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Juntos y revueltos

Juntos y revueltos

Soledad Loaeza

Me atrevo a decir que la próxima elección presidencial es la que mayor incertidumbre ha generado en el último medio siglo, porque no hay un solo referente que se quede quieto. Los políticos brincan de una organización a otra como si trajeran hormigas en la falda, o el pantalón, y sus saltos contribuyen a la desorganización general. Los partidos se han convertido en piezas de utilería que ex militantes de todas partes pasean de izquierda a derecha y de derecha a izquierda frente a los medios, sin ton ni son, solamente en busca de acomodo. Mientras, el azoro de los ciudadanos crece día con día ante el desordenado espectáculo. La clase política, lo que proyecta ahora es una sólida complicidad para mantenerse en donde está, aunque le venda su alma al diablo.

Sé que hay muchos que aplauden la formación del frente que ha integrado el PAN con el PRD y con MC, pero no comparto ese entusiasmo porque no entiendo adónde quiere llegar, más allá de sacar al PRI de Los Pinos. Todos ellos son políticos profesionales, de tiempo completo y dedicación exclusiva. Lo cual quiere decir que no saben hacer otra cosa, de ahí su angustia por mantenerse en el medio que conocen. Sin embargo, a estas alturas del partido tendrían que explicarnos ahora quiénes son, si acaso han cambiado tanto como para aliarse con quienes fueron sus enemigos históricos, o si son sus enemigos los que han cambiado. Tienen que decirnos qué van a hacer con nuestro voto.

Tendríamos que saber por qué los emigrantes de otras formaciones han elegido organizaciones que en el pasado les repugnaban. A la mejor nos convencen. Por el momento, lo único que sabemos es que la izquierda histórica está dispuesta a llevar al poder a la derecha histórica, sin darse cuenta que es muy posible que contribuya al triunfo de una nueva derecha que todavía no conocemos. Con Morena pasa más o menos lo mismo. La imagen de Manuel Barttlet chacoteando con Andrés Manuel López Obrador parecería un Photoshop, así como la entrada de Germán Martínez. ¿Cómo fue que el antiguo presidente del PAN pasó del ultraliberalismo en el que había caído al estatismo que representa Andrés Manuel López Obrador? ¿Cómo estarán las cosas que José Antonio Meade ahora defiende la banca de desarrollo, el Infonavit y, seguramente, muchas otras instituciones que se identifican con el intervencionismo estatal que, en otras instancias, ha sido demonizado por la élite neoliberal a la que pertenece? No cabe duda que París bien vale una misa.

No sabemos si los frentes electorales eran necesarios. El PRI está en una situación tan dramática que podrá caerse solo. Desde luego, hace mucho tiempo que ya no es lo que fue, y su presidente actual ha hecho todo por recordarnos que ya no son los de antes, pero no por sus virtudes –que todavía no nos han mostrado-, sino porque sus pecados son distintos. Quieren comportarse como el partido hegemónico que abusaba del poder de manera sistemática. Sin embargo, el PRI de antaño tenía en su favor que era una formación incluyente que incorporaba a los grupos más diversos; era flexible y muy consciente de que México es un país heterogéneo y multicolor, en el que la mayoría de la población son mujeres. El comentario de Ochoa, a propósito de los prietos, reveló que no conoce México o, lo que es peor, la influencia intelectual del presidente Donald Trump. Cada vez más aislados, los priístas proyectan una debilidad que sugiere que para ellos el horizonte más cercano es la derrota, y lo saben.

La movilidad de los políticos de un partido a otro es muy común; pero normalmente hay una explicación pública del porqué del cambio. Así los votantes tienen más información acerca del renunciante y también de las organizaciones involucradas en su movimiento. Si los políticos que cambian de partido hoy día en México nos dijeran por qué lo hicieron y por qué del PAN pasaron a Morena o por qué del PRD pasaron al PAN, la incertidumbre sería menor. Podríamos decidir con más seguridad por quién votar. Tal y como están ocurriendo las cosas ahora en México, quedamos en una nebulosa de especulaciones que desalienta la participación. Sobre todo porque ahora todo está tan revuelto que no sabemos qué representa cada uno de los partidos, mucho menos cada uno de los frentes. No me queda claro si con mi voto me piden un cheque en blanco, o si pretenden que les entregue mi voto sin mirar a quién.

 

http://www.jornada.unam.mx/2018/02/22/opinion/020a2pol#texto

Las listas de la ignominia

Por Francisco Ortiz Pinchetti

SinEmbargo

febrero 23, 2018

El bochornoso zipizape a golpes, patadas y sillazos en la sede del Consejo Nacional del PRD que vimos hace unos días en algunos videos, languidece ante la contundencia de la ignominia que representan las listas de candidatos plurinominales de todos los partidos. Son el retrato hablado de la clase política mexicana, en todo su esplendor.

Debiera ser escandaloso, pero ya tomamos con naturalidad el reparto descarado de curules y escaños con que se premian deslealtades, oportunismos, traiciones, chapulineos, incoherencias y sobre todo complicidades. En esas listas está la esencia misma de la corrupción que los candidatos de las tres coaliciones que se disputan la Presidencia de la República prometen combatir hasta el grado de la locura. Finalmente lo que importa es el poder… ¡y el dinero!

No vayan a pensar que la cara de alegría que suelen mostrar los escogidos en cuanto se enteran de que han sido palomeados obedece a que se ve satisfecho su incontenible anhelo de servir a su país. Ocurre más bien que como senadores o diputados tendrán asegurados, por seis o tres años, una jugosa dieta, comisiones, bonos, aguinaldo, dividendos y liquidación de despedida, además de viajes, gastos, auto, chofer, gastos médicos, acceso a medios, influencias y fuero. Es literalmente entrar a un mundo fantástico.

Eso explica que la rebatiña fuerte en todos los partidos –que llega a niveles como los que vimos en los videos del PRD– no sea por las candidaturas llamadas de mayoría de quienes aspiran a ganar una elección luego de hacer una campaña proselitista que generalmente les cuesta dinero y trabajo, para acceder finalmente a una curul o un escaño, no. Se trata de las canonjías regaladas, sin campaña, sin necesidad de someterse al escrutinio ciudadano y menos a la prueba de una elección. La negociación, el cochupo vil, los compromisos, la compra- venta de favores finalmente, suplen al derecho de los electores a decidir.

Casos extremos son la postulación de pillos reconocidos a candidaturas plurinominales. Uno escandaloso es el del nefasto líder minero Napoleón Gómez Urrutia, que será senador de la República por decisión de Andrés Manuel López Obrador a cambio posiblemente de apoyos económicos y electorales. Ahí la incoherencia es mayor por parte del líder de Morena, que a la vez que propone su “revolución moral” se alía con gente de la peor calaña. Y además trata de justificarlo.

Pero también hay ejemplos en los otros partidos. El PRD y el PAN han incluido en sus listas de futuros diputados federales plurinominales a los tres pillos autores del escandaloso “secuestro” de ocho mil millones de pesos destinados a la reconstrucción de la Ciudad de México. Los actuales diputados locales perredistas Mauricio Toledo Gutiérrez y Leonel Luna Estrada, sí, están ya la lista amarilla.

Y el cacique del PAN en la capital del país, Jorge Romero Herrera, encabeza la nómina panista de diputados plurinominales por la Cuarta Circunscripción y tendrá también fuero. No importa que haya estado involucrado durante años en actos de corrupción que van desde la falsificación del padrón interno de su propio partido hasta la colusión documentada, la complicidad evidente con inmobiliarias en la construcción de edificios ilegales –algunos de los cuales se vinieron dañadas con el sismo– cuando fue delegado en Benito Juárez.

Decepciona comprobar que en muchos casos las supuestas convicciones de los beneficiarios de estas prebendas no son otra cosa que acciones convenencieras, interesadas. Alguien con la trayectoria política de Pablo Gómez Álvarez, por ejemplo, acaba renegando del partido que él ayudó a fundar, para supuestamente sumarse a una causa que repentinamente le ha convencido. Hoy está en la lista de Morena.

Germán Martínez Cázares fue dirigente nacional del PAN y defensor del triunfo de Felipe Calderón Hinojosa en la elección presidencial de 2016, que López Obrador impugnó por fraudulenta. Tatiana Clouthier Carrillo, la hija de Maquío, dijo sentirse atraída también por las propuestas de AMLO. Y la senadora panista Gabriela Cuevas Barrón de pronto se dio cuenta de que el verdadero camino para el país es el que anuncia el líder tabasqueño. A la vuelta de los días, los tres aparecen en las listas como candidatos plurinominales de Morena.

Xóchil Gálvez Ruiz traicionó inesperadamente sus promesas de terminar su mandato como jefa delegacional en Miguel Hidalgo y ahora es postulada como pluri por el PRD. Miguel Ángel Mancera Espinosa aparece en cambio, inopinadamente, en la lista del PAN al Senado, lo que provoca protestas internas e incluso una demanda ante el Tribunal Electoral contra la camarilla que gobierna hoy el partido albiazul por violar sus propias normas internas.

Ahora sabemos por qué luego de insistir tercamente en su aspiración de ser candidato presidencial, el jefe de Gobierno decidió de pronto sumarse a la postulación del hoy cuestionadísimo panista Ricardo Anaya Cortés y obtener a cambio no sólo su futuro escaño sino además posiciones legislativas para toda su gente: Patricia Mercado Castro, Héctor Serrano Cortés, Manuel Granados Covarrubias, entre otros. Y sabemos también por qué el ex delegado en Cuauhtémoc Ricardo Monreal Ávila hizo gran pancho y prácticamente amenazó renunciar a Morena cuando AMLO impuso a Claudia Sheinbaum Pardo como candidata a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. También él será senador plurinominal.

Y Rafael Moreno Valle, ex priista y ex gobernador de Puebla por el PAN, fue otro aparente opositor y rival de Anaya Cortés en la disputa por la postulación presidencial. De repente dobló las manos y desistió: será senador plurinominal, mientras que su esposa será la candidata del PAN a la gubernatura poblana… con el pleno apoyo del llamado chamaco maravilla.

Ante estos ejemplos de verdadero oprobio –que hay muchos más, claro— la lista del PRI se antoja al menos más coherente, aunque igualmente descarada. Ahí están en efecto quienes deben estar, leales al fin, no obstante muchos de ellos tengan no sólo enorme colmillo, sino una larga cola que les pisen.

Algunos nombres emblemáticos del priismo de ayer y hoy son: Miguel Ángel Osorio Chong, Gerardo Ruiz Esparza, Miguel de la Madrid Cordero, Eruviel Ávila Villegas, Rubén Moreira Valdés, José Reyes Baeza, Claudia Ruiz Massieu, César Camacho Quiroz, Jorge Carlos Ramírez Marín, Beatriz Paredes Rangel, Augusto Gómez Villanueva. Todos ellos –entre otros— serán felizmente senadores por seis años. Válgame.
@fopinchetti

http://www.sinembargo.mx/23-02-2018/3389196

 

Millennials: dueños del futuro

En Brasil, Colombia y México los jóvenes serán decisivos para averiguar cómo es el mundo que quieren

La apasionante realidad de los tiempos que atravesamos supone el reto de vivir una situación en la que los hechos desplazan a las teorías a la velocidad de la luz.

América Latina se enfrentará este año a unas elecciones clave que serán fundamentales para entender por dónde irán las grandes tendencias del comportamiento social de los próximos años. Brasil, Colombia y México son tres ejemplos en los que los millennials —con edades entre 18 y 37 años— serán decisivos para averiguar cómo es el mundo que quieren y cómo se van a comportar frente a las distintas opciones que se van planteando en sus países.

En este momento, la estadística y la curva demográfica dicen que el mundo está en manos de lo que estos jóvenes decidan. El problema es saber si solo los terremotos físicos, como acaba de pasar en México, y no los terremotos sociales que estamos viviendo en todo el orbe, van a movilizarlos para que den un paso al frente y ocupen la posición que ya tienen: la del poder.

Colombia elegirá sobre los resquicios de la violencia, queriendo reconvertir 52 años de guerra civil en una paz acordada, y abriendo las alamedas y las calles para que los que ayer secuestraban, torturaban y amenazaban puedan incorporarse a las elecciones. En ese sentido, el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) olvidaron que los pueblos no solo tienen memoria, cementerios y flores que llevar a las tumbas de los seres queridos que murieron en esa guerra, sino que, además, tienen un Jordán que atravesar, que implica incorporar el perdón y la amnistía en nombre del futuro a los daños y a los muertos del pasado.

Mientras tanto, mientras dilucidamos cuántos millones de millennials van a votar en Colombia, todavía no sabemos qué desean en realidad. ¿Quieren la paz de Santos o la guerra de Uribe? ¿En qué medida vinculan las hipotecas del pasado de sus padres a la construcción del futuro de sus hijos?

Los jóvenes de ahora son una generación libre, pueden hacer lo que quieran, cuando quieran y como quieran. Por eso, la pregunta es inevitable: ¿qué papel van a jugar en las elecciones de Brasil, de Colombia y de México? ¿Qué es lo que han aprendido? ¿Qué mundo es el que quieren?

Ahora son el objeto pasivo de todas las desviaciones de los sistemas. Son los paganos de las deficiencias inmunológicas de un modelo superado por la realidad llamado democracia representativa. Son los dueños del presente y del futuro y muchos de ellos, que votarán por primera vez en unos comicios presidenciales, tendrán la oportunidad de inclinar la balanza.

En Colombia, por la paz o por la guerra, enfrentándose, además, al amenazante monstruo de la abstención. En Brasil, por el Partido de los Trabajadores y la ensoñación de lo que significó el Gobierno de Lula. Y en México, luchando contra la corrupción, la impunidad y contra una clase política que ya no tiene nada que ofrecer.

Estas elecciones decisivas y definitorias se configuran sobre las cenizas del sistema. Por ejemplo, en Brasil no hay razón alguna para que el Parlamento, el Senado o Planalto sigan comportándose igual, puesto que todo eso no impidió ni el megaescándalo de Odebrecht, ni la operación Lava Jato y tampoco —sea verdad o mentira— las corrupciones de Temer, los abusos de Dilma o las irregularidades de Lula.

En el caso de México, no hay ningún motivo que impida la quema de la silla del águila en la hoguera de la indignación popular porque esa silla no ha servido para rescatar lo mejor del pueblo mexicano. Pero, además, se han incorporado a la clase dirigente todo tipo de rémoras sociales y hasta racistas, como demostró el comentario del presidente del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) que utilizó el término “prietos”, es decir, gente con piel morena, la mayoría del pueblo mexicano, para denostar a los que están abandonando el partido para irse con la oposición del Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Muchas veces una frase desafortunada como “que coman pasteles” señala el fin de los sistemas. Muchas veces se toca fondo y los únicos que no lo saben son los que están en el agujero.

En este momento, Brasil con casi nueve millones de jóvenes —entre 16 y 19 años— que votarán por primera vez para elegir a su presidente, Colombia con más de 13 millones de votantes potenciales y México con 14 millones —entre 18 y 23 años— que emitirán por primera vez su voto en las elecciones presidenciales son tres ejemplos de la población millennial que representa la nueva cara de América Latina.

El poder está en sus manos y con este dramatismo de cambio sin retorno hay que considerar que, en caso de que no lo usen, la responsabilidad histórica del mundo en el que van a vivir ya no será nuestra —las viejas generaciones—, sino suya. Porque si este mundo ya no se puede recuperar, es su obligación quemarlo. Pero si es recuperable, entonces su obligación es reconstruirlo como nuevos propietarios.

Se acabaron las palabras, se acabaron los tiempos, se acabaron las excusas, es aquí y ahora, y la historia nunca se detiene. Veamos en Brasil, en Colombia y en México a quién arrollará la historia y de dónde vendrá el viento, si del este o del oeste.

 

Los secretos de Napito

Raymundo Riva Palacio

Estrictamente Personal

 

En 2012, Napoleón Gómez Urrutia, apostó su futuro en Andrés Manuel López Obrador. Había tenido acercamientos indirectos con él y a través de personas en el equipo íntimo del entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, que fueron varias veces a platicar con él a Vancouver, donde se había refugiado mientras enfrentaba a la justicia mexicana por un fraude millonario. Gómez Urrutia esperaba que, de ganar López Obrador la Presidencia, la acusación en su contra se cancelaría. Cuando perdió López Obrador, cambió su discurso para apoyar al entonces presidente electo Enrique Peña Nieto. El regreso del PRI a Los Pinos, le daba esperanzas de libertad.

Desde que comenzó el gobierno de Peña Nieto, Gómez Urrutia buscó vías de comunicación a través de poderosos políticos priistas del norte del país, quienes cabildearon en su nombre. Napito, como llamaban al hijo del líder vitalicio de los mineros, Napoleón Gómez Sada, confiaba que podría regresar del exilio canadiense, porque las señales que recibía apuntaban en ese sentido. Lo que escuchó es que el gobierno peñista no quería mantener vivo un problema heredado por el gobierno de Felipe Calderón –que a su vez lo había recibido de la administración de Vicente Fox–, y que trabajaría para cerrar el caso.

En el gobierno había preocupación, sin embargo, por el respaldo que le habían dado los sindicatos canadienses y, en particular, los sindicatos de la industria automotriz en Estados Unidos, con quienes había acordado que a cambio del apoyo recibido en su exilio en Vancouver, al regresar a México trabajaría para que los contratos colectivos en las armadoras instaladas en este país, los controlaran ellos. El presidente Peña Nieto quería saber de primera mano qué pensaba él y sus expectativas, por lo que mandó a Canadá, para entrevistarse con él, al entonces secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, que hoy despacha en Gobernación.

Antes del encuentro, a mediados de ese año, comenzaron a producirse eventos inusuales que beneficiaron a Gómez Urrutia. El día seis se produjo el derrame de 40 millones de químicos peligrosos de la mina Buenavista del Cobre, en Cananea, propiedad de Germán Larrea, con quien se había enfrentado Napito, y donde 10 mil mineros lo denunciaron por un fraude de 55 millones de dólares. El derrame confrontó públicamente al gobierno federal y a grupos políticos del PRI con Larrea, quien se distrajo de su pleito legal con Gómez Urrutia para enfrentar la embestida ambiental del peñismo. Tres semanas después del derrame en Cananea, el día 28, el Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito del Distrito Federal canceló la última orden de aprehensión vigente en contra de él, al declarar la inconstitucionalidad de la orden de aprehensión y de la negativa de amparo.

En los juzgados se enfrentaron los jueces por el caso de Gómez Urrutia. Por un lado, los expedientes en la jurisdicción del Gobierno de la Ciudad de México, los tribunales fueron fallando sistemáticamente a favor de Napito, aunque hubo magistrados que establecieron que los dictámenes no significaban que no fuera responsable de uno o varios delitos que le imputaban, y que tenían que seguir siendo investigados para determinar sus responsabilidades. En el Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Penal sucedió algo aún más extraño, porque para el voto sobre el caso del exlíder minero, se incorporó a un juez, que tras emitirlo a favor de la cancelación de la orden de aprehensión, fue retirado de ese órgano y nunca más regresó. Nunca se dio explicación alguna sobre la aparición efímera de ese juez que sólo participó en el voto sobre Napito.

Después de la cancelación de la orden de aprehensión, Navarrete Prida, quien había estado en Vancouver en noviembre de 2013 para ver un programa de intercambio de braceros, se reunió dos veces con Gómez Urrutia en esa ciudad y una tercera más en San Francisco, California, pero no se conocen los detalles de esos encuentros. Abogados de los mineros mostraron en su momento extrañeza por lo que sucedió después de agosto y tras las reuniones con Navarrete Prida. En agosto y septiembre de 2014, en la prensa se habló ampliamente que el regreso de Gómez Urrutia era “inminente”, pero nunca se dio. Aunque el fallo fue en firme, o sea, sin posibilidad de apelación, Napito no regresó a México. Los jueces no lo exoneraron del delito, sino aclararon que tendría que ser llevado a un ámbito no penal. Desde entonces, la PGR no le ha abierto un nuevo caso, ni Gómez Urrutia ha amagado con los sindicatos canadienses y estadounidenses.

En una conversación con su abogado, Marco Antonio Del Toro, afirmó que su cliente ganó todos los casos y no hay en estos momentos ninguna orden de aprehensión en su contra, pero que por recomendación suya, no ha regresado a México porque teme que Grupo México busque una nueva orden de aprehensión en contra de su cliente. La libertad de Gómez Urrutia es relativa. Lo que se pudo haber logrado en los tribunales mexicanos con los apoyos priistas, que no tuvo Napito en el gobierno de Calderón, no le alcanza para darle la tranquilidad. La posibilidad de regresar finalmente del largo exilio canadiense se la ha brindado Andrés Manuel López Obrador al incorporarlo en la lista plurinominal del Senado. Es la puerta al fuero constitucional para que regrese a México sin temor a que le vuelvan a pedir cuentas por el fraude que, insisten los mineros, cometió, cueste, a quien sea, lo que cueste.

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/raymundo-riva-palacio/los-secretos-de-napito

La cleptocracia

Sergio Aguayo

El domingo, los tres candidatos se lanzaron contra la corrupción sin decir nada sobre sus respectivos “impresentables”. Lo hacen porque no saben cómo resolver la telaraña cleptocrática que aprisiona la política nacional. Un ejemplo nítido es el fondo creado para atender a los damnificados y a la reconstrucción.

Sinopsis. El sismo del 19 de septiembre del año pasado sacudió a México, para reparar los daños en la capital se armó, con donativos y partidas presupuestales, una bolsa con 14 mil millones de pesos. Queriendo ungirse de transparencia, crearon una comisión integrada por ciudadanos honorables y nombraron un comisionado de buena reputación.

Hay evidencia de que a finales de 2017 ya se habían reblandecido las buenas intenciones del jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera y de tres asambleístas: Leonel Luna (PRD), Mauricio Toledo (PRD) y Jorge Romero (PAN). El triunvirato (o truhanvirato como lo bautizara Leonardo Curzio) aprobó una norma que les da la facultad de “autorizar, supervisar, vigilar y proponer” el ejercicio de esos recursos. Mancera aceptó la maniobra y se escudó en esa sonrisa de beato laico que ha caracterizado a su gobierno. El triunvirato ya repartió 7 mil 754 de los 14 mmp, confirmando así, que la Ciudad de México está gobernada por una cleptocracia (con algunas excepciones).

Supongo que esos recursos sirvieron en las arduas negociaciones que culminaron en el “palomeo” de tres de ellos. Mancera está en un lugar seguro (por ahora) porque va en la lista de senadores del PAN y Luna y Toledo fueron incluidos en la relación de quienes integrarán (por un tiempo al menos) la fracción del PRD en la Cámara de Diputados. No se preocupen por Jorge Romero; encontrará acomodo para protegerse de investigaciones futuras. El fuero del legislador es el capote del presunto culpable.

La maniobra fue tan burda que ya renunció el comisionado Ricardo Becerra, argumentando que el reparto de los 7,754 mdp “no tiene relación alguna con el diagnóstico de las necesidades” (cita textual de su carta de renuncia). También se despidieron Katia D’Artigues, Mauricio Merino y Fernando Tudela.

El domingo pasado Ricardo Anaya llenó el Auditorio Nacional y vociferó contra la corrupción, pero calló sobre el saqueo de los fondos para la reconstrucción, pese a que la indignación ha inundado las redes y los medios. ¿Por qué?

Hubo un tiempo en que el PAN y el PRD (o sus encarnaciones previas) se basaban en principios y competían en congruencias. Reviso las biografías del triunvirato y me pregunto por la metamorfosis vivida por éste. Leonel y Toledo tienen padres sindicalistas (uno mexicano y el otro chileno) y mamaron historias de gestas proletarias. Imagino que cambiaron por una revelación mística. Mientras abordaban el metro Pino Suárez se les acercó Carlos Hank González en forma de vagonero y discretamente les aconsejó “un político pobre es un político pobre”. A Jorge Romero me lo figuro tomando como referente al Papa Alejandro VI.

El triunvirato y Mancera están involucrados como gobernantes a la especulación urbana, al corporativismo que compra voluntades y son gladiadores en la arena donde se disputan presupuestos y cargos. Forman parte de esa generación de políticos que, incapaces de convencer con ideas, necesitan dinero para poder comprar conciencias, alimentar grupos y contemplar sonrientes el futuro.

Lo aquí descrito se replica por todo el territorio nacional y quienes ahora compiten por la presidencia o por otros cargos, tienen que lidiar con el hecho de que en las elecciones mexicanas pesan, y mucho, el dinero y las clientelas. Las ideas y los principios sirven para los discursos. Cada aspirante maneja esa realidad como puede, evitando meterse en incómodos detalles; por eso nunca detallan cómo piensan desmontarla. Eso también explica el porqué los tres aspirantes a la presidencia cargan con un costal de “impresentables”.

Desmontar ese andamiaje es uno de los retos de nuestro tiempo (los otros son la violencia y la desigualdad). Mi aportación en este espacio es intepretar la realidad y describirla con crudeza. El saqueo de los fondos para los damnificados y la reconstrucción que están llevando a cabo Mancera, Luna, Toledo y Romero es una infamia que exhibe, en consecuencia, a Anaya como un farsante.

Twitter: @sergioaguayo

Colaboró Mónica Gabriela Maldonado Díaz.

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/942351.la-cleptocracia.html

#SoyAsperger

#SoyAsperger

A lo largo de mi vida he regalado cientos de sonrisas cuando me dicen cosas que no logro entender; en lo relativo a la comunicación, cada palabra que mis oídos escuchan, resuena en mi cerebro y las procesa lento

18 de Febrero de 2018

Por Armando Hernández Cruz *

@drarmandohdz

El síndrome de Asperger es una Condición dentro del Espectro Autista, o “neurodiverso”, que se caracteriza principalmente por la existencia de graves problemas en la interacción social en un individuo. Toda mi vida he vivido con esta condición, no obstante me fue formalmente diagnosticada hasta 2016. En mi caso, la  adaptación social aparentemente “normal” es el resultado de hacer algo que no solemos hacer los autistas: prestar atención a temas que no son de mi interés, procurando que ello no se note.

Si a eso agregamos los problemas usuales de personalidad y de trato social que tenemos todos los seres humanos, se entiende por qué es complicado para una persona Asperger —o con cualquier otra condición de autismo— vivir en un entorno social.

Algunas condiciones que supone la condición de autismo son: las dificultades generalizadas en la interacción social; la dificultad para tomar decisiones; problemas en la “Teoría de la mente” (entender las emociones de otros), la sensibilidad a cambios mínimos en la rutina diaria; los patrones de conducta “ingenuos” o poco maliciosos; los problemas gastrointestinales derivados del estrés; el bruxismo (habito de apretar inconscientemente la mandíbula) y la alexitimia (incapacidad de reconocer emociones propias o ajenas).

A lo largo de mi vida he regalado cientos de sonrisas cuando me dicen cosas que no logro entender debido a la literalidad en mi comunicación o cuando me ha saludado una gran cantidad de personas a las que me es imposible reconocer. Todo esto ha sido un proceso de adaptación para sobrellevar situaciones sociales que no sé manejar. Aunque al final de cuentas sólo represento, imito o me “disfrazo” de un personaje neurotípico (no autista) que NO SOY.

Esta actuación puede llamarse incluso “fingimiento social” y es sumamente desgastante para mi salud física, mental y emocional. No obstante, si actuara en sociedad como lo dicta mi naturaleza autista, me habría quedado más rezagado socialmente de lo que hasta ahora he logrado avanzar.

Soy una persona autista que parece tener muchos amigos y relaciones sociales con cierta “normalidad”, esto vuelve mi condición aún menos visible. Tanto que mucha gente no puede creer que yo tenga una condición del espectro autista, como el síndrome de Asperger, o bien insiste en que el Asperger no es autismo. Esto invisibiliza, resta importancia e impide la atención adecuada de esta condición.

Por si fuera poco, los “trastornos” del espectro autista presentan “comorbilidades” (otros trastornos asociados o derivados de la condición). Cabe destacar que éstas no son iguales en cada caso, aquí únicamente quiero exponer cuáles he experimentado a nivel personal con el fin de que sirva como caso ejemplificativo:

Hiperacusia (sensibilidad extrema a los sonidos en general); ansiedad; Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (TDAH); prosopagnosia (imposibilidad de recordar rostros); fobia social; anhedonia (imposibilidad de “disfrutar” cualquier cosa); imposibilidad de reconocer aromas y de percibir sabores; hipersensibilidad táctil; problemas de orientación; aversión a las conversaciones prolongadas, innecesarias, con gente no conocida, o que traten sobre temas fuera de mi interés; y estereotipias de movimientos involuntarios que buscan generar estabilidad o calma, sobre todo en situaciones de estrés leve o severo, son movimientos que no se pueden controlar, eliminar o disminuir.

Una característica de los Asperger es que no podemos “leer” la mente de otros, por eso mismo, la gente tampoco puede “leer” nuestra mente, para predecir lo que estamos pensando. Yo no entiendo de supuestos, metáforas, obviedades, leer entre líneas, frases a medias, etc. La comunicación conmigo debe ser concreta y literal, casi como hablar con un robot.

Interpretar pensamientos o sentimientos de otras personas (“leer la mente”) es algo relativamente normal; las personas suelen atribuir pensamientos o sentimientos a otras personas según el contexto o la situación, interpretando cómo se sentirían ellos. Aunque no siempre están en lo correcto, es relativamente “fácil” para un neurotípico captar lo que otra persona piensa o siente respecto a determinada situación, esto se le conoce como “Teoría de la mente”. Los Asperger no podemos hacer eso.

Hay al menos dos aspectos difíciles en la interacción social del Asperger:

1.    Lograr el contacto social deseado, lo cual se hace difícil ante la falta de herramientas para lograr un tipo adecuado de relación.

2.    Evitar el contacto social no deseado, que en algunos casos es la mayoría del contacto. Esto hace doblemente difícil establecer relaciones con la gente y los momentos adecuados.

En lo relativo a la  comunicación, cada palabra que mis oídos escuchan,  resuena en mi cerebro y las procesa lento. Por eso es que no resisto pláticas o explicaciones largas o extensas, así como enunciados interrogativos, ya que estos requieren una respuesta que tengo que procesar.

Debido a mi comprensión literal de las palabras, me es imposible entender y gritar un “goya” en la UNAM, una porra, cantos a la bandera (excepto el Himno Nacional, que lo canto por obligación cívica) rituales de la iglesia católica (los rituales budistas sí se me dan) y otras liturgias, cuando no tienen una letra que tenga un significado literalmente comprensible. Muchas veces he sido juzgado por esa razón, sin que se comprenda que se trata de una parte de mi condición dentro del espectro autista.

Flor de loto: siempre que se habla de autismo se piensa en niños, pero hay que tener en cuenta que un niño con una condición de autismo, como el síndrome de Asperger, será un adulto con esa condición. También debe pensarse el autismo en la edad adulta.
*
Presidente del Tribunal Electoral de la CDMX

 

http://www.excelsior.com.mx/opinion/columnista-invitado-nacional/2018/02/18/1221115

 

Stigmata o el beso de la maestra

Por Jorge Zepeda Patterson

SinEmbargo

febrero 18, 2018

No resulta fácil para los votantes de la izquierda, y en general para los mexicanos que aspiran a un cambio, observar los coqueteos de Andrés Manuel López Obrador, el principal candidato de oposición, con el grupo que encabeza Elba Esther Gordillo. Tanto de palabra como en el acercamiento del yerno de la maestra, Fernando González Sánchez, el Peje no ha dicho que no a los requiebros de una mafia política desprendida del PRI que tuvo la astucia de subirse al barco ganador con Felipe Calderón en 2006 y ahora intenta regresar al poder trepándose en el proyecto de Morena.

El propio González fue subsecretario en la SEP durante el segundo sexenio panista (lo que fue considerado como la entrega de las llaves del bar al borracho) y la maestra recibió carteras relevantes en el gabinete de Calderón como el ISSSTE y la Lotería Nacional, entre otras.

La alianza tácita o explícita que parecería haberse fraguado entre el tabasqueño y la maestra es incómoda, por decir lo menos. Hasta antes de su encarcelamiento hace cinco años Elba Esther Gordillo era considerada por los mexicanos como epíteto de la corrupción. Sus desplantes políticos, las violentas prácticas sindicales, sus bolsos millonarios y sus gastos dispendiosos ejemplificaban lo más siniestro del sindicalismo charro. Cayó en desgracia no porque el sistema hubiese querido hacer un acto de justicia o limpieza sino por una estricta operación de venganza política. Al PRI de Peña Nieto le urgía castigar la traición de uno de sus generales y enviar el mensaje al resto de los capos del corporativismo. En otras palabras, Elba Esther perdió la inmunidad y cayó del poder no porque hubiera cambiado o como resultado de un acto de contrición, sino porque no encontró la manera de compensar el pecado y regresar al redil para subsanar la traición cometida en contra del PRI. Ahora, con su peculiar oportunismo, el PANAL, en teoría el partido del magisterio, ha apoyado formalmente al candidato oficial José Antonio Meade, pero Gordillo ha enviado al yerno a echarle porras a López Obrador.

En otras palabras, la Elba Esther que hoy busca poner sus activos al servicio de Morena no es un personaje redimido o transformado pese a sus cinco años de encarcelamiento. Aunque eso no parece importarle mayor cosa a Andrés Manuel. Como ha dicho Ricardo Raphael, el Peje se percibe a sí mismo como la pila de agua bendita capaz de exonerar de sus pecados al propio diablo.

Hay un costo, desde luego, y no es menor. Los besos del diablo dejan estigmas, aunque cicatricen. La alianza, aun cuando no se formalice, le ha generado todo tipo de críticas entre los detractores del puntero en las encuestas. Un pragmático sin convicciones es lo menos que se ha dicho en contra del candidato. Lo de Gordillo viene a sumarse a otros compañeros de viaje incómodos como el PES (el partido vinculado a movimientos cristianos), Cuauhtémoc Blanco y una multitud de tránsfugas del PRI, muchos de ellos de oscura reputación.

Pero la lógica de López Obrador es otra. En su calculadora política asume que el daño que estas acciones pueden provocarle entre los círculos intelectuales, en el código postal 11000 (Lomas y Polanco) y en las charlas de sobremesa de la clase alta y media-alta es poca cosa frente a la posibilidad de movilizar el voto popular. Reyes Heroles y Silva Herzog de cualquier manera no iban a sufragar por él. Sumar a decenas o centenas de miles de maestros a su causa, en cambio, podría hacer la diferencia. El grueso de la población no lee periódicos pero sí tiene un maestro de escuela al lado, una iglesia pastoral cerca o gusta del futbol. Tan sencillo como eso.

López Obrador busca denodadamente no solo los votos que lo hagan presidente sino también la fuerza de campo que permita vigilar miles de casilla en 300 distritos electorales. Su primer objetivo es ganar, el segundo que no le arrebaten el triunfo; y para ello necesita contar con un ejército de aliados que vigile palmo a palmo todo el territorio nacional. Algo que falló en 2006.

Y por lo demás, él da por descontado que sus alianzas son inofensivas y que sus convicciones no están en juego. En principio su gabinete ya fue anunciado al margen de estos compañeros de viaje, aunque ciertamente quedan muchas carteras de la estructura del poder a repartir. En todo caso frente el “haiga sido como haiga sido” de Calderón y lo que se vio por parte del PRI en Edomex, es evidente que AMLO asume que la batalla será ruda y no es el momento de ponerse purista. Lo dicho, un combate entre la pila de agua bendita y los besos del diablo. El yerno ha dicho que los maestros votarán por López Obrador. ¿Será?

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