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Un mal día en el Congreso de Yucatán

Este miércoles el Congreso de Yucatán rechazó el matrimonio igualitario. Con 15 votos en contra, 9 a favor y una inasistencia, nuestros representantes frenaron otra vez este derecho para todas y todos.
Por Enrique Torre Molina
11 de abril, 2019

Este miércoles fue un mal día.

Yucatán, donde nací y crecí, es un estado con voces poderosas en la política, los negocios, los medios de comunicación y la iglesia que se oponen fundamentalmente a las personas LGBT+ o temen estar abiertamente a favor de nuestros derechos. Hoy, el congreso rechazó el matrimonio igualitario. Con 15 votos en contra, 9 a favor y una inasistencia, nuestros representantes frenaron otra vez este derecho para todas y todos.

Estoy acostumbrado a las anécdotas de mis amigos gays de la prepa que tuvieron novia para esconder quienes eran. Que iban a bares gays en otras ciudades, pero que en Mérida no se atrevían para evitar toparse a algún conocido. Que entraron un día a su cuarto para encontrar el libro sobre cómo “corregir” su orientación que su mamá dejó ahí, casual, junto a la cama. Estoy acostumbrado a que, cuando me toca ir a dar una conferencia o taller sobre inclusión o derechos humanos, alguien trate de impedirlo o le pida a los organizadores que lo cancelen.

Estamos acostumbrados a casarnos con un amparo de por medio, aunque la Suprema Corte ha dicho en varias ocasiones que no debería ser así. A que, el día de la boda, una jueza payasa trate de impedirlo con un pretexto burocrático. Estamos acostumbrados a que algunos de ustedes salgan a marchar por todo Paseo de Montejo para “defender a la familia”. No a nuestras familias, claro. Lo veo todos los días en todos los rincones del mundo.

Estoy acostumbrado a que esta lucha por la igualdad es larga, difícil, llena de días como hoy. Estamos acostumbrados, con todo en contra, a vivir. Pero igual duele ver a un grupo católico rezando (sí, rezando) en el edificio del Congreso por la “protección” de la “familia natural”. Igual da mucho coraje ver a una diputada del PAN celebrando el odio en sus redes sociales. Sabemos que vamos a ganar esto eventualmente, pero igual se siente de la chingada.

¿Cuándo fue la última vez que alguien oró en tu contra? ¿Alguien se ha tomado el tiempo de pedirle a su dios que te traten –que te sigan tratando– como un ciudadano de segunda clase? ¿Alguien ha gastado tinta en sus columnas de opinión para explicar por qué tu relación no es una relación de verdad, por qué tu familia no es una familia de verdad, por qué es peligroso que tú y tu pareja tengan o adopten niños? ¿O aprovechado su cargo como servidor público para hacer una “consulta ciudadana” sobre tus derechos? ¿Alguna diputada fue hoy a trabajar, votó en tu contra y regresó a cenar a su casa con su esposo y sus hijos, teniendo el día más normal posible, mientras tú y tu familia no gozan del mismo reconocimiento legal ni la protección del estado? ¿Hay gente en tu familia, entre tus amigos, en tu oficina que piensa –aunque no lo diga– que no mereces esos mismos derechos?

Si respondiste que no a estas preguntas, pon atención: te necesitamos. Necesito que le escribas a tu representante en el congreso y le digas que estás a favor del matrimonio igualitario. Que si hoy votó a favor, tiene una tarea pendiente con sus compañeros. Que si votó en contra, repruebas ese voto. Necesitamos que le mandes un tuit al gobernador Mauricio Vila para felicitarlo porque Yucatán será la sede del Tianguis Turístico en 2020, pero que es una vergüenza que el estado no reciba con los brazos igual de abiertos a todas y todos los turistas del mundo.

Necesito que le digas al sacerdote de la misa a la que vas los domingos que no está bien que use su homilía para hablar en contra de las personas homosexuales. Que le digas a tu amiga Ivette Laviada que se dé cuenta de que sus artículos y posts en Facebook promueven la homofobia y el rechazo a los jóvenes LGBT y que sus ideas no caben en el mundo de hoy. Que este fin de semana, cuando salgas a comer con tu familia y hablen de que “¿viste lo que pasó en el Congreso de Yucatán?”, les dejes clarísima tu postura. Que no tengan duda de que ya es hora de que todas las personas tengamos todos los derechos.

Necesitamos que la próxima vez que alguien en WhatsApp te comparta un mensaje en contra de mí, mi novio, mi familia y mis derechos, no sólo ruedes los ojos y te quedes callado sino que cuestiones a esa persona y le expliques por qué no debe apoyar ese mensaje. Necesito que le llames por teléfono y le digas: amor es amor. Que te vayas a echar un café con ella para platicarlo más si es necesario.

Necesito que no evites esas conversaciones incómodas sino que las tengas. Que las generes. Que te acostumbres a hablar de esto. Necesitamos que le digas a tus amigos gays y lesbianas que estás con ellos. Que salgas a marchar con nosotros. Por nosotros. Dices que eres nuestro aliado, que nos apoyas, que contamos contigo. Veo que pones un filtro de arcoíris en tu foto de perfil cada mes de junio. Pues aquí tienes otras sugerencias. Porque lo que has dicho y hecho está muy padre. Nos ha ayudado. Pero no es suficiente.

Porque yo y todas las personas LGBT+ que conozco llevamos años teniendo esa conversación incómoda. Llevamos toda la vida y no ha sido suficiente. La costumbre de la discriminación no hace más ligera ni más amable ni menos dura esa discriminación. Sabemos que sí, estamos avanzando y estamos acompañados. Sabemos que las posturas de gente como Rosa Adriana Díaz son cada vez menos bienvenidas. Que las voces a favor de la igualdad son cada vez más que las voces en contra.

Este miércoles fue un mal día y estamos acostumbrados. Es triste y da coraje y se siente de la chingada. Pero mañana volveremos a hacer lo que mejor sabemos hacer: no rendirnos y no dar ni un paso atrás. Te invito a hacer lo mismo.

* Enrique Torre Molina (@ETorreMolina) es activista y consultor de temas LGBT+ para empresas, gobiernos, medios de comunicación y universidades. Ha sido campaigner de organizaciones internacionales y la revista The Economist lo nombró uno de los 50 Top Diversity Professionals. Co-fundó Colmena 41, organización que conecta e inspira a la comunidad LGBT+ y aliados a través de eventos, investigación y colaboración.

Un mal día en el Congreso de Yucatán

 

 

 

La 4T contra la maldita realidad

López Obrador tiene la mejor de las intenciones, pero la economía no se modificará solo porque le exijamos que sea más justa. Ni la corrupción será erradicada al conjuro de un solo hombre

El problema con la realidad es que es muy terca. Más tardó en salir el programa de becas para los jóvenes propuesto por el nuevo presidente de México que empresas dedicadas a ofrecerle a los muchachos no trabajar a cambio de un “moche”. Está claro que la corrupción no se ha enterado de que llegó un régimen que decidió que ya no existe. Tampoco los sicarios y facinerosos se dieron por aludidos con los anuncios de que la violencia y la inseguridad pública habrían de remitir en virtud del arribo de un nuevo régimen.

Por el contrario, a cuatro meses del arranque de este Gobierno, la estadística de asesinados, feminicidios y desaparecidos se mantiene al auge e incluso la delincuencia sigue inventando nuevas modalidades para reproducirse. En los últimos días se publicaron noticias de una concesionaria de autos de lujo de una importante avenida de Cancún que fue incendiada (carros incluidos) o de que los autobuses y microbuses en la Ciudad de México son explotados con granadas; ambos casos presumiblemente como exigencia por el pago de una extorsión. Probablemente por la misma razón dos empleadas de un puesto de hamburguesas fueron secuestradas por los asaltantes hace unos días en un lugar de Guanajuato.

La economía también se ha mostrado mucho más remisa para espabilarse al exhorto de los buenos deseos del nuevo Gobierno. Los ingresos petroleros serán menores a lo esperado y la recaudación fiscal por debajo de lo presupuestado. Y esto no es el resultado de una mano negra ni de la mala leche de los empresarios, sino de un entorno internacional desfavorable y de una estimación inicial demasiado optimista de parte de los nuevos funcionarios. En la práctica esto significa que López Obrador tendrá mucho menos dinero que el esperado aun cuando profundice el recorte de salarios a la burocracia y suprima el gasto suntuario. Contra las promesas de campaña de un crecimiento del 4% en el PIB para 2019, reducidas al 3% al tomar posesión, hoy se da por descontado que no alcanzará un 2%; es decir, por debajo del promedio de los últimos sexenios.

El nuevo presidente está convencido de que sus medidas buscan el bien de todos los mexicanos, que sus intenciones son las mejores y que, a diferencia de mandatarios anteriores, él no piensa enriquecer a sus amigos o a sí mismo, o dedicarse al disfrute frívolo e irresponsable del poder. Yo le creo.

Por desgracia, la realidad suele operar al margen de toda consideración ética; simplemente se desenvuelve de acuerdo a su propia lógica. Y peor para nosotros si no somos capaces de entender esa lógica. Una pared mal construida habrá de caerse así sea destinada a proteger un orfanatorio; una bien construida resistirá perfectamente las balas de un pelotón de fusilamiento sin importar que allí se masacre a inocentes. López Obrador tiene la mejor de las intenciones pero la economía no se modificará solo porque le exijamos que sea más justa; ni la corrupción será erradicada al conjuro de un solo hombre, así sea el presidente.

El pueblo no es bueno ni malo per se; la gente simplemente hace lo que tiene que hacer para sobrevivir. Y las estrategias de supervivencia están viciadas por un sistema viciado. En el peor de los casos descarrilará trenes si tiene que hacerlo, linchará sin piedad a presuntos ladrones ante la mera sospecha, hará trampas para hacerse de un subsidio adicional, provocará un bloqueo de carreteras sin importar a quien afecte con tal de resolver su problema. En otras ocasiones esa misma gente compartirá su alimento y actuará bajo códigos de honor sin importar sacrificios. Pero no se puede gobernar asumiendo que los mexicanos solo somos lo segundo.

A estas alturas AMLO debe saber que el sapo no se transformó en príncipe simplemente por darle un beso intencionado. México no cambió el 1 de diciembre. Inseguridad, corrupción, economía desigual y distorsionada gozan de cabal salud.

Se entiende que cuatro meses es poco tiempo para esperar algún cambio significativo. Pero me da la impresión de que López Obrador realmente creía que los mexicanos comenzarían actuar distinto si llegaba un presidente capaz de mostrar una disposición honesta y sacrificada. No ha sido así.

También me preocupa verlo cada vez más irritado, o quizá confundido, por una realidad tan esquiva y que su reacción sea la descalificación y la confrontación. Como si el sapo tuviese la culpa de no haberse transformado en príncipe y a fuerza de reclamos pudiésemos conseguirlo.

Entre más pronto se de cuenta el presidente de que su voluntad no basta para vencer a la realidad o para convencer a los otros de las bondades de sus medidas, más pronto comenzará a tratar de entender y sumar la voluntad de los muchos que siguen actuando en el México de antes. Que por desgracia sigue siendo el México de hoy.

@jorgezepedap

Acoso

Acoso

Rafael Pérez Gay

Me preguntan en las redes si no voy a dar mi opinión sobre todo lo que ha desencadenado el asunto #MeToo en las últimas semanas. La pregunta trae algo de curiosidad y de amenaza. Así son las redes y no me asustan. Nomás faltaba, como decía mi padre. Por lo demás, sí tengo una opinión, o varias, sobre las denuncias de acoso que han ocupado al medio cultural mexicano.
Recordé lo que escribió Fitzgerald en El Crack-Up: “la prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad para retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y seguir conservando la capacidad de funcionar”. No hablo de mí, sino del medio cultural, de las opiniones, de la forma en que hemos acometido este asunto de nuestras vidas públicas y privadas.
No creo que haya una sola postura ante el #MeToo mexicano, sino varias, todas verdaderas y necesarias. Primero, considero que el anonimato a la hora de acusar es inadmisible.
Si algo le da peso a una acusación, es la identidad. Si, por desgracia, debilidad, miedo, duda, no podemos poner nuestro nombre, será mejor guardar nuestra ira y nuestra verdad para mejor ocasión. El anonimato abre la puerta a la infamia, aun cuando pueda ser cierta en algunos casos. Nada como poner el día, la hora, el nombre.
Digo esto: si este zafarrancho, con todos sus defectos, sirve para que se lo piensen dos veces los acosadores, no puedo sino estar de acuerdo. Sé que el acoso existe, el abuso de poder, el maltrato y la chingadera contra las mujeres. Quien lo niegue, miente.
Este #MeToo a la mexicana puede ser útil si se controla y se le exige identidad.
Sé que algunos amigos que aparecen en la lista me van a rementar la madre, pero les digo, los únicos que quedarán al cabo del rato en ella serán los verdaderos acosadores, que los hay, estoy seguro.
Me dice mi hija: no sé cómo una mujer no puede decirle a un hombre que insiste ante varias negativas: quita tu garra de mi pierna o te voy a armar un gran desmadre aquí mismo. Tiene razón, pero no todas las mujeres han sido educadas para rechazar esa amenaza.
Fitzgerald: ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, un camino.
rafael.perezgay@milenio.com
@RPerezGay

 

La disputa por la CRE

Martí Batres

Despertador

Detrás de las sonoras escaramuzas que rodearon el nombramiento de los integrantes de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) existe una disputa de fondo, una disputa por el proyecto nacional.

Los supuestos malos desempeños en las comparecencias, el rechazo de la oposición a las ternas, la descalificación sumaria de todos los aspirantes, las ofensas, las orejas de burro, la presión para incorporar otros nombres, la negativa para los acuerdos, la exigencia de presentar una controversia, el amago del amparo, la acusación de las firmas, en fin, todo eso, no es sino el conjunto de manifestaciones de un intento por evitar un cambio de orientación en las políticas energéticas.

No es casual que estos nombramientos son los únicos de todos los que le ha tocado resolver al Senado que no se concretaron en el órgano legislativo. Grados militares, magistrados electorales locales, magistrados electorales federales, consejeros del INAI, titular de radiodifusión pública, titular de Notimex, consejeras de la CNDH, ministro y ministra de la Corte, fiscal general de la República, secretarios de Estado, subsecretarios de Relaciones Exteriores, embajadores, cónsules, es decir todos los nombramientos y ratificaciones han salido airosos, todos menos unos… los de la CRE.

¿Por qué hubo acuerdos en todos? ¿Por qué se lograron las dos terceras partes en todos? ¿Por qué se llegó a acuerdos hasta en los que parecían imposibles? ¿Por qué en este caso no?

Porque éste es uno de esos casos que quedaría perfectamente encuadrado en lo que se ha llamado economía concentrada. “La política no es otra cosa que economía concentrada”, es una frase que se atribuye a Lenin. La frase es certera, sobre todo en casos como este.

En la CRE se gestionaron durante años enormes negocios energéticos privados entrelazados con intereses políticos.

Mientras las empresas energéticas públicas eran abandonadas, saquedas y endeudadas, crecían importantes redes de inversiones de particulares en las que tenían injerencia directa personajes encumbrados en el poder político.

En la CRE se deciden permisos para instalar gasolineras, construir plantas de gas, comprar vehículos para trasladar el energético, etcétera. De esta comisión dependen muchas autorizaciones para la apertura de negocios.

Todo esto explica por qué en otras épocas fueron nombrados en la CRE, en la Secretaría de Energía y en otras responsabilidades energéticas exsecretarios particulares, hijos de secretarios de Estado, expresidentes de la Coparmex y hasta personajes con nivel de estudios de secundaria.

Sin embargo, los que en otros tiempos tenían el gobierno para proponer nombramientos y la mayoría legislativa para ratificarlos, hoy no tienen ni el uno ni la otra.

La opción que ganó el gobierno ha procedido ahora a realizar los nombramientos correspondientes.

Hay una nueva estrategia para el sector energético. No tiene nada de raro. Hubo discursos opuestos en esta materia durante la campaña electoral y la ciudadanía optó por el cambio. Lo extraño y criticable sería que hoy se avalara a los mismos equipos, perfiles y proyectos de la etapa neoliberal.

El nuevo gobierno tiene el reto de mantener viva la inversión privada ya existente en el sector y de rescatar, al mismo tiempo, a las empresas energéticas públicas que los antiguos integrantes de la CRE buscaron aislar y ahogar.

Y desde luego, los nuevos miembros de la CRE tendrán que poner su esfuerzo y talento en juego para coadyuvar de manera decisiva a erradicar la corrupción que se da en una gran cantidad de contratos, concesiones y permisos.

La disputa por la CRE no es de formas ni de firmas; no es técnica ni de perfiles. Es una disputa por el proyecto de nación, entre las concepciones que no quieren terminar de irse y las que van llegando.

 

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/marti-batres/la-disputa-por-la-cre

 

Las fronteras

SERGIO AGUAYO

El gobierno mexicano sigue empeñado en apaciguar, con el silencio y los entendimientos tácitos, los arrebatos de Donald Trump. ¿Resistirá el andamiaje las turbulencias que se avecinan en la frontera norte?

Había una vez un candidato a la presidencia que hablaba de dignidad nacional y calificaba el comportamiento de Trump como ofensa contra “la humanidad, la inteligencia y la historia”. Desde que fue elegido presidente optó por la “prudencia”, el “amor y paz” y el “zafo”. Amacizó la actitud, poniéndola a consideración de una multitud que respondió afirmativamente a la pregunta del presidente. “¡A ver, que levanten la mano quienes piensan que debemos actuar con prudencia!”. Esa postura ha mejorado notablemente lo que pensamos de Estados Unidos. Según encuestas de Laredo y Asociados en 2017, un 30 por ciento opinaba favorablemente de los vecinos del norte y, en marzo de este año, ya era el 56 por ciento.

La humildad franciscana está sometida a una severa prueba. Hace unos días Trump puso obstáculos al cruce; los aflojó cuando México empezó a hacer concesiones. La presión sobre México arreciará; según The New York Times la renovación de la cúspide de la Secretaría de Seguridad Interior (Homeland Security) es el preámbulo para una política migratoria “más fiera”. Se desconoce si en el origen de su obsesión con la frontera están tropiezos empresariales, un recurso electoral muy, pero muy redituable o una preocupación auténtica por el tráfico de personas o narcóticos. Tal vez sea un poco de todo.

En todo caso, ya están en marcha las presidenciales de 2020 y México será zarandeado por Trump para agitar a sus seguidores. ¿Cuántas concesiones tendrá que hacer el gobierno de López Obrador para apaciguar al candidato Trump? Dada la conexión directa entre nuestras dos fronteras terrestres ¿tendrá México que militarizar su frontera sur para sellarla como lo exigen los del norte? ¿cuáles serían las consecuencias? Me parece que ha llegado el momento de que la Cuarta Transformación empiece a buscar alternativas a la política de la prudencia y el silencio heroicos.

Seguramente ya tienen uno o varios grupos elaborando esas propuestas en el discreto anonimato. Me parecería mejor que recuperen la promesa hecha en el Proyecto de Nación lopezobradorista de construir “una política exterior de Estado que cuente con el apoyo de los diferentes poderes de la Unión, así como de la sociedad civil en su conjunto”. Un consenso de ese tipo, sentenciaron, le “dará mayor fortaleza a México”.

Avanzar en esa dirección, pasa por modificar la negación y el aislamiento que están caracterizando la gestión de Marcelo Ebrard en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Sería útil que lanzaran una convocatoria amplia para una discusión ordenada sobre las capacidades de México frente a los enormes retos que han surgido en sus fronteras norte y sur.

En esta coyuntura resulta irresponsable la política del silencio. El Instituto Matías Romero de la Secretaría de Relaciones Exteriores hace enormes esfuerzos para no hablar sobre Estados Unidos y Trump. Ejemplo: el Matías Romero tiene un espacio semanal en una radio pública (860 a.m.). La programación de abril está dedicada a “La Agenda 2030” (desarrollo sostenible) al “Panorama electoral en el mundo”, a “La dinámica consular en Montreal, Canadá”, a la “Seguridad en la frontera México-Guatemala” y a la “Perspectiva joven de los escenarios del Brexit”. Sin comentarios.

En este tema, la SRE también se ha esmerado en ponerle trancas a los académicos. Pregunté informalmente a colegas de los departamentos de relaciones internacionales de El Colegio de México, el ITAM, el Tec de Monterrey y la UNAM. La respuesta fue unánime. La Cancillería ha invitado a algunos a dialogar sobre América Latina o Venezuela; a ninguno sobre la política hacia Estados Unidos.

El estilo de gobernar de Trump es un enigma para todo el mundo. Por eso mismo, se discuten con intensidad las alternativas y los planes de contingencia. Dado que México está en las obsesiones de Trump, es absurdo apostarle tanto a la estrategia de hacerse chiquito. Gobierno y sociedad tienen que explorar qué posibilidades tenemos frente a los Estados Unidos de Trump. La negación es suicida.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1565152.las-fronteras.html

Pensar distrae

Pensar distrae

Juan Villoro

Jorge Ibargüengoitia demostró que nada es tan extraño como lo cotidiano. Vistos de cerca todos somos raros. Desde que comenzó a escribir en Excélsior en los años setenta, confirmó que ciertas noticias no dependen de la actualidad, sino de la forma en que están escritas. El rumor de fondo de la vida -lo que se convierte en la costumbre- define una época tanto como los grandes acontecimientos.

Según cuenta en Traiciones de la memoria, Héctor Abad Faciolince conoció en Mendoza, Argentina, a un verdulero de temple filosófico. Ese hombre elocuente vendía con éxito tomates y lechugas, pero a diferencia de otros negocios se negaba a tener servicio a domicilio y explicaba su decisión de esta manera: “Yo no vivo de sus necesidades sino de sus tentaciones”. Como todo aforismo, éste admite un comentario. Si los productos fueran enviados a la casa, los clientes sólo comprarían lo básico; en cambio, al asomarse a la verdulería, se dejaban seducir por algo más. Iban por un tomate y salían con seis zanahorias.

Lo mismo sucede con el periodismo, que ofrece noticias necesarias (el humo blanco del Vaticano, el resultado de las elecciones, los marcadores del domingo) y textos de tentación, donde las exclusivas no dependen del estado del mundo, sino de los adverbios.

El autor de Autopsias rápidas refundó el género del artículo en primera persona dedicado a las noticias de la vida privada. Su hazaña se conoce en gran medida gracias a Guillermo Sheridan, recopilador de sus trabajos periodísticos, quien mañana recibe el Premio Ibargüengoitia.

La melancolía es acompañante silenciosa del humor. Se burla del mundo quien está en desacuerdo con él. Ibargüengoitia lamentaba que las novelas que escribía en dos años se pudieran leer en dos horas y que sus artículos se perdieran en la noche de los tiempos. Aunque contaba con lectores fervorosos, rara vez era analizado en la academia. Sheridan fue decisivo para establecer la reputación del autor de Misterios de la vida diaria. Además, como investigador literario le debemos Los Contemporáneos ayer, extensa revisión del “grupo sin grupo” que revitalizó la poesía y la crítica en la primera mitad del siglo XX; reveladores estudios sobre Octavio Paz y Gilberto Owen; una biografía -parcialmente novelada- de Ramón López Velarde, y la extraordinaria recuperación de la correspondencia del poeta jerezano con el editor Eduardo J. Correa.

Como Ibargüengoitia, Sheridan ha sido un polemista incómodo. Sin caer en excesivas paranoias, es posible afirmar que sus columnas periodísticas se publican en un ambiente más intolerante que el que rodeó al autor de Instrucciones para vivir en México. Hoy en día los artículos de Ibargüengoitia que celebramos como clásicos serían rechazados en numerosas redacciones con argumentos de corrección política. La misma época que fomenta los linchamientos anónimos en las redes limita las reflexiones discordantes. Rara vez estoy de acuerdo con Sheridan en temas políticos, pero el inquietante rigor de sus razonamientos pone a prueba los míos. El tenista que deja una provocadora pelota junto a la red hace que el adversario se esfuerce al máximo para responder. Lo mismo ocurre en el intercambio de opiniones. Nada resulta tan estéril como estar siempre de acuerdo. En su Autobiografía, el católico G. K. Chesterton escribe acerca del socialista Bernard Shaw: “Es necesario discrepar de él tanto como yo para admirarle tanto como yo lo hago”. Provechoso opositor, Sheridan estimula a que quienes no piensan como él piensen mejor.

Heredero de Ibargüengoitia, practica el humor con lúcida irreverencia y ejerce una erudición nunca agobiada por el tedio. A su manera, es conservador y radical. El pasado estimula su pasión por las genealogías literarias y el presente lo irrita de inmediato. Analiza un poema con calma de relojero y lee las noticias con sarcástica impaciencia.

Hace cuarenta años llevé una colaboración a la Revista de la Universidad donde él fungía como Jefe de Redacción bajo las órdenes de Hugo Gutiérrez Vega. En esa reseña encomiaba los logros del Manual del distraído, de Alejandro Rossi, narrador y filósofo. Sheridan le puso un título tan preciso que volvió inútil la lectura del texto: “Pensar distrae”.

Cuarenta años después, devuelvo a Guillermo Sheridan el lema que me regaló y que ya describe el conjunto de su obra.

En efecto, pensar distrae.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1563509.pensar-distrae.html

 

 

 

El expresidente que no supo callar

Ser popular y obtener el poder como Vicente Fox no es garantía para que un presidente no termine aislado y dando lástima.

No conozco a ningún admirador del expresidente Vicente Fox Quesada. Debe haberlos,claro, porque el mundo es un sitio raro y hay gente que come tierra, bebe orina o mascavidrios y se queda tan tranquila. Pero lo cierto es que, desde hace años, cuando aún se encontraba en el poder, el voluble, incongruente, naif y peleonero Fox no es un personaje popular. Puede sostenerse que ningún expresidente lo es, desde luego, porque el poder desgasta y el presidencialismo mexicano roe a quien lo ejerce casi hasta sorberle los tuétanos. Y quedar desprestigiado sin remedio al regresar a la vida civil ha sido parte del precio a pagar por casi todo aquel que haya llevado las riendas de este país.

Quizá por ello los mandatarios, desde la Revolución en adelante, han tenido la prudencia de guardar un perfil público discreto al concluir su periodo y han evitado andar metidos, semana sí y semana también, en disputas, escandalitos y riñas mezquinas. Vaya, hasta Carlos Salinas de Gortari, que entre buena parte de los mexicanos de mi generación y las anteriores es visto como el diablo encarnado, hace tiempo que aprendió a quedarse en la sombra y administrar con tacto sus palabras y silencios. En cambio, Fox vive metido en líos y alegatas y no le para la boca. Tiene el dedo más inquieto de las redes sociales. Su logorrea parece incurable. Y, bueno, el espectáculo que resulta de seguir sus declaraciones y mensajes en redes es triste, porque, digámoslo con delicadeza, no es que Vicente Fox sea un tipo particularmente dotado para manejar las ideas o el mero lenguaje.Tampoco es dado a callar el otro ex mandatario panista, Felipe Calderón, cuya animadversión por el actual presidente López Obrador (su rival en las elecciones de 2006 y el más empecinado opositor de su sexenio) tiene una larga historia y resulta más que evidente. Pero el caso es distinto.

Calderón no se mantiene en segundo plano porque sus ambiciones políticas son enormes y siguen en pie. Aunque no le faltan detractores, y por muy buenas razones, también tiene partidarios que defienden públicamente el legado de su gobierno, y funge como líder moral de la derecha mexicana. Al mantener su pulso con el actual gobierno, Calderón apuesta por empujar la creación de su propio partido y defiende su agenda. ¿Pero qué defiende Fox, que le dio la espalda al PAN al apoyar abiertamente al priista Peña Nieto, y que, según lo agarre el día, lo mismo aspira a convertirse en empresario de la cannabis que lloriquea por la pérdida de su pensión y su escolta militar? ¿Qué pensar de la seriedad de un ex presidente que se empeña en llamar “Lopitos” al mandatario en funciones pero lo exalta con agradecimiento como “señor presidente” apenas le restituyen parte de la escolta dichosa?

Muchos pueden sostener que Fox no es más que un personaje aparatoso y rebasado por los acontecimientos sobre quien no tiene caso reflexionar. Pero no olvidemos algo: Vicente Fox llegó a ser carismático y muy exitoso. Su expediente de opositor era bien conocido y resultaba casi respetable. Fue el primer político en conseguir el suficiente consenso social para vencer al PRI en unas elecciones presidenciales. Encabezó el primer gobierno de alternancia en la historia moderna de México. Concentró buena parte de las esperanzas de cambio del país y llegó a reunir un capital político inédito hasta entonces.

Solo que su soberbia, su ineptitud, la ineficacia de sus políticas y su nula capacidad de negociación dieron al traste con todo. Si no como un crítico que deba ser tomado en consideración por el actual gobierno, al menos Fox debería ser tenido como advertencia viviente: ser dicharachero y popular y obtener el poder no es garantía de que un presidente no terminará aislado y dando lástimas.