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El adiós del PRD

El adiós del PRD

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Al decir adiós, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no lo hace sólo por la gran cantidad de miembros y simpatizantes que le han abandonado y le abandonan cada día, sino porque ya no es el partido que fue y, por tal motivo, pronto, con seguridad desaparecerá por completo.

El fenómeno no es nuevo. Hemos visto partidos que se van haciendo pasita conforme aumenta su extravío hasta que desaparecen del mapa político. El PRD lleva varios años en ese proceso. El esfuerzo de muchos de sus integrantes por frenar su deterioro ha resultado infructuoso. Cuanto más arreciaba la crítica interna a la política de su dirección, el PRD empeoraba.

Su enfermedad tiene dos aspectos principales, aunque no son los únicos: la corrupción y el oportunismo que terminaron envueltos en un síndrome incurable. La dirección perredista se dedica al comercio y, como recién se ha visto, en ocasiones ha vendido, incluso, el puesto de presidenta o presidente del partido.

La alianza con Acción Nacional (PAN) para llevar a la Presidencia de la República al líder de ese partido es una muestra de lo bajo que han caído unos dirigentes políticos a quienes no les importa estar llevando a la desaparición a un partido que fue la trinchera de millones para lograr la transformación social y política de México.

La dirección que ha firmado con el PAN la entrega del partido está caduca, pero no sólo en el sentido político, sino también porque su mandato terminó el 5 de octubre del presente año sin que convocara a elecciones. El sistema en el PRD es ahora autocrático, los dirigentes se designan a sí mismos.

De los principios, el programa, la línea política y el estatuto no ha quedado absolutamente nada. Esto no es una exageración, sino hechos, por más increíbles que puedan parecer. El más reciente Congreso Nacional (2015) dijo claramente que con el PAN no se realizaría ninguna alianza general, que la línea era promover la unidad de las izquierdas. El documento aprobado jamás se imprimió, quedó medio escondido en la página electrónica a pesar de que abordaba los temas principales de la agenda nacional.

La canallada que hizo la dirección perredista en el Estado de México sólo tenía como propósito permitir que al PRI le funcionara la compra de votos porque, de otra manera, hubiera llegado a la gubernatura el mayor partido electoral de la entidad, que es Morena aún en los cómputos oficiales amañados.

Esa dirección se convirtió en esquirol político, aunque otros le llaman palero del poder, ya que sólo deseaba que la izquierda no gobernara el mayor estado, cayendo así en un franco repudio de todo criterio elementalmente democrático. ¿Cuánto costó al gobierno federal esa acción del PRD? Quizá nunca lo sabremos pero de seguro que no fue poco.

A todo análisis, por decisión de su dirección ilegítima e ilegal, el PRD le dice adiós a su país. Sin embargo, la izquierda no desaparece en tanto que muere el partido que llegó a ser su estandarte casi único. Ésa sigue en la lucha, por lo cual la mayor tarea es unir en la acción a toda la gente que quiera un cambio a partir de las posiciones de una amplia izquierda.

Como muchos otros y otras, en lo personal he abandonado al Partido de la Revolución Democrática después de ser militante desde la primera convocatoria. Sigo en la izquierda y por ello tengo que dar la espalda a los tránsfugas antes que admitir como candidato a un neoliberal de la derecha más tradicional del país.

Para luchar contra el neoliberalismo priista, la trinchera es la de la izquierda y no la otra derecha. El candidato de las izquierdas mexicanas, en la dimensión popular de éstas, no podría ser un panista, sino el que efectivamente lo es ya en la realidad: Andrés Manuel López Obrador.

La gran corriente de izquierda debe unirse para dar la batalla electoral, pero ya no sumará las siglas con las que alguna vez casi toda ella se agrupó. El PRD dice adiós. Así sea.

http://www.proceso.com.mx/515186/el-adios-del-prd

Denise Dresser

Bajo la bota

Cuadrándose. Nuestra clase política de botas y casaca, disciplinada, displicente. Entregándole –vía la recién aprobada Ley de Seguridad Interior- un poder a quienes desde hace más de 60 años no lo habían tenido. El PRI devolviéndole a las Fuerzas Armadas lo que un pacto postrevolucionario les había quitado. Los militares ahora, de nuevo, como actores políticos. Presionando, legislando, pronunciándose, imponiéndose. Armados con una ley golpista que les permitirá actuar como policías sin estar entrenados para ello, que les permitirá actuar sin controles o vigilancia o contrapesos, que les permitirá intervenir contra protestas sociales de manera discrecional, que les permitirá permanecer en las calles de manera indefinida, que no obligará a los gobernadores a fortalecer o profesionalizar a sus policías. Y tanto más, criticado y criticable.

Tanto más, peligroso y perdurable. Lo que la ONU y el Alto Comisionado para los Derechos Humanos y la CNDH y la Comisión Interamericana y el colectivo #SeguridadSinGuerra llevaban un año señalando y tratando de corregir. Los riesgos de una mala ley que acentuaría los problemas de violencia en vez de resolverlos. Los problemas de una mala normatividad que no protegería a las Fuerzas Armadas sino contribuiría a su desprestigio. Focos rojos y señales de alerta por todas partes. Alarmas encendidas, ignoradas por diputados y senadores que optaron por pararse en fila y en silencio, cómplices voluntarios de una militarización que muchos aplauden por ignorancia o miedo o abyección.

O porque dejaron de ser representantes electos y se convirtieron en soldados rasos. Helos ahí. Los villanos de esta historia –Roberto Gil Zuarth, César Camacho Quiroz, Cristina Díaz, Javier Lozano- celebrando lo que el mundo mira y les reclama. La manera en la cual mintieron, tergiversaron, manipularon e ignoraron a la opinión pública informada. La forma en la cual se cuadraron ante los generales y pisotearon a los ciudadanos. La irresponsabilidad combinada con ignorancia; el ego y el protagonismo. Junto con otros miembros del pelotón encargado de subcontratar el destino de la Patria a quienes ocupan cuarteles y no curules. El PAN, el PES, el PVEM. Incluso Morena merece un manotazo en la mesa, porque en la Cámara de Diputados optó por quedarse y no romper el quórum. Una oposición que no lo fue. Una oposición que dice serlo pero ya no sabe ni cómo. Soldaditos de plomo y de latón.

Como los candidatos presidenciales ausentes en este tema, o criticando tardíamente o pronunciándose cuando ya no servía de nada o haciéndolo equivocadamente. José Antonio Meade, diciendo que la Ley de Seguridad Interior “es un buen punto de partida”. O AMLO, que cambia de opinión sobre la Ley de Seguridad Interior como si cambiara de calcetín, contradiciendo con su oposición reciente la postura contenida en su Proyecto Alternativo de Nación. O Ricardo Anaya yéndose de campaña y dejando tras de sí un Frente opositor que lo es sólo tibia y selectivamente. O Rafael Moreno Valle, cuyos mercenarios en el PAN le dieron los votos necesarios al PRI. Miembros condecorados del batallón batería de babas.

A la hora en que necesitaban ponerse de pie, lo hicieron pero no del lado de los ciudadanos. Los verdaderos héroes y heroínas que dieron lo mejor de sí en el campo de batalla ni siquiera están en la nómina del Congreso. Actuaron por convicción y por congruencia y porque así son: de casta. Ixchel Cisneros, Alejandro Madrazo, Catalina Pérez Correa, María Elena Morera, Ernesto López Portillo, Alfredo Lecona, Diego Luna, Gael García Bernal y todos los miembros del colectivo #SeguridadSinGuerra. Los que cabildearon y propusieron alternativas y fueron decenas de veces al Senado y marcharon y recolectaron firmas y participaron en foros y desmenuzaron dictámenes y alzaron la voz.

Es falso que no sabían de lo que estaban hablando o no habían leído la Ley o estaban del lado de los delincuentes o despreciaban a las Fuerzas Armadas. Más bien querían normar la actuación de los soldados, pero no de mala manera. Sabían –parafraseando a Clemenceau- que la guerra y la paz son demasiado importantes para dejarlas en manos de militares. No estaban dispuestos a exclamar ‘sí, mi general’, porque aman demasiado a su país como para colocarlo bajo la suela de una bota.

https://periodicocorreo.com.mx/otras-voces-denise-dresser-18-diciembre-2017/

 

Putin: 20 años

Putin: 20 años

 

Leonardo Kourchenko

No existen precedentes en el mundo, en el que un hombre haya permanecido en el poder por dos décadas con procesos electorales en ese trayecto y de forma alternativa entre la jefatura de Estado y la de gobierno. Podemos cuestionar la autenticidad, transparencia, legalidad de dichos procesos electorales, pero de hecho se realizaron y millones de rusos votaron.

Tal vez la única excepción sea Fidel Castro en la Cuba revolucionaria, quien se mantuvo en el poder casi el doble, cuatro décadas con elecciones reglamentarias. Claro, sin oposición real, sin mecanismos legales para el registro de otros partidos o la participación de diferentes fuerzas políticas.

La Rusia postsoviética, la que impulsó las reformas, desintegró la antigua URSS, aspiró a un modelo de economía abierta con competencia real y propiedad privada incluida, ha sufrido enormes transformaciones, de los 90 de Yeltsin a los siguientes 20 años de un solo hombre y su sombra, su empleado, su doble, su alter ego: Dimitri Medveyed.

Por dos décadas, Vladimir Putin ha asumido la presidencia de la Federación Rusa, los periodos reglamentarios, y cuando ha tenido que dejarla para que asuma su sombra, Mr. Putin toma el lugar del jefe de gobierno, primer ministro desde donde sigue controlando las riendas absolutas del poder. Es la simulación de una democracia en donde se registran procesos electorales, de hecho aparecen algunos ingenuos de oposición, y siempre ganan los mismos quienes se suceden, intermitentemente, en la presidencia, aunque el poder es de uno sólo y no lo comparte.

A principios de la década pasada, conversando con un diplomático ruso en retiro, libre de los protocolos, los controles y el temor –el temor eterno al gulag, al destierro y a la muerte –se atrevió a hacerme algunas confesiones que comparto aquí con la salvedad de derivarse de la fuente única de un diplomático de larga trayectoria, conocedor profundo del sistema y, en su momento, representante del mismo hombre que hoy enfrentará nuevas elecciones en 2018.

Vladimir Putin procede de San Petersburgo, agente de la KGB, mando medio –nunca líder de la poderosa agencia de inteligencia y espionaje del extinto Estado soviético –que llegó al poder de una forma súbita y sorpresiva–. En 1996 el expresidente ruso, Boris Yeltsin, lo designó vicepresidente de Rusia. En ese momento se leyó como un retroceso en el proceso de reformas y de apertura; traer a la primera cúpula del poder a un hombre que representaba el lado más oscuro de la vieja Unión Soviética. Varios medios europeos leyeron el hecho como resultado de una intensa presión de las antiguas fuerzas comunistas, en contra de un débil presidente Yeltsin quien aparecía perdiendo la batalla entre el liberalismo y la apertura de mercados, o el regreso al modelo estatista del control de todo, mercados, mercancías, precios, cupones, pensiones y demás.

Putin se instaló como una figura discreta, de perfil mediano sin ocupar los reflectores ni llamar la atención. Sus primeras encomiendas
–muchos piensan que a pedido expreso– fueron las fuerzas de seguridad: la fundación de una nueva agencia de seguridad estatal, que modernizara y sustituyera a la vieja y decadente KGB. Putin se concentró en ello y construyó los pilares y cimientos de su futuro e incuestionable poder absoluto.

Para sorpresa del mundo, Boris Yeltsin presentó su renuncia a finales de 1997, dejando el paso a su vicepresidente Vladimir Putin. Se argumentaron problemas de salud, un cuadro que requería atención y otras causas, pero los hechos fueron que Putin asumió para completar el término de Yeltsin y luego, presentarse por primera vez como candidato directo en 1998. Desde entonces, hace 20 años, Putin lo controla todo: el Ejército, la FSB –agencia de seguridad que sustituyó a la KGB– el Parlamento (Duma), los partidos, la oposición, los medios y hasta los empresarios. Todos aquellos que en 20 años se han opuesto, criticado o enfrentado a Vladimir, terminaron en la cárcel o muertos, como el espía envenenado con plutonio en Londres. Con Putin no se juega, pueden ser sus aliados, socios, aceptar sus términos, ceder incondicionalmente, pero jamás desafiarlo. Es implacable.

El diplomático en retiro me confió que existía una versión de chantaje y extorsión a Boris Yeltsin que lo forzó a renunciar a favor de Putin. Se reportó entonces la construcción de una casa de campo a las afueras de Moscú (Dasha) que Yeltsin había mandado construir –un auténtico complejo de casas y residencias– para albergar a todos sus colegas y amigos del gabinete. Putin, en control de los hilos de la inteligencia y la seguridad, hizo uso de esa información y cometió –de facto– un golpe de Estado.

La Rusia de 2018 no es la de 1997. La sociedad no es la misma, los jóvenes se declaran mayoritariamente apolíticos, la ascendencia nostálgica que Putin ejerce sobre sus conciudadanos –esa especie de ‘padrecito’, denominación común al zar presoviético– que le ha generado admiración y simpatías. Pero ya no. Se agota el modelo, se desgasta la credibilidad y pierde peso. Veremos si es capaz de remontar y mantenerse en el trono, como el dictador moderno más eficiente y perturbador.

Twitter: @LKourchenko

 

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/putin-20-anos.html

Sois la ocasión de lo mismo que culpáis

La aventura de Anaya puede convertirse en catástrofe si su candidatura no despunta

Las célebres palabras de Sor Juana Inés de la Cruz vienen que ni pintadas para describir lo que está sucediendo en el PAN. Los calderonistas, comenzando por el propio expresidente Felipe Calderón, han acusado en todos los tonos posibles al joven Ricardo Anaya, prácticamente salido de la nada, de haberse apropiado de su venerable institución.

Lo que los calderonistas no dicen es que antes ellos hicieron exactamente lo mismo. Más aún, hace 10 años el “fenómeno Anaya” nunca habría sido posible. El Partido de Acción Nacional, fundado en 1939, se caracterizó a lo largo de su historia por una vida plural y democrática a su manera, con líderes, pero sin caudillos, de contrapesos regionales y diversidad de corrientes políticas e ideológicas de corte conservador. Todo eso terminó en el sexenio que gobernó Felipe Calderón. El presidente panista convirtió a su partido en un apéndice de Los Pinos, exactamente de la misma manera en que lo hacían los mandatarios priistas. Apoyado en el poder del Ejecutivo, Calderón desmontó los liderazgos regionales, verticalizó el mando, compró voluntades, metió mano en candidaturas y designaciones para desplazar a otros líderes.

Calderón puso al PAN de rodillas, pero no alcanzó a doblegarlo del todo. Los panistas percibieron que con ese mandatario en Los Pinos habían perdido por partida doble. Perdieron autonomía, pero también terminaron perdiendo la presidencia. La humillación de la verdadera militancia ni siquiera sirvió para mantenerlos en el poder (como sí había sido el caso del PRI durante décadas). Dos años antes de que terminara el sexenio de Calderón resultaba evidente que el PRI era el favorito para retomar la presidencia. En su desencanto los panistas impidieron que el mandatario impusiera a su delfín, Ernesto Cordero, y empujaron la candidatura de Josefina Vázquez Mota. La campaña fue desastrosa y el PAN terminó en un humillante tercer lugar en las elecciones de 2012, que instaló a Peña Nieto en Los Pinos.La derrota barrió con los Calderón pero no restituyó la vida plural y de contrapesos de antaño. Las esclusas habían sido barridas. Cuando Ricardo Anaya llegó a la presidencia del partido tras algunos rebotes y en calidad de interino, el joven aprovechó el vacío de poder y las nuevas lógicas verticales para afianzarse, primero, y para deshacerse de la oposición, después.

Sin duda el joven es astuto y tiene una labia más propia de TED Talks que de la cansina y burocrática oratoria de los políticos mexicanos. Cuenta además con la tutoría de Santiago Creel, un mago de los amarres. Pero su ascenso fulminante e inesperado nunca hubiera sido posible si Calderón no hubiera dinamitado antes que él las resistencias, los baluartes, los fosos y las trincheras del edifico panista.

Me temo que esta historia no terminará muy bien. Salvo que gane la presidencia me parece que el ascenso vertiginoso de Anaya se quedará corto y, en su caso, eso equivale a un descalabro total. Con tal de quedarse con la candidatura a la presidencia del Frente, Anaya entregó cuantiosas posesiones a aliados menores. Si no consigue llegar a Los Pinos (cosa muy probable), el PAN terminará con un exiguo botín de curules y escaños porque muchos de ellos fueron entregados a “los colegas” del PRD y de Movimiento Ciudadano a cambio de que el joven pudiera estampar su nombre en la boleta electoral. Tal sacrificio del conjunto en beneficio personal habría sido en vano si pierde. Más aún, la aventura de Anaya tiene visos de convertirse en catástrofe si su candidatura no despunta y termina en tercer lugar, algo bastante probable dada la ventaja de López Obrador en las encuestas y el indudable poderío de la maquinaria que apoya a Antonio Meade, el candidato oficial.

Tras su estrepitosa derrota en 2006 el PRI se desembarazó de Roberto Madrazo, el PAN hizo lo mismo con Calderón en 2012. Algo me dice que el blanquiazul hará algo similar en 2018 con el audaz y sorprendente Anaya.

@jorgezepedap

https://elpais.com/internacional/2017/12/13/mexico/1513204465_053138.html

Lecciones de vida

Patrias

15/Diciembre/2017

Juan Villoro

Los cocineros recomiendan hornear el suflé durante un tiempo preciso y servirlo antes de que se desinfle. No se puede decir lo mismo del amor a la patria, que puede ser instantáneo o no llegar nunca. Para mí, el país ideal es como el cielo, un sitio magnífico al que no tengo prisa en acceder.
Mi padre, que nació en Barcelona, me dijo alguna vez: “No sabes el trabajo que nos ha costado ser mexicanos”. Me libré de ese esfuerzo porque no tuve otra alternativa. En cambio, mi hija Inés ha asumido varias nacionalidades. Nació en México y pasó su primera infancia en la ciudad de su abuelo. A los tres años regresó del parvulario donde aprendía a cantar y dormir la siesta y nos espetó de esta manera: “Vosotros los mexicanos sois violentos”. Nos pareció complicado defender a un país cuyo escudo nacional es un acto de depredación y nos limitamos a preguntarle si se creía española: “Los españoles también son violentos; soy catalana y nosotros no hacemos guerras”. Esta señal de adoctrinamiento alarmó a mi esposa; a mí me provocó el silencioso orgullo de los conspiradores. Corría el año de 2003 y me consideraba “independentista en cámara lenta”: soñaba con una Cataluña a la que nunca llegaría. Ignoraba que catorce años más tarde Puigdemont adelantaría ese reloj de modo irresponsable.
Regresamos a México en 2004, justo para las fiestas de septiembre. Quise comprar banderas y rehiletes tricolores, pero Margarita impidió mi fervor por la patria. Ya nuestro hijo había puesto en la pantalla de su computadora la estelada de los separatistas catalanes; no debíamos estar rodeados de más símbolos patrioteros. De nada sirvió argumentar que el nacionalismo mexicano no reivindica otra cosa que echar relajo.
Con mejor juicio que el mío, Margarita buscaba evitar que los niños pasaran por otra crisis de identidad que la descrita por Plutarco: “Nacer es llegar a un país extranjero”. Pero no tomó en cuenta la pedagogía nacional. Una mañana, Inés se enteró en su escuela de que los españoles habían venido a México a robarse el oro y matar indígenas. De no ser por la Conquista, seríamos una potencia mundial. Inés se extrañó de que el sitio donde había vivido en santa paz fuera visto como una guarida de asesinos. Aunque no era el mejor momento para asumir la identidad del enemigo, dijo: “Soy española, les pido perdón por el pasado y les juro que ya no somos así”.
Continuó sus estudios en el Liceo Francés mientras Felipe Calderón lanzaba la guerra contra el narcotráfico y México se convertía en una inmensa necrópolis. Una y otra vez hablé con los padres del colegio sobre la dificultad de transmitirles a nuestros hijos pasión por el país. Inés resumió el tema con un aforismo: “Si te fijas bien, México es bonito; pero si te fijas muy bien, no es tan bonito”.
La vida continuó su rumbo y a los dieciocho años la chica que se había considerado catalana y luego española descubrió que ningún lugar supera al intenso laberinto de la Ciudad de México. Este proceso de adaptación no se debió a la escuela ni a los padres, sino a los amigos y a la urbe misma, tumultuosa forma del milagro.
La acompañé a su más reciente rito de paso (sacar la credencial del INE) y hablamos de las futuras elecciones. Repasamos los desastres del país y lo mal que está la esperanza. De poco sirvió decirle que la primera vez que voté, en 1976, sólo había un candidato a la Presidencia. Ahora habrá más sin que eso garantice un mejor futuro. Como ya puede dar su firma por Marichuy, hablamos de la discriminación de la mujer y la sociedad patriarcal que padecemos.
Este extenso inventario de las calamidades vernáculas no mermó su gusto por tener credencial de elector y ser de aquí. Seguramente hay nacionalidades más serenas. La nuestra es un deporte extremo que permite reconocer, simultáneamente, que hacer algo “a la mexicana” es pésimo y que “como México no hay dos”.
Recordé una fábula de Eduardo Galeano. Un amigo uruguayo lo visitó en el pueblo de la costa catalana donde vivía exiliado. Pasearon por el lugar hasta que el visitante comentó: “¡Qué feo!”.
“Aquella fue la primera vez que escuché decir eso”, escribe Galeano: “Y quizá fue también la primera vez que me di cuenta de que eso era verdad. Y me dolió. Y porque me dolió descubrí que yo quería al pueblo donde vivía”.
La patria son los problemas que te importan.

 

http://www.criteriohidalgo.com/a-criterio/lecciones-de-vida

 

De Tonantzin a la Virgen de Guadalupe

El culto prehispánico en el Tepeyac

Por: Xavier Noguez

Curiosamente, los autores que escribieron en un ambiente hispano-colonial más que indígena fueron quienes recogieron interesante información en tomo al culto prehispánico en el Tepeyac y las fiestas vinculadas a éste. Se trata de tres escritores franciscanos y de una obra compuesta en el siglo XVII por un miembro del clero secular.

Además, poseemos información adicional procedente de una cartela en náhuatl y español que acompaña a una enorme pintura realizada en 1653, y un interesante documento llamado Códice de Teotenantzin donde, a través de sencillos dibujos, se describen las esculturas que existieron sobre una pared rocosa, al aire libre, en el cerro del Tepeyac.

A continuación, damos noticias sintéticas de esta información El culto prehispánico en el Tepeyac

1. Fray Bernardino de Sahagún. En el Apéndice del libro XI de su Historia general de las cosas de la Nueva España (1575-1577) y en el Kalendario mexicano latino y castellano (ca. 1585), el sabio franciscano menciona que en el Tepeyac o Tepeaquilla se adoraba a Tonantzin, la “Madre de los dioses”, “Nuestra madre”.

2. Fray Antonio de Ciudad Real. En su Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España (1585) confirma que en el Tepeyac se adoraba a Ixpuchtli o Ixpochtli, “que quiere decir virgen o doncella”.

3. Fray Juan de Torquemada. El autor de la extensa obra Monarquía indiana (1615) sobre la historia de los pueblos recientemente avasallados, cita en cuatro párrafos a Tepeyacac o Tepeaquilla como el lugar donde antiguamente se adoraba a Tonan, “que quiere decir Nuestra madre”.

4. Jacinto de la Serna. Es el escritor novohispano que nos entrega la información más detallada en tomo al antiguo culto en el Tepeyac. Vale la pena citar el texto correspondiente en su Manual de ministros de indios para el conocimiento de sus idolatrías y extirpación de ellas, escrito antes de 1661:

“En el cerro de Guadalupe, donde hoyes célebre [el] santuario de la Virgen Santísima de Guadalupe, tenían estos un ídolo de una diosa llamada Ilamatecuhtli o Cuzcamiauh, o por otro nombre, y el más ordinario que era Tonan a quien celebraban fiesta el mes llamado Tititl, diez y siete de un calendario y diez y seis de otro; y cuando van a la fiesta de la Virgen Santísima, dicen que van a la fiesta de Totlazonantzin y la intención es dirigida a los maliciosos a su diosa, y no a la Virgen Santísima o a entreambas intenciones: pensando que uno y otro se puede hacer”.

En este breve párrafo, el autor explica que la deidad femenina adorada en el Tepeyac era llamada Tonan (“Nuestra madre”) pero además se le conocía bajo los nombres de Ilamatecuhtli (“La jefa-anciana”) o Cuzcamiauh (literalmente “Espiga de maíz” o “Maíz en flor-collar”, con las variantes Cozcamiauh y Cozcamiahuatl). Además, su fiesta principal era Tititl (¿contracción?), “diez y siete de un calendario y diez y seis de otro” (del 19 de diciembre al 7 de enero, según Bernardino de Sahagún, pero también se mencionan otros periodos, por ejemplo, del 30 de diciembre al 18 de enero).

5. Pintura de la traslación de la imagen guadalupana (1653). En la cartela de esta pintura -que actualmente se exhibe en el Museo Guadalupano, ubicado en la antigua basílica de Guadalupe- se registró el término de “Tlatzoichpochtli”, la “Preciosa doncella”, diosa que en la antigüedad era adorada en el lugar donde se erigió el santuario guadalupano.

De esta manera, se identifica a Tonantzin como la principal deidad adorada en el Tepeyac antes de la conquista española. Junto con Tonantzin, se mencionan otras diosas que –con excepción de Cozcamiauh- Henry B. Nicholson ha incluido dentro de un complejo denominado Teteoinnan, conjunto de deidades asociadas primordialmente con la maternidad divina. Jacinto de la Serna es el único escritor que da el nombre de Tititl para la fiesta que se dedicaba a las deidades femeninas del Tepeyac, la cual se celebraba a fines de diciembre y principios de enero, en el periodo 1519-1520.

Ni códice ni prehispánico

6. El Códice de Teotenantzin. Lugar aparte tiene este documento asociado al guadalupanismo, que, por su estilo y origen, no debería de considerarse como un códice o manuscrito pictórico indígena. El Códice de Teotenantzin es un documento dibujado en la primera mitad del siglo XVIII sobre papel europeo por un artista entrenado en los estilos europeos, probablemente para servir de referencia pictórica a la obra que sobre la Virgen de Guadalupe proyectaba publicar el caballero Lorenzo Boturini, y en cuya colección se hallaba el original.

La denominación de la pintura, proveniente de un texto colocado en el margen inferior derecho, se refiere a la representación de una diosa supuestamente nombrada por los indígenas Teotenantzin, lo cual resulta una redundancia en náhuatl, puesto que no se puede hacer referencia al mismo tiempo a la venerable madre de alguien (te) y decir que es la Madre de dios (teo). Las alternativas correctas podrían ser Tenantzin (“La venerable madre de alguien”) o Teonantzin (“La venerable madre de dios”). Hasta donde hemos podido averiguar, fue el bachiller Miguel Sánchez (1648) el primero en utilizar este nombre, cuando se refiere a “que en el monte adoraban a un ídolo a quien llamaban la Madre de los Dioses y en su lengua Theothenantzi … “.

La importancia del documento aquí descrito -que ni es códice, ni debería intitularse “Teotenantzin”, por las razones previamente dadas- radica en ser el único testimonio gráfico ahora conocido sobre el culto a Tonantzin (y probablemente otras deidades femeninas asociadas a ella) en la zona del Tepeyac.

Xavier Noguez, “El culto prehispánico en el Tepeyac”, Arqueología Mexicana, núm. 20., pp. 50-55.

Texto completo en la edición impresa.

http://raices.com.mx/tienda/revistas-dioses-de-mesoamerica-AM020

Xavier Noguez. Profesor-investigador de El Colegio Mexiquense, dedicado al estudio y publicación de códices coloniales del centro de México. Es miembro del Comité científico-editorial de Arqueología Mexicana.

http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/de-tonantzin-la-virgen-de-guadalupe

Universalizar deberes y obligaciones

En nuestro tiempo cada cual cree merecer algo por condición innata, sin aportar nada para lograr lo que quiere

Al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1998, José Saramago expresó: “Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden. El primer deber será exigir que esos derechos sean no sólo reconocidos, sino también respetados y satisfechos. No es de esperar que los Gobiernos realicen en los próximos 50 años lo que no han hecho en estos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra y la iniciativa. Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes”. Lo que Saramago sostuvo fue la necesidad de una nueva ética. Una en la que los sujetos se alejaran de esa suerte de infantilismo a que lleva la mera exigencia de todo sin asumir nada a cambio. Ese modo de ser muy presente en nuestro tiempo, en donde cada cual cree merecerse algo o mucho por una condición prácticamente innata, sin aportar nada para lograr las condiciones de realización de lo que demanda.

Alentados por las profundas implicaciones que estas ideas pueden tener para la constitución de una ética más seria y determinante, la Universidad de México, la Fundación Saramago y la World Future Society, convocaron en 2016 un encuentro plural para presentar los que podrían ser las obligaciones y los deberes personales, empresariales, sociales y gubernamentales del futuro. El resultado fue una amplia variedad de ideas para comprometerse con uno mismo, el medio ambiente, la salud, los alimentos o la conducción de la cosa pública, por ejemplo. A lo largo del 2017 se redactó una propuesta de Carta Universal, la misma que finalmente suscribimos 15 personas de España, México y Portugal.

La iniciativa consta de una Introducción, en la cual se da cuenta del desbalance que existe entre derechos y obligaciones en los instrumentos internacionales, así como en los problemas técnicos, operativos y morales que ello implica. También se identifican los esfuerzos que se han hecho para introducir un mayor número de obligaciones en el orden internacional, y las razones por las que las mismas no alcanzaron a madurar. Finalmente, se expresan las razones por las que la incorporación de deberes es un elemento central de toda convivencia posible en los años por venir. Un preámbulo consigna de manera sintética los compromisos y las justificaciones de las obligaciones y los deberes que, finalmente, constituyen el articulado de la propuesta de declaración. En 23 artículos, se habla de la obligación de exigir los derechos, de la obligación de ejercer estos responsablemente, de no discriminar, de respetar la vida y la integridad física de los demás, de respetar la autonomía, la libertad y la vida privada de los demás, de respetar la libertad de expresión e información de los demás, de participar en la vida democrática, de educarnos, de proteger la cultura y el patrimonio cultural, de cuidar la salud propia y de los demás, de proteger la propiedad privada y social, de cuidar el ambiente, de contribuir a la buena gobernanza y de combatir la corrupción, entre otras.

La importancia de la propuesta está a la vista. Se trata de un llamado para que cada cual se coloque en situación de hacer algo por los demás y por sí mismo. Si restrinjo mi visión del mundo a la existencia de un derecho propio, supondré que lo único que me corresponde hacer es exigirlo. Si pienso que alguien más debe exigir su derecho, mi visión de las cosas se limitará, en el mejor de los casos, a desearle suerte para que lo logre. Si, por el contrario, pienso mi existencia en términos de deberes de amplio espectro y naturaleza, me veré constreñido a hacer algo por mí más allá de mi mera exigencia y algo por aquél que está tratando de procurarse un bien o evitar un mal. Esta es la idea que está detrás de la Carta. Sería deseable que muchos se adhirieran a ella hasta poder hacerla un instrumento eficaz para mejorar nuestra lastimada convivencia cotidiana.

@JRCossio

https://elpais.com/internacional/2017/12/12/america/1513117903_689807.html