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Posts Tagged ‘Javier Solís’

Un par de expresiones en la simetría del continente. Las rancheras y el tango tienen una unión más intrínseca que la definición de pueblos necesitados de contarle algo al mundo.

Asociar la música ranchera con el trago de tequila y la parranda es inevitable. Desde los años 50, la gente permitía que los bohemios se empaparan de juerga, alcohol y poesía para olvidar a una mujer.

El tango es sexualidad y tristeza forjada en el arrabal. Enrique Santos Discepolo, gran exponente, definió la música de su país como “un pensamiento triste que se baila”. En 1886 las cantinas de Buenos Aires se llenaron de inmigrantes. Los nuevos visitantes de todo el mundo, pero principalmente de África, Alemania e Italia superaban en cinco millones a los argentinos y el tango fue una fusión de movimientos y sonidos basados, principalmente, en el bandoneón, un órgano portátil que suplantaba al de las iglesias.

Jorge Luis Borges definió al tango como “el baile de los maridos afligidos”, ya que la infidelidad era muy sugestiva en los arrabales donde según se cuenta, se resolvían esta clase de pleitos en aquellos años.

En México, Miguel Aceves Mejía, el Rey del falsete, definió a la música ranchera como “las canciones de los machos chillones” ya que con esas letras y desahogos musicales la figura nacionalista del hombre revolucionario y mal encarado pasaba a un estante decorativo para ver al mastodonte lacrimoso.

En la etapa posrevolucionaria, el teatro nacionalista difundió las rancheras como el icono del pueblo por los sonidos de guitarra, trompeta y vihuela. Se arrancó de tajo todo el amor de un hombre por una mujer con frases sencillas, pero profundas en poesía.

José Alfredo Jiménez decía: “Yo no sé lo que valga mi vida, pero yo te la quiero entregar, yo no sé si tu amor la reciba, pero yo te la vengo a dejar”, en aquella inolvidable serenata a su esposa Paloma, la única que lo quiso hasta sus 47 años cuando muere de cirrosis hepática.

Manuel Joves por ejemplo, en un tango muy lírico afirmaba: “y los años se van pasando, y en mi pecho no entra un querer, en mi vida tuve muchas, muchas minas pero nunca una mujer”… otra característica del tango, el tiempo.

Si la música vernácula de México le pone mayor énfasis al desengaño amoroso, el Tango le pone un efecto devastador del tiempo al ser humano, al amor y a la vida misma. Algo referencial de los argentinos.

La dualidad de rancheras y tango tuvo un enorme apogeo por una misma canción. ¡Sombras… Nada más! fue en principio un tango creado por José María Consurti conocido como Katunga, uno de los más grandes letristas argentinos. Pero fue con Javier Solís, el Rey del bolero, con quien esta canción transformada por las trompetas y el vahuelo mexicano, pasó a ser reconocida en todo el continente a tal grado de pensar que era una creación tan romántica como ranchera. En una parte de la misma se recita: “y sin embargo, tus ojos azules, azul que tiene el cielo y el mar”.

La gran inspiración de Consurti era Susana Gricel Vigano, la gran Gricel del Tango, aunque fue con Alina Zárate, la mujer que le dio cuatro hijos, con quien se casó. Gricel era una porteña descendiente de italianos mientras que en México era improbable que el mestizaje permitiera componer música desde las cantinas a extranjeras de rubio color.

Nunca dejó Consurti de pensar en Gricel y tras enviudar se reencuentra veinte años después con ella, quien para ese tiempo estaba divorciada y unen de nueva cuenta sus vidas. Sin embargo, el destino le hace fallecer cuatro años después, en 1972.

Javier Solís, cuyo nombre real era Gabriel Siria, creció en Tacubaya y estudió hasta el quinto año de primaria. Al igual que Consurti creció sin la figura paterna; el argentino por un derrame cerebral que sufrió Pascual Contursi y Javier Solís por el abandono del panadero que le dio la vida cuando él apenas contaba con tres años.

Solís fue, gracias a los tangos de Consurti, una figura exponencial en sus inicios pues se presentaba en las carpas para impactar a la gente con esas letras diferentes a lo que se había escuchado hasta ese entonces. En el Teatro Salón Obrero y gracias al apoyo del payaso y administrador del lugar Manuel Garay, Solís comienza a cantar Sombras, misma que retomara en 1965 siendo un hombre consagrado y ya una vez que dejó su pasado como carnicero y cantante nocturno en la Plaza Garibaldi y la calle de Honduras.

A un año de cantar Sombras en México con gran éxito, Javier Solís muere tras ser operado de una vesícula sin que se sepa hasta ahora la razón real de su fallecimiento. Se habla de que no oyó consejos médicos y tomó agua fría que le produjo un paro cardiaco o que médicos dejaron unas pinzas en su organismo que le afectaron posteriormente, aunque se señala que sus males eran prostáticos. Consurti murió en medio de una gran agonía por culpa del cáncer viviendo en Córdoba, cuando finalmente compartía la vida con el amor que siempre quiso.

Nunca se conocieron ni se enteraron que ambos construyeron un puente indestructible entre estas dos vertientes musicales.

Un tango y una ranchera para tan tremendo dolor.

En sus orígenes, el tango era tocado con una guitarra, un violín y una flauta. Dos décadas más tarde surgiría el bandoneón, que sustituiría a la flauta.

Los primeros tangos carecían de letra y, en el mejor de los casos, los artistas improvisaban.

En el baile, en cada compás de la música se mueve un pie.

http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/primera/temadeldia_nacional/%EF%BF%BDsombras…_nada_mas/548265

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El hecho político más importante de los últimos once meses, para excluir el Referéndum sobre el TLC, es la confesión de su propia derrota por parte del Presidente de la República, con ocasión del pasado 15 de setiembre. Ya no será nunca el nuevo Figueres.
Se jugó su grandeza y su paso a la historia forzando la Constitución, los poderes de la República, los recursos públicos y no en último lugar las conciencias, por la incorporación de Costa Rica a la sociedad globalizada del libre mercado usamericano.
Es una derrota irreversible. El libre mercado canonizado por Margareth Tatcher y Ronald Reagan, con su culto al consumo, a la desregulación, al enriquecimiento sin medida; su destrucción de la naturaleza; y su recurso a la guerra; acaba de explotar como un fuego de artificio, en su Vaticano, Nueva York, y en su basílica de Wall Street. Los sacerdotes del neoliberalismo inventarán mil explicaciones y justificaciones. Pero nunca podrán desmentir los hechos. Esa iglesia podrá sobrevivir, pero ya su mesías quedó sin resucitar.
Para salvar esa crisis los Estados Unidos y el Reino Unido han nacionalizado sus más grandes entidades financieras, bancarias y aseguradoras. Centenares de miles de millones de dólares de los ciudadanos que pagan los impuestos van a comprar esas empresas en quiebra. Las mismas entidades que se han opuesto acérrimamente a pagar impuestos, necesitan ahora del dinero de los contribuyentes de clase trabajadora para seguir a flote, para no perderlo todo y arrasar con el modelo mundial del mercado. Todo negociado en secreto (mano invisible), como Oscar Arias, mediante manipulaciones bursátiles, ocultándole a los trabajadores que la factura la van a pagar ellos. La onda expansiva sigue en Europa y se extenderá por todo el mundo.
Ese es el libre mercado por el que Oscar Arias se jugó su vida política. El Presidente de la República no será la primera víctima. Tampoco la última. Por el momento ya entregó, con la complicidad de la Sala Constitucional y 39 diputados, el patrimonio construido por el pueblo de Costa Rica en más de siglo y medio de historia republicana. Nos llevará a todos entre las patas, como dice la expresión popular. Muchos años han de pasar antes de que reconquistemos el bienestar, la paz social y la educación cívica.
Oscar Arias se ha quedado solo, sin pueblo según las encuestas; rodeado de algunos riquillos ticos socios de las corporaciones transnacionales, de funcionarios mediocres y de algunos que todavía esperan su contrato de consultoría en dólares.
Pero ya muchos de sus cómplices o sus compinches empezaron a hacer lo de las ratas.
Diputadas y diputados, magistrados, empresarios honrados y no tanto y un poderoso periódico y otros medios de masas. También cuatro o cinco fanáticos, que asumieron el libre mercado como una religión y se convirtieron en sus monaguillos, con su incensario de olor a muerto, sus santos, sus altares y hasta su ‘espíritu santo’, que ya no es paloma sino mano invisible. Ninguno de ellos quiere compartir esa derrota, ni quieren que su proyecto estratégico, la protección de sus intereses económicos, políticos o personales, se vea en peligro.
El tsunami de Wall Street nos va a golpear muy fuerte por años. La crisis nacional va a sermuy dolorosa. Ya nada será igual. Ni nuestro ordenamiento constitucional, ni nuestro sistema institucional. Todo ha de ser repensado, reformulado, refundado.
La campaña electoral, iniciada por el mismo Presidente de la República, pretenderá ocultar la derrota. Los mismos de siempre ya están apostando. Los ciudadanos no podemos permitir que esto ocurra. Debemos pasar la factura, no jugar a la misma ruleta electoral, llena de trampas, con dados marcados, con candidatos autoproclamados o patrocinados, con premios de fantasía, clientelismo y entendimientos de cúpulas.
Una nueva generación tiene que echarse a la calle, enfrentar la realidad heredada y emprender el camino de la refundación de la república. Con voluntad de ruptura, con control o auditoría ciudadana, con una organización horizontal moderna y con poder de revocatoria sobre los poderes elegidos por el voto popular.
Javier Solís es eriodista, ex embajador en España.

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