Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 10/06/09

ESPERANZA MARCHITA*

¡ ANULA TU VOTO ESCRIBIENDO MI NOMBRE EN LA BOLETA, EN EL ESPACIO DE “CANDIDATO NO REGISTRADO” !

Querido(a) ciudadano(a): Mi nombre es Esperanza Marchita. Soy de Chihuahua, tierra de mujeres que se han hecho fuertes a base de luchas y abandonos. Tengo 23 años, la juventud me invade tanto como las ganas de participar. Quiero contarles el origen de mi nombre y por qué deben de escribirlo en la boleta electoral, si quieren anular su voto. Me llamo Esperanza porque nací el día en que Luis H. Álvarez y Heberto Castillo platicaron y decidieron que la derecha y la izquierda se iban a unir para combatir los fraudes electorales, y lo hicieron. En 1994, mis padres se afiliaron a Alianza Cívica, una asociación civil entusiasmada por democratizar México, y así continuaron peleando por la democracia. Todos celebrábamos las derrotas del PRI y las victorias de la oposición. Tuve una infancia y adolescencia felices. Creíamos en el futuro. Pero poco a poco se nos fue la alegría y la ilusión. Ahora, además de luchar contra la corrupción política, reina la inseguridad. Hace unas semanas, llenos de desesperanza por no tener un candidato digno, mis padres recordaron mi nombre y me hicieron una sorpresiva solicitud: que me convirtiera en la candidata de todos los que, como ellos, se sentían defraudados por los partidos políticos. Pensé que de algo serviría mi nombre: Esperanza, y que tomaba un sentido mi apellido: Marchita. Ahora les pido a quienes lean esta carta, que si los candidatos que se presentan no los convencen, entonces escriban mi nombre en la parte inferior de la boleta donde está escrito: Candidatos no registrados. A lo mejor así, la clase política entiende su responsabilidad perdida. ¿Quién iba a decir que yo, Esperanza Marchita, sería el nombre perfecto

– Perfil de Esperanza Marchita

– Boletín de prensa de Propuesta Cívica, A.C., 2 de junio de 2009.

http://www.sergioaguayo.com/portal/

Read Full Post »

Me fui a resolver el siguiente cuestionario:

¿Eres codependiente?


Autodiagnóstico de

codependencia

El primer paso para recuperarse de una enfermedad es reconocerla, a continuación encontrarás una serie de preguntas orientadas a diagnosticar la codependencia.

A cada pregunta deberás contestar SI o NO

1. ¿Te comprometes demasiado? SI – NO

2. ¿Te ves forzado a ayudar a otros a resolver problemas?, por ejemplo: ¿Ofreces consejos que no te piden? SI – NO

3. ¿Te sientes demasiado responsable de sentimientos, pensamientos, acciones, necesidades y bienestar de otros? SI – NO

4. ¿Te enorgulleces de crear calma en una situación caótica? SI – NO

5. ¿Tratas de complacer a otros y nunca a ti mismo? SI – NO

6. ¿Te cuesta trabajo expresar lo que sientes? SI – NO

7. ¿Tienes dificultad en completar un proyecto? SI – NO

8. ¿Tienes dificultad para divertirte? SI – NO

9. ¿Creciste en medio de demasiados problemas? SI – NO

10. ¿Tiendes a ignorar problemas y pretendes que no existen? SI – NO

11. ¿Creciste en una familia problemçatica, reprimida, con problemas de adicción o disfuncional? SI – NO

12.¿Sientes que si no eres productivo no vales? SI – NO

13. ¿Te sientes incómodo cuando te alaban o te hacen algún cumplido? SI – NO

14. ¿Te sientes atrapado en tus relaciones? SI – NO

15. ¿Quisieras tener más tiempo para ejercicio, aficiones o deportes? SI – NO

16. ¿Dices muy seguido que no tolerarás ciertas conductas de otros? SI – NO

17. ¿Sientes a menudo que estás loco y te preguntas a menudo que es ser normal? SI – NO

18. ¿Te sientes muy ansioso por un cambio o promoción del trabajo? SI – NO

19. ¿Mientes o exageras cuando sería igual de fácil decir la verdad? SI – NO

20. ¿Buscas constante afirmación y aprobación? SI – NO

21. ¿Tienes miedo a tu propia ira? SI – NO

22. ¿Buscas personas necesitadas para ayudarlas? SI – NO

23. ¿Tratas de guardar tus sentimientos para ti mismo y pones buena cara? SI – NO

24. ¿Cuándo flojeas te excusas? SI – NO

25. ¿Llegas siempre tarde a las citas, reuniones, etc.? SI – NO

26. ¿Te sientes cansado y sin energía? SI – NO

27. ¿Sientes que si no te llevas bien con tu superior es tu culpa? SI – NO

28. ¿No quieres tomar ningún riesgo? SI – NO

29. ¿Tiendes a gastar el dinero compulsivamente y comer más de lo debido, tomar tranquilizantes, trabajar, fumar o beber demasiado? SI – NO

30. ¿Has perdido interés por el sexo? SI – NO

31. ¿Tienes frecuentes problemas médicos como colitis, úlceras, hipertensión asma, dolores de cabeza o de espalda? SI – NO

32. ¿Te accidentas frecuentemente? SI – NO

33. ¿Tienes miedo al abandono, a la soledad o al rechazo? SI – NO

34. ¿Crees que puedes salir adelante sin la ayuda de Dios? SI – NO

35. ¿Tiendes a minimizar los problemas, y a tratar de racionalizarlos ? SI – NO

36. ¿Te encuentras constantemente culpando a otros? SI – NO

Si has respondido SI a más de cinco preguntas, puedes considerarte una persona codependiente.

Al principio me asuste, pensé que ¡Estoy enferma! Pero después y ahí perdonaran mis amigos que acuden a grupos de codependientes, en verdad no me siento ni mal ni culpable de asumir que he respondido a más de 5 preguntas en forma positiva. No tengo un esposo, hijo o padre alcohólico, no me rodeo de personas afectadas por un codependencia a una substancia o al menos no me frecuento en mi vida diaria con ellos. Y sin embargo después de resolver este test en particular he salido que soy codependiente ¿Será que al final de cuentas todos los seres humanos de alguna manera somos codependientes? Si alguien logra resolver sinceramente este cuestionario y no pasar de 5 si, que me digan ¿Cómo viven?

Read Full Post »

Denise Dresser analiza la popularidad de Felipe Calderón.

Felipe el Valiente en traje de militar, Felipe el Valiente en su lucha contra el narcotrafico.

Indigomedia México

Read Full Post »

Fundación Príncipe de Asturias: Otorga premio a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en comunicaciones y humanidades.

Premio Príncipe de Asturias a la mayor universidad de habla hispana

Por Pablo Ordaz.

A México no le sobran últimamente las buenas noticias. Pero, además, la concesión del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no es solo una buena noticia. Es, sobre todo, un reconocimiento al pasado orgulloso de México -de las aulas de la UNAM surgieron tres premios Nobel y ocho premios Príncipes de Asturias- y a su compromiso con el futuro: más de 35.000 profesores y casi 300.000 estudiantes la convierten día a día en la mayor institución académica del mundo de habla hispana.

De forma oficial, la candidatura de la UNAM al premio Príncipe de Asturias echó a andar el jueves 19 de febrero. Aquella noche, el embajador de España en México, Carmelo Angulo, reunió en torno a un brindis a un grupo de intelectuales entre los que se encontraban el escritor Gabriel García Márquez. El embajador contó que acababa de enviar una carta al presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, Matías Rodríguez, proponiéndole a la UNAM como candidata al premio. “Su fortaleza institucional”, explicó Carmelo Angulo, “la calidad y variedad de su oferta académica y de investigación, así como su compromiso con la difusión cultural, el humanismo y las nuevas tecnologías la convierten en la máxima casa de estudios del país, y la de más prestigio y reconocimiento en América Latina”.

La afirmación del embajador está basada en las clasificaciones mundiales de The Times Higher Education & Supplement y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC). En aquel encuentro también estaba el actual rector de la UNAM, José Narro, quien resaltó la íntima relación de la universidad mexicana con las instituciones educativas españolas. “Hace ahora 70 años”, recordó, “que el presidente Lázaro Cárdenas abrió las puertas de México a los exiliados españoles”. A lo que el embajador, Carmelo Angulo, añadió: “LA UNAM es reconocida como la casa por excelencia del pensamiento iberoamericano y mexicano y fue generoso cobijo de una buena parte del exilio español y del destierro intelectual iberoamericano”.

El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, instituido en 1981, es concedido a la persona, grupos o institución cuya labor creadora o de investigación represente una aportación a la cultura universal en esos campos. Al premio optaban 20candidaturas procedentes de 12 países, entre las que se encontraban las del periódico The New York Times, el historiador británico Geoffrey Lloyd, el sociólogo alemán Ulrich Beck y el filósofo español Emilio Lledó. La Universidad Autónoma de México, que está a punto de cumplir 458 años, fue declarada en 2007 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El País: Premio Príncipe de Asturias a la UNAM.

Gana UNAM Premio Príncipe de Asturias

Read Full Post »

Sigo con este tema que me apasiona, porqué pienso en mi madre, esa madre que empezó a usar su computadora para jugar solitario, y ahora  no se despega de su máquina, con una serie de juegos que mi hermana le consiguió.

Mi amá, no sale tanto de casa como antes, por motivos que no vienen al caso, así que estoy haciendo una campaña desde lejos del hogar para que ella se motive a subir sus hermosos textos a un Blog, así que no he dejado de visitar la página de la abuela Blogger, a mis 95, y le mando cosas a mi amá por correo, la molesto por el chat todos los días, se que ella conocería muchas personas, y que se sentiría feliz de recibir comentarios sobre sus textos.

Mujer preparada, mujer actriz por vocación, lectora voraz, amante del cine y de García Riera, esa es mi madre, entre otras cosas. Así que el día de hoy viendo las entradas y la aceptación que tiene el Blog Premio María Amelia López Soliño, le dedico a mi madre, que espero que algún día haga su propio blog, el Blogroll de ese espacio:

Blogs de mayores

hilvanandorecuerdos

Esperando que un día mi madre aparezca en él.

Recuerden visitar la página Premio María Amelia López Soriño, e inscribir a un amigo, padre, abuelo, o conocido suyo que tenga un blog y alentar a los adultos mayores a tener su propio espacio dentro de este maravilloso mundo de Internet.

Read Full Post »

Saber que estamos solos/y que el alba/que bebemos los dos en nuestras bocas/es el fruto del sueño/coincidente Esperanza Ortega.

Desde el fondo del salón la mira. Ella se siente acariciada. Como si esos ojos, concentrados en sus ojos, la tomaran de la mano a través del espacio. La abraza, con su mirada. No resisto la tentación al juego de palabras. La abrasa. Con su mirada. Ninguno de los dos se ha movido de su sitio. Tienen que “cumplir”, por un buen rato más. Todo sucede por entre la conversación y la sala. Esa mirada larga es una caricia con mensaje: “Aquí estoy. Aquí voy a estar. Para ti”. Ella se siente conmovida. Como si una ola de ilusión tibiecita, le ocupara el corazón. Allí comenzaron las asociaciones. En esa sensación de protección y de tibieza.

¿Qué haría una sin las caricias? Las que recibe y las que ofrece. En tantas y tan variadas formas. Tan presentes cada día. Algunas tan evidentes, otras tan sutiles, otras tan imperceptibles, que corremos el riesgo de no mirarlas pasar. De no aprehenderlas.

Es tan significativa una caricia. Sus contenidos. Puede suceder con las manos, con los labios, incluir al cuerpo entero. Pero las caricias, no se dan sólo en el contacto físico. Las miradas amorosas son caricias. Las palabras. El Tranvía anterior, estuvo tan lleno de caricias. Y lo cito por dulce y por inmediato, no porque otros tranvías carecieran de ellas. Los “dones”. Si una observa su vida diaria detenidamente, se descubre sorprendida de la cantidad de “caricias”, que intercambia. En sus espacios de intimidad, y también en muchos, que no lo son. Con frecuencia, las preocupaciones, la inseguridad, el trato descuidado con el que se mueven demasiadas personas por el mundo, las incertidumbres, vencen, o por lo menos nublan, esa otra parte. La de las bellezas cotidianas. Como si un poco, nos las diezmaran.

Todo cabe, en este jarrito. No sé, que viaje me llegó. He recordado estos días, las caricias a mis hijos en el momento de sus nacimientos, el abrazo a mis papás la primera vez que me despedí de ellos, por un tiempo largo, la felicidad de conocer y cargar a mis sobrinitos, un viaje mochilero con mi hermana, que es, de las caricias más maravillosas y largas que hemos compartido. El día que mi hijo mayor, me pasó un brazo por los hombros y me dijo: “estoy enamorado”. La primera vez, tenía yo exactamente 26 años, en que ví a mi mamá, reírse a carcajadas. Fachuda, desgreñada, feliz, en las escalinatas de un museo. Fue una caricia inolvidable, su risa libre. Desatada.

Cuando mi abuelito, tan estricto, de pronto me permitía peinarle sus cabellos, con su peine de carey. Mi primer novio, las tormentas tabasqueñas, y los cristales empañados. Un señor desconocido que me escuchó y me escuchó, en un aeropuerto, mientras yo lloraba como descosida. Me prestó su pañuelo. Las noches con Jean Claude, en nuestro desván. Los besos de despedida en las mañanas, en la escuela de los niños. Los de bienvenida. La partera que me acariciaba los cabellos durante el trabajo de parto de mi primer hijo. El último arrumaco en la madrugada,”No es que ande de insinuosa y divagada, es que me estoy congelando”, debajo de mis veinte edredones.

Recordé con una minuciosidad pasmosa, la primera vez que una niña en el primero de primaria, se llamaba Lourdes, me tendió su mano, con la palma hacia arriba y me dijo: “Quiero ser tu amiga”. Y yo estreché su mano, solemne y comprometida. Las noches interminables componiendo el mundo con mi amiga de toda la vida. Me acordé. Sentí. Mi mano en la mano de mi papá. Y esa imagen cada vez, llega con el mar. Y esa última caricia de mi abuelita materna, cuando se estaba muriendo. Paralizada. Sólo podía extender un brazo, con muchísima dificultad. Yo leía junto a su cama de hospital, de pronto sentí que su mano me tocaba. Con ese esfuerzo inmenso, me ofreció una caricia. Fue la última.

Los niños amontonándose en mi cama. Mi amiga Ross, sirviéndonos unas copitas de nuestro vino preferido. Mi hermano irrumpiendo, como un huracán en la casa. Con su cuerpo y su risa enormes. La maestra de mi hijo más chiquito explicándome, los escollos del niño, con una dulzura tal, que estuve a punto de llorar, ante su cuidado y su delicadeza. La mirada firme de mi analista. Tantas cartas. Recaditos. Mensajes. A veces, la caricia es una mano que recorre una mejilla. Que aprieta despacio un hombro. Que revuelve el cabello. A veces es un beso volado. O uno de muy cerquita. A veces la caricia es llevar en brazos a un niño dormido. Ayudar a una persona en dificultad, a atravesar la calle. A veces es una llamada que llega justo a tiempo. La escucha. Una historia que se narra. Un poema. A veces la caricia es el principio de la ternura, y otras el principio del deseo, y otras: La cita con los dos. Nuestras caricias cotidianas.

Donde vivimos hay una tiendita, pedimos fiado y pagamos a la quincena. Es muy curioso, nuestro ritual. Don Lorenzo cada vez me dice: “Se lo apunto”, y yo cada vez le respondo: “sí apúntemelo”, aunque traiga el dinero en la bolsa. Y cuando le he pagado fuera de fechas, se queda como desilusionado. “Pus, mejor se lo apunto, qué tal y le hace falta”. “Pus sí, tiene razón, mejor me lo apunta”. Es tan pequeño. Pero supongo que a ambos, ese intercambio nos deja más contentos. A él le da gusto sentir que nos ayuda, a mí me hace feliz su generosidad. Ha sido, como nuestra pudorosa manera de irnos queriendo, con los años. La cantidad de rituales de esta naturaleza, que construimos cada día, a lo largo de la vida. Tantas veces sin apenas darnos cuenta. Sin nombrarlos.

La mujer y el hombre del salón. Ya están solos. Ese era el principio de una historia. Ella le dice que esta noche, no quiere ser ella. A veces le sucede. Ante el deseo y el placer. La necesidad de inventar ser otra. “¿Entonces quién eres?”. “Una trapecista rusa”. “¿Y qué idioma hablas?”. “Sólo ruso”. “¿Y cómo nos vamos a entender?”. “Con caricias. En el tono de la voz. Segurito, que nos vamos a entender. Es un asunto de confiarse. Ese es el reto cada vez, ante las caricias, confiarse. Sería igual si fuera yo misma”. Confiarse, a las yemas de los dedos. A los labios. A los murmullos. A la curiosidad de ella por él, de él por ella. Al cuidado. A las ganas de estar juntos. A la tierra firme que sostiene el deseo. A los puentes entre ambos, que le dan un sentido. A ese deseo. “Aquí estoy para ti”, le había dicho él, horas antes en una mirada. Y de esa caricia intensa. De esa promesa, comenzaron a surgir como en un manantial. Las caricias.

¿Cuáles son/han sido tus caricias inolvidables?

¿Cuáles son las caricias de la cotidianidad que más aprecias?

¿Tus pequeñas/o grandes bellezas del día?

La botella se fue al mar. Nos escuchamos.

Vagón biblioteca: Papayas de amor, Grace Paley. Paraísos trémulos, Ana Clavel. La hermana de Katia, de Andrés Barba.

Vagón videoteca: Deseando amar, Wong Kar-Wai, Hable con ella, Almodovar, Lección de piano, Jane Campion. Antes de partir, Rob Reiner.

Un Tranvía llamado deseo

Read Full Post »