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Forjemos la paz

El clero político y los políticos

Ricardo Raphael

Dos neuróticos y el alcalde futbolista

Neurótica es una persona que cuando resulta atacada por la espalda saca su sable para atravesarse el cuerpo, desde el estómago hasta la espalda, esperando que del otro lado la punta logre alcanzar a su adversario.

Roberto y Julio Yáñez son dos neuróticos de laboratorio. No está probado todavía que el futbolista Cuauhtémoc Blanco haya firmado un contrato privado para aceptar ser candidato a la Alcaldía de Cuernavaca. Pero según el dicho de ambos señores, ellos le ofrecieron y pagaron 7 millones como contraprestación.

Roberto Yáñez, fundador del Partido Socialdemócrata, lo confesó en horario triple A, el jueves de la semana pasada, durante el nuevo programa que conduce Denise Maerker.

“Ese contrato es cierto… Cuauhtémoc Blanco nos cobró 7 millones de pesos por participar como candidato a la presidencia municipal de Cuernavaca,” declaró a la periodista.

Afirmó también que su único y noble propósito era traer felicidad para la ciudad de la eterna primavera.

“(Queríamos) comprar esperanza,” abundó al día siguiente en otra entrevista con Alberto Millán, en un noticiero morelense (http://bit.ly/2buqPGS).

¡Conmovedor! “Comprar esperanza”… “y también amaneceres”, entonaba una canción de Mocedades durante los años del franquismo español.

En lo que se averigua si el contrato en disputa contiene la firma autógrafa del futbolista, hay ya suficiente información como para alimentar un escándalo grande.

La entrevista de Millán merece convertirse, por entero, en parte de la investigación recién iniciada por el Instituto Nacional Electoral (INE) y roguemos que también pronto por la Fepade.

Cada frase, cada expresión, cada desliz, cada intento de defensa, son pruebas del delito electoral cometido.

“Fíjate que nosotros, como empresarios, como ciudadanos, siempre hemos estado deseosos… de tomar participación en las decisiones de gobierno” –afirma Yáñez– y por este motivo se jacta de haber contratado a una figura pública para que compitiera bajo las siglas de su partido.

Acepta con candidez que fue una negociación –igual a la que hacen los equipos de futbol– pero esta vez realizada por una fuerza electoral con registro para competir en las urnas.

“Es normal,” insiste.

¿Normal para quién? ¿Para los partidos o para los equipos deportivos? ¿Desde cuándo se volvieron lo mismo?

“Creímos que su nacionalismo – que el ídolo que es– iba a dar la cara por los ciudadanos a costa de todo.”

¿A qué ciudadano en concreto quiere este señor Yáñez verle la cara? ¿Por qué un jugador de balompié sería más nacionalista que el resto de los morelenses? ¿Por qué un ídolo nacido en el estadio Azteca se convertiría de la noche a la mañana en un gran gobernante? ¿En un paladín de la democracia?

Todavía más intrigante: ¿por qué alguien que supuestamente pidió 7 millones de pesos a cambio de poner su nombre en la boleta sería un gran mexicano?

Se pasa Yáñez intentando justificar el fraude electoral que con premeditación, alevosía y ventaja recetó a la ciudad de Cuernavaca.

Y sin embargo asegura este falso ingenuo que no cometió ninguna falta. Cabe preguntarle: de haber dado a conocer este contrato antes de los comicios, ¿quién habría votado por Cuauhtémoc Blanco?

Se equivocó este fulano cuando pensó que podía emplear al futbolista para ganar una elección y luego ser él quien, a la sombra, gobernaría Cuernavaca. Como político resultó un pésimo empresario.

Es porque falló su apuesta, que ahora anda desnudo y presumiendo la neurosis a mitad de la plaza. Le dolió que el títere cobrara vida propia y además que, como Pinocho, resultara un mentiroso.

Zoom

La sanción que el INE vaya a imponer sobre el caso de Cuauhtémoc Blanco debe ser ejemplar. De otra manera podría sugerir un patrón de comportamiento para otros ingenuos –más ricos– con ganas de contratar un presidente de la República para que traiga esperanza entre su pueblo, y de paso sirva luego a sus mezquinos intereses.

http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/dos-neuroticos-y-el-alcalde-futbolista-1472457167

 

Trivializar el escándalo

29/Agosto/2016

Jesús Silva-Herzog Márquez

Desde luego hay cosas más importantes en el mundo que el plagio juvenil de Enrique Peña Nieto.

El éxodo de Siria, el desmoronamiento de Europa, las epidemias mortales son asuntos muchísimo más importantes. Por supuesto, es más grave el crecimiento de la violencia en el país que un trabajo escolar de hace 20 años. No es, sin embargo, una frivolidad hablar de las trampas del estudiante que se llegaría a ser presidente de México. Mucho dice de él, del ambiente en el que creció, de su idea de lo permisible. Mucho dice de nosotros la manera en que reaccionamos ante estas revelaciones. No es una ligereza detenerse en el hecho, como ha dicho el secretario de Desarrollo Social, despreciando el reparo de algunos frente al plagio. No es frívola la reacción de los académicos indignados defendiendo la honestidad como el principio que ha de regir la vida académica y la vida política. No es tampoco frívola la atención que le ha prestado la prensa extranjera, recordándonos las consecuencias que han tenido el mundo revelaciones semejantes. No es cualquier cosa: un estudiante que ocuparía la silla presidencial robó, en el camino a su licenciatura, a un expresidente. También hurtó ideas de historiadores y constitucionalistas. Presentó como propias ideas que eran de otros. Se adueñó sin permiso de lo que le era ajeno. Hizo trampa para concluir su estudios profesionales. No era un niño escondiendo en su bolsillo un dulce de la tienda. Era un joven y ambicioso militante del PRI que participaba ya en la política de su estado. Quienes nos dicen que esto es irrelevante nos dicen que la probidad de un gobernante no importa. ¿Qué más da?, preguntan. Cometer fraude con lo que se escribe es un hábito inocente, respetar las ideas de otros es un recato menor.
Nos los dice, incluso, el secretario de Educación, afirmando que hay cosas más importantes que la integridad académica. ¿Las hay, realmente? ¿Puede haber calidad educativa sin asideros éticos, sin compromiso con los valores elementales de la escuela? ¿De qué compromiso con la educación hablamos cuando no se defiende la integridad del trabajo universitario? El promotor de una ambiciosa reforma educativa se siente obligado a menospreciar la honradez intelectual. Si el plagio, como deja ver el secretario Nuño, es un gazapo sin importancia, ¿será igualmente irrelevante el hurto de los exámenes en los que se fundamenta su apuesta por la calidad? Si el plagio presidencial es un error de estilo, supongo que el robo de las pruebas será tratado como una simple confusión archivística.
Las justificaciones del plagio son aberrantes; su trivialización es el verdadero escándalo. La probidad de un gobernante es un asunto de la máxima importancia. Por eso la revelación del plagio merece la indignación colectiva. Es inadmisible tomar a la ligera una trampa académica como si fuera una anécdota banal, como si fuera un tropiezo irrelevante, una distracción sin malicia. Plagiar es robar. Y el robo de palabras, el robo de ideas no es, como quiere decir el vocero presidencial, un asunto de estilo. Cada quien tiene su forma de expresarse: tú usas frases cortas, yo uso frases ajenas. Tú evitas los adjetivos, a mí me disgustan las comillas. Tú usas epígrafes en cada capítulo, yo escondo mis fuentes. Cada quien su estilo. El plagio no es una peculiar forma de darse a entender, es un engaño. Es la traición a la confianza que deposita un lector en quien algo escribe, una mentira.
El plagio expuesto es otro golpe en el órgano más débil del gobierno de Enrique Peña Nieto: su médula ética. Pero el reportaje de Carmen Aristegui no solamente exhibe una trampa que permaneció oculta durante mucho tiempo sino que coloca a los actores políticos, a la prensa y a los críticos, a los aliados del Presidente, a la sociedad misma, ante el deber de definirse frente a la trampa intelectual. Muchos medios han decidido ignorar la información. A pesar de las reacciones de la oficina presidencial y de su resonancia internacional han decidido hacer silencio al reportaje. Otros, no solo en el gobierno sino también en la oposición, arguyen que es, si acaso, una falta menor, una absurda distracción. Insisto en que el escándalo más preocupante es la ligereza con la que se ha reaccionado, la facilidad con la que se ha excusado el fraude escolar. Lo criticable es el rencor de la periodista, dicen unos. No es para tanto, todos lo hemos hecho, dicen otros. Estos reflejos, son el signo más elocuente de nuestra crisis moral. La trampa es cultura, nos dicen todos los que disculpan al plagiario o trivializan la falta.

http://www.criteriohidalgo.com/a-criterio/trivializar-el-escandalo

Reforestación y demagogia

Territorios Indómitos por Raúl Benet

No dejamos de maravillarnos por las imágenes que muestran la bondad con la que nuestros funcionarios cavan las cepas y plantan hermosos arbolitos que con una alta probabilidad morirán antes de que acabe el sexenio. Apenas el pasado fin de semana varios directivos de Televisión Azteca, secundados por el Secretario de Medio Ambiente y el Director de Conafor, entre otros funcionarios y empresarios, realizaron un acto más de reforestación, en esta ocasión en un pastizal del paraje ‘Las Maravillas’, en la Ciudad de México, en un evento mediático complementario al encabezado por el presidente Peña Nieto en el mes de julio en el estado de Tlaxcala.

La reforestación ha sido un negocio importante desde hace muchas décadas. Millones y millones de pesos han cambiado de manos entre funcionarios, empresarios y comandantes de zonas militares que producen las plantas. Cientos de millones de arbolitos han sido distribuidos por todo el territorio nacional.

Cada temporada de lluvia vemos al presidente en turno, al secretario de medio ambiente y al secretario de Defensa Nacional llegar en sus helicópteros hasta el terreno escogido, para hincarse en pantalla y plantar su arbolito. El secretario Pacciano promete que en esta ocasión sí habrá sobrevivencia de al menos seis de cada diez arbolitos y que este gobierno reforestará un millón de hectáreas.Pero ¿es realmente necesaria la reforestación para la recuperación de los bosques? ¿Es siempre benéfica para los bosques? ¿Es exitosa? No es posible dar una respuesta absoluta a esas preguntas, pues en algunas ocasiones la reforestación es necesaria y deseable, pero en muchas otras situaciones, tal vez en la mayoría de los casos en nuestro país, la reforestación puede resultar bastante perniciosa y contraproducente.

En los eventos señalados más arriba, se trata del establecimiento de plantaciones de pinos en pastizales, en el primer caso en un pastizal natural y en el segundo en un pastizal inducido. Un bosque natural se rige por los principios del ecosistema: diversidad, conectividad, procesos de largo plazo, complejidad. Una plantación de este tipo tiene muchos efectos positivos: captura carbono y tiene el potencial de infiltrar agua, pero varios de los atributos ecosistémicos están prácticamente ausentes (diversidad, complejidad e incluso interconectividad), lo que pone en duda su prevalencia a largo plazo. Por su lado, los pastizales naturales son ecosistemas complejos, biodiversos y en cuyos suelos se infiltra agua y se captura una cantidad muy importante de carbono, por lo que sustituirlos por plantaciones puede llegar a ser contraproducente.

Pero lo verdaderamente contraproducente suele ser el incrementar artificial e innecesariamente la densidad de árboles dentro de un bosque. Los árboles adultos dentro de los bosques producen millones de semillas; más de un millón de éstas pueden germinar en tan sólo un kilómetro cuadrado de bosque. Pero cada uno de esos arbolitos necesita luz, nutrientes y espacio.

Al igual que ocurre en parcelas agrícolas o frutícolas, en muchas ocasiones el bosque crece mucho más sano si se hace un raleo de los arbolitos, o si se les deja crecer un poco y se hace un aclareo bastante drástico, de tal manera que los árboles que quedan puedan desarrollarse. Eso es lo que se hace en los modelos silvícolas que han demostrado maximizar la biomasa, la captura de carbono y la salud del bosque: se llevan a cabo aclareos que reducen la densidad del arbolado y permiten el sano desarrollo, reduciendo la infestación por plagas, el riesgo y daño por incendios y mejorando en general el estado del bosque. Entonces no sólo es innecesario meter más arbolitos, sino que puede incluso ser necesario sacar algunos. Pero la norma y la Semarnat literalmente OBLIGAN a los ejidos y las comunidades a sembrar diez, veinte o hasta treinta mil arbolitos cada año, cuando lo que en muchos casos se requiere es reducir la densidad mediante el aclareo. Y lo peor del caso es que históricamente en las reforestaciones se han utilizado especies dañinas o al menos ajenas al bosque, que sustituyen o inhiben a la flora original, alteran la dinámica y la composición de especies, e incluso llegan a producir daños colaterales, como sustancia que resultan tóxicas para los insectos benéficos. Las autoridades afirman que ahora sí se utilizan especies ‘de la región’, pero en los hechos a un predio llegan árboles de cualquier lado, de donde se consigan, y en muchas ocasiones siguen llegando plantas que no corresponden a la región.

Curiosa y contradictoriamente con la política de reforestación a ultranza, la Estrategia Nacional de Incremento en la Productividad (ENAIPROS) que es la principal estrategia de la Comisión Nacional Forestal en el presente sexenio, establece regímenes de aclareo bastante severos para los bosques en producción, medida que es necesaria para promover bosques más sanos y productivos, pero que se ve contrarrestada por una política de reforestación demagógica y errática.

Recientemente en un ejido del estado de México, tuve una plática con un grupo de ejidatarios, que estaban llevando a cabo labores de aclareo como parte de las actividades establecidas en su plan de manejo aprobado por la Semarnat. El aclareo consiste en eliminar una parte significativa de los árboles jóvenes, para permitir el pleno desarrollo de los árboles restantes y obtener así el máximo potencial del bosque. En el mismo paraje donde se realizó el aclareo, encontrábamos cientos de arbolitos recién plantados por prescripción oficial, muchos de ellos de especies ajenas a la región y casi todos en un estado deplorable, prácticamente secos. ¿por qué plantar más arbolitos destinados al fracaso en un bosque sano donde hay regeneración natural y lo que se requiere es un aclareo? La respuesta que obtuve es que es un requisito que impone la Semarnat.

El primer paso si se pretende abordar las causas de la deforestación, NO es la reforestación, sino la atención a las causas que provocan deforestación. En otras palabras, antes que reforestar lo que se necesita en primer lugar es detener la deforestación y la degradación de los bosques. Entre las principales causas que explican la deforestación se encuentran políticas públicas que no valoran el bosque y que por el contrario promueven su destrucción. Si los bosques se convierten en pastizales es, entre otras cosas, porque las vacas, borregos y chivos tienen mucho más apoyo oficial que los árboles, y menos trabas. Para un campesino al que se le imponen severas restricciones para aprovechar su bosque, le quedan pocas alternativas: meter ganado (subsidiado, por cierto), irse al norte, vender la parcela… o dejarla a merced de la delincuencia.

En conclusión: la reforestación es por lo general un acto demagógico que no logra revertir el deterioro y la pérdida de los bosques, sino que persigue otros fines, generalmente mediáticos y políticos. Muchos de los parajes deforestados desde hace décadas pueden ser mejor utilizados para producir alimentos mediante la intensificación de la producción agropecuaria en los mismos, o favorecer la regeneración natural, y mientras tanto centrar los recursos destinados al sector forestal en promover el manejo sustentable de los bosques por parte de sus comunidades mediante la puesta en valor de los mismos. Aquí vale la pena recordar la reflexión de un prestigioso investigador forestal de relevancia mundial, Marc Daurojeani: A mediados de los años 1970 el autor visitó el primer experimento amazónico de reforestación desarrollado unos 20 años antes por la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en un sitio llamado Curuá-Una. ‘Eran docenas de parcelas experimentales y de sus repeticiones. La frustración crecía a medida que se observaba, uno a uno, el decepcionante resultado de todas las plantaciones de especies nobles, sean estas nativas o exóticas. Fue cuando, se observó una parcela con árboles gigantescos, de fustes rectos, que prometían volúmenes excepcionales de madera por hectárea. Para sorpresa general esa era una de las parcelas testigo, es decir aquellas en las que no se plantó nada. Era regeneración natural. Fue una lección inolvidable’.

 

Reforestación y demagogia

 

Rosario Robles, secretaria de Estado, titular de la Sedatu, ha declarado, como parte de una acalorada defensa al indefendible gobernador César Duarte, que los periódicos sólo sirven “para matar moscas y limpiar vidrios”.

Luego se disculpó por lo dicho, conforme al protocolo peñanietista de pedir perdón después de cajetearla, como requisito para seguirla cajeteando. Lo que no quiere decir que piense diferente, sino que se arrepiente de haber expresado públicamente su opinión sobre los periódicos.

Esto nos explica perfectamente por qué esta señora no entiende cómo es que hay gente que acusa a gobernadores como los Duarte o que critica a su guapo presidente Peña Nieto y a su administración, o a ella misma por ser —parafraseando a Pacheco— todo aquello contra lo que luchaba a los 20 años, entre otras cosas. Es obvio que si uno utiliza los periódicos para envolver aguacates nunca se va a enterar por qué salen tan caros.

Sinceramente no me imagino cuántas moscas habrá matado Chayito Robles en su vida, pero es probable que, por su actual situación política, las moscas se le acerquen de manera natural. Supongo que igual le debe pasar a su jefe Peña Nieto y al secretario de Educación, Aurelio Nuño (que corre maestros porque no se sujetan a los estándares de calidad, pero le perdona a su jefe el hecho de que haya plagiado su tesis de licenciatura). Los dirigentes políticos de este país se están mosqueando y no les queda más que matar moscas a periodicazos. Las moscas los persiguen, los huelen, a ellas les encanta posarse sobre gente así.

Cuando Vicente Fox era presidente se le tachaba de pedestre e ignorante, pero hasta él entendía que los periódicos eran para leer, por eso dejó de leerlos. Los miembros al aire del gobierno de Peña Nieto los usan para matar moscas y limpiar vidrios, como usan los libros para equilibrar las mesas, los “favores” como elementos de negociación política, la presidencia como agencia inmobiliaria y la Constitución como papel higiénico.

Lo único que no cuadra en la visión gubernamental sobre los medios impresos es cómo teniendo la prensa nacional funciones tan domésticas e inofensivas, agredan y maten a tantos periodistas en México. ¿Será acaso una conspiración de las moscas?

Si usted, siguiendo el ideario de Rosario Robles, piensa utilizar estas páginas para matar moscas, limpiar vidrios, envolver jitomates o forjarse un churro, le voy a pedir respetuosamente que mejor se consiga otro periódico (hay algunos que sí sirven para eso) o, si ya de plano la cosa es impostergable, por lo menos que se consiga otra página. Esta columna no se presta ni se prestará a contribuir al mosquicidio del gobierno federal. ¡Ni una mosca más!

 

Cómo matar moscas con este periódico

 

Policía y exterminio

Cuando la policía no se quiere dejar ver es porque algo necesita esconder, en cuyo caso ella misma alimenta la desconfianza social. Así sucede cuando nos enteramos de que no se recabó material videograbado y tampoco hubo aviso al C4 en la intervención policial en Tanhuato.

Ernesto López Portillo

#ErnestoLPV

Es cierto, ningún ciudadano promedio puede siquiera imaginar lo que es arriesgar la vida ante una amenaza letal. Muchos policías lo hacen, algunos de manera frecuente. Su experiencia es irrepetible y son seres humanos que pueden lograr hazañas heroicas, pero también pueden cometer los peores errores y los más graves crímenes. Justo por eso, justo porque el poder de usar la fuerza letal para hacer cumplir la ley ante amenazas igualmente letales implica cualquier riesgo para los policías y para terceros, el mundo viene enseñando que no se puede escatimar en su profesionalización y control.

Nada bueno sucede cuando la policía se queda al margen de la mirada pública. Se sabe que esa institución armada puede hacer lo mejor, pero también lo peor con sus poderes. En la página 105 de la Recomendación emitida por la CNDH en torno a la intervención de la Policía Federal (PF) en Tanhuato, Michoacán, sucedida el pasado 22 de mayo de 2015, se confirma, con base en un oficio emitido por la Comisión Nacional de Seguridad, que en el operativo “No se generó o recabó material videograbado y tampoco se generó aviso al C4 durante los hechos”.

Lo peor le sucede a una institución policial cuando ella y solo ella se mira a sí misma. Los peores escándalos de violencia y corrupción policial en la historia están directamente asociados a la clausura del escrutinio público sobre su desempeño. El poder sin controles se corrompe; es lo mismo, el poder policial sin  controles se descompone. No le puedes dar a una persona el poder de usar la fuerza y dejarla salir sin vigilancia. Por eso los modelos de control policial son cada vez más sofisticados y en muchos casos vienen incorporando el registro en video sobre el desempeño cotidiano.

En agosto de 2013 una jueza de la Corte Federal de Distrito en Manhattan, Nueva York, dictaminó la inconstitucionalidad del programa para detener, cuestionar y registrar a los ciudadanos a cargo del Departamento de Policía de Nueva York y ordenó, entre otras medidas, el uso de cámaras personales, buscando reducir la discriminación racial por parte de la institución. A mediados de 2015 un grupo de trabajo instalado por el presidente Barack Obama, encargado de diseñar el modelo policial para el siglo 21, anunció la distribución de importantes recursos federales a instituciones policiales locales a fin de adquirir este tipo de equipos. Inglaterra lo hizo antes. Entre 2005 y 2006 se llevó a cabo allá un programa piloto con la participación de 300 agentes y 50 cámaras. Desde entonces encontramos ejemplos en la misma tendencia en Toronto, Canadá; Medellín, Colombia; Rosario, Argentina; Panamá, Panamá; Madrid, España, y Asunción, Uruguay. Los programas más ambiciosos en Estados Unidos son los de San Diego y Los Ángeles, donde un programa se propone desplegar el uso de 7 mil cámaras personales. La evidencia disponible sobre el uso de esa tecnología en varios países arroja resultados positivos por igual en la reducción del crimen y en la disminución del abuso policial.

No conozco reporte público alguno en México que documente el uso de la videograbación de la policía sobre sus propias operaciones. Sabemos en Insyde de un programa de uso de cámaras personales en Tijuana, Baja California, pero no tenemos información sobre sus resultados. Por otro lado, a petición expresa, el propio instituto presentó un proyecto para realizar un programa piloto de uso de cámaras en uniformes de la Policía Federal Ministerial de la PGR, mismo que hasta el momento no ha prosperado.

La policía en democracia vive de la confianza y el apoyo social. En cambio, en regímenes autoritarios vive del miedo. En el primer caso estamos ante un servicio; en el segundo estamos ante una fuerza. Si la policía quiere ser un servicio entonces debe hacer todo para dejarse mirar y permitir la mejor supervisión posible, igual desde adentro y desde afuera. Cuando la policía no se quiere dejar ver es porque algo necesita esconder, en cuyo caso ella misma alimenta la desconfianza social. Así sucede cuando nos enteramos de que no se recabó material videograbado y tampoco hubo aviso al C4 en la intervención policial en Tanhuato.

Desde agosto de 2015 el periodista Carlos Loret de Mola publicó la versión de que ese operativo había incluido ejecuciones arbitrarias. Ahora la CNDH lo confirma. La pregunta se impone: ¿qué investigaciones internas en la Policía Federal y la Comisión Nacional de Seguridad se realizaron a 15 meses de distancia de los hechos? Así preguntó en entrevista la periodista Denise Maerker al Comisionado Renato Sales el pasado viernes 19. Hasta donde sé aún no hay respuesta pública.

Si miramos nuevamente la experiencia internacional, encontramos que hay lugares donde ya dejaron atrás cualquier expectativa de que la policía pueda ser adecuadamente investigada desde adentro. Es el caso de Jamaica, donde existe una Comisión Independiente de Investigaciones creada justo para evitar que la policía se auto investigue cuando hay uso de la fuerza, en especial la fuerza letal. Aquí un reporte con evidencias de la reducción de muertes a manos de la policía justo por la presencia de un sistema independiente de monitoreo e investigación.

Ojalá quienes opinan sobre la investigación de la CNDH respecto a la operación policial en Tanhuato se tomen la molestia de leer la Recomendación. Se trata de un largo relato que devela una operación policial de varias horas quizá orientada por un objetivo de extermino. Con base en información de prensa, el documento de la CNDH da cuenta de algunos antecedentes inmediatos al operativo, donde hubo ataques contra policías y militares que provocaron la lesión de 13 y la muerte de 30 de ellos, sucedidos entre el 19 de marzo y el 1 de mayo, al parecer a cargo del denominado Cártel Jalisco Nueva Generación. La posible concatenación de hechos sugiere una venganza.

En la página 247 de la Recomendación de la CNDH se lee: “Como resultado de la investigación realizada por este Organismo Nacional se acreditan violaciones graves a derechos humanos por personal de la PF, en virtud de la multiplicidad de violaciones comprendidas dentro del contexto general de los hechos, la especial magnitud de las violaciones en relación con la naturaleza de los derechos afectados, y por la participación de agentes del Estado”. La CNDH, luego de largos años de ausencia, muestra signos de reconstrucción.

Ahora queda en manos de la Procuraduría General de la República, en su caso, probar las responsabilidades penales en juicio. No sabemos si lo hará. La experiencia desafortunadamente no avala una expectativa positiva. Si es el caso que la montaña de indicios de delitos graves a manos de agentes de la Policía Federal aportados por el Ombudsman nacional no alcanzan para ello, entonces deberíamos entender que no hay control interno o externo alguno que valga sobre la Policía Federal. La posibilidad, por terrible que sea, está ante nosotros.

Lo que está en juego, en el fondo, es si México está dispuesto a tolerar la impunidad de operaciones policiales de exterminio o llevadas a ese efecto por pérdida de control. “Se lo merecían”, declaró alguien en la televisión. “La PF está barriendo la basura”, escribió otro en Twitter. No hay sorpresas. En México, como en muchas partes del mundo, una parte de la sociedad cree que la seguridad se debe alcanzar a cualquier costo, incluso entregando nuestros derechos a cambio. En realidad no hay seguridad posible para nadie si los derechos humanos están a disposición de alguien. Por lo demás, las policías que se exceden en sus atribuciones por esa vía contribuyen a la inseguridad objetiva y subjetiva. Véanse dos casos muy diferentes: Brasil y Estados Unidos. En ambos la policía provoca escándalos por sus excesos y así produce inseguridad. En futura entrega les contaré hasta qué punto sucede así.

Bien conocidas en muchas partes del mundo, las tareas de exterminio a cargo de la policía la colocan en el extremo opuesto de su mandato y en lugar de protegernos nos llevan al peor de los riesgos. El salto al vacío está a la vista.

 

@ErnestoLPV

http://www.animalpolitico.com/blogueros-ruta-critica/2016/08/24/policia-vigilancia-exterminio-tanhuato/

LORENZO MEYER

jue 25 ago 2016, 3:56am

 

El pasado como dilema

“Las experiencias de 1988 y 2006 han llevado a la izquierda a asegurar que no hará del ajuste de cuentas un tema central en 2018, esperando que la derecha acepte jugar limpio”

Lorenzo Meyer

L A relación entre la política como ejercicio efectivo del poder y la ética -juicio sobre el bien y el mal en la conducta humana- siempre ha sido ambigua. En la práctica, el evangélico “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” es más una manera de obviar que de enfrentar las contradicciones entre las esferas del poder y la ética.

¿Qué hacer con el pasado cuando éste está cargado de cuentas sin saldar entre la sociedad y sus élites? ¿Cómo cerrar el capítulo de agravios pendientes sin ofender al sentido de la justicia, pero sin alentar a los responsables a montar otra defensa numantina para impedir que se les finquen las responsabilidades que la mayoría considera más que fundadas?

Lo anterior viene al caso porque el 11 de agosto, en Acapulco, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el líder de Morena, leyó una ponencia titulada “Cambio y Porvenir de México (Una visión hacia el 2018)” El eje de ese documento es la necesidad de aprovechar la elección presidencial de 2018 para desplazar a los partidos y grupos que hasta hoy han ejercido el poder en México y abrir la posibilidad de empezar a escribir una historia política distinta, una desde la izquierda y que aborde de manera efectiva ese problema en que casi todos los mexicanos -y buen número de observadores externos- estamos de acuerdo: el de la corrupción pública. Desde hace tiempo, la presencia y expansión de las prácticas corruptas en todo el aparato institucional del Estado mexicano se ha convertido en uno de los mayores obstáculos, quizá el mayor, para la gobernabilidad y el desarrollo de la nación.

La propuesta de AMLO parte del supuesto que si en 2018 el poder vuelve a quedar en manos de los círculos que ya han tenido la responsabilidad de dirigir al país, entonces, como nación, seguiremos por el camino de la decadencia. Decadencia no sólo del sistema político sino de todo lo que en mayor o menor grado depende o es influido por ese sistema: la paz y seguridad públicas, la economía, la impartición de la justicia, el equilibrio de las clases sociales, el medio ambiente, la educación y la confianza en el futuro colectivo, entre otros campos. En el documento de Acapulco, AMLO insiste en “primero los pobres”, pero no en afectar a su contraparte, a los más afortunados, y, sobre todo, en empezar esa tarea de Hércules que interesa a pobres, ricos y a los de en medio: limpiar los establos del rey Augías en que han convertido a la administración pública mexicana.

Lo Deseable y lo Posible. Se ha afirmado muchas veces que la política es el reino de lo posible, no de lo deseable. A partir de Maquiavelo, la concepción realista del poder ha sostenido que la ética individual es, por fuerza, diferente de la que debe poseer quien tiene la tarea del mando. Y lo es porque su grado de responsabilidad (o irresponsabilidad) es de naturaleza colectiva. Al tener que tomar decisiones que afectan a la comunidad, las preferencias personales del mandatario deben subordinarse a lo que se juzgue debe ser el bien del conjunto. Si esa subordinación incomoda, debe dejar el cargo.

Lo que AMLO planteó en Acapulco lo hizo como producto de la experiencia electoral de la izquierda. En 1988 y en 2006 las derechas desde dentro y fuera del gobierno pusieron todos los obstáculos legítimos e ilegítimos para impedir que el voto llevara a la izquierda a “Los Pinos”. En 2006 este esfuerzo incluyó el desafuero de su abanderado para eliminarlo como candidato presidencial y tomando como excusa el que había retrasado el retiro de la maquinaria con que pretendía abrir una calle para un hospital. Al no poder lograr su objetivo, en vísperas de la elección de 2006, y fuera ya de los tiempos legales, el Consejo Coordinador Empresarial insistió en llevar adelante una muy efectiva campaña “negra” contra AMLO, (Perla Myrell Méndez Soto, “Los empresarios en el marco de la comunicación política durante procesos electorales”, Revista Mexicana de Opinión Pública, julio-diciembre, 2014, pp. 146-151).

Hoy y de cara al 2018, la fuerza que pudiera desalojar al PRI o al PAN y a sus aliados del poder presidencial es la que representan AMLO y su nuevo partido, Morena. Es de suponer que para evitar que se vuelva a formar una gran coalición “del miedo” en contra del proyecto de la izquierda, el líder de Morena propone un “borrón y cuenta nueva” en la historia de corrupción que ha caracterizado a la política mexicana de los últimos sexenios a cambio pide dejar que efectivamente haya un juego electoral limpio.

El perdón de ciertos crímenes del pasado, pero que de ninguna manera significó su olvido sino su reconocimiento y admisión, para ganar y asegurar el futuro, fue justamente lo que ocurrió en la Sudáfrica de Nelson Mandela y Desmond Tutu. La idea central de esa opción fue dirigir la energía mayoritaria no al ajuste de cuentas sino a despertar la imaginación y el optimismo en los muchos enfurecidos con el pasado y su presente, en favor de lo pudiera venir. Aceptar de antemano en México el dejar impunes un cierto tipo de abusos -robos, tráfico de influencias, fraudes o cohechos- es un golpe no sólo al marco legal sino al sentido mismo de la justicia sustantiva y de la decencia. Pero sería peor activar de nuevo una resistencia que privara a nuestro futuro de la oportunidad de intentar dar forma a un país diferente.

Www.lorenzomeyer.com.mx

Agenda_ciudadana@ hotmail.com

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1256391.el-pasado-como-dilema.html

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