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Archive for 3/06/09

Se que muchas personas ya están cansadas de escuchar y leer sobre la anulación o no del voto. A casi menos de un mes  de las elecciones y comprobándose que las campañas políticas, de 3 meses de duración, agotan a cualquier ser humano con tres dedos de frente, hoy por hoy es el tema que se aborda más en las columnas de análisis político.

Yo lo tengo simple y claro, mi voto es secreto, pero como estamos en confianza, les diré mis razones que me han llevado a la decisión de anular mi voto, no voto en blanco, es tal vez para muchos un racionamiento simplista pero ni hablar es mi voto y puedo hacer con él lo que quiera.

Vivo en una pequeña ciudad, por lo cual me permite conocer a los candidatos a puesto de elección, recuerdo bien quienes me representan en el Ayuntamiento, en el congreso local y en la cámara de diputados a nivel federal, por eso mismo y al ver el mal estado de mi municipio, el ver las caras que vi hace 3 años y que no se ocuparon de los problemas de esta ciudad, sumando los datos de tortura, los escándalos de inseguridad, y por mucho la aprobación en el Congreso local de castigar con cárcel a la mujer que aborte aún por violación son algunos de los argumentos simples que me llevarán este 5 de julio a no quedarme en mi casa viendo una película, y salir a decirles a toda la clase política de este estado, al IFE y al Instituto Estatal Electoral que no creo en ellos. No como sostiene Federico Reyes Heroles en su columna de hoy: Votar y marchar para protestar, que él no recuerda quien es su representante en la Asamblea del DF.


Hoy escriben muchos a favor y en contra del voto nulo, a cual más de respetables sus opiniones, pero para mi esta claro tengo que protestar de alguna manera como ciudadana, no le creo a nadie, me da igual que gane el que gane, pero yo no contribuiré a la formación de un Cabildo malo, o no contribuiré a que haya unos diputados locales y federales plurinominales malos como la Influenza A/H1N1. Me tienen señores y señoras políticos de este país hasta la madre.

Muchos dicen que un señor Hinojosa, primo de Calderón , empezó este movimiento en Puebla, para que la izquierda mexicana pierda votos, bueno hace tres años o dos empecé a escuchar esta tesis de anular el voto en voz de José Antonio Crespo, en el programa Primer Plano, la verdad es que no creo que José Antonio Crespo sea aliado de la derecha mexicana, no, es un ciudadano más harto y cansado de estos políticos.

Sin embargo sea cual sea el inicio de esta campaña del voto nulo, que es mejor que quedarse sin ir a votar, a ver si la virgen de Guadalupe o el santo que sea no hace el milagro, y por fin la clase política se pone a trabajar en lugar de andar buscando solo agua para su molino, yo iré este 5 de julio, con la cara bien fresca a anular mi voto, votare por amigos o conocidos.

Hoy varias columnistas dedican tiempo a llamar a votar, anulando o no, aquí se las dejo, para aquellos que les interese el tema.

Yuriria Sierra:

Votar y ser votados

José A. Crespo:

Elecciones y popularidad presidencial

¿Por qué sí votar?   Lorenzo Córdova Vianello

Nulificar el voto

Analisis después de la visita de la Dra. Denise Dresser a Torreón, Coahuila

Apocalipsis Now en silla de ruedas

Por Jairo Calixto Albarrán

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En la década de 1980 comienzan las actividades propias del Proyecto del Genoma Humano. En esta tarea titánica estuvieron involucrados biólogos moleculares universitarios, investigadores del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos y el Departamento de Energía de ese país. Finalmente, el Proyecto de Genoma Humano quedó a cargo de un  consorcio internacional integrado por 20 grupos de diferentes países. Además, participó la empresa privada Celera.

El 6 de abril de 2000 se anunció públicamente la terminación del primer borrador del genoma humano secuenciado, que localizaba a los genes dentro de los cromosomas. Los días 15 y 16 de febrero de 2001 las dos prestigiosas científicas americanas, Nature y Science, publicaron la secuenciación definitiva del Genoma Humano, con un 99.9 por ciento de fiabilidad y con un año de antelación a la fecha presupuesta.

El mapa publicado en ese momento fue un mapa haploide, es decir con la mitad de los cromosomas totales del núcleo humano. Se identificaron y secuenciaron 3.000 millones de pares de bases, no los 6.000 millones que tiene el genoma diploide humano con 23 pares de cromosomas. Los seres humanos contamos con 23 pares de cromosomas. De los 23 pares, 22 son cromosomas autosómicos y un par es determinante del sexo (dos cromosomas X en mujeres y uno X y uno Y en hombres). El genoma haploide (es decir, con una sólo representación de cada par) tiene una longitud total aproximada de 3200 millones de pares de bases de ADN (3200 Mb).

Este proyecto tuvo un costo aproximado de 90, 000 millones de dólares. Sin lugar a dudas, la empresa misma es fascínate. Sus resultados particulares inmediatos han ayudado abrir nuevos campos de investigación. Entre los puntos más notables, y personalmente podría decir, uno de los más importantes es que, cada persona comparte un 99.99 por ciento del mismo código genético con el resto de los seres humanos. Sólo 1.250 letras (bases) separan una persona de otra.

Comparativamente el ser humano tiene sólo el doble de genes que la mosca del vinagre, un tercio más que el gusano común y apenas 5.000 genes más que la planta Arabidopsis. El ADN humano es al menos en un 98 por ciento idéntico al de los chimpancés y otros primates. Hasta ahora se han encontrado 223 genes humanos que resultan similares a los genes bacterianos. Sólo un 5 por ciento del genoma codifica proteínas. El 25 por ciento del genoma humano está casi desierto, existiendo largos espacios libres entre un gen y otro.

Aunque el concepto mismo de gen está siendo cuestionado en este momento, del total aproximado de 3 mil 200 millones de pares de bases de ADN, se estima que el genoma humano contienen unos 20.000–25.000 genes. Se calcula que existen unas 250300.000 proteínas distintas. Por tanto cada gen podría estar implicado por término medio en la síntesis de unas 10 proteínas. Algo más del 35 por ciento del genoma contiene secuencias repetidas.

Si bien dos seres humanos del mismo sexo comparten un porcentaje elevadísimo (en torno al 99,9 por ciento) de su secuencia de ADN, lo que permite trabajar con una única secuencia de referencia, existen pequeñas variaciones genómicas que fundamentan buena parte de la variabilidad fenotípica interindividual. Estas variaciones en los genes que se conocen como polimorfismos nucleótidos únicos, SNP de su acrónimo inglés. La mayoría de estos polimorfismos no tienen un efecto clínico concreto pero de ellos depende, por ejemplo, el que una persona sea sensible o no a un determinado fármaco y la predisposición a sufrir una determinada enfermedad.

Para profundizar en los trabajos del genoma humano tenemos que repasar algunos conceptos que son de uso común pero que de no estar claros perderemos el hilo de los nuevos descubrimientos. El ácido desoxirribonucleico (ADN) contiene la información genética usada en el desarrollo y el funcionamiento de los organismos vivos y de algunos virus. Está formado por cuatro bases nitrogenadas (citosina (C), timina (T), adenina (A) y guanina (G)), el azúcar desoxirribosa y un grupo fosfato, y que, en su estructura básica, el nucleótido está compuesto por un azúcar unido a la base y al fosfato.

Las secuencias de ADN que constituyen la unidad fundamental, física y funcional de la herencia se denominan genes. La información contenida en los genes (genética) se emplea para generar proteínas, que son los componentes básicos de las células, los “ladrillos” que se utilizan para la construcción de los orgánulos celulares, entre otras funciones. Técnicamente, podemos decir que la secuencia de ADN que conforma el genoma humano contiene codificada la información necesaria para la expresión, altamente coordinada y adaptable al ambiente, del proteoma humano, es decir, del conjunto de las proteínas del ser humano.

A partir de un orden de los nucleótidos, que constituyen el ADN, se produce lo que conocemos como, el código genético. Este código contiene las instrucciones que sirven para fabricar proteínas. La combinación de tres nucleótidos ensambla un aminoácido, y varios aminoácidos forman una proteína. A, T, G, y C son las “letras” del código genético, y representan las bases nitrogenadas adenina, timina, guanina, citosina, respectivamente. Cada una de estas bases forma, junto con una azúcar y un grupo fosfato, un nucleótido. La combinación de estos nucleótidos en grupo de tres (tripletes o codones), que se expresa en una secuencia lineal, conforman un gen, que al transcribirse y traducirse, forma una proteína.

Las proteínas son las principales biomoléculas efectoras; poseen funciones estructurales, enzimáticas, metabólicas, reguladoras, señalizadoras…, se organizan en enormes redes funcionales que interaccionan entre sí. El conjunto de las proteínas del ser humano, el proteoma, fundamenta la particular morfología y funcionalidad de cada célula. Asimismo, la organización estructural y funcional de las distintas células conforma cada tejido y cada órgano, y, finalmente, el organismo vivo en su conjunto. Así, el genoma humano contiene la información básica necesaria para el desarrollo físico de un ser humano completo.

Así, en teoría, los cambios en el código genético pueden traer como consecuencia la no producción de una proteína o la producción de una proteína disfuncional, ambos casos traen como consecuencia el desarrollo de enfermedades. Sin embargo, no todos los cambios genético provoca una alteración en la secuencia de una proteína o de su nivel de expresión, es decir, muchos son silenciosos y carecen de un expresión característica.

El Proyecto del Genoma Humano describió, secuenció, el orden de los 3.000 millones de pares de bases que contiene el material genético haploide de un ser humano. Aunque, algunos investigadores pensaron que esa era la meta, hoy se considera sólo como la punta del iceberg. Si bien, cada persona comparte un 99.99 por ciento del mismo código genético con el resto de los seres humanos, el 0.01 por ciento de diferencia se convierte en el objeto de investigación. Este 0.01 por ciento parece explicar el por qué algunas personas son más susceptibles a ciertas enfermedades que otras, por ejemplo diabetes. Con la investigación de estas variaciones se espera encontrar cuál de estas diferencias están relacionadas con enfermedades.

La Jornada de Oriente: El genoma Mexicano I y II

Es deprimente observar cómo un trabajo científico como el del Instituto Nacional de Medicina Genómica está preñado de ideologías racistas. Este es el filo de la navaja de cualquier investigación genética. Estaremos siempre aterrorizados de los avances científicos si estos no están demarcados en el deber y la responsabilidad. La garantía de vida, su producción y reproducción, y el mantenimiento del ser humano son deberes indiscutibles en el desarrollo de cualquier trabajo científico.

La secuenciación del genoma humano sólo fue un paso hacia la comprensión de la molécula de la vida. En la segunda fase del Proyecto del Genoma Humano se abrieron cinco áreas nuevas de investigación: el proyecto internacional del HapMap; el desarrollo de la Enciclopedia de los Elementos del ADN (ENCODE); genómica química; genomas para la vida, y el establecimiento del Consorcio para la genómica estructural. En 2005, México logró la incursión en el Proyecto Internacional de HapMap. Este proyecto tiene como objetivo hacer un catalogo de las variaciones genéticas comunes que ocurren en el ser humano. Además, pretende describir qué son estas variantes, dónde ocurren en el ADN, y cómo están distribuidas entre las personas de una comunidad y entre poblaciones en diferentes partes del mundo. Los esfuerzos están dirigidos a identificar y catalogar las similitudes y las diferencias genéticas entre las poblaciones de todo el mundo.

Recordemos que la principal fuente de variabilidad en los genomas de dos seres humanos procede de las variaciones en un sólo nucleótido: adenina (A), tiamina (T), citosina (C) y guanina (G). A estas variaciones se les conoce como SNPs (Single nucleotide polimorphisms). Los “snips” (SNPs), como se les conoce en inglés, se restringe a aquellos variaciones de un sólo nucleótido en donde los cambios ocurren al menos el 1 por ciento de la población.

Los resultados del Proyecto HapMap mexicano, llevado a cabo por el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen) fueron publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), marzo de 2009. En el resumen del artículo se  señala lo siguiente: “México está desarrollando las bases para la medicina genómica con el fin de mejorar el cuidado de la salud de su población. El estudio amplio de la diversidad genética y las estructuras de desequilibrio de ligamento (LD) de diferentes poblaciones, ha hecho posible el desarrollo de estrategias de captura “tagging” de variabilidad genética, así como de imputación de genotipos, para evaluar íntegramente la variabilidad común en estudios de asociación en enfermedades comunes. Nosotros evaluamos el beneficio de un mapa de haplotipos mexicano para la identificación de genes relacionados a enfermedades comunes en mexicanos. Con este objetivo se caracterizaron la diversidad genética, los patrones de LD y la proporción de haplotipos compartidos utilizando datos genómicos de mestizos mexicanos provenientes de regiones con diferente historia de mestizaje y distintas dinámicas de poblacionales…”

No debemos asustarnos por los términos científicos. En una revista de esta envergadura sólo se puede redactar en esta forma. Sin embargo, el proyecto es muy sencillo, sólo tenemos que recordar que los resultados están en términos estadísticos y no individuales. Del 0.01 por ciento del genoma que todo ser humano tiene diferente con su congénere se identificaron las secuencias que están juntas, pero no pegadas, a los genes en la población mexicana, desequilibrio de ligamento (LD). Esto permite utilizar los SNP como marcadores genómicos y estudiarlos por pedazos. En vez de secuenciar letra por letra en cada variación que se presenta, se identificaron paquetes que se denominan haplotipos.

Aunque los resultados son en términos estadísticos, la información que se obtiene es suficientemente buena como para proceder a estudios comparativos. Por ejemplo, diferentes grupos humanos comparten ciertos haplotipos, tales como asiáticos, africanos y europeos, mientras que otros sólo se han encontrado en el continente africano, en el que la variedad de haplotipos es mayor y tienen a ser de menor longitud, lo que apoya la teoría de que nuestra especie tuvo su origen en África. Por esta razón, los haplotipos facilitan el estudio de asociación genética de enfermedades humanas.

Debido a que existen pocos haplotipos en el genoma relacionados con las principales líneas ancestrales de la humanidad, teóricamente se hace más viable el hallazgo de genes de susceptibilidad para enfermedades comunes. Sin embargo, la identificación de genes relacionados a enfermedades o a procesos fisiológicos donde ellos intervienen no es una tarea fácil. Una vez identificada una secuencia genómica, es necesario definir donde inicia y termina un gen, qué proteína o proteínas están codificadas por cada uno de ellos, así como en qué tejido y en qué momento se expresa cada uno de dichos genes.

La estrategia que Inmegen piensa utilizar para identificar causas de origen genético en las enfermedades comunes de los mexicanos es la que, actualmente, se encuentra más apoyada por la comunidad científica. Los estudios por asociación sólo requieren que se compare la prevalencia de los haploides (los paquetes de variaciones) en la población enferma contra los que no presentan la enfermedad (grupo control). En principio esto suena muy sencillo y teóricamente viable, pero las enfermedades comunes no funcionan monogénicamente, no son el resultado de una simple variación en la secuencia del ADN. Además, las enfermedades comunes son el resultado de la interacción entre el medio ambiente y la predisposición genética, en un mundo aleatorio donde la probabilidad de ocurrencia es tan importante como el agente causal. Faltan miles de millones de dólares de inversión pública antes que las compañías farmacéuticas puedan sacar ganancias realmente cuantificables, en la “medicina personalizada”.

Aplicando el rigor científico, el término mestizo no corresponde a ninguna categoría taxonómica. Los investigadores del Inmegen pudieron utilizar el término híbrido, pero eso los hubiera metido en el cruce de especies y el ser humano es una sola especie. El término mestizo no añade nada al análisis de poblaciones. Como bien expresa Ryk Ward y Antonio Velázquez, por más que se han buscado, no existe discontinuidades genéticas significativas entre poblaciones. Más de 80 por ciento de la variación genética de nuestra especie es entre individuos de la misma población. La mayor parte de nuestra diversidad es anterior a la salida de África de los primeros humanos y sus antepasados. No existe ninguna evidencia genética que sustente el concepto de “raza” en la especie humana. Las grandes diferencias aparentes entre individuos originarios de continentes distintos no son más que eso: apariencias superficiales, consecuencia de la acción de la selección natural sobre rasgos o características que responden a las variaciones climáticas de las distintas regiones del planeta. (Lo que somos y el genoma humano, Ediciones Científicas Universitarias, 2004, México)

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico rhpmedicus@yahoo.com.mx

La Jornada de de Oriente: El genoma Mexicano III

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Sin caer ni en el alarmismo de quienes proponen medidas drásticas para reducir el crecimiento poblacional, ni en el escepticismo de quienes consideran que la Tierra es lo suficientemente amplia para acomodar más población de la que hay ahora, debemos reflexionar sobre el dilema demográfico.

La reproducción -como capacidad de atar lazos sociales y mantenerlos a lo largo de generaciones- implica una responsabilidad ante quienes heredarán nuestro mundo.

Sin embargo, la dificultad para fijar un límite racional a la maternidad y a la paternidad está traspasada por un conflicto existencial: tener hijos es más una manera de trascender, de no morir del todo, que una verdadera pasión por el proceso de crianza de nuevos seres.

Si bien el papel en la reproducción es diferente para cada sexo, no hay que olvidar que mientras las mujeres pueden parir una vez al año los hombres, en ese mismo lapso, pueden embarazar a un sinnúmero de mujeres.

La distinta vivencia reproductiva dificulta el cómo mujeres y hombres nos planteamos los dilemas y las consecuencias de la reproducción.

Por eso, así como se necesita una conciencia del límite, también es indispensable un reconocimiento de la diferencia sexual. Con ello no me refiero a las absurdas posturas esencialistas del “ecofeminismo”, que sostiene que las mujeres, como madres nutridoras y cuidadoras, tienen una mayor conciencia de la vida humana y del medio ambiente. El “ecofeminismo” parte de ese supuesto equivocado y lo enuncia con desdén sexista: “pobres hombres depredadores, nosotras no hemos perdido nuestra conexión con la naturaleza.”

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Hablar de diferencia sexual no es reivindicar una supuesta superioridad femenina (ni masculina, para el caso). Es reconocer la distinta potencialidad reproductiva, la doble moral sexual que da un acceso diferenciado al uso del cuerpo y la ausencia de ciertos derechos (como el de interrumpir un embarazo no deseado) que posibiliten el control de las mujeres sobre los procesos reproductivos de sus cuerpos. Las implicaciones éticas de las consecuencias de esta diferenciación por sexos son de una vigencia política y social de primer orden.

Reformular con conciencia ambientalista el sentido de la reproducción requiere reconocer que la cultura crea las condiciones para que los cuerpos de las mujeres y de los hombres se reproduzcan de ciertas formas, con ciertos ritos y en ciertos tiempos.

La mistificación de la maternidad y la invisibilidad de la paternidad son caras de una misma moneda. Generar una conciencia de responsabilidad reproductiva es un imperativo no sólo para la preservación del medio ambiente, sino para el desarrollo de los seres humanos: criaturas deseadas, padres comprometidos y madres no enajenadas. Por eso un objetivo de la reflexión ambientalista comprometida con el bienestar de las personas es investigar y pensar sobre la diferencia sexual.

* La autora es antropóloga, editora de Debate Feminista, México.

http://www.tierramerica.org/mujer/autlamas.shtml

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