Feeds:
Entradas
Comentarios

Forjemos la paz

Anuncios

Daniel Goldin

JUAN VILLORO viernes 15 de febrero 2019

Durante la pasada FIL de Guadalajara, Rafael Barajas El Fisgón habló de la necesidad de escribir la historia de la literatura infantil en México. En los últimos treinta años millones de niños han descubierto la literatura gracias a libros que antes no existían. Una pléyade de escritores, dibujantes, editores, libreros, diseñadores, cuentacuentos, maestros, padres de familia y promotores de la lectura ha logrado una revolución cultural desde la infancia.

Es mucho lo que falta por hacer, pero no es exagerado decir que las historias de Francisco Hinojosa, Mónica Brozon, Vivian Mansour, Antonio y Javier Malpica, entre muchos otros, forman parte de lo que en el futuro será visto como la Edad de Oro de la literatura infantil en México.

Nadie está más capacitado para narrar esa aventura que el propio Rafael Barajas, espléndido autor e ilustrador de cuentos para niños e impecable historiador de José Guadalupe Posada y la caricatura en México. En ese recuento, Daniel Goldin ocupará un papel decisivo.

Toda tarea mítica tiene incontables precursores. A principios de los años ochenta, Patricia Rhijn creó la editorial Cidcli y convenció a plumas de eminencia, como Salvador Elizondo, Álvaro Mutis, Margo Glantz y Emilio Carballido, de escribir historias para niños. Esos libros estaban maravillosamente ilustrados. Yo tuve la suerte de publicar en compañía de un jovencísimo Gabriel Orozco y la desgracia de no conservar sus dibujos, que hoy valdrían una fortuna. Patricia arriesgó y perdió dinero con valiente generosidad y puso en valor las ediciones infantiles. Esto preparó el terreno para la llegada en 1991 de Daniel Goldin a las ediciones infantiles y juveniles del Fondo de Cultura Económica. Desde la publicación masiva de los clásicos lanzada por José Vasconcelos ningún proyecto editorial había tenido tal resonancia. Custodio del pensamiento universal, el Fondo se convirtió también en una fábrica de lectores. La colección “A la orilla del viento” ofreció juguetes inteligentes que transformaban a sus usuarios. Esa travesía ameritaba a alguien capaz de divertirse en la tormenta sin perder la brújula. El catálogo diseñado por Goldin se convirtió en una carta de navegación admirada en todo el mundo. En 2010 asistí en Chile al congreso internacional de literatura infantil y juvenil organizado por la Fundación SM. Cuando Goldin subió al foro, con el pelo emblemáticamente despeinado de tanto estar “a la orilla del viento”, recibió la ovación de editores que, pudiendo competir con él, preferían aclamarlo.

Ese prestigio rebasó el marco de la lengua castellana y el autor e ilustrador inglés Anthony Brown le dedicó uno de sus celebrados libros.

Después de trabajar en el Fondo, Goldin dirigió en editorial Océano una colección sobre la cultura de la letra. Volvió a ser pionero y convenció a autores de escribir libros que no se les habían ocurrido. En el prólogo a Una infancia en el país de los libros, la antropóloga de la lectura Michèle Petit confiesa que su autobiografía como lectora fue una idea de Daniel Goldin.

Nada más lógico que un inventor de navegaciones se hiciera cargo de una nave que zozobraba, la Biblioteca José Vasconcelos. En vez de fortalecer la red de bibliotecas, el presidente Fox promovió un costoso monumento a los libros a través de un concurso internacional, públicamente criticado por uno de los jurados, el español Luis Fernández-Galiano. Esa polémica fue relevada por problemas de construcción y continuas inundaciones.

Goldin logró que la biblioteca saliera a flote y se transformara en uno de los lugares más visitados en el norte de la capital. Con pocos recursos lanzó miles de actividades. En forma previsible, fue ratificado por la actual administración, pero dejó el cargo a los pocos días. Más de sesenta notas han hablado del asunto. Saber si fue un despido o una renuncia provocada por un maltrato autoritario o por un desacuerdo es lo de menos. El propio Goldin evitó mencionar el tema en el elegante comunicado en que agradece el apoyo de miles de personas, entre ellas la secretaria de Cultura. Lo grave es que uno de los principales gestores del país no pueda continuar su tarea.

Numerosos funcionarios son una anécdota en la nómina. Ya histórica, la misión de Daniel Goldin se inscribirá en la leyenda.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1547131.daniel-goldin.html

PENSÁNDOLO BIEN COLUMNA i

El Chapo, final de temporada

En su juicio nada se dijo sobre la droga que pasa por la frontera que debe recorrer ilegalmente miles de millas para llegar a Nueva York o Chicago por vías controladas por las supuestamente eficaces e incorruptibles autoridades de EE UU

El melodrama compitió con la trama judicial hasta el último momento. A decir de las crónicas, más románticas que judiciales, El Chapo parecía menos interesado en la resolución del jurado que seguir con la mirada a su esposa y asegurarle con un gesto romántico su amor eterno. Así concluyó el juicio del narco más famoso de las últimas dos décadas, un show convertido en temporada mediática, a pesar de que todos dábamos por descontado el final: veredicto de culpabilidad y muy probable sentencia a cadena perpetua.

Es un show que, por desgracia, confirma todos los clichés tan convenientes y acomodaticios para las buenas conciencias norteamericanas en el tema de las drogas: en efecto, las pruebas y testimonios muestran que los narcos mexicanos son sanguinarios, astutos, maestros en el arte de corromper autoridades, hombres todopoderosos que dominan a Gobiernos endebles. Pero sobre todo, confirma lo que las series de televisión han mostrado una y otra vez: los capos latinoamericanos son responsables del tráfico de drogas que victimiza a tantos estadounidenses.

Como todos los clichés, este también pone en evidencia tanto como lo que esconde. Porque, es cierto, resulta imposible negar después de dos fugas de la prisión (también cinematográficas) y una vigencia de 25 años, que la justicia mexicana simple y sencillamente no podía en contra del líder del cartel de Sinaloa. O para decirlo rápido, que no puede en contra del crimen organizado.

Todo ello es cierto, pero solo es una parte del fenómeno. El cliché convierte a los capos en origen y explicación del tráfico de drogas, cuando en realidad no son más que el instrumento al que recurre la realidad para satisfacer una necesidad, el consumo, expresado en una derrama descomunal cifrada entre 20.000 y 40.000 millones anuales de dólares, según la fuente que se utilice.

La narrativa con la que se justifica el juicio en contra de El Chapo en Nueva York, al margen de su correlato jurídico, se centra en los crímenes cometidos en contra de los ciudadanos de aquel país. Como si se tratase de una fuerza satánica, prohijada en tierras sin ley ni Dios, que asciende a la superficie, cruza la frontera y llega al mundo prístino y civilizado a pervertir a sus habitantes.

Para muchos mexicanos, el fenómeno opera justamente al revés. La ley nunca ha campeado en estos reinos, es cierto, pero fue el enorme flujo económico procedente del norte y su terrible capacidad corruptiva lo que infiltró a las policías y puso de rodillas al sistema de justicia. Son las armas automáticas introducidas clandestinamente por la frontera las que otorgan el poder de fuerza imbatible a los sicarios de los carteles. En suma, el verdadero combustible del tráfico de las drogas son las armas, el dinero y la adicción made in USA.

La realidad seguramente se encuentra en algún punto entre estas dos versiones. Cualquiera de ellas, por sí misma, caricaturiza un fenómeno complejo que victimiza a unos y a otros. Por desgracia, lo que vimos durante el juicio de El Chapo fue justamente una sola de estas versiones.

Nada se dijo sobre el hecho de que la droga que pasa por la frontera debe recorrer ilegalmente miles de millas para llegar a Nueva York o Chicago por vías de comunicación controladas por las supuestamente eficaces e incorruptibles autoridades estadounidenses. Se habla de la porosidad de la frontera mexicana que permite el trasiego desaforado de la cocaína o la pasta para la heroína, pero no se dice nada sobre la frontera estadounidense que permite el paso de armas y bultos de dinero, más voluminosos que la droga misma.

Pero los fiscales neoyorquinos estaban el negocio de ver la paja en ojo ajeno, no la viga en el propio. La revelación en varios capítulos del triángulo amoroso entre El Chapo, su amante y su esposa, ofreció a los medios de comunicación la vertiente melodramática para sostener la atención y los ratings imprescindibles. Pero sobre todo permitió mantener el interés en una historia que tenía como protagonista a un hombrecillo que en el fondo resultó muy inferior a su leyenda. Cruel y rapaz, enamoradizo, provinciano y sentimental, pero sin más profundidad que su tozudez para deshacerse del rival en turno y para fornicar con la mujer que se pusiera en su camino.

 

https://elpais.com/internacional/2019/02/13/mexico/1550096438_233323.html

PARADA DE POSTAS COLUMNA i

El presidente no tiene quien le conteste

Frente a la esperanza de una mayoría que apoya más allá del 80% a López Obrador, las voces opositoras o críticas solo se han sabido articular desde el enojo y los panoramas lúgubres

No recuerdo haber visto tan pasmada a la oposición como ahora. Ni a todos aquellos sectores que sienten que una aplanadora les pasó por encima. Pasmados, enojados,asustados. Y, por ende, mudos. O insignificantes: desde la trinchera de la sorpresa enfadada, no han podido articular una narrativa que siquiera compita en atención con la dominante. Y no es cosa menor, porque ninguna dominancia apabullante es deseable. Pero competirle requiere de una redefinición de perspectivas. O de una reingeniería de la imaginación. Y de la incubación de voces creíbles.

Vaya tarea.

Que Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones en México de manera más que contundente, es historia sabida. Que por ende la oposición política quedó hecha añicos, es consecuencia evidente. Pero esto no ha sido únicamente un juego de suma cero: no solo ganaron unos lo que perdieron otros. Esto ha sido un reacomodo de espacios, actores, ritos y horizontes narrativos. Por primera vez en mucho tiempo, los interlocutores y los lenguajes de siempre están siendo despreciados. El México de “no sabes con quién te estás metiendo” no desapareció (y, en una de esas, se está fortaleciendo en la resistencia), pero perdió incidencia en lo inmediato. Y eso lo descontrola. No, un país (y más un país como México) no horizontaliza sus desigualdades en unas semanas ni desaparece los privilegios insultantes. Pero en vía de mientras, la narrativa se descolocó y sí, la oposición está completamente pasmada. Enojada. Y es insignificante.

Uno de los yerros más grandes de la presidencia de Enrique Peña Nieto fue su política de comunicación (conste que dije “uno de los”). Distante, indiferente, frío. La presidencia que acaba de terminar nunca entendió a quién le debía hablar ni cómo, nunca respetó el pulso social ni supo considerarlo como insumo para la transformación del país. La relación con los medios fue de exigencia de subordinación o de chantaje de dineros. Y todos jugaban la parte que les correspondía, incluso con menosprecio hacia quienes abogaban por un cambio de horizonte social en mensajes y construcción de comunidad. López Obrador, por su parte, ha sabido contrastarse frente a un sexenio que terminó leyéndose como frívolo e incompetente: la vara se la dejaron baja y él es experto en saltarlas. Hoy, la presidencia tiene un modelo de comunicación con una figura incuestionable, una narrativa con premisas simples pero contundentes (la cuarta transformación –o 4T– como paraguas simbólico), villanos que son útiles (el neoliberalismo, la “prensa fifí”, los expresidentes cuando sirven para caricaturizar males diferenciadores, etc.), un lenguaje con modismos propios (y contagiosos), una iconografía funcional y, como señala el periodista Mario Campos, un desarrollo por entregas: capítulos que mantienen activo el suspenso. Frente a esto, la oposición solo logra balbucear algunos berrinches desde la debilidad que significa la ausencia de credibilidad.

Hoy, el presidente no tiene quien le conteste. Solo que todo presidente, en una democracia que se precie de serlo, necesita quien le conteste. Porque el soliloquio se vuelve admiración del ombligo.

El reto está, sin duda, en la cancha de la oposición y de los grupos de interés, comunidades críticas y colectivos que se han visto desplazados. En ellos está el reconocer que hoy las prioridades son otras, que el abandono histórico de segmentos de la población reacomoda a los interlocutores, que la indiferencia ante una ciudadanía ávida de participar los obliga a la reinvención. Frente a la esperanza de una mayoría que apoya más allá del 80% al presidente, las voces opositoras o críticas solo se han sabido articular desde el enojo y los panoramas lúgubres. Pero el que quiere ser feliz no voltea a ver al que únicamente le quiere amargar la fiesta.

Desde que recuerdo, mi madre solía mover los muebles de la casa para invocar mejor suerte y para obligarnos a pensar, aunque la espinilla sufriese con el trancazo de la mesa inesperada. Hoy, López Obrador movió todos los muebles del territorio. Ya veremos si en los ahora excluidos de la narrativa hay capacidad para trazar mapas, y territorios. O si solo permanecerán enojados.

@warkentin

 

https://elpais.com/internacional/2019/02/12/mexico/1549998692_218112.html

Sergio Aguayo: Protagonistas

Larguísima transición

Sergio Aguayo (*)

Los partidos han jugado un papel secundario en la transición. Protagonista principal ha sido la sociedad civil y de ella podría depender que el sexenio en curso tenga un buen desenlace.

Dos precisiones: 1) me estoy refiriendo al cambio positivo de reglas del sistema, no al relevo de personas o partidos en los gobiernos y, 2) excluyo de este análisis el enorme impacto que han tenido en algunos momentos los actores internacionales, en especial los Estados Unidos.

En la historia difundida por partidos y gobiernos, ellos son los héroes de la transición. En 2013, el entonces jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera declaró que: “durante los últimos dieciséis años, los gobiernos emanados de la izquierda […] hemos transformado a la Ciudad de México”. Borró impunemente al rico tejido social de la capital. Un complemento del razonamiento es minimizar las contribuciones de la sociedad. Andrés Manuel López Obrador ha sido muy claro al respecto: “Le tengo mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o iniciativas independientes”. Y en momentos de enojo las ha acusado de recibir “moches”, de faltarles “baño de pueblo” y de ser “fifís”.

Los fieles a los partidos se autoelogian, porque así justifican los privilegios que se han asignado. En 1977 se definieron en la Constitución como “entidades de interés público” y en 2007 se escrituraron el cuerno de la abundancia: a partir de ese momento, calculan sus prerrogativas con base en el “número total de ciudadanos inscritos en el padrón electoral” multiplicado por el salario mínimo. En otras palabras, son las únicas instituciones con aumentos anuales garantizados en la Constitución.

Excepciones

Estoy entre los que han documentado el papel que juega la sociedad organizada en la exigencia de libertades y la denuncia de excesos. Salvo contadas excepciones, los partidos estuvieron ausentes en el Movimiento del 68 o en el sismo del 85, en las observaciones electorales y en el levantamiento zapatista, en las luchas del periodismo independiente por la libertad de expresión y en la defensa de los derechos de la mujer y el medio ambiente (el Partido Verde es una vergüenza nacional).

En la victoria electoral de Morena del primero de julio de 2018 concluyeron los esfuerzos de partidos encabezados por López Obrador y de ciudadanos de la sociedad organizada. El nuevo gobierno quedó en una posición ideal para culminar la transformación. El balance de resultados es desigual.

Una franja de funcionarios hace un esfuerzo notable por atacar problemas tan graves como la violencia y la inseguridad o por combatir la corrupción, una lucha que parece tomar nuevos bríos, con la lista de presuntos corruptos presentada el pasado lunes por AMLO y Manuel Bartlett. En otra franja, afloran los vicios de siempre y pareciera haber una correlación entre quienes llenaron cargos con cuotas y cuates y las ineficiencias y escándalos. Entretanto, cunde la epidemia de ocurrencias y frases sueltas.

Los sujetos históricos tardan décadas en degradarse o engrandecerse. Los partidos políticos —Morena incluida— siguen demostrando su resistencia al cambio. Dijeron que reducirían sus prerrogativas, pero continúa intacto el saqueo de la ubre presupuestal. Este 2019 los partidos con registro nacional recibirán 4,965 millones por 4,554 en 2018. Si se les pregunta por esa incongruencia, responden que ellos solo respetan la Constitución.

Adaptación

La sociedad civil ha sido capaz de adaptarse a los nuevos tiempos y mejorar su trabajo. Hay casos de corrupción e ineficiencia, por supuesto; más de los que uno quisiera. Sin embargo, hay una clara evolución positiva. Hace 50 años el movimiento de derechos humanos se caracterizaba por la espontaneidad y el voluntarismo; en la actualidad por su profesionalismo y la capacidad para organizar campañas conjuntas. Lo mismo podría decirse del periodismo de investigación independiente o de los movimientos en favor de los derechos de la mujer y la diversidad sexual.

Por ahora, Andrés Manuel López Obrador tiene los controles del cambio y él va marcando los ritmos y las cadencias. Independientemente de sus enojos, la sociedad civil organizada sigue siendo el contrapeso y, si el régimen entrara en turbulencias, esta sociedad asumiría el protagonismo. No sería la primera vez que lo hace en nuestra larguísima transición.— Boston.

@sergioaguayo

Investigador y analista político. Colaboró Mónica Gabriela Maldonado Díaz

 

https://www.yucatan.com.mx/editorial/sergio-aguayo-protagonistas-del-cambio

¿Qué hacer con las redes sociales?

GABRIEL GUERRA CASTELLANOS

 

Benditas para algunos, malditas para otros, las redes sociales se han convertido en parte cotidiana de la vida de miles de millones de personas alrededor del mundo. Parece increíble que en poco más de una década, lo que conocemos como “Internet” conecta ya a más del 65% de la población total del mundo y que más de la mitad de los seres humanos son hoy usuarios de alguna red social.

Dependiendo de la fuente a que uno recurra, esto nos da -según Brandwatch (www.brandwatch.com)- las siguientes cifras: 4,200 millones de usuarios de Internet; 3,400 millones de usuarios de redes sociales; 60 mil millones de mensajes en Whatsapp o Messenger al día y un promedio de navegación diaria en redes de casi dos horas.

El impacto ha ido mucho más allá del entretenimiento o el ocio. Las redes y el Internet son hoy parte fundamental de cualquier campaña de mercadotecnia, de cuidado de una marca o de construcción y mantenimiento de la reputación corporativa. Son también un elemento muy importante de la actividad política, llámese proselitismo, propaganda, campañas de desprestigio, de desinformación o de intimidación.

Algunos países han encontrado herramientas que les permiten limitar o controlar de manera significativa el uso y el acceso de internet de sus ciudadanos, en una forma de censura moderna que nos parece inimaginable a quienes tenemos literalmente en la palma de la mano el mundo maravilloso/fascinante/adictivo/terrorífico de la gran red. Pero desde naciones pequeñas como Myanmar hasta mucho más grandes como Irán, Arabia Saudita o China tienen rígidos controles para lo que su población puede o no ver, escribir o decir en las plataformas sociales.

Otros más tienen sofisticados aparatos de propaganda y contra-propaganda que usan no solo con fines políticos, sino también de espionaje y sabotaje. Nadie que sea usuario de estas tecnologías está a salvo del ojo avispado de quien quiera saber lo que hace, consume, piensa, expresa. Ni George Orwell imaginó en su famosa 1984 que además de cautivos seríamos cómplices entusiastas de nuestros captores.

Si bien se ha exagerado el impacto de las redes sociales en las campañas políticas, principalmente en naciones en vías de desarrollo, es innegable que fenómenos como el de Donald Trump en EU solo se pueden entender a partir de su magistral uso (y abuso) de las redes.

En México estamos a años luz de esos niveles, pero para muchas voces las redes se han convertido en una manera sencilla económica de darle la vuelta a los medios tradicionales de comunicación, y de evitar también, hay que decirlo, los filtros y controles de calidad y veracidad que suelen acompañar a los medios más prestigiados y establecidos. Hoy no resulta fácil saber qué es cierto y qué es falso en el tenebroso universo de las redes.

Ante esto hay quienes han optado por replegarse o de plano por retirarse del escenario. Hace unos días Aristóteles Núñez anunció su retiro de Twitter y generó gran revuelo y seguramente tentó a muchos de los que por ahí circulamos a diario a cuestionarnos si conviene o no seguir ahí.

Yo soy de la opinión de que no debemos, ni podemos, salirnos de un universo que es más plataforma tecnológica que revolución mediática. Renunciar a Twitter o Facebook por las mentiras, los cobardes anónimos o los ejércitos de bots que ahí circulan es como dejar de acudir al mercado por los carteristas o los marchantes abusivos, o como pretender que las redes sociales no son al final un reflejo de lo que hemos permitido que se convierta nuestra sociedad.

Lo que sí podemos y debemos hacer es tener más precauciones elementales. Verificar las fuentes de información, cotejar, comparar, preguntarnos si algo hace o no sentido y dejar de creer que por el simple hecho de que algo aparece en nuestra pantalla debe ser cierto. El sentido común es muchas veces el más eficaz filtro de los “Fake News”, y la sensatez de no engancharnos con personajes que ni siquiera dan la cara en las redes.

Pero también tenemos una obligación, personalísima, de no contribuir a la propagación de medias verdades, de mentiras descaradas, de llamados al odio o la denigración de los demás. Si no aceptaríamos que alguien se expresara así en nuestra casa o nuestro trabajo no tenemos por qué tolerar que lo hagan en las redes. Y la solución es harto sencilla: no hace falta correr a un invitado desagradable cuando podemos simplemente dejar de seguir a quien se expresa de manera odiosa.

@gabrielguerrac

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/1028341.que-hacer-con-las-redes-sociales.html

 

Guarderías: la otra ordeña

Jorge Zepeda Patterson

Si los dueños de las guarderías dicen hablar en nombre de los padres de familia, ¿por qué entonces oponerse a que esos padres reciban el dinero directamente? Se comprende la molestia que las organizaciones experimentan ante la decisión del gobierno de reducir a la mitad el subsidio de 4 mil millones de pesos dedicados a las guarderías particulares a lo largo del territorio nacional. Sin ese subsidio aumentará el costo, dicen ellos, para los padres de familia y se afectará la calidad de los servicios que actualmente prestan estas instalaciones. El gobierno del cambio argumenta, por el contrario, que entregar el dinero directamente a los padres optimiza el beneficio a los usuarios, y evita el riesgo de corrupción e intermediación. La polémica ha dado lugar a un intenso tira a tira entre el gobierno y la oposición y alguna parte de la prensa desafecta a la 4T.

A mi juicio, el debate ha perdido proporción en aras de la descalificación política. La mayor parte de las guarderías, sin duda, desempeñan una labor fundamental para miles de familias mexicanas. Y desde luego también hay vergonzosas excepciones: particulares que montan un negocio para convertirse en receptores profesionales del subsidio y no necesariamente prestan un servicio de calidad.

El tema de fondo es que el gobierno no está cancelando el subsidio, como los detractores han querido “venderlo”, sino simplemente desea modificar la manera de hacerlo llegar a los beneficiarios, ampliándolo incluso. Lo que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador está haciendo es un cambio radical, una revolución en el concepto mismo de la transferencia para eliminar al intermediario.

Más importante aún, la medida no es una decisión para castigar a un sector, sino que forma parte de una filosofía de gestión de recursos públicos mucho más vasta con la cual difícilmente podemos estar en desacuerdo. La misma decisión se ha tomado para las nefastas organizaciones campesinas, obreras y populares que durante décadas, y para beneficio de sus líderes, han vivido ordeñando los subsidios dedicados a los sectores populares. Es el primer paso para evitar el uso clientelar y faccioso de estas organizaciones, pero es sobretodo un acto de justicia para con los usuarios de estos programas de asistencia.

La llamada sociedad civil, estimulada por la oposición panista, ha puesto el grito en el cielo porque la nueva política deja sin recursos públicos a organizaciones vinculadas a la iniciativa privada. Paradójicamente esos mismos sectores han visto con buenos ojos que se retiren los recursos a las organizaciones campesinas y obreras y se entreguen directamente a los trabajadores. Aprueban la medida en la casa del vecino, pero no en la propia.

Por otro lado el tema de las guarderías se ha sacado de proporción; la oposición de derecha ha querido convencernos de que el hecho de no entregar los subsidios a estas empresas particulares representa un ataque en contra de las familias. En realidad apenas el 5% del universo de escolares en la edad correspondiente acude a este programa de guarderías. Y el recorte del subsidio por esta vía no significa que tengan que desaparecer. Por el contrario, al canalizar el dinero para el cuidado de los infantes a los padres de familia, ellos pueden elegir la opción que prefieran directamente. En la medida en que una guardería tenga prestigio su supervivencia no debería estar en riesgo. Más aún, la transferencia a las familias por parte del Estado para este concepto superará el subsidio que actualmente se entrega a las guarderías, lo cual podría incluso permitir el crecimiento de aquellas que sean competitivas en el mercado.

Por otro lado, resultó desafortunada la intervención de Josefina Vázquez Mota para encabezar políticamente la cruzada de protestas a favor de las guarderías. Como se recordará, Juntos Podemos, la organización que ella presidía, recibió 900 millones de pesos del gobierno de Peña Nieto en condiciones cuestionadas, para ser destinados a los migrantes. Más allá de los argumentos que nutren la inconformidad de los dueños de estas guarderías, cabe preguntarse si la lucha de la senadora del PAN es también la defensa de un modus operando del que ella misma se ha visto beneficiada.

Lo de las guarderías es un capítulo menor de un proyecto mucho más vasto y trascendente: la entrega de los apoyos a los sectores necesitados saltándose a todos los intermediarios que, algunos en buena lid y otros con mala leche, representaban una merma en la derrama. La batalla política de las guarderías será cosa de niños frente a la que seguramente darán todos estos organismos que han vivido huachicoleando los recursos destinados a los pobres. Esto apenas comienza.

@jorgezepedap

http://www.jorgezepeda.net

https://pulsoslp.com.mx/opinion/guarderias-la-otra-ordena/

Denise Dresser

Mañanera metódica

Hoy el presidente de México tiene 86% de aprobación. Es amado, adorado, idolatrado. Dondequiera que va la gente se agolpa para verlo, se amontona para tocarlo, hace cola para tomarse la “selfie” con él. Se le reconoce. Se le quiere. Se le percibe cercano y humano, austero y sincero. En sus giras peripatéticas es recibido con el mismo frenesí que una celebridad y con y la misma mitificación que un Dios. Su liderazgo trasciende lo legal o lo racional; es emblemáticamente carismático. Se construye día con día pero no a través de las políticas públicas que promueve, sino a partir de las emociones que despierta. Todas las mañanas, AMLO construye un espectáculo político y es magistral.

Porque la conferencia de prensa es más que una oportunidad para proveer información y centralizar la comunicación. Es una puesta en escena. Es un montaje teatral. Es el lugar donde se cuentan cuentos y se tejen narrativas. Durante dos horas, los ojos del país están puestos sobre el Presidente, para escuchar qué dice y cómo lo dice; qué se anuncia y qué se denuncia; a quién va a defender y a quién va a atacar. Políticos, funcionarios, periodistas y activistas están atentos a la historia oral de la Cuarta Transformación; la que AMLO describe con afán pedagógico y mitológico. Las razones para aborrecer a los de antes y los motivos para creer en los de ahora. Un potpurrí de pronunciamientos que marcan la agenda pública. El Presidente se mete a nuestra cabeza a las 7 am y se queda el resto del día ahí.

La conferencia mañanera -como lo argumenta Gabriela Warkentin- ha cambiado la dinámica informativa del país. También ha transformado la forma de hacer y concebir a la política. Hay que prestar atención a cada palabra, estar atentos a cada gesto, interpretar el mensaje cifrado detrás del dicho desparpajado. Con un lenguaje sencillo, dicharachero, coloquial, AMLO edifica un problema y provee la forma de solucionarlo. Corrupción en el NAIM; se cancela la obra. Huachicoleo en Pemex; se cierran los ductos. Malos manejos en la CFE; se exhibe a sus expoliadores. Una Suprema Corte que protege privilegios; se interviene para que no lo haga. Irregularidades en la estancias infantiles; se paga a los abuelos para que tomen su lugar. Así va construyendo autoridad, va demostrando celeridad. Y con ello, quienes los escuchan suspenden el juicio crítico porque están frente al compónelo-todo. Mr. Clean.

Cada mañana, al definir un problema y la forma de solucionarlo, AMLO fortalece su liderazgo. Construye un problema para después denigrar a otros por no haberlo encarado. Exhibe un obstáculo y denuesta a quienes lo colocaron. El neoliberalismo y la falta de valores, el neoliberalismo y los divorcios, el neoliberalismo y la corrupción. Da información factual y señala al enemigo semanal. Anuncia y denuncia. Agrede y exhorta. Lastima y anima. La conferencia de prensa es una mezcla de noticiero presidencial, cátedra moral, y “talking points” para que sus seguidores sepan qué repetir, para que la intelectualidad orgánica sepa qué decir. Su visión de mundo se vuelve un manual de instrucciones, una pauta normativa que definirá las reacciones e interpretaciones que regirán a lo largo del día y del sexenio. Él innova -lingüística y políticamente- generando apoyo popular para sus iniciativas y enseñando los vericuetos verbales para defenderlas. Él señala el camino y la mayoría se apresta a correr en esa dirección.

Lo hacen porque sienten que AMLO entiende sus miedos, comprende sus temores, cataliza sus creencias. La furia y la rabia y el enojo y la escasez que caracterizan la vida de millones de mexicanos genera incentivos para depositar la fe en un rayo de esperanza. Un líder distinto por antitético: come tacos, tortas y tlacoyos en vez de champagne, croissants y caviar. Cada vez que sale en su Jetta o vuela en avión comercial o se para en la orilla de la carretera para beber agua de piña o se lanza contra Salinas o Zedillo o Calderón, AMLO objetiviza todo lo que odian o aman quienes lo apoyan. A partir de las 7 am, López Obrador escribe una narrativa oficial de combate a los privilegios, cambio, nacionalismo y protección paternal. Así como todas las mañanas sale el sol, todas las mañanas López Obrador está ahí. Metódicamente gratificando deseos, identificando enemigos, proveyéndole al país la historia de una transformación, encarnada en él.

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/1027764.mananera-metodica.html