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Posts etiquetados ‘Gabriela Mistral:Premio nobel de literatura’

Gabriela Mistral

COSAS

A Max Daireaux

1

Amo las cosas que nunca tuve
con las otras que ya no tengo.

Yo toco un agua silenciosa,
parada en pastos friolentos,
que sin un viento tiritaba
en el huerto que era mi huerto.

La miro como la miraba;
me da un extraño pensamieto,
y juego, lenta, con esa agua
como con pez o con misterio.

2

Pienso en umbral donde dejé
pasos alegres que ya no llevo,
y en el umbral veo una llaga
llena de musgo y de silencio.

3

Me busco un verso que he perdido,
que a los siete años me dijeron.
Fue una mujer haciendo el pan
y yo su santa boca veo.

4

Viene un aroma roto en ráfagas;
soy muy dichosa si lo siento;
de tan delgado no es aroma,
siendo el olor de los almendros.

Me vuelve niños los sentidos;
le busco un nombre y no lo acierto,
y huelo el aire y los lugares
buscando almendros que no encuentro…

5

Un río suena siempre cerca.
Ha cuarenta años que lo siento.
Es canturía de mi sangre
o bien un ritmo que me dieron.

O el río Elqui de mi infancia
que me repecho y me vadeo.
Nunca lo pierdo; pecho a pecho,
como dos niños, nos tenemos.

6

Cuando sueño la Cordillera,
camino por desfiladeros,
y voy oyéndoles, sin tregua,
un silbo casi juramento.

7

Veo al remate del Pacífico
amoratado mi archipiélago
y de una isla me ha quedado
un olor acre de alción muerto…

8

Un dorso, un dorso grave y dulce,
remata el sueño que yo sueño.
Es el final de mi camino
y me descanso cuando llego.

Es tronco muerto o es mi padre
el vago dorso ceniciento.
Yo no pregunto, no lo turbo.
Me tiendo junto, callo y duermo.

9

Amo una piedra de Oaxaca
o Guatemala, a que me acerco,
roja y fija como mi cara
y cuya grieta da un aliento.

Al dormirme queda desnuda;
no sé por qué yo la volteo.
Y tal vez nunca la he tenido
y es mi sepulcro lo que veo…

Nobel de Literatura 1945

 “No hay ritmo más suave, entre los cien ritmos derramados por el primer músico, que el de tu mecedora, madre… y a la par que mecías me ibas cantando, y los versos no eran sino palabras juguetonas, pretextos para tus mimos. En esas canciones tú me nombrabas las cosas de la tierra: los cerros, los frutos, los pueblos, las bestiecitas del campo, como para domiciliar a tu hija en el mundo, como para enumerarle los seres de la familia, ¡tan extraña!, en la que la habían puesto a existir… no hay palabrita nombradora de las criaturas que no aprendiera de ti”
(“Recuerdo de la madre ausente”, Lecturas para mujeres).

“Yo tengo una palabra en la garganta y no la suelto, y no me libro de ella… Si la soltase, quema el pasto vivo, sangra al cordero, hace caer al pájaro… Aunque mi padre Job la dijo, ardiendo no quiero darla, no…”
(“Una palabra”, Poesías completas).

Gabriela Mistral, seudónimo de la poetisa chilena Lucila Godoy Alcayaga (1889-1957), fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1945, el primero concedido a un escritor latinoamericano.

Sus trabajos más conocidos son Desolación (Nueva York, 1922), Ternura (Madrid, 1924), Tala (Buenos Aires, 1938) y Lagar (Santiago de Chile, 1954). Algunos como Lecturas para Mujeres, Nubes blancas, Poema de Chile, Poemas de las madres y Motivos de San Francisco, así como sus artículos periodísticos, han sido menos difundidos, y otros inéditos se han publicado hace relativamente poco tiempo. Tales son los casos de su Epistolario y de sus Recados contando a Chile.

Nacida en Vicuña, pequeña localidad del centro norte de Chile, su labor literaria comenzó a reconocerse en 1914 al resultar ganadora de unos Juegos Florales. En 1922, el Ministro de Educación de México, José Vasconcelos, la invitó a colaborar en la reforma pedagógica que se llevaba a cabo en su país. Al año siguiente, el Instituto de las Españas de Nueva York publicó la primera edición de Desolación. Posteriormente viajó a Estados Unidos, Francia y España. En 1927 fundó en Francia la colección de Clásicos Iberoamericanos traducidos al francés. A partir de 1930 dictó conferencias, trabajó como periodista en varios rotativos y viajó a Estados Unidos, las Antillas y Centroamérica, donde fue profesora en diversas universidades y declarada Ciudadana Ilustre en Puerto Rico. Desempeñó el cargo de cónsul de su país en diferentes ciudades de Europa y América, y en 1951 se le concedió el Premio Nacional de Literatura de Chile. En 1953 fue designada cónsul en Nueva York, representando a su país en la Asamblea de las Naciones Unidas sobre La Condición Jurídica y Social de la Mujer. En 1955 leyó su Mensaje sobre los Derechos Humanos en la Gran Sala de las Naciones Unidas.

La obra poética de Gabriela Mistral tiene su origen en el modernismo, sobre todo de Amado Nervo y Fredéric Mistral (de quien tomó su seudónimo). Ciertas fases de Rubén Darío también tuvieron influencia sobre ella, como lo demuestra su principal característica: ausencia de retórica y gusto por el lenguaje coloquial. No obstante la crudeza de sus imágenes y el gusto por los símbolos, se negó a aceptar la “poesía pura”, lo que la llevó a rechazar un prólogo de Paul Valéry a una antología de sus versos traducida al francés. Sus temas preferidos fueron: la maternidad, el amor, la identificación con la naturaleza americana, la muerte como destino y, fundamentalmente, un raro panteísmo que, a pesar de todo, subyace en la utilización de referencias concretas al cristianismo.

La obra de Gabriela Mistral refleja su temperamento sincero, rebelde y sensible. Creyó en la educación, en la protección de la infancia y en la justicia social para los humildes. Pensaba que la tarea principal de los intelectuales era contribuir a la construcción de una sociedad mejor y más justa.

El Nobel obtenido por Gabriela Mistral significó el reconocimiento no sólo de su producción poética, sino de la labor literaria y social de una mujer que había dedicado su vida a la difusión de la cultura y a la lucha por la justicia social y los derechos humanos.

Gabriela falleció en Nueva York en 1957. En su testamento legó la Medalla de Oro y el Pergamino de la Academia Nobel al pueblo de Chile, y el dinero que pudiera producir la venta de sus obras en América del Sur a los niños pobres de Montegrande.

http://www.oei.org.co/ibcon5/nobel01.htm

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