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Archive for 1/06/09

Ya, en serio, ¿qué hay detrás de la campaña Vive México, de Felipe Calderón? Ese cuento de que se trata de una estrategia para revitalizar el turismo en nuestro país no se lo cree nadie.

¿Por qué? Porque así no se hacen las campañas de promoción turística. Punto.

Por si usted no tiene ni idea de lo que le estoy contando, déjeme lo pongo brevemente en antecedentes.

Hace unos cuantos días, Felipe Calderón reunió en Los Pinos a un “selecto” grupo de luminarias del espectáculo nacional como Fernando del Solar y Omar Chaparro para que lo respaldaran, junto a varios empresarios, intelectuales y deportistas, en la presentación de Vive México (favor de no confundir con Vamos México).

¿Qué es Vive México? Se supone que una campaña de spots e incentivos para que nuestro país vuelva a ser la potencia turística que fue antes de la influenza. Se supone. Fin de los antecedentes.

Yo nada más le pregunto: si usted fuera un turista japonés en potencia y viera a Rafael Araneda o a Sebastián Rulli invitándolo a venir a México, ¿vendría?

¡Por supuesto que no! ¿Quiénes son Rafael Araneda y Sebastián Rulli en el universo del espectáculo global para que su sola presencia haga que millones de turistas internacionales paren, de un día a otro, en Cozumel o en Mazatlán? Nadie. Es más, ni siquiera son mexicanos.

Si Felipe Calderón realmente hubiera querido arrancar una campaña con puras primeras figuras del espectáculo nacional, en lugar de perder su tiempo con esa lista tan extraña de actores, conductores y cantantes, se hubiera tomado la foto con Salma Hayek, no con Paty Chapoy.

Y si de traer personalidades extranjeras se trata, don Felipe hubiera traído a Bono, a Madonna, a Shakira o a Ricky Martin, no a Jorge Alberti.

Si ése triste panel de celebridades refleja el poder de convocatoria de nuestro Presidente, pues qué poco poder de convocatoria.

El Presidente de México pudo haber tenido a su lado a los Rolling Stones, a Oprah Winfrey o a David Beckham, y no tuvo ni a Luis Miguel.

¿A usted no le da pena? A mí sí. Y si Hugh Jackman posó a su lado no fue porque el señor Calderón lo hubiera traído desde Hollywood para fines turísticos, sino porque el protagonista de Wolverine andaba por aquí en su propia promoción.

Es tan obvio que este show se montó para que Felipe Calderón quedara bien con Televisa y con Tv Azteca, como la programación privilegiada de spots de Vive México en esas dos televisoras.

A lo mejor yo soy muy malo monitoreando televisión, ¿pero me creería si le dijera que no he visto la misma cantidad de anuncios de Vive México en Cadenatres, Once Tv México ni en Efekto tv?

Qué raro, ¿verdad?, tan raro como que en ese lanzamiento hubieran estado René Strickler de Televisa y Mauricio Barcelata de Tv Azteca y no Eugenia León, que es doña Eugenia León aquí y en China, de Conaculta Canal 22.

¡Y mire que Conaculta Canal 22 es un canal público que depende directamente de la administración panista de don Felipe y que si él hubiera querido, los señores del 22 le hubieran traído a Eugenia de cualquier parte del mundo!

Vive México es una vacilada. Si a mí alguna de esas estrellas me invitara a ir a Huatulco, a Acapulco o a Puerto Escondido, yo me iría corriendo, pero a Estados Unidos, a Canadá o a Panamá.

El problema del turismo en México no es un chisme de sección de espectáculos de programa de revista. Es algo serio.

Los mexicanos no viajamos por nuestro propio país porque nos sale caro, porque el servicio es malo y porque nos discriminan por mexicanos.

¿A usted no le ha pasado? A mí, sí. A mí, por mexicano, me han arrebatado, de mala manera, a mi hijo de brazos en el aeropuerto de Los Cabos porque a lo mejor le puse droga en el pañal.

A mí, por mexicano, me han tratado diferente, peor, en un megaresort de lujo de la Riviera Maya.

A mí, por mexicano, me han hecho esperar a que pasen los turistas extranjeros y tomen los mejores lugares en el espectáculo de luz y sonido de Uxmal, porque yo, por mexicano, merezco menos.

Y si a esto le agregamos que a cualquiera que viva en este país le sale más barato pasar una temporada en Las Vegas, Orlando o Nueva York que en Cancún, pues usted dirá si esto se va a componer o no.

Ya, en serio, ¿qué hay detrás de Vive México? Porque turismo, no. Definitivamente no.

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

http://impreso.milenio.com/node/8584139

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Carlos Slim: ¿Cómo vive el tercer hombre más rico del planeta.


“Yo soy Carlos Slim” es la frase que acompaña la fotografía del empresario sonriente en la portada de la revista Quién. Da la impresión de ser un buen tipo y en muchos sentidos seguramente lo es. Le gusta el beisbol. Le gusta pasar tiempo con sus hijos. Le es fiel a la esposa fallecida que tanto amó. Sin duda posee enormes cualidades personales y un gran talento empresarial. Pero ése no es ni debería ser el tema de fondo cuando se analiza el impacto de Carlos Slim en el funcionamiento de la economía y la democracia en México.

Muchos mexicanos piensan que como el Sr. Slim tiene hábitos personales modestos, maneja su propio carro y no despliega de manera obvia el estilo de vida ostentoso de otros oligarcas mexicanos, no merece ser cuestionado. Esa posición es equivalente a sugerir que como John D. Rockefeller trataba bien a los niños y a los perros, el monopolio de Standard Oil no debió ser desmantelado. En lo que al Sr. Slim se refiere hay temas de fondo que van mucho más allá de la imagen que proyecta. Temas que México debe debatir y encarar: la manera en la cual Carlos Slim afecta a los consumidores, al crecimiento económico, y al proceso político.

Cualquier periodista, académico, investigador o empresario que intenta competir contra Carlos Slim lo sabe. Hay tan sólo un manojo de personas en México dispuestas a criticar públicamente al Sr. Slim, a hablar “on the record”, a decir lo que tantos musitan en privado pero no se atreven a airear. Y es crucial que los mexicanos entiendan el porqué del temor, el porqué del silencio. La respuesta se halla en un sistema político disfuncional del cual el Sr. Slim se ha beneficiado y que ahora -debido a su peso en la economía mexicana- ha logrado poner a su servicio. Un sistema caracterizado por instituciones débiles, cortes corruptas, funcionarios cómplices, legisladores doblegados, consumidores poco conscientes de sus derechos o sin la capacidad legal para organizarse colectivamente, y medios en su mayoría silenciados porque dependen de su publicidad o apoyo financiero.

Sí, el Sr. Slim conduce su propio auto y no tiene casas en el extranjero. Pero eso no debería llevarnos a ignorar lo fundamental: el alto costo que el imperio de Carlos Slim tiene para los consumidores. Los precios de telefonía e internet en México son significativamente más altos que en el resto de mundo, por la posición predominante de Telmex. Y al ampararse ante cada decisión de la Cofetel y la Comisión Federal de Competencia, el Sr. Slim logra retrasar la creación de un sistema económico más abierto y más competitivo, que se traduciría en cuentas telefónicas más baratas para usted, para los pobres, para miles de pequeñas y medianas empresas.

Sí, el Sr. Slim provee empleo e invierte en México y maneja bien sus compañías. Pero ese no es un argumento suficiente para ignorar su influencia negativa sobre el crecimiento económico. Durante más de una década, el país ha crecido un promedio de 1.5 por ciento anual; una cifra pobre cuando se compara con otros mercados emergentes. Y ese subdesempeño crónico es resultado de cuellos de botella en la economía que los monopolios privados y públicos han colocado, con la anuencia del gobierno. México podría crecer mucho más -y crear muchos más empleos- si tuviera una economía dinámica, en la cual hubiera inversión masiva de numerosos jugadores en el ámbito de las telecomunicaciones. Si hubiera muchas más personas con celulares baratos, internet accesible, banda ancha disponible. Los atributos personales de Carlos Slim no deberían ocultar cómo impide la evolución de un sector clave para el desarrollo.

Sí, el Sr. Slim vive de manera sencilla y usa trajes que se compra en Sears. Pero al mismo tiempo, ha adquirido poder de veto sobre el sistema político y se ha vuelto demasiado poderoso para controlar. Como lo declara -“off the record”- un ex abogado de Telmex, la estrategia legal de la empresa ha sido retar cada decisión regulatoria del gobierno con el objetivo de retrasar la competencia. Hay empresarios que han sido obligados a salir del país por las órdenes de aprehensión que los abogados del Sr. Slim logran obtener de un juez. Cuando el Sr. Slim se reúne con Felipe Calderón y el Presidente le ruega que reduzca sus tarifas de interconexión, comparta la infraestructura de Telmex y elimine el redondeo, Slim se enoja y se niega a hacerlo. Empieza a ver cómo podrá ampararse y obstaculizar la decisión gubernamental de abrir la red de fibra oscura de la CFE a sus competidores.

Por eso, más que celebrar al empresario sonriente hay que mirar el otro lado de lo que Carlos Slim hace. Cómo frena. Cómo distorsiona. Cómo obtiene lo que quiere del gobierno a costa de los ciudadanos. Cómo doblega a los legisladores a costa de los consumidores, porque allí está el problema para el país. Aquello que los mexicanos deberían recordar la próxima vez que paguen su cuenta telefónica: detrás del hombre modesto sigue estando el monopolista que retrasa la modernización de México.

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/501/1001497/default.shtm


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La gran mayoría de personas con credencial electoral hemos pasado los últimos dos meses preguntándonos y debatiendo qué hacer con nuestro voto. Las y los políticos por su parte han montado un circo espectacular; la credibilidad de quienes conforman el aparato del Estado ha llegado a su límite y va sin duda alguna hacia una estrepitosa caída. Es por ello que todos los partidos han elegido la mercadotecnia de la fama y el nombre para cooptar votos. Vemos carteles de deportistas, modelos, boxeadores, escritoras, bailarinas, corruptos cantantes de música cristiana, hijos de multimillonarios harineros, jefes de noticias de monopolios televisivos; todos ellos prometiendo honestidad y efectividad. El tratamiento que los partidos nos están dando como sociedad al elegir a sus candidatos es el de imbéciles. El insulto no podía ser mayor. El PRI y el PAN se coluden para ganar a costa de los derechos de las mujeres, el PRI y el PRD se hermanan y venden candidaturas en los estados; el caos es intencional, no casual.

México está viviendo un periodo negro. La delincuencia, dice Ernesto López Portillo, se ha convertido en una forma de vida, se ha masificado el mercado de la ilegalidad. El país celebró el cambio de partido en el poder y ahora entendemos que al desmoronarse el régimen experto en administrar el crimen la violencia y la ilegalidad, éstas se masificaron y quedaron fuera de control. De la mano de ese hecho político, está el fortalecimiento de políticas que favorecen a los ricos y excluyen a los pobres. El Estado no está capacitado para imponer la ley. Lo que sigue igual que antes es la falta de transparencia en todas las áreas de la vida política. Mientras las y los periodistas arrojamos luz sobre las élites en el poder causantes de la descomposición del país, la sociedad se indigna y las élites se ríen, las televisoras se coluden con las élites y los partidos nos dicen que vivimos en un sistema político en el cual mandan las mayorías: una democracia. Si no fuera indigno causaría risa.

En la medida en que los partidos pongan en los congresos a sus operadores, a personas famosas, ignorantes del manejo de los mecanismos del poder y la política, desconocedoras de las leyes y sus vericuetos, las élites corruptas que controlan el poder, tendrán mayor éxito en su empresa de fortalecer el pacto de impunidad que tiene paralizado al país. El voto forzado a lo “menos peor” es el peor de los votos. Que las buenas escritoras escriban, que los deportistas ganen medallas, que los cantantes canten, que las televisoras engañen desde su propio espacio, pero que no monten el teatro de la democracia.

Por esas razones y otras más yo dejaré mi voto en blanco. Aunque no exista la figura jurídica del voto en blanco, aunque los partidos digan que salieron nulos, ellos sabrán muy bien que el mensaje es: no soy tu cómplice, no me engañas, no me usas, tus candidatos no me representan. El abstencionismo es abulia, el voto en blanco es una acción ciudadana, un acto de libertad, una rebelión pacífica, un acto de congruencia, un acto de civismo.

http://www.eluniversal.com.mx/columnas/78474.html

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Ésta y el voto nulo son dos fenómenos emparentados, pero con grandes diferencias teóricas, simbólicas y políticas.

Prácticamente todos los encuestadores coinciden en que el nivel de abstención electoral será elevado. La pregunta clave es si será superior al registrado en 2003. Los cálculos apuntan hacia allá, pero no se sabe qué tanto (pues es más difícil detectar con precisión la abstención que la intención de voto por los partidos). Sin embargo, también algunas encuestas han incluido preguntas para proyectar cuánto voto deliberadamente nulo podría haber. La abstención y el voto nulo son dos fenómenos emparentados, mas con grandes diferencias teóricas, simbólicas y políticas. La primera denota esencialmente apatía, desmovilización, desconfianza —no del todo injustificada— hacia las instituciones electorales o bien un rechazo consciente y franco a todo el sistema político. El voto deliberadamente nulo (para diferenciarlo del que se anula por error) refleja en cambio una protesta abierta, un voto de rechazo al sistema de partidos y de castigo a todos ellos, pero no necesariamente al sistema político en su conjunto. Hay, pues, tres grandes segmentos del electorado (cuyos porcentajes aún desconocemos) en torno a qué hacer frente a los comicios: votar por algún partido, así sea el “menos malo” (como hará, según el diario Reforma, 70% de los votantes), anular el voto o simplemente abstenerse. Se ha dado un debate cada vez más amplio, en el que adeptos de cada una de esas opciones tratan de convencer de su respectiva estrategia. Cada segmento partiendo de diferentes premisas que, por eso mismo, los llevan a conclusiones distintas. Es posible que algunos ciudadanos cambien de parecer de aquí al 5 de julio. Y eso explica el nutrido bombardeo del IFE para llamar a votar a los ciudadanos, probablemente con poca eficacia (en parte por lo poco convincente de los argumentos usados y por la mala calidad de los promocionales).

Mi posición ha sido, en primer lugar, que cada opción es válida a partir de la libertad de sufragio, incluida la abstención. Y que quienes consideren que el sistema de partidos funciona suficientemente bien, racionalmente deben sufragar por el partido de su preferencia. Pero también que, a quienes consideren el sistema de partidos como esencialmente ineficaz en sus funciones de representación, no les conviene extenderle un renovado aval, un nuevo voto de confianza, sino hasta cuando se hagan reformas que incorporen a los ciudadanos en mayor medida, proporcionando más instrumentos para llamar a cuentas eficazmente a nuestros representantes y gobernantes. Considero el voto nulo como la mejor forma de protestar contra el sistema de partidos y presionar a éstos a aceptar aquellas reformas, además de ser una expresión institucional y perfectamente legítima en varias democracias, avanzadas y no tanto.

Pero una pregunta clave para quienes están en el segmento participacionista (incluidos los partidos y el IFE) es: ¿consideran igual de dañina la abstención que el voto nulo? ¿Piensan que ambas expresiones son igualmente perjudiciales desde una perspectiva institucional y democrática o consideran a alguna de ellas como “menos mala”? Por diversas conversaciones, tengo la impresión de que los participacionistas ven con menos rechazo el voto nulo que la franca abstención (y que eso explique precisamente que en muchas democracias exista el “voto en blanco” en la boleta, como opción institucional y legítima). También he podido detectar que varios ciudadanos que consideran seriamente abstenerse, al oír sobre la posibilidad de anular el voto, cambian su posición a favor de esa forma de protesta. Hablo de personas de diferentes niveles socio-económicos, edades y escolaridad. De lo que se puede inferir que, si algunos de los ciudadanos que piensan abstenerse y a quienes ni los promocionales de los partidos ni los del IFE convencerán de votar, son debidamente informados sobre la opción de voto nulo y lo que implica políticamente, podrían cambiar de estrategia (en vez de abstenerse, anular su voto). He atestiguado varios casos. La promoción del voto nulo como mejor opción que el abstencionismo tiene grandes límites, pues no cuenta ni de lejos con los canales de difusión ni con el respaldo institucional del que goza la postura participacionista. Se mueve en páginas y redes de internet o se expresa en algunos medios, sobre todo escritos.

Y es ahí donde el IFE podría cumplir un papel esencial para estimular la concurrencia a las urnas, ayudando a transformar la abstención a secas en un voto nulo. No pretendo desde luego que el Instituto promueva activamente esa opción, pero sí podría ser que informara a la ciudadanía sobre las posibilidades legales de ello, como parte de su responsabilidad de promover el voto y dar información político-electoral (Art. 105 del Cofipe). Podría hacerlo por los días que restan para la elección. No el voto nulo como tal, pero sí una opción legal (contemplada por el artículo 252-2 del Código Electoral), de anotar a un candidato sin registro (para lo cual hay un espacio concreto en la boleta y en el acta electoral), como lo son por ahora Elisa de Anda o Marco Rascón. Eso, aclarando que dicho voto no tiene efectos jurídicos (de acuerdo con resoluciones del TEPJF), para no generar falsas expectativas. La candidatura no registrada, precisamente por su carácter legal, se contabiliza de manera diferenciada de los votos nulos (sean deliberados o por error). Estoy convencido de que, de esa manera, muchos abstencionistas potenciales podrían preferir concurrir a la urna —y expresar ahí su inconformidad con los partidos— en lugar de quedarse en casa. Claro, una propuesta tan extravagante y seguramente, para muchos, subversiva— podría prosperar sólo si al IFE le interesara seriamente reducir el abstencionismo, si optara por promover la participación informando a la ciudadanía de todas las opciones de sufragio que contempla la ley electoral, incluida la de votar por un candidato sin registro.

Es posible que algunos ciudadanos cambien de parecer de aquí al 5 de julio.

http://www.exonline.com.mx/diario/columna/617627

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Susan Boyle queda segunda en la final de ‘Britain’s Got Talent’

Video: Susan Boyle, soñando un sueño


La finalista del concurso Britain?s got talent, Susan Boyle, ha sido ingresada en un hospital psiquiátrico en el norte de Londres. Boyle ha sido trasladada de manera voluntaria a la clínica, según ha explicado la policía londinense.

La policía acudió al hotel de Londres donde se alojaba Boyle tras una llamada del personal del concurso que alertaba de que la cantante estaba actuando de forma extraña. Según el periódico británico The Sun Boyle ha ingresado en el centro con síntomas de agotamiento, un día después de perder la final del concurso el sábado por la noche, en un programa que tuvo 18 millones de audiencia.

La productora televisiva talkbackThames ha emitido un comunicado en el que explica: “Después del programa de la noche del sábado, Susan está exhausta y emocionalmente agotada. Su médico apoya su decisión de que se tome unos días de descanso”.

Susan Boyle, escocesa de 48 años, se convirtió en la sensación de Internet hace poco más de un mes con su interpretación en el concurso británico Britain’s Got Talent de I Dreamed a Dream, de Los Miserables.

El País

Diversity, el ganador del concurso ¿Qué opinas?

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