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Archive for 6/06/09

Duele desprenderse de sueños inasibles, que a la postre transpiran en nuestra saliva su verdadero sabor: no eran sueños de veras, sino una suerte de pesadilla a la que uno quedaba asido por necedad o costumbre. En la definición de quimera está la dicotomía: según la Real Academia, quimera es el nombre de un monstruo con cuerpo de cabra, cola de dragón y cabeza de león que vomitaba llamas y es también la definición de todo aquello que la imaginación nos hace creer como posible o realizable, sin serlo. Además, una quimera es también una contienda, pendencia o riña y de eso se ocupan hoy estos párrafos: de la pendencia constante entre las quimeras que signamos con fe inquebrantable y los verdaderos sueños que generan y sostienen la vida.

Los sueños de veras parecen imposibles y, de pronto, se materializan en nuestra piel de una manera inesperada. Son los pequeños milagros silentes que se perciben en un murmullo y quedan para siempre en esa primera mirada. A contrapelo, llevamos encima muchas quimeras como sueños impostados y el tiempo se encarga de denunciarlos. La vida mata esos sueños, precisamente porque la vida luego los contrasta con los sueños de verdad.

La cantante inglesa Susan Boyle duerme hoy mismo sedada en una clínica psiquiátrica de Londres. Al parecer, padeció un agudo ataque de angustia al fracasar en su sueño de convertirse en ganadora del ya célebre concurso Britain’s Got Talent. Hace apenas unas semanas —el 11 de abril pasado—, esta mujer gorda, despeinada, fea y con sombrillas de bigote sobre los labios no sólo cautivó al jurado de las rondas eliminatorias, sino que se convirtió de la noche a la mañana en una celebridad mundial: en una sola semana veinte millones de personas reprodujimos el lacrimógeno video de internet donde se le ve y escucha cantando como los ángeles. El momento servía para confirmar que la mayoría de los habitantes del mundo seguimos compartiendo prejuicios simples. ¿Cómo podía tomarse en serio la intención de una mujer al filo del medio siglo de edad por convertirse en cantante profesional? ¿Cómo era posible que una fea se gane nuestra admiración ecuménica?

Que los días de este año no han transcurrido con un vértigo particular —como sucede con todos los años y días del mundo— es una perogrullada que quizá no mermó las quimeras de Susan Boyle por lanzarse a cantar en público. Hasta ese sábado de abril, no era más que la callada solitaria que vivía en conversación monótona con su gato y los horarios de una vida anónima. Según declaraba con cierto orgullo, hasta antes del concurso era mujer que no sólo nunca había sido amada de verdad, enamorada como gerundio, sino que nadie la había besado. Pero llegó el momento y Susan Boyle acalló los prejuicios del mundo y cantó como los ángeles.

Según se lee en el diario El País, el formato del concurso Britain’s Got Talent ha sido clonado en varios países y ante varias culturas y se trata de une escaparate donde ella (y no pocos mártires de sus propias quimeras) se vuelven “víctimas de la calculada mercadotecnia que rodea a la llamada telebasura. Su fealdad, su inocencia y su voz la hacían un personaje ideal para programas como Britain’s Got Talent, que detrás de la búsqueda de talentos escondidos y de loas a la espontaneidad son el equivalente a las denigrantes ferias de finales del siglo XIX y principios del XX en las que se exhibían personas deformes o que simplemente rompían la media estadística por su escasa altura o su gigantismo. Las Susan Boyle de hoy en día son las mujeres barbudas y los hombres elefante de las barracas de feria en tiempos de nuestros bisabuelos”.

Efectivamente, somos freaks y somos raros. Todo aquel que esté libre de la ensoñación con sueños inasibles que levante la mano, pero también quienes han podido vivir el milagro de confirmar que la vida mata sueños, para precisamente hacer posibles los sueños reales, los que no tienen nada de pesadilla ni falsedad. Sin ataduras falsas o candilejas de relumbrón, Susan Boyle canta como los ángeles y ahora puede volver a la vida apacible, a la conversación con sus gatos sin que el mundo entero tenga que enterarse de todos los pliegues de su intimidad. Ahora, en boca de psiquiatras y sabihondos se ventila sin piedad el hecho de que Boyle padeció hipoxia perinatal, que le faltó oxígeno al nacer y que por ello se le complican las palabras, propensa al retraso mental, convulsiones, comas e incluso parálisis cerebral. Pero hubo un sábado en que su voz le calló la boca al mundo y allí, en esos breves minutos, creo que se encierra la clave del tema.

Susan Boyle eligió cantar I Dreamed a Dream o “Soñé un sueño” de la opereta Les Miserables. No era canción fácil y en su letra encerraba algo parecido a un destino: “Soñé el sueño en tiempos ya pasados/cuando la esperanza era elevada/y la vida valía la pena vivirse/Soñé que Dios era misericordioso/Era yo entonces joven y sin temor/y los sueños se hacían, usaban y gastaban/no había que pagar rescate/no quedaba canción sin cantar ni vino sin probar”… La imagino hoy mismo, quizá irremediablemente atormentada por la melodía ya grabada en su memoria, pero con la posibilidad de despertar de la pesadilla que ha vivido. Le deseo sinceramente que despierte de todo lo que soñó como inquebrantable y feliz, amanecida en el verdadero sueño de la felicidad, esa suerte de vigilia donde uno puede corregir el rumbo de su vida, asumir las consecuencias de todo descalabro anterior y empezar de nuevo con el embeleso nada inasible, sino palpable, de los sueños de veras. Allí en el psiquiátrico, lejos del jurado y del mundo, se escuchará como ronquido de gato: “Soñé el sueño de que mi vida podría ser/tan diferente al infierno en el que ahora vivo/tan diferente a lo que parecía/y ahora, la vida ha matado el sueño que soñé”. Evidentemente, el mundo entero (menos el jurado calificador) quería que la señora ganara el concurso que soñó, y es probable que todos hayamos signado como verdad esa quimera tan llena de engaños, tan hipócrita al ponderar su bigote o sus lonjas, y que todo eso pareciera el sueño de veras… cuando, en realidad, el verdadero sueño es que logre recuperar sus sosiego y su serenidad y que algún día, sin pensarlo, se escuche a sí misma cantando a solas.

jfhdz@yahoo.com

http://impreso.milenio.com/node/8586243

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