitimidad de… cuando no le gusta algo), lo cierto es que si las reglas del juego establecen que se es Presidente con la mayoría relativa de los votos, la famosa legitimidad no se afecta. Recordemos que el presidente Fox con apenas el 42 por ciento de los votos no tuvo ese problema porque todos (los perdedores) asumieron que había ganado. Por supuesto en 2006 y 2012 el tema volvió a aparecer pero no por el porcentaje de votos de los ganadores, sino porque el segundo lugar impugnó los resultados (2006) o las condiciones en las que transcurrió la contienda (2012).

El “problema” mayor de nuestros recientes presidentes ha sido otro. Su convivencia con un Congreso en el cual ni él ni su partido tienen la mayoría de los votos para hacer su voluntad. Y en ese terreno la segunda vuelta no ofrece nada. Los ejemplos latinoamericanos son claros: un buen número de presidentes electos en segunda vuelta que no cuentan con el respaldo mayoritario en sus respectivos congresos. Es una derivación natural de haber importado solamente la mitad de la fórmula francesa (allá existe segunda vuelta para Presidente pero también para los legisladores).

No resultó casual que en la propuesta del presidente Calderón para introducir el segundo round para la Presidencia se estableciera que sería coincidente con la primera y única vuelta para elegir al Congreso. La intención ni siquiera quería ser disfrazada: se buscaba que al quedar solamente dos candidatos a la Presidencia, éstos “jalaran” el voto legislativo hacía sus mismos partidos. Quizá de esa manera pudiese obtener la tan anhelada mayoría absoluta en las Cámaras. El problema, en todo caso, sería para la tercera fuerza, que resentiría sin duda su descalificación para competir en el momento definitivo.

Esa original receta para reducir artificialmente la pluralidad creo que topa (por fortuna) con la incertidumbre de las grandes formaciones políticas. En las últimas tres elecciones presidenciales el tercer lugar ha sido diferente: PRD en 2000, PRI en 2006 y PAN en 2012. Así que para todos resulta riesgosa su implantación. En ese terreno no convienen los exorcismos. Hay que asumir que la historia -esa fuerza inclemente- ha forjado tres grandes referentes políticos con los que se conecta la inmensa mayoría de los votantes. Y si no queremos hacerle al aprendiz de brujo hay algunas vías para conjugar esa diversidad de manera productiva: a) a través de negociaciones y pactos o b) buscando el formato político más adecuado para procesar coaliciones.

Pero no hay que exagerar. La segunda vuelta en la elección presidencial sí sirve para una cosa importante: para que al final el ganador no tenga más aversiones que adhesiones. Dado que el triunfador tendrá siempre más del 50 por ciento más uno de los votos, los que tengan más rechazos que afectos no podrán ser titulares del Ejecutivo. No es poca cosa.

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/701/1400213/default.shtm

 

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Capitales

Sergio Aguayo
22 May. 13

Creció el poder de las élites y la conciencia de la sociedad pero se mantuvieron casi intactos los tapones que frenan la participación social.

En los últimos 20 años México dejó de ser un país presidencialista y centralista; grandes porciones de poder se lo apropiaron las élites (tradicionales o nuevas) entre las que se encuentran los cárteles, los gobernadores, los líderes sindicales, los multimillonarios y los partidos políticos.

Los valores políticos también se transformaron. Aunque los porcentajes varían por encuestadora, hay un alto respaldo a la democracia como forma de gobierno y una gran insatisfacción por la manera en que funciona. También se amplió la certidumbre de que se tienen derechos y se valora la participación social (según la última Encuesta Mundial de Valores la sociedad da casi el mismo nivel de confianza al movimiento feminista que a las Fuerzas Armadas). Sin embargo, la participación en asuntos públicos, partidos políticos y organismos civiles se ha desplomado o estancado (ronda 20% de la población adulta). Ese taponeo provoca frustración, desencanto y pasividad y obstaculiza la solución de muchos problemas.

Las cifras muestran un patrón: a mayor capital social positivo menores niveles de violencia y mejores gobiernos locales. Cuando una persona canaliza sus deseos en acción colectiva que se institucionaliza se crea capital social positivo (es el caso, por ejemplo, de los medios independientes o de los organismos civiles y empresariales). El tejido social negativo serían las redes corruptoras o delincuenciales.

En México el acceso a la información y la libertad de expresión, entre otros factores, han permitido un fortalecimiento relativo del capital social. Sin embargo, su crecimiento ha sido desigual o se ha frenado por la ceguera cortoplacista de las élites que, salvo algunas excepciones, han saboteado las instituciones que deberían ser conducto entre sociedad y gobiernos. Por lo general, los partidos se alían con las élites; los organismos públicos que tutelan derechos, o los consejos ciudadanos tan comunes hoy en día son copados y cooptados por quienes gobiernan transformándose, por tanto, en vistosos pero irrelevantes floreros.

La relación entre sociedad y élites es diferente en cada estado y región. Es un rompecabezas en constante movimiento que apenas empezamos a apreciar en toda su complejidad. El Distrito Federal, por ejemplo, ha disfrutado y padecido las consecuencias del centralismo; es el espacio geográfico con mayor concentración de capital social. En este lugar florecen medios independientes, universidades, centros de investigación, organismos civiles, movimientos sociales, cámaras empresariales y organizaciones vecinales que gradualmente se profesionalizan y especializan en el arte de enfrentarse a los jinetes del urbanismo salvaje y sus aliados en el gobierno. Puede afirmarse que en el Distrito Federal hay relativamente menos obstáculos a la participación que en otras ciudades.

Los organismos en la ciudad tienen como particularidad que incorporan en sus objetivos la agenda nacional (en el interior del país no es una práctica tan marcada). Recapitulemos. Los médicos se movilizaron en la capital contra el autoritarismo sindical en 1965; aunque los estudiantes protestaron en 1968 por agravios locales su pliego petitorio iba en general contra la violencia estatal; las grandes marchas de 2008 y 2011 contra la violencia se hicieron teniendo en mente lo que pasaba en el país; y el Movimiento YoSoy132 en su primera etapa se centró en la democratización en los medios.

La izquierda ha triunfado en la capital desde 1997 porque había una base electoral y un tejido social que le ha permitido permanecer en el cargo, mientras que en otras entidades (Zacatecas, Baja California Sur y Michoacán) ha carecido de la consistencia para permanecer, trascender y distinguirse. A los gobiernos capitalinos hay que reconocerles algunas mejoras en atención a grupos vulnerables, en el transporte colectivo y en la ampliación de libertades. Sin embargo, se han olvidado de combatir el urbanismo salvaje, una corrupción que toleran porque les beneficia. Un ejemplo inmediato fue el escándalo del fin de semana: el desalojo en Tlalpan que sacó a la luz la existencia de redes de “compañeras” y “compañeros” que destrozan los bosques del sur. Entre otras omisiones estaría su incapacidad para frenar el cerco de violencia que poco a poco rodea a la capital.

En la agenda de prioridades de la sociedad organizada debe estar alentar a la ciudadanía, canalizar su conciencia, reflexión y energía en organizaciones que nutran el capital social; el desazolve de los tapones estructurales a la participación ciudadana; y, en el caso de las organismos establecidos en la capital, el dedicar tiempo al DF, donde es posible una alianza virtuosa entre vecinos, activistas, periodistas, académicos y políticos de diferente signo que logre el predominio del capital social positivo sobre el negativo.

Comentarios: http://www.sergioaguayo.org;
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http://www.reforma.com/editoriales/nacional/700/1399962/default.shtm

 

 

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Policia-cientifica

Algo huele a podrido en la PGR

 

Ricardo Rocha

 

Si Jesús Murillo Karam pudiera, usaría una máscara antigases cada vez que cruza el umbral de ese edificio. Y es que al interior el hedor es insoportable: Crímenes, torturas, chantajes, mentiras, corrupción y sobre todo injusticia. Es por eso que el procurador quiere hasta cambiarle el nombre; a fin de exorcizar al demonio que todavía habita la mal llamada Procuraduría General de la República, hoy sinónimo de sordidez y suciedad. Una institución decrépita, que en las dos presidencias panistas tocó fondo en su deterioro, al grado de provocar las náuseas cotidianas de su nuevo ocupante. Y conste que no es ningún blandito, por el contrario, el actual procurador goza fama de hombre duro y hasta rudo. Pero ha sido tal la cantidad de miasma que brota un día sí y otro también, que el mismo Murillo Karam ha tenido que posponer una y otra vez la tan anunciada reestructuración funcional de la dependencia. ¿Cómo reestructurar algo tan maloliente y podrido, sin una labor de plomería a fondo?

El problema es que el desafío, ya de suyo gigantesco, crece aún más porque rebasa la esfera interna. A ver: Decir que tales y cuales aberraciones ocurrieron “durante el gobierno de Felipe Calderón” es en el mejor de los casos un eufemismo y si me apuran una complicidad: La impresentable procuradora Marisela Morales no se mandaba sola; pedía permiso o bien obedecía ciegamente las órdenes del entonces presidente. Calderón es por tanto directamente responsable, no sólo de una administración desastrosa en materia de justicia, sino de una larga cadena criminal que eslabón por eslabón se fue sucediendo en seis años en que las leyes se deformaron para denostar, callar y si era necesario aniquilar a los enemigos y en cambio favorecer con la más absoluta complicidad e impunidad a los amigos e incondicionales.

Es por ello que la verdadera prueba de fuego para Enrique Peña Nieto no será lo que ha hecho hasta ahora. El gran desafío consistirá en decidirse a llevar a Calderón a un juicio político y hasta penal que sería inédito e histórico en contra de un ex presidente. Una decisión que dependerá de la solidez del expediente que está armando don Jesús al tiempo que intenta limpiar la cloaca.

Porque quién, si no Calderón, va a ser el responsable de tantos delitos protegidos por el poder: Las detenciones arbitrarias de la maraña cínicamente política del Michoacanazo; los ofensivos ridículos de Florence Cassez y Greg Sánchez; la farsa de la Operación Limpieza para en realidad eliminar a quienes se negaron a la complicidad y si no que le pregunten al señor Ramírez Mandujano, ex subprocurador de la SIEDO; el escandaloso asunto de los 200 millones de pesos para los 347 testigos protegidos —entre ellos el nefasto “Jennifer”— que no son otra cosa que criminales que acusan a quienes les ordenan, luego de haber traicionado a sus jefes del narco; y qué decir de la infamia en contra del general Tomás Ángeles Dauahare, ex subsecretario de la Defensa, por el delito de asistir a un acto de campaña del entonces candidato del PRI a la presidencia Enrique Peña Nieto.

Por supuesto que no la tiene fácil. El lance incluye en primerísimo lugar a la ex procuradora Marisela Morales como principal instrumento de la justicia selectiva y a conveniencia. Pero el salpicadero incluye al hórrido Genaro García Luna y en una de esas al mismísimo general Galván Galván, quien como Secretario de la Defensa era integrante de esta espeluznante versión tlahuica de los cuatro jinetes del apocalipsis. Se trata pues de juzgar a todo un gobierno.

PD. Milán es una de las ciudades más solicitadas del mundo. Es sede del celebérrimo teatro La Scala, a unos metros del Gran Hotel du Milano, donde pasó sus últimos años el inmenso Giuseppe Verdi. Ahí se erige la imponente estación de trenes que mandó construir Mussolini para humillar a la Grand Central Station de Nueva York. Dos de los diez mejores equipos de futbol del mundo —el Inter y el Milan— tienen allí su sede. Dicen los que saben que, junto a las de Milán, las boutiques de París son tiendas de interés social. Y usted se preguntará a qué viene todo esto. Es que lo que más me asombra es el rumor de que este gobierno piense enviar como nuestra cónsul en Milán a una señora llamada Marisela Morales.

ddn_rocha@hotmail.com
@RicardoRocha_MX

 

http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/algo-huele-a-podrido-en-la-pgr-1368602530

 

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El Pacto por México

El Pacto: ¡No se rían, que es en serio!

Ricardo Rocha

Creo que es una expresión de mi fraterno Héctor Suárez, ahora aplicable a quienes siguen carcajeándose de los riesgos del pacto, porque creen que seguirá delante de cualquier manera y por una puritita inercia convenenciera. Que los amagos del PAN y el PRD son baladronada de cantina, porque en el fondo sus dirigencias sobreviven gracias al pacto. Nada más falso.

Como diría aquel, vamos por partes: El pacto no es la panacea que hará descender el maná del cielo, curará a los enfermos y convertirá nuestros pequeños infiernos cotidianos en un gran paraíso común; no obstante, es el mejor invento político de los últimos tiempos, ni más ni menos; y ha sido hasta ahora un instrumento que ya probó su efectividad al empujar en el Congreso de la Unión dos reformas fundamentales: En educación y telecomunicaciones. Un proceso en el que, por cierto, quedó claro que no se trató de suplir a las cámaras de Senadores y Diputados reduciéndolas a ser una oficialía de partes, sino de crear una instancia catalizadora de iniciativas particularmente complejas.

Es difícil anticipar desde ahora quién será el gran beneficiario del pacto. Es evidente que en primera instancia Enrique Peña Nieto podría pasar a la historia como el presidente de las grandes reformas. Pero los beneficios para el PAN y el PRD no serían menores al quedar evidenciados no sólo con la vieja etiqueta de “oposiciones responsables”, sino como motores del cambio desde la oposición. Yo preferiría pecar de ingenuo y creer que los grandes beneficiarios del Pacto por México seremos efectivamente todos los mexicanos; que, por fin, podríamos acceder a una modernidad nacionalista más allá de los pleitos de coyuntura de los partidos. Siempre he creído que la gran virtud del Pacto es que de él nos beneficiamos todos.

Sin embargo, no pocos aduladores y ejercitantes del poder todavía cuasiomnímodo que emana desde la presidencia insisten en la soberbia. En creer y pregonar que el pacto es una dádiva del presidente para darle respiración artificial a dos partidos moribundos después de la derrota de julio de 2012. Se equivocan. Es cierto que en el pacto todos toman, pero también todos ponen. En este sentido, no pueden menospreciarse las presiones internas que en sus partidos han enfrentado Gustavo Madero —en el PAN— y Jesús Zambrano —en el PRD—, y que los han obligado a un esfuerzo formidable para mantenerse en el pacto. Por eso el affaire Veracruz sí que estuvo a punto de descarrilar todo el acuerdo. Así que a reserva de que se deslinden responsabilidades de los “compadres” que queriendo “ayudar” jugaron chueco, hay que darle al asunto su justa y muy grave dimensión.

Por ello, era absolutamente indispensable una reestructuración, una reafirmación del pacto tal cual se dio ayer. Una nueva convocatoria del Gobierno federal a las principales fuerzas políticas de este país para pactar un addendum que, en voz del artífice del propio pacto, Miguel Ángel Osorio Chong, se resume en 11 compromisos para evitar que en las próximas elecciones se haga uso de programas sociales y recursos gubernamentales para coaccionar el voto; adicionalmente, respetar la ley, garantizar la limpieza electoral, propiciar la participación de la sociedad civil y algo muy importante: El compromiso de imparcialidad de delegados y operadores de programas sociales federales. En suma, un blindaje electoral en serio.

No menos importante ha sido la participación de los tres líderes de los partidos mayoritarios: Jesús Zambrano, del PRD, quien expuso que los nuevos compromisos deben ser de carácter ético y no sólo político; Gustavo Madero, del PAN, quien llamó a erradicar el clientelismo electoral, al que calificó como una realidad que tiende a convertirse en cultura política; y César Camacho Quiroz, del PRI, quien advirtió que el pacto no puede ser rehén de las elecciones por importantes que éstas sean.

Por supuesto, hay que destacar el compromiso que reasume el presidente Enrique Peña Nieto al afirmar que el pacto seguirá buscando que los beneficios lleguen a quien más los necesita, pero sin condicionamientos. A ver si es cierto. Y no se rían, que es en serio.

@RicardoRocha_MX

http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/el-pacto-no-se-rian-que-es-en-serio-1367995434

 

 

 

 

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pan_militancia

‘Síndrome del Panismo Golpeado’

Denise Dresser

El “Síndrome del Panismo Golpeado” describe al abuso psicológico que el Partido Acción Nacional padece a manos del PRI, en el contexto del Pacto por México. Aunque el panismo lo había padecido en el pasado, nunca se había presentado con tanta fuerza como en los últimos 4 meses, y hay incluso aquellos que minimizan sus síntomas. Los panistas suelen presentar una variedad de quejas como maltrato, confusión, falta de claridad mental, irritabilidad y estreñimiento. El diagnóstico sólo puede ser elaborado después de múltiples pruebas incluyendo videos grabados en Veracruz. La mayor parte de los panistas se quedan con el PRI porque le tienen miedo o los mueve el deseo de salir en la foto al lado de Enrique Peña Nieto. De allí que el tratamiento requiere que el golpeado abandone al golpeador, y obtenga ayuda externa del electorado en el desarrollo de un nuevo auto-concepto.

La clase política es el medio más común para el abuso inter-personal, que va desde las amenazas hasta la muerte. Se estima que más del 50 por ciento de los miembros de la “familia revolucionaria” ha experimentado la violencia en su seno. El sistema político mexicano parece ser un buen lugar de entrenamiento para el comportamiento violento; basta con recordar a Luis Donaldo Colosio, José Francisco Ruiz Massieu, uno de los hermanos Salinas de Gortari, entre tantos más. Sin embargo, la comunidad médica mexicana rara vez reconoce la gravedad de estas patologías.

La incidencia del “Síndrome del Panismo Golpeado” ha crecido desde la toma de posesión del nuevo presidente. Deviene desde el triunfo del PRI y a pesar de ello, su oferta de co-gobernar con el PAN a través del Pacto por México. La búsqueda de consensos lleva al priísmo a una estrategia de seducción de un PAN desdibujado y confundido desde su derrota. El PRI le hace numerosas promesas a Acción Nacional, lo convida a Los Pinos, lo trata como princesa y actúa como un esposo cariñoso, afable, constructivo y colaborador. Pero después de la firma del Pacto por México, el priísmo engaña y maltrata a su pareja de múltiples maneras. Por ello saca a la luz las irregularidades cometidas por la PGR durante el sexenio de Felipe Calderón, revela la humillación propinada al panismo con el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, exhibe el revés que implicó para la política exterior del PAN la liberación de Florence Cassez, y ahora justifica un video en el cual el priísmo veracruzano describe cómo va a ganar la elección haciendo trampa.

El “Síndrome del Panismo Golpeado” ha sido definido como una práctica compleja y recurrente en la cual el PAN es matratado repetidamente por el PRI. El abuso puede ser físico y hasta psicológico. Después de cada episodio, el PRI suele ser cariñoso, amoroso y compungido. Sus líderes hablan de la “madurez” y la “responsabilidad” del PAN. Emiten comunicados de prensa en los cuales se comprometen a  “garantizar elecciones limpias y condiciones propicias para continuar produciendo acuerdos”. Prometen que “los programas de combate a la pobreza no serán utilizados de manera facciosa o ilegal”. Aseguran que el Gobierno Federal pondrá toda su voluntad política para que no se menoscabe la integridad del voto en los comicios del 7 de julio del 2013.

Esta reconciliación post-maltrato frecuentemente lleva a que el PAN mantenga viva la esperanza de que la relación con el PRI cambiará. O bastará con “proponer a los gobernadores y alcaldes un acuerdo que los comprometa a abstenerse de realizar entregas de apoyos gubernamentales en los 45 días previos a las elecciones. O bastará “promover con los gobernadores un compromiso político de no utilizar recursos públicos, no entregar despensas, ni materiales plásticos ni textiles”. En pocas palabras van a confiar — como esposa maltratada — en que el PRI ya no les volverá a pegar.

Y el problema es que el maltrato priísta al PAN ha sido algo tolerado. El abuso ha sido considerado como normal dentro de la vida política del país. El PRI presiona, compra, regala, distribuye, entrega, opera, maneja y actúa a su libre albedrío. Por más que la Constitución lo impida, por más que el COFIPE lo prohiba, el clientelismo golpeador sigue vivo, el corporativismo manipulador sigue allí, el Estado de Derecho sigue aplicándose manera selectiva y de allí su efecto disciplinador. Y la intoxicación con el poder va de la mano con el abuso.

Las sociedades en general enfrentan dificultades para diagnosticar el síndrome. Las acusaciones en ocasiones parecen vagas, generales. El PAN se queja del comportamiento del PRI, pero la amenaza de dejarlo solo no resulta creíble. Y la opinión pública suele reaccionar con desinterés o escepticismo. Y si hay críticas, tienden a estar dirigidas al PAN por su falta de colmillo, de oficio político, su papel de víctima. Pero un síndrome de esta naturaleza requiere una intervención eficaz, ya que está llevando a la  desactivación y depresión de lo que debería ser una fuerza combativa de oposición. Está produciendo a un PAN paralizado, inmóvil, dispuesto a aceptar golpe tras golpe con tal de mantener vivo el matrimonio creado por el Pacto por México. Está empujando al PAN a aceptar el macanazo diario con tal de recibir el beso ocasional.

http://www.vanguardia.com.mx/columnas-sindromedelpanismogolpeado-1731176.html

 

 

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