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Feminicidios: que la gota derrame el vaso

Sin ser excepcional y mucho menos único, el asesinato de Mara Fernanda Castilla, una joven estudiante de origen veracruzano y residente en la capital de Puebla, ha cimbrado a la sociedad desde que el cuerpo de la víctima fue hallado, cerca del mediodía del viernes 15, en una barranca ubicada en la periferia de esa ciudad.

Como se recordará, la estudiante del tercer semestre de ciencias políticas (19 años) fue vista con vida por última vez una semana antes, la noche del viernes 8 de septiembre, cuando, tras salir de un bar en San Andrés Cholula, abordó un transporte de la empresa Cabify para regresar a su casa. Como lo mostraron videos de cámaras de seguridad, el vehículo permaneció estacionado frente al domicilio de la víctima, pero ésta nunca descendió. De acuerdo con los datos disponibles, el chofer la llevó a un motel, en donde la habría asesinado, para deshacerse de su cuerpo a primeras horas del sábado 9.

Por diversas razones, este episodio trágico ha causado, más que consternación, una profunda indignación social. Por principio de cuentas, es una historia más de abuso sexual que culmina en feminicidio; por añadidura, el hecho provocó reacciones abominables –sobre todo, en las redes sociales– en las que lo peor de la sociedad buscó atribuir la responsabilidad del asesinato a la propia víctima por el hecho de haber salido de su casa, de haber acudido a un bar y de haber intentado volver, sola, a su domicilio.

Adicionalmente, es claro que la extremada irresponsabilidad de la empresa Cabify –la cual fue notificada oportunamente de que Mara Fernanda no había vuelto a casa, pese a lo cual la compañía se empecinó en informar lo contrario– le dio al homicida un margen de tiempo propicio para el crimen.

Pero lo más exasperante e inadmisible del suceso es la constatación de que las mujeres de cualquier edad y condición social enfrentan, en nuestro país, el riesgo de ser asesinadas y de sufrir agresiones y violencia por el mero hecho de ser mujeres.

Y esta circunstancia tiene como telón de fondo insoslayable la lacerante indolencia de las autoridades ante miles y miles de feminicidios que han tenido como secuela la impunidad total de los asesinos. Sólo en el estado de Puebla se registraron entre 2012 y 2015, 780 desapariciones de mujeres de entre 15 y 29 años, y en lo que va de 2017 han tenido lugar allí 82 feminicidios. Diversas organizaciones sociales han exigido desde hace muchos meses que se adopte la alerta de género en esa entidad, pero apenas en julio pasado la Secretaría de Gobernación se rehusó a declararla con el pretexto de que las autoridades locales ya habían emprendido acciones relevantes para la prevención, sanción y erradicación de la violencia de género. Circunstancias similares se viven en el estado de México y en otros estados.

La erradicación de los feminicidios no es necesariamente una meta imposible ni lejana. Para ello bastaría con que los gobernantes de los tres niveles y los funcionarios del Poder Judicial hicieran acopio de voluntad política para prevenir, esclarecer y castigar estos crímenes con oportunidad y apego a derecho. Por desgracia, esa voluntad no se ve por ninguna parte, y a lo que puede observarse, sólo el reclamo social contundente, inflexible y sostenido puede llevar a las autoridades a hacer su trabajo. Cabe esperar, en este sentido, que el asesinato de Mara Fernanda sea la gota que derrame el vaso de la paciencia social. Porque es inadmisible, indignante y repugnante que en este país la mera condición de mujer lleve implícito un peligro de muerte.

http://www.jornada.unam.mx/2017/09/17/opinion/002a1edi

Denise Dresser: Mara

Denise Dresser

Mara

M Ara. No te conocí pero sí te conocí. La sonrisa abierta, luminosa, franca. Parada en una pose entre divertida y desafiante, mandándole un mensaje al mundo: “aquí estoy, pertenezco”. Vi tu fotografía y pensé en que te parecías a mi hija, y en esos días en los que no sabíamos dónde estabas, te volviste mía. Te adopté y todas las mañanas revisaba la prensa y las redes sociales para saber algo de tu paradero. Incluso yo, la agnóstica, la que desprecia a la iglesia como institución, le recé a todos los dioses para que te encontraran, para que te encontráramos. Me imaginaba a tu madre, atrapada entre la angustia y la incertidumbre y un pellejo de esperanza. Lo mismo que yo sentiría si mi niña desapareciera viva y reapareciera muerta, envuelta en una sábana. Tu madre, condenada a respirar hacia adentro y hacia afuera sin desearlo ya, porque no estás. Pienso en ella y quiero gritar y gemir y ser yo la que está en ese pedazo de tela blanca ensangrentada y esconderme de la vida y de los vivos porque me da pena mi país. Porque te fallamos, Mara Castilla.

Te fallaron la sociología, la historia, la cultura de México. Te fallaron las instituciones, el sexismo, el machismo, la misoginia, las políticas de Cabify. Todo eso cayó, violentamente, sobre tu cuerpo. Te matamos, entre todos, por acción u omisión o sinrazón o indolencia. Esta sociedad -como escribe Sabina Berman- “moralmente confundida” que todavía discute si el odio contra las mujeres es permisible. Esta sociedad ignorante que te culpa por tener la falda demasiado arriba, el escote demasiado abajo. Esta sociedad aberrante que te critica por ir a un bar y divertirte y bailar y vivir, como tantas noches lo habrá hecho mi hija, educada para ser persona y no recipiente u objeto. Educada para ser Vikinga, dueña de sí misma como lo eras tú, hasta que te topaste con la realidad de ser mujer en México.

Súbete a un taxi y tu cuerpo puede ser destruido. Ve a un bar con amigos y tu cuerpo puede ser destruido. Baila con desconocidos y tu cuerpo puede ser destruido. Ser mujer en México es estar desnuda ante los elementos. Vivir con miedo permanente ante la posibilidad del puño alzado, el cuchillo punzante, la mano que estrangula, el pene que viola. La desnudez perenne porque la ley no te protege, los jueces no te creen, la sociedad no te arropa. El sistema vuelve a tu cuerpo algo que se puede romper.

Entiendo eso y porque lo entiendo, cargo con una tristeza inmóvil, inenarrable. Estoy triste por tu familia, por la familia de tantas, por México, pero sobre todo en este momento estoy triste por ti. Por las Ciencias Políticas que no estudiarás, los libros que no leerás, las ideas que no discutirás, los besos que no compartirás, la hija que no mirarás, embelesada, como tu madre te miró a ti, como yo miro aún a la mía. Estoy triste porque ante tu historia -singular y a la vez arquetípica- percibo una injusticia cósmica, una crueldad profunda, un deseo de romper cadenas y escapar corriendo, contigo, para salvarte, para salvarnos.

Pero no sé exactamente dónde se halla la salvación porque llevamos años marchando, denunciando, reclamando al gobierno para que cumpla con su obligación fundacional de protegernos. Y no pasa nada. Siguen matándote, matándome, matándonos. Mientras hombres que golpean a mujeres pasean por los pasillos del poder y se lo reparten. Y lo poco que nos queda es hacer videos con consejos para cuidarnos ya que otros no lo hacen. Buscar formas de lidiar con la mutilación casual, los huesos rotos, la sábana ensangrentada, lo que le pasa a un cuerpo cuando intenta escapar.

Pero esto sí te prometo, Mara. Mara bonita, Mara, mexicana, Mara mía y de todos. Me haré y nos haremos responsables de los hombres ignominiosos detrás de tu muerte; los hombres que siempre encontrarán una excusa detrás de tus movimientos libres para inculparte. Cada día será uno de lucha para que seamos, todas, ciudadanas completas en este terrible y maravilloso país. Y ojalá estés en algún paraíso, en alguna biblioteca. Ojalá te topes con mi padre y mi hermana y los 43 y los 30,000 que nos faltan. Hasta allá te mando estas líneas de Harriet Tubman: “Si estas cansada, sigue adelante. Si tienes miedo, sigue adelante. Si tienes hambre, sigue adelante. Si quieres probar la libertad, sigue adelante”. Seguiremos adelante, Mara. Por ti, para ti, por nosotras y por las hijas que vendrán.

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/905883.mara.html

Jesús Silva-Herzog Márquez

El frente va

E L indefinido frente camina. Hace unas cuantas semanas parecía el sueño de un grupo de políticos condenados a ser espectadores de la elección. Desplazados que abrigaban la ilusión de convertirse en protagonistas. Una coalición incoherente y bizca. Las diferencias parecían irreconciliables; los costos de la conciliación demasiado altos. El frente no ha superado todos los peligros pero es notable que sigue con vida. Para mí es francamente sorprendente su sobrevivencia. Advierto que la coalición no solamente respira sino que es capaz de hacerse notar, de capturar la atención y de estimular la imaginación. La gran muestra de su éxito es que despierta temor. Ya no podemos hacer burla del frente. Habrá que tomarlo en serio.

El Frente es un hijo insospechado de la política de Peña Nieto. No digo que la antipatía que genera su gobierno sea el impulso de la coalición. La corrupción de su gobierno ha sido, evidentemente, un poderoso estímulo, pero lo que quiero decir es que la estrategia que impulsó el presidente en el despegue de su administración trazó el camino de sus antagonistas. Dirán que su escuela han sido en realidad las alianzas electorales en las que PAN y PRD han coincidido para postular a un expriista como candidato común pero la verdadera escuela del Frente es el Pacto por México. El tono de la coincidencia es similar: dejar atrás los viejos altercados para defender el interés del Estado. La ideología es cosa del pasado, argumentaba el discurso de la coalición peñista. Hay que impulsar reformas estructurales que no tienen signo ideológico, sino un auténtico sello nacional, decía la propaganda peñista que tanto panistas como perredistas aplaudieron. Hoy los frentistas repiten el discurso peñista colocando a las enemistades donde antes estaban las reformas. Expulsado el PRI de la mesa de conciliaciones, los frentistas pretenden producir la nueva temporada del Pacto por México: derrotar al partido del presidente y evitar el triunfo de López Obrador.

El Pacto por México se sostenía precisamente en esa lógica. No era una simple coalición parlamentaria. Para impulsar los cambios que había diseñado el Ejecutivo habrían bastado los votos de la derecha. Lo que ofrecía el acercamiento simultáneo a los dos flancos ideológicos era una cobertura ante el poderío de los enemigos y una argumentación pragmática. Para encarar los fantasmas del nacionalismo; para lastimar los intereses de los potentados, para rehacer el pacto con los sindicatos era necesario conformar un bloque reformista que se presentara como un bloque post-ideológico. Las reformas no son de izquierda ni de derecha, nos dijeron mil veces los defensores del Pacto por México: son una puesta al día del país, son la realización de acuerdos nacionales que han sido bloqueados por los poderes reales.

Por eso quiere presentarse el Frente como un recetario neutro de transparencia y justicia. Sigue nadando ostentosamente en la indefinición, cuando no en la demagogia. Su apuesta es que no cueste su indefinición. Que pueda cumplir con las citas de la contienda sin pronunciarse en asuntos cruciales del país. Tal vez su postura es realista pero no es inocente. Difícilmente podríamos ver a sus adversarios como modelos de claridad programática. Los frentistas pretenden hablar de las generalidades que los unen (es decir de sus antipatías) y esquivar toda definición que divida. A partir de ahora, a olvidar la agenda de la diversidad porque se ofenden unos. A partir de ahora, nada de la reforma energética, porque se indignan los otros. Los políticos del frente están convencidos de que pueden barrer todos los asuntos incómodos debajo de la alfombra. Que los intereses de su coalición pueden determinar los asuntos de los que se habla en la campaña y de los que no. El pacto de silencio no es solamente un problema electoral sino también, y sobre todo, un problema de gobierno. Que se posponga la postura del Frente ante la guerra contra el crimen organizado no significa que pueda evadirse. Hasta el momento, la pretensión del Frente es encarnar el buenismo. Alrededor de la tercera opción, los buenos: los honestos, los transparentes, los justicieros, los antimesiánicos.

Que el Frente haya sobrevivido hasta hoy es muestra del cuidado con el que han actuado los dirigentes de los partidos involucrados. Los talentos necesarios para la gestación del frente, sin embargo, serán los mismos que los que se requerirán para proyectarlo electoralmente. El pacto cupular que lo teje puede ser origen de su ruina. Los electores no respaldarán como autómatas las directrices de los partidos. Ya se ha dicho. Las sumas, en política, a veces restan.

Jesús Silva-Herzog

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/905881.el-frente-va.html

 

El sur no puede ser tan miserable

Raymundo Riva Palacio

En las comunidades indígenas en Oaxaca y Chiapas la nostalgia no existe. Se vive y se muere el mismo día. Pese a esa realidad, el sismo de magnitud 8.2 del jueves pasado expuso la vulnerabilidad a cielo abierto de quienes no tenían nada y aún así, perdieron lo único de lo que eran dueños: la tranquilidad para dormir. Las categorías para entender desde las ciudades lo que este sismo significó para miles de indígenas en el sur mexicano, están caducas. ¿Cómo podrían explicar que en Reforma de Pineda, en la frontera de Oaxaca con Chiapas, los hornos donde preparan las tortillas y los totopos, es el equivalente a vivir o morir? Cuando los temblores los aplastaron, la población se quedó inerme: sin tortillas, no tendrán ningún ingreso; sin totopos, perdieron su alimento.

Ante dramas con dobleces tan primarios, los discursos sobre las políticas públicas que, dicen funcionarios federales, se van a poner en marcha para la recuperación de esas comunidades, trazan la brecha que existe en dos realidades que conviven sin mirarse, y que sólo se cruzan cuando hay tragedias. En Reforma de Pineda, reportó el corresponsal de Eje Central, Jair Ávalos, se cayó el 76 por ciento de las casas. Pero también la alcaldía, el mercado, la estación del ferrocarril por donde pasa La Bestia, el DIF y el auditorio. Los casi tres mil habitantes que se quedaron sin techo, se fueron al campo de futbol municipal, cuyas maltrechas gradas se convirtieron en albergue. Poca ayuda les ha llegado, como a Santa María Xadani, a 20 minutos de Juchitán, que se reinventa con el trabajo de sus habitantes pero, observó Ávalos, la falta de comida y la escasez de agua agudiza su sobrevivencia. “Ya no hay nada más que pueda caerse –agregó–, pero el miedo inunda las calles de este pueblo que todavía la semana pasada sentía el calor de los hornos y olía a tlayudas y pescado”.

En esas regiones del sur mexicano quedó demostrado que los pobres pueden ser todavía más pobres, y perder hasta lo que nada tenían. Chiapas es el estado más pobre del país, con 80 por ciento de personas que viven en condiciones de marginación, y Oaxaca es el tercero más desamparado, con 63 por ciento de su población menesterosa. El Índice GLAC tiene a Oaxaca y Chiapas en el sótano de su ranking de falta de bienestar y de riesgos sociales e inestabilidad. Los dos, agobiados por la corrupción de sus exgobernadores, enfrentan altos niveles de pobreza y marginación que, ante la mala calidad de vida, un brote social de inconformidad está latente. Ambos estados se encuentran en los últimos lugares de estabilidad, en una situación cotidiana que se encuentra en países en guerra como Pakistán y Somalia.

Esa realidad ya existía antes de los sismos. Después de ellos, las condiciones van a empeorar de una manera acelerada. No hay forma de que la asistencia a todas las comunidades afectadas llegue con la celeridad como exige la angustia de las víctimas. La tensión va a crecer conforme avancen los días sin resultados tangibles de mejoramiento que los pudiera llevar al precario bienestar en el que se habían acostumbrado –pero no necesariamente resignado– a vivir. Funcionarios estatales y federales han comenzado a experimentar la inconformidad. El gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, camina todos los días por las zonas afectadas con la cabeza gacha, sin mostrar control sobre la información. Los protocolos estatales para casos de desastre no funcionaron. No hay prácticamente policías municipales atendiendo a las víctimas y trabajando en las operaciones de rescate, porque se encuentran ellos mismos rescatando a sus familiares y viendo qué van a hacer. La seguridad en las comunidades que no están bajo la mirada de las cámaras de televisión, la han tomado los propios pobladores para evitar saqueos y actos de rapiña. Al secretario de Educación, Aurelio Nuño, lo increparon el martes en Juchitán por el colapso de 400 escuelas en ese estado que, de sí, ha vivido un rezago educativo de casi una generación.

Entonces, ¿políticas públicas eficientes para dos estados que han sido tirados a la basura por quienes más tienen? ¿Podrá un nuevo diseño institucional reponer el rezago por el abandono mexicano de mexicanos que se remonta a generaciones? No será algo inútil, pero no hay que abrigar mucha esperanza en las condiciones actuales. Recordemos el ambicioso plan del presidente Enrique Peña Nieto sobre Zonas Económicas Especiales con un paquete de incentivos fiscales para las empresas que invirtieran en el sur mexicano, que se ha quedado como un gran proyecto donde el interés por conectar al México del sur con el del centro y el norte, se detuvo en un sueño alterado por la frustración.

Nadie, salvo el gobierno, está dispuesto a invertir en Chiapas y Oaxaca. Nadie en México, fuera del gobierno, está dispuesto a ir al rescate de toda esa región cuya pobreza insulta y lastima. No hay que engañarse. La salvación de esa franja del país, que no será en menos de 30 años
–la diferencia de bienestar con el norte de México–, no pasa por un nuevo diseño de políticas públicas, salvo que se trate de una especie de Plan Marshall, que no sería para aliviar problemas de manera efímera y que una vez pasada la emergencia, vuelvan a ser olvidados. Hay que reconstruir esa región y volverla a pegar al resto del país. Chiapas y Oaxaca, aunque con nuestras acciones no queramos verlo, también son México.

Twitter: @rivapa

 

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/el-sur-no-puede-ser-tan-miserable.html#.WbpSg03m7JM.twitter

 

 

Twitter para idiotas

Raymundo Riva Palacio

Twitter para idiotas

Las redes sociales transformaron brutalmente la comunicación y la política en el mundo. Facebook logró que la gente se conectara con la política como nunca antes, y que los estrategas de campañas electorales pudieran diseñar modelos para atacar quirúrgicamente grupos para atraer su voto. “Facebook”, escribió la autora de best-sellers Traci Andrighetti, “ha alterado profundamente los procesos políticos no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo”. Facebook es la arena pública donde los políticos se promueven. Facebook construye cadenas de personas, mientras Twitter, otra de las monstruosas redes sociales, arma cadenas de ideas y temas en 140 caracteres, que se disparan con la velocidad como se escriben. La brevedad requiere ordenamiento mental sintáctico, pero la rapidez pone a prueba la razón. Produce, señalan provocadora e incendiariamente los expertos, una idiotez colectiva.

Evan Williams es el último, pero el más radical, de los beligerantes. Es uno de los fundadores de Twitter y hoy en día uno de los empresarios más temerarios de Silicon Valley. Este miércoles le dio una entrevista al programa Today de la cadena 4 de radio de la BBC de Londres, donde señaló cómo el ecosistema de los medios se basa en pequeños lapsos de atención que hacen al mundo más estúpido. “Este ecosistema está apoyado y florece a partir de la atención que se le da. Punto. Y esto es lo que nos hace más tontos y no más listos”, agregó. “Donald Trump es el síntoma de esto”.

La elección de Trump como Presidente, dijo, demostró cómo el mayor uso de las plataformas de las redes sociales está embruteciendo a todos, por la forma como se disemina, se usa, se consume y se procesa lo que ahí se afirma. Pero no hay que confundirse. “El mayor problema no es si Donald Trump usó Twitter para ser electo, aunque él lo diga así”, añadió Williams. “Es la calidad de la información que consumimos lo que está reforzando creencias peligrosas y aislando a la gente, limitándola para no tener una mentalidad abierta y un respeto por la verdad”. Como todas las plataformas digitales, como antes los medios convencionales, no son las herramientas y los vehículos perversos o irresponsables, sino quienes así las utilizan.

“Twitter no es lo peor de lo que existe”, dijo Williams, “son los medios impulsados por la publicidad que revuelven cosas minuto a minuto, donde su única medida es si alguien le da un clic o no. Por tanto, citar los tuits de Trump, o la última estupidez que dice cualquier candidato político o cualquier persona, es una forma efectiva de explotar los instintos básicos de la gente. Esto está atontando a todo el mundo”. Se aprovechan de ello los mercenarios del periodismo, quienes inventan episodios que saben que son mentiras, o presumen de repudiar los controles editoriales de los medios de comunicación, porque para sus plataformas matar una persona no es importante, porque la pueden revivir en cualquier momento y volverla a matar y revivir, porque florecen en la estimulación de las emociones, de avivar las pasiones, difamar sin rendición de cuentas y cobrar por los clics. Son exitosos, pero perniciosos.

Es la lucha del momento. “Se necesita información en la que podamos creer, que significa que no tiene que ser financiada únicamente por la publicidad, porque eso distorsiona todo”, indicó Williams. “Una de mis más grandes enseñanzas durante las dos últimas décadas es que el acceso a la información solamente, no nos hace más listos. Las noticias falsas son sólo una parte del problema. Otra es la calidad y la profundidad de la información. ¿Está actualmente construyendo nuestro entendimiento o profundizando nuestra comprensión del mundo, o sólo es ruido?”.

Hay una parte maravillosa de las redes sociales, que convierten a cada persona en guardián contra los abusos y en freno importante a la impunidad. Pero abundan los abusos, proyectados como un Armagedón en una reciente película de Tom Hanks y Emma Watson, The Circle, sobre cómo el puritanismo maniqueo de la transparencia, sin control ni filtros, puede transformar a una sociedad y convertirla en una actora permanente de una realidad que no existe. En las redes sociales, en efecto, hay mucho ruido, como sostiene Williams, que explica de esa manera todo el volumen de información que no sirve ni tiene valor alguno.

Se recurre de manera preponderante a Twitter para hacer todo ese ruido, la red que oscila entre la velocidad para transmitir información de utilidad, provista en su mayor parte por testigos presenciales y responsables de hechos o por medios de información, y lo que el cronista deportivo español Santiago Segurola describió alguna vez en un breve texto, como una “cantina de borrachos”. Hay mucha violencia en las redes y poca información. En Estados Unidos, de acuerdo con el Pew Research Center, el 40% de las personas son agredidas en Twitter, donde se privilegia un discurso ramplón y violento. México es considerado por la Unión Europea como una de las tres naciones donde más agresividad hay en las redes sociales. Y Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, afirma que el 40% aproximado de todas las cuentas de Twitter en México, son utilizadas para atacar.

Bill Keller, cuando aún era director ejecutivo en The New York Times, escribió en 2011 La Trampa de Twitter, donde, como conclusión, recordó a la escritora Meg Woitzer, que recién acababa de publicar The Uncopling, y que describía a los jóvenes de esos años como “la generación que tenía información, pero sin contexto. Mantequilla, pero sin pan. Antojo, pero sin anhelo”. Qué tanta razón tenía.

http://www.zocalo.com.mx/opinion/opi-interna/twitter-para-idiotas

El siglo del miedo

15/Septiembre/2017

Juan Villoro

Con la caída del Muro de Berlín y del “socialismo realmente existente”, el mundo parecía encaminarse a una era dominada por la tecnología y el consumo. No se trataba del mejor de los escenarios, pero prometía la paz de la explotación organizada y del libre mercado, donde las convicciones serían sustituidas por las marcas.

El comunismo y el capitalismo no dirimieron su pugna en una conflagración nuclear, pero la Guerra Fría tampoco desembocó en una sedante concordia de compradores de mercancías. En una entrevista reciente, John Le Carré, máximo novelista del espionaje, define la nueva ideología del siglo XXI: el miedo. El planeta se ha convertido en una oportunidad para ejercer el asesinato y el terror. La inesperada combinación del fanatismo y la realidad virtual ha permitido que la yihad se difunda y organice en cualquier sitio. Los aparatos adquieren otros usos en un clima de amenazas: unas cuantas computadoras bastan para articular células en red; la telefonía celular puede activar bombas a distancia; un avión o un tráiler son armas potenciales, en espera de un piloto suicida.
Toda sociedad tiene una zona gris, una “frontera de reconversión” donde lo ilícito se vuelve aparentemente lícito. Con los paraísos off-shore y las transacciones instantáneas de dinero esa frontera se ha ampliado y en ocasiones supera al plano de la economía formal. La piratería y el narcotráfico avanzan en dos frentes: el digital, donde unos hackean y otros encriptan, y el de los hechos, donde las mafias sustituyen al Estado en el dominio de la violencia.
México es una necrópolis sembrada de fosas comunes; Europa, la meta de migraciones y atentados; Estados Unidos, un bastión de la paranoia donde la megafonía repite en las estaciones del metro: “If you see something, say something”.
Nadie parece estar a salvo. Hace unas semanas, Martín Caparrós viajó al Cairo y entrevistó a Reham, una chica a la que había conocido diez años antes, cuando ella tenía veinticinco. En su estancia anterior, el escritor argentino había encontrado un país donde las costumbres occidentales convivían con el islam. Reham asistía a una escuela laica, veía televisión, usaba blue jeans. Después de ser víctima de acoso sexual y oír que el rector de la Universidad del Cairo criminalizaba a las mujeres por llevar ropas provocadoras, decidió usar abaya, túnica que protege de la mirada masculina. También procuró “acercarse a Dios”. Su caso es emblemático en una generación donde numerosas mujeres asumieron un cosmopolitismo transitorio y regresaron al protector manto de la tradición. Lo significativo es que esto no las libra de temores. A propósito de la reconversión de Reham, Caparrós recuerda que, según Voltaire, las religiones son la más pomposa forma del miedo: “Una religión es, antes que nada, un movimiento defensivo: contra las acechanzas de la vida inmanejable, contra la soledad intolerable, contra la muerte inconcebible”. En forma elocuente, la crónica de Caparrós lleva este título: “El miedo, un Dios”.
Ciertos futurólogos del siglo XX pronosticaron que nuestra era representaría un advenimiento de la ciencia, el progreso y la expansión de las conciencias. La realidad es diferente: interpretarla resulta más difícil que experimentar ante ella una sensación primaria, animal, un miedo de especie.
Se mata en nombre de religiones que no brindan consuelo. El tema aparece en un intrépido momento del cristianismo. Emmanuel Carrère, ganador del Premio FIL de este año, se ocupa en El Reino de un insólito pasaje de los evangelios. En 1995, Carrère participó en un proyecto colectivo para retraducir la Biblia al francés y le tocó en suerte hacerse cargo del evangelio de Marcos. Su asesor fue Hugues Cousin, ex sacerdote, exégeta de las escrituras y asesor del obispo de Auxerre. Hugues le reveló que el último capítulo de Marcos fue añadido por otra mano, ya que no figura en el manuscrito del siglo IV que se conserva en el Codex Vaticanus y en el Codex Sinaiticus. ¿Cuál es el desenlace original? María Magdalena y otras dos mujeres van a la tumba de Jesús y la encuentran vacía. El mesías es un desaparecido. No hay noticia de la resurrección. Desesperadas, las mujeres huyen: “No dijeron nada porque tenían miedo”.
Son las últimas palabras de Marcos. Las que pronunciamos ahora, sin otro Dios que el miedo.

http://www.criteriohidalgo.com/a-criterio/el-siglo-del-miedo

La promoción de Peña, despilfarro criminal

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Si los mexicanos enfurecieron cuando el Instituto Nacional Electoral (INE) destinó casi 7 mil millones de pesos para el gasto de los nueve partidos políticos y los candidatos “independientes” en 2018, más encolerizados estarán al saber que esa cantidad se la gasta Enrique Peña Nieto en hacer publicidad de su gobierno ¡en un solo año!

Así es: Peña acumula 37 mil millones de pesos en gastos de publicidad en cinco años de su gestión, sin incluir el bombardeo que durante dos semanas hemos soportado los mexicanos a través de todos los medios, sobre todo televisión y radio, ni los 60 millones de pesos que costó la producción de los spots.

Se trata de un despilfarro demencial, porque esa cantidad se aproxima al presupuesto que este año ejerce la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que asciende a 40.9 millones de pesos y que seguramente el próximo año será superada.

Salvo que decida no hacer más gasto de publicidad el próximo año o que modere sus afanes propagandísticos, lo que se antoja remoto para alguien que proyectó su carrera política con base en vastos recursos para medios, Peña superará a Felipe Calderón en la materia.

El panista acumuló en su sexenio prácticamente la misma cantidad que Peña se ha gastado en cinco años: 38 mil 725 millones de pesos, una cifra que también irrita por la magnitud del despilfarro.

Sólo en 2012, cuando se celebraron elecciones presidenciales, el gasto en propaganda de Calderón se disparó a 8 mil 429 millones 511 mil pesos, un incrementó de 205% con respecto al primer año de su gestión.

Uno y otro, Calderón y Peña, han favorecido en sus inmensos gastos publicitarios a las dos principales cadenas de televisión: Televisa y TV Azteca.

En el caso de Calderón, Televisa, propiedad de Emilio Azcárraga Jean, obtuvo 5 mil 649 millones 315 mil pesos, equivalente al 25% del presupuesto a medios electrónicos, que ascendió a 22 mil 553 millones 955 mil pesos en el sexenio.

Y el segundo beneficiario del gasto publicitario de Calderón fue TV Azteca, cuyo dueño es Ricardo Salinas Pliego, con 4 mil 45 millones 463 mil pesos.

Con Peña ocurre algo semejante: Televisa se ha embolsado más de 6 mil millones de pesos y TV Azteca poco más de la mitad, 3 mil 600 millones de pesos.

Pese a tan demencial despilfarro, Peña padece el repudio de más de 80% de los mexicanos. Para la elección presidencial del próximo año, que la ve como su seguro de vida, seguramente la inversión en medios se multiplicará. Ya se verá si los mexicanos se tragan el engaño…

Comentarios en Twitter: alvaro_delgado

http://www.proceso.com.mx/502335/la-promocion-pena-despilfarro-criminal