
La defensa de la playa más virgen de la Riviera Maya
Empresarios turísticos extranjeros, en presunta colaboración con autoridades locales y federales, pretenden despojar de sus tierras a ejidatarios de Quintana Roo, pero éstos luchan por conservarlas.
2012-04-21 | Milenio semanal
CHETUMAL, QRoo.- En el ejido Lázaro Cárdenas, en el municipio de Solidaridad, se siembran calabazas, sandías, maíz blanco y, sobre todo, se aprecia en toda su magnitud la selva de la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an y el azul del cielo. A 10 minutos, además, está la playa más virgen de esta costa de la Riviera Maya, entre Playa del Carmen y Tulum.
Hoy se respira en la zona la traición, la ambición, la avaricia de inversionistas de España, Italia y Estados Unidos, quienes quieren convertir el lugar en un diamante turístico, a través de la compra en miles de lo que vale millones, con la supuesta complicidad de autoridades federales y locales.
Contra todos se enfrentarán Idelfonso Kinil Chan, de 69 años de edad, presidente del Comisariado Ejidal de Lázaro Cárdenas, y doña Addy Elizabeth Herrera Pren, quienes irán a Chetumal para declararse en huelga de hambre, bajo una manta, frente al Palacio de Gobierno. Ahí se proponen aguantar o morir, “si es necesario”, antes que ceder en la defensa de su patrimonio y el de otros 48 ejidatarios en sus mismas condiciones. Ildelfonso padece de hipertensión arterial y la señora Addy es diabética; ambos saben de los riesgos a su salud, pero están resueltos.
Este anciano maya y la mujer dejarán su pueblo, sus milpas con el maíz muy bonito, calabazas ya para cortarse, sandías maduras y dulces, para hacer públicas las causas de su protesta y clamar por justicia ante el hecho de que enfrentan un despojo orquestado, aseguran, por una banda de mafiosos que encabeza el propio titular de la Procuraduría Agraria, Rocendo González Patiño, y que integran también Ricardo Pérez Gallardo, delegado del Registro Agrario Nacional, y Jhonny Alberto Cámara Huchin, un coyote que aprovecha su cargo como delegado residente en Quintana Roo para traficar con las tierras.
“Los ejidatarios de Lázaro Cárdenas son propietarios legítimos de siete mil 610 hectáreas en pleno corazón de la Riviera Maya, entre Playa del Carmen y Tulum, a 20 kilómetros de la carretera costera de H-Puhá. El predio es codiciado por empresas turísticas de España, Italia y Estados Unidos. En una zona donde florece el turismo y el metro cuadrado de tierra se cotiza en más de mil dólares; era casi natural que estos campesinos mayas, que carecen de malicia, cayeran en manos de los pervertidos ladrones de la mafia agraria”, explica irritado Marciano Chano Toledo, líder natural de la zona maya.
“DESCOMUNAL ACTO DE CORRUPCIÓN”
Todo Quintana Roo está en la lista de desarrolladores turísticos del mundo. El éxito de Cancún llegó como grandeza para unos, maldición para otros y división para todos sus habitantes. La zona más rica en paisajes, clima, cenotes, ríos subterráneos circunda la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an (“ventana al cielo” o “regalo de cielo”, en lengua maya), y en medio está el ejido Lázaro Cárdenas, a sólo 20 kilómetros de Xhel-Há, Tulum y Akumal. A 10 minutos está la playa más virgen de esta costa. La zona está poblada de pequeñas aldeas de gente sencilla y buena, ajena a las trampas del mundo de concreto. Así estaban en Xcan, hasta que apareció Jhonny Alberto Cámara Huchin, un criollo que tiene muy mala fama. Ildefonso y doña Addy son discretos: no hablan mal, no quieren ofender. “Pero —aclaran— ese hombre no ha hecho cosas buenas…”.
Manuel Chuc Puk, en cambio, es claro: “Es un descomunal acto de corrupción de funcionarios federales panistas, que organizan un plan perverso porque quieren despojar al ejido de siete mil hectáreas. Para eso están usando a la Procuraduría Agraria federal, dependencia que se encuentra al servicio de la mafia agraria de Quintana Roo. A don
Idelfonso, aquí presente, le ofrecieron 10 millones de pesos para prestarse a sus propósitos y no permitir la ejecutoria. Estas tierras tienen en el mercado un valor de 700 a mil millones de pesos. Llega El Jhonny y le dice a don Idelfonso: ‘Mire, le vamos a dar 10 millones en efectivo; son tres para los trámites y siete para que los reparta entre los dirigentes del ejido. ¿Cómo ve? ¿No? De todos modos se van a chingar. Porque si usted no quiere, encontraré quien lo haga’”.
Así lo hace El Jhonny, sigue explicando Chuc Puk, y agrega: “El presidente del Comisariado Ejidal, don Idelfonso, tiene pruebas de que en este intento de despojo están coludidos el propio procurador agrario, Rocendo González Patiño; su delegado en Quintana Roo, Ricardo Pérez Gallardo Martínez, y el jefe de la residencia en Cancún, Jhonny Alberto Cámara. No batallaron mucho los de la mafia agraria a la que sirve Jhonny. Lograron que otro como ellos se prestara a su maniobra. Marcelino Canché Canché, secretario del Comisariado, aceptó los millones que don Idelfonso rechazó, y comenzara a intrigar para despojarlo de la Presidencia del ejido.
“En agosto del año pasado, apenas un mes después de que se entregaron los documentos legales, Marcelino convocó a una asamblea para proclamarse presidente. Lo pudo hacer, pero a su modo: chueco. Jhonny y Marcelino usaron el padrón original de 1962, cuando se pidió la dotación de tierras. En realidad, la mayoría de esos campesinos han muerto o se cambiaron de lugar. Ahora sólo quedan 48. Pero Marcelino se anotó los votos de 102 ejidatarios fallecidos o ausentes. Con eso trata de legitimar el despojo y vender las tierras por las que sus compañeros han luchado medio siglo”.
“Además, lo hicieron tan mal que para justificar esa asamblea sin sustento ni razón, presentaron una convocatoria para una asamblea en otro lugar. Se citó a los ejidatarios del poblado Lázaro Cárdenas a una asamblea en el poblado Ignacio Zaragoza, del municipio de Lázaro Cárdenas”. Aun así, la Procuraduría Agraria la dio por buena, señala Marciano Toledo.
Idelfonso Kinil Chan es un hombre pequeño pero fuerte. Su rostro de rasgos mayas parece una máscara impasible que se transforma cuando habla de la huelga de hambre que iniciará este lunes: “Es que no podemos dejarnos. Mire, tanto batallar para que nos reconocieran como ejido. No se cumple todavía un año de que el gobierno federal reconoció nuestros derechos y nos entregaron las escrituras de estas tierras, para que ahora vengan esos ladinos de El Jhonny y nos quieran despojar… No, eso no, primero nos morimos en la raya… Primero nos morimos que dejar que estos pisen estas tierras que tanto trabajo nos llevó conseguir. No las robamos, no las ocupamos de mala manera ¿Por qué nos quieren despojar?”.
El ejido Lázaro Cárdenas es, por cierto, el último ejido constituido por decreto presidencial en Quintana Roo. Aunque su integración data de 1962, y en 1964 se publicó en el Diario Oficial de la Federación su registro como Nuevo Centro de Población Agrícola, 48 años después, el 15 de julio de 2011, el Registro Agrario Nacional otorgó el acta de posesión y deslinde definitivo, así como el plano correspondiente. Un oficio de esa fecha, firmado por el director del Registro, Ramón Arturo Nava Moctezuma, así lo establece.
“ALGO TENEMOS QUE HACER”
El presidente del Comisariado Ejidal, Idelfonso Kinil, recuerda: “Mire, el ejido lo comenzamos a formar allá por 1960. Todo esto era Yucatán, Quintana Roo no era estado sino territorio federal. Nosotros vivíamos en Xcan, municipio de Chemax, pero no teníamos tierra. Estábamos muy jóvenes y sembrábamos por aquí, y como decían que se iban a formar nuevos centros de población, pos nos juntamos. ¿Qué sería…? Junio, sí, en junio de 1962 nos juntamos 150, y que nos vamos al Departamento Agrario para pedir que nos ayudaran a formar un nuevo centro de población y nos dieran tierra pa’sembrar. Había mucha. El jefe del Departamento de Asuntos Agrarios era don Roberto Barrios Castro, agrarista ‘de los de antes’, y el presidente era don Adolfo López Mateos.
“Sí, nos ayudaron mucho, muchísimo. Nos mandaron ingenieros para que nos explicaran las formas de organización del ejido. El gobernador era el ingeniero Aarón Merino Fernández, muy amigo del presidente López Mateos, también nos apoyó en todo. Nos veía chavalos, nos sabía pobres. A la mejor por eso”.
Idelfonso guarda en su morral como tesoro los documentos del ejido. Es la historia de su esfuerzo sostenido a lo largo de casi medio siglo. Con ellos ha peregrinado, con sus compañeros, de oficinas a despachos, de delegaciones a citas con abogados. Una vez más, saca los papeles amarillentos y arrugados.
—¿Cómo creen que terminará su huelga?
—¡Bien!, ¡muy bien!, responden sin vacilar Idelfonso y Addy.
—¿De verdad bien?, ¿están convencidos?
—Mire, primero queremos que se entere el gobernador Roberto Borge. Que se sepa lo que están haciendo las autoridades federales del PAN. Si no conseguimos nada, vamos a ir hasta México para informarle al Presidente de la República y a pedirle justicia. Pero una cosa sí le digo: tuvimos que esperar 50 años para que nos reconocieran como ejidatarios. No vamos a pasar la vida esperando, ni vamos a permitir que unos ladrones quieran despojarnos. Somos 48 familias las afectadas. Están también otros 100 compañeros ejidatarios que no están de acuerdo con Marcelino. Él ni siquiera cultiva la tierra. Algo tenemos que hacer… ¿Verdad?
Fernando Meraz