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Forjemos la paz

Nuestra vida cambia

Nuestra vida cambia

 

Un hombre delgado, bajito, de cabello entrecano y rostro deteriorado por líneas de tiempo con un bronceado voluntario, camina decidido hacia mí. La situación es poco convencional. Estamos en una playa pública cerca de donde vivo en Quintana Roo. Yo sentada en un camastro con lentes y una gorra, bajo la sombra de una palapa despeinada por el tiempo y el viento. Miro el libro de Sennett entre mis manos pero algo me impide dejar de observar a través de los lentes oscuros al señor que viene hacia mí.

Nos observamos en silencio; hay algo en su presencia que no es intrusivo ni grosero. Tiene puesta una camiseta para nadar y bloquear el sol; su traje de baño parece el de un surfista, demasiado grande y colorido.

“Usted es Lydia Cacho”, me dice afirmando. Sonrío desganada. Me explica que lleva años esperando encontrarme en algún lugar del estado, porque ambos vivimos cerca, pero en diferentes pueblos. Pregunta educado si puede sentarse a mi lado, se acomoda en la pequeña mesa de madera donde está una cerveza a medio beber. Comienza a hablar como si estuviéramos preparados para una entrevista. Es sábado, pienso; quiero terminar la novela que tengo en mis manos, no trabajar. No me atrevo a decirlo y el hombre comienza a hablar.

“Mi abuelo se suicidó a los 58 años, mi padre se suicidó a los 47 años, mi tío paterno se arrancó la vida a los 30 y yo sigo vivo gracias a un niño que usted entrevistó hace 14 años”. No hay un dejo de martirio o enojo en su voz. Narra una historia que debe ser escuchada.

La entrevista que el hombre leyó hace 14 años es la de un niño abusado sexualmente y a su vez forzado por su violador a abusar de su hermana pequeña frente al adulto. Mi estómago da un vuelco; inevitable pensar que de nueva cuenta alguien en un lugar público cree que soy la cronista oficial de la pederastia infantil; una especie de procuradora cívica de justicia ilusoria. El hombre sigue hablando.

“Yo estaba a punto de quitarme la vida cuando mi esposa me trajo el periódico con su columna, luego me regaló su libro Los demonios del edén. Usted no lo sabe, pero la historia de ese niño es la historia de mi abuelo, y después de mi padre, cuyo hermano abusó de él, luego de ser abusado durante la infancia por el abuelo. Yo no quise hijos”.

La esposa no conocía la historia detrás de los suicidios; se murmuraba que eran depresivos, que tal vez el alcohol, el machismo y la severidad masculina en la familia. Cuando ella leyó la historia del niño, expresó a su marido que había sentido compasión por un chico forzado a abusar a una niña, que por primera vez pudo ver con los ojos completamente abiertos la posibilidad de que los victimarios casi siempre han sido víctimas. Eso lo incitó a leer el libro. Luego confesó todo a su esposa.

Él no abusó de nadie, pero fue abusado durante cinco años de su niñez. Aprendió todos los trucos para huir, para desvincularse del miedo, para justificar a sus agresores, para inventarse enfermedades; creció desconfiado y temeroso del amor. Bebió hasta el alcoholismo extremo del que salió hace 10 años. “Usted escribió ese libro para que yo no me matara. No lo sabe, pero es así. Yo no quería a mi abuelo y a mi padre en cárcel, los quería lejos, pero también cerca porque los amaba y necesitaba afecto”. Hablamos de cómo un niño herido puedo convertirse en un hombre destartalado. Mi amigo que estaba nadando regresó; a él no le importó seguir conversando frente a él. Después se levantó y se despidió.

Este fin de semana de 2017 un hombre me recordó por qué nuestro trabajo de narrar las verdades de niños y niñas es útil; por qué no podemos parar de explicar, de investigar y desentrañar historias desde todos los ángulos; explicar el origen del comportamiento violento. Nosotras las periodistas no estamos aquí para salvar vidas, pero sí para que la gente recuerde que su historia importa, que su vida también. Cada vez que alguien expresa algún efecto transformador de nuestro trabajo en su existencia, nuestra vida cambia también, nos recuerda que nuestras vidas están entrelazadas por la verdad o desfiguradas y alejadas por la mentira y el silencio.

https://www.maspormas.com/2017/02/21/lcacho41/

 

Miedo

JORGE RAMOS

mié 22 feb 2017, 3:52am

Miedo

D Onald Trump asusta a los niños. No estoy exagerando ni siendo amarillista. Me he pasado la semana oyendo a niños decir que tienen miedo de que el nuevo presidente deporte a sus padres de Estados Unidos. Eso puede aterrar a cualquiera.

No hay mayor miedo que el de ser separado de tus padres por la fuerza. Todos tenemos historias de horror de cuando éramos niños y, de pronto, nos perdimos en el supermercado o nos alejamos de nuestros padres en un lugar público. Bueno, desafortunadamente, muchas de esas historias se están escribiendo ahora mismo en Estados Unidos, cortesía de Donald Trump.

Dos ejemplos.

“Nadie debe sufrir el dolor de ver cómo se llevan a tu madre”, dijo en una conferencia de prensa en Phoenix Jacqueline García, de sólo 14 años de edad y nacida en Estados Unidos. “Nadie debe ser obligada a empacar la maleta de tu mamá”.

Agentes de inmigración arrestaron y deportaron a la mamá de Jacqueline, Guadalupe García, la semana pasada. Guadalupe llevaba 22 años viviendo como indocumentada en Estados Unidos. Una vez fue acusada de usar un número falso del seguro social, y esa fue una de las razones de su expulsión. Durante el gobierno de Barack Obama – que deportó a más de 2 millones y medio de indocumentados – Guadalupe nunca fue una prioridad de deportación. Con Trump, sí.

Jersey Vargas tiene miedo que le pase lo mismo que a Jacqueline. Jersey tiene 14 años de edad y nació en Estados Unidos. Pero su papá, Mario Vargas, es indocumentado. Una vez fue acusado de manejar en estado de ebriedad, y ahora corre el peligro de ser deportado. Mario está peleando su caso en una corte. Pero si lo deportan, Jacqueline y sus cinco hermanos se quedarían sin uno de sus padres.

¿Qué le dirías al presidente Trump? le pregunté a Jersey en una entrevista. Esta fue su respuesta: “Yo creo que su corazón de roca se puede ablandar … A Donald Trump yo le diría: ‘Por favor, señor, entiende que nosotros hemos sufrido. Somos humanos, y tú también. Espero que nos puedas entender y ayudar a las familias que tienen miedo y temor hoy’ “.

No sé si Trump esté escuchando a niñas como Jersey y Jacqueline. Vivo en un país donde los niños tienen que defender legalmente a sus padres (y no al revés).

La semana pasada, Trump deportó a 680 indocumentados. Según el Departamento de Seguridad Interna, el 75 % de ellos eran “criminales”. Pero este nuevo gobierno le pone la etiqueta de “criminal” a cualquiera.

“Tendremos fronteras fuertes otra vez”, dijo Trump entre los vítores de sus seguidores en un mitin el 18 de febrero en Florida. “El general Kelly, ahora secretario Kelly, está realmente haciendo el trabajo. Lo están viendo. Los pandilleros; gente mala, mala. Lo dije el Día 1. Y están saliendo, o están siendo encarcelados. Pero, en su mayor parte, que se vayan de una buena vez de aquí. Háganlos regresar a de donde vinieron”.

Esos arrestos y redadas han generado un enorme miedo en la comunidad latina. En Estados Unidos, hay 4 millones y medio de niños que tienen al menos una madre o un padre indocumentado. Imagínense cómo durmieron anoche esos niños.

Hoy, Trump es el principal destructor de familias en Estados Unidos. La culpa del miedo no es de los periodistas que reportamos sobre las redadas sino del gobierno en Washington que las ordena.

Una lectora, a la que prefiero no identificar, me envió un correo electrónico que decía lo siguiente: “Tengo dos hijos en este país hermoso. Tenemos 11 años viviendo [aquí] y nunca habíamos tenido miedo. Pero ahora sí. … Me gustaría quedarme en este país porque nosotros queremos que nuestros hijos estudien y salgan adelante. … Mi hijo quiere ser científico. … Les estamos enseñando que deben respetar a las autoridades, aunque algunos sean malos”.

No sé si el “corazón de roca” de Trump, como me lo describió Jersey, se va a ablandar con testimonios como el anterior. Todas las veces que creímos que Trump se estaba suavizando o normalizando, nos equivocamos. Y no veo cómo va a cambiar su promesa migratoria de deportar a millones.

Pero lo que más me sorprende es la confianza de los padres indocumentados y de sus hijos de que Estados Unidos, tarde o temprano, va a hacer lo correcto y los va a proteger. En otras palabras, que el esfuerzo de Trump de deportar a millones va a fracasar.

Quizá tengan razón. Esta no es la primera vez en la historia de Estados Unidos en que se ataca ferozmente a los inmigrantes. Y, al final de cuentas, el futuro de Estados Unidos es de Jersey y de Jacqueline, no de Trump.

El primer paso siempre, como me enseñaron los “Dreamers,” es superar el miedo.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1314997.miedo.html

SERGIO AGUAYO

mié 22 feb 2017, 3:52am

Clase de civismo

A Lgunas decidieron entrarle a la corrupción. La Auditoría Superior de la Federación informó sobre seis universidades públicas que desviaron tres mil 400 millones de pesos con un método sintetizado por Mariana León en El Financiero: “la universidad pública recibe un contrato millonario de parte de dependencias federales, y en vez de cumplirlo contrata a otras empresas que no existen o no realizan los trabajos”.

En el otro lado de la moneda están otras universidades públicas y privadas que, preocupadas por la crisis sistémica que vive México, apoyaron la marcha del 12 de febrero #VibraMexico. La mayoría de los analistas la calificaron de “fracaso” por la ambigüedad de la convocatoria, porque los 20 mil que participaron en la Ciudad de México no se equiparan a tal o cual concentración, o porque al haberse convocado una marchita a la misma hora, se confirmó la incapacidad congénita de los mexicanos para unirse en tiempos difíciles.

Pienso diferente. Uno de los rasgos más novedosos de esa expresión fue que 14 universidades y centros de investigación aceptaron firmar una convocatoria llamando a protestar pacíficamente por las agresiones de Estados Unidos y por lo que pasa en México. Las enumero para que aprecien la diversidad.

El Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, El Colegio de México, El Colegio de San Luis, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el Instituto Mora, el sistema del Tecnológico de Monterrey y la Universidad Panamericana, la Red de Universidades Anáhuac, la Universidad Popular Autónoma de Puebla, la Autonóma Metropolitana, de Guadalajara, Iberoamericana (CdMx y Puebla), del Valle de México y, finalmente, la Universidad Nacional Autónoma de México, que atrajo la mayoría de los reflectores.

Sus motivaciones y grados de participación fueron muy variados. Algunas sólo firmaron; otras se comprometieron tanto que sus principales directivos encabezaron los contingentes. Con la Universidad de Guadalajara caminó el rector general Tonatiuh Bravo Padilla. En la ciudad de México estuvieron el director general del CIDE Sergio López Ayllón, la presidenta de El Colegio de México Silvia Giorguli Saucedo, y el rector de la UNAM Enrique Graue Wiechers. Se ha recordado que la última vez que salió a las calles un rector de la UNAM fue hace 49 años durante el Movimiento del 1968; en los 77 años de vida de El Colegio de México -mi institución- es la primera vez que algo así sucede.

Su presencia no significa que de manera automática esas instituciones vayan a volcarse al activismo o que sus respectivas comunidades estén de acuerdo con el paso dado. Lo indudable es que fue una clase introductoria de civismo: es legítimo protestar pacíficamente para defender derechos. El hecho es que las universidades están saliendo de la torre de marfil en la que las encerraron o se atrincheraron.

Entre los ejemplos estaría el acompañamiento que hace la Universidad Autónoma del Estado de Morelos a las víctimas de la violencia (las fosas de Tetelcingo son el caso más evidente); las movilizaciones contra Javier Duarte de la Universidad Veracruzana; y el papel jugado por el CIDE y el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en la formulación del Sistema Nacional Anticorrupción.

Coincido con Mauricio Merino cuando dice, en su columna del 15 de febrero para El Universal, que las “casas de estudio tendrían que convocar de inmediato a un gran diálogo nacional para comenzar a construir respuestas sensatas a los agravios que nos asfixian. Esa es su misión principal e insustituible […] cuentan con toda la autoridad moral para tomar una iniciativa de esa naturaleza”. Ignoro sí darán ese u otros pasos, pero están dadas las condiciones para que las universidades tengan una mayor participación en asuntos de interés general. La profundidad de nuestra crisis sistémica está multiplicando los esfuerzos por regenerar una vida pública monopolizada (y pervertida) por los partidos políticos.

La marcha del 12 de febrero no fue un fracaso. Fue un ensayo, una búsqueda de quienes, cansados de ser objetos, buscan convertirse en los sujetos que restañan las heridas de un país maltratado.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1314993.clase-de-civismo.html

 

Relevante disculpa pública a Jacinta, Alberta y Teresa

La disculpa pública de la PGR a estas tres indígenas hñáhñú es relevante porque se trata del primer evento de esta naturaleza en acatamiento a una sentencia emitida por tribunales nacionales, y porque el diseño del acto ha puesto en el centro su dignidad como víctimas.

FONDEA el periodismo independiente

Centro Prodh

 

El próximo 21 de febrero de 2016, en el Museo de Antropología, ocurrirá un evento inédito: Jacinta Francisco, Teresa González y Alberta Alcántara -mujeres indígenas hñáhñú (otomíes) de Querétaro- recibirán las disculpas de la Procuraduría General de la República, la misma institución que hace más de una década las acusó de un delito que no cometieron. Las tres mujeres indígenas, cabe recordar, fueron responsabilizadas sin pruebas de haber secuestrado a 6 policías de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), en un proceso repleto de irregularidades. Y aunque recuperaron su libertad hace siete años, no dejaron de luchar desde entonces por el reconocimiento de su inocencia; este martes, finalmente, cosecharán el fruto de su persistente lucha.

La realización del acto de reconocimiento de inocencia y disculpa pública adquiere especial relevancia no solamente porque se trata del primer evento de esta naturaleza en acatamiento a una sentencia emitida por tribunales nacionales -actos pasados han sido ordenados por organismos internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, CorIDH- sino porque el mismo diseño del acto ha puesto en el centro su dignidad como víctimas.

El acto de reconocimiento es un triunfo de las tres mujeres indígenas, que no sólo recuperaron su libertad tras ser injustamente acusadas, sino que también siguieron exigiendo que el Estado reconociera su inocencia. Lo demandaron no a una persona o funcionario en lo individual, sino a la institución que les agravió.

La experiencia internacional y nacional enseña que cuando los actos de asunción de responsabilidad estatal comprenden tanto la disculpa pública como el reconocimiento de la inocencia, pueden tener un enorme poder de reparación frente a quienes sufrieron una injusticia. En estos actos, la identidad de las personas agraviadas es reivindicada formalmente en el espacio público: se dignifica a las víctimas, se acepta la responsabilidad por acción u omisión de quien debió protegerlas y se les piden disculpas.

Para el caso específico de Jacinta, Alberta y Teresa es necesario tener en cuenta que las mujeres indígenas enfrentan vulnerabilidades adicionales frente a las violaciones a derechos humanos. Las barreras que les impiden acceder a la justicia son múltiples, comenzando por la lingüística, lo que hace que muy pocas veces se llegue a la sanción, reparación del daño y mucho menos al reconocimiento de su inocencia.

A esto agregamos que los impactos asociados al encarcelamiento injusto -como la interrupción de su proyecto de vida y la estigmatización al ser señaladas como criminales- son todavía más graves dada la profunda importancia de los lazos comunitarios para los pueblos originarios. Así, la estigmatización producto de las falsas acusaciones genera una afectación diferenciada al ser tan fundamental la pertenencia de las personas a su pueblo. Igualmente, en estas situaciones también se generan afectaciones particulares asociadas a la discriminación por razón de género, presente siempre en el largo caminar de las mujeres por las instancias de justicia mexicanas. En México, la cárcel lastima diferente si se es mujer.

Por eso, en casos como el de Jacinta, Alberta y Teresa reviste una importancia aún mayor el que la reparación del daño no solamente comprenda la indemnización pecuniaria o el procesamiento de los responsables, siendo fundamental que incluya medidas de justicia restaurativa donde la voz de las víctimas sea escuchada.

Si se lleva a cabo dignamente y si posibilita la participación de las mujeres, este acto de disculpas y reconocimiento de inocencia podrá contribuir a reparar el daño moral, por mucho el más importante causado a estas mujeres. Esa es su expectativa: una esperanza noble a cuya altura debe ajustarse la actuación ese día de la Procuraduría.

A más de diez años de su encarcelamiento injusto, las tres hñähñú no han cejado en su empeño de que se reconozca pública y formalmente la injusticia cometida en su contra. Ha sido este empeño el que ha llevado a que el acto de este martes pueda ser reparador, al estar diseñado en acuerdo con ellas, asegurando que sean el centro del evento y que las intervenciones de los funcionarios de primer nivel participantes giren en torno a esta premisa. En un país donde las víctimas y los agravios son sin duda innumerables, será también un reto que las y los asistentes se sientan invitados a hacer una pausa en sus propias exigencias, para contribuir a que se afiance la centralidad de las tres queretanas y para generar el entorno de solemnidad en que las disculpas pueden significar algo más que palabras.

En este sentido, los mensajes en el acto sobre la trascendencia social del evento serán fundamentales. Las tres mujeres han llevado adelante esta lucha no solamente por su propia dignidad, sino buscando sentar un precedente para otras víctimas. La experiencia en América Latina muestra también que los actos de reconocimiento de responsabilidad constituyen ocasiones únicas y de enorme valor simbólico para difundir en la sociedad mensajes de rechazo a la arbitrariedad y el abuso; mensajes que afiancen la cultura de respeto a los derechos humanos, hoy tan vilipendiada.

Jacinta, Teresa y Alberta han demostrado que es posible revertir las injusticias y lograr, desde su humilde y digno lugar, que el Estado por fin reconozca el daño causado. La fecha y el lugar del acto están señalados; resta observar -y anhelar- si el martes acontece algo parecido a la justicia.

 

@CentroProdh

 

http://www.animalpolitico.com/blogueros-la-lucha-cotidiana-de-los-derechos-humanos/2017/02/17/relevante-la-disculpa-publica-jacinta-alberta-teresa/

Jesús Silva-Herzog Márquez

Fugas

Nos dedicamos a la fuga. Nuestra historia reciente parece un relevo de huidas. Encontrarle a cada problema una evasión. Volteamos la cabeza para no ver lo que tenemos frente a nosotros. Inventamos palabras para no nombrar la realidad. Nos engañamos con proezas falsas para evadir la tareas ordinarias. Si hoy constatamos nuestra debilidad es porque llevamos décadas de cerrando los ojos, posponiendo lo inaplazable, escabullendo lo elemental.

Estos días se publicó un artículo en el New York Times sobre el agua en la ciudad de México. El reportaje se inscribe en una serie sobre el cambio climático y el desafío de las grandes ciudades en el mundo. No hay buenas noticias: la capital mexicana está al borde del desastre. El líquido escasea, la ciudad se hunde. Regala el agua a los más ricos y cobra fortunas por ella a los más pobres. Mientras el planeta se calienta, una catástrofe urbana se gesta bajo nuestro suelo. Torpe trabajo el del diario neoyorquino porque Michael Kimmelman, el reportero, no se percató que la ciudad de México se ha refundado. Es otra porque ya tiene constitución. Se nos dice que es ejemplar y modernísima. Que es el resumen de nuestras ilusiones, una brújula para orientar el paso y, además, un espejo en el que se contempla la república misma. Se nos dice que es el certificado de una nueva ciudad. No quisiera gastar más tinta en la crítica a la constitución capitalina. Hoy, a unos días de promulgada, ya nadie habla de ella. En lo que quisiera detenerme es en el acto legislativo como una forma de la evasión. Dictar leyes como una puesta en escena: hacer de la política, teatro. No hacer, decir que se hace. Y en ese decir, esconder que se hace poco.

Las últimas décadas han sido décadas de obsesión legislativa. Hemos llegado a identificar el éxito o el fracaso de los gobiernos con su capacidad para reformar las leyes. Hemos convertido al congreso en el certificado de eficacia gubernativa. La reforma de las reglas aparece como el único trofeo de la política. Verlo así es una confusión grave. Lo es porque desplaza la responsabilidad de gobernar al ámbito de la deliberación y del control. Porque desmerece el necesario antagonismo entre poderes. Es una trampa también porque la ley entre nosotros suele ser elusión. Legislar para escapar de los enredos de la gestión, del proyecto concreto o el remedio práctico y entretenerse en los vericuetos de la norma.

En el otro extremo de la acción política puede haber fuga también. Pienso en los actos de fuerza igualmente como actos que conducen a una huida frente a la complejidad. Arrebatos que generan un efecto político inmediato sin mejorar las capacidades del Estado. Pienso en concreto en el llamado de Felipe Calderón a la guerra, esa guerra que ha continuado el gobierno actual. La declaración de hace diez años no puede ser interpretada como una determinación afrontó el desafío con visión de Estado. Con su sangrienta secuela, aquella declaratoria fue otra forma de la evasión, una fuga de consecuencias funestas. Por supuesto, el presidente panista encaró la violencia. Pero al hacerlo evadió la tarea esencial: fortalecer las capacidades del Estado. La crisis de la violencia no condujo a la fortificación del estado de derecho sino a una expansión militar. El ejército mismo aborrece una misión que no le corresponde. El resultado es inocultable: más violencia y menos derechos, más sangre y menos ley. Tras una década no estamos siquiera en camino de acercarnos al orden con libertades. ¿Se puede negar que la verdadera tarea se pospuso? La emergencia no dio paso a una estrategia de Estado, sino una fuga de efectos dramáticos. La apuesta militar postergó, por enésima vez, la edificación de la ley.

Pensaba Ortega y Gasset que la política era el conjunto de problemas que se nos imponen y que no es posible eludir. Será que por acá no hay política, hay teatro. Teatros de saliva y de sangre.

http://www.reforma.com/blogs/

Silvaherzog/

Twitter: @jshm00

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/719683.fugas.html

 

 

Denise Dresser

lun 20 feb 2017, 4:11am

 

Preguntas civiles

Preguntas para el general Salvador Cienfuegos y los proponentes de la Ley de Seguridad Interior:

1) Si en realidad el Ejército quiere regresar a los cuarteles como se ha insistido, ¿por qué las iniciativas de ley propuestas por el PAN y el PRI no incorporan un retorno calendarizado con fechas específicas?

2) ¿Cómo responden al cúmulo de cifras y datos recientes sobre la “guerra” de los últimos diez años, que revelan causalidad entre operativos conjuntos y el aumento de la violencia en los lugares donde ocurren?

3) ¿Cómo responden a la evidencia en estudios hechos por el CIDE y el Instituto Belisario Domínguez, que resaltan la intensificación de la violencia desde que el Ejército salió a las calles ordenado por Felipe Calderón?

4) ¿Cómo explican que los índices de letalidad en México están fuera de toda norma?

5) ¿Por qué en los operativos en los que participa la Sedena, la letalidad producida por los enfrentamientos es mayor?

6) ¿Cómo explican que en 37 % de los casos de los enfrentamientos entre civiles y militares, la letalidad es “perfecta”, o sea no hay un solo herido, sino todos los adversarios, o denominados “sicarios” acaban muertos?

7) Si hoy ninguna autoridad investiga o rinde cuentas sobre estos operativos, ¿por qué las iniciativas de ley presentadas no contemplan estos mecanismos democráticos básicos?

8) ¿Cómo justifican en el caso de Tepic el despliegue de un helicóptero artillado en una zona residencial? ¿No es un uso desproporcionado de la fuerza recurrir a una nave con armas que hacen 2000 a 4000 disparos por minuto? ¿Por qué el secretario de la Marina afirma que los disparos duraron sólo 6-7 segundos cuando el video disponible demuestra que no es así? ¿Por qué no muestran las armas que los presuntos sicarios portaban? Al declarar “sicarios” y “criminales” a todos los muertos en el operativo, ¿no está la Marina abrogándose tareas que le tocan a los tribunales?

9) Si el operativo en Tepic fue producto de una labor de “inteligencia”, ¿por qué no confrontar a los presuntos culpables en una zona de menor riesgo para la población?

10) Aunque califican el operativo de “exitoso”, ¿cómo aseguran que no volverá a ocurrir lo que ha ocurrido durante la última década? ¿Cómo evitar que el descabezamiento de un cártel no lleve a más violencia, producto de la disputa por la plaza?

11) ¿Creen que con darle cobertura constitucional a las Fuerzas Armadas para que operen de manera indefinida mejorará la seguridad en el país o es solo un pretexto para hacer legal lo que actualmente hacen de manera extra-legal?

12) ¿Por qué se centran en darle más poder y margen de maniobra al Ejército en vez de darle más capacitación, entrenamiento y presupuesto a la Policía?

13) Si todos repiten que la prioridad es eventualmente ceder la protección de civiles a la Policía, ¿por qué la Ley de Seguridad Interior propuesta no toca el tema de cómo fortalecerla, limpiarla, entrenarla? ¿Por qué no se contemplan vías para que las Fuerzas Armadas sean accesorias a las fuerzas civiles y no al revés?

14) ¿Por qué el Ejército chantajea y amenaza con regresar de inmediato a los cuarteles si no recibe su ley a modo, cuando nadie está pidiendo su retiro inmediato sino gradual?

15) ¿Cómo justifican el proceso legislativo tan opaco y tan atropellado al que se ha recurrido para sacar adelante esta ley? ¿Cómo explican la participación intensa del llamado “senador 129” o el “diputado 501”, el consejero jurídico del Presidente, Humberto Castillejos?

16) ¿No demuestra su apresuramiento en aprobar la Ley de Seguridad Interior la gran ceguera y las múltiples complicidades que esta “guerra” mal librada contra las drogas está creando?

17) Si lo que han hecho para combatir la inseguridad no ha funcionado en diez años, ¿por qué legalizar una estrategia fallida? ¿Será que buscan protección política y no protección ciudadana?

18) ¿No están lucrando con la desesperación de la ciudadanía ante el panorama de creciente inseguridad para sacar una ley inconstitucional? ¿Para lavarse la cara cuando la historia y los tribunales internacionales y las víctimas los confronten más adelante?

19) ¿Cómo van a explicarle a la población que de manera sorpresiva, apresurada y sin la deliberación que el tema se merece, van a convertir la militarización en política pública?

20) Parafraseando a Einstein, ¿no es una locura seguir con la misma estrategia y esperar resultados distintos?

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/719685.preguntas-civiles.html

 

Siete segundos para morir

 

Raymundo Riva Palacio

El jueves pasado, unidades de élite de la Marina respondieron indirectamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien le había dicho al presidente Enrique Peña Nieto que las Fuerzas Armadas de su país no tenían ni la capacidad ni el valor para enfrentar a los cárteles de la droga. En un operativo en Tepic para neutralizar al jefe de plaza en Nayarit y el norte de Jalisco del cártel de los hermanos Beltrán Leyva, los comandos se enfrentaron varias horas con los criminales, que dejaron un saldo de 13 narcotraficantes muertos, contra ningún marino. De todo ese tiempo de refriega en barrios residenciales y en la cercanía del aeropuerto en la capital nayarita, lo que circuló profusamente en las redes sociales y los medios de comunicación, fue un video de siete segundos de duración, donde desde un helicóptero ruso de la Marina dispararon una Barrett con balas trazadoras –que son modificadas para que una carga pirotécnica en su base permita que arda y se pueda ver su trayectoria en la noche– de 50 milímetros.

El operativo fue quirúrgico, eficaz, con notoria capacidad de fuego y sin importar que hubiera daños colaterales. Abatieron al jefe de la plaza, Juan Francisco Patrón Sánchez, apodado El H2, y a toda su guardia pretoriana. Pero tras el asombro por el impresionante operativo, surgieron las denuncias de abuso de fuerza y las versiones de que en la acción habían muerto menores. El secretario de la Marina, almirante Vidal Soberón, fue obligado por la opinión pública a dar la cara, y afirmó que no participó ningún menor en el operativo, ni se abatió a ninguno de ellos. El almirante explicó ante la prensa lo que, según su información, sucedió:

“Los 15 efectivos que llegaron al domicilio fueron recibidos con fuego real, aunque se insistió desde que llegamos, (y) se estuvo insistiendo durante toda la operación, que era la Secretaría de Marina y que pedíamos su rendición. Jamás se rindieron. En una casa de tres pisos y exactamente en lo alto de la azotea, ellos tenían una posición muy favorable desde la cual estaban disparando a nuestro personal y tenían una vista de 360 grados. Al ver esto se pidió el apoyo de un helicóptero artillado, el cual hizo fuego por un tiempo no mayor a siete segundos, con el único objetivo de que se retiraran de la azotea, cosa que se logró, ya mi personal no estaba resistiendo la cantidad de fuego de precisión que estaban efectuando ellos”.

El almirante Soberón se quejó de que sólo se estaban viendo esos siete segundos letales y no toda la acción que duró varias horas. En todo caso, de sus propias declaraciones se puede argumentar que mintió y que sus comandos sí hicieron uso excesivo de su fuerza letal, en violación de la ley. El almirante Soberón dijo que se disparó desde el helicóptero a una azotea, pero en el video se aprecia que las balas trazadoras fueron dirigidas al frente de una casa, a la cual le provocaron daños en su base y paredes. El helicóptero realizó acciones aéreas lentas mientras enfocaba su objetivo, pese a lo que nunca fue alcanzado por ningún proyectil. La versión oficial es que les dispararon desde tierra, pero nunca alcanzaron a la nave.

Las Fuerzas Armadas mexicanas disponen de un Manual del Uso de la Fuerza, en cuya regulación, publicada el 22 de mayo de 2014, establece su legitimidad bajo los principios de oportunidad, proporcionalidad, racionalidad y legalidad. La proporcionalidad, como se especifica en el capítulo 3, “se utiliza en la magnitud, intensidad y duración necesarias para lograr el control de la situación, atendiendo al nivel de resistencia o de agresión que se enfrente; se refiere a la relación entre la amenaza al bien jurídico tutelado del personal o de la población civil ajena a los hechos, y el nivel de fuerza utilizada para neutralizarla”.

En el operativo en Nayarit no hay forma de justificar la proporcionalidad establecida por la ley. El índice de letalidad fue de 12 muertos, lo que sugiere que se utilizó mucha mayor fuerza de la que se necesitaba.

Estos datos no son anormales para la Marina, cuyo índice de letalidad rompe todas las convenciones, inclusive supera al Ejército y a la Policía Federal, que rebasan las proporciones de muertos y heridos establecidos por la ley. Sólo como referencia, un estudio de la Cruz Roja Internacional de las guerras desde finales de los 70 encontró una proporción de cuatro heridos por cada persona muerta. En México, según un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el Ejército mata a ocho enemigos por cada uno que hiere, mientras que la Marina mata a 30 agresores por cada uno que hiere, que es un radio similar al resultado en Tepic, el jueves.

La Marina tiene fama de alta eficiencia en sus operativos, mediante un alto grado de inteligencia y capacidad táctica. Pero también tiene fama de letal. Tres de los grandes capos del narcotráfico, Arturo Beltrán Leyva, jefe del cártel familiar que lleva su nombre; Heriberto Lazcano, jefe de Los Zetas, y Ezequiel Cárdenas Guillén, jefe del Cártel del Golfo, murieron abatidos por comandos de la Marina en operativos similares al de Tepic, donde no hubo detenidos, sólo muertos. La Marina es temible, como demostró Édgar Valdez, La Barbie, quien cuando fue detenido por la Policía Federal tenía una amplia sonrisa. Cuando le preguntaron por qué se reía, respondió: “Estoy vivo, no me capturó la Marina”.

Twitter: @rivapa

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/siete-segundos-para-morir.html