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Archive for 22/06/09

Qué bonita se ve Elba Esther en Televisa

Irónico es el título del programa televisivo “Todo el Mundo Cree que Sabe”, que inició el sábado pasado en el canal estelar de Televisa.

Pocos están conscientes del derroche de más o menos 150 millones de pesos destinados a este programa por parte de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, quien se dio el lujo de aparecer en la emisión de arranque al lado del presidente de Grupo Televisa, Emilio Azcárraga Jean. (¡Lo que hace la lana, Emilito!)

Es evidente que el programa “Todo el Mundo Cree que Sabe” -dizque con fines educativos- fue estructurado para brindar fanfarrias a todos los agremiados del magisterio. Y cómo no va a ser así, si en los créditos aparece por toda la pantalla el logotipo del SNTE.

Incluso, el conductor Marco Antonio Regil aludió a los “maestros cada vez mejor preparados y con padres tranquilos porque saben que sus hijos están en una escuela que garantiza su seguridad”.

¡Ja ja! Mientras Regil les echaba crema a los tacos de los agremiados de la Gordillo, los televidentes no dejábamos de cuestionar la precaria educación que recibe la mayor parte de la niñez mexicana; es precisamente en el rubro educativo donde se deriva el grueso de los problemas que padecemos.

Una pregunta obligada es: ¿en qué parte del País están los padres tranquilos? ¿A poco usted desconoce que la mayoría de ellos saben que sus criaturas estudian en escuelas con vidrios quebrados, goteras, sanitarios insalubres -si es que hay- y con enciclomedias y computadoras que no funcionan?

Y si le sumamos que, en muchos casos, a la salida de las escuelas los vendedores de drogas acechan a los niños, entonces ¿dónde está la tranquilidad de los papás?

Con esos 150 millones de pesos que costó el programa de televisión, ¿cuántas escuelas se podrían haber rehabilitado?

El dinero con que se hace este programita educativo proviene de recursos públicos, ya que la SEP autorizó 200 millones de pesos para una campaña de comunicación para “fortalecer” las acciones de difusión de los beneficios, compromisos y metas de la Alianza por la Calidad de la Educación.

Si a la lideresa magisterial no hay quién la pare, pues entonces entendemos cómo sus agremiadas, las maestras Irma Adriana Garza, Subsecretaria de Educación Básica; Juana Aurora Cavazos, Subsecretaria de Recursos Humanos; y María Eugenia Verdeja, directora de Educación Primaria, se atrevieron a coludirse con Carlos Navarro, coordinador de Planeación de la Secretaría General del Gobierno del Estado, para encabezar la ya tan mencionada junta de cientos de maestros que se dio en el Centro Convex.

La intención de estos funcionarios de las secretarías de Educación y de Gobierno fue adiestrar a los maestros -penosamente, como manada- para que ayuden al acarreo de votos para Rodrigo Medina.

Yo no dudaría que esta indigna reunión se llevó a cabo con la venia de la maestra Gordillo, ya que Irma Adriana Garza es esposa de un miembro muy activo del Partido Nueva Alianza (Panal).

¡Ojo, ciudadanos!, observen que todo indica que, sin haber hecho una alianza oficial, el Panal y el PRI se han unido en Nuevo León.

Esto está causando náuseas a miles de nuevoleoneses. Es indignante que después de tanta lucha por la democracia, sigan vigentes estos actos de mapachismo.

Y confieso que me molestó la reacción tan poco enérgica del candidato albiazul, Fernando Elizondo, al hacer un llamado a las autoridades electorales y decir: “Esperaría que tomen alguna medida que frene esta intervención descarada del Gobierno estatal”.

¿Cómo, Fernando? ¿”Esperaría”? Basta de esperar y tolerar tanta trampa en ese contubernio PRI-Panal.

El verbo debería ser “exijo”, o “demando” a las autoridades electorales, las cuales nos cuestan mucho dinero a los mexicanos como para que al final salgan con evasivas o se hagan de la vista gorda ante las actividades mayúsculas de “mapachismo” y guerra sucia que, de modo ambiguo, se maneja en esa alianza PRI-Panal.

irma_mtz@prodigy.net.mx

http://www.elnorte.com/editoriales/nacional/498/995756/default.shtm

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Desde mi niñez, debo de confesar, soy una roncadora profesional, si, ronco desde niña. Mis padres me llevaron alguna vez con un doctor, pero nada, seguí roncando y roncando, hasta el día de hoy, el pobre señor T. después de años de matrimonio y de dormir al lado mío, medio se acostumbró , claro al principió fueron años de codazos por la noche, pero nada. Mis amigas dicen que no hay problema, que siempre envidiaron mi manera de roncar, para ellas era signo de que yo dormía como bendita, y es verdad pongo la cabeza en la almohada y a roncar se ha dicho.

Pero no a todas las personas les va bien el ronquido, ni pueden llevar un vida sana en pareja, se vuelve un problema cada noche, mis hijos se ríen de mi, se ríen de que los ronquidos de su mamá, no de su papá, lleguen hasta la casa del vecino.

Así que me puse a investigar varios métodos para aquellas personas, qué como yo roncan al dormir. No hay nada más feo que subirte a un autobús o medio de transporte y quedarte dormido sabiendo que empezaras tu fiesta particular.

En mi búsqueda encontré una página llamada Consejos para todo, directo me fui a Roncar, Dejar de Roncar, ¿Qué es roncar? Y cómo dejar de Roncar, lo novedoso es unas tiras nasales para dejar de roncar. He sabido que te pueden operar la campanilla, pero según un médico esto no es garantía de dejar de roncar, y eso si me da cus, cus, una operación, no gracias. En esta página de Consejos para todo dicen que uno ronca por:

  • Beber alcohol antes de dormir
  • Fumar
  • Píldoras durmientes
  • La nariz bloqueada
  • La sinusitis
  • Amígdalas agrandadas
  • Exceso del peso
  • Alergia al polvo, al molde, al trigo o huevos

No bebo diariamente, es más bebo cada llegada de obispo, fumo cuando veo a mis amigas, no tomo pildoritas para dormir, me sueno la nariz frecuentemente y lo hago siempre antes de irme a dormir, previo y posterior lavarme las manos, no me determinaron sinusitis, mis amígdalas según los estudios son tan enanas como yo, me cuido y estoy en mi peso, y no tengo alergias. En fin no va por ahí, simplemente soy roncadora.

Después de buscar y buscar me encontré estos consejos, tal vez alguno me sirva:

A pesar de que no existen remedios definitivos contra este problema, los adultos que sufren de ronquidos leves u ocasionales pueden probar estos remedios:
– Adoptar un estilo de vida saludable y atlético para desarrollar una buena tonicidad muscular y perder peso.
– Evitar los tranquilizantes, píldoras para dormir y antihistamínicos antes de dormir.
– Evitar el alcohol y comidas pesadas por tres horas antes de ir a dormir.
– Establecer patrones de sueño regulares.
– Dormir de costado en vez de espaldas.
– Subir la cabecera de su cama diez centímetros.

También existe un remedio casero con ruda, una planta muy común, que puede ayudar. Utilizar estos ingredientes: un vaso de aceite de oliva y 50 gramos de ruda. En un recipiente, de cierre hermético, se pone la ruda y se le añade aceite de oliva hasta cubrirla. A continuación, se lo deja macerar durante catorce días en la parte superior de la ventana, al sol del día y a la luz de la noche. Pasado ese tiempo, se guarda en un recipiente oscuro, para preservar sus propiedades. Se debe aplicar antes de ir a dormir, untando tres zonas: las aletas de la nariz, el cuello y la nuca.

Y tres métodos caseros para dejar de roncar, esos consejos de la abuela. Empezaré mañana mismo, estoy amenazada de que me regalen para mi próximo cumpleaños una hermosa pulsera que da toques eléctricos cada que roncas y la verdad no me veo recibiendo ese regalo en mi cumpleaños, ni despertándome cada segundo ante un toque eléctrico. Además en mi búsqueda encontré páginas con medicamentos contra el ronquido, claro en Europa.

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Denise Dresser
Fotos: Guillermo Cardoso

¿Cómo surge la idea de este libro?

Yo viví fuera de México cinco años por razones profesionales, tanto mías como de mi esposo, y al regresar sentí que había estado fuera mucho tiempo, que quería reinsertarme, quería construir un grupo de interlocutoras, hacerme de amigas, casi de manera instantánea, entonces este libro fue un vehículo para tender puentes.

¿Y por qué sólo mujeres?

Porque vacacionando en Canadá, bueno, yo paso cierta parte del año ahí porque mi esposo es canadiense, me topé con un libro Carol Shields, que es una gran escritora canadiense a la que admiro y ella había convocado a mujeres (el libro se llama Dropped Threads) a hablar de aquello que su mamá no les había dicho, aquello para lo cual digamos no habían sido educadas y me gustó esa idea de convocar a mujeres. Además, pensé y lo sigo pensando, que si convocaba a hombres a escribir con honestidad, con valentía, con candor, que no iba a encontrar a 39 hombres.

¿Crees que todas cumplieron?

Hay diversos grados de intimidad y de aproximación, de revelación en estos textos. Las mujeres, cada una de ellas, las 38 del primer libro y las 39 del segundo, escriben lo que pueden, lo que quieren decir, algunas nadan sobre la superficie, otras revelan algo que resulta absolutamente estrujante, estremecedor, hay mujeres que siento que este ejercicio lo hicieron con mucha rapidez, me entregaron sus textos velozmente, porque había una historia que necesitaban contar, que querían contar algo que tenían atorado en la garganta y otras mujeres fueron mucho más cuidadas, sobre todo las mujeres políticas.

¿Cómo funcionaría un Gritos y Susurros mixto?

En algún momento pensé en hacer un libro sólo de hombres, tengo una lista que incluye, por ejemplo, a Juan Villoro, German Dehesa, Manuel Arango, Gerardo Sutter y pensé que no le iban a entrar de fondo al ejercicio, que iban a erigir muros.

Como algunas de las participantes del libro…

Claro sí, sí, aunque pues queda siempre el proyecto pendiente, quizá sí, porque en gran medida Gritos y Susurros 2 surgió a raíz del clamor de tantas mujeres a lo largo del país que me pidieron un segundo volumen, porque las había sacudido, conmocionado, convocado tanto el primer libro y de hecho la lista del segundo, la elaboré en muchos sentidos, con sugerencias de mujeres a lo largo de la República.

¿Podríamos decir que es un libro de género?

No, es un libro sobre la condición humana que está escrito por mujeres, es un libro que ojalá lean muchos hombres para entender mejor a las mujeres de México y para entender cuestiones que trascienden el género. ¿Quién no ha padecido la soledad, vivido la pasión, quién no se ha enamorado de la persona equivocada, quién no ha peleado con un jefe, perdido un hijo?

A varias de las participantes del libro, parece ser que les tomó por sorpresa haber llegado a donde están, ¿a qué cree que se deba eso?

Se debe al hecho de que hay mujeres de este libro que son famosas, queridas, admiradas y en el fondo siguen siendo profundamente inseguras, yo diría que soy una de ellas, de las permanentemente inseguras, de la que termina una columna y le habla a su editora tres veces el domingo en la noche para cambiar una palabra, y una vez que sale publicada, pienso, caray es que tendría que haber sido mejor, cada vez que me habla el director de la revista Proceso para invitarme a comer, estoy convencida que me habla para despedirme. Y esa inseguridad pues proviene del hecho, creo en mi caso muy particular, quizá de haber perdido a mi padre a una edad muy temprana, el haber sido una nerd completa, la aplicada del salón, pero que no estaba segura de que podía ser querida. Qué duro decirlo y reconocerlo pero es así, y muchas cargamos con inseguridades añejas, producto de nuestra historia, de nuestra trayectoria, producto, incluso, de ser mujer y de ser mujer en México. Estos textos revelan la gran dificultad a la que se han enfrentado mujeres exitosas para llegar a donde están, mujeres que han sido saboteadas o cuestionadas por su padre, por su madre, por sus hermanos, por su jefe, mujeres que han sido saboteadas por su propia parejas, mujeres golpeadas y no me refiero a eso tan sólo metafóricamente, entonces, se sorprenden de estar en donde están, porque quizá nunca les dijeron que eran talentosas, maravillosas, inteligentes y lo son.

¿Cuáles de los Gritos y Susurros te tomaron más por sorpresa?

Me sorprende, me impacta el texto de María Teresa Priego, se llama “Unos cuantos piquetitos”, es sobre la violencia doméstica. Me sorprende la tristeza que carga dentro de sí Ángeles Mastreta ante la muerte de sus padres. Me sorprende que Mónica Patiño se haya rapado y se haya ido de su casa y haya vivido en Tepito. Me sorprende la entereza, no que me sorprenda, pero sí me impacta la entereza de una María Elena Moreira que describe el secuestro de su esposo, lo que vivió y padeció en esa coyuntura. Me conmueve profundamente el texto de Lourdes Ramos admitiendo sus ganas de concebir un hijo y al no poderlo hacer, sentir el imperativo de adoptar y cómo no se siente plena, completa, feliz, hasta que encuentra a esta niñita en un orfanatorio en Indonesia y la reconoce como suya, el texto se llama “Encontrar mis alas”, porque encuentra sus alas en ese acto. Me impacta la profundidad de la pasión y amor que vive Lydia Cacho, cuando uno la identifica como esta mujer guerrera, fuerte, que confronta a gobernadores y a pederastas y habla en este texto del archipiélago personal que construye a los 40 años cuando encuentra el amor.

¿Cómo buscar la equidad de género, sin caer en el otro extremo? En ese feminismo que descalifica a los hombres por el simple hecho de serlo.

Yo siempre les digo, les doy un consejo a todas mis alumnas y llevo más de 15 años de ser profesora universitaria y lo digo al inicio de cada semestre: “saquen un doctorado, no se conformen con la maestría”, y este mensaje es una forma de feminismo muy práctico. Porque la educación es el gran nivelador de terreno para las mujeres. Siempre digo que México será un país distinto y mejor cuando eduque a sus mujeres, bromeo de vez en cuando, diciendo que me gustaría mandarle un mensaje a Carlos Slim diciendo “te dejaré de criticar si me construyes mi universidad para educar mujeres”, como Basart Smith, como Wealthy, como esas grandes universidades Estadounidenses que durante años educaron a generaciones de mujeres como Hillary Clinton y tantas otras. Las mujeres que fueron educadas y que escriben en Gritos y Sursurros I y Gritos y Susurros II se les nota, se les nota la confianza, la seguridad, saben que tienen derecho a estar en el mundo, no se cuestionan tanto, hablan y escriben y se comportan de otra manera.

La mayoría de las participantes tuvieron condiciones favorables para su desarrollo: económicas, sociales, familiares. Esto podría marcar una tendencia, sería excepcional encontrar a una mujer destacada sin estas condiciones.

Denise Dresser

No estoy segura y no estoy de acuerdo con la afirmación. Sí hay mujeres privilegiadas, pero hay muchas otras que no lo fueron: mi caso, yo provengo de una infancia en la cual pierdo un padre a los siete años, una hermana, (en) un accidente automovilístico. Mi mamá no había ido a la universidad, empieza a trabajar como secretaria bilingüe para mantenernos. Yo soy producto de la movilidad social en (el) México de los 70, soy producto de la cultura del esfuerzo, soy producto de becas del Colegio de México, becas de maestría y de postgrado en función de trabajar obsesivamente, no vengo de una situación privilegiada. No es el caso de Eugenia León, de Rosario Ibarra de Piedra; no es el caso de Amaranta Gómez Regalado, la mujer mixe.

http://www.etcetera.com.mx/pag35-38ane104.asp

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Otros de los misterios de aquel hotel extravagante no fueron tan fáciles para Ana Magdalena Bach. Cuando encendió un cigarrillo se disparó un sistema de timbres y luces, y una voz autoritaria le dijo en tres idiomas que estaba en una habitación para no fumadores, la única que encontró libre una noche de ferias.

Tuvo que pedir ayuda para aprender que con la misma tarjeta de abrir la puerta se encendían las luces, la televisión, el aire acondicionado y la música ambiental. Le enseñaron a digitar en el teclado electrónico de la bañera redonda para regular la erótica y la clínica de jacuzzi.

Loca de curiosidad se quitó la ropa ensopada de sudor por el sol del cementerio, se puso el gorro de baño para protegerse el peinado y se entregó al remolino de la espuma. Feliz, marcó a larga distancia el teléfono de su casa y le gritó al marido la verdad: “No te imaginas la falta que me haces”. Fueron tan vívidos los fieros que le hizo, que él sintió en el teléfono la excitación de la bañera.

Carajo ­dijo­ éste me lo debes.

Ella había pensado pedir al cuarto algo de comer para no tener que vestirse, pero el cargo por el servicio de habitación la hizo decidir a comer como pobre en la cafetería. El vestido de seda negra, tubular y demasiado largo para la moda, le iba bien con el peinado.

Se sintió medio desvalida con el escote, pero el collar, los aretes y las sortijas de esmeraldas falsas le subieron la moral y aumentaron el fulgor en sus ojos.

Cuando bajó a cenar eran las ocho. Terminó pronto. Agobiada por el llanto de los niños y la música estridente, decidió regresar al cuarto para leer El Día de los Trífidos, de Ray Bradbury, que tenía en turno desde hacía más de tres meses.

El remanso del vestíbulo la reanimó y al pasar frente al cabaret le llamó la atención una pareja profesional que bailaba el Vals del Emperador con una técnica perfecta.

Permaneció absorta en la puerta hasta que terminó el espectáculo y la clientela común ocupó la pista de baile. Una voz dulce y varonil, muy cerca de sus espaldas, la sacó del ensueño;

¿Bailamos?

Estaban tan cerca, que ella percibió el tenue olor de su timidez detrás de la loción de afeitar. Entonces lo miró por encima del hombro, y se quedó sin aliento. “Perdone ­le dijo aturdida­ pero no estoy vestida para bailar”. La réplica de él fue inmediata:

Es usted la que viste al vestido, señora.

La frase la impresionó. Con un gesto inconsciente se palpó los pechos intactos, los brazos desnudos, las caderas firmes, hasta comprobar que su cuerpo estaba en realidad donde lo sentía. Entonces miró de nuevo por encima del hombro, ya no para reconocerlo sino para apropiárselo con los ojos más bellosque él vería jamás.

Es usted muy gentil ­le dijo con encanto­. Ya no hay hombres que digan esas cosas. Entonces él se puso a su lado y le reiteró en silencio la invitación a bailar. Ana Magdalena Bach, sola y libre en su isla, se agarró de aquélla mano con todas las fuerzas de su alma como al borde de un precipicio.

Bailaron tres valses a la manera antigua. Ella supuso desde los primeros pasos, por el cinismo de su maestría, que él era otro profesional alquilado por el hotel para animar las noches, y se dejó llevar en círculos de vuelo, pero lo mantuvo firme a la distancia de su brazo. Él le dijo mirándola a los ojos: “Baila como una artista”. Ella sabía que era cierto, pero sabía también que él se lo habría dicho de todos modos a cualquier mujer que quisiera llevarse la cama.

En el segundo valse, él trató de apretarla contra su cuerpo, y ella lo mantuvo en su lugar. Él se esmeró en su arte, llevándola por la cintura con la punta de los dedos, como una flor. A la mitad del tercer valse ella lo conocía como si fuera desde siempre.

Nunca había concebido a un hombre tan anticuado en un empaque tan bello. Tenía la piel lívida, los ojos ardientes bajo unas cejas frondosas, el cabello de azabache absoluto aplanchado con gomina y con la línea perfecta en el medio. El esmoquin tropical de seda cruda ceñido a sus caderas estrechas completaba su estampa de lechuguino. Todo en él era tan postizo como sus maneras, pero los ojos de fiebre parecían ávidos de compasión.

Foto: Robert Capa

Al final de la tanda de valses él la condujo a una mesa apartada sin anuncio ni permiso. No era necesario: ella lo sabía todo de antemano, y celebró que él ordenara champaña. El salón en penumbra era bueno para vivir, y cada mesa tenía su propio ámbito de intimidad.

Ana Magdalena calculó que su acompañante no pasaba de los 30 años, porque apenas si daba pie con el bolero. Ella lo encaminó con tacto sereno, hasta que él encontró el paso. Lo mantuvo a la distancia, para no darle el gusto de que sintiera en sus venas la sangre enfebrecida por la champaña. Pero él la forzó, primero con suavidad, y después con toda la fuerza de su brazo en la cintura.

Ella sintió entonces en su muslo lo que él había querido que sintiera para marcar su territorio, y se maldijo por el batir de su sangre en las venas y el fogaje de su respiración, pero supo oponerse a la segunda botella de champaña. Él debió notarlo, pues la invitó a un paseo por la playa. Ella disimuló su disgusto con una frivolidad compasiva:

¿Sabe qué edad tengo?

No puedo imaginarme que usted tenga una edad ­dijo él­.

Sólo la que usted quiera.

No había acabado de decirlo cuando ella, hastiada de tanta mentira, le planteó a su cuerpo el dilema terminante: ahora o nunca. “Lo siento”, dijo, poniéndose de pie. Él se sobresaltó.

¿Qué ha pasado?

Tengo que irme ­dijo ella­. La champaña no es mi fuerte.

Él propuso otros programas inocentes, sin saber quizá que cuando una mujer se va no hay poder humano ni divino que la detenga. Por fin se rindió.

¿Me permite acompañarla?

No se moleste ­dijo ella­. Y gracias, de veras, fue una noche inolvidable. En el ascensor estaba ya arrepentida. Sentía un rencor feroz contra sí misma, pero la compensaba el placer de haber hecho lo que correspondía. Entró en el cuarto, se quitó los zapatos, se tiró boca arriba en la cama y encendió un cigarrillo. Casi al mismo tiempo llamaron a la puerta, y ella maldijo el hotel donde la ley perseguía a los huéspedes hasta su intimidad sagrada. Pero el que tocó no era la ley, era él. Parecía una figura del museo de cera en la penumbra del corredor. Ella lo comprobó con la mano en el pomo de la puerta, sin una pizca de indulgencia, y al fin le cedió el paso. Él entró como en su casa.

Ofrézcame algo ­dijo.

Sírvase usted mismo ­dijo ella­. No tengo la menor idea de cómo funciona esta nave espacial.

Él, en cambio, lo sabía todo. Moderó las luces, puso la música de ambiente y sirvió dos copas de champaña del minibar con la maestría de un director de orquesta. Ella se prestó al juego, no como ella misma, sino como protagonista de su propio papel. Estaban en el brindis cuando sonó el teléfono, y ella contestó alarmada. Un oficial de la seguridad del hotel le advirtió muy amable que ningún invitado podía permanecer en una suite después de la medianoche sin registrarse en la recepción.

No necesita explicármelo, por favor ­lo interrumpió ella, abochornada­. Perdone usted.

Colgó con la cara congestionada por el rubor. Él, como si hubiera oído la advertencia, la justificó con una razón fácil: “Son mormones”. Y sin más vueltas la invitó a contemplar un eclipse total de luna desde la playa. La noticia era nueva para ella. Tenía una pasión infantil por los eclipses, pero toda la noche se había debatido entre el decoro y la tentación, y no encontró un argumento válido para no aceptar.

No tenemos escapatoria ­dijo él­. Es nuestro destino.

La invocación sobrenatural la dispensó de escrúpulos. Así que se fueron a ver el eclipse en la camioneta de él, a una bahía escondida en un bosque de cocoteros, sin huellas de turistas. En el horizonte se veía el resplandor remoto de la ciudad, y el cielo era diáfano y con una luna solitaria y triste. Él se estacionó al abrigo de las palmeras, se quitó los zapatos, se aflojo el cinturón y abatió el asiento para relajarse. Ella descubrió que la camioneta no tenía más que los dos asientos delanteros, que se convertían en camas con sólo apretar un botón. El resto era un bar mínimo, un equipo de música con el sax de Fausto Papetti, y un baño minúsculo con un bidé portátil detrás de una cortina carmesí. Ella entendió todo.

No habrá eclipse ­dijo­. Sólo puede ser en luna llena, y estamos en cuarto creciente.

Él se mantuvo imperturbable.

Entonces será de sol ­dijo­. Tenemos tiempo.

No hubo más trámites. Ambos sabían ya a lo que iban, y ella sabía además qué era lo único distinto que podía esperar de él desde que bailaron el primer bolero. La asombró la maestría de mago de salón con que la desnudó pieza por pieza, casi hilo por hilo, con la punta de los dedos y sin tocarla apenas, como deshollejando una cebolla. Con la primera embestida del minotauro ella se sintió morir por el dolor con una humillación atroz de gallina descuartizada. Quedó sin aire y empapada en un sudor helado, pero apeló a sus instintos primarios para no sentirse menos ni dejarse sentir menos que él y se entregaron juntos al placer inconcebible de la fuerza bruta subyugada por la ternura. Ana Magdalena no se preocupó por saber quién era él, ni lo pretendió, hasta unos tres años después de aquella noche inolvidable, cuando reconoció en la televisión su retrato hablado de vampiro triste, solicitado por todas las policías del Caribe como estafador y proxeneta de viudas alegres y solitarias, y probable asesino de dos.

Le agradecemos a Gabriel García Márquez su autorización expresa para la publicación de este texto.

© Gabriel García Márquez, 2003.

http://www.etcetera.com.mx/pag62ne37.asp

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En un video del 2005, Cecilia Romero, ante líderes de organizaciones de derecha y sacerdotes, cerró su charla contra el aborto diciendo que debían votar por Calderón y no por Creel, porque sólo Calderón respaldaría el proyecto de país del PAN conservador y religioso.

Cuando el Presidente decidió nombrar a Cecilia Romero comisionada del Instituto Nacional de Migración, lo hizo por una razón, aunque la señora ignorase todo sobre el tema: su representatividad ante la ultraderecha (ser suegra de César Nava, seguramente fue algo que ayudó). Esta funcionaria declaró a El UNIVERSAL que el turismo sexual, tráfico de personas, comercio de mujeres, redes de pederastia, plagio y violencia contra miles de migrantes son “males de la humanidad” que México no puede erradicar. Lo que nos faltaba.

La declaración es grave y evidencia las debilidades e inconsistencias del gobierno federal para enfrentar al crimen organizado. Existen 12.3 millones de víctimas de trata en América Latina, y México está entre los líderes de consumo y tránsito.

Los errores de Calderón al elegir a su gabinete se hacen evidentes con casos como el de Romero. El gobierno mexicano ha firmado los tratados internacionales que le comprometen a combatir este delito, pero las y los funcionarios de alto nivel, incluida Cecilia Romero, se niegan a entender que la trata de personas se vincula con el tráfico de drogas y armas. Los grupos criminales trabajan paralelamente y cada vez más narcotraficantes entran al negocio de la esclavitud humana. La guerra antidrogas ha abaratado la cocaína a tal grado que cada vez es más accesible para nuestros hijos. Así la explotación de mujeres, niñas y niños va en aumento. Lo que Romero evidencia es que el gobierno federal no acaba de entender que la impunidad es un elemento transversal a toda actividad delincuencia, que incluye servidores públicos y criminales. Lo peligroso es que esta mujer es la responsable de cuidar las porosas fronteras mexicanas, y además de mostrar su ignorancia, da por vencido a México.

Romero debería saber que no es sólo cuestión de abatir la corrupción de servidores públicos. Diversos países han asumido estrategias efectivas como las leyes más severas contra el lavado de dinero, la penalización de quienes consumen sexo comercial, la protección real de las víctimas; la base de datos internacional de viajeros consumidores de turismo sexual infantil, la prevención y educación en la industria turística y la capacidad investigativa y económica de policías especializadas. Resulta curioso que Cecilia, perteneciente a MURO y católica contumaz, no haya mostrado en esta larga entrevista, un solo atisbo de indignación moral ante este delito que arrebata la dignidad y la vida de millones de personas. Romero aseguró que Dios y Calderón la tendrán a cargo del INM hasta 2012. ¿Será posible?

Trata de personas, “un mal sin remedio”

El turismo sexual es inevitable: INM

http://www.eluniversal.com.mx/columnas/78780.html

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Crisis y deudas disparan venta de antidepresivos, felicidades a las compañías farmacéuticas.

Ofrecen hipotecas a gente insolvente y no, no estamos en 1994 estamos en el año 2009.

Familias adeudan a los bancos $1.5 billones; 13.62% del PIB en verdad me siento en el 94, ¿Por qué será?

SAT ubica a un millón de evasores, ja, ja, ¿Solo un millón? ¿Y los de cuello blanco, y los futbolistas, y los empresarios de los tianguis, y los narcos?

Se adelgaza el gasto en antojos, solo por dieta, no vaya a usted a creer que es por el catarrito que nos dio ¿Cuál dieta, verdad señor Cartens?

Feliz inicio de semana

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