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Forjemos la paz

A bloquear las armas

A bloquear las armas

http://www.proceso.com.mx/475732/a-bloquear-las-armas

Jesús Silva-Herzog Márquez

Nacionalismo autoritario

La brújula del mundo ha sido trastocada por la victoria de Donald Trump. Estados Unidos es hoy, abiertamente, promotora del polo autoritario. De ser el abanderado del cosmopolitismo liberal, se ha convertido en defensor del nacionalismo autoritario. De la mano de Putin, imagina una nuevo mando. Un gobierno impetuoso y arrebatado, dispuesto a fomentar el odio y cultivar identidades excluyentes, un gobierno que aspira a comunicarse directamente con el pueblo mientras hostiga a la prensa y a los jueces.

El discurso de Trump toca constantemente una herida nacional. Para su cuento es importante decir que el país ha sido humillado por el mundo. Somos la burla del orbe, dijo mil veces durante su campaña. En su cabeza todo el mundo se ríe de los Estados Unidos. ¿Cuándo fue la última vez que ganamos una guerra?, preguntaba recientemente con la clara ilusión de festejar pronto la derrota espectacular de algún enemigo. El autoritarismo nacionalista incuba en el resentimiento. De ahí, seguramente, la intensidad de su convocatoria. A la política corresponde cobrárselas por las viejas humillaciones. Es el discurso de un orgullo lastimado que, finalmente, puede hacer justicia. La nación de la que habla Trump no es una sociedad unida en el respeto a las leyes, es una comunidad de cultura, una idea de Dios, una imagen del cuerpo. El nacionalismo de Trump es una fábula que argumenta el rechazo del extraño. Occidente contra Oriente; el norte contra el sur, los blancos contra los oscuros, cristianismo contra el islam.

El odio ocupa un nuevo lugar en la vida pública. La política la ha sacado de su escondite y la ha puesto en el centro. Lo que antes se consideraba una aberración en los márgenes, es ahora normal y permisible. Odiar al otro es una saludable búsqueda de regeneración colectiva. Buscar su expulsión es prevenir la infección de los malignos. El cambio es fundamental en el ecosistema autoritario: hay que aborrecer activamente al otro, hay denunciarlo como la gangrena que amenaza la salud del cuerpo nacional. Cuando el poder esgrime el discurso del odio, se cuela por todos los rincones. El color de la piel, las palabras que se pronuncian en la escuela, la vestimenta que se usa en la calle puede servir para la agresión de quienes se creen propietarios de una nación. Odio y miedo: las emociones que sostienen el nuevo régimen.

La pretensión es desinfectar culturalmente a los Estados Unidos. El autoritarismo trumpiano invoca una nación acosada desde dentro. No hay nación sin fronteras, ha dicho para justificar su muralla. Lo que dice sin decir es que no hay nación con culturas. Para quien siente su identidad amenazada, la pluralidad de pertenencias es la muerte de la nación. El español le parece un peligro, el islam, una ideología antiamericana más que una fe. La grandeza perdida que Donald Trump pretende recuperar no es otra cosa que una homogeneidad culturalmente excluyente. Por eso el gobierno de los Estados Unidos ve a los migrantes del sur como delincuentes. La criminalización no está ya, solamente, en el discurso sino también en el decreto. Sin papeles que justifiquen legalmente su presencia, el migrante del sur es un criminal que merece la expulsión inmediata. El otro no es un sujeto de derechos, es un tumor que ha de ser extirpado.

El fascismo ofrece una mentira sistemática. Ante el caos de la realidad, ante la complejidad de los hechos, ante la sorpresa de los eventos, sostiene un discurso único e inflexible: la conspiración. Los malvados conjuran para evitar el triunfo del Pueblo. El populista es incapaz de sorprenderse: si todo lo sabe es porque todo se explica como una lucha entre el Pueblo verdadero y sus explotadores. Si un diario me critica, dice Trump, arremedando las peores tradiciones latinoamericanas, no es mi enemigo, es enemigo del Pueblo. Para que el cuento del complot funcione, el populista ha de colocarse siempre como víctima. Aún triunfante, debe lamentarse de algún atropello.

Esa ciudad en la montaña que aparece constantemente en la retórica de la república norteamericana como alusión a un faro que habría de iluminar al planeta es hoy el faro del neofascismo.

http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

Twitter: @jshm00

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/721275.nacionalismo-autoritario.html

 

 

Denise Dresser

lun 27 feb 2017, 4:11am

 

#AhoraONunca

Nadie puede estar en desacuerdo con el diagnóstico actual sobre el país. Impunidad y corrupción. Desigualdad y pobreza. Exclusión e inseguridad. Nadie puede disputar que esta coyuntura crítica exige alternativas distintas a las que hemos promovido, soluciones diferentes a las que hemos planteado, liderazgos extra-partidistas por fuera de las opciones que hasta ahora existen. A lo largo del espectro político, la clase política se pinta sola, a diario. Hela ahí: desgastada, cansada, reiterativa, pequeña. El PRI cuarteado por la corrupción; el PAN desfondado por la división; el PRD encogido por el oportunismo. Y para muchos, Morena se ha vuelto la opción por default. Porque a AMLO ya “le toca”. Porque es el único “antisistémico”. Porque sólo con él habrá una rebelión en la granja, mientras los demás se dedican a saquearla.

Y el argumento es comprensible, dada la trayectoria de quienes ya han pasado por la Presidencia, paralizándola o manchándola o usándola para pelear guerras futiles. El problema es que para muchos mexicanos, las soluciones lopezobradoristas no convencen. No entusiasman. No tienen resonancia entre electores independientes e indecisos cuyos números crecen. Ya sea por la puerilidad de sus propuestas o ánimo persecutorio de sus seguidores o la virulencia de sus apóstoles o la trayectoria cuestionable de los beneficiarios de la “amnistía anticipada” que lo rodean. Es indudable que en las filas de Morena militan mexicanos valiosos y que a AMLO lo apoyan ciudadanos honrosos. Pero a pesar de ello, el lopezobradorismo/morenismo sigue sin ser la preferencia potencialmente detonadora de un cambio sustantivo, de un arrastre multiclasista, multigeneracional, plural. AMLO sigue atorado con un tercio del electorado. No más.

Porque para 60 por ciento que aún no sabe por quien votar, representa más de lo mismo. Más de una clase política que secuestra la representación popular, mimetiza el pillaje del PRI, se rota en el poder, cambiando de nombre pero no de prácticas. Más de liderazgos que huelen a viejo, rodeados de impresentables, sin nada nuevo que ofrecer o decir. Más de pactos de impunidad al que todos se han sumado, en mayor o menor medida. Para ellos, nosotros, las opciones actuales resultan insuficientes. Por su conservadurismo social o su primitivismo político o su ADN autoritario. Pedir unidad incuestionable detrás de una u otra alternativa partidista actual entraña no comprender la podredumbre de un sistema caduco. Un sistema con incentivos tales que si la Madre Teresa de Calcuta fuera electa, ella o sus seguidores acabarían con Casas Blancas o Grupos Higa. Quienes han transitado por el pacto de impunidad que padecemos no podrán romperlo porque han contribuido a su perpetuación.

Por ello la búsqueda de plataformas construidas a partir no de obediencia sino de exigencia, no de lealtad incondicional sino de comportamiento plural. Por ello el llamado de personas libres, independientes, pensantes, en busca de un modelo capaz de sacudir a los partidos, sacarlos de su autocomplacencia corrupta, de su distanciamiento con la gente. #AhoraONunca plantea irrumpir en las boletas electorales de 2018 con candidatos que no estén dispuestos a formar parte del pacto de impunidad. Los cansados de las fórmulas convencionales de hacer política. Los que -como Pedro Kumamoto- con pocos recursos y mucha imaginación están colocando en la agenda temas que los partidos no quieren tocar. Y hay tantos: la reducción en el financiamiento público a los partidos y su vinculación al voto y no al padrón; una fiscalía general que sirva; un Sistema Nacional Anticorrupción diseñado para investigar y no para tapar; el fuero y cómo se usa para proteger las trapacerías de tantos; el fin de una guerra mal librada e injustificable.

No se trata de pedir votos o confianza u ofrecer liderazgos providenciales. Se trata de organizarnos. Se trata de presentar diversas candidaturas a la Presidencia, al Congreso, a puestos desde donde se pueda innovar, proponer, pensar en políticas públicas y no solo vivir del erario. Se trata de incluir y tender manos y darle representación a quienes hoy no se sienten representados; dos terceras partes del electorado. Políticamente huérfanos. Políticamente sin casa, sin techo. Políticamente cansados de la simulación de unos y el mesianismo moral de otros. Para ellos, para nosotros, es ahora.

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/721271.ahoraonunca.html

 

Merezco abundancia

Merezco abundancia

La ‘telenovela’ del gobernador prófugo mexicano Javier Duarte ofrece un nuevo episodio

A México le ha salido muy caro acomodar en el trono de Primera Dama a una otrora diva de telenovela, porque así como todos los países tienen sus negras tramas de corrupción y sus anquilosados guiones en el arte del despilfarro, lo de México parece realmente una más de las más mediocres telenovelas. Sucede que hace tiempo estas cartas se burlaban abiertamente de Javier Duarte, un truhán descarado, a la sazón gobernador del estado de Veracruz, que se llenaba las fauces declarando que intentaba emular a Francisco Franco (quizá por la ridícula voz tipluda con la que aseguraba honestidad y crecimiento para el desgarrado estado al que llegó como gobernante). Pasaron los años y el cerdito se dio a la fuga, a pocos días de concluir su mandato, dejando un desfalco histórico, un robo mayúsculo e inaudito que – sumado a lo que han robado otros cinco gobernadores prófugos de la justicia en el México mancillado del presidente Peña Nieto—abollaron nada menos que el Producto Interno Bruto y redefinieron la guinda megalomaníaca en la historia universal de la infamia.

Al huir hacia el limbo increíble donde se supone nadie sabe dónde está, el cerdo Duarte dejó una estela siniestra en el estercolero: se revelaron las cantidades de sus hurtos, los millonarios desvíos de fondos públicos y también huellas que rayan en el terror, como por ejemplo, la evidencia de que a niños enfermos de cáncer se les suministró agua destilada directo en vena como descarado placebo mientras la quimioterapia que les correspondía se vendió en el mercado negro y otro ejemplo, la larga nómina de periodistas secuestrados y asesinados durante su gubernatura donde el osito que se creía Franco pretendía consagrarse como Caudillo entre palmeras. Al huir, también apareció el simpático pasaporte falso donde el nefando personaje quería llamarse “Alex” y portar un bigotito de cantante de boleros para una posteridad incógnita donde no le alcanzaría la vida ni a él ni a seis generaciones de lechones descendientes para gastarse ni la mitad de lo robado.

Lo que subraya el tinte de telenovela de toda esta historia de corrupción es el reciente descubrimiento de una bodega en la ciudad de Córdoba, Veracruz, en la que el oprobioso matrimonio de Javier Duarte y su esposita Karime Macías tuvieron a bien guardar para la posteridad (y para la minuciosa investigación de sus cerdadas) no pocas libretas de Mont Blanc (con delicada caligrafía de niña rica y pésima ortografía, but of course), cuadros babilónicos de inmensas fotografías de ellos mismos (vomitivas imágenes del peor gusto), vajillas, trofeos y un patético etcétera. El tesoro está en las libretas, donde la mensita Karime Macías tuvo a bien apuntar detalladamente la planimetría de las cuentas bancarias, la red de prestanombres y la fluidez del descarado robo con el que ordeñaban las arcas del estado de Veracruz consuetudinariamente, y además, un conmovedor esquema donde la damita se escribía a sí misma las instrucciones para ser una buena “First Lady”, así en inglés, como si nada.

La babosita se aleccionaba a sí misma en tener que “estar linda”, “estar informada” y en procurar realizar “comidas en casa”; para las actividades que le correspondían al frente de la oficina del Desarrollo Integral de la Familia (DIF), la gran Karime se escribió el recado de que allí tendría que “relacionarse con señoras”, pero subrayaba la urgencia de que al DIF había que “exprimirlo”. En no pocos renglones alinea los números de las cuentas bancarias (se conoce que algunas de ellas con intensa actividad en España) y el arcangélico alivio de un prestanombres para la operación de la ancha y amplia red de complicidades que se tejían como brazos de pulpo desde el corazón compartido del gobernador Duarte y su simpática babosita.

Por encima de toda la ira que transpira el tema, la rabia recurrente y el desesperado hartazgo ante una más de las muchas violaciones no sólo al estado de derecho, sino al sentido común… por encima de que México efectivamente sigue tan lejos de Dios y más cerca que nunca de Trump… además de sentirse la mullida y sumisa postura incongruente del gobierno y sin poder aliviar la adrenalina rencorosa de saber que tanto ratero anda impune por el mundo, como un Alex de bigotito sexy… lo que me tiene verdaderamente hipnotizado es el cuaderno encontrado en la bodega de Córdoba donde la ex “First Lady” escribe planas enteras, página tras página, con caligrafía de colegio de monjas, “Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia….”.

Escribe el Si sin acento, con lo cual podría interpretarse que la frase está condicionada o condicionando una acción: “Si merezco abundancia, tengo derecho a robar lo que no sea mío”, pero como dudamos del sortilegio, lo más seguro es que la tontita olvidó el acento y su hipnótico ejercicio, el diario afán por hacer unas planas con la frase le servían como mantra reconfortante y alivio de conciencia. Escribir a diario “Sí merezco abundancia” en planas interminables ha de producir una especie de caparazón y salvoconducto; fuera culpas y de allí que en la bodega de Córdoba también tuvieran sillas de ruedas, útiles escolares e incluso despensas que la pareja en el poder robaba abiertamente al no distribuir en hospitales, escuelas y asilos para así poder venderlos por otro lado, con la conciencia magnetizada a la frase mágica “Sí merezco abundancia”.

En el dintel de la puerta de la casa de Lope de Vega en Madrid, el “Fénix de los ingenios” mandó tallar la frase Parva Propia Magna/ Magna Aliena Parva que más o menos podría traducirse como “Lo pequeño siendo propio, es grande/ Lo grande, siendo ajeno, es pequeño”… un axioma que en su infinita estulticia e irremediable estupidez jamás comprenderán Javier el Alex Duarte y su mimosa tontita Karime Macías, pareja telenovelera de la pantalla verídica del horror y patética podredumbre en la que han sumido a México los paladines del descaro, sultanes sumisos ante la piel anaranjada y no más que imbéciles impunes cuya supuesta grandeza no es más que un minúsculo microbio.

blogs.elpais.com/café-de-madrid/

La democracia de los ‘coyotes’

Juan Villoro

24 de febrero 2017

06:41

En 1974 cumplí 18 años y me afilié al Partido Mexicano de los Trabajadores, movimiento de masas con menos de mil miembros. Aunque algún escéptico propuso que adoptáramos el lema “pocos pero sectarios”, nos parecía magnífico empezar así, pues sólo podíamos mejorar.

El PMT se propuso construir una izquierda abierta a la autocrítica, capaz de prefigurar en su seno la sociedad por venir. En otras palabras: nuestras asambleas eran larguísimas. Cualquiera podía rebatir a los principales líderes, que se habían conocido como presos políticos en la cárcel de Lecumberri: el ingeniero Heberto Castillo y el ferrocarrilero Demetrio Vallejo.

En aquel ambiente renovador, participé en el periódico mural PiMienTo, “La salsa de todos los comités”. Imprimíamos en una sola tinta, con la técnica de los dazibaos maoístas, y mandábamos los ejemplares por correo, esperando que fueran colocados en las paredes de nuestros exiguos comités de base. Pretendíamos combinar la cultura con la política y desterrar el “narcisismo de autor” (ningún texto iba firmado). En el primer número, publicamos un poema gráfico de José Juan Tablada, donde las palabras trazaban la silueta de un pájaro, una reseña de la película El último tango en París y un perfil de Ray Bradbury. Este último texto alarmó a Vallejo. Lo invitamos a comer cabrito y ante los huesos de la espaldilla, dijo: “Compañeritos, ¿qué tienen que ver los marcianos con la revolución?”. Nos alentó a seguir, aconsejando que nos ocupáramos de asuntos de la Tierra.

Hubo un tiempo lejano en que la principal causa de un partido era existir. Reuníamos firmas de simpatizantes en los mítines y los visitábamos en sus casas para que se registraran formalmente. Con frecuencia, el entusiasmo que mostraban en la calle se convertía en miedo al tener que confirmarlo en su vivienda.

El futuro era entonces tan lejano como las arenas de Marte. Imaginábamos elecciones donde la gente apreciaría las virtudes de nuestra propuesta. No ocurrió así. El PMT se disolvió en 1987 para fundirse con otros grupos de izquierda. Un año después, Cuauhtémoc Cárdenas fue víctima de un fraude que se justificó con un pretexto eléctrico: “la caída del sistema”.

La democracia suele ser un anhelo, no una realidad. Toda contienda depende de las fuerzas hegemónicas que la organizan. En los años del romanticismo democrático, juzgábamos que la libertad de elegir sería suficiente para que el pueblo escogiera la mejor opción, es decir, la nuestra.

En 2000, el IFE conducido por José Woldenberg creó las condiciones para una elección confiable y la vida nacional se renovó con dos asombros: la oposición podía ganar y eso no implicaba una mejoría.

Desde entonces, los partidos no se dedican a solucionar problemas sino a administrarlos. Sin vigilancia ciudadana, se asignan recursos inmoderados (de ahí la importancia de la propuesta de Pedro Kumamoto de que los recursos se vinculen a los votos efectivos que recibe cada fuerza política).

Después de dos sexenios panistas, el PRI regresó a la Presidencia, confirmando que el viejo orden no había cambiado. ¿Hay alternativa?

El 25 de enero escuché la brillante ponencia de Mauricio Merino en el acto convocado por Proyecto Ciudadano para México. Ahí se refirió a la actual partidocracia como un “régimen de intermediarios”. En nuestro sistema representativo, el votante tiene poder el domingo de elección; a partir del lunes, carece de influencia en la vida pública. En esa dinámica, las leyes y las instituciones son patrimonio de los funcionarios. La sociedad civil ha tenido notables iniciativas en la lucha contra la corrupción, los derechos humanos y el acceso a la transparencia, pero todas son mediatizadas por los intermediarios, “los coyotes de la democracia”. Aunque abundan los instrumentos legales para controlar abusos y hacer denuncias, resulta imposible usarlos eficazmente. Ante la falta de una democracia directa, el demandante carece de respaldo social. Es un solitario en tierra de coyotes.

No hay democracia sin partidos. Lo que se necesita con urgencia son otras reglas para participar y recuperar el sentido de lo público.

Cuando suene al fin la hora ciudadana, comenzará otro tiempo político, sin los intermediarios que sólo se sirven a sí mismos.

http://www.etcetera.com.mx/articulo/La+democracia+de+los+%27coyotes%27/53513

 

LORENZO MEYER

jue 23 feb 2017, 3:52am

Política: crimen por otros medios

Agenda ciudadana

Lorenzo Meyer

 “L A política en México no era [es] otra cosa que la continuación del crimen por otros medios”. Esta definición, inspirada en Carl von Clausewitz, es la que, como resultado de su brutal experiencia, nos lanza Javier Sicilia en su último libro, El Deshabitado, (Grijalbo, 2016, p. 63). Se trata de una definición parcial, pero no falsa. El reto no es desmentirla sino actuar para hacerla obsoleta.

Hoy, en nuestro país, la corrupción alcanza niveles para los que los conceptos como “escandalosos” o “desenfrenados” se quedan cortos. La tolerancia y la complicidad de la red de instituciones que teóricamente debería frenar y castigar a los responsables -desde la Procuraduría General de la República, la Secretaría de la Función Pública y el Poder Judicial hasta los legisladores y sus partidos- es, en realidad, un sistema armado a lo largo del tiempo para impedir llamar a cuentas a los grandes corruptos y corruptores. Obviamente esos corruptos no se encuentran sólo en el espacio gubernamental, actúan en todos los ámbitos de la sociedad.

El caso más reciente y notable de corrupción sistémica y de su encubrimiento, es el de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz y que hoy se esconde no de una justicia que en realidad lo solapó siempre, sino apenas de la mirada pública. El hartazgo y la ira de esa mirada no se dirige sólo contra Duarte y los suyos en Veracruz, sino contra toda la estructura de autoridad y poder del país. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) presentó 85 denuncias penales por actos de simulación en 15 gobiernos estatales. Esa simulación consiste en esconder desvíos en el manejo del presupuesto, moviendo temporalmente recursos de una partida para tapar faltantes en otra, al punto que administrar lo público es saber hacer un hoyo presupuestal para tapar otro en un juego sin fin.

La revisión de las cuentas de los gobiernos salientes de Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo, resultan muy reveladores de la naturaleza de ese juego de simulaciones al mostrar, finalmente, faltantes por 97 mil millones de pesos, (Reforma, 14 de noviembre, 2016). El responsable de la ASF, Juan Manuel Portal, ya ha calificado de “histórico” el monto de las anomalías en las cuentas dejadas en Veracruz por un Duarte que al inicio fue reputado por el presidente Enrique Peña Nieto como ejemplo del “nuevo PRI”. Un informe del auditor local veracruzano da la dimensión de lo “histórico” del personaje: el monto por “solventar” de su gobierno asciende a 55 mil millones de pesos, (El Universal, 16 de febrero).

La gran empresa constructora brasileña Odebrecht, fundada hace más de setenta años y que tiene contratos en toda América Latina, Estados Unidos, Europa, África y Asia, es otro caso paradigmático. Sus representantes confesaron durante un juicio que tuvo lugar en Nueva York en diciembre pasado, que su empresa había montado una oficina especializada en ofrecer y manejar sobornos para conseguir contratos. Un soborno relativamente pequeño -10.5 millones de dólares en un contrato de 39 millones de dólares-, fue dado a funcionarios de Pemex en México. Sin embargo, se sabe qué desde 2010, Odebrecht firmó todo un rosario de contratos con la petrolera mexicana hasta sumar 5 mil 200 millones de dólares. Muchos de estos convenios se hicieron sin licitación y no obstante que Pemex ya había sido advertida de las prácticas irregulares de la empresa brasileña que, sobre la marcha, aumentaba el costo de las obras de manera notable -un contrato en Minatitlán, por ejemplo, se pactó inicialmente en 635 millones de dólares, pero luego le agregaron 420 millones más, es decir un aumento del 66 %- y que, además, incumplía con los plazos de su entrega. Todo indica que Pemex asumió esos incumplimientos sin chistar, (Raúl Olmos y Daniel Lizárraga/Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, en Aristegui Noticias, 15 de febrero).

Si el único soborno a Pemex admitido hasta ahora en Estados Unidos por Oderbrecht fue el ya mencionado (10.9 millones de dólares en un contrato de 39 millones), es válido preguntarse ¿Cuál podrá haber sido el total de sobornos requerido para lograr contratos por 5,200 millones de dólares? De mantenerse la proporción del único que se conoce -27 %-, entonces la cifra rondaría en los ¡1,404 millones de dólares!

Quienes han controlado al Estado mexicano contemporáneo, le han convertido en una estructura muy eficiente para extraer recursos a la sociedad vía la corrupción. En tales condiciones, ningún auténtico proyecto nacional puede florecer, incluso si se tratase de uno de derecha. Así pues, el desastre del gobierno del “nuevo PRI” en Veracruz (“sí merezco abundancia” escribió repetidamente la esposa del gobernador Duarte) o el de Pemex -un país petrolero que debe importar la mitad de su gasolina porque sus seis refinerías simplemente no fueron puestas al día y el crimen organizado perfora sus ductos y robo a combustible a voluntad- son sólo dos entre un enorme abanico de ejemplos disponibles.

La corrupción está haciendo a México inviable, por inefectivo, como Estado moderno de derecho y, además, lo ha debilitado frente a un gobierno norteamericano que le trata como el indeseable de la América del Norte.

Sería socialmente suicida tolerar que la política siga siendo lo que asegura Sicilia que es: la continuación del crimen por otros medios.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1315328.politica-crimen-por-otros-medios.html

 

 

 

Nuestra vida cambia

Nuestra vida cambia

 

Un hombre delgado, bajito, de cabello entrecano y rostro deteriorado por líneas de tiempo con un bronceado voluntario, camina decidido hacia mí. La situación es poco convencional. Estamos en una playa pública cerca de donde vivo en Quintana Roo. Yo sentada en un camastro con lentes y una gorra, bajo la sombra de una palapa despeinada por el tiempo y el viento. Miro el libro de Sennett entre mis manos pero algo me impide dejar de observar a través de los lentes oscuros al señor que viene hacia mí.

Nos observamos en silencio; hay algo en su presencia que no es intrusivo ni grosero. Tiene puesta una camiseta para nadar y bloquear el sol; su traje de baño parece el de un surfista, demasiado grande y colorido.

“Usted es Lydia Cacho”, me dice afirmando. Sonrío desganada. Me explica que lleva años esperando encontrarme en algún lugar del estado, porque ambos vivimos cerca, pero en diferentes pueblos. Pregunta educado si puede sentarse a mi lado, se acomoda en la pequeña mesa de madera donde está una cerveza a medio beber. Comienza a hablar como si estuviéramos preparados para una entrevista. Es sábado, pienso; quiero terminar la novela que tengo en mis manos, no trabajar. No me atrevo a decirlo y el hombre comienza a hablar.

“Mi abuelo se suicidó a los 58 años, mi padre se suicidó a los 47 años, mi tío paterno se arrancó la vida a los 30 y yo sigo vivo gracias a un niño que usted entrevistó hace 14 años”. No hay un dejo de martirio o enojo en su voz. Narra una historia que debe ser escuchada.

La entrevista que el hombre leyó hace 14 años es la de un niño abusado sexualmente y a su vez forzado por su violador a abusar de su hermana pequeña frente al adulto. Mi estómago da un vuelco; inevitable pensar que de nueva cuenta alguien en un lugar público cree que soy la cronista oficial de la pederastia infantil; una especie de procuradora cívica de justicia ilusoria. El hombre sigue hablando.

“Yo estaba a punto de quitarme la vida cuando mi esposa me trajo el periódico con su columna, luego me regaló su libro Los demonios del edén. Usted no lo sabe, pero la historia de ese niño es la historia de mi abuelo, y después de mi padre, cuyo hermano abusó de él, luego de ser abusado durante la infancia por el abuelo. Yo no quise hijos”.

La esposa no conocía la historia detrás de los suicidios; se murmuraba que eran depresivos, que tal vez el alcohol, el machismo y la severidad masculina en la familia. Cuando ella leyó la historia del niño, expresó a su marido que había sentido compasión por un chico forzado a abusar a una niña, que por primera vez pudo ver con los ojos completamente abiertos la posibilidad de que los victimarios casi siempre han sido víctimas. Eso lo incitó a leer el libro. Luego confesó todo a su esposa.

Él no abusó de nadie, pero fue abusado durante cinco años de su niñez. Aprendió todos los trucos para huir, para desvincularse del miedo, para justificar a sus agresores, para inventarse enfermedades; creció desconfiado y temeroso del amor. Bebió hasta el alcoholismo extremo del que salió hace 10 años. “Usted escribió ese libro para que yo no me matara. No lo sabe, pero es así. Yo no quería a mi abuelo y a mi padre en cárcel, los quería lejos, pero también cerca porque los amaba y necesitaba afecto”. Hablamos de cómo un niño herido puedo convertirse en un hombre destartalado. Mi amigo que estaba nadando regresó; a él no le importó seguir conversando frente a él. Después se levantó y se despidió.

Este fin de semana de 2017 un hombre me recordó por qué nuestro trabajo de narrar las verdades de niños y niñas es útil; por qué no podemos parar de explicar, de investigar y desentrañar historias desde todos los ángulos; explicar el origen del comportamiento violento. Nosotras las periodistas no estamos aquí para salvar vidas, pero sí para que la gente recuerde que su historia importa, que su vida también. Cada vez que alguien expresa algún efecto transformador de nuestro trabajo en su existencia, nuestra vida cambia también, nos recuerda que nuestras vidas están entrelazadas por la verdad o desfiguradas y alejadas por la mentira y el silencio.

https://www.maspormas.com/2017/02/21/lcacho41/